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domingo, 17 de marzo de 2019

GAUDEAMUS. SALÓN DE LECTURA por JOSÉ ANTONIO SANTANO

DIARIO DE ALMERÍA. GAUDEAMUS

GAUDEAMUS
¨GaudeamusViajar a Salamanca es adentrarse en los orígenes del saber, la más grande aventura humana. Cada vez que esto sucede una indescriptible sensación de paz y melancolía se apodera del viajero, que una vez alimentado por su historia y el fulgor de la piedra desea quedarse en Salamanca para siempre. Sabemos que existen variadas formas de viajar, según el gusto de cada cual, pero hay una que es infalible y, sobre todo, económica, me refiero a los libros, a través de ellos conocemos, sentimos, en una palabra vivimos. A través de sus páginas podemos desplazarnos de una ciudad a otra, conocer a sus gentes, escuchar su voz y amar su historia. En esta ocasión la ciudad de Salamanca se erige en canto y patria. Quien canta es el poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart, y la patria, la Universidad de Salamanca, a la que pertenece y presta su voz en forma de libro, de título “Gaudeamus” (‘Alegrémonos pues, / mientras seamos jóvenes…). Pérez Alencart ha construido un discurso cimentado en su experiencia como profesor de dicha Universidad y como celebrado poeta. Desde que llegara a tierras salmantinas su casa fue la Universidad. La Universidad es su vida, como lo es la poesía, irrenunciables ambas. Y así lo anuncia en el primer poema del libro: «Uno viene a ti y rompe / el reloj de arena / de la espera, // y te retiene / en un prolongado abrazo / por el tiempo, // y sorbe de tu calíz / anhelando saberlo todo. // Curso a curso, / nadie olvidará el rastro / que dejas». “Gaudeamus” consta de cinco partes: “Distinto y junto” (al que pertenece el poema reproducido; “Patio de Escuelas”, “La piedra en la lengua” (unamuniana al alimón), “Ofrendas para Teresa de Cepeda y Ahumada y Juan de Yepes Álvarez, doctores por Salamanca” y “Triptico final”. En la poesía de Pérez Alencart hallamos siempre una razón para seguir amando la poesía, la palabra abarcadora de universos y luces, ese temblor que nos invita a detener el tiempo y elevarnos sine die a la altura del aire y sus silencios. Habrá en este poemario de Alfredo Pérez lugar para el recuerdo para su maestro en leyes Carlos Palomeque, Fray Luis de León, para el abad Salinas, para Torres de Villarroel, Aníbal Núñez, Unamuno, para su amigo y hermano y pintor de los poetas Miguel Elías, Antonio de Nebrija, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, y siempre de fondo la Ciudad Dorada de Salamanca y su Universidad. Pérez Alencart es un poeta, un visionario que ya no puede detener la máquina de la palabra que nace de la soledad y el silencio para ser compartida en lujuriosa hermandad. Su atenta mirada de poeta escudriña allá donde el dolor o la tristeza emerge, donde el desvalimiento deshumaniza y el frío anubla los sentidos y la vida. El poeta está con todos, con los humildes y desfavorecidos por encima de todo, con lo que su poesía adquiere un valor añadido, el de la solidaridad y el humanismo al que obedece su espíritu:
«Porque descreo de la estatura de los poderosos. / Porque sólo soy un hombre tratando de decir que el milagro de un vveso me ha resucitado. / Porque descanso entre músicas densas que resisten cualquier chillido. / Porque huyen de mí los murmuradores», o podemos comprobar el afecto y el reconocimiento en el espejo de la vida en las cosas sencillas, aquella que deslumbran más a veces que un diamante,como en este poema que dedica a Victoria Muñoz, trabajadora de la limpieza en la Facultad de Derecho, por su jubilación: «Siete lustros, Victoria, / tú que de Boada viniste / y tan temprano ya / limpiaste los despachos. // Ahora te toca el sosiego / y las horas más libres». La Universidad en el verdor de sus patios y el esqueleto de su piedra que aún vive y recrea el pasado fulgor del pensamiento más libre y humanista: «No escatimo alabanzas para Salmatica Docet / pues su nombre representa un esqueje de la dicha, / la presencia continua a cuyo humus me aferro / por ser palabra y por ser idea». En sus muros de luz se refugia el poeta hasta trascender lo aprehendido y sentido. Su mirada es un un rayo que no cesa como aquel del poeta de Orihuela, homenaje continuo al más grande Unamuno: «Crece -con la temperatura del tiempo- el filtro para alejar cenizas y atraer lo perdurable Miguel de Unamuno -sementera y centella atada a la piedra de Villarmayor- existe en todas las estaciones, en todos los imanes, en todos los pulmones. No exista quietud mientras elvasco indómito siga respirando en su Salamanca». 
“Alegrémonos pues”, como reza el título de este libro, porque la palabra ardiente y serena de Alencart vibra en los vítores escritos en la piedra, en las aguas del Tormes, porque su voz renace cada día en «Salamanca, luciérnaga de piedra» y así «Afirmas con la verdad / de tu palabra, / sin armas en las manos» con el compromiso por la vida y la poesía, en cumplimiento de una existencia que dura ya más de 30 años: «Uno viene a ti y rompe / el reloj de arena, / de la espera / y te retiene / en un prolongado abrazo / por el tiempo, / y sorbe de tu cáliz, / anhelando saberlo todo. Curso a curso, / nadie olvidará el rastro / que dejas».
Aldredo Pérez Alencart



Título: Gaudeamus
Autor: Alfredo Pérez Alencart
Editorial: Edifsa (2018)

domingo, 22 de mayo de 2016

EL PIE EN EL ESTRIBO. ALFREDO PÉREZ ALENCART por JOSÉ ANTONIO SANTANO


El pie en el estribo. 

Alfredo Pérez Alencart (22/05/2016)


E l cuarto centenario de la muerte del más grande escritor de todos los tiempos, el más universal Miguel de Cervantes, junto a William Shakespeare, pasa casi desapercibido en España, todo lo contrario de lo que sucede en Inglaterra. La dejadez de las instituciones españolas por este hecho es tal que no se llega a entender si no es porque esta circunstancia reiterada es ya un mal endémico en la sociedad española, tan alejada de todo lo que sea cultura, no se diga de todo lo que sea libros. Sin embargo, nace con voluntad de celebración y como homenaje a Cervantes, desde tierras salmantinas, donde aún se cree y se trabaja por la cultura como puente de unión entre los pueblos, “El pie en el estribo”, un poemario del poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart (Puerto Maldonado, Perú, 1962). Acompañan y dan luz a este bello y alimenticio libro las ilustraciones de Miguel Elías, y toma el título de la carta que Cervantes envió en vida a su benefactor y mecenas don Pedro Fernández de Castro, VII Conde de Lemos, preliminar del Persiles y Segismunda, cuando dice: «Puesto ya el pie en el estribo,/con las ansias de la muerte, / gran señor, ésta te escribo». Aunque en circunstancias distintas y más saludables, cuatrocientos años después, el autor de este poemario, el poeta Alfredo Pérez Alencart, se adentra en un viaje por la extensa obra cervantina para, en un ejercicio de meditación inusual, presentarnos un universo poético en el cual resplandece el amor, fruto de un profundo sentimiento cristiano, solidario y fraternal hacia el género humano. Es tal la generosidad del poeta, que no queda lugar o situación que se escape a su siempre atenta y bondadosa mirada. El poeta habla del mundo y sus miserias, ahonda en la condición humana y denuncia los abusos de los poderosos, lucha contra ellos como si se tratara de un David contra Goliat. Para esto , en esa búsqueda de su propia identidad, de la verdad que sostiene el pensamiento –su pensamiento-, el poeta bucea en el interior del yo poético hasta convertirlo en otredad y preocupado, a veces angustiado por la presencia de un mundo incomprensible y violento, cada vez más alejado de la humanidad, se rebela como un quijote más, un valeroso quijote que no teme ni al dolor ni a la soledad si así puede conformar otra realidad distinta, más solidaria, equitativa y justa, y así lo manifiesta en la “Inscripción”: «Nunca hay hartazgo cuando persiste el saboreo. Así los nutrientes que he ido succionando de los múltiples reservorios que se acopian en El Quijote, bien por el don o ingenio de Cervantes, bien porque el hidalgo tiene algo de todos los que nos aferramos más a los ideales que a lo inmediato material; a la utópica justicia con libertad, sí, pero sin desdeñar la experiencia que cercena dignidades; a la prodigiosa imaginación, sí, pero también a la realísima crónica social que nos toca vivir…». Curiosamente, integran el libro cuarenta poemas, a su vez divididos en números y letras, lo que me hace pensar que el poeta viene a resumir así a manera de inscripción votiva lo que el mundo debe saber de nosotros, concretado en un nombre y unos números, testamento sobre el mármol de una lápida cualquiera, y como epílogo el poema “Mordisco para una resurrección”, dedicado a Jacqueline, y en ella al Amor, humano y divino: «Somos una sola carne tomando altura en lo sagrado». Cervantes y El Quijote como hilo argumental en pasión de poeta abarcador de todas las patrias, en la locura del decir, de no acallar la voz nunca: «Loco sólo es quien ocupa altas magistraturas / zumbando como abejorro sobre heces malherido / de codicia por enchapar de oro el adobe de su casa de su / cuerpo de su mente lisiada desangrándose / de lunes a lunes balbuceando guarismos o manoseando / monedas huecas…». En ese discurrir del viaje el poeta es unas veces Sancho y otras Quijote: Heme aquí sancho a veces quijote siempre / con todos sus sinónimos a cuestas crucificado/ … / Quijote a veces sancho siempre velando los sueños del mañana especificando las creencias». Pero, sobre todo, Pérez Alencart se siente muchos, se sabe muchos en uno: el poeta que sangra por la palabra, el idioma común de la humanidad, y así lo manifiesta: «Arrastro quijotes unamunos cristos que son mis vecinos / sin luces de neón ni avermarías […] A contracorriente pienso anotar la permanencia / del trío pintarlos con el óleo de mis labios crédulo / de sus heredades en aluvión por tierras y cielos». Lo dicho: he aquí al poeta Alfredo Pérez Alencart en toda su esencia.


Título: El pie en el estribo
Autor/a: Alfredo Pérez Alencart
Edita: Edifsa (Salamanca, 2016)

domingo, 6 de marzo de 2016

Los éxodos, los exilios. Alfredo Pérez Alencart



LOS ÉXODOS, LOS EXILIOS

La palabra es vuelo en la mirada del poeta, migración continua de un lado a otro, la patria en sí misma; es tránsito, agitación o estremecimiento, oscuridad y luz a un tiempo, edén y abismo, misterio y magia, alma luciérnaga en la noche, canción liberadora, voz abrazo, eco de nombres, celeste música de madrugada. El poeta es palabra en su esencia, peregrino siempre, buscador de su brillo, alfarero de sus silencios, incansable pregonero de sus trinos. Esto es lo que uno siente cuando se acerca a la palabra poética de Alfredo Pérez Alencart. Y lo digo sin ambages, pues conocí su poesía antes que al poeta, advertí en sus versos la pureza, la esencialidad de la palabra libre y desnuda. Y desnudo me adentré en los poemas, sin tener en cuenta otros elementos que no fueran los derivados estrictamente de su lectura. 

La creación poética es un acto de amor, la entrega definitiva al otro a través del yo poético, una búsqueda incansable de lo desconocido, del misterio latente en cada palabra, un continuo abismarse en el origen de la nada o el vacío, del silencio de la oscuridad o el temblor primero de la luz. “Los éxodos, los exilios (1994-2014)” es la última entrega del poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart (Puerto Maldonado, Perú, 1962) y profesor del Derecho del Trabajo en la Universidad de Salamanca. En “Los éxodos, los exilios” (Libro primero), el poeta es recurrente con la anáfora (también aparecerá en los siguientes libros, junto a otros elementos formales como el encabalgamiento, versolibrismo, riqueza léxica, uso de neologismos, entre otros) en un deseo continuo de significar la esencia del discurso poético Toma Pérez Alencart las palabras de Gabriel García Márquez cuando dijo: “Yo sí me he sentido extranjero en todas partes”, para dar título al libro segundo: “Extranjero en todas partes”. Tal vez sea el poema “Doblemundo” la clave de estas secuencias vivenciales del poeta en este canto segundo al mostrarnos su visión dual de transterrado, de ese sentirse “de aquí” y “de allí” a un tiempo, y que viene a confirmar, una vez más, la universalidad de su palabra poética: 

«Aquí como allí /
reconocieron que migré
 / por páramos y selvas
 / con un mismo verbo
 / agradecido».

 En el libro tercero, “Brújulas para otra tierra”, el poeta traza un nuevo itinerario, en el que mantiene un diálogo permanente con todas las patrias que le habitan y siente poseer como legado de los ancestros, o así al menos, lo pretende en el poema “Descubrimiento de España”, cuando escribe: «Me conmueve pisar un suelo donde no nací / pero cuya pertenencia reivindico / por la rotunda emigración de los ancestros». Con cita de Rubén Darío: “Soy un hijo de América, soy un nieto de España”, y del propio poeta: “Yo mucho los quiero, / pero en Barajas / me llamaron extranjero”, se inicia la cuarta travesía, el canto cuarto “Pasajero de Indias”, centrado en la tierra del orbayu y la bruma, de la manzana embriagadora, del carbón y su luto, de la piedra y la magia de sus prados, de los atormentados ríos y los misteriosos bosques, del lugar y la casa del abuelo Alfredo Pérez Fernández, español de Asturias. Con “Cánticos de la frontera” (Libro quinto) concluye esta magna obra de Pérez Alencart. En su poema inicial, una variación de otro incluido en el libro primero, el poeta vuelve a la idea del “hombre es lobo para el hombre”, como un eco que se repite constantemente: guerras, persecuciones, hambre, desesperanza, miedo y desesperación, por no haber aprendido suficientemente la lección de entrega al otro, del amor sin condiciones, de la fraternidad y solidaridad humanas. Pérez Alencart es un soñador que cada día construye sueños sobre la vasta y ajada realidad, de ahí que vuelva al edén de los sueños, a la inocencia, al candor de la infancia y el lenguaje: “Mi infancia y madurez / crecen sobre dos idiomas: / el castellano y el portugués” escribe el poeta. Clara evidencia la del amor en la poesía de Pérez Alencart, de un amor que colma con su luz al desvalido, que sana sus heridas y reconforta su alma como si de un sagrado maná se tratase: “Creo en el maná que veo en la mano del Amor”, sentencia el último verso de Los éxodos, los exilios, obra de madurez, vital, plena, lúcida, inmensa, del poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart, una de las voces más sólidas y brillantes de la poesía iberoamericana contemporánea. 
 
Título: Los éxodos, los exilios
Autor: Alfredo Pérez Alencart

Edita: Universidad San Martín de Porres (Perú, 2015)