domingo, 19 de mayo de 2013

Faro de mesa Roldán. A Mario Sanz, su farero


LO DEMÁS ES OSCURIDAD

Esta es mi aportación al libro colectivo 
LO DEMÁS ES OSCURIDAD 
FARO DE MESA ROLDÁN
                                                              
                     A Mario Sanz, su farero.













Aquí, en la profunda soledad
de los silencios, el vasto silencio
de la piedra y el aire en los cantiles,
gráciles rizos de agua en las orillas,
fuego de versos que se escapan y huyen
hacia el abismo de la cima sola,
al arrullo de la noche y los astros.


Aquí, en lo más alto del olvido,
atormentadas vuelan las palabras
de un lado a otro de esta geografía
de sueños, como si nada existiera,
si acaso una brisa de lluvia y mar
devorando los sones de la altura
que brama y alocada se refugia
entre las manos del último náufrago.

Alto e inmenso, mito y cíclope flamea
desde el extinto cráter y es un grito
su luz en el anochecido cielo.
Nadie es el hombre en su presencia:
un minúsculo ser que mira el techo
de su infinita altura, torpe sombra
que se extingue en la miseria y la usura;
como si nada ni nadie existiera,
allá en lo alto, en lo más alto surge ya,
todo luz y llama de acristalado
sino, única verdad ante la infamia
que el hombre encarna en la decrepitud
de este sombrío siglo veintiuno.
En lo más alto y en tan alto olvido
otros ojos velan ya tus silencios,
otras manos te asisten en la oscura
noche, al calor de tu encendida llama;
allá en lo alto, en tu propia infinitud,
hercúleo y gigante oteas el triste
 universo de los hombres, su llanto
incontenible o la eterna tragedia
de las vidas que yacen en las aguas
de este mar que enmudece, sangra y grita.
Hasta ti vuelvo, siempre, a lo más alto,
y subo, y subo, casi sin aliento,
por la serpenteada carretera,
y ya en la cima pétrea, todo tú eres
luminiscencia sobre el azul perpetuo,
clamor de gaviotas en el aire,
atormentada sílaba, cristal
vigía de las tenebrosas noches.
A ti vuelvo y volveré siempre, solo
y cansado de la estulticia humana;
en ti me hallo, en lo más alto, prendido
a tus viejos sillares, esperando
el último destello, la señal
que me abisme por fin en tus silencios.
                                                                                         

viernes, 17 de mayo de 2013

Facebook pregunta (4)



En qué estás pensando, me preguntas
y el sonido del violín se crece en la derrota
que anida en los corazones desvalidos
de quienes sienten el mundo desvanecerse
-su mundo- y ya nada esperan de nada
ni nadie, como si se desangraran
lentamente, va apagándose la llama
que los aviva aún en esta noche corta
de lunas ocultas tras la niebla de los años,
y los veo sin alma y sin aliento,
ausentes y perdidos en el asfalto
de las ciudades o en la tierra seca
de la aldea primigenia, solos y ateridos
porque ya nada son sino abismo
en el silencio de las flores y la piedra.

Y para qué quieres que te diga
en lo que pienso, si sólo crees
en la materia y me reprochas
que sea alma o errante espíritu
que navega libre por los mares
y vuela como el águila por el espacio
de una sílaba o un verso que se hace luz
en los ojos del sol y las estrellas,
y camina tal peregrino por entre bosques
y gargantas rocosas donde habita
el silencio y el dolor de los hombres.

Para qué me preguntas qué pienso
si lo sabes o lo intuyes, aunque quieras
esconderlo para no delatarte;
pienso en la negrura de los días
-de este día- y en su extremada violencia,
en el dolor de una lágrima humana,
en quienes hoy habrán sentido en su carne
y las entrañas el filo de la navaja,
en los nombres que oscurecen
tras el terrible diagnóstico del cáncer,
en todos ellos y uno a uno,
como si fueran parte de mí mismo,
a la espera de una señal que devuelva
la esperanza perdida, la vida. En ellos
pienso y me desangro y me desvivo.

En qué piensas, me pregunta
facebook, y yo que no soy yo,
aturdido por el dolor de los otros,
grito y me rebelo contra todo,
contra la enfermedad en sí misma
y el dolor que alimenta los días
-sus días- de todos, cuando son presas
del cansancio y la rutina de la quimio
o la radioterapia, y miran a los ojos
con una luz única, y hablan
muy despacio, aferrándose al tiempo
como al fuego de los sueños;
y yo que ya no soy yo, vuelvo
a ser brisa entre sus sueños,
y en ellos me transformo, y de mis labios
un rumor de beso los abrasa para siempre.

jueves, 16 de mayo de 2013

Facebook pregunta (3)



 En qué estás pensando, me preguntas
y el eco de la angustia se hospeda
en estos anaqueles de la estancia
donde los libros se rebelan y gritan
y como aves vuelan por el mundo
a la espera de otra luz y otros cantares
pues la voz es una arruga inmensa
y los ojos cavernas insondables,
y las manos una rama de olivo
que corona los pechos de los montes
y la oscuridad marina de la entrega
y los labios un herida profunda
incapaz de hacerse cicatriz o alborada,
y el corazón un desierto de palmeras
en las noches silenciosas de estío.
Y para qué quieres que te diga
en lo que pienso, si huirás al saberlo
y no querrás sentirme cerca y alegre
cuando el sol despierte del letargo;
si abrirás las puertas del exilio
en otra tierra más lejana y sola
o clavarás tu flecha en mi costado
hasta verme desangrar en esta hora
turbia de la noche y sus fantasmas.  
Para qué me preguntas qué pienso
si bien lo sabes y lo sabrás siempre
aunque lo calles y ocultes; pienso
en los vencidos y apátridas
que soportan el hambre de los hijos
mientras lloran escondidos tras las puertas
de la casa y gritan en silencio su desventura
y nadie les provee de la esperanza
necesaria para vivir tan solo unos segundos
aferrados a la carne de su carne,
abrazados al destino que les condena
a seguir la negritud de los días.
En qué piensas, me pregunta
facebook, y yo sonámbulo y perdido
en los pasillos del tiempo y sus derrotas,
le contesto: hora es de los vencidos,
alzo mi voz hasta las más altas torres
o los faros que iluminan las orillas,
que solo quiero alimentar con mis versos
su pobreza de siglos,
que por ellos y en ellos vivo esta su amargura
y en su dolor me duelo para siempre.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Facebook pregunta(2)



En qué estás pensando, me preguntas,
y una nube de cenizas y polvo
oscurece la tarde, y el viento sopla
 huracanado sobre la escuela de siempre,
allá donde aprendimos las primeras
palabras y los verbos amar y vivir,
para luego crecer poco a poco
viendo en los juegos los crepúsculos,
sintiendo las caricias de las ramas
en los pechos y las manos, trenzadas
las imágenes de las espigas a los astros.
Y para qué quieres que te diga
en lo que pienso, si no harás nada,
mirarás a otro lado o buscarás otro nombre
que se aplique a tus doctrinas y te siga
y te adore en las noches de invierno
al calor de unos besos vendidos
en los mercados corruptos del gobierno
de turno, siempre atento a las ganancias.
Para qué me preguntas qué pienso,
si lo sabes y siempre lo supiste:
en los niños de siempre, en sus sueños
de cristal, en la tristeza de sus rostros
cuando caminan a la escuela perdida
en los campos desérticos y abandonados.
Qué estás pensando, me pregunta
facebook, y yo desolado y exhausto
le contesto: en los niños sin infancia
y sin escuela, que juegan tristemente
a ser hombres en los filos del tiempo
y nunca llegarán a serlo, porque la escuela,
aquella viva escuela de los sueños
 no existe ya, está vacía, y agoniza.

martes, 14 de mayo de 2013

Facebook pregunta(1)



¿QUÉ ESTÁS PENSANDO? (1)


Qué estás pensando, me preguntas.
Y yo que estoy ausente, al otro lado,
respondo con palabras en vuelo
que llegan a esta casa, que es de todos
y en todos habito, en los espejos
y la piedra, en las ramas del sueño.
Qué estás pensando, me preguntas.
Y para qué quieres que te diga
en lo que pienso, si ya todo queda dicho
entre líneas de sangre y fuego, 
acaecidas al regreso de la tarde
que mayo propicia y alimenta.
Par qué me preguntas qué pienso,
si bien lo sabes: en la tristeza del aire
que culmina en la montaña y los bosques,
en la pobreza que colma los hogares,
en el hombre mismo, que no canta
al alba, cuando el sol desprende
su luz sobre el universo.
Qué estas pensando, me pregunta
facebook, y yo que estoy cansado,
que ya no vivo en mí sino en el otro,
le contesto con el eco de estos versos,
con sus largos silencios solidarios.
Yo contesto: el hombre es la respuesta,
el centro de la vida y la muerte,
la única respuesta válida, la vida.

Mesas petitorias. Estación Sur

PREPÁRENSE para ver un noticiario histórico.

http://www.elalmeria.es    Acomódense en sus sillas y estén atentos a la pantalla. Comienza la inconfundible sintonía: pa parapapa pa pa pa, pa parapapapa pa pa pa pa pa, pa parapapapapa… Y aparece el águila imperial planeando por el cielo, desde Asia hasta España. 


Y de nuevo el águila -mientras la bandera ondea-, a lo ancho y alto de la pantalla en blanco y negro, y, luego, la majestuosa leyenda:
 
"Noticiario y Documentales Cinematográficos. No+do. Presenta (se desvanece la leyenda y aparece otra): NOTICIARIO ESPAÑOL" (con los compases últimos de la sintonía: tun, tun, tuntutuntuntun). A continuación una voz, también inconfundible porque siempre era la misma: segura, pero aguda, metálica casi, comentaba la noticia con un lenguaje que, visto ahora, después de los años transcurridos, era ininteligible para la gran mayoría de los españoles, analfabetos por la gracia de Dios y de Franco. El locutor en cuestión decía, aceleradamente:...."  (más en el Diario de Almería.- http://www.elalmeria.es)

domingo, 12 de mayo de 2013

Canciones para vivir. Miguel Ángel Muñoz



Canciones para vivir


Citaré para este comienzo de reseña a Cervantes, tal y como lo recoge el autor de esta novela en sus páginas iniciales: <<Donde hay música, no puede haber cosa mala>>, y de alguna manera así es, aunque con alguna que otra matización que iremos señalando a lo largo de esta reseña.

Esta nueva entrega de Miguel Ángel Muñoz –cuarta-, perteneciente al género literario de la novela y titulada La canción de Brenda Lee no es sino el reflejo de un tiempo determinado, donde la música es el hilo conductor del discurso narrativo. Su estructura, compuesta por veintisiete capítulos con su título correspondiente, permite la narración corta, en la que su autor se halla más cómodo. Cada uno de estos capítulos está dedicado a una canción o fragmento y al autor o grupo que la interpretó.

Comienza la novela dándonos la primera pista de lo que será el argumento, la trama y su desarrollo. Es decir, el protagonista: <<Se llamaba EL GRAN LEONARDO VENERONI porque su padre fue LEONARDO VENERONI, EL GRANDE, uno de los cantantes más exitosos del país a comienzos de los setenta. También en las primeras páginas descubrimos la razón primera y última de su protagonista cuando el narrador omnisciente pone en sus labios estas palabras: <<Nada sonaba más allá de la música, que cercaba su cerebro hasta derrotarlo de cansancio>>. Será la música y todo lo que a su redor existe la gubia con la que irá modelando la historia del gran Leonardo Veneroni; sin olvidar, por otra parte, el sexo: <<A veces se veía obligado durante esos viajes a comprar el sabor del sexo para satisfacer sus repentinas ansias, y recibía en el hotel a prostitutas de cierto nivel que apagaban durante unos días la quemazón del deseo>>; y, de otra, tan importante como las anteriores ese bucear en lo prohibido y misterioso nuevas experiencias, hasta el punto de sentir el desprecio y la humillación del juego sadomasoquista, la sumisión, no sólo del cuerpo, sino tal vez lo más grave de la mente. Asimismo, la televisión juega un papel destacado en esta historia, contada con una prosa cuidada y elegante de su autor, que a veces se excede en las descripciones sean de tipo musical, cinematográfico, sexual, etc.

Pierden interés, en el conjunto de la novela, algunos pasajes de la misma –esa es mi apreciación-, como el capítulo 18, titulado Scat (en el jazz, una forma de improvisación vocal mediante el juego de sílabas y palabras sin sentido), el más extenso quizá de todos, y en el que hallamos tópicos del tan llevado y traído tema del sadomasoquismo, aun habiendo pretendido dar un aspecto más actual a la relación entre el ama –Mariam- y el gran Leonardo Veneroni, que busca, quizá,  la desintegración de la figura del padre en estos peligrosos juegos sexuales.

Ciertamente, Miguel Ángel Muñoz nos muestra en esta novela sus capacidades, tales como una prosa pulcra y adecuada, virtudes estas que deberá compensar en próximas entregas para así contrarrestar las insuficiencias en cuanto a coherencia y unidad narrativa. Talento no le falta, por lo que seguro nos deleitará en un futuro próximo con una más equilibrada narración.  




Título: La canción de Brenda Lee

Autor: Miguel Ángel Muñoz

Editorial: Menoscuarto, 2012 

19,90 €



Miguel Ángel Muñoz (Almería, 1970) ha publicado dos libros de relatos: El síndrome Chéjov (2006) y Quédate donde estás (2009). La canción de Brenda Lee (Menoscuarto, 2012) es su segunda novela tras El corazón de los caballos (2009), II Premio Internacional Rafael Ceballos. Su narrativa breve también se ha visto reconocida con diversos galardones (Ciudad de Benasque, Fernando Quiñones...) y ha sido incluida en varias antologías del género, como Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual (Menoscuarto, 2010). Desde 2006 mantiene un activo blog que rápidamente se convirtió en espacio de referencia para la narrativa breve. Reunió en libro (La familia del aire, 2011) una treintena de entrevistas a los principales escritores de relatos del panorama español.

miércoles, 10 de abril de 2013

¿DERROTADOS Y VENCIDOS?


Con unos versos de Luis Cernuda: “Abajo pues la virtud, el orden, la miseria; abajo todo, todo, excepto la derrota”, del poema ¿Son todos felices?, Felipe Alcaraz, autor de la novela La disciplina de la derrota, presenta su nueva obra a los lectores.
No hay duda que esta novela, que forma parte de la trilogía narrativa denominada Los días de la Gran Crisis, continuadora de la primera Tiempo de ruido y soledad, y publicada por la editorial Almuzara, nace con clara intención de remover las conciencias acerca de uno de los principales problemas existentes en la sociedad actual, tal es la corrupción, consecuencia de un sistema social devorador y caduco: el capitalismo.
Su autor, histórico militante comunista nos invita a recorrer la actualidad política de España a través de hechos y personajes más significativos de los poderes del Estado: el rey Juan Carlos I, Rajoy, González, Griñán, Valderas, Cayo Lara, Rubalcaba, Rato, Garzón, Botín, entre otros.
Uno de los temas más polémicos que contiene la novela de Alcaraz es la monarquía borbónica tras tan dudosas actividades del monarca español, objeto de investigación periodística en la novela. La política y los personajes que detentan el poder político son el eje central de esta narración, pero sobre todo, late en sus páginas el ascendente derrumbe de la izquierda en España.
La disciplina de la derrota es una crónica de un tiempo de crisis, pero no solo económica o política, sino también de la ausencia de valores humanos capaces de cambiar la situación actual, donde el ciudadano individualmente no tiene nada que hacer, de ahí la preponderancia de movimientos tales como el 15-M, por ejemplo. En definitiva, desfilan sobre las páginas de esta novela, gentes derrotadas, pero no vencidas aún. En cuanto a los recursos discursivos Alcaraz utiliza mayoritariamente el dialogismo como forma expresiva y de comunicación directa, más cercana y entendible para el lector, y una nueva fórmula de lenguaje conciso y parco en palabras provinente del uso de las nuevas tecnologías y las redes –mejor medios- sociales, sea a través del Twitter o Facebook.
Alcaraz reúne en La disciplina de la derrota a una variada gama de personajes destacados de la política española. Honestos y corruptos se dan cita aquí, y su autor, conocedor de las relaciones sociales y las intrigas políticas desde el mismo corazón de una organización política –su larga militancia así lo confirma-, nos muestra sus realidades a partir del imaginario, de la ficción. Un amplio muestrario de personajes reales habitan las páginas de esta narración, y en ellos vivimos sus aciertos unas veces, y otras, su mediocridad e incompetencia, incluso su desmedida ambición, origen de los continuados casos de corrupción política actuales, pero alimentados a lo largo desde la transición hasta nuestros días.
Con todo, La disciplina de la derrota marca un punto de inflexión de la trilogía que su autor está dispuesto a concluir con un tercer volumen del que desconocemos su título. No obstante, podemos afirmar que la presente novela es oportuna -¿oportunista?- teniendo en cuenta el momento actual de la política española, pero tal vez escrita aceleradamente, y, por tanto, con los defectos propios de la urgencia.


FichaTítulo: La disciplina de la derrota
Autor: Felipe Alcaraz
Editorial: Almuzara, 2013
17,95 €

Felipe Alcaraz (Granada) es doctor en filología románica, con una tesis sobre el concepto materialista de la literatura; se dedicó a la política durante un largo periodo, tras desarrollar una labor académica en la Universidad de Jaén a lo largo de quince años como profesor de lingüística y crítica literaria; y ahora está volcado en su labor como escritor. Es autor de tres libros de poesía y nueve novelas, entre ellas, La conjura de los poetas (Almuzara, 2010), dedicada a la biografía ideológica del poeta granadino Javier Egea, y Tiempo de ruido y soledad (Almuzara, 2012) y La disciplina de la derrota (Almuzara, 2013), primera y segunda parte, respectivamente, de la trilogía «Los días de la gran crisis». En la actualidad prepara un libro de poemas y el tercer volumen que cierra la trilogía.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

EL DOLOR SE PAGA

Cada día que pasa tiene uno más motivos para indignarse con la actual política revanchista, ideológicamente franquista y esclavista de este (des)gobierno. La cuestión es simple. No hay que buscar en las profundidades marinas, ni cueva alguna ni rastrear desiertos o selvas para hallar en esta crisis -¿económica?- la desvergüenza y el atentado terrorista más certero contra el "estado de bienestar" alcanzado hasta ahora. Sin duda, no era este "estado de bienestar" el más perfecto ni el que se merece el conjunto de la población española, y me refiero a las capas sociales que trabajan realmente y no a esta casta de políticos inútiles, irresponsables e inmorales. Pero ¿de dónde han salido toda esta chusma de gobernantes, incapaces de aplicar las normas más elementales de convivencia y solidaridad, de eficacia administrativa y sentido común para aplicar lo que es justo y ecuánime para todos? ¿Quiénes se creen que son para contravenir el principio que avala a la ahora desprestigiada política, cual es, "la buena administración de las cosas del común"? ¿De dónde llegaron estos Ministros y este Presidente, serán extraterrestres, o, simplemente, unos fantoches que nos llevan a la ruina total? Soy un ciudadano más entre tantos que viven en este país que, ahora sí, se desmorona, y no por las reformas de los estatutos de autonomía, precisamente, sino por la ineptitud de unos gobernantes que solo piensan en ellos y los amiguetes a los que van a favorecer privatizando el Estado en su conjunto.

 
Resulta, y esta era la razón original de este artículo que, por cierta dolencia física visité a mi médico de cabecera. Hasta ahí normal. Que el susodicho galeno, después de reconocerme, como es lógico, diagnostica y me receta un determinado medicamento para el dolor en cuestión. Hasta ahí también normal. Mas siempre hay lugar para el asombro: la farmacéutica introduce en la computadora mi tarjeta de asegurado, e, inmediatamente, cae por una rampa en medicamento solicitado -cosas de la innovación tecnológica-. Hasta ahí todo correcto. La cuestión entre todas las cuestiones a dirimir no es otra que su coste. Me dice la chica, que no tiene culpa de nada, tiene usted que asumir el coste íntegro. Todos sabemos que hasta hace muy poco se pagaba el 40% de los medicamentos, que ahora se ha subido al 50% en unos casos, y al 100% en otro, como es el caso que nos ocupa.

 
Creí yo, ¡qué iluso! que entre los fines del Estado, uno de ellos era aliviar el dolor a la población civil -sin distinción alguna.-, por eso la sanidad pública, pero resulta y compruebo que no, que además de no aliviarnos el dolor y el sufrimiento, nos castiga teniendo que abonar su totalidad, para enriquecimiento de sus amigotes de los laboratorios farmacéuticos.
¿Hasta cuándo aguantaremos tanto despropósito y humillación?

jueves, 15 de diciembre de 2011

VERSOS A NUESTRA TABERNA

 

A fe que si salir fuere decisión precisa

no han de tardar vuesas mercedes que ansí en llegando

la hora, la elección es acertada, noble, lisa,

y de juicio, que a Nuestra Taberna caminando

fueren, y apriesa, que no son buenas las tardanzas

cuando los labios resecos, sedientos de vino,

la tripa codiciosa de las buenas pitanzas,

fortuna merecen en siguiendo este camino.

Llegados al sagrado templo: gráciles rostros,

gran rumor, los unos alrededor de barriles,

en rincones o acodados en la barra; y otros,

en la calle, a la espera, mas todos casi inmóviles,

protegidos, muy felicemente acompañados

de familiares o amigos, de un duero o de un rioja,

de inolvidables tapas de ajo blanco, pescados,

caracola, tabernero, atún o carne roja.

No pierdan detalle vuesas mercedes, atentos

sigan a cuanto sucediere en este figón;

sienta el alma, los ojos sitien los suculentos

platos de gavillas de espárragos, de jamón,

sea ansí, pues, que todos los reunidos celebren

la gran fiesta de la concordia y la libertad,

que vengan de dondequiera parte y no entenebren

ensueños, fantasías, tampoco la amistad.

A fe que propicio lugar es Nuestra Taberna,

y noble; consuelo de las penas y morada

de los muchos alborozos, pues que se gobierna

felicemente con celo, oficio y esmerada

gracia, cual la de Fran y Valeria en los fogones,

también y en su ayuda la de Sara y de Gabriela,

la de Pozo, Molero y “el abuelo”, anfitriones

siempre de tan fiel y tan distinguida clientela

que al cuidado de Ismael y Paco, camareros,

hacen de los días y las noches fantasía,

y ansí oída la campana brindan altaneros

por todos los presentes con muy grande alegría.

sábado, 5 de marzo de 2011

RADIO TRISTEZA

Ocurrió muchos años atrás. Se hallaba en casa, acompañado de su esposa y su hija recién nacida. Comenzaba entonces su carrera profesional como profesor en un Instituto del norte, del noreste para ser más exactos. Era su primera vez y en los días iniciales estuvo muy nervioso. Juventud e inexperiencia fueron su carta de presentación. En el claustro se le acercaron el resto de compañeros, se presentaron y conversaron durante unos minutos, los suficientes para romper el hielo, para que la andadura que comenzaba resultara algo más grata. No era fácil, la Universidad le había proporcionado conocimientos, teorías y las mejores lecturas de la literatura clásica y universal, pero ahora se hallaba solo ante aquellos adolescentes, sin saber muy bien qué hacer ni cómo hacerlo, o mejor dicho, no sabía qué método elegir para contagiar a sus alumnos, para convencerlos de cuantos tesoros se ocultaban en la palabra escrita. No obstante, y a base de esfuerzo y dedicación llegó a ser muy respetado y querido, sus clases eran amenas y la didáctica la adecuada. Pasaron los días y el joven profesor se fue afianzando en las relaciones con el resto de profesores y con todo su alumnado. Su rostro era el reflejo del alma, de un alma serena y feliz.
Aquella lejana tarde, el profesor se hallaba en casa. Escuchaba la radio. Afuera nevaba. A través del cristal observaba cómo caían pequeños copos, de nieve, lentamente, dibujando en el aire un paisaje indescriptible. El frío penetraba por todos sitios, a pesar de tener los radiadores encendidos y no el comedor muy grande. Escuchó primero algunas voces, luego una interminable ráfaga de disparos y más tarde la música militar ocupó por entero la estancia, y un dolor intenso recorrió su cuerpo de arriba a abajo. Supo entonces que la vida valía muy poco. El nerviosismo se apoderó de él. Durante el tiempo que duró la carrera había estado comprometido con el movimiento estudiantil y fue un agitador nato, un defensor de causas perdidas. La vida –pensó- vuelve a estar en manos del ejército: los tanques en la calle, los dimes y diretes de un lado para otro, la urgencia de la palabra era decisiva: unos esperaban órdenes, otros las daban sin más, y en aquel desaguisado, la tristeza y el miedo volvió a instalarse en todos los hogares.
En cada casa la radio se convirtió en principio y fin de la propia existencia, también de la del profesor y su familia. Todo parecía retroceder muy rápidamente a un tiempo de oscuridad y silencios, a un mundo demoníaco y salvaje, aterrador. El profesor miraba a su esposa de soslayo e intentaba aparentar una calma inexistente. A partir de entonces las cosas cambiaron radicalmente, en lo más profundo de su ser sintió la desolación y la angustia de quien se sabe perdido en un inmenso bosque.
Después del tiempo transcurrido, nada más y nada menos que treinta años, la herida sangra aún, y el recuerdo, una radio: Radio Tristeza.

sábado, 5 de febrero de 2011

FUEGOS DE ARTIFICIO


Comenzaba a sentirse cansado, harto de tanta parafernalia y tanto relumbrón. Su vida no había tenido grandes sobresaltos y, por lo tanto, podría decirse que nació, creció y envejeció inexpugnable al más entre los mortales. Igual en unos casos y diferente en otros, como corresponde a la propia naturaleza humana. Sin embargo, en los últimos meses sentía como si algo que amorosamente sostuvo largo tiempo entre sus manos se le escapara ahora, casi sin darse cuenta, sin que pudiera hacer nada por evitarlo. Estaba inquieto, y esa misma inquietud lo hacía vulnerable. En los años vividos no había nunca había sentido aquella desazón, aquella angustia que le despertaba de madrugada como si de la alarma de un despertador se tratara. Estaba sucediendo a su alrededor y no podía evitarlo. Veía cómo el hombre desnaturalizaba todo lo que tocaba o pensaba y la impotencia le embargaba hasta límites insospechados. El viejo profesor, alejado ahora de las aulas, no podía entender qué estaba pasando, qué le ocurría a los hombres que lo destruían todo con la excusa del progreso por bandera.
Pero los días, los años y los siglos se sucedían y nada había cambiado lo suficiente para sentirse satisfecho, feliz y, sobre todo, libre. La libertad era una quimera, una abstracción, un paisaje nebuloso, lúgubre y maléfico; y la verdad, una simple entelequia. El gusto por lo superficial, por lo vacuo se había convertido en la verdadera religión del hombre. Allí andaba el hombre de un lado para otro, pueblo a pueblo, nación a nación arreciando con su discurso grandilocuente, sinfónico e hipócrita, dejándose vitorear por las masas cada vez que subía a la tribuna de oradores y acompañado por el estridente sonido y la luz irisada del fuego dibujando miles de estrellas en el oscuro firmamento, voceaba nombres y odios hasta sentirse conquistar por la afonía.
¡Han vuelto de nuevo! –se dijo el profesor, mientras miraba fijamente la pequeña pantalla del televisor- Vienen con los antiguos fueros de la inquisición y el garrote vil, nada los detendrá, su seguridad depende de la debilidad de los otros, del desamparo y la decrepitud a la que sean –serán- sometidos los otros, los que escuchan al orador sin preguntarse, sin dudar siquiera un momento de sus palabras, creyéndose sabedores de la verdad absoluta. Después del espectáculo ofrecido el profesor se levanta del sofá, desconecta la televisión y sube lentamente las escaleras hasta llegar a la biblioteca que siempre espera ansiosa su llegada. Los libros reposan en los estantes, otros aparecen dispuestos anárquicamente sobre la mesa, los menos por el suelo, apilados los unos sobre los otros. En los libros el conocimiento y los sueños.
En ellos, la palabra escrita cohabitando en armonía, la diferencia y la libertad, sin fuegos de artificio.

viernes, 28 de enero de 2011

LA LUZ DE LA PALABRA

Una luz emerge ahora tras el horizonte marino. Nace para todos. Su color es la suma de todos los colores, un perfecto arco iris. Es tal su belleza que el viejo profesor quedó inmóvil, sobrecogido en su inmensa claridad. Adonde quiera que mira le persigue su haz dorado. Han transcurrido los años y sin embargo la luz que ahora percibe es la misma que le cegara en otro tiempo ya remoto. Ocurre, además, que, como en los vinos, ha ganado en solera. Esta luz que halló cada noche impresa en los libros, seductora y amorosamente viva resplandece como un astro, una llama abrasadora que lenta, muy lentamente va creciendo en la infinitud de los días. Es en esa hora misteriosa y mágica de la madrugada y sus silencios, cuando siente su mano cálida en la suya, que no se extingue, que le salva y le conforta, le inventa y reinventa una vez y otra, hasta el desmayo.
La luz, su luz en la palabra. Asomarse desde el alféizar y adentrarse en su mundo es una misma cosa; caer en su abisal entorno, embriagarse con su aroma y sus latidos; enloquecer con sus sonidos de selva y paraíso; amar su desnudez de diosa o ninfa; recorrer su cuerpo de cristal o llama; beber de sus labios el dulce néctar; descubrir la pasión de los amantes, o, simplemente, vivir, revivir en ella el éxtasis de la entrega.
La luz, la única luz de la palabra, que se agita entre los encinares y almendros, enraizada en la voz y el vuelo de las aves, amamantada en la tierra, doliente, esperanzada, entristecida a veces, alegre otras, que huye de los silencios para convertirse en vivo silencio. La palabra y sus secretos, abandonada a la magia de la noche, fulgente en los atardeceres, peregrina en las callejas laberinto de la bien amada judería, aterciopelada en los patios, ardiente en la voz del poeta.
Una luz emerge ahora del intenso verdor de los olivos y el esplendente azul mediterráneo. Nace para todos, imperecedera, la palabra, la luz de su palabra, irrepetible, única, salvadora, ecuánime, eterna y libre.
La palabra que el viejo profesor dejase escrita es ahora una luz deslumbradora que se agita demencial en su interior, en su arrebatado espíritu y vuela por los cielos de la esperanza para seguir viva entre sus amados libros, en las paredes de su casa. Y así, día tras día, la palabra germina en los rincones de una calle cualquiera o en los escaparates de los comercios; se reproduce y crece hasta alcanzar la misma cima de éxtasis definitivo.
La palabra que el viejo profesor, como un poema infinito sobre las olas del Mare Nostrum, dejara escrita: Busco, cuando atardece, un son secreto, / un manantial de luz y de palabras, / una voz que sea alimento, anuncio / de otras voces y otras vidas, latido / siempre del corazón de los amantes. / Vivo en las alas del aire, en los álamos / crecidos de la espera, en la garganta / árida y profunda de los sueños / que huyen cada madrugada del fuego / y los cuchillos, el olvido y su eco.

CANTO A TERESA

Anochecía en los campos de olivares. El intenso frío le fue adormeciendo los brazos y las piernas. A poco que quiso darse cuenta la oscuridad le asaetó una y otra vez el cuerpo entero, la vida misma. Todo le pareció distinto aquella noche gélida de diciembre, hasta el leve rumor de su propia soledad. No pudo evitar que una sensación de ansiedad y desvalimiento creciera en él. Caminó entonces sin rumbo fijo por las empinadas y estrechas calles de la Almedina, apartado de los hombres y sus inútiles guerras. Allá en la cima, con el inmenso dolor de la muerte desgarrándole las sienes y el alma, sollozó hasta la extenuación, mientras la luna cubría de plata a los milenarios olivos. Al otro lado, la mar en toda su grandeza y su silencio. La triste melodía de una sirena que huye hacia los fondos marinos, sabedora de hallar allí su última morada. Anochece en la mar y es diciembre un infierno de alaridos y llantos, un oscuro túnel donde nada existe y todo es vacío y atormentadas soledades. La mar –lo recordaba ahora- les unió en un tiempo lejano, cuando llegó de tierra adentro, con la maleta repleta de sueños y la mirada límpida y serena. La mar azul y el verde mar de olivos al unísono, como única estrella del universo, arco iris de infinitos y fraternos abrazos. Desde entonces, y mientras hubo vida, ella, su amiga, se agarró a la vida, y fue feliz y desbordó alegría por doquier, como si cada segundo fuese el primero y el último. Y así pasaron los años, y en sus grandes ojos negros la vida era un océano de vida; y su palabra, un tierno beso en las mejillas; su voz, rumor de caracola, candente luz del universo. Era diciembre y la muerte se hizo verbo. Arremetió contra ella y contra todos como un insaciable y devastador huracán, y lo dejó –nos dejó- huérfanos, perdidos, abandonados al azar. El aire heló la estancia aquella noche. Mas ella, una vez más, estaba allí, corpórea en los recuerdos, viva en los afanes de quienes la amaron sin reservas. Estaba allí, sentada a su lado, y él la recordaba en los versos de Espronceda en su Canto a Teresa: <<¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías, / ¡Ah ¿dónde estáis que no corréis a mares? / ¿Por qué, por qué como en mejores días / No consoláis vosotras mis pesares? (…) Aún parece, Teresa, que te veo / aérea como dorada mariposa / en sueño delicioso del deseo, / sobre tallo gentil temprana rosa, / del amor venturoso devaneo, / angélica, purísima y dichosa, / y oigo tu voz dulcísimo, y respiro / tu aliento perfumado en tu suspiro>>. Es de noche en los olivares, y en la mar, mas una estrella fugaz cruza el firmamento. La tierra entera es silencio. Entre las ramas del centenario olivo y en la mar, un único canto es sinfonía, asciende y desciende, vuela libre por el planeta. Es diciembre y el aire trae consigo un solo canto, inolvidable, este Canto a Teresa, por y para siempre viva, purísima y dichosa.

martes, 4 de enero de 2011

2011

Había regresado del pueblo con una inexplicable sensación de vacío. Los días se sucedieron con la velocidad del rayo y cuando quiso darse cuenta se hallaba de nuevo en su casa, sentado en su sillón de siempre y escribiendo un nuevo artículo para el periódico. El último día de estancia en el pueblo, al oír el triste sonido de las campanas de la iglesia, recordó otros momentos vividos en los albores de su infancia. Se condujo por aquel laberinto de calles estrechas y empinadas del que fuera su inolvidable barrio, y se vio corriendo de un lado para otro, después de haber merendado, eso sí, su buen hoyo de pan con aceite recién prensado días antes en la almazara. Los atardeceres de aquellos lejanos años fulgían en su memoria con la misma intensidad que lo hicieran en el pasado, cuando descubriera la luz y los sonidos de la soledad. ¡Una vez más de vuelta a casa! Así ocurría desde que doce años atrás decidiera afincarse en tierras de sol y desiertos, de azules encendidos y mar de lunas infinitas. Concurrían todas las circunstancias con las que había soñado a lo largo de los años. Y estaba alegre por cómo se desarrollaban los acontecimientos. Volvía a sus mares de sueños y lo hacía con la certeza de hallar en las incontenibles aguas, la luz y la belleza, la razón de cuanto deseó y aún a pesar de los años transcurridos deseaba. Esa y no otra era la única verdad, su verdad.No era la primera vez ni sería la última. Confiaba en que la monotonía de los días transformara en sueños toda su vida, y por eso, llegada la hora de los atardeceres, sin importarle el lugar donde se encontrara, se abismaba en los silencios de su propio ser, y hablaba para sí durante horas y horas, y miraba al horizonte como si fuera la última vez, el último adiós. Todo había sucedido con excesiva rapidez, como si la vida fuera un minuto, un soplo o un suspiro. Así pensaba en aquella hora del atardecer, cuando aún sentía en sus oídos el son triste de las campanas de la iglesia Mayor. De vuelta a casa las cosas parecen distintas –pensó-, y calló durante algunos minutos. El silencio se apoderó de las paredes de la casa y de los libros apiñados en las estanterías, y sin más miramiento que el de sus propios pensamientos se hizo aire, y viento, y nube y sombra, hasta desaparecer invisible entre los hombres que habitaban aquella tierra tan roja como la sangre. Regresaba, una vez más, para confundirse entre la maleza de la magia y los secretos que la vida enseña a cada paso. Y gozaba por ello, él que tanto había soñado siempre con un tiempo de infinita quietud, sin más sonidos que el silbo de los pájaros o el rumor del mar sobre los acantilados. Todo estaba decidido ya, nadie ni nada podía derrotar al mal que le acechaba cada tarde, después de oír el son triste de las campanas de la iglesia; llegado era el fin de un año más . La vida es un suspiro –se dijo- y comprobó en el calendario la presencia del nuevo año 2011.

jueves, 16 de diciembre de 2010

MORENTE



Andaba inquieto aquella tarde. Iba de un lado a otro de la casa, agitado, como si presintiera alguna desgracia. No era la primera vez que le sucedía y por eso, cuando no podía dejar de moverse, se acrecentaba la angustia y un dolor insoportable le oprimía el ser entero. Su boca, entonces, supo del amargo sabor de la muerte, y el tiempo se detuvo en los lejanos años de su juventud, en el despertar de aquella primavera numinosa y brillante en las encaladas casas de su pueblo sureño, cercano a la Granada de sus sueños.
Fue por aquellos días de un mayo florido de amapolas silvestres en los campos de la campiña, a la hora del ángelus, cuando las campanas de las iglesias del pueblo sonaban al unísono; cuando los campesinos poblaban las tabernas y acodados en la barra conversaban unos, silenciaban otros y bebían vino o escuchaban el cante salido de las gargantas como un grito o un quejío que hacía temblar la tierra entera. Fue la primavera descubriendo los sonidos y los aromas quien despertó en él la esencia, la magia y el duende del flamenco. Fue su voz, aquella voz desgarrada, liberadora, un mundo en sí mismo, un universo paradisíaco. Nada más grande y sencillo a la vez que la fuerza rompedora contenida en el negror del vinilo, que giraba y giraba como una noria, imparable, creadora, iluminada y cristalina tal manantial de agua.
No era tiempo entonces de muchas alegrías, la escasez era la norma y los hombres se tragaban las palabras, silenciaban sus vidas a la luz del día y lloraban en la oscuridad de la noche. No, no era fácil la vida en los pueblos, controlada siempre por la mano demoníaca del poder. Mas fue entonces, cuando la primavera derramaba su luz y sus colores por la faz de la tierra, cuando la voz del joven Morente entró por ventanales y balcones, hospedándose para siempre en todos los rincones de la casa. Una nueva vida, un horizonte distinto apareció ante él y esperanzado anduvo desde entonces por la vida. Nunca más olvidó sus orígenes, y junto a él, acompañado por su inconfundible voz creció y vivió.
Ahora, cuando le amarga el sabor de su temprana muerte, él vuelve a sus orígenes, y piensa en el poeta, cantaor y maestro, en el hombre, y a pesar de todo, se ve a su lado contemplando un atardecer cualquiera en el mirador de San Nicolás, abstraídos, abismados en sus propios silencios.
Él sabe bien que, como el leve rumor del agua, la voz de Morente recorre las estrechas y numinosas calles del Albayzín, los muros de las mezquitas y conventos; se adentra en el fresco verdor de los jardines del Generalife y acaricia las yeserías, mocárabes, azulejos, salones, patios y celosías de la Alhambra, y vuela libre como un pájaro por el intenso azul del cielo hasta alcanzar la nívea cima del Mulhacén y el Veleta, todos y cada uno de los rincones de la tierra.
El aire, en esta hora del crepúsculo, nos devuelve, definitivamente, el último quejío desgarrador y profundo del maestro Morente.
¡Morente, por y para siempre vivo!