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sábado, 1 de junio de 2019

ENCARNA LEÓN, "ESTA ESPERA DE AVE" por JOSÉ ANTONIO SANTANO

ENCARNA LEÓN
-  ENCARNA LEÓN-                   
ESTA ESPERA DE AVE
ESTA ESPERA DE AVE















      





SALÓN DE LECTURA _____ José Antonio Santano
 para DIARIO DE ALMERÍA.


Esta espera de Ave

Como el agua que fluye por las venas del mar y que no cesa es la poesía. Sube a la cresta de las olas (risas de los mares las llamó Esquilo) o se abisma en las profundidades de coral y silencios. Estallido de lluvia en otoño o sol abrasador en el estío, así la poesía se adentra en los bosques y en los pájaros vuelo es. En lo absoluto existe, principio y fin, luz y sombra al mismo tiempo, alegría y tristeza, cara y cruz de la misma moneda, hondo silencio trascendido. 






ESTA ESPERA DE AVE DE ENCARNA LEÓN
SALÓN DE LECTURA EN EL DIARIO DE ALMERÍA. ESTA ESPERA DE AVE
Una música que se clava tal cuchillo en el pecho y que ensordece y nos nubla y enloquece hasta no ser nada y todo. Poesía es un ave que espera la vuelta de sus crías y es rito en la entrega amorosa, y un dulce fruto, sin duda, en la voz de la poeta Encarna León (Granada, 1944). La poeta, aunque nacida en Granada, reside en la ciudad Melilla, cuyo gobierno homenajea con la creación en el año 2000 de un Certamen Internacional de Relato Corto que lleva su nombre y mantiene en la actualidad. Su obra es extensa, con trece títulos de poesía y tres de narrativa; su poesía reunida hasta ahora se halla en el libro “El color de los ritos. Obra poética 1984-2010”, lo que nos da una idea de su incansable labor en pro de la literatura, y en concreto de la poesía. Asimismo pertenece a las asociaciones Colegial de Escritores de España, Andaluza de Críticos Literarios y de Humanismo Solidario. Su último libro "Esta espera de ave" es el que hoy traemos a este espacio.
La madurez poética de Encarna León está de sobra demostrada por el ya largo camino recorrido y por la calidad de su obra, influenciada por la mejor tradición clásica y su renovada concepción de la poesía como instrumento no solo de transmisión de conocimientos, sino de la vital trascendencia de la palabra y su esencia emocional. De una primera lectura de “Esta espera de ave” hallamos una plena sensación de paz y armonía en comunión perfecta y amorosa con la Naturaleza en su más amplio sentido. Asiste a la poeta una continua melancolía, un hálito que embarga su espíritu y hace que su mirada hacia el pasado sea el motivo principal para construir un universo propio donde el Amor y el Tiempo son los asideros, los pilares que sustentan su particular concepción de la poesía, donde la Belleza también ocupa un lugar de relevancia.
Parte Encarna León de lo cotidiano para crear otro mundo en el cual el yo poético trasciende hasta convertirse en otra realidad, como así lo expone Fernández de la Torre en  su estudio sobre la obra reunida de la poeta: «La poesía de Encarna León parte de un principio vital ineludible, ese que se re-produce y transmite en imágenes el yo, un sujeto poético en el que la ‘verdad’ en la escritura se libera de los límites de lo cotidiano». “Esta espera de ave” contiene 28 poemas divididos en dos partes, a saber: “Un juego de inquietudes” y “Con ropaje de adagio”, a las que precede un prólogo de María del Carmen Hoyos Ragel, que nos aproxima con rigor a los poemas contenidos. Destacaría de este poemario su lenguaje, sencillo y cercano, esa cierta nostalgia en la mirada, la natural cohabitación de forma y fondo, tanto por uso de recursos retóricos (anáfora, aliteraciones, oxímoron, metáfora, paralelismos, etc.), como por la temática muy en su línea de libros anteriores; el amor por encima de todo, el paso del tiempo, y la mar al fondo, siempre. Ya desde el título del poemario viene a confirmar dichas circunstancias. El ave como símbolo de la libertad, de su majestuoso vuelo hacia todo lugar, y también de la naturaleza, y el tiempo en la continuada “espera” de un tiempo que pasa y nos deja sus huellas, sus cicatrices, sus soledades y silencios:
«A veces el silencio te otorga
/ una liturgia de sueños encontrados
 / al pasear caminos con sus duendes
/ prendidos al filo de un deseo.»;
 y todo, a su vez, envuelto en la sedosa forma del amor: «Cómo me gustaría retornar a ese / tiempo de escalofríos tenues. / de jilgueros cantando en el centro / del pecho. // Cómo me gustaría encontrar ese tiempo / dormido en la memoria. // Cómo me gustaría conocerte de nuevo»
 Encarna León ahonda en la naturaleza de las cosas sencillas y cotidianas para descubrirnos otras realidades, otras verdades, quizá las de un yo que es otredad en sí mismo, que necesita del tú y el nosotros para ser y estar en el mundo que ella misma edifica cada día desde su más sentida soledad, de saberse en la espera y esperada: «La butaca sostiene esta espera / de ave y cobija tu esfuerzo / y tu cansancio en estancia de olvido.». Y es por ello que su voz se alza hasta las nubes y las estrellas, y en ellas vive, como el sueño en las noches de otoño, al compás de una música que se repite como un eco y adormece los sentidos nutriendo de esperanza  todos los miedos que el tiempo ha ido sembrando: 


«Ahora, cuando se ven caer
 las hojas finales de los años 
en ramales imprecisos de vida, 
cuando los ojos perdieron su luz
y su armonía y piden un milagro 
para cruzar las últimas estancias,
  ahora, el miedo es el más ferviente
 amigo, el que siempre acompaña, 
  y no quiere dejarte completamente 
 a solas perdida en esa melodía». 

Pero siempre, antes, durante y después del camino, el Amor (de y con Rafael) salvador de abismos: «Amor, / solo tengo ternura al filo de los labios / y con ella te ofrezco este abrazo infinito.». Poesía y emoción en la voz singular y clara de Encarna León.

Título: Esta espera de ave              
Autor: Encarna León
Editorial: GEEPP (Melilla, 2018) 

domingo, 21 de febrero de 2016

Fue en Moguer. Encarna León.




FUE EN MOGUER




 Volver a las profundidades marinas de la memoria, de los recuerdos que revolotean por doquier, insistente, en una espiral de sensaciones nuevas después del tiempo transcurrido, lejano y tan cercano a la vez. Evocar la infancia en su arrollador alumbramiento y mantener su espíritu e inocencia es siempre fructuoso. En esta ocasión regresamos a ese mágico momento, a esas vivencias de los primeros años de vida de la mano de un libro, recomendable no sólo para niños, sino también para adultos. Su autora, Encarna León (Granada, 1944), nos propone un viaje, una aventura lectora extraordinariamente reparadora, necesaria en los tiempos que corren, tan frívolos y desabridos. Nada mejor que salir al encuentro de la vida, de su esencia en una historia tan hermosa como la que sucedió en un pueblecito onubense llamado Moguer, cuna del más grande de los poetas españoles del siglo XX y premio Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez. “Fue en Moguer” es un poemario cargado de sentimiento y ternura, una admirable recreación de uno de los textos más universales, verdadera joya de la literatura universal: “Platero y yo”, un texto que el también poeta Juan Cobos Wilkins destaca de manera que: «en su prosa sensual, impresionista, simbolista, en esa escritura de melancólica sensibilidad y agudeza, y en la que rompe, en pleamar, un oleaje de adjetivos, sí encontramos el buscado horizonte de rehabilitación moral a través del arte». “Platero y yo” es una verdadera sinfonía del lenguaje, de la extraordinaria sensibilidad y comunión con la naturaleza, del diálogo permanente consigo mismo del poeta y el hombre, en una prosa siempre abrasadora. Arrastrada por la necesidad imperiosa de recrear poéticamente la singularidad de tan bello y emocionante texto de Juan Ramón Jiménez, Encarna León regresa a Moguer, y escribe, influenciada por la experiencia vivificadora del reencuentro con sus calles y plazas, su paisaje y sus gentes, la propia casa del poeta convertida en museo y biblioteca, un poemario que nos devuelve la esperanza en la poesía, en la grandeza de las cosas sencillas, con sabor a pueblo. Confiesa la autora: 



«Nunca pensé que un día me decidiera a escribir esta versión poética de Platero. Debe ser que Platero se ha colado en mí con fuerza y así yo, sin darme cuenta, me he colado en su vida». “Fue en Moguer” nos envuelve con la calidez de la palabra, esa que luce como una estrella en el firmamento y sabe de las conquistas, también de las miserias humanas. La soledad de la poeta en permanente diálogo consigo misma y con la vida, con todo lo que la rodea y es capaz de emocionarla. Encarna León se adentra en los silencios de Platero, y su deseo es despertarse junto al Platero de sus sueños:

«Voy soñando la luna, el mar 
/ de mi memoria, los riscos, 
/ los cerros encendidos. 
/ Él me lleva generoso hacia /
 el pino que siempre me cautiva». 

Encarna León toma breves fragmentos de “Platero y yo”, y los incorpora al poema, que es como sentir su cercanía en la serena palabra del poeta de Moguer. Apoyada por ilustraciones de Amalia Jiménez, Encarna León recorre el mundo juanramoniano de “Platero y yo” con especial sensibilidad tanto en su forma (belleza) como en su fondo (humanismo). Nos convoca la poeta a conquistar los sueños a través de la palabra escrita, y en ella se abisma hasta descubrir otros horizontes, otras auroras bañadas por la luz de su lírica, en estrecha comunión con la naturaleza, con la vida, y en ella con los días lejanos de la infancia: 

«Me han traído un juegue de cartón /
 para que aplaque esta melancolía /
 de ti, de tu trotar sonoro. 
/ Es un burrito gris cargado de flores 
/ amarillas, como las que comías gustoso /
 y saludábamos en los días de estío. 
/ Tantas veces lo miroo que creo que eres tú /
 y lo mimo con mis ojos de niño,
 / hasta le hablo quedo pensando 
/ que me escucha. /
 A veces creo oír entre el murmullo
 / blanco de mi silencio, un rebuznar 
/ tranquilo, amoroso, de amigo inseparable».

 Así es la poesía de Encarna León: delicada, tierna, amorosa, serena, humana. De manera que, en estos tiempos de impostura poética, volver a los clásicos, como ha hecho nuestra poeta, es como tomar el aire fresco en el rigor de los veranos. Encarna León nos abre las puertas de su corazón, y amorosa se entrega a la literatura: 

«Pero he estado contigo en todos 
/ estos versos repletos del clamor
 / que respiró tu alma cristalina. 
[…] 
FUE EN MOGUER, y así lo escribo».

T ítulo: Fue en Moguer
Autora: Encarna León
Edita: Geepp