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lunes, 12 de febrero de 2018

LA VOZ AUSENTE de José Antonio Santano por MANUEL GAHETE en Cuadernos del Sur.

La voz ausente de Jose Antonio Santano.

Santano publica sus nuevos versos marcados por una reflexión profunda Manuel Gahete
 poesía
La voz ausente es un texto elegíaco que pasa a integrar el magnífico elenco de obras que nos ha legado la literatura española. Alfonso Berlanga nos recuerda que el libro se inscribe en la mejor tradición de la literatura mortuoria española, desde Jorge Manrique y el ramillete épico lírico de las Coplas a la muerte de su padre, la Elegía a Ramón Sijé de Hernández o el Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías de García Lorca, hasta los ecos de Unamuno, Juan Ramón, Antonio Machado, Alberti, Prados o Leopoldo de Luis. Pero la obra de Santano es mucho más que una mera elegía, supone una reflexión íntima y profunda, que marca, con sincero cuño, la confrontación entre lo antiguo y lo moderno, la lucha de generaciones, un tema intemporal que sigue acuciándonos con singular virulencia. José Antonio convierte el tópico clásico en un argumento proactivo que inocula a la temática del siglo XXI este elemento básico en la conformación de la personalidad, trasladando la sensibilidad subjetiva a una visión palpitante en la que todos nos identificamos con más o menos intensidad. Como afirma José Luis Morante, «la poesía de José Antonio (...) está hecha con el lenguaje sobrio de la madurez».


Santano combina las formas estrictamente versales con la prosa poética que, desde Rubén Darío, pasando por Juan Ramón, Aleixandre o Cernuda, han seguido un gran número de poetas contemporáneos. Morante explica este ascenso por la capacidad discursiva de la prosa que la emparenta con el ensayo permitiendo una mayor carga conceptual «en detrimento del
sustrato emocional de las palabras».
El género epistolar, muy empleado en la prosa, adquiere singular protagonismo, imbricando lo público con lo privado. La carta constituye un proceso de revisión biográfica pero finalmente resulta una herramienta privilegiada de expansión sociocultural, convirtiendo la experiencia personal en  comunicación participada. La epístola deviene de una larga y sólida tradición en la cultura occidental: desde su origen en la antigüedad clásica griega y, fundamentalmente, romana con Cicerón, a la preceptiva epistolar medieval y la evolución del género con Erasmo de Rotterdam en los inicios del humanismo, movimiento del que bebe el de humanismo solidario, componente básico de la poesía de José Antonio, unido al otoño y el silencio, temas sobre los que se entiba, junto al amoroso, la creación poética del poeta cordobés. Desde la perspectiva del análisis del discurso, el género epistolar nos permite leer y reconstruir parcelas del pasado, más allá de la letra impresa, para descubrir un sistema ideológico que se manifiesta en el diálogo de ausencia pero vivamente fértil por su capacidad de revisarse y complejo en cuanto a su virtualidad de pensamiento. Santano vierte emociones reprimidas durante años para satisfacer el ansia rota de amar a un padre con el que cuesta respirar. No hay reglas fijas y, a veces, ni siquiera se ejercitan sobre situaciones reales, pero prima el silencio, o tal vez el orgullo y el temor de abrir nuevos abismos en un desolado yermo que no somos capaces de franquear.

No hay más que evocar ese breve y sentencioso poema que podría haber rubricado como un epígrafe el sello cerrado de un libro que golpea, de una verdad que hiere, de una emoción que traspasa el lenguaje para convertirse en piedra, en decálogo, en legado vívido de una realidad que nos conculca pero a la vez nos salva, de un extraño sortilegio que nos convierte en verdugos y en víctimas, de una vida que subvertimos porque somos incapaces de entender y perdonar, o llegamos a esta capitulación gozosa cuando ya es demasiado tarde para cambiarlo todo:«¡Éramos tan iguales y distintos/a
la vez! Nunca el tacto de tus de-dos/en los míos, tu voz de seda en los tímpanos (...) Confieso que te amé con amargura,/con miedo en la mirada y en los labios/con el dolor creciente de la ausencia
(...) Confieso que te odié luego de amarte». Y en la garganta cruje un grumo de angustia que ya no sabemos cómo desgranar, porque siempre es confuso y arriesgado enfrentarse al miedo de lo que pudo ser sin haber sido: «¡Sabes, Padre, podríamos haber/sido endiabladamente tan felices!». No sé si la poesía servirá para algo, como advertía Jean Cocteau, pero sin duda este libro nos enseñará a conocernos y reconocernos en la desnudez oscura de nuestra desolada humanidad.


LA VOZ AUSENTE DE JOSÉ ANTONIO SANTANO POR MANUEL GAHETE.

La voz ausente de Jose Antonio Santano.

Santano publica sus nuevos versos marcados por una reflexión profunda Manuel Gahete
 poesía
La voz ausente es un texto elegíaco que pasa a integrar el magnífico elenco de obras que nos ha legado la literatura española. Alfonso Berlanga nos recuerda que el libro se inscribe en la mejor tradición de la literatura mortuoria española, desde Jorge Manrique y el ramillete épico lírico de las Coplas a la muerte de su padre, la Elegía a Ramón Sijé de Hernández o el Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías de García Lorca, hasta los ecos de Unamuno, Juan Ramón, Antonio Machado, Alberti, Prados o Leopoldo de Luis. Pero la obra de Santano es mucho más que una mera elegía, supone una reflexión íntima y profunda, que marca, con sincero cuño, la confrontación entre lo antiguo y lo moderno, la lucha de generaciones, un tema intemporal que sigue acuciándonos con singular virulencia. José Antonio convierte el tópico clásico en un argumento proactivo que inocula a la temática del siglo XXI este elemento básico en la conformación de la personalidad, trasladando la sensibilidad subjetiva a una visión palpitante en la que todos nos identificamos con más o menos intensidad. Como afirma José Luis Morante, «la poesía de José Antonio (...) está hecha con el lenguaje sobrio de la madurez».


Santano combina las formas estrictamente versales con la prosa poética que, desde Rubén Darío, pasando por Juan Ramón, Aleixandre o Cernuda, han seguido un gran número de poetas contemporáneos. Morante explica este ascenso por la capacidad discursiva de la prosa que la emparenta con el ensayo permitiendo una mayor carga conceptual «en detrimento del
sustrato emocional de las palabras».
El género epistolar, muy empleado en la prosa, adquiere singular protagonismo, imbricando lo público con lo privado. La carta constituye un proceso de revisión biográfica pero finalmente resulta una herramienta privilegiada de expansión sociocultural, convirtiendo la experiencia personal en  comunicación participada. La epístola deviene de una larga y sólida tradición en la cultura occidental: desde su origen en la antigüedad clásica griega y, fundamentalmente, romana con Cicerón, a la preceptiva epistolar medieval y la evolución del género con Erasmo de Rotterdam en los inicios del humanismo, movimiento del que bebe el de humanismo solidario, componente básico de la poesía de José Antonio, unido al otoño y el silencio, temas sobre los que se entiba, junto al amoroso, la creación poética del poeta cordobés. Desde la perspectiva del análisis del discurso, el género epistolar nos permite leer y reconstruir parcelas del pasado, más allá de la letra impresa, para descubrir un sistema ideológico que se manifiesta en el diálogo de ausencia pero vivamente fértil por su capacidad de revisarse y complejo en cuanto a su virtualidad de pensamiento. Santano vierte emociones reprimidas durante años para satisfacer el ansia rota de amar a un padre con el que cuesta respirar. No hay reglas fijas y, a veces, ni siquiera se ejercitan sobre situaciones reales, pero prima el silencio, o tal vez el orgullo y el temor de abrir nuevos abismos en un desolado yermo que no somos capaces de franquear.

No hay más que evocar ese breve y sentencioso poema que podría haber rubricado como un epígrafe el sello cerrado de un libro que golpea, de una verdad que hiere, de una emoción que traspasa el lenguaje para convertirse en piedra, en decálogo, en legado vívido de una realidad que nos conculca pero a la vez nos salva, de un extraño sortilegio que nos convierte en verdugos y en víctimas, de una vida que subvertimos porque somos incapaces de entender y perdonar, o llegamos a esta capitulación gozosa cuando ya es demasiado tarde para cambiarlo todo:«¡Éramos tan iguales y distintos/a
la vez! Nunca el tacto de tus de-dos/en los míos, tu voz de seda en los tímpanos (...) Confieso que te amé con amargura,/con miedo en la mirada y en los labios/con el dolor creciente de la ausencia

(...) Confieso que te odié luego de amarte». Y en la garganta cruje un grumo de angustia que ya no sabemos cómo desgranar, porque siempre es confuso y arriesgado enfrentarse al miedo de lo que pudo ser sin haber sido: «¡Sabes, Padre, podríamos haber/sido endiabladamente tan felices!». No sé si la poesía servirá para algo, como advertía Jean Cocteau, pero sin duda este libro nos enseñará a conocernos y reconocernos en la desnudez oscura de nuestra desolada humanidad.

domingo, 2 de noviembre de 2014

José Antonio Santano. Los reinos solares de Manuel Gahete


LOS REINOS SOLARES





Es un hecho incontestable que la poesía andaluza goza de una excelente salud. Y ateniéndonos a este premisa hay que reconocer que algunos nombres de poetas andaluces son ya imprescindibles en el panorama de la literatura española, por su calidad y su extraordinaria obra. Una de esas voces poéticas es la del cordobés de Fuente Obejuna Manuel Gahete. Su extensa obra así lo certifica. En el último año Gahete ha publicado cinco poemarios “El fuego en la ceniza”, “Motivos personales”, “La tierra prometida”, “Códice andalusí” y “Los reinos solares”. Ocupará nuestra atención este último, con el cual el poeta cordobés obtuvo el XXII Premio de poesía Ayuntamiento de Rincón de la Victoria “In memoriam Salvador Rueda”. La palabra es una luz cegadora, un vuelo a la más altas cumbres del sueño y sus abismos; una aventura hacia lugares ancestrales, mágicos y secretos que solo el poeta es capaz de alcanzar tras un largo camino. Gahete dedica este poemario a quienes sufren cualquier forma de violencia. El poeta concibe el poemario en tres apartados bien diferenciados: “el mármol y la sangre”, “la nieve y el fuego” y “el acero y el oro”. Desde siempre Gahete ha buscado en la palabra la belleza, de ahí su lenguaje cultista, por el cual cada vocablo está en el lugar exacto, medido, cuidado y mimado hasta el límite, deslumbrador como un diamante. Sin embargo, en este poemario Gahete ahonda en el verdadero significado de la poesía y busca, apasionadamente, otros caminos, otras formas con las cuales expresar la verdadera emoción y razón de existir, esa que nace en el corazón del hombre y permite –nos permite- sabernos seres humanos capaces de llorar o de reír, de sentir la herida ajena como propia. En “Los reinos solares” la mirada del poeta trasciende lo vivido en otro tiempo, justo donde el sol es el único reino existente.
Así en la primera parte (“el mármol y la sangre”) Gahete encarna todo el dolor humano hallado en las ruinas de la antigua ciudad ibero-romana de Ituci Virtus Iulia (hoy yacimiento de Torreparedones), también la misteriosa y sacra soledad de la cella colmada de exvotos y sueños:

 «Ituci Virtus Iuli se complace, 
/ deja granar el semen y la savia 
/ dispersas sobre el lomo de la bruma. 
/ Un ventalle de sol cruza su sombra […]
 Regreso de la cella donde Dea Caelesttis,
 / velando los misterios bajo lascas de arena,
 / pervive en el hechizo de su luz anicónica».

 Mas el poeta, dolorido, recorrerá aún Sagunto, Numancia, y será testigo en Farsalia de nuevas y numerosas muertes. En la segunda parte (“la nieve y el fuego”) el poeta, alarmado por la cruel realidad que le rodea nos alerta de la indolente actitud del hombre:

 «¡Será que respirando tan inhumano aliento, 
/ tanto tósigo amargo, tan podrecido polvo /
 nunca será posible que nazca el hombre nuevo!».

 Gahete deja para el final “el acero y el oro”, el temblor de la palabra que aviva el corazón y late apasionada en la búsqueda de la otra tierra, hermana siempre, de América:


 «Aquella fe imposible no se llamaba España
 / aunque España elanzara espíritus de cuerda 
/ colgados de la noche.
 / No se llamaba lluvia ni mar ni tempestades, 
/ no estaba construida sobre un nido de sueños. 
/ Aquella fe imposible de rojos gamellones 
/ era un grito implorante con el nombre de América». 

Gahete es voz y grito que recorre la tierra entera, lenta y profusamente, hasta alcanzar el más grande de los sueños: la fraternidad universal. De esta manera, “Los reinos solares”, viene a ser un poemario distinto, una obra de arte más, donde la palabra ocupa un lugar principal, conformando así un universo multicultural, en el que el mestizaje de creencias y dioses confraternizan hasta alcanzar la esencia misma de la existencia humana:

 «Hermano de tu hermano de sangre americana,
 / el máncer del olvido, delfín de una locura, 
/ despierta ya del sueño de ayer que hoy es mañana».

 Poesía auténtica en la voz del gran poeta andaluz Manuel Gahete.





Título: Los reinos solares

Autor: Manuel Gahete

Edita: Ayuntamiento Rincón de la Victoria, 2014.




Por José Antonio Santano. Los reinos solares de Manuel Gahete




LOS REINOS SOLARES




Es un hecho incontestable que la poesía andaluza goza de una excelente salud. Y ateniéndonos a este premisa hay que reconocer que algunos nombres de poetas andaluces son ya imprescindibles en el panorama de la literatura española, por su calidad y su extraordinaria obra. Una de esas voces poéticas es la del cordobés de Fuente Obejuna Manuel Gahete. Su extensa obra así lo certifica. En el último año Gahete ha publicado cinco poemarios “El fuego en la ceniza”, “Motivos personales”, “La tierra prometida”, “Códice andalusí” y “Los reinos solares”. Ocupará nuestra atención este último, con el cual el poeta cordobés obtuvo el XXII Premio de poesía Ayuntamiento de Rincón de la Victoria “In memoriam Salvador Rueda”. La palabra es una luz cegadora, un vuelo a la más altas cumbres del sueño y sus abismos; una aventura hacia lugares ancestrales, mágicos y secretos que solo el poeta es capaz de alcanzar tras un largo camino. Gahete dedica este poemario a quienes sufren cualquier forma de violencia. El poeta concibe el poemario en tres apartados bien diferenciados: “el mármol y la sangre”, “la nieve y el fuego” y “el acero y el oro”. Desde siempre Gahete ha buscado en la palabra la belleza, de ahí su lenguaje cultista, por el cual cada vocablo está en el lugar exacto, medido, cuidado y mimado hasta el límite, deslumbrador como un diamante.
Sin embargo, en este poemario Gahete ahonda en el verdadero significado de la poesía y busca, apasionadamente, otros caminos, otras formas con las cuales expresar la verdadera emoción y razón de existir, esa que nace en el corazón del hombre y permite –nos permite- sabernos seres humanos capaces de llorar o de reír, de sentir la herida ajena como propia. En “Los reinos solares” la mirada del poeta trasciende lo vivido en otro tiempo, justo donde el sol es el único reino existente. Así en la primera parte (“el mármol y la sangre”) Gahete encarna todo el dolor humano hallado en las ruinas de la antigua ciudad ibero-romana de Ituci Virtus Iulia (hoy yacimiento de Torreparedones), también la misteriosa y sacra soledad de la cella colmada de exvotos y sueños:

 «Ituci Virtus Iuli se complace, 
/ deja granar el semen y la savia 
/ dispersas sobre el lomo de la bruma. 
/ Un ventalle de sol cruza su sombra […]
 Regreso de la cella donde Dea Caelesttis,
 / velando los misterios bajo lascas de arena,
 / pervive en el hechizo de su luz anicónica».

 Mas el poeta, dolorido, recorrerá aún Sagunto, Numancia, y será testigo en Farsalia de nuevas y numerosas muertes. En la segunda parte (“la nieve y el fuego”) el poeta, alarmado por la cruel realidad que le rodea nos alerta de la indolente actitud del hombre:

 «¡Será que respirando tan inhumano aliento, 
/ tanto tósigo amargo, tan podrecido polvo /
 nunca será posible que nazca el hombre nuevo!».

 Gahete deja para el final “el acero y el oro”, el temblor de la palabra que aviva el corazón y late apasionada en la búsqueda de la otra tierra, hermana siempre, de América:


 «Aquella fe imposible no se llamaba España
 / aunque España elanzara espíritus de cuerda 
/ colgados de la noche.
 / No se llamaba lluvia ni mar ni tempestades, 
/ no estaba construida sobre un nido de sueños. 
/ Aquella fe imposible de rojos gamellones 
/ era un grito implorante con el nombre de América». 

Gahete es voz y grito que recorre la tierra entera, lenta y profusamente, hasta alcanzar el más grande de los sueños: la fraternidad universal. De esta manera, “Los reinos solares”, viene a ser un poemario distinto, una obra de arte más, donde la palabra ocupa un lugar principal, conformando así un universo multicultural, en el que el mestizaje de creencias y dioses confraternizan hasta alcanzar la esencia misma de la existencia humana:

 «Hermano de tu hermano de sangre americana,
 / el máncer del olvido, delfín de una locura, 
/ despierta ya del sueño de ayer que hoy es mañana».

 Poesía auténtica en la voz del gran poeta andaluz Manuel Gahete.





Título: Los reinos solares

Autor: Manuel Gahete

Edita: Ayuntamiento Rincón de la Victoria, 2014.




domingo, 29 de diciembre de 2013

Manuel Gahete (El esteticismo en la literatura española)


 

MANUEL GAHETE: LA LUZ DE LA PALABRA



En los últimos años la obra de Manuel Gahete viene siendo objeto de estudio de los más prestigiosos críticos literarios, como lo es Antonio Moreno Ayora, que en esta ocasión nos adentra en la trayectoria literaria de Gahete a través de esteticismo presente en este prolífico autor nacido en Fuente Obejuna, y que, en opinión de José Luis Esparcia, «es el gran poeta por excelencia de los últimos diez años en Córdoba». Al cuidado editorial de La Isla de Siltolá, Moreno Ayora nos invita a seguir la lectura atenta de este libro: «Manuel Gahete (El esteticismo en la literatura española), un ensayo sólido y coherente acerca de la figura de este poeta cordobés, sin olvidar su atención a otros géneros literarios, tales como la narrativa, el teatro, el ensayo, etc.
 La obra ensayística de Gahete se detiene, fundamentalmente, en el conocimiento y difusión del más grande poeta cordobés: Luis de Góngora (Gahete preside el Instituto de Estudios Gongorinos), si bien ha realizado estudios literarios sobre Lorca, Aleixandre, poesía femenina (Rostros de mujer ante el espejo: Poética de la transgresión), entre otros. Pero donde brilla con luz propia Gahete, y así lo recoge en este ensayo Antonio Moreno Ayora, y por ello es objeto de una mayor atención es en la poesía. Así su propuesta ensayística no es otra que recorrer desde los orígenes de la creación poética la obra del poeta cordobés. Moreno Ayora analiza cada uno de los libros que integran hasta ahora la obra poética de Gahete, y lo hace desde variados puntos de vista: forma, temática, fondo, sentimiento, y en donde la palabra se entrega sin limitación alguna juega el papel predominante, es decir, que es convergente la opinión de otros críticos con la de José Cenizo cuando se afirma de Gahete: «poeta de de exquisitez formal y hondo sentimiento ajeno a modas, círculos o tendencias, entregado a la belleza de la palabra», cuestión esta que se asevera con la lectura de todos sus textos poéticos, desde Nacimiento al amor (1986) hasta el último que se trata en este ensayo Mitos urbanos (2007), además del acercamiento a su poesía infantil y sus tres antología fundamentales. En otro apartado de este ensayo Moreno Ayora nos acerca al Gahete dramaturgo, y a tres de obras teatrales: Cristal de mariposas, Ángeles de colores (infantil) y Triste canción de cuna (2009).

El profesor y crítico Moreno Ayora dedica la quinta parte del libro a la estética de Gahete: el gongorismo de base («Soy clásico simplemente porque creo que la clásico es bueno. Pero elijo siempre aquella opción que me hacer crecer como poeta y como hombre»), la selección léxica (signo de distinción de su personalísima voz) y unas notas sobre estilo y recursos literarios (la intertextualidad, la gradación, la enumeración, la metáfora, la aliteración, sustantivación y adjetivación, paradoja y antítesis, y, la anáfora). Profundo y acertado este ensayo del profesor Moreno Ayora sobra la obra de Gahete, poeta del amor: «…capaz de transformar la vida del ser humano…», a lo que añadiría, sin temor a errar, que, Manuel Gahete es en sí mismo «la luz de la palabra».







Título: Manuel Gahete (El esteticismo en la literatura española)

Autor: Antonio Moreno Ayora

Edita: La Isla de Siltolá (Sevilla,2013)     14 €


SALÓN DE LECTURA ____________________________Por José Antonio Santano