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lunes, 1 de octubre de 2018

PARA VOLVER AL SUR.

SALÓN DE LECTURA ____________________ José Antonio Santano



PARA VOLVER AL SUR
Volver a los orígenes es algo que en muchas ocasiones anhelamos como si en ello nos fuera la vida. Ese instante en el que la mirada se distancia del presente y nos revela un universo anterior incluso a nuestros propios sueños es de tal intensidad que solo la palabra puede salvarnos. En la memoria queda almacenado lo vivido y sentido, y así lo vemos en veloces fotogramas que nos pasan delante de los ojos sin poder evitarlo. Es la conciencia de lo que fuimos que aparece y desaparece como por arte de magia. Siempre la infancia que se muestra vivaz con el paso del tiempo, para devolver lo que fue su luz, su realidad más secreta. Desde esa realidad está pensado este poemario, “Para volver al Sur”, de José María Muñoz Quirós (Ávila, 1957). Es este un libro en el cual el poeta bucea en el pasado, ese tiempo iluminado de la infancia, muestrario de los primeros descubrimientos, del juego y los afectos, que luego desde la soledad de un tiempo futuro renacerá vibrante en la memoria. Todo lo que pudiera parecer olvido toma aquí realidad, prefigura un estado de remembranza que nos conduce a esa edad de oro donde lo absoluto y la nada se confunde hasta plasmar un presente donde la palabra es el vehículo principal de la comunicación poética. Dedica el poeta este libro a su madre, mujer sureña del pueblo gaditano de Medina Sidonia («En Medina Sidonia un pájaro me dicta / con su voz tu presencia. / He volado hasta la cumbre azul de cielo. / Me escribe la mañana un nacer en las rosas. / Miro a la lejanía por si volvieras. Nadie / me dice una palabra sobre ti. Todo calla»), y en ella se conjuga la fuerza de esa luz que todo lo invade. Es la mirada al sur la que seduce y provoca la vuelta al territorio de la memoria, así ya desde el primero de los poemas, “Retorno”: «Vuelvo al Sur. El mar me deja / la derrota fugaz de un pez de olvido. / Ahora retorno hasta la orilla / inmóvil donde crece / la memoria de un tiempo ya lejano. […] Volver al Sur: sembrar sobre ese espacio / lo que ha sido fecundo en tus ausencias, / el modo de mirar, la voz que dice / todos sus ecos. Volver hasta el origen». La nostalgia marca la andadura para volver a los orígenes que el poeta ha fijado para siempre en su mente. La palabra como salvoconducto de lo habitado: la casa, la playa, las barcas, las salinas y todos los silencios, como los de Alberti en el Puerto de Santa María, los de Arcos de la Frontera, Cádiz, Zahara de los Atunes y el mar de fondo, creciéndose en una nube grandiosa de luces crepusculares en el último estío; todo está en la voz materna que no deja de escuchar el poeta, todo abarca su precisa presencia, la luz de su mirada que no deja sino un creciente rumor de olas y de abrazos, de besos encendidos. Vuelve Muñoz Quirós a la esencia del discurso poético, al tiempo en el que el sueño era lo absoluto, la única razón de la existencia, y lo hace con el lenguaje de la vida, con ese que en cada madrugada despierta diamantino y sereno. Alto es el vuelo del poeta “Para volver al Sur”, desde Ávila su refugio, desde la luz que acompaña la voz imperecedera de lo misterioso y secreto, guardado en la alacena del tiempo. Todo ese mundo sureño del que nos habla Muñoz Quirós sabe a ausencias, a la dolorosa ausencia de la madre, principio y fin de la existencia. Frente al mar, en las gaviotas, en todos los territorios y las horas está el eco de su voz, insistentemente melodiosa: «La realidad me obliga en cada instante / a vivir sometido. Estoy errante / junto a los días que se van perdiendo / por la senda del vuelo que me acerca / donde tú estás en mí». Volver al Sur es lo que importa al poeta ahora, en este momento de su andadura, reconocer y reconocerse en el pasado, también en el presente que arremete con su luz de mediodía y esclarece los sueños, porque en toda aventura el sueño late. En ese ir y venir de la realidad al sueño, y viceversa, el poeta descubre y ve con otros ojos lo que antes se ocultaba en la piedra o el agua. Volver, entonces, es una urgencia que se abisma en las profundas y procelosas olas de la vida, porque al origen se ha de volver siempre, siempre a su inquebrantable luz: «Estoy quieto y el cosmos se mueve en mi rutina. Vaga, / se aleja, duerme. Estoy en la invisible parodia / del olvido. Y esto es volver: / acercarse a la distancia, tocar la indefinible pasión de lo lejano, / amarrarse a las hojas de los árboles mudos. Esto / es traspasar los cimientos donde enmudece el tiempo, / por donde se construyen las leyes del camino». Muñoz Quirós realiza un ejercicio de memoria imprescindible para velar por la verdad poética –su verdad- que sustenta este tiempo de recuerdos y nostalgias, de un tiempo que fue y que el poeta quiere que siga siendo esa luz inagotable que brota de la palabra para hacernos más humanos y más libres: «La memoria me acerca entre sus huellas / un enigma de luz que ilumina mis ojos. / He callado en las dulces páginas del retorno / nacido como un tiempo que me enciende los labios». “Para volver al Sur”, un libro necesario, por el cual Muñoz Quirós mereció el Premio de Poesía Rafael Morales en su XLII edición.
Título: Para volver al sur
Autor: José Mª Muñoz Quirós


Editorial: (Ayto.Talavera de la Reina, col.Melibea, 2017)

miércoles, 12 de julio de 2017

LA VOZ USENTE del escritor JOSÉ ANTONIO SANTANO por JOSÉ MARÍA MUÑOZ QUIRÓS.

Reseña del libro La voz ausente del escritor José Antonio Santano


Por: José María Muñoz Quirós*


José Antonio Santano
José Antonio Santano


 La voz ausente se esparce por la memoria como un flujo torrencial, en cada uno de los textos que constituyen su esqueleto estético y vital: cada prosa inicial sirve de pórtico para la reflexión salmódica de las emociones que se van sucediendo a lo largo de la trayectoria ritual del poemario

La poesía precisa siempre que la voz se instale por encima de la memoria de las cosas. Y es en la ausencia donde se produce la más íntima y desasosegante mirada hacia el pasado, hacia lo vivido, hacia la lejanía terrible de los días y de los seres ya idos.

Toda elegía forma parte de un tono que debe iniciarse en lo interior, en las profundidades de la voz del alma, y desde allí alcanzar el vuelo hacia el lenguaje, hacia la intuición, hasta la otra ladera de lo sentido y de lo vivido. Así surge lo poético, se derrama la grandeza de la recuperación de todo lo destruido por el tiempo, esa mano gélida y feroz que se disuelve por todos los orificios de la existencia llenando cada oquedad con su temblor de frío.

La voz ausente se esparce por la memoria como un flujo torrencial, en cada uno de los textos que constituyen su esqueleto estético y vital: cada prosa inicial sirve de pórtico para la reflexión salmódica de las emociones que se van sucediendo a lo largo de la trayectoria ritual del poemario. Y ese paso aquietado y a la vez veloz nos va desgranando una historia, un quejido, un ajustes de cuentas emocionales, una invocación al pasado que no pudo ser, en la imagen terrible y a la vez simbólica de la casa vacía, del espacio donde se oyen los silencios de la ausencia, voz y objeto de la meditación y del llanto interior.

Esta larga carta al padre (y no podemos dejar de acordarnos de Kafka) se interioriza en un postulado poético de enorme eficacia: he aquí la valentía de su autor, desnudo ante sus fantasmas, quejumbroso ante su existencia, dolido, cuando “al recordarte ahora, en estos días, / ecos tristes de otoños es tu nombre..” y cuando es irremediable lo vivido, como sombra gigante que aprisionara la desnudez de una vida que ahora se detiene, como solo es posible hacerlo desde la poesía honda y verdadera, y en ese preciso instante todo retorna ante sus ojos, todo pasa por la veladura de su sentir, y se almacena en lo desvanes del dolor y de la pérdida.


Portada de La voz ausente de José Antonio Santano
Portada de La voz ausente de José Antonio Santano

 El libro se abisma en una curvatura de luz y de extraña claridad, y se nos arranca la emoción en un desbocado vuelo hacia la intensidad de lo expresado

Versos blancos, sonoros y perfectamente construidos, elegiacos en su más clásica y auténtica factura (también llega a nuestra memoria el largo poema de Unamuno “El Cristo de Velázquez”…) y cuando el poeta clama” todo es muerte y más muerte” se nos encienden las farolas del silencio interior donde se posa para hablarnos al oído, para pronunciarnos cada una de las sílabas de su diccionario de dolor y de ensueño.

Los buenos libros de poesía mantienen un ritmo durante toda su ejecución, y van creciendo, abriéndose cuando avanzan en su deslizado decir, en el mismo momento que se asume la voz del poeta como un silencio abierto en la voz del lector. Y esto sucede aquí: vamos asistiendo a la presencia desgajada y rotunda de una materia poética perfectamente asentada en la textualidad. Y por todo ello, cuando el poeta exclama “¡Sabes, padre, podríamos haber/ sido endiabladamente tan felices!” el libro se abisma en una curvatura de luz y de extraña claridad, y se nos arranca la emoción en un desbocado vuelo hacia la intensidad de lo expresado.

La voz ausente es un regalo de inmensa eclosión lírica. Un libro que al terminar su último verso nos deja sobrevolando en el filo del silencio la voz que nos desvela un ser y un vivir intensamente en la palabra con mayúsculas, en la completa región de la belleza y el secreto sentir.



* Poeta y crítico español.
Foto: Archivo particular del autor.


miércoles, 8 de febrero de 2017

LA VOZ AUSENTE. JOSÉ ANTONIO SANTANO

Si ayer la buena noticia era que mi libro "Madre Lluvia" quedaba finalista del IV Premio Internacional "Pilar Fernández Labrador", hoy llegó mi nuevo libro editado por Alhulia: "La voz ausente", con prólogo del poeta abulense José María Muñoz Quirós. Os tendré informados de su presentación. Ojalá siga la buena racha. Salud.


domingo, 14 de febrero de 2016

SALÓN DE LECTURA. JOSÉ ANTONIO SANTANO


TIEMPO Y MEMORIA

Autor: José Mª Muñoz Quirós

Editorial: Vitruvio (Madrid, 2015)

DIARIO DE ALMERÍA. TIEMPO Y MEMORIA



La excelencia de la poesía castellana actual está suficientemente acreditada. Como inextinguible llama alumbra en el panorama literario español. El oficio de poeta está más que probado en algunos de los nombres que figuran entre lo más granado de esa zona geográfica denominada Castilla-León. Cuna de la poesía mística es la ciudad de Ávila, representada por Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, y una voz imprescindible y representativa hoy de lo que se escribe en Castilla, es la del poeta José María Muñoz Quirós (Ávila, 1957). Su poesía reunida la encontramos en el libro “Tiempo y memoria”, que abarca buena parte de los textos poéticos pertenecientes a sus poemarios, que van desde el primero de ellos, “Ternura extraña” (1983), hasta “La voz del retorno”, de 2015. Grandeza poética a manos llenas la que nos ofrece este volumen y una extraordinaria oportunidad para acercarnos al poeta Muñoz Quirós, sin ningún tipo de duda, una de las voces más significativas de la poesía española actual. De su poesía se ha dicho que es «un único verso lanzado contra el tiempo: El hombre que construye una biografía albergada de recuerdos, el hombre que medita sobre la vida y la muerte llenándolas de preguntas esenciales; vida y muerte convocadas en una misma voz, hilvanadas en un mismo aliento, señaladas en un único destino» (Juan González Soto), también en palabras de Jesús Collado, en su breve pero profundo y acertado análisis preliminar de “Tiempo y memoria”, escribe acerca de la obra de Muñoz Quirós: «Sorprende la madurez tan precoz, y continuada a la vez, de una emoción que nace como un don, que surge de la soledad y del silencio, de la reflexión y de la contemplación, y que se materializa en una forma de pensar y sentir el mundo, que es el germen del que nacen las obras del poeta», para definir más adelante la poética de Quirós, como la “poética del vivir”. Y es esta la clave, el fundamento primero y último de su poesía. La esencia de su discurso poético es, sin ningún tipo de duda, la vida. Producto del conocimiento, de la meditación del mundo que le rodea surge su poesía, existencialista, íntima, rigurosamente seria, de una hondura difícil de hallar en otros vates. Porque su voz es pura y cristalina, consecuencia directa de su “estar” y “ser”, deslumbradora, extraordinariamente humana. La vida, desde la soledad creadora del poeta, esa que ahonda y se abisma en los silencios, todos los silencios del mundo, es la única razón, el único latido de la existencia, propia y ajena. Vivir es escribir, y viceversa. La vida, con sus luces y sus sombras es lo que importa, sentir la emoción de la existencia como única verdad capaz de transformar el mundo, y la palabra el instrumento más valioso para ello. La palabra desnuda, como así gusta al poeta, en su atronador silencio, en esa búsqueda incansable de la luz, la que tantas veces halló en los versos de Teresa de Jesús o Juan de la Cruz, y que ahora nos revela en esta inmensa obra. La mirada poética de Muñoz Quirós va más allá de la realidad, se adentra en lo desconocido de esa realidad, en sus límites hasta crear otra realidad distinta, a partir de la ardentía de la palabra, de su vibración y temblor continuo. Como un orfebre, el poeta mima y trabaja el detalle, no solo de la forma, sino también del fondo, de manera que forma y fondo constituyen un ser único e indivisible. En sus más de 500 páginas de “Tiempo y memoria”, hallamos al poeta de raza, preocupado por el mundo en el que vive, y en lo vivido está su fuerza, una fuerza ciclópea que arrasa en versos luminosos. Al poeta le importan las cosas esenciales: la luz, la noche y el silencio, y de ellas el nacimiento de la verdad, su verdad poética. 


El mundo está ahí, y el poeta nos revela sus misteriosas formas y sus voces, y escribe:
«Un extraño rumor invade
el alma. Sentir su poso
en el intenso frío,
en el cansancio.
Un extraño misterio
destilado de sombra,
oculto como el día
que en la niebla se esconde».


Pero el reloj marca las horas, y el tiempo se sucede, acrecienta dudas e incertidumbres, y el poeta lo vive en su silencio:
«Voy a volver al tiempo
/ que no descansa,
/ donde
/ alzas en los ojos
/ la mirada que asciende
/ por las aristas de las horas»


Ávila en los ojos del poeta, la piedra y su luz: «Siente la piedra otro temblor / y habita / la religiosa luz de la mañana», y el amor que habita el sueño, el aire:


«Es ese cuerpo y esa voz, /
es ese dardo. No necesito más /
para que vuelva el día a despertarme /
con esa suficiencia cuando rozo /
tu piel cerca y me sabes /
a largas horas encendidas»;


pero en este breve recorrido no falta la alusión a otro de los grandes temas de la poesía, la muerte: «Nada sé como más cierta incertidumbre / que a la muerte viajamos…».
El fulgor de la palabra poética, de los misterios de la noche y sus silencios, de la vida, del poeta que «derriba los obstáculos del miedo / cuando no encuentra otra salida, y huye / a la deriva de su propio olvido» y es voz destacada de la poesía española actual, el abulense José María Muñoz Quirós.

SALÓN DE LECTURA. JOSÉ ANTONIO SANTANO PARA DIARIO DE ALMERÍA.

TIEMPO Y MEMORIA. SALÓN DE LECTURA

TIEMPO Y MEMORIA

Autor: José Mª Muñoz Quirós

Editorial: Vitruvio (Madrid, 2015)



La excelencia de la poesía castellana actual está suficientemente acreditada. Como inextinguible llama alumbra en el panorama literario español. El oficio de poeta está más que probado en algunos de los nombres que figuran entre lo más granado de esa zona geográfica denominada Castilla-León. Cuna de la poesía mística es la ciudad de Ávila, representada por Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, y una voz imprescindible y representativa hoy de lo que se escribe en Castilla, es la del poeta José María Muñoz Quirós (Ávila, 1957). Su poesía reunida la encontramos en el libro “Tiempo y memoria”, que abarca buena parte de los textos poéticos pertenecientes a sus poemarios, que van desde el primero de ellos, “Ternura extraña” (1983), hasta “La voz del retorno”, de 2015. Grandeza poética a manos llenas la que nos ofrece este volumen y una extraordinaria oportunidad para acercarnos al poeta Muñoz Quirós, sin ningún tipo de duda, una de las voces más significativas de la poesía española actual. De su poesía se ha dicho que es «un único verso lanzado contra el tiempo: El hombre que construye una biografía albergada de recuerdos, el hombre que medita sobre la vida y la muerte llenándolas de preguntas esenciales; vida y muerte convocadas en una misma voz, hilvanadas en un mismo aliento, señaladas en un único destino» (Juan González Soto), también en palabras de Jesús Collado, en su breve pero profundo y acertado análisis preliminar de “Tiempo y memoria”, escribe acerca de la obra de Muñoz Quirós: «Sorprende la madurez tan precoz, y continuada a la vez, de una emoción que nace como un don, que surge de la soledad y del silencio, de la reflexión y de la contemplación, y que se materializa en una forma de pensar y sentir el mundo, que es el germen del que nacen las obras del poeta», para definir más adelante la poética de Quirós, como la “poética del vivir”. Y es esta la clave, el fundamento primero y último de su poesía. La esencia de su discurso poético es, sin ningún tipo de duda, la vida. Producto del conocimiento, de la meditación del mundo que le rodea surge su poesía, existencialista, íntima, rigurosamente seria, de una hondura difícil de hallar en otros vates. Porque su voz es pura y cristalina, consecuencia directa de su “estar” y “ser”, deslumbradora, extraordinariamente humana. La vida, desde la soledad creadora del poeta, esa que ahonda y se abisma en los silencios, todos los silencios del mundo, es la única razón, el único latido de la existencia, propia y ajena. Vivir es escribir, y viceversa. La vida, con sus luces y sus sombras es lo que importa, sentir la emoción de la existencia como única verdad capaz de transformar el mundo, y la palabra el instrumento más valioso para ello. La palabra desnuda, como así gusta al poeta, en su atronador silencio, en esa búsqueda incansable de la luz, la que tantas veces halló en los versos de Teresa de Jesús o Juan de la Cruz, y que ahora nos revela en esta inmensa obra. La mirada poética de Muñoz Quirós va más allá de la realidad, se adentra en lo desconocido de esa realidad, en sus límites hasta crear otra realidad distinta, a partir de la ardentía de la palabra, de su vibración y temblor continuo. Como un orfebre, el poeta mima y trabaja el detalle, no solo de la forma, sino también del fondo, de manera que forma y fondo constituyen un ser único e indivisible. En sus más de 500 páginas de “Tiempo y memoria”, hallamos al poeta de raza, preocupado por el mundo en el que vive, y en lo vivido está su fuerza, una fuerza ciclópea que arrasa en versos luminosos. Al poeta le importan las cosas esenciales: la luz, la noche y el silencio, y de ellas el nacimiento de la verdad, su verdad poética. 

JOSÉ MARÍA MUÑOZ QUIRÓS


El mundo está ahí, y el poeta nos revela sus misteriosas formas y sus voces, y escribe:
«Un extraño rumor invade
el alma. Sentir su poso
en el intenso frío,
en el cansancio.
Un extraño misterio
destilado de sombra,
oculto como el día
que en la niebla se esconde».


Pero el reloj marca las horas, y el tiempo se sucede, acrecienta dudas e incertidumbres, y el poeta lo vive en su silencio:
«Voy a volver al tiempo
/ que no descansa,
/ donde
/ alzas en los ojos
/ la mirada que asciende
/ por las aristas de las horas»


Ávila en los ojos del poeta, la piedra y su luz: «Siente la piedra otro temblor / y habita / la religiosa luz de la mañana», y el amor que habita el sueño, el aire:


«Es ese cuerpo y esa voz, /
es ese dardo. No necesito más /
para que vuelva el día a despertarme /
con esa suficiencia cuando rozo /
tu piel cerca y me sabes /
a largas horas encendidas»;


pero en este breve recorrido no falta la alusión a otro de los grandes temas de la poesía, la muerte: «Nada sé como más cierta incertidumbre / que a la muerte viajamos…».
El fulgor de la palabra poética, de los misterios de la noche y sus silencios, de la vida, del poeta que «derriba los obstáculos del miedo / cuando no encuentra otra salida, y huye / a la deriva de su propio olvido» y es voz destacada de la poesía española actual, el abulense José María Muñoz Quirós.

 SALÓN DE LECTURA ________ José Antonio Santano