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jueves, 1 de octubre de 2020

NECESITO UNA ISLA GRANDE

 

SALÓN DE LECTURA

José Antonio Santano

 

SALÓN DE LECTURA

Necesito una isla Grande

RAFAEL SOLER

 


El mejor de los refugios para estos días aciagos que vivimos es la lectura. Dejarse llevar por la letra impresa a los lugares más insospechados es de una extraordinaria necesidad. Romper momentáneamente al menos con la realidad más cruel y abismarse en los variados mundos que nos proporcionan las páginas de un libro parece perfilarse como uno de los remedios para este tiempo de penurias. Los libros nos ayudan a pensar, a comprendernos y comprender el mundo y ser más libres. Sin libros, por mucho que quieran sus detractares son un elemento esencial en la vida de los seres humanos, y como tal debiera de procurársele atención, una especial atención. Sin embargo, otras son las miras de quienes administran el común. Craso error que pagamos, ya lo estamos pagando, con el desmesurado crecimiento de la intransigencia y la insolidaridad, algo que no debe ni puede consentir el género humano. Para evadirnos, circunstancialmente, o penetrar en esos otros mundos del imaginario o la fantasía están los libros, su utilidad más inmediata, pero también para conformar nuestra personalidad, nuestra identidad y nuestra libertad. En este sentido, cabe destacar un libro, una novela no muy extensa pero de una extraordinaria ejecución que nos acerca al mundo de nuestros mayores, concretamente a un grupo de ancianos de una residencia y que responde al título de “Necesito una isla grande”, publicada por la editorial Contrabando, y de uno de los escritores más solventes del actual panorama literario español, Rafael Soler (Valencia, 1947). A estas alturas no hay duda alguna de la excelencia narrativa de Soler, algo que viene demostrando con cada entrega, sorprendiéndonos siempre por esa continua superación de su apasionante discurso narrativo.  No me duelen prendas en reconocer que Rafael Soler es una de las voces más interesantes y necesarias de la actual narrativa. Su concepción del hecho narrativo es de una brillantez poco usual. Soler se adueña de las palabras para construir un universo único, el suyo, el de su verdad y no ceja nunca en el intento de aprovechar cuantos recursos le están a su alcance para dar vida a sus personajes de una manera diferente al resto de narradores españoles. Es su toque personal y contenido en la natural frescura de sus diálogos, por ejemplo, hasta el punto de hacer hablar a los muertos cuando tan complejo ya por sí es hacer hablar a los vivos; el mimo con el que estructura la narración, los silencios, el humor y la ironía que hacen de él un atípico novelista. “Necesito una isla grande”, en resumidas cuentas, es historia de un grupo de ancianos que viven en una residencia y al que les toca un segundo premio de la lotería que marcará un antes y un después en sus vidas. Soler es un maestro del diálogo, por su gracia natural en construirlo, y en esta historia mucho tiene que ver este recurso.
 La historia que se nos cuenta en esta novela contiene todos los ingredientes: amor, soledad, ternura, generosidad, compañerismo, miedos, humor, ironía, humanidad, muerte, y todos en esa coctelera mental del novelista toman las formas más variadas de emocionarnos, de producir en el lector ese temblor propio de la escritura rigurosa, rica en conocimiento y valores humanos, esa literatura capaz de hacernos creer que, pese a todo, hay que seguir caminando en la búsqueda de la felicidad, aunque solo sea de una pequeña porción de ella, porque la vida no es si no se vive intensamente a cada segundo. No es la primera vez que me acerco a la escritura de Soler y nunca hasta ahora me ha decepcionado, ni creo que me decepcione en futuras ocasiones, si las hubiera, que espero que sí. La razón es bien sencilla, Rafael Soler es un excelente narrador, su grado de percepción de lo oculto e imaginario es tan profundo que en su observación detenida del mundo que le rodea está su don más preciado, la luz que ilumina su literatura, tan especial y cercana a la vez, tan precisa en el lenguaje, tan viva y abarcadora, tan suculenta y necesaria.  

 


Título: Necesito un isla grande

Autor: Rafael Soler

Editorial: Contrabando (2019) 

domingo, 16 de septiembre de 2018

EL ÚLTIMO GIN-TONIC



EL ÚLTIMO GIN-TONIC
SALÓN DE LECTURA ______ José Antonio Santano


No creo que me equivoque si afirmo que es muy difícil encontrar en el panorama literario actual una voz que se distinga, elegante y personal, con variedad de registros que la hagan diferente, innovadora, perspicaz e irónica al mismo tiempo, esencial en su concepción misma, divertida incluso, cosmopolita, heredera de la mejor tradición narrativa española, y moderna en el sentido de original, de una frescura tan sublime como inaudita. Pocas veces halla uno una novela tan sólida en su estructura como sugerente por sus variados recursos lingüísticos, sintácticos y semánticos. 
Lo dicho y algo más que añadiremos más adelante constituye el ensamblaje, la arquitectura de un texto extraordinario, de una novela que derrocha imaginación e ingenio a lo largo de sus algo más de 200 páginas: “El último gin-tonic”, de Rafael Soler, que regresa así al género narrativo, a tomar las riendas de una prosa vivaz y diamantina. De la idea inicial de un correo electrónico, que sitúa la acción narrativa y el motivo central de lo que será luego un derroche de historias tan distintas como distintos son los personajes protagonistas de las mismas, hasta la conclusión de la narración, Soler viene a demostrar su talento para crear situaciones tan reales y sugestivas, desde una perspectiva lingüística y sintáctica que revela al escritor de raza que ha sido capaz de construir esta novela apasionante. 

Y lo es por muchos motivos: el manejo del lenguaje, una mirada que parte de la anécdota hasta transformarse en elemento trascendental de la narración, la descripción como pilar consustancial del discurso (poético-lírico en muchas ocasiones), el laberinto como modelo resolutivo de los conflictos y las relaciones, la presentación de los personajes enfrentados a sí mismos, el culto a lo novedoso tanto en su concepción como en su ejecución, influencia de modelos audiovisuales (cine, televisión, teatro, etc.) en la acción y narración de cada una de las historias, así como la frescura constructiva de los diálogos, son aspectos que hacen difícil definir o conceptuar exactamente la tipología narrativa de la novela. Todo sucede de lunes a jueves, en cuatro capítulos respectivamente: “Tres más uno”, “Los abrazos”, “Aquí nadie tiene a nadie” y “Póker de ases”. Tiempo suficiente, cuatro días, para contarnos lo mucho que sucede a la familia Casares (Moisés Casares Cendoya, el abuelo; Alberto y Lucas, sus hijos, y Juan, Marcos y Mateo –como los evangelistas- los hijos de Lucas, además de otros personajes que complementan la narración como María –la amante- o Diego –el esposo cornudo y autor de los correos electrónicos- hasta crear una narración de auténtica filigrana). La disección de cada uno de los personajes mencionados es de una precisión matemática y todos juntos o por separado constituyen el elemento vertebrador de la narración, a veces laberíntica por su propia estructura discursiva pero nunca incomprensible o aburrida. Soler construye una historia tan sólida como ingeniosa y actual, que afronta los problemas propios del tiempo que nos ha tocado vivir, pero que él trata con ese regusto por la palabra y un lenguaje siempre acorde con la realidad que describe, en muchas ocasiones irónico, en otras con un humor tan negro como elegante, que nos devuelve a la mejor tradición novelística española, a la cervantina concepción de la novela. Realidad y ficción se complementan para vivir en las páginas de “El último gin-tonic” situaciones que van del hecho mismo de la muerte hasta el amor, pasando por la soledad, miedos, violencia, traiciones, dolor, sexo, juego; es decir, el deseo de revelar la porción que en cada ser existe de felicidad o desdicha, desde la concepción personal que cada uno de los personajes posee de la vida, que a fin de cuentas es la literatura. Un viaje al territorio de lo desconocido, no solo al de los pingüinos de Puerto Madryn en la Península Valdés (Argentina), sino al mundo interior de cada uno de los protagonistas de esta historia escrita con el rigor y el ingenio que caracteriza a su autor, Rafael Soler. 
De fuera hacia adentro, y viceversa, Soler ha sabido plasmar lo que parece una simple anécdota, en una obra que contiene innumerables matices expresivos, desde los propios del lenguaje audiovisual, hasta los de encadenamiento narrativo de los diálogos en los tiempos y el espacio que el narrador ha considerado novedosos para imprimir a la historia ecos de auténtica literatura. Una ciudad, una familia y la soledad, el vacío que la vida nos impone en determinados momentos y la alegría de otros, los menos, porque el dolor y la muerte siempre están acechantes. Un recorrido por la vida misma en sus aspectos más cotidianos, que hacen de esta novela una lectura necesaria para comprender mejor el mundo en que vivimos, que a fin de cuentas de eso se trata, de desvelar y descubrir los misterios con la mejor herramienta que dispone el verdadero escritor: la palabra. Una novela original, que no dejará indiferentes a sus lectores, para los que deseo no sea este “El último gin-tonic”, sino el penúltimo, en compañía de su autor, Rafael Soler, y sus futuras narraciones.
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EL ÚLTIMO GIN-TONIC


Título: El último gin-tonic
Autor: Rafael Soler
Editorial: Contrabando (Valencia, 2018)


domingo, 15 de enero de 2017

NO ERES NADIE HASTA QUE NO TE DISPARAN. RAFAEL SOLER por JOSÉ ANTONIO SANTANO


SALÓN DE LECTURA _________________________________ José Antonio Santano



NO ERES NADIE HASTA QUE TE DISPARAN

Hay libros que dejan una huella imborrable. Los hay conmovedores, entrañables, de una inmensa belleza, ingeniosos, extravagantes, sublimes, etc., etc. Creo no equivocarme si afirmo que confluyen en “Mortal y rosa”, de Francisco Umbral todos esos calificativos y más, tal vez, su mejor libro desde mi punto de vista. Umbral dejó escrito en ese libro: «Si no hay transparencia no hay escritura […] El escritor tiene que dejar pasar la luz del mundo sobre la cuartilla, el sol de la escritura. […] La prosa es prosa porque tiene sombra, la sombra del tío que está encima. Si no tiene sombras es poesía». Hoy, dicho libro me sirve de pórtico y modelo para hablar de otro bien distinto, sin sombras, y, consecuentemente, de poesía: “No eres nadie hasta que te disparan”, del poeta Rafael Soler (Valencia, 1947). Este es el cuarto que el sello editorial Vitruvio publica, anteriores fueron “Maneras de volver”, “Las cartas que debía” y “Ácido almíbar”, que ya tuve ocasión de comentar en este misma sección hace unos meses. Si en aquella ocasión escribía: «Soler interioriza todo lo que le rodea, ya sean objetos o pensamientos, de tal manera que una vez dentro nos revela lo hallado, es decir, lo trascendido. En esa interiorización de la verdad –su verdad- el poeta se abstrae hasta el límite, creando un universo propio donde la palabra se hace luz y vida» -transparencia-, ahora no puedo sino destacar su singularísima voz, tan distinta y distinguible a la vez, que nos envuelve hasta levitar en el espacio y sus silencios. La voz de un poeta que no se achica ante nada, para el cual el reto mismo de la vida produce en sus versos esa tensión necesaria para expresar, plenamente, la originalidad, los detalles, aunando narrativa y lírica, fondo y forma en un estilo único que hace de él uno de los poetas españoles más destacados. Rafael Soler nos conduce en esta obra a los “asombros”, en esa pretensión de abismarse en el misterio de las cosas, de su sencillez hasta trascenderla, para casi desaparecer, que vendrá a explicar en sí mismo el título de este arriesgado y original texto, “No eres nadie hasta que te disparan”, que estructurado en seis partes independientes u autóctonas (Cuaderno de Elvira, Cuadernos de Martín, Cuaderno de Abel, De cuanto pudo acontecer y no sucede, El cine, en el cine y Epílogo, y no), conforman un solo objeto poético, una voz armónica y luminosa, que no se deja influenciar por ninguna moda y que busca en la infinita soledad todos los silencios existentes, la vida misma. Esta es la razón de ser del poeta, la savia recogida durante este tiempo de madurez que lo agita hasta alcanzar la plenitud toda del lenguaje, de la palabra que vuela como un pájaro por los confines celestes de la poesía verdadera, esa que suena muy adentro de la nada para convertirse en alma luz de un tiempo tan extraño como deshumanizado. 

El poeta, harto de tanta mediocridad, y bastándose de la palabra no ha dudado un momento para crear un espacio y un tiempo nuevo, una forma distinta de temblor, de luz que alumbre el camino habitado por tan devastadoras sombras. Como ejemplo de lo dicho hasta ahora cabría seleccionar cualquier poema de los contenidos en “No eres nadie hasta que te disparan”, cualquiera, pero uno solo sería suficiente para ilustrarlo, porque verdaderamente Elvira, Martín y Abel, son personajes corrientes de un guión, de una acción, nombres escritos sobre el papel y un argumento sólido y suficiente; diría más, unos versos solo resumirían la verdad que persigue el poeta, que devuelve la poesía a su estado puro, a la raíz del ser, a la olvidada locura cervantina como única verdad capaz de transformar el mundo.
 Sabe Rafael Soler de ese empeño y así lo escribe en el poema 

“La falsa pulcritud de los escombros: 

«De espalda a la pared
 / los locos crónicos son de natural pacífico 
/ y muy conservadores […] //
 un loco crónico alza sus brazos para llamar al sol 
/ y aunque viva perseguido de invisibles amenazas /
 enquistado tenaz en su rutina /
 puede sorprenderte con un don inesperado / 
multiplicar digamos mil quinientos doce / 
por tu matrícula de coche / 
y salir indemne del empeño / 
aunque lleve en el bolsillo una pinza de colgar…».

 Una vez más la personalísima voz de Soler, esa forma tan suya de construir metáforas, los variados matices sintácticos y semánticos no hacen sino constatar la existencia de una poesía viva, capaz de alterarnos, por encontrar en ella una fuerza especial, una verdadera eclosión poética que no puede dejar pasar ningún lector que se precie. Sin duda alguna, “No eres nadie hasta que te disparan” sitúa a Soler en un lugar preeminente dentro del actual panorama poético español.

Título: No eres nadie hasta que te disparan
Autor: Rafael Soler
Edita: Vitruvio (Madrid, 2016)


Libros de poesía

  • “Pie de página” 2012 , nº 150 de Els Plecs del Magnânim, V-2080-2012
  • “La vida en un puño” 2012 Editorial Servilibro y la Asociación Pistilli Miranda (Asunción,Paraguay) Depósito nº 1328 / 98
  • “Los sitios interiores (sonata urgente”), 1980. Colección Adonais. Ed. Rialp ISBN: 84-321-2058-8

Libros de narrativa

NO ERES NADIE HASTA QUE TE DISPARAN. RAFAEL SOLER


SALÓN DE LECTURA _________________________________ José Antonio Santano



NO ERES NADIE HASTA QUE TE DISPARAN

Hay libros que dejan una huella imborrable. Los hay conmovedores, entrañables, de una inmensa belleza, ingeniosos, extravagantes, sublimes, etc., etc. Creo no equivocarme si afirmo que confluyen en “Mortal y rosa”, de Francisco Umbral todos esos calificativos y más, tal vez, su mejor libro desde mi punto de vista. Umbral dejó escrito en ese libro: «Si no hay transparencia no hay escritura […] El escritor tiene que dejar pasar la luz del mundo sobre la cuartilla, el sol de la escritura. […] La prosa es prosa porque tiene sombra, la sombra del tío que está encima. Si no tiene sombras es poesía». Hoy, dicho libro me sirve de pórtico y modelo para hablar de otro bien distinto, sin sombras, y, consecuentemente, de poesía: “No eres nadie hasta que te disparan”, del poeta Rafael Soler (Valencia, 1947). Este es el cuarto que el sello editorial Vitruvio publica, anteriores fueron “Maneras de volver”, “Las cartas que debía” y “Ácido almíbar”, que ya tuve ocasión de comentar en este misma sección hace unos meses. Si en aquella ocasión escribía: «Soler interioriza todo lo que le rodea, ya sean objetos o pensamientos, de tal manera que una vez dentro nos revela lo hallado, es decir, lo trascendido. En esa interiorización de la verdad –su verdad- el poeta se abstrae hasta el límite, creando un universo propio donde la palabra se hace luz y vida» -transparencia-, ahora no puedo sino destacar su singularísima voz, tan distinta y distinguible a la vez, que nos envuelve hasta levitar en el espacio y sus silencios. La voz de un poeta que no se achica ante nada, para el cual el reto mismo de la vida produce en sus versos esa tensión necesaria para expresar, plenamente, la originalidad, los detalles, aunando narrativa y lírica, fondo y forma en un estilo único que hace de él uno de los poetas españoles más destacados. Rafael Soler nos conduce en esta obra a los “asombros”, en esa pretensión de abismarse en el misterio de las cosas, de su sencillez hasta trascenderla, para casi desaparecer, que vendrá a explicar en sí mismo el título de este arriesgado y original texto, “No eres nadie hasta que te disparan”, que estructurado en seis partes independientes u autóctonas (Cuaderno de Elvira, Cuadernos de Martín, Cuaderno de Abel, De cuanto pudo acontecer y no sucede, El cine, en el cine y Epílogo, y no), conforman un solo objeto poético, una voz armónica y luminosa, que no se deja influenciar por ninguna moda y que busca en la infinita soledad todos los silencios existentes, la vida misma. Esta es la razón de ser del poeta, la savia recogida durante este tiempo de madurez que lo agita hasta alcanzar la plenitud toda del lenguaje, de la palabra que vuela como un pájaro por los confines celestes de la poesía verdadera, esa que suena muy adentro de la nada para convertirse en alma luz de un tiempo tan extraño como deshumanizado. 

El poeta, harto de tanta mediocridad, y bastándose de la palabra no ha dudado un momento para crear un espacio y un tiempo nuevo, una forma distinta de temblor, de luz que alumbre el camino habitado por tan devastadoras sombras. Como ejemplo de lo dicho hasta ahora cabría seleccionar cualquier poema de los contenidos en “No eres nadie hasta que te disparan”, cualquiera, pero uno solo sería suficiente para ilustrarlo, porque verdaderamente Elvira, Martín y Abel, son personajes corrientes de un guión, de una acción, nombres escritos sobre el papel y un argumento sólido y suficiente; diría más, unos versos solo resumirían la verdad que persigue el poeta, que devuelve la poesía a su estado puro, a la raíz del ser, a la olvidada locura cervantina como única verdad capaz de transformar el mundo.
 Sabe Rafael Soler de ese empeño y así lo escribe en el poema 

“La falsa pulcritud de los escombros: 

«De espalda a la pared
 / los locos crónicos son de natural pacífico 
/ y muy conservadores […] //
 un loco crónico alza sus brazos para llamar al sol 
/ y aunque viva perseguido de invisibles amenazas /
 enquistado tenaz en su rutina /
 puede sorprenderte con un don inesperado / 
multiplicar digamos mil quinientos doce / 
por tu matrícula de coche / 
y salir indemne del empeño / 
aunque lleve en el bolsillo una pinza de colgar…».

 Una vez más la personalísima voz de Soler, esa forma tan suya de construir metáforas, los variados matices sintácticos y semánticos no hacen sino constatar la existencia de una poesía viva, capaz de alterarnos, por encontrar en ella una fuerza especial, una verdadera eclosión poética que no puede dejar pasar ningún lector que se precie. Sin duda alguna, “No eres nadie hasta que te disparan” sitúa a Soler en un lugar preeminente dentro del actual panorama poético español.

Título:No eres nadie hasta que te disparan
Autor: Rafael Soler
Edita:Vitruvio (Madrid, 2016)


Libros de poesía

  • “Pie de página” 2012 , nº 150 de Els Plecs del Magnânim, V-2080-2012
  • “La vida en un puño” 2012 Editorial Servilibro y la Asociación Pistilli Miranda (Asunción,Paraguay) Depósito nº 1328 / 98
  • “Los sitios interiores (sonata urgente”), 1980. Colección Adonais. Ed. Rialp ISBN: 84-321-2058-8

Libros de narrativa

domingo, 26 de junio de 2016

ÁCIDO ALMÍBAR. RAFAEL SOLER por JOSÉ ANTONIO SANTANO


 José Antonio Santano
ÁCIDO ALMÍBAR
N o son muchas las ocasiones, lamentablemente, en las que uno encuentra una voz poética diferente, singular, alejada de las modas y los círculos del poder mediático y la oficialidad imperante, y que tan repetidamente se nos presenta como la imagen de la poesía española por excelencia, pero al mismo tiempo tan plana, fría y mimética. Basta un poco de maquillaje aquí y allá, y, preparada la máscara solo hay que dejarse llevar por las exigencias del mercado y presentar el producto con la aquiescencia ineludible del padrino o patriarca de turno. Pero a veces, en la aridez del camino, se nos muestra una lengua de agua que nos calma la sed y nos reconforta hasta sentir de nuevo la vida, la esperanza de volver a la luz entre tanta oscuridad. Cada vez es menos habitual hallar textos de creación, esos que conmueven, que turban y hacen que algo dentro de nosotros nos sacuda como si de una descarga eléctrica se tratara, los que indagan y bucean en lo desconocido para revelarnos una realidad distinta. Son pocos, pero afortunadamente, hay quien todavía se adentra en la oscuridad para desvelar la luz, para mostrar lo creado, lo creado de la nada. Algo de esto ocurre cuando nos adentramos en la lectura del poemario publicado por el sello editorial madrileño “Vitruvio” en el año 2014, “Ácido almíbar”, con el cual el poeta Rafael Soler (Valencia, 1947), obtuvo el Premio de la Crítica Literaria Valenciana 2015. Si bien es verdad que la obra poética de Soler no es muy extensa (“Los sitios interiores”, “Maneras de volver”, “Las cartas que debía”), por haberse ocupado de otros géneros (novela, ensayo), sí hay que decir que en todas hallamos una voz particularísima y de gran calado literario. Con el oxímoron “Ácido almíbar” Soler vuelve a centrarse en esa dicotomía de los contrarios u opuestos, en un juego de espejos que nos acerca a una misma realidad vista desde todos los ángulos posibles. Soler interioriza todo lo que le rodea, ya sean objetos o pensamientos, de tal manera que una vez dentro nos revela lo hallado, es decir, lo trascendido. En esa interiorización de la verdad –su verdad- el poeta se abstrae hasta el límite, creando un universo propio donde la palabra se hace luz y vida. Es Rafael Soler un poeta hondo y profuso en el uso del lenguaje, unas veces irónico, otras sus versos son sonrisas, incluso surrealista y aforístico en ocasiones, pero siempre elegante, que cuida las formas pero también el fondo, en su sentido de revelación de lo invisible, de lo misterioso. Seis partes y una posdata final componen este poemario. En ellas el poeta nos habla desde dentro, sea el mismo nacimiento, el origen, en “Parto a término”: «Y qué salvar entonces / qué origen qué fulgor qué trabalenguas / epifanía de lo amargo por venir y lo nacido», sean los desvelamientos, el despertar de la sexualidad: «allí nos recibía / y de a uno pasábamos visita / urgentes primerizos asustados / en su lengua paciente una cuchara», sea la vuelta siempre al amor: «una pausa / que el poeta llamaría circunstancial dubitativa / para tenerte toda / descalza tú / vestido yo / volver es lo que importa». En esa búsqueda de lo invisible, de lo que está dentro, en su soledad de cuerpo o alma, está presente siempre el poeta, viviendo la oscuridad para trascenderla luego, todo es vida: «y nada espanta más / que el ambiguo desdén de una pistola / cuando pides que más lento que tu muerte / avance el desencanto», también cercanía a la muerte en “Un tanatorio que se precie vive siempre en las afueras”, con esa irónica mirada del poeta y de final sorpresivo: «dentro / recogido en su tristeza / transitorio elemental y ventilado / el que a todos convoca inoportuno / y a la distancia de una esquina / una barra con voces y aceitunas / para aquellos que brindan en voz baja / por la vida», pero también la muerte desde dentro, en su invisible corporeidad: «Fingir dormir / finge que finges dormir / finge si quieres que fingiendo dormir / pospones el tiempo que no queda […] después vendrán los carroñeros / diligentes y sabios / a su pico de estaño encaramados / y la muerte dejará de molestarte». Poesía de y para la reflexión, donde las imágenes y metáforas forman parte de un lenguaje depurado, de difícil estructura a veces, pero lleno de vida, de temblor interno. Voz singular y particularísima la de Rafael Soler, que nos devuelve la esperanza en la creación poética, esa que nade de la nada para serlo todo.
Título: Ácido almíbar
Autor: Rafael Soler
Edita: Vitruvio (Madrid, 2014)