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martes, 17 de marzo de 2020

POESÍA ARAGONESA II



SALA DE LECTURA _______________José Antonio Santano


Poesía Aragonesa
( y II)

Editorial Olifante Zaragoza, 2019 Tal y como había dicho en la primera entrega sobre la poesía que hoy se escribe en tierras de Aragón, continuamos con siete libritos más, menores solo por su tamaño, pero no por su contenido. Sigue esta segunda entrega la estela de la primera en cuanto a la importancia de los autores que reseñamos y de la editorial que publica los textos, Olifante, en esta ocasión a través de su colección “Papeles del Trasmoz”. Es la poesía aragonesa actual un oasis entre tanta otra banal y plana, que deja al lector indiferente, cosa que no pasa con los poetas y las poetas que a continuación iremos citando. Al menos la poesía aragonesa objeto de atención determina una reflexión continua, un pensar incesante hasta construir un discurso poético dinámico y diferente de la poesía hegemónica actual. Ahondan estos poetas en el conocimiento y la emoción, produciéndose así aquello que nuestra María Zambrano llamó el “temblor” necesario de toda la poesía que así se precie, como sucede con este ramillete de poetas que hoy traigo a este escaparate. Con un generoso prólogo de la también poeta Inés Ramón, la propuesta de Juan Alonso (Zaragoza, 1964) toma por título “Oniros” palabra que en la mitología griega representa las personificaciones del sueño. Pero también y según su prologuista los “instrumentos estéticos de que se vale su autor son dos: el humor y la ironía”. Añade Mariano Anós (Zaragoza, 1945) a esta poesía aragonesa que se escribe hoy, rigor y coherencias, contundencia expresiva que se constata en sus determinantes versos de arte menor, que convierte en excelencia, en una suerte de mística humanista: «Al despierto le sobra / la espuma del sueño. / Calcula el hueso, / lo que perdió, la fábrica / de humo dibujada / por mano ardiendo. / La noche calla. Música». Nos presenta Mikel Arilla (Tudela, 1987) su ópera prima “En la ciudad sin mar”, con prólogo de José Javier Alfaro Calvo quien nos adelanta que «Mikel Arilla nos acerca muchas de sus inquietudes y cosmovisiones». Y así es, en esta su primera obra poética Arilla, en esa búsqueda por una voz personal e intransferible bucea en la cotidianidad para engrandecerla con la palabra en un tiempo que se escapa, que huye o se esconde en los silencios: «Un lugar sin pasado. / Una luz cincelada / con la arenisca de la ciega Historia. / Y apareciste sola y envuelta al mismo / tiempo». La poeta Julia Piera (Madrid, 1970) es una de las voces más interesantes del panorama poético español. En este corto pero suculento poemario Piera nos propo,ne un viaje a la poesía, esa que agita y proporciona un continuo despertar de los sentidos, de la emoción, con sus versos nos obsequia, como estos pertenecientes al poema “Y abre un texto”, dedicado a la poeta malagueña María Victoria Atencia: «Unos acordes de guitara clásica, suaves / y precisos, se escuchan en la cubierta del / transatlántico. Subimos la escalera atraídas / por la música. Las notas huelen a mar, / a viento, a sales. Acariciamos el perfil / de las caracolas, las olivinas que la poeta / consagrada nos entrega en su diminuto / estuche de coral. Refulgen». De Colombia nos llega la voz de Lilián Pallares (Barranquete, 1976), que recibiera en 2017 la XIV distinción Poetas de Otros Mundos y concedida por el Fondo Poético Internacional. “Bestial” es el título de su obra y una muestra singular, y de la fuerza con que escribe esta poeta colombiana, los siguientes versos: «-Siempre estaré contigo- / dijiste mientras cruzabas aquel / pasadizo de sombras. / Tu voz me hablaba, / yo a ciegas la seguía, / como quien persigue un astro / en la soledad del desierto». Y para concluir este viaje a la poesía aragonesa o publicada en Aragón, regresamos con la voz del poeta zaragozano Mariano Zaro, con un texto que titula “Padre Tierra. Poema en 28 fragmentos”. La obra de Zaro está escrita en lengua castellana e inglés, ha sido incluidos en antologías tales commo Monster Verse, Wide Awake o The Coiled Serpentregre, además de ser profesor de español en Rio Hondo Community College (California). En este regreso a la tierra “padre” Zaro nos devuelve los aromas y la palabra que aún tiembla en los senderos de la luz y los árboles, de la casa primigenia, de los objetos, de la vida: «Cañas y árboles tiemblan, / Padre. Tú nunca dices árboles, / dices cerezo, abedul, manzano, / roble, castaño. // Cada árbol / tiene su nombre / y su pena / como los hijos». He querido dejar para el final a quien es autora del libro “Una carta de amor como un disparo. Moncayo. Moncayo”, Trinidad Ruiz Marcellán, y también responsable de este proyecto editorial que ya ha cumplido 40 años de vida bajo la tutela y esmerado cuidado de su persona. No obstante, solo escribiré de ella como poeta, aunque conviene antes decir que fue, con Marcelo Reyes fundadora y directora de los Festivales Internacionales de Poesía Moncayo y el Premio Internacional de Poesía de Miedo, como también la creadora de la Casa del Poeta de Trasmoz y la Ruta de los Hermanos Bécquer. Autora de un libro anterior que comenté en su día “Traducción del silencio”, en el que una voz segura se adentraba en el corazón de la soledad y sus silencios para alzar el vuelo hacia los montes y los prados, los ríos y los bosques que siempre nacen en el alma del poeta. El que ahora nos presenta, “Una carta de amor como un disparo”, contiene muchos recursos del anterior, y siendo la soledad la que nos invita a recorrer una geografía de árboles, en cada uno la poeta advierte una luz distinta, colores y silencios diferentes, todo el amor desprendido tras la pérdida, su gran pérdida. Por ello esta carta: «Toda carta de amor es un disparo / que da o quita la vida. / Toda carta de amor es un disparo / que agita la arboleda de la razón. / Es un trueno de paz, es un relámpago. / Toda carta de amor es un torrente / que se desborda al llegar al corazón». Y así su vida en ese territorio que todo poeta crea en su interior, inexpugnable castillo, sagrado paisaje, como lo es el Moncayo: «He mirado al Moncayo / y me ha devuelto misterio», y por eso se pregunta insistente: «¿Seré capaz de dar a los demás / cuanto la vida ha inventado en mí?». En ese territorio misterioso del Moncayo, donde la vida transcurre plena y el silencio grita entre todos los árboles existentes, la poeta mira al mundo en su total desnudez hasta descubrir que de todo solo queda el amor: «Descubro / la película muda que fui / cuando la montaña y el universo quedaban atrás. / También el sol quedó atrás. / Y si en la despedida / se nos lleva el viento / no te atrevas a olvidarme. / Regresa del final de la tierra / con mirada de océano». Es el triunfo del amor y sus silencios, el inagotable amor a la vida de Trinidad Ruiz Marcellán. 
 

Poesía Aragonesa
Autores Varios
Editorial: Olifante (Zaragoza, 2019)
Colec. Papeles del Trasmoz


martes, 10 de marzo de 2020

POESÍA ARAGONESA I


SALA DE LECTURA:  José Antonio Santano


Poesía Aragonesa
(I)
Hace muy poco nos sorprendía una agrupación electoral con el nombre de “Teruel Existe”, irrumpiendo con tal fuerza en el panorama político español que llegó a obtener un escaño en el Congreso de los Diputados. Pues bien, un caso similar sucede con la poesía aragonesa. Me explico. La actual poesía española parece que contempla en su nómina a muy pocos vates, me atrevería a decir que, oficialmente, pudieran contarse con los dedos de una sola mano. Craso error. Toca ahora analizar una buena parte de la poesía española actual ajena al centralismo cultural determinado por un poder hegemónico compuesto tanto por algunos poetas mediáticos como por algunas editoriales de todos conocidas. Claro que esta circunstancia que viene reiterándose en el tiempo, opino que habría que reorientarla, y la única forma que conozco para llevar esta empresa a buen puerto no es otra que, desde la libertad y la difusión en medios de comunicación o revistas en papel y digital independientes, analizar otras propuestas venidas de todos los lugares de España, sin discriminación alguna, y bajo la óptica siempre del rigor y la más absoluta imparcialidad crítica. De lo contrario, ese empecinamiento en silenciar a otros poetas, editoriales y lugares, sólo nos empobrecerá más aún. Alejarse de influencia mediática de algunos periódicos y sus suplementos, y de la supremacía de algunas editoriales no sólo es necesario sino saludable desde un punto de vista de higiene crítico-literaria. La realidad existente, aunque sea lejana, no se podrá ocultar o enmudecer siempre, puede que durante algún tiempo esto funcione, pero al final las aguas de la expresión poética, respecto a lo diferencial y genuino, que huye de lo plano y clónico, volverán a su cauce natural. A nadie se le escapa que la poesía actual pasa por un momento de crisis de valores, que el “todo vale” se ha instalado en ella y que es difícil luchar contra corriente, más si ésta merodea por los círculos más cercanos del poder en las instituciones. Hecha esta breve aclaración y preámbulo creo necesario explicar el por qué detengo mi mirada en la poesía aragonesa, bien sea de vates nacidos en Aragón, bien por motivos de residencias, o, aun siendo ajenos a dicha Comunidad, formen parte de la nómina de una editorial aragonesa, con una trayectoria muy plausible, coherente, responsable e independiente, que durante cuarenta años -recién cumplidos- como es el caso de “Olifante” haya sido capaz, no sólo de mantenerse en el tiempo, que ya es mucho, sino de hacerlo con títulos y poetas de una excelencia demostrada, amén de un cuidado editorial que quienes así lo consideren pueden comprobar con los textos publicados en este largo tiempo de existencia. La poesía aragonesa que se publica, y que se hace desde y por la editorial Olifante, referente no sólo local sino nacional, contribuye al conocimiento individual de cada poeta, y por tanto al hecho diferencial más concretamente de cada voz, pero sobre todo, anima a entender que existen otras propuestas poéticas tan enriquecedoras o más que aquellas mercantilistas o mediáticas. No es la primera vez que me acerco a la poesía aragonesa, con anterioridad he reseñado a poetas como Ángel Guinda, Enrique Villagrasa, Irene Vallejo e Inés Ramón, o la propia editora Trinidad Ruiz Marcellán, y otros no aragoneses pero que han publicado en Olifante, como es el caso de Luis Tamarit. En esta ocasión traigo a este escaparate trece títulos que de una u otra manera tienen que ver con la actividad poética en tierras aragonesas, mayoritariamente con poetas nacidos o residentes en Aragón. Iniciamos este breve viaje crítico por seis títulos, todos pertenecientes a la colección Olifante (Ediciones de Poesía). El primero de ellos: El ojo y la ceniza, de Mariano Castro. Un texto de una extraordinaria interiorización de los silencios, y como dice su prologuista, Manuel Martínez-Forega: «El ojo y la ceniza es un tránsito necesariamente conducido a la interpretación de lo inexplicable y de lo innombrado a través de la experiencia y del conocimiento…»; y así escribe el poeta: «El cuerpo siempre habla / cuando calla la lengua. // El cuerpo siempre habla / en favor del silencio. // Y el silencio eres tú, / abrasado en la pira / de tu nombre, / vocablo impronunciable». Carmen Aliaga nos presenta su libro Madaleine y las otras, un texto que indaga en la búsqueda de la identidad y va del “yo” al “otro” hasta llegar al “yo” último, ontológico, y donde los sentidos aportan y reportan al sujeto lírico una otra realidad. En palabras de José Antonio Conde: «Se trata, en suma, de una obra donde el significado gobierna la forma…». Y escribe la poeta: «Madeleine, / yo / y mis otras, / agitadas, / ardientes, / sublimes, // alzándonos hermosas / como castillos, / en la espalda desnuda / de las ciudades». Otro de los títulos a destacar de esta remesa de libros de Olifante es Vino del mar, del poeta gallego y residente en Zaragoza Antón Castro. Este es un poemario denso, sólido y cuyo tema principal aborda el universo del vino, un viaje al territorio de las viñas aragonesas que viene a mostrarse como un mar en el cual la palabra poética se Antón Castro se consolida y resucita en cada verso, comenzando en Cariñena: «Entre los guijarros brota un tesoro. / Cariñena: el viñedo de un milagro. / El vino de un territorio que sueña. / Cariñena, surco, mar y oleaje: / el vino que hace estremecer la tierra». Como consecuencia de la I Beca Residencia Internacional SxS Antonio Machado 2016, Marta Eloy Cichocka escribe “Encrucijada de cien caminos”. Según su autora «este libro es un fruto de muchas coincidencias felices, errores inevitables, encuentros fortuitos (aunque providenciales) y otras ironías del destino. Es un homenaje -continúa diciento- y, a la vez, una conversación con uno de los mayores poetas de la lengua castellana del siglo XX -quien, para mí, sigue siéndolo en el siglo XXI…». Soy de la misma opinión y me reafirmo en dicha aseveración. Una muestra de este buen hacer de Cichocka son los siguientes versos: « no me toméis demasiado en serio / pero ese culto a los muertos me repugna / el ayer hay que buscarlo en el hoy / aquellos polvos trajeron estos lodos / antonio machado no ha muerto / antonio machado soy yo». Con prólogo del gran poeta Ángel Guinda y epílogo de Fernando Rivarés, “La felicidad, cariño, es para malgastarla”, Josema Carrasco, el poeta, además de serlo también del dibujo y la ilustración, nos presenta un texto en el cual el corazón late aceleradamente en esa búsqueda que todo ser humano comienza como el más grande de los retos: la felicidad. Josema Carrasco, en palabras de Guinda, «consigue que el poema sea una verdad en bruto y nos demuestra que tener una pasión es estar vivos»; por su parte, Rivarés, nos invita a “deglutir, escupir y reposar” sus versos como un ejercicio revivificador: «A tiempo completo y con disponibilidad horaria, / sin festivos, ni requisitos, ni duración mínima, / se puede formalizar de manera verbal o escrita, / no hay período de prueba, de duración indefinida, / sin indemnización en caso de que se extinga, / retribución escasa y ni se incentiva ni se cotiza. // Lo dijo, en una terraza, un martes, Ángel Guinda: / “uno es poeta las veinticuatro horas, todo el día”». Este barcelonés de nacimiento, Jorge Martínez, nos presenta su último poemario, “General Invierno”, un texto que según so prologuista «recorre espacios interiores y ciudades, escenarios y nombres propios por los que vamos a pasear junto a él mientras lo leemos. Y eso es unirse a una campaña peligrosa. Y a una fiesta». Y, efectivamente, a eso suena, es el rumor de una música festiva que nos invita a concelebrar con el poeta el tiempo que nos ha tocado vivir, la realidad presente, en ese corto viaje que es la vida: «Los paisajes de la muerte son la vida, / rebelde y hermosa. / Un viejo sauce me dijo: “Es solo tuya”. / Solo mía. / Igual es que este momento». Concluimos así la primera parte de este viaje por la poesía aragonesa actual, pero habrá una interesante parte segunda, con la que cerraremos definitivamente esta reseña.
VARIOS AUTORES


Poesía Aragonesa
Autores Varios
Editorial: Olifante (Zaragoza, 2019)