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lunes, 26 de marzo de 2018

Las campanas de Islamabad de Agustín Roble Santos por José Antonio Santano





Han transcurrido casi cinco años de aquella novela tan densa, interesante y tan cubana como fue “Extraño huésped”, de Agustín Roble Santos (El Pilón, Cuba, 1959). En ella se narraba las aventuras de toda una saga familiar que abarcó casi un siglo de historia, desde los ancestros gallegos de finales del siglo XIX hasta años después de la revolución cubana: una novela con ricos y variados registros y matices para deleite del lector, de estructura circular y extraordinaria fluidez expresiva. 


Ahora, esta segunda novela, “Las campanas de Islamabad, mucho menos extensa que la anterior, su autor se detiene en narrar las circunstancias que envuelven a un enfermo hospitalizado en la unidad de cuidados intensivos (UCI) como consecuencia de la detección de una gripe A. Esta grave enfermedad y su inmediata afección de la inconsciencia del paciente provocará visiones irreales, confusión entre realidad y ficción, conformación de un mudo de sueños extraños y extravagantes. Novela polifónica en cuanto a voces narradoras en primera persona (protagonista e hija) y variada en la multiplicidad temática. En cuanto a su estructura podemos decir que la contienen cuatro partes. En la primera la narración se sitúa en el origen de la enfermedad de Alfredo que nos presenta las circunstancias en que se desarrolla una gripe corriente y su evolución hacia un estado crítico de gripe A, que lo acercará a una situación de inconsciencia, de moribundo propiamente dicho (capítulos 1 y 2). La segunda parte se ocupa de la alucinatoria, onírica del protagonista y así se cuenta un viaje hacia lo desconocido, en tren, que le lleva a las situaciones más insospechadas (secuestro, tráfico de drogas, violación, etc.) y a lugares impensables (los Balcanes, Miami, Grecia o Islamabad en Pakistán), contenidas en los capítulos 3 a 15. 


Corresponde la tercera parte a la narración de lo sucedido en la voz narradora de Liena, hija del protagonista, que descubrirá la relación generacional existente entre padre e hija (capítulo 16). En la cuarta y última parte de la novela se narra la vuelta a la realidad de un Alfredo que ha vencido a la enfermedad, aunque aún persistan los miedos y la confusión entre lo que es y no es real (capítulos 17 al 28). Concluye la novela con un epílogo que no es sino una carta a la madre, en la que Alfredo cuenta cómo llegó a ser víctima de la gripe A y el modo en que la venció. Un glosario de vocablos cierra el volumen. Algunas consideraciones importantes al efecto de establecer las claves narrativas de “Las campanas de Islamabad” son las que siguen. La enfermedad, ese estado de inconsciencia es, en la novela, trasunto de un delirio o alucinación de una situación incontrolable que permite al protagonista vivir una experiencia tan terrible como incomprensible, producto de una sociedad basada en la preeminencia del poder económico por encima de otra consideración humanística, la de una sociedad corrupta, sin ética, abocada a su propia destrucción.


Destaca también esa presencia de dos mundos conceptuales distintos: oriente el uno y occidente el otro. Más concretamente el conflicto de intereses religiosos sustentados por ese enfrentamiento entre el Islam y la civilización cristiana. Sin olvidar, de otra parte, las manifestaciones populares provenientes de los ritos, de la santería, tan usual en la cultura cubana. Entre otros asuntos de carácter social destacaría la referencia al sistema sanitario actual, y el debate que lo sustenta acerca de si dichos servicios deben tener carácter privado o público. La verdadera condición humana, en esta novela, está cuestionada, al entender que son los seres humanos los únicos capaces de transformar el mundo y mejorar así la vida de sus congéneres. De tal manera que se llega a una conclusión final en el sentido de considerar que la presente novela narra, tras una profunda reflexión y actitud vital, la fuerza, el deseo de vivir en esa lucha encarnizada contra la muerte –eros y tánatos frente a frente- hasta proclamarse vencedora la vida y hacer imposible el tañer de “Las campanas de Islamabad”. 

Agustín Roble Santos, el autor de esta novela, traspasa la frontera de la realidad, y es en ese preciso instante, cuando libre en el sueño, construye otra realidad. Desde una visión más literaria diríamos que es la ficción la vencedora, porque sin imaginación, sin fantasía, sin sueños, no existe literatura alguna. Una nueva visión del mundo resplandece en la mirada de Alfredo, y así lo expresa: «Saqué mi mejor ropa para ir a trabajar como un hombre nuevo, que lo soy, acabado de nacer; no como el maquinista de trenes ni el conductor de guaguas de mi irrealidad, sino como el experto, el doctor, ese ingeniero agrónomo que se empecina en continuar disfrutando las breves horas en que somos alguien».





Título: Las campanas de Islamabad



Autor: Agustín Roble Santos 



Editorial: Caligrama (Sevilla, 2017)

domingo, 22 de septiembre de 2013

Extraño huésped. Agustín Roble Santos

 
¡Gabriel!, ¡Gabriel! –grita emocionada mi anciana madre. Su voz resalta entre la multitud congregada en el pequeño embarcadero de Caleiro, muy cerca del poblado de Vilanova de Arousa.
Así comienza “Extraño huésped”, primera obra narrativa de Agustín Roble Santos.
 
Con esta novela Roble Santos nos presenta la historia de Cuba desde finales del siglo XIX y todo el XX, un siglo de avatares vividos por los múltiples personajes que afloran en las páginas de esta narración, en la que el autor expone “su visión de un mundo social “aparentemente iluminado” y servirlo en esa mesa heterogénea y controvertida que es “la mirada del lector”, como dice Ofelia Bravo en el prólogo. Gabriel Verdecia partirá en 1898 hasta la isla de Cuba para morir, como tantos otros soldados españoles, allí quedará para siempre su cuerpo (..Recibo un impacto de bala que atraviesa mi pierna derecha y sangro a borbotones. Me arrastro, se hace imposible mantenerme en pie […] Otra bala atraviesa mi cuello. Me desplomo y siento que ruedo lentamente por un abismo infinito) y su espíritu (..ya no siento el tronar de los cañones. Oigo una música maravillosa. Mi cuerpo ya no pesa). Este es el principio de una transformación, la que sufre el propio Verdecia y la narración; del primero porque se convierte en ese “espíritu” que vagará de un lado a otro para contarnos la historia de Cuba a través de sus gentes (Contaré cosas que parecerán absurdas para muchos y aquellas que si alguien desde la otra vida las contara podría ponerse en situaciones muy comprometidas, incluso con riesgos para su libertad y su propia existencia); de la segunda, porque cambiará el registro del discurso narrativo de primera persona a tercera. El “espíritu” de Verdecia estará presente en todos y cada uno de los personajes que fluyen por esta narración, pero también para contar así su propia vida: Trataré por todos los medios de no ser un extraño huésped. Comienza de esta manera mi verdadera vida; por lo que estaré muy atento a contarla sin perder ni un solo detalle.




“Extraño huésped” es una novela extensa (casi 500 páginas), pero no por ello excesiva o gravosa, difícil de leer, todo lo contrario, y donde la fantasía, a veces con tonos surrealistas planea por sus páginas. Agustín Roble ha sabido, como buen alquimista, combinar lenguajes, de tal manera que la lectura de la novela es ágil, con alguna interrupción propia de la utilización de vocablos autóctonos (acertadamente recogidos en un glosario al final del libro), pero que apenas si resta tiempo al lector ni lo distrae o desorienta del hilo argumental de la novela. En cuanto a su estructura narrativa diremos que es de tipo lineal, en el sentido de que existe un desarrollo sucesivo de los hechos, en este caso cronológicos; también son importantes elementos tales como el diálogo y, en oposición a éste, la narración y la descripción, que su autor alterna con habilidad. No obstante, y con independencia de la crudeza de algunas situaciones, de la realidad dramática que viven los personajes en algunos casos, Agustín Roble, maneja con ingenio el humor y la ironía, dos recursos que complementan el discurso narrativo. En otros casos, la preponderante fantasía en algunos pasajes pudiera llevarnos a pensar que nos encontramos ante el legado de un cierto realismo mágico (…cuentan los antiguos que por estos lares, en un monte conocido como Cayo de Yaya, suele salir de improviso, desde la espesura del bosque, una pequeña y misteriosa criatura de color negro, semejante a un chichiricú, cubierto de pelos, con ojos relampagueantes, alargados dientes, orejas puntiagudas, desprovisto de cola, con los dedos de sus pies en dirección contraria a lo que es normal; atrae a los mortales hasta internarlos en lo profundo del bosque, haciéndoles vagar durante días, desorientados y desfallecientes).

Por otra parte los temas que aborda Agustín Roble en esta novela son de tipo político -la narración obedece a un antes y un después de la revolución cubana-, es decir, desde el desembarco de los revolucionarios –entre ellos el Che Guevara- y su acogimiento por parte de Armando, “El Pastor”, hasta la victoria revolucionaria y el liderazgo de Fidel Castro, pasando por el enigmático episodio de Camagüey, en el que interviene Cienfuegos (Jamás se supo nada sobre el paradero de este hombre ni de sus acompañantes, tampoco del aparato). De igual manera nos descubre esta novela la sociedad cubana, cuestiones de tipo social referidas al “modus vivendi” de la población (diferencias, racismo, racionamiento de alimentos, carencia de industrias, condiciones laborales de los cortadores de caña, vivienda, homosexualidad, balseros, etc, etc., frente a los abusos del poder. Acompañan a las anteriores la religión (Una vez más el Gobierno gana la partida. Su objetivo es descabezas las religiones que le resultan incómodas…); el sexo ocupa un lugar significativo a lo largo de la narración y que nos recuerda la presencia continuada del sexo en la novela cubana contemporánea (El encuentro es apasionado rico en toqueteos, succiones y poses alucinantes. […] Las horas pasan y los amantes disfrutan olvidados de todo cuanto ocurre a su alrededor); y, por último, lo esotérico, la santería, la magia negra y la correspondiente aplicación de extraños exorcismos como el que El Brujo aplica a una muchacha de nombre Grisel (El encorvado anciano no cesa en prodigar abundantes succiones y copiosos lamidos por las enrojecidas partes íntimas de la hechizada, quien se retuerce acompasadamente; sin que se sepa a ciencia cierta si estas contorsiones se deben al influjo de los demonios o al eficaz desempeño oral del vetusto patriarca).

“Extraño huésped” es, pues, una novela con ricos y variados registros y matices que su autor, Agustín Roble, ha sabido crear para deleite del lector, pero es también, y como dice su prologuista, “paradigma de una verdad social que jamás podrá marginarse”.


Título: Extraño huésped
Autor: Agustín Roble Santos
Editorial: Alhulia, 2013 20 €


AGUSTÍN ROBLE SANTOS
(Cuba, 1959)

Es ingeniero agrónomo y doctor por la Universidad de Almería. “Extraño huésped” es su primera novela.