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domingo, 19 de mayo de 2013

Faro de mesa Roldán. A Mario Sanz, su farero


LO DEMÁS ES OSCURIDAD

Esta es mi aportación al libro colectivo 
LO DEMÁS ES OSCURIDAD 
FARO DE MESA ROLDÁN
                                                              
                     A Mario Sanz, su farero.













Aquí, en la profunda soledad
de los silencios, el vasto silencio
de la piedra y el aire en los cantiles,
gráciles rizos de agua en las orillas,
fuego de versos que se escapan y huyen
hacia el abismo de la cima sola,
al arrullo de la noche y los astros.


Aquí, en lo más alto del olvido,
atormentadas vuelan las palabras
de un lado a otro de esta geografía
de sueños, como si nada existiera,
si acaso una brisa de lluvia y mar
devorando los sones de la altura
que brama y alocada se refugia
entre las manos del último náufrago.

Alto e inmenso, mito y cíclope flamea
desde el extinto cráter y es un grito
su luz en el anochecido cielo.
Nadie es el hombre en su presencia:
un minúsculo ser que mira el techo
de su infinita altura, torpe sombra
que se extingue en la miseria y la usura;
como si nada ni nadie existiera,
allá en lo alto, en lo más alto surge ya,
todo luz y llama de acristalado
sino, única verdad ante la infamia
que el hombre encarna en la decrepitud
de este sombrío siglo veintiuno.
En lo más alto y en tan alto olvido
otros ojos velan ya tus silencios,
otras manos te asisten en la oscura
noche, al calor de tu encendida llama;
allá en lo alto, en tu propia infinitud,
hercúleo y gigante oteas el triste
 universo de los hombres, su llanto
incontenible o la eterna tragedia
de las vidas que yacen en las aguas
de este mar que enmudece, sangra y grita.
Hasta ti vuelvo, siempre, a lo más alto,
y subo, y subo, casi sin aliento,
por la serpenteada carretera,
y ya en la cima pétrea, todo tú eres
luminiscencia sobre el azul perpetuo,
clamor de gaviotas en el aire,
atormentada sílaba, cristal
vigía de las tenebrosas noches.
A ti vuelvo y volveré siempre, solo
y cansado de la estulticia humana;
en ti me hallo, en lo más alto, prendido
a tus viejos sillares, esperando
el último destello, la señal
que me abisme por fin en tus silencios.