1.- SALÓN DE LECTURA. DIARIO ALMERÍA (2016)





sábado, 24 de diciembre de 2016

POESÍAS COMPLETAS. VICENTE ALEIXANDRE

POESÍAS COMPLETAS
No pretenden estas líneas sino aproximarse a la ingente obra de un poeta mayor, del más grande poeta del pasado siglo XX, también e incomprensiblemente, del más injustamente olvidado por las generaciones posteriores. Muchos de los poetas que vivieron la luz de la palabra en su casa de la calle Velintonia, 3, las instituciones y los poetas más jóvenes siguen ignorando a quien por derecho propio conquistó la más alta cima de la poesía, de la literatura, al habérsele concedido el máximo galardón, cual es el Premio Nobel allá por el año 1977. El año entrante habrán transcurrido ya 40 años de tan grande honor para la literatura en lengua española y universal, que siempre estará unida, a pesar de los pesares, al nombre de Vicente Aleixandre, lo que nos recuerda aquellos versos suyos del libro “Poemas de la consumación” que nos alertan del injusto olvido al que hemos sometido al poeta: «Está y no estuvo, pero estuvo y calla. / El frío quema y en tus ojos nace / su memoria. Recordar es obsceno; / peor: es triste. Olvidar es morir». 



La casa donde vivió el poeta, la que cobijó a su generación “del 27” y a las venideras y ahora son poetas de reconocido prestigio han podido preservarla de la ruina más absoluta, en la que ahora reza en su fachada el cartel de “se vende” y que ninguna administración pública (Ministerio, Comunidad Autónoma o Ayuntamiento) ha aportado los recursos necesarios para su recuperación como patrimonio que lo es de todos los españoles, de la humanidad entera, como reconocimiento a una obra inconmensurable, tanto en su vertiente poética como humana. ¡Qué mejor regalo de Navidad para todos los amigos de nuestro Premio Nobel Vicente Aleixandre y de la Poesía, el anuncio de la adquisición de la casa del poeta como centro de estudios y espacio cultural internacional! Pero me temo que la desidia e ignorancia de los gobernantes y del olvido de los que tanto deben a Aleixandre no ayudará a que esta antigua reivindicación sea una realidad próxima. Al menos, eso sí, nos queda su obra inmensa, intachable, fresca, luminosa, insuperable, única, solidaria e indiscutiblemente humana en todas y cada una de sus creaciones poética: Ámbito, Pasión de la tierra, Espadas como labios, La destrucción o el amor, Mundo a solas, Sombra del paraíso, Nacimiento último, Historia del corazón, En un vasto dominio, Picasso, Retratos con nombre, Poemas de la consumación, Diálogos del conocimiento, En gran noche, Poemas Varios 1, Poemas Varios 2, Primeros poemas del álbum de versos de juventud, Un poema atribuido, Primeras prosas poéticas, Una traducción y Poemas circunstanciales. ¡Qué mejor regalo navideño que estas “Poesías completas”, que recibo de mi buen amigo y librero Isidoro Salvador, y que recomiendo encarecidamente a los lectores de este “Salón de lectura”!. En ellas encontramos las claves de una poética apegada a la Naturaleza, que bebe de la mejor tradición poética universal, alejada de las modas, coherente en pensamiento, honda y humanística, capaz de conmover y alterarnos los sentidos, de iluminarnos y hospedarse en el alma de cada lector que se acerque a ella. En Vicente Aleixandre hallamos respuesta a muchas de las cuestiones que preocupan al hombre en su relación con los elementos naturales, la soledad, el tiempo, la amistad, la muerte, la solidaridad, y, por encima de todo, el amor, la única verdad que asiste al poeta y al hombre siempre. Así su conocida sentencia: «El hombre es el poeta, y su imagen es el hombre». No hay duda alguna que en la Historia de la Literatura Universal, y en particular de la Literatura Española destacará siempre la inconfundible voz de Vicente Aleixandre, merecidísimo Premio Nobel de Literatura concedido en el año 1977. Nada se escapa a su mirada serena y profunda desde la quimérica Velintonia, refugio de amigos y poetas de toda condición y pensamiento, pero donde siempre, inolvidable, vive la ciudad y el mar de Málaga, la infancia más soñadora. Así se recogen estas palabras del poeta en los “Cuadernos de Velintonia”, de José Luis Cano al decir: “Velintonia va hacia el mar”, o “Velintonia está siempre en el mar”. Nunca Aleixandre dejó de pensar en su ciudad de la infancia, en su mar de Málaga, y con esa imagen vivió siempre hasta su muerte en Velintonia, a los 84 años edad. Después de su muerte solo el silencio y el olvido que duran ya, incomprensiblemente si tenemos en cuenta la magna obra de Aleixandre y su enorme generosidad con todos, demasiados años, demasiado dolor contenido. Hoy no puedo sino rebelarme contra quienes han callado y siguen callando su nombre, luz entre todos los nombres. Leer su obra “Poesías completas” es el mejor homenaje que podemos dedicarle, y el mío particular, estos versos de mi libro inédito aún “Luces de Velintonia”: «Duelen las cuencas de los ojos / las manos la luz del verso duele / duelen los recuerdos / las muertes duelen / eternas en las sienes, / duele este inmenso silencio / de tu muerte /y el olvido». “Poesías completas” más de 1500 páginas de pura poesía, la de nuestro andaluz universal y Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre.

Título: Poesías completas
Autor: Vicente Aleixandre
Edita: Visor (Madrid, 2005)



70 MENOS UNO

ANTOLOGÍA EMOCIONAL DE POETAS ANDALUCES


Es cierto que la poesía no goza del beneplácito mayoritario de los lectores, que prefieren la novela o el relato. Esa misma mayoría de lectores achaca su desinterés a la dificultad para comprender los textos poéticos, con el consiguiente esfuerzo caso de aproximarse a ella. Si tenemos en cuenta que en la sociedad actual el esfuerzo ha sido suprimido de la formación integral del individuo y sustituido por una constante servidumbre a lo frívolo y anodino. Sin embargo, y a pesar de todas estas circunstancias, la poesía está ahí, fervientemente viva, gracias a la resistencia impagable y la férrea voluntad de sus creadores, también de sus valedores, como en el caso que nos ocupa del antólogo, poeta, escritor y ensayista occitano Antonio Enrique que, junto a los poetas también Rafael Ballesteros y Juan Ceyles, han hecho posible la edición de este hermoso volumen, “70 menos uno. Antología emocional de poetas andaluces”, que viene a ocupar un lugar destacado en el conjunto de las antologías de poetas andaluces publicadas hasta la fecha. Y viene a ocupar ese lugar preferente porque se trata de un «original proyecto literario que tiene en cuenta un texto poético dentro de su contexto personal». Encomiable trabajo este que agrupa a 70 poetas (69 vivos y uno fallecido durante el tiempo de elaboración de esta antología: el poeta y profesor Rafael de Cózar). Esta es una antología de poesía emocional, en la que se dan cita las más variadas voces poéticas de Andalucía: cuatro nacidos en los años 20, diez en los 30, dieciséis en los 40, veinticinco en los 50, diez en los 60 y cinco en los 70. La respuesta de una buena parte de los poetas andaluces está contenida en este libro, cuya razón de ser es la “emoción” como particular reclamo, y así se entiende cuando se afirma: «la emoción transforma; es el motor de todo acceso placentero, de toda catarsis y plenitud sensorial». Conviene resaltar y así lo afirma el antólogo que: «Los poeta aquí encartados son de todos los caracteres y temperamentos, ideologías y corrientes estéticas…Diferencia y Experiencia ya no se enrocan en posiciones inamovibles, sino que se observa lo que ha de ser: el juego en el tablero, el intercambio de piezas, el trueque de posiciones; y es esto beneficioso para la salud de la literatura». 

Dada la imposibilidad técnica (falta de espacio) para reproducir todos los poemas contenidos en esta antología, transcribiremos sólo algunos fragmentos del mayor número de poetas participantes, a manera de muestra representativa. De los poetas nacidos en los años 20 reproducimos este del cordobés José de Miguel: El libro esculpe, fija, proclama y eterniza / la cálida palabra, / la fecunda palabra, / la creadora palabra, / la Palabra, / quizá el mayor presente / que a los hombres los dioses concedieron. / Al principio fue el verbo», o, este otro del poeta almeriense Julio Alfredo Egea: « No encontrarán los seres / camino de regreso, / ni ya nunca será posible el pájaro, / ni la mano desnuda sobre la mano herida, / ni agarrarse a una rama de paraíso / cuando el Ordenador tenga voz propia, / salga de la oficina y del laboratorio / a decretar la Muerte… / Y Dios… ¿se hará el distraído?; de los nacidos en los años 30 nos quedamos en este del poeta granadino Rafael Guillén: «He venido sin flores y sin luto. / He venido a fumarme este cigarro / delante de tu muerte; / solamente un cigarro, por aquello / que fue una gran borrasca de ternura»; pertenecientes a los años 40 señalamos al poeta gaditano Antonio Hernández: «He entendido por fin / que escribir es amar / sin amor que te bese. / Comprendo que la luz / solamente se enciende / cuando se va apagando»; para los años 50 la voz del poeta malagueño Francisco Ruiz Noguera: «Con tan breve equipaje / trabaja la memoria, / maestra en levantar / -a base de un desorden de retazos- / un retablo de humo / sobre el fondo de sombras / que dominan las piezas del olvido», o, este otro del poeta Rafael de Cózar (Tetuán 1951-2015): «Qué puedo decir de ti si ya no queda / ni un mínimo rescoldo en la penumbra / del fondo acristalado de mi copa…»; de los nacidos en los años 60 destacamos al poeta onubense Manuel Moya: «y saber que la vida, toda vida, cabe en esto, / en una mujer desnuda escribiendo un poema, / en unos dedos que nunca se cansan de ser dedos, / en la harina de estas letras torpes / manchadas de dedos y de vida», y, para cerrar esta muestra, perteneciente a los años 70, estos versos del poeta Vicente Luis Mora: «Arrójate al vacío, crea mundos, / convierte en ser la nada que te aguarda. / Así debiera ser la poesía, / así debiera ser / el último poema: / hacia delante, nada: todo en blanco». Una antología que nos permitirá conocer la poesía emocional de “70 menos uno” poetas andaluces de hoy. 

Título: 70 menos uno
Antólogo: Antonio Enrique
Autor: VV.AA
Edita: El toro celeste y Fundación Unicaja (Málaga, 2016)







NO RESIGNACIÓN

(Poetas del mundo por la no violencia contra la mujer)


Muchas son las ocasiones que hemos oído preguntar para qué sirve la poesía, o, cuál es su utilidad, etc. etc. Sin embargo, son también muchas las veces que hemos asistido a su contestación. Quién puede olvidar aquella afirmación de : “La poesía es un arma cargada de futuro”, de Gabriel Celaya y que Paco Ibáñez cantó hasta la saciedad en un momento tan trascendental para la libertades en España. Pero no sólo Gabriel Celaya sino otros muchos poetas han hecho posible que sus versos sirvieran para concienciar en unos casos y denunciar los abusos de los poderosos con relación a los derechos humanos. Muchas serían, también, las antologías poéticas que han nacido para ayudar a poner fin a situaciones de injusticia, genocidios, catástrofes naturales o falta de libertad, siendo así que, al menos, parece obvio que la poesía ha sido y es esencial en la formación cultural de todos los pueblos del planeta. El caso que nos ocupa hoy es un libro en el cual participan 136 poetas (64 hombres y 72 mujeres) de 35 países de los cinco continentes, con la cual el Ayuntamiento de Salamanca ha querido aportar su granito de arena en la eliminación de esta lacra social de la violencia contra la mujer que tantas víctimas se ha cobrado ya, y ha querido hacerlo con un libro antológico que responde al título: “No resignación. (Poetas de mundo por la no violencia contra la mujer). Antología de Salamanca”. 


Una loable iniciativa que ha sido coordinada por el profesor de la Universidad de Salamanca y poeta Alfredo Pérez Alencart e ilustrada por el también profesor Miguel Elías. Este es un libro contra el silencio, las viles agresiones y los abusos continuos que se vienen sucediendo contra la mujer en todos los continentes, sin excepción. La mirada y la conciencia poética toman la palabra para denunciar esta situación y aunque no podremos reproducir la voz de todos los participantes por cuestión de espacio, me he atrevido a seleccionar algunos versos representativos de algunos países o continentes: 


«
No más caricias

 / del color de la nada.

 / No más disculpas

 / con sabor a ceniza. / 

Ni más abrazos 

/ bajo la lluvia negra del mañana. 

/ Mi adiós es para siempre» 


(Leya Tierney, Inglaterra), 


«Tendría que volver a engendrar

 /A la tribu, /Proteger los lobos / 

De sus ovejas,

 /Y / Cazar proezas 

/ Hasta el crepúsculo, 

/ Antes de disfrutar 

/ Del status de /

 «Esclava» 


(Bahira Abdulatif, Irak),

 

 aunque ya no me creas, /

 que de lo único que ahora me arrepiento / 

es de haber dejado marchitarse /

 el ramo aquel de rosas /

 que le robamos juntos al verano» 

(Carlos Aganzo, España), 

«no soy la locura del hombre 

/ y sobre todo no soy todas sus concepciones»

 

 «En sus ojos reina el temor, 

/ En su alma el grito exclama, 

/ Una mano rasgo su corazón,

 / Golpes batieron su cuerpo»

 (Margalit Matitiahu, Israel), 

«Bajo su puño la mesa silenciosamente se hizo un ovillo 

/ como ciervo fusilado en un claro del bosque… / 

Sus moretones hablaban miles de lenguas» 


(Dunja Detoni Dujmic, Croacia),

 

mujer, verás como ella va 

/ y viene, y todo lo que puedes hacer es esperar 

/ y rezar para que ella vuelva a ti, 

/ porque sabes que tus pecados / 

son suficiente para que ella te deje y no vuelva» 


(Kwame Dawes, Ghana), 


«Ser mujer 

/ significa estar invadida, Oh silenciada! / 

ellos toman de mí toda cosa / una mujer tomó mi infancia» 


(Müesser Yeniay, Turquía), 


«Desde distintas direcciones, vienen historias /

 que nos pueden hacer llorar, aun sin lágrimas. / 

Sigue triunfando la injusticia entre nosotros /

 contra las hijas amadas de estirpe humana» 


(Johanes Manhitu, Indonesia), 


« Siento rabia al saber 

/ que soy mi propio miedo 

/ enfundado en este cuerpo»

 

 

 / Como algo práctico, nos violan de una manera mucho más violenta /

 para que muramos. O durmamos en el hueco del arrozal pantanoso 

/ Nos acuestan estiradas, empapadas en el barro» 


(Yashodhara Raychaudhuri, India),  


«Siempre el dolor. He visto en esos rostros / 

cómo se hace la noche/ cuando sienten / 

la dureza del hombre. Las golpea /

 la sombra que es la forma más cobarde /

de la desolación»

 


« Excusar el amor con la posesión y el miedo 

/ no se hace frente a una mujer /

 que perdió el temor amando a quemarropa 

/ y sin paredes para sostenerse» 


(Nidia Marina González, Costa Rica), 


« Estéril guerra de los sexos en que solo uno pone 

/ el amor, el dolor y hasta la culpa. El otro

 / se condena a la crueldad de una fiera asustada» 


(José Pulido, España), 


«La sangre brota de tu rostro puro,

 / oh madre tan flagelada en todo tu cuerpo –

 / vivencia del crepúsculo /

 sin conocer del día comodidad alguna» 


(Antonio Salvado, Portugal), 


« Que no se desangre el amor / 

en la sombra, / en la niebla» 


(Hiroshi Tomita, Japón), 


« No hay bestias inocentes; no hay cicatriz 

/ sin cuchillos filosos; no hay colmada paz / 

sin forcejeos: nunca calles las agresiones. / 

¡Solo tu clamor expulsará lo más abyecto!» 


(Alfredo Pérez Alencart, Perú-España).

 





Título No Resignación

Autor: AA.VV

Edita: Ayuntamiento de Salamanca (Salamanca, 2016)












Adentrarse en las páginas de un libro, lo he dicho en otras ocasiones, es una fiesta. Una fiesta donde la palabra es anfitriona única. Con ella está garantizada la diversión y el conocimiento. Ninguno de sus invitados quedará indiferente. Un buen libro siempre será una fiesta inolvidable. 




El libro elegido para esta ocasión es una verdadera fiesta de la palabra, una fiesta para los sentidos. En una edición bella y cuidada, “La tumba del nadador”, de Juan Pardo Vidal (Almería, 1967) reúne un conjunto de relatos, en total 11, de los cuales el que da título al libro destaca por su originalidad y extensión, sin desmerecer claro está al resto (El tatuaje, Los gatos de Schorödinger, Los días azules, La tormenta, Te llamaré T, Desmancados, El día en que los dos hombres más importantes del país me removieron el pelo, Y decirte algo terrorífico, como por ejemplo «te quiero», Lencería rosa y El naufragio). El lugar elegido para “La tumba del nadador” es un ático y sucede todo en una fiesta muy especial: «Habrá un tipo, un editor al que Jesús conocerá en una fiesta. Y habrá también una chica y habrá música y copas y su amiga Andrea y mucha gente guapa, políticos, futbolistas y gente del mundo de la cultura […] La fiesta será la hostia, cincuenta personas bailando al ritmo de la coca en un ático enfrente del mara en los edificios de La Térmica, en Almería». Así comienza Pardo la construcción de este relato con el cual vibraremos en el temblor de la palabra de los personajes que pululan por sus páginas, con un discurso narrativo distinto donde la singularidad narrativa y los recursos literarios empleados constituyen elementos consistentes como basas de columnas que soportan todo el peso de la trama narrativa para concluir en un sólido edificio. El simple hecho, infrecuente en la narrativa española, del uso de una voz narrativa omnisciente de futuro es ya un reto que, por cierto, resuelve satisfactoriamente. 


Pero no sólo destaca en este relato el tiempo verbal utilizado, sino la propia estructura, la mirada del narrador que formará parte también del discurso narrativo –metaliterario- («Jesús no sabe qué va a pasar, ni cómo se va a llamar el maldito gato que ha encontrado dentro de su buzón, yo sí que lo sé, porque yo soy el autor y soy la leche, en esta historia soy el gran camello, el que distribuye el destino a los personajes. El futuro es una droga que todo el mundo quiere meterse. Aquí mando yo, ellos creen que soy dios, sé qué les va a pasar a mis personajes, me veneran, conocer mi poder, me temen, saben que existo, rezan para que yo cambie el futuro a mejor, quieren que todo salga bien, que intervenga para hacerlo realidad, pero yo no puedo hacer nada por ellos»), con el añadido de la presencia consistente de una voz interior, de la conciencia de Jesús (el protagonista) que denominará “Cuatro”: «Una vocecita interior, que es él mismo con la voz de él mismo, y que se llama Cuatro, le dirá: «Jesús, eres menos gilipollas que todos ésos que tienes ahí delante. Seguro que en esta fiesta hay alguien con quien revolotear, venga, espabila chaval, vete a libar alguna florecilla». Pardo Vidal ha sabido utilizar variados recursos literarios que hacen de esta narración un monumento al buen hacer: humor, ironía, flashback, música, cine, pero por encima de todo nos muestra la vida misma en sus muchos aspectos: soledad, miedo, muerte, vulgaridad, sentimientos, emociones, silencios, todo bajo el prisma de la ficción más pura, de la imaginación en un vuelo imparable. 


Juan Pardo consigue alterarnos, perturbar nuestra acomodada vida, con hechos tan reales que trascienden la propia realidad para crear otra, confirmándonos así que nos encontramos ante un narrador maduro, que sólo se deja arrastrar por el ciclón de la palabra, la que construye historias, múltiples vidas. “La tumba del nadador” es una fiesta, ciertamente, una fiesta de la vida, pero también de la muerte, la que está ocurriendo al mismo tiempo que la del ático pero en un hospital cercano de la ciudad de Almería, la del final de una etapa y el nacimiento de otra, la que sucede en el acabamiento del cuerpo paterno: «La verdad es que la vida es rara. Por la mañana no será necesario que lo acompañe porque nadie se muere por la mañana, es la noche la que se los lleva, la noche viene a por los enfermos y ellos se fan con ella de la mano, la muerte no tiene la mano huesuda, la tiene tibia y confortable, los agarra con la fuerza exacta para que se sientan seguros, se enamoran de ella, por eso nadie regresa». Un libro, “La tumba del nadador” y una voz, la de Juan Pardo que nos devuelve la esperanza en la literatura, en la vida: «Algunas gotas de lluvia caerán cerca de los ojos mientras mira al horizonte desde aquel ático para recordarle que no está en la cima del mundo y que nunca llegará a estar tan alto como aquel día, subido a los hombros de su padre».


Título La tumba del nadador

Autor: Juan Pardo Vidal

Edita: Librería Metáfora (Roquetas de Mar, 2016)



POESÍA Y COMPROMISO EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA.



HUMANISMO SOLIDARIO
Con los vinos ocurre que hay que dejarlos reposar en la barrica primero y luego en la botella, que con el tiempo adquieran aromas y sabores, tonalidades, de manera que, al beberlos, podamos comprobar su excelencia. Esto mismo sucede a veces con los libros: hay que dejarlos reposar en los anaqueles de la biblioteca, esperar un tiempo prudencial y releer luego con la serenidad y tranquilidad que toda recreación lectora merece. No es frecuente que ocurra esto pero sucede en contadas ocasiones. Y ahora ha ocurrido. Desvelo el misterio. El libro que tratamos en este espacio fue publicado por la editorial madrileña Visor, en su colección Visor literario el año 2015, y, durante todo este tiempo ha vivido en mí su contenido de una manera extraña, agridulce sería quizá su más acertada descripción; de una parte, por no haber acometido esta tarea de difundir esta corriente de pensamiento en su día, y, de otra, por entender, desde un punto de vista ético que, siendo parte de dicha corriente, pudiera pensarse que mis pretensiones eran otras muy distintas a las que verdaderamente me unen a dicho movimiento artístico e intelectual. 
En la creencia de haber disipado estas cuestiones después del tiempo transcurrido me detengo ahora en las páginas de este libro, titulado “Humanismo solidario. Poesía y compromiso en la sociedad contemporánea”, con estudio preliminar de la profesora Remedios Sánchez García, de la Universidad de Granada y una selección poética de Marina Bianchi, profesora también en la Universidad de Bérgamo (Italia). Constituido este libro en dos partes bien diferenciadas, la profesora Sánchez García nos introduce en esta corriente de pensamiento y poética a través de un estudio cronológico de lo que ha sido la poesía española contemporánea hasta llegar a lo que ha venido en llamarse “Humanismo solidario”. Se inicia este recorrido con un primer bloque titulado “Reflexiones para una panorámica de la poesía contemporánea española. De los sesenta a la posmodernidad”, el más extenso e interesante pues clarifica el devenir de la poesía española del siglo XX hasta nuestros días. El siguiente capítulo está dedicado a “La literatura hispanoamericana desde los sesenta a la actualidad. Una aproximación a vuela pluma”. También ocupa un lugar importante la vinculación literaria entre España y el Magreb: “Donde la lengua aún alcanza. Literatura en español en los países árabes”. Se analiza también “El concepto de compromiso en la poesía en español del siglo XX”, y se llega por fin a “El humanismo solidario”, capítulo en el que se explica sobre qué pilares fundamentales se asienta esta corriente: «Se estructura el Humanismo Solidario en torno a un grupo de críticos, poetas y narradores (Alberto Torés, Francisco Morales, José Sarria, Remedios Sánchez, Francisco Huelva, Manuel Gahete y José Antonio Santano) que se definen como una corriente crítica e intelectual de personas libres que, desde la heterodoxia estética, asumen el uso de la palabra como obligación social bajo los irrenunciables principios del compromiso y el comportamiento ético, sin estar sometidos a ideología, filosofía, política o religión alguna. Desde el libre discurrir del pensamiento de sus componentes nace la necesidad de rebelarse contra los sistemas y organizaciones que oprimen y asfixian a la mayoría de la humanidad. 
Ajenos a toda ideología dominante, Humanismo Solidario propugna el destierro del pensamiento único en cualquiera de sus manifestaciones, fundamentando sus principios rectores, y su obra individual y colectiva, sobre los términos morales que emanan de la idea irrenunciable de la fraternidad universal». El otro gran bloque, es decir, el resto de páginas del volumen contiene la antología poética propiamente dicha, integrada por 49 poetas de diferentes países. Dada la imposibilidad de transcribir los versos de cada uno de los poetas antologados, transcribo un fragmento del poema en prosa “Memoria de la noche”, del leonés Juan Carlos Mestre, con el que de alguna manera se resume la esencia de esta corriente poética e intelectual denominada “Humanismo solidario”: «Esta noche y no en otra noche más desolada y perdida voy a escribir al tirano, es que pasa mi abuela con flores, con vida y no soy yo cuando llora vacía ante el cielo ya letanía o milagro. / Esta noche y todas las noches del día voy a decirte mi amiga culpable, es que está pasando la vida y yo no soy cuando un hombre se sienta y nos habla ya de destrucción o poesía». Cuarenta y nueve voces distintas pero hermanadas en esta antología poética que nos devuelve la esperanza en un esencial y necesario “Humanismo solidario”.
Título: Humanismo solidario
Autor: Remedios Sánchez García
Selección de poemas: Marina Bianchi
Edita: Visor (Madrid, 2015)













Es cierto que la poesía casi siempre está en entredicho, si no es por una cosa es por otra…guerrillas de corrientes poéticas que intentan imponerse unas a otras, poetas que ametrallan verbalmente a la competencia u otras muchas veleidades carentes de sentido y que a fin de cuentas no merece la pena tenerlas en cuenta, porque lo único que debe de importar –así lo pienso y así lo digo-, tanto al lector como al creador es “el alma”, esa zona desconocida y misteriosa donde el poeta siente la plenitud del vacío y el silencio en absoluta soledad. Cuando esto pasa es que nos encontramos ante la poesía en su esencia. Todos los caminos son válidos para llegar a la meta, la poesía es una, y los poetas son muchos, cada uno tendrá, desde la honestidad, que elegir el suyo. Las experiencias son tan disímiles como lo es la voz de cada poeta, que habrá de buscar su propio destino. La vida es un instante y cada instante la eternidad misma, esa que trasciende la realidad para convertirse en algo nuevo, creado para universalizar la palabra cuando en verdad habita el poema. De cada instante vivido depende la dirección que el poeta tome, y en cada poeta ese mismo instante será distinto y la expresión de lo sentido o vivido también. Tal vez pudiera ser –mera elucubración- que el título del libro que recomendamos en esta ocasión sea un poco de todo lo dicho, o, esencialmente, la certeza de saber que existe la eternidad del momento. “Esta momentánea eternidad” es eso y algo más, porque su autora, Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973), nos convoca a vivir los instantes que dieron lugar, desde el año 2005 hasta hoy, a este libro que contiene su poesía reunida. La propia autora declara en las páginas introductorias que «siempre he sentido que todo lo que tiene que ver con la poesía es, de algún modo, un acto de amor. En mi opinión, operan en la poesía muchas fuerzas de índole afectiva, todas ellas necesarias para que pueda ser exactamente lo que es: el amor a las palabras, el amor a las raíces, el amor a los libros, el amor a la Belleza, el amor por la indagación, el amor a los grandes poetas de la historia, el amor a esa identificación única y sobrenatural –sin importar tiempo y espacio- que la poesía brinda». Reúne este volumen toda la poesía escrita por Raquel Lanseros en los últimos once años, que dan como balance final cinco libros: “Leyendas del promontorio” (2005), “Diario de un destello” (2006), “Los ojos de la niebla” (2008), “Croniria” (2009) y “Las pequeñas espinas son pequeñas” (2013), más una última parte con el título de “Poemas exentos. Poemas inéditos” (2008-2016). En este viaje la poeta nos invita a vivir intensamente cada momento o instante, desea perpetuarse en cada sílaba o palabra partiendo de la necesidad de expresar esencialmente su mundo interior respecto a todo lo que fluye a su alrededor, convencida de que su experiencia poética será, sin duda, como la vida misma. 


Sus versos hablan por sí mismos, como en este fragmento del poema “La gravidez del odio”: «Por supuesto que el odio requiere un gran esfuerzo. / No es para cualquier pecho. / El odio es denso y sólido. / Está hecho de cemento, / de plomo, de nostalgia», versos que muestran en este viaje iniciático una extraordinaria sensibilidad. Del poema titulado “Locus amoenus” extraemos estos otros: «La Tierra está llorando. / Por suerte / ayer salieron a la calle unos pocos / armados de coraje para intentar curarla. / Los disolvieron los antidisturbios». Lanseros refleja en los poemas siempre un lado interno, y reflexivo donde la emoción y el sentimiento se aúnan para conformar un sólido cuerpo poético, como en estos versos que afloran después de un adiós: «Yo nunca resistí las despedidas / porque en cada una de ellas se marchita la voz / de todas las personas que yo he sido / y ya no puedo ser». También fluyen los versos cuando mira hacia atrás, como cuando homenajea a “Doña Juana” y todas las mujeres libres, o se trata de recuperar la memoria de “los otros”, “de los vencidos”: «Todos nosotros somos ahora y para siempre / las pisadas de Yago contra la piedra helada, / yo soy el pan callado de aquella Nochebuena, / tú eres la luna oscura que le ayuda a esconderse. / Y hoy es mil novecientos treinta y nueve». Hacia el encuentro del hombre y la mujer, del ser humano camina por estos otros versos de “El hombre olvidado”:«Puede que sea el olvido / -mientras sus ojos turbios regresan del pasado- / el lugar donde vive la memoria», o en “Beatriz Orieta. Maestra nacional (1919-1945) cuando escribe: «El silencio es de mármol. / El silencio / es la respuesta de todas las preguntas». Late en la poesía de Lanseros la vida misma, que podríamos resumir, sin duda, en estos versos rotundos: «Ahora ya entiendo por qué vivo cuando amo. / Ahora comprendo / que el principio del mundo ocurre cada día».

Título: Esta momentánea eternidad
Poesía reunida (2005-2016)
Autora: Raquel Lanseros

Edita: Visor (Madrid, 2016)






UN BOSQUE ARDIENDO BAJO UN MAR DESNUDO

Si se hiciera un estudio riguroso de la poesía en lengua española de las últimas décadas hasta hoy, casi seguro que nos daríamos de frente con una realidad difícil de admitir: no es oro todo lo que reluce. Ocurre que suenan más los nombres que las obras. La poesía ha quedado fragmentada, dividida entre los que están y los que son pero no están. Este es el quid de la cuestión. Lo mismo que en la sociedad ha calado el discurso de la mediocridad y el pensamiento único, en la poesía ha ocurrido tres cuartos de lo mismo. Si leemos con detenimiento las obras poéticas más recientes comprenderemos mejor esta circunstancia. La bonanza de la poesía y de la joven en particular no es tanta como se nos quiere hacer creer. No toda innovación o todo lo nuevo es bueno. El hecho experimental es importante, pero no lo es menos el de la diferencia, esa búsqueda del poeta por encontrar su propia voz, que es de lo que adolece la poesía a la que me he referido con anterioridad. El poeta no puede ser un amanuense, un copista que repite sin cesar la misma escritura que sus coetáneos. Hay que arriesgar, huir de lo fácil y adentrarse en el silencio y la oscuridad, bucear en la palabra para hallar la palabra misma, esa que es capaz de sacudirnos, de electrizarnos por el resplandor de su propia luz. Habría que revisar con detenimiento el devenir de los últimos años, siempre desde el respeto a la diferencia y la justa valoración de las obras escritas en ese período, y he dicho obras y no nombres. Consecuencia de una reflexión profunda y ese continuo deseo de búsqueda del “yo” poético, determinado por la experiencia vivencial del poeta, sorprende el poemario “Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo”, de joséagustín hayadelatorre (Perú, Lima, 1981), actualmente doctorando en literatura por la Universidad de Salamanca. Un experimento poético que parte del propio desarraigo del poeta, de la necesidad de comunicar con los demás para encontrarse a sí mismo, recorriendo para ello un camino de obstáculos salvables, pero a veces muy complejos. 





El poeta ahonda e interpreta todo lo que se muestra ante sus ojos, y en un ejercicio de latente curiosidad indaga y bucea en la condición humana a través de la realidad más cercana. Hayadelatorre contempla el diálogo permanente entre los opuestos como si fuese una necesidad imperiosa. Así, “Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo” se convierte en un libro complejo en su estructura, en la forma y el fondo, donde cohabita la poesía y el poema en prosa. Para el poeta el desprendimiento de lo aprehendido alcanza un valor relevante, le apremia recorrer múltiples caminos para después desandarlos, hasta construir su verdad poética, su voz: «las virtudes de un poeta son / las de un asesino: a galope so- / bre un caballo ciego intenta / lacerar una selva pétrea hasta / encontrar su arteria. escucha / su sí mismo, el que no es él / donde es todos, y embellece / la destrucción y sueña lo que / destruye dándole a los muros / la forma de su rostro». Pero en esa búsqueda constante del “yo” poético no existe la exclusión del “otro”, todo lo contrario, porque su concepción del mundo no puede sino reivindicar lo humano: «…Yo recito / las lágrimas en las lápidas irradiadas del alba, las estampas / de la clarividencia en los entierros: soy centro y éxodo, / persisto ante el parpadeo. / He aquí el signo de la creación. Sólo existo / en el otro. Me determinan mi calidez nómada / y mi circunstancia sedentaria (La unida de la luz / es fragmentaria). Así, el tamaño de mi ausencia». La poesía de Hayadelatorre es reflexiva y profunda, no atiende lo superfluo, no le interesa lo banal, de ahí que siempre esté en continuo movimiento que suba y descienda, que frecuente el límite: «…Y sigo, / hacia el final de toda posesión…Resuelvo / hacia la dislocación: la mudez del grito. Y continúo / el descenso hacia la luz…». En este continuo divagar del poeta y su particular manera de interpretar el mundo destacan poemas clave como “Itinerario” («Preguntar por las últimas palabras de los libros y morir con el susurro en los labios»), “Desinencias”, “Virtud de la ceniza”, “Querella del doble”, “Lenguaje de los bosques” (la Naturaleza es una constante en su escritura) o “Nefelibata”, del que extraemos estos versos que cierran el poema: «Así, contempla desde las honduras los senderos / de la vida y la muerte. / Imagina tu hábitat en el desierto. Y habla / enumerando la nada, / tu existencia». Toda la tensión poética contenida en este libro podría resumirse con esta afirmación del poeta: «Priman las palabras para dar forma a las ideas, no al revés”.

Título: Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo
Autor: joséagustín hayadelatorre
Edita: Amargord (Madrid, 2016)








JUAN DE LA CRUZ Silencio y creatividad
Conviene a veces despejarse un poco de las lecturas de poesía actual –tan plana e insustancial en muchos casos- y adentrarse en el estudio pormenorizado de autores clásicos, que nos deparan verdadero gozo al comprobar su vigencia aún y su excelencia literaria. Ahondar en la figura del más grande poeta místico español Juan de la Cruz es lo que nos propone la escritora e hispanista Rosa Rossi (Casona, Italia, 1928 – Roma, 2013) en este extraordinario ensayo que titula “Juan de la Cruz. Silencio y creatividad”, que escribiera allá por la década de los años 90. Rossi es una gran conocedora de la poesía mística española y a ella ha dedicado otros estudios como el realizado sobre Teresa de Jesús, recogido en el libro titulado “Teresa de Ávila. Biografía de una escritora”. En esta ocasión Rossi nos introduce en la vida y obra de Juan de Yepes, destacando en todo momento al hombre que acompaña siempre al poeta, que vive y siente como ser humano, pero que es capaz de transformar su experiencia vital en algo que va más allá del conocimiento y la lógica, que trasciende de sí mismo. Rossi nos procura el acercamiento al hombre de Juan de Yepes desde sus primeros días de existencia cuando nos habla en el primer capítulo del libro de “El hijo de la Catalina”, donde relata las vivencias en el seno de una familia muy pobre, de una vida truncada por la pronta muerte del padre, tenía entonces Juan de Yepes 3 años. Con relación a la infancia del poeta escribe Rossi: «Catalina y sus hijos vivieron, en conclusión, en los márgenes del gran ejército de mendigos que atravesaba Europa entera y cuyas filas se adensaban particularmente en España. Para llegar a comprender un poco al menos el itinerario de este creador solitario habrán que recordar siempre que tuvo muchas ocasiones de ver en la gente que estaba a su alrededor, o incluso en su propio rostro –y en el de sus hermanos- la imagen del hambre, de la “enfermedad de la miseria” tal y como la encontramos descrita a través de testimonios de la época en los libros de Pietro Camporesi: Se ve a casi todos reducidos a una flaqueza deforme a modo de momias». Esta trascendente circunstancia, junto al conocimiento del trabajo manual en aquellos primeros años fue determinante en su posterior formación intelectual: «En realidad Juan de la Cruz es uno de los escasos escritores que han conocido el trabajo manual antes que el intelectual. Su madre le envió al taller primero de carpintero, después de sastre, luego de grabador y finalmente de pintor. Y entretanto Juan ayudaba en su casa, de buen grado y con ahínco, en la labor de tejer». Estos son los dos grandes pilares sobre los que sustentará su vida. Nunca, pues, olvidará su condición humilde, ni como hombre ni como poeta. El conocer cuando era enfermero en el Hospital de la Concepción de Medina del Campo a su administrador, Alfonso Álvarez de Toledo fue determinante para su formación intelectual: «Durante los años en que frecuentó los estudios clásicos –además de las fascinantes posibilidades del lenguaje poético y en prosa en las páginas de los escritores antiguos- Juan debió descubrir la extrema dimensión radical del conocimiento como esfuerzo para ir “más allá”, de pasar como a través de un muro hacia lo desconcido, hacia lo incognoscible».

 Convertido en Juan de Santo Matía de la orden de los carmelitas calzados no tardaría mucho, tras conocer a Teresa de Cepeda, fundadora de la orden de los carmelitas descalzos en tomar por nombre Juan de la Cruz. Rossi analiza en este magnífico ensayo otras cuestiones como sus relaciones con Teresa de Jesús, la vida conventual, las diferencias, su paso por la cárcel, su estancia en Beas de Segura, Granada, Madrid, pero sobre todo nos adentra en la esencia del Juan de la Cruz poeta a través de su obra. Esta es la cuestión más importante y que podría resumirse, para comprender –si acaso puede comprenderse hoy aquella vida- al poeta en dos aspectos esenciales de la condición humana: «la capacidad para estar en soledad, para estar uno consigo mismo, y la disponibilidad auténtica para con los demás. Una “soledad sonora”». Todo en Juan de la Cruz fue pasión, pero sobre todo una dejó entrever, como dice Rossi: «la pasión por la soledad. La necesidad de estar físicamente solo y físicamente en silencio. En él esa pasión por la soledad “no era como una laceración, sino como una herida que cicatriza, la clausura fecunda donde poder reencontrarse, un lugar de recogimiento…era el estar consigo mismo». Y como conclusión, una más entre las muchas que pueden encontrarse en la lectura de este libro, tomemos estas palabras del prólogo a “Subida del Monte Carmelo”: «ni basta ciencia humana para lo saber entender ni experiencia para lo saber decir; porque sólo el que por ello pasa lo sabrá sentir, mas no decir».


Título: Juan de la Cruz. Silencio y creatividad
Autora: Rosa Rossi
Traducción: Juan-Ramón Capella
Edita: Trotta (Madrid, 2010)


  






Salamanca se convierte cada año en puente de la palabra poética. Diecinueve años viene celebrándose un Encuentro de Poetas Iberoamericanos en esta ciudad mágica y misteriosa, donde el saber es su esencia misma y el libro el más grande de los tesoros, como lo prueba la Biblioteca Histórica de su Universidad. Un año más, la ciudad de Salamanca, aromada de poesía, gracias al Ayuntamiento y a Pilar Fernández Labrador, alma mater y fundadora de estos Encuentros, rinde homenaje “Al hidalgo poeta” Miguel de Cervantes con un libro antológico en el que participan destacados poetas iberoamericanos, de los cuales veinticuatro asisten por vez primera a este evento poético e integran la antología: 

Juan Mares (Colombia), José Luis Najenson (Argentina-Israel), Marina Izquierdo (España) Etnairis Ribera (Puerto Rico), Jorge de Arco (España), Gisele Wolkoff (Brasil), Martín Rodríguez-Gaona (Perú), Adriano de San Martín (Costa Rica), Carmelo Chillida (Venezuela), Salvador Galán Moreu (España), Humberto Vinueza (Ecuador), Xesús Rábade Paredes (España), José Antonio Santano (España), Theodoro Elssaca (Chile), José Luis García Herrera (España), Germán Guerra (Cuba), Jacob Iglesias (España), Nidia Marina González (Costa Rica), Leocádia Regalo (Potugal), Ingrid Valencia (México), Carmen Palomo (España), Everardo Norōes (Brasil) y Yuri Talvet (Estonia) y Abdul Hadi Sadoun (Iraq), nombrados Huéspedes Distinguidos de la ciudad de Salamanca. 
En palabras del profesor y poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart (coordinador del Encuentro) las razones de este homenaje podrían resumirse así: «Si bien Cervantes no fue a América, a pesar del mucho afán que puso en ello, desesperado…, lo cierto es que poeta de América sí vienen a Cervantes, bien fusionados ya los dos continentes de la Mancha, y con las manos perfectamente entrelazadas a poetas brasileños y lusitanos, más algunos invitados necesarios, de otros países». s poetas y otros más, entre los que se encuentran: Antonio Salvado, Antonio Colinas, José Mª Muñoz Quirós, José Pulido, Carlos Aganzo, Héctor Ňaupari, Álvaro Mata Guillé, Marisa Martínez Pérsico, Tomás Acosta, entre otros. Es esta una antología en la cual hallamos voces y registros poéticos muy diferentes según la procedencia del autor, determinados lógicamente por la experiencia vital influida por aspectos tales como el paisaje, la Naturaleza, amén de otros referentes universales como son el tratamiento del tiempo, el dolor, la soledad, el amor o la muerte. “Al hidalgo poeta” es una antología que nos invita a conocer, aunque sea solo de forma aproximada, las poesía de los poetas seleccionados para la ocasión, así como del resto de poetas que han querido estar presentes en este merecido homenaje al Cervantes más desconocido: el poeta. Dada la imposibilidad de mostrar el trabajo de todos, seleccionaré algunos  fragmentos de los poemas contenidos en la antología: «Loco Cervantes / Justicia, libertad, verdad / Como el Quijote», (Juan Mares), «Es mejor volver al mar para todo, / para olvidar y celebrar, / y frente a semejante dios desnudarte / con placer y sin temores, festiva y sin complejos» (Etnairis Ribera), «no me saben muerto en la vida sin nombre / vivo en la muerte que me nombra» (Adriano de San Martín), «Escribo. A través de mi cuerpo fluye / una fuerza que se esfuma, me abandona, / y como todos tengo que seguir viviendo / con el esfuerzo diario, / el que no es permitido rechazar» (Carmelo Chillida), «Por todos los vivos que me ha robado, / me quedaré aquí para desollar a a la muerte, / le sacaré los ojos y dejaré sus vísceras colgando. / Romperé cada uno de sus malditos huesos / hasta molerlos como tiza lanzada con rabia al viento. / La Muerte, la Muerte anda por estos lados / ya la he visto» (Theodoro Elssaca), «Escribo para quien, un día, quizá lejano, / encuentre entre mis versos un ápice de esa vida / que he ido dajando –gotas de sangre o tinta- / sobre el páramo agreste de todos mis silencios» (José L. García Herrera), «Amar implica a veces / dejar todo cerrado / quedarse dormida en los parques / olvidar todo / cerras cosas. // Y creer por un momento / que no se abrirá nada / nunca más», «En el sueño hay un río que se lleva el cadáver / y un árbol que sujeta el temblor. / Aquí, en el negro inmóvil, bajo un viento artificial / la vida se devora» (Ingrid Valencia), «Cuento fragmentos / reoordeno parábolas: / una porción de los que soy / recuerda las fronteras / del Universo» (Everardo Norōes), «Aun así, seguirás siendo libre y podrás confundirte, / porque junto a nosotros revolotearán las almas, / perpetuamente, en los aires del abandono» y pór último: «En tu amor / soy como aquel trovador que decía / yo sé que mi corazón te desea / y tu ausencia es mi castigo divino» (Abdul Hadi Sadoum).

Título: Al hidalgo poeta. Antología en homenaje a Miguel de Cervantes
Autor: AA.VV
Edita: Ayuntamiento de Salamanca. (Salamanca, 2016)





CIUDAD CELESTE
Antología homenaje a Valente

Visitar la casa de Valente es uno de los mayores placeres que puede encontrar un poeta que viva en Almería. Dejarse aromar por los recuerdos que la imaginación redime en las estancias no se puede describir. La luz de Almería, lo dijo el poeta hasta la saciedad, lo atrapó, y no de forma transitoria, sino hasta su muerte. También el desierto, y yo añadiría el silencio que, curiosamente, casi no aparece en su obra pero está en él, en la casa y el Cabo. A esa luz se ha referido el poeta en multitud de ocasiones, como en esta: «No sabríamos decir cuánto debemos ya a esa luz, que puede ser alta y terrible como un dios o declinar como animal de fuego hacia el crepúsculo, arrastrando con ella todo el cielo hacia la línea donde no acaba ciertamente el mar». En el prólogo del libro, escrito por Ismael Diadé, hallamos el calor de la palabra también, la iluminada voz, el verbo preciso, el reconocimiento a la obra de Valente, a su vida y a su muerte: «Con el tiempo, la muerte acaba poniendo a cada uno en su sitio. 
Ni esa muerte, último inconveniente de haber nacido, ni el nacer común a todos bajo el sol hacen una notoria diferencia entre los hombres. La diferencia les viene del camino entre el nacimiento y la muerte. En ese caminar entre la cuna y la tumba, Almería fue un hito decisivo, casi el último que Valente vivió. Almería es su ciudad celeste de tenue y nítida luz. Aquí, José Ángel Valente encontró en sus últimos años el jardín de sus delicias y la claridad que precisaba. Aquí, dio con su lugar 4respondiento a la vocación íntima del desierto que llama y llena a sus allegados entre el silencio y la nada anidada entre sus versos y su diálogo con Ibn al-Arif, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Miguel de Molinos, y todos aquellos místicos que vivieron entre la materia y la memoria iluminada, el abismal sentir de lo divino». “Ciudad celeste” no es sino el resultado de una antigua deuda de Almería y sus poetas con Valente; una antología con el canto de 45 poetas: 

Faun Ataya, Julio Béjar, Alfonso Berlanga, Antonio Bocero, Aureliano Cañadas, Antonio Carbonell, Concha Castro, Juan José Ceba, Pepe Criado, José María de Benito, Guillermo de Jorge, Alonso de Molina, Julio Alfredo Egea, Virginia Fernández Collado, Aníbal García, Antonio García Vargas, Juan José Guerrero, Germán Guirado, Perfecto Herrera, Toño Jérez, Rafael Jiménez, María Ángeles Lonardi, José Luis López Bretones, Carmen López, Estefanía Martín, José Luis Martínez Clares, Estefanía Montero, Domingo Nicolás, Juan Pardo Vidal, Álvaro Perals, Emilio Picón, Raúl Quinto, Pilar Quirosa-Cheyrouze, Diego Reche, Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, Ana María Romero Yebra, Andrés Rubia, José Antonio Sáez, Francisca Sánchez, José Antonio Santano, Mario Sanz, Pedro Soler, José Tuvilla, Francisco Vargas y Graciela Zárate. 

La palabra poética para quien tanto hizo por ella, para quien se desnudó ante sí y el mundo, en una suerte de mística ineludible para el lector que desee conocer una de las páginas de la poesía universal más destacadas del siglo XX y comienzos del XXI: la poesía de José Ángel Valente. En esta tierra almeriense, en este sur tan olvidadizo, y del que dijo el poeta: «El sur como una larga / lenta demolición.», la luz de la palabra vuelve para ascender a la negrura de la noche y adentrarse en su silencio y soledad –que tanto frecuentó Valente- y luego de escuchar sus sonidos, sentir el escalofrío de la poesía, de la palabra. Por ser una empresa imposible citar fragmentos de todos los poetas contenidos en este libro, haré referencia sólo a los más representativos respecto a la obra de Valente y aun a pesar del riesgo que pudiera derivar de esta circunstancia. Ya en las primeras páginas hallamos “Poema en azul”, de Alfonso Berlanga, que alude a ese color tan cercano al Valente mediterráneo: «Si alborada de azul tiñera tu ventana, / encendido carbón en azul tus sentidos, / tu almohada de azul, / azul tu sueño, / cuánto de azul sintieras / si el azul te dejara… te dejara». Frente a la veteranía de un poeta, la juventud de otro, Juan Pardo Vidal, en la palabra trascendida, que se adentra en la nada, a la que tantas veces acudiera también Valente: «Amo el cántaro, tiene la suprema / realidad de la forma, hueco inánime, / bello y servil el cántaro y el canto, / se desmorona el aire desde el aire, / que disuelve la piedra en polvo al fin… ». “Ciudad celeste” respira por cada poro de sus páginas a través de los poetas participantes, pues muchas son las voces y muchos los registros, y en todos, la luz de la poesía en el recuerdo al gran poeta José Ángel Valente.
Título: Ciudad celeste
Autor: AA.VV
Edita: Instituto de Estudios Almerienses (Almería, 2016)





SEPTIEMBRE EN LOS ARMARIOS. RAMÓN MARTÍNEZ LÓPEZ

Volver a la tierra, a los lugares con los que se soñó alguna vez, ese pueblo bañado por el mar o quizá por un riachuelo cristalino, un bosque, una alameda, o, simplemente aislado en su soledad contenida es siempre una manera de sentir la vida en todos sus órdenes. Sucedió que un día ya lejano anduve por Fuente Vaqueros y los versos de Federico García Lorca me asaltaron fieros, luminosos, abrasadores. Allí todo fue distinto, todo calma y silencio, clamor de ausencias. Corría el mes de septiembre de un año cualquiera, en Fuente Vaqueros, en alma pura del poeta las horas se hicieron infinitas, deslumbradoras. Ahora, muchos años después, la poesía de otro poeta, vuelve a cruzarse en mi camino, y es septiembre el elegido, el mes de la nostalgia, de la melancolía y el recuerdo que brama en los adentros del poeta. “Septiembre en los armarios” es el poemario objeto de atención en esta ocasión, obra de Ramón Martínez López (Fuente Vaqueros, Granada, 1975), con la que fue finalista del XXIX Certamen de Poesía Villa de Peligros. Ya desde el primer poema, que da título al poemario, el poeta desvela sus intenciones cuando escribe: «Tengo nuestro septiembre en los armarios. / No me atrevo a sacarlo por si llueve / y se me oxidan recuerdos y nostalgias / o se me cuartea el rostro en la cartera». Es el amor que surge como un huracán y que crece y crece en el interior del poeta y que no puede silenciar ya: «Cómo negarte que te quiero, / que la vida sin ti carece de sentido / y cómo no pensar, mirándote a los ojos, / que este diciembre será el mes de tu sonrisa». El tiempo que todo lo afianza y que el poeta sabe bien que ha de transcurrir, sucederse hasta alcanzar el destino deseado, su destino, el camino que le llevará al amor definitivo, la verdad absoluta, su verdad. La observación del cosmos es una necesidad del poeta, el conocimiento y la reflexión de cuanto sucede a su alrededor, las claves sobre las que se asienta su universo poético: «De tanto girar el mundo ha perdido la cordura / y yo, loco insomne, no encuentro el sentido de otra risa / en esta noche de silencios varios / en que un desierto de sombras juegan a quererse». El poeta en su soledad toda, al cuidado de los días y las noches que se suceden monótonas, y que engrandecen su vital experiencia. De ahí que se rebele y se pronuncie contra lo que no quiere: «Yo no quiero rosas mutiladas / ni cualquier otra flor sin sus espinas. / Yo no quiero perfumes que sepan a mañana / ni aromas de un quizás con sabor a despedida». El amor sin condiciones, del “yo” al “tú” trascendido en el “nosotros”, que todo lo transforma y lo altera, irremediablemente: «Amarse, Amarse, Amarse / hasta descubrir en tu boca / que la noche en que no estás / tiembla mi noche». Es la entrega al otro hasta sentirse uno sólo y único cuerpo, una sola alma: «Esta tarde, será por siempre nuestra tarde / y nosotros, amantes de un instante eterno». La eternidad al fin, en el amor, en la infinitud del tiempo, incluso en la tristeza de los días, en el dolor de la espera. Así el poeta, en este viaje iniciático, aprendiz de hombre y de poeta, se mira hacia adentro para descubrirse y descubrir el mundo, la hostil realidad que le rodea. Ya su canto contra las despedidas, contra la ausencia del amor y los recuerdos, esa creciente nostalgia incrustada en lo más hondo del ser: «Navegar no es más que asumir la despedida / por ese mar-espejo que mece los recuerdos. […] Y entonces yo descubro el enigma del naufragio: / no hay horizontes más allá de tu cintura / ni paraísos celestes al margen de tu risa. / Naufragar es alcanzar la victoria». El amor en sus más variadas representaciones, en los recuerdos que trascienden tras el tiempo transcurrido, el amor soledad y el silencio, siempre el poeta alumbrando el territorio de la vida, imaginando otros universos: «Quizá nunca deambule por Walt Street, / absorto en el frenético bullicio / de ese universo enumerado de oficinas. / Quizá nunca pase una noche en Manhattan, / ni surque las aguas del Hudson, ni acarice tus pechos en el piso 40 de mi vida. / Quizá, sólo quizá, tal vez nunca, todavía». Pero después de todo, de la vida misma, de sus sombras y sus luces, el poeta siente el paso del tiempo y en él se mira para saberse vivo, en los orígenes de la existencia y la memoria:
«Entonces, recuerdo al niño que deshojaba margaritas /
y soñaba versos imposibles / en la soledad de centinela  de la bañera. / Y por más que quiero, las orillas / se me antojan lejanas y distantes. / Y es que de todo comienza a hacer ya bastante tiempo».

 Título: Septiembre en los armarios
 Autor: Ramón Martínez López  
 Edita: Alhulia (Salobreña, Granada, 2015)    





EL GUARDIÁN DEL FIN DE LOS DESIERTOS
(Perspectivas sobre Valente)

H ay libros que dejan una huella imborrable por mucho tiempo que pase, de tal manera que la palabra escrita brilla en ellos con natural vigor, como es el caso de la edición que ahora comento en este espacio. Consecuencia del ciclo de conferencias llevadas a cabo en Almería en el año 2010, con motivo del décimo aniversario de la muerte del poeta José Ángel Valente se publica este libro “El guardián del fin de los desiertos”, título que responde, según se indica en su solapa, a un fragmento del libro, por aquellos días aún inédito, “Palais de justice”. Tres grandes apartados estructuran esta obra colectiva: el primero “Memoria”, con textos de Fernando García Lara, Ramón de Torres, José Guirao, Antonio Gamoneda y Andrés Sánchez Robayna; el segundo “Los signos”, con textos del crítico José Andújar Almansa, Lorenzo Oliván, Miguel Gallego y Jordi Doce, y, por último, “Centro y variaciones”, con textos de María Payeras, Ramón Crespo, José Luis López Bretones, Marcela Romano y Aurora Luque. Una experiencia lectora que nos sumerge en las claves de la ingente obra de José Ángel Valente, que nos ayuda a comprender mejor su poética. 
Si bien todos los textos, en su conjunto, enriquecen el conocimiento sobre la obra de Valente, nos detendremos, dada la limitación de espacio, sólo en algunos de ellos. El texto del profesor Fernando García Lara, sitúa a Valente en Almería: «La implicación de Valente en los problemas ciudadanos empezó pronto y en los dos lugares de su predilección: el barrio marginal de La Chanca y los paisajes desérticos, con especial predilección por Cabo de Gata», y añade: «En “Perspectivas de la ciudad celeste” se concentra quizá la más bella, lograda y poética meditación sobre el fondo histórico y el paisaje urbano de Almería». Otro de los textos destacados en esta obra colectiva pertenece a quien de forma continua y rigurosa es experto en la obra de Valente, el profesor Andrés Sánchez Robayna, que nos acercará al “Diario anónimo” de Valente, y que podríamos concretar o resumir así: «El “Diario anónimo” aspira a escapar a esa fosilización, a hundir en el anonimato la experiencia personal y a insertar –recordémoslo- la visión particular en el “potencial expresivo universal”. 
De ahí que lo estrictamente autobiográfico, en este “Diario”, pase a ocupar un plano segundo, a ocultarse o diluirse en lo impersonal, y que incluso, durante largos períodos, las referencias autobiográficas desaparezcan por completo. […] El rechazo de Valente a cualquier forma de relato de sí mismo, la aversión y hasta la impugnación del “moi aïssable”, es una de las características más visibles de estas páginas», pero además, nos dice el profesor Robayna: «El “Diario anónimo” viene a ser un fiel registro de las lecturas del poeta y un ajustado índice de sus preocupaciones y preferencias literarias, filosóficas y artísticas».
 El texto “El limo y la ciudad celeste”, del crítico José Andújar Almansa, nos sumerge en distintos aspectos de la obra poética de Valente, en la significación de los signos («Valente sugiere la ansiada tentativa de un lenguaje llevado a su infinita disponibilidad, ese punto en que el signo se comporta como pura expectativa de significación»), la voz («Un poema no existe si no se oye, antes que su palabra, su silencio»), la mística («Pero Valente, profundo conocedor de los procedimientos de la mística, escalonó ese descenso a la noche oscura de su material memoria a través de un conflictivo proceso de purgación de lo subjetivo»), el “yo” poético («En sus últimos años, Valente vuelve al yo, a su reflejo fracturado en las páginas de un diario que decidió titular “Fragmentos de un libro futuro”») o la idea del sur («Valente reivindicó su propia teoría del sur en torno a cuestiones como la desnudez, la esencialidad, el desierto, lo exílico o toda una teología de la luz» - El sur como una larga / lenta demolición-). El profesor de la Universidad de Almería nos acerca, principalmente, a las traducciones de Valente, y añade: «La obra de Valente, erudita y humilde, consciente y sonámbula, su poesía, su prosa, sus ensayos y sus traducciones son resinas que fortalecen el sistema inmunitario de nuestra contemporaneidad frente a lo prescindible y lo obsoleto, frente al continuo presente del arte o la literatura». 
Destacar los textos de Jordi Doce: “La búsqueda de lo propio. Valente ensayista y “La palabra y el canto” que, por falta de espacio sólo citamos, todo, claro está sin menosprecio alguno por el resto de los textos que integran el libro. Como corolario, esta definición de lo que para Valente es la poesía: «cosa para andar en lo oculto, para echar púas de erizo y quedarse en un agujero sin que nadie nos vea».
Título: El guardián del fin de los Desiertos. (Perspectivas sobre Valente)
Autor: AAVV
Edita: Pre-Textos (Valencia, 2011). IEA (Almería) y Consejería de Cultura.




LENGUAJE TACHADO. MANUEL RUIZ AMEZCUA

N o es frecuente en nuestros días hallar un texto que no sea correa de transmisión del pensamiento único que, casi sin darnos cuenta, se ha instalado en nuestras vidas de manera tan asfixiante. Hay que reconocer que un hecho así se agradece, porque es como si entrara un aire fresco y renovado por la ventana del saber, esa que de forma destacada concierne al libro, a la lectura, como nos recuerda José Jiménez Lozano cuando dice: «Por eso la lectura no es una forma de cultura, ni una obligación, ni algo útil, ni recomendable, ni siquiera algo conveniente, que lo es, sino una necesidad, la del hombre que precisa del libro, como de respirar, para pensar y sentir, para esclarecer la realidad y el laberinto del mundo». En este contexto de crisis generalizada y más particularmente de pérdida de valores y deshumanización creciente se presenta “Lenguaje tachado”. Escrito desde y por la libertad “Lenguaje tachado”, de Manuel Ruiz Amezcua (Jódar, Jaén, 1952) es un libro que invita, por el género que representa: el ensayo, a la reflexión, al debate, además de aportar conocimiento sobre algunos aspectos fundamentales de la historia literaria española, no solo del pasado y sus figuras más relevantes (San Juan de la Cruz, Cervantes, Lorca, Machado, Prados o Miguel Hernández), sino también del presente (Gimferrer, Colinas). No podemos olvidar, por su condición de poeta, el estudio que dedica al estado actual de la poesía española, que analiza de forma pormenorizada y muy crítica, mostrando su absoluta oposición al movimiento poético de la “nueva sentimentalidad”, más conocida por “poesía de la experiencia”, de la que dice: «Esta “experiencia poética”, que nos intentan vender como nueva es una experiencia de etiqueta, pero de ética, ni de estética. Tiene el tufillo campoamoriano de la mesa camilla y del franquismo sociológico, adobada con unos gramos de inservible realismo socialista, reciclado en postmoderno muy barato. Esta “experiencia”, por mucho que la disfracen, huele a cerrado y canonjía. Es el falso progresismo de los hijos de papá, con mala conciencia y vueltos al redil, pero sin que se note demasiado: ni lo de la conciencia, ni lo del redil». Ruiz Amezcua, poeta silenciado durante muchos años, se rebela en los textos contenidos en “Lenguaje tachado”, que no es sino como dice su prologuista, José María Balcells, un libro «que responde a la idea de que siempre hubo y habrá afanes de marginación del prójimo, afanes de reducir al silencio escritos de los que se recela y a los que se teme por entenderlos desestabilizadores. De ahí los afanes por tacharlos a fin de acallar voces incomodas que lo son por inconformistas, por resistentes a las imposiciones sistemáticas de naturaleza política, o de gremios culturales prepotentes que hacen y deshacen a su antojo con una impunidad que pretende perpetuarse». Ruiz Amezcua es consciente de la realidad que vive, aunque no le gusta y resiste a sus embates continuos, y por no querer ser cómplice de su aletargamiento y ruina, nos propone, también desde la esperanza, seguir el camino del conocimiento, de la palabra que vuela libre como los pájaros, para con ella llevar luz donde sólo habitaba la plena oscuridad. Así hasta los reencuentros con la verdadera literatura, lo que equivale a decir con la vida, que se concreta en los textos ensayísticos que Ruiz Amezcua dedica, con una visión distinta y aportaciones nuevas sobre Juan de Yepes (San Juan de la Cruz), para descubrirnos «el fenómeno sanjuanista y su zambullida en lo Absoluto, teniendo siempre en cuenta que todo arte verdadero en sí mismo es una forma de rebelde heterodoxia contra la productividad rutinaria de lo cotidiano», o de Cervantes, cuando escribe: «Cervantes logró no volverse loco porque había decidido escribir, porque escribir le pareció que era el mejor destino para un hombre, el de ensanchar la vulgaridad que nos rodea y convertirla en algo más divertido y más duradero», también cuando lo hace sobre Machado, García Lorca, Miguel Hernández, Emilio Prados, o de otros poetas actuales como es el caso de Antonio Colinas, cuando afirma que «es uno de esos poetas que ha sabido cumplir con una de las más altas misiones de la poesía: la conversión de la experiencia solitaria en solidaria». Como se ha dicho al principio, “Lenguaje tachado” es un libro que nos invita a reflexionar y a debatir, y por ello, dado el precario estado de la cultura en general y la literatura en particular, se hace necesaria e imprescindible su lectura. Quizá así no perdamos la esperanza en el futuro.


Título: Lenguaje tachado
Autor: Manuel Ruiz Amezcua
Edita: Galaxia Gutenberg
(Barcelona, 2016)


ACTOS DE AMOR DE ANTONIO PRAENA

E n una sociedad que solo adora el consumismo y el dinero, hallar momento para escuchar el sereno fluir de una música apasionadamente amorosa es un verdadero regalo. El hombre está demasiado preocupado por obtener pingues beneficios, sin importarle las formas de su obtención; la razón primera y última de su existencia, desgraciadamente, está basada en el poder del dinero, como ya nos advirtiera Quevedo tiempo atrás. Sin embargo, de vez en cuando, por fortuna para los lectores de poesía, sucede el milagro y una deslumbrante luz, un fuego interno nos consume en la palabra viva y descarnada del amor, del amor sin peros, desnudo, libre, solidario y fraternal, del amor que resucita en el otro, ya no es el yo buscándose a sí mismo, aunque forme parte de la misma búsqueda, sino el amor en su totalidad, esencial, único. La poesía se reencuentra con ese amor trascendido en cada acto, en cada objeto, cosa o nombre, en el amor compartido, vivido en el otro y para el otro, el que renuncia a su yo, el que habla del dolor de los hombres, de las alegrías y también de los deseos o los sueños. El corazón que sólo late si el amor los sustenta, emoción y verbo conjugados para ser substancia misma, única razón de la existencia. Tal vez, y es una suposición, el poeta Antonio Praena (Purullena, Granada, 1973) decidiera en su día escribir “Actos de amor”, poemario galardonado con el XXII Premio Nacional de Poesía “José Hierro” y que traemos a este “Salón de lectura”, aun a sabiendas de su reciente edición por otra editorial. Con “Actos de amor” se confirma la esencialidad poética de Praena, su decir, su ser y estar ante la desnudez de la palabra, adentrándose en su interior para construir un discurso desgarrador, claro y sugerente al mismo tiempo, capaz de contagiar al lector hasta abrasarlo en las llamas de la poesía, y en consecuencia, del amor que desgrana en cada poema contenido en este libro. Praena se presenta en otro hombre distinto al que fue después de haber sido herido por el amor, compartiendo sus experiencias, sus actos cotidianos, que no son sino su vida toda: «Dime tan sólo que tan sólo / mi vida ha sido inútil, pues declara / von Balthasar que no hay otra belleza / más honda en el amor que el simple acto / de amar sin beneficio». Su condición humana, también religiosa (Praena es fraile dominico) están muy presentes en “Actos de amor”, casi deviene de un estado catártico, casi místico en su esencia, en esa diálogo-búsqueda de la razón última. El amor es el centro, alfa y omega de este viaje que sustenta la palabra poética, y Praena sabe bien el riesgo que lleva adentrarse en su bosque de alimañas que todo lo devoran, porque el amor también puede devorarnos. Esta es la cuestión y el poeta lo sabe, aun así, necesita hacerlo. Sentir en propia carne cada golpe, el dolor de los otros, abismarse en la vida, para vivirla luego abrasado en ella, misericordioso: «No acepto más criterio, no escucho otro silencio, / no admito contextura que no sean / la rabia, la piedad, / el canto por el canto o el delirio / que rapten mi existencia y la derrochen / en puro acto de amor». Siempre en un continuo diálogo con la vida, Antonio Praena erige su más grande obra humana, basada en el amor con el que evangeliza desde la libertad y el conocimiento, con su deslumbrante voz poética. El poeta indaga en su interior hasta descubrirse solo, indefenso ante la inmensidad del universo, y por eso alza el vuelo hacia lo desconocido, y en el misterio de las cosas vive, en su fuego se abrasa, en los regresos resucita: «Como era de esperar, / la vida es diferente a las palabras / y, ahora que lo sé, sólo deseo / que acabe este viaje por el norte / de Europa para estar junto a vosotros». Volver a casa para sentir el peso del tiempo, del pasado que se agarra a la garganta y se eterniza en la nostalgia de la ausencia del padre: «Papá / si hubiera néctar dulce en estos versos, / si dejo aquí la esperanza y no se pudre, / será sólo por ti, / por ti que sin saberlo me enseñaste / las cosas imposibles que yo canto». En “Actos de amor” hallamos el Praena esencial, su poética luminosa y abrasadoramente humana, que no deja indiferente, su sonora luz, su verbo llama: «Te doy lo que no tengo: aquí voy todo. / Libértame de mí, méteme dentro. / Gozoso de perder, gano la vida. / Entrando en tu pupila, nazco entero». Todo un “acto de amor” en la luz de la palabra.

Título: Actos de amor
Autor: Antonio Praena
Edita: Universidad Popular José Hierro
Ayuntamiento San Sebastián de los Reyes (Madrid, 2011)


HERIDA DEL JUGLAR DE JAIME GARCÍA

En esa indagación por saber de la Poesía, el poeta y traductor peruano Emilio Adolfo Westphalen, escribió: «¿Cómo se llega a este estado que podríamos calificar de tiernamente delirante? No ha sido nunca (a mi entender) esclarecido el fenómeno de la iniciación poética. Intuyo que son innumerables y variadas las vías que conducen —por extraviados oscuros e imprevistos caminos— al primer contacto —a la revelación primigenia. Lo cierto es que quien ha abierto los ojos y oídos a la percepción de un canto de ninfa o sirena —difícilmente podrá desprenderse de la nostalgia de sentirse nuevamente cautivado por ella». Ciertamente, poco se sabe de ese camino iniciático, de ese momento único en el que sin casi apreciarlo conscientemente la poesía es fulgor y alma, revelación y revolución primero y luego trascendida luz de la palabra, que todo lo envuelve y embruja. Afortunada la poesía en lengua española y afortunados los lectores que se acercan a ella, invocados por la musa para complacer no sólo los sentidos sino también el alma. “Herida del juglar” es uno de esos libros que te envuelven y te conmueven, su autor Jaime García Maffla (Cali, Colombia, 1944), poeta, también filósofo y ensayista que reúne en este volumen antológico de su poesía escrita entre los años 1972 y 2016. “Herida del juglar” viene a confirmar al poeta García Maffla como una de las voces más destacadas de la poesía colombiana actual. Precede a la selección (íntima) de los poemas contenidos en este libro un acertadísimo prólogo del también poeta Alfredo Peérez Alencart, que ya nos advierte de los fundamentos de la poética de García Maffla cuando dice: «importa la esencialidad del verso y no la contorsión o extensión que, muchas, veces, asfixia el decir poético, restando un voltaje imprescindible para la conmoción y el aprendizaje de esa otra realidad que el autor insufla en sus textos», o dicho de otra manera, importa la palabra transformadora de la realidad percibida, de la vida, y por esto mucho más desnuda y libre, como un canto que ascendiera hasta el firmamento o los confines del mundo. La vida como experiencia única, lo sea dolorosa o placentera, como así ya lo expresa el poeta en el primero de los poemas elegidos: «Vive si puedes / Fueron las tres palabras / Que le dijo a su propio corazón / Al saber que debía / Despojarse de todo e ir al desapego, / Plantar en su jardín la flor morada del / Desprendimiento. / Ahora, si puedes, vive, / Así se dijo…». Luego del origen y los silencios serán las señales, los gestos, la huella del hombre sobre la tierra, la Naturaleza en su ser, y la poesía como consecuencia de todo: «No haces ya / Los versos, no los haces. / Tal vez la poesía / Sea sólo una forma de señal / De los atardeceres de tu alma». El poeta observa desde su atalaya lo que sucede a su alrededor, lo interioriza, lo disecciona y luego escribe, detenido en la pequeño o nimio, en el detalle, la sencillez de las cosas, de los nombres: «Detenidas las barcas… / Los marineros / Pintan los nombres / De sitios o mujeres en la proa, / Tejen las velas rotas». Habla consigo mismo, se pregunta y responde, revuelve su interior y lo agita en esa búsqueda apasionada de la verdad, de la vida, si es que existe en plenitud, cuando surgen las palabras y son duelo o renuncia, dolor, la soledad o el deseo: «No quiero más palabras / Que las de la conversación de la lluvia, / Ni más verdades / Que los colores de las mariposas. […] No ya certezas / Salvo los pensamientos de los pétalos, / No quiero más sosiego / Que el de lo silencioso en el silencio». García Maffla ahonda en la luz sonora de la oscuridad para encontrarse a sí mismo y al otro que vive en él, mira fijamente a su otro yo, y de esa fusión, de esa comunión casi mística nace un ser distinto que se abisma y se perturba. Es la vida en tragos cortos, día a día, segundo a segundo, la que vuelve una y otra vez a los sentidos, y se rebela para hacer de la palabra el don más puro del hombre. La vida es herida, la del juglar en la voz de García Maffla, fuego que abrasa los corazones. La salvación está en los versos, en la poesía que desde muy niño abrigó al poeta: «Sé que existen los versos / Y que los he amado desde niño». En la palabra la luz que deslumbra los días y la eternidad: «Entonces las palabras / Serán esa palabra, / Hoja caída de una rama eterna, / Que hemos de oír en labios del Silencio». Poesía para la vida en la honda voz del colombiano Jaime García Maffla.

Título: Herida del juglar
Antología poética íntima (1972-2016)
Autor: Jaime García Maffla
Edita: Hebel (Chile, 2016)

POESÍA COMPLETA  DE FEDERICO GARCÍA LORCA

H a sido objeto de atención recientemente, al cumplirse 80 años de su asesinato, la figura del poeta Federico García Lorca. Nunca el olvido habría que decir a viva voz, como si la sangre de su verbo corriera por sus venas, aún después de muerto. Tras este tiempo transcurrido sus huesos siguen ocultos bajo la tierra, al igual que los de miles de españoles, una injusticia y desvergüenza que no tiene razón de ser y de la que nuestros gobernantes, inexplicablemente, son los únicos responsables. Se han cumplido 80 años y nadie, a excepción de los poetas y escritores, ha querido mantener la llama viva de su recuerdo, de su poesía. La vida de Federico García Lorca fue corta pero intensísima (1898-1936) y su temprana muerte, recordando aquellos versos de Miguel Hernández “temprano madrugó la madrugada”, sisn duda alguna, nos dejó un vacío inmenso, suplido solo por su inmensa obra. Pero de todos los homenajes que puedan dedicarse a Federico el más necesario será siempre leer sus textos, y en el caso que nos ocupa, esencialmente su poesía. Sobre la poesía, precisamente, dijo Federico: «Pero ¿qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle, y nada más. Comprenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores. Pero ni tú ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la Poesía», de “Carta abierta a G(Gerardo) D(Diego). Desde el comienzo Federico muestra una innegable condición de creador que, como se comprueba más tarde, no sólo abarca la poesía, sino otras disciplinas o manifestaciones estéticas como la música, el dibujo o el teatro, entre otras. Federico bebe de la rica tradición literaria española, tanto culta como popular, quizá esta última más visible en sus textos primeros (Libro de poemas, Canciones, Romancero gitano y Poema del cante jondo) y que rompe después con su obra más vanguardista y original, estremecedora incluso de “Poeta en Nueva York”. De “Romancero gitano” es este fragmento del romance “Prendimiento de Antoñito el Camborio en el camino de Sevilla” que muestra ya a las claras esa singularidad creadora, capaz de transformar metafóricamente el mundo que le rodea mediante el poder de la palabra, su palabra, que vislumbramos ya trágica: «El día se va despacio, / la tarde colgada de un hombro, / dando una larga torera / sombre el mar y los arroyos. / Las aceitunas aguardan / la noche de Capricornio, / y una corta brisa, ecuestre, / salta los montes de plomo. / Antonio Torres Heredia, / hijo y nieto de Camborios, / viene sin vara de mimbre / entre los cinco tricornios». Será, no obstante, su viaje en 1929 a Nueva York, el que proporcionará a Federico nuevos elementos o recursos estilísticos que romperán con todo lo anteriormente escrito. La experiencia americana influirá en su nueva concepción de su poética, se hace más hermético como consecuencia de la nueva realidad, abandona la métrica y la rima para acomodarse al verso libre, en el que tiene cabida una nueva forma de expresión, directa y compulsiva, enloquecedora, onírica, transformadora de esa propia realidad vivida y sentida. Federico vive una experiencia desestabilizadora, la civilización deshumanizada que conoce es la base de su nuevo discurso poético, rupturista y desgarrador, un tiempo para la pura creación en el que las metáforas y las imágenes son perturbadoras, en el que su sentido trágico de la vida (¿premonición de su propio destino?) se hace más patente en sus versos, mucho más dolorosos y tristes, más agónicos. Para ilustrar lo dicho este fragmento del poema “Danza de la muerte”: «Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos, / que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas, / que ya la Bolsa será una pirámide de musgo, / que ya vendrán lianas después de los fusiles / y muy pronto, muy pronto, muy pronto. / ¡Ay, Wall Street! / El mascarón. ¡Mirad el mascarón! / ¡Cómo escupe veneno de bosque / por la angustia imperfecta de Nueva York! Leer, leer y releer a Federico García Lorca será siempre nuestro más certero homenaje.
Título: Poesía completa
Autor: Federico García Lorca
Edita: Galaxia Gutenberg

MEMORIA DEL PÁJARO.  JESÚS MONTIEL

P oetas, editoriales y lectores se preguntan cada cierto tiempo sobre el presente y futuro de la poesía, su utilidad, etc. Es un hecho incontestable que la joven poesía española ha adquirido protagonismo y que ocupa un lugar destacado en el mercado, sin que ello signifique que la calidad siempre acompaña a esta circunstancia. El pasado mes de julio, durante el transcurso del curso de verano de la Universidad Internacional de Andalucía (La Rábida): “Los poetas del siglo XXI. Joven poesía española en la era digital”, se ha dicho que «Los referentes de los poetas más jóvenes hay que buscarlos en la poesía de la experiencia y en la posterior poesía de la incertidumbre», para añadir seguidamente que «Es el abandono de la intelectualidad y la filosofía que comporta todo verso por el golpe de corazón, por un modo más rápido por llegar al que tienes enfrente». El único problema que deriva de estas reflexiones es que se corre el peligro de crear modas y modismos que se alejan del verdadero sentido de la poesía, de su esencia. “El modo más rápido por llegar al que tienes enfrente”, tal vez no sea lo más acertado, la poesía necesita de recogimiento, meditación y silencios que la aparte del ruido, del espectáculo mediático.
La poesía tiene que nacer del interior, como una sacudida electrizante capaz de generar un estado catártico, delirante incluso. La juventud debe aportar a la poesía este aire fresco y limpio, el ímpetu por el cambio, pero sin olvidar la esencia de la poesía precedente, de los poetas que han engrandecido el panorama poético universal, ésta y no otra es la mejor escuela, la tendencia más acertada para alcanzar la meta. El poemario “Memoria del pájaro”, de Jesús Montiel (Granada, 1984) es hijo de su tiempo, retrato de una experiencia vivencial que acerca la poesía a través de un lenguaje sencillo, inmerso en la realidad circundante, capaz de trascender un simple objeto (una botella, un vaso) o un momento vivido. El poeta observa cuanto le rodea con la intención de poetizarlo, de tender puentes de comunicación con el lector a través del lenguaje, que como ya hemos dicho, se ofrece sencillo y cotidiano, «dejándose atrapar por la belleza de lo minúsculo, aquello que pasa inadvertido», como así lo expresa el propio autor la “Declaración de intenciones”. Campa la incertidumbre por este poemario, el sentimiento de fracaso, consecuencia de una experiencia vital que debiera inquietarnos si nos atenemos precisamente a la juventud del poeta:
«Existe lo que llaman vida eterna. / Ayer por la mañana estaba muerto. / Anduve la ciudad / y todo parecía otro lenguaje. / Los árboles no hablaban: eran formas inmóviles / de pie sobre la acera / y el cielo un palomar deshabitado». Vivir un tiempo que se abisma en la soledad y el desvalimiento donde no existe horizonte, un gesto o una imagen que nos convoque en la fraternidad humana: «Precintan este azul que te emociona: / hoy Rusia le ha prohibido / a Turquía la entrada en cielo sirio. / Recuerda cuando solo era del pájaro». La palabra se convierte así en el único haz de luz, y la juventud en aliento y alimento para no desfallecer ante la cruda realidad, como muestra el poeta en estos versos críticos con la acción política de los gobiernos:
«Tiene barba el Estado y don de adivinanza. / Nos dice que la Tierra Prometida / existe más allá de los recortes, / allende los desahucios y las cifras del paro […] Cada poco la historia se repite: / oculto en el profeta se esconde un faraón / que acalla los anhelos / del hombre cotidiano. / Otro Egipto más árido al término del voto». En la cotidianidad nada el poeta, se deja acariciar por el rumor de la palabra, prosaica a veces, para hallar los silencios, sus silencios: «Hubo un tiempo remoto donde el hombre / comía al mediodía / sentado en el salón junto a los suyos.[…] Ahora es el silencio / quien ocupa las sillas diariamente».
La incomunicación y la soledad es la consecuencia de vivir un tiempo en el cual la televisión, la telefonía móvil e Internet ha sustituido y desplazado a la palabra. De la incertidumbre y la desesperanza del poeta:
«Previendo los rigores de un diluvio
/ que seguro vendrá
/ cuando arrecie el hastío y su tormenta…»,
al jubileo de la vida en el campo, a la alabanza de aldea:
«Cómo voy a dormirme, por muy tarde que sea,
/ si en esta oscuridad /
se escucha lo que fuimos muy antes de ser dioses. /
La música primera de un mundo todavía con el miedo».
Para Montiel «El poema es una espalda /
que me asoma al milagro /
burlando la pared de la costumbre»,
razón que avala a este poemario como ganador del XXXI Premio de Poesía Hiperión.

Título: Memoria del pájaro
Autor: Jesús Montiel
Edita: Hiperión (Madrid, 2016)


MOHAMED DOGGUI. LA SONRISA SILÁBICA

D e la nada, de lo más íntimo nace la voz de la poesía y nadie puede detener ese momento mágico y misterioso en el cual brota la palabra y se crea otro universo capaz de provocar el caos absoluto, el gran seísmo del lenguaje. No es fácil hallar ese estado de catarsis, pero una vez en él ya nada es comparable, el deseo de permanencia ilimitado. Convocadas todas las fuerzas de la Naturaleza, el silencio brota por doquier, como una corriente imparable que nos abismará en la espesa luz de la palabra. Todo está preparado para un viaje a lo desconocido, a la cima del misterio o a las profundidades nebulosas de la lengua. Ese viaje, en esta ocasión lo haremos con el poemario “La sonrisa silábica”, del profesor y poeta Mohamed Doggui (Túnez, 1956), que elige el idioma español como forma de expresión poética. Cohabitan así en su concepción del mundo dos culturas: la árabe y la española, dos universos origen de su poética, pero que encuentra en el español su natural forma de expresión. La clara influencia de la tradición poética árabe y española convergen en “La sonrisa silábica”, de forma que la brevedad del verso, de metro octasílabo, la observación reflexiva de la realidad que se presenta ante sus ojos, donde la ironía ocupa un lugar predominante, y el mestizaje idiomático, hacen de Doggui un poeta singular. La magia de su poesía se halla en los hechos cotidianos de la vida, de los que extrae siempre una razón, un pensamiento, una enseñanza. A Doggui le atrae el silencio, y por eso busca en él los matices, la esencia misma de las cosas a través de la palabra. Abre el libro un acertadísimo prólogo del también poeta y profesor Manuel Gahete, que nos acerca luminosamente a las claves contenidas en los setenta poeta que contiene el libro: «Mohamed Doggui conoce bien la naturaleza humana y establece con el lenguaje un pacto solidario, tintando su palabra de sutil ironía, iluminando el sendero en sombra con un cristal de luz que nos allega, que nos unge de afectos, que nos inclina a ver el mundo con rozagante perplejidad, como si cada día fuera nuevo y redescubierto por el asombro del amor». El poeta nos sorprenderá siempre con el verso medido, exacto, para acabar mostrándonos la parte oculta, la que trasciende a través de su implacable mirada, que se detiene en el detalle, en lo cotidiano, origen del ensueño:
«Ella me preguntó
/ en qué pintor ilustre
/ yo me reencarnaría,
/ si en Picasso o en Dalí,
/ y al instante le dije,
/ y sin saber por qué,
/ que ni en uno ni en otro,
/ sino en su pintalabios».
Los temas son variados y al mismo tiempo uno solo, la vida, la que fluye a su alrededor y observa y siente y palpa y goza o sufre, esa que acompaña los días y las horas y en la que Doggui se abrasa permanentemente con ironía y “sonrisa silábica”:
«Yo grité fuerte tu nombre
/ en la desolada gruta,
/ y el eco me devolvió
/ una larga carcajada».
En cada uno de estos poemas hallamos la más clara tradición poética española, la esencia de una lengua que Doggui ha querido perpetuar en ellos. Esa doble condición de profesor y poeta se traduce en la luz creadora de su poesía, a la que alude también en algunos de los poemas contenidos en este libro: «Me sonríe, y sus labios, / rectamente superpuestos, / un pareado me escriben, / hecho con rima perfecta. / Se acercan calladamente, / y con los míos componen / una cuarteta simétrica / hecha con rima cruzada». Es precisamente ese conocimiento de la lengua la que aporta singularidad al poeta que es Doggui, sutil, irónico, solidario, esencialmente humanista. En este tiempo tan desolador su palabra es un soplo de aire fresco, que nos invita a vivir intensamente cada momento. De ahí que el amor sea esa luz esperanza que alumbra el camino hacia un lugar donde los seres humanos puedan vivir en paz y armonía:«En pleno beso furtivo, / le sonó el toque de queda, / por temor, por deber, / el beso a medias dejó. / Y desde el triste malogro, / cada atardecer, sin falta, / se pone a tararear / la sinfonía inconclusa», «En esas escalas sísmicas / del amor impetüoso, / no hay magnitud que supere / la del beso embrïonario, / el beso titubeante, / el beso antes de besar». Porque «la poesía es un proceso catártico que nos excede y nos sublima, que nos salva y nos condena», como nos dice en el prólogo Gahete, merece este libro una lectura atenta, que nos llevará, seguro, a sentir el temblor de la palabra de Mohamed Doggui.
Título: La sonrisa silábica
Autor: Mohamed Doggui
Edita: Carena (Barcelona, 2016)

ALEJANDRO LÓPEZ ANDRADA

No es fácil hallar en el panorama de las letras españolas voces que se distingan y distingan la literatura actual, voces capaces de alzar el vuelo por los vericuetos de la creación y con especial énfasis en el lenguaje hacer que el lector sienta un cierto temblor, un escalofrío que vaya de los pies a la cabeza. Cada autor posee una voz, sin duda, pero esa voz para ser distinguida del resto ha de tener unas características especiales, sea mediante el uso de un lenguaje brillante, una determinada temática, defensa de los valores humanos, exposición de su mundo interior o cualesquiera otra razón que pueda marcar el estilo, que es a fin de cuentas lo que distingue a uno de otros autores. En el caso que nos ocupa esta semana hallamos dos elementos fundamentales que distinguen al autor de "Entre zarzas y asfalto", Alejandro López Andrada (Villanueva del Duque, 1957): el lenguaje, expresión del conocimiento y la experiencia vital, y, por otra parte, la Naturaleza, su defensa a ultranza del mundo rural, de ese universo que el progreso ha anulado en muchos casos y que López Andrada no está dispuesto a aceptar. La vida, en su conjunto, tanto la personal como la literaria en Alejandro López no puede entenderse sin la Naturaleza y su relación con ella. De tal forma que desde sus inicios y hasta la actualidad no hay página escrita por él que no muestre esa relación casi pasional del hombre con la tierra, del poeta con la Naturaleza: mirlos, acacias, chopos, olivos, viento, ruiseñores, etc, o en el recuerdo trascendido de la infancia: «Se mezclan los olores del silencio, porque el silencio siempre tiene aroma: a veces huele a fruta corrompida en las cenizas del oscurecer.

ENTRE ZARZAS Y ASFALTO

Otras, en cambio, huele al resplandor feliz de la vainilla en las despensas secretas de la infancia». Ahora en "Entre zarzas y asfalto" ese mundo interior toma la palabra para describir las sensaciones que el poeta y escritor siente cuando opone, consecuencia de otro tiempo vivencial, lo vivido en el pueblo (zarzas, el dolor de las pérdidas) y en la ciudad (asfalto, negritud desesperanzadora). Dos mundos opuestos por naturaleza que López Andrada, con la sensibilidad que lo distingue, nos muestra con asombrosa maestría, incluso con belleza aquello que no la posee, virtud que lo asiste siempre en su ya larga trayectoria literaria. Desde la ciudad, con un tono de nostalgia sobrecogedor el campo, la tierra, los recuerdos familiares en las figuras del padre, de la madre o del abuelo, también de los amigos, se mezclan y complementan en esa visión humanista de la vida que López Andrada no abandona nunca. La ciudad de Córdoba está muy presente en este libro, tanto sus luces: «El cielo en la Mezquita es un violín. Qué paz la de los chopos sobre mi alma. Me acerco al resplandor de la Ribera, llena de cormoranes y grajillas abriendo pasadizos junto al agua, pespunteando el río con su amor», como también sus sombras, la miseria: «Voy por la ciudad como una sombra artrítica y romántica. Circundan mi silencio las farolas. En la sotana lánguida del viento un vagabundo anciano busca abrigo. En un contenedor echo mi olvido, me hundo en mí mismo y vuelvo a caminar». No sé si el autor ha sido consciente o no del hecho de que forman la estructura del libro tres parte diferenciadas: el invierno, el otoño y el verano, y sin embargo olvida la cuarta estación, la primavera, ¿quizá por ese creciente pesimismo que advertimos en su condición de hombre y de poeta ante la realidad que vive? López Andrada evita la primavera, esa estación del nacimiento, de la celebración de la luz y el color, de la vida que palpita en cada ser del universo, pero no por ello asistimos a su total desvalimiento. Aún así, aunque no haya referencia expresa a esa primavera, existe en él su esencia, sobre todo en las cosas sencillas: «Cómo no ser humilde en estos campos. Debajo, entre mis pies, desordenada, huye mi alma, en paz con las hormigas, remonta el vuelo y sube hasta el nogal donde la noche es la viuda de un pastor, el velo angélico de la sencillez». "Entre zarzas y asfalto" no es un libro más, es un libro de madurez, de la experiencia sometida a continua análisis, del dolor de lo ausente y lo presente, del amor, de la vida al fin y al cabo que relumbra en la palabra de López Andrada. El hombre y el poeta, inseparables, regresan al origen, al fuego y a la luz del aire entre los chopos, vuela hacia la altura o desciende hasta el vacío: «…qué enorme es el vacío en que me hallo mientras se alejan solas mis pisadas dentro de mí, hollando la ciudad en el silencio, abriendo en las aceras, viudas de luna, círculos de amor». El amor, siempre esperanza en la singular voz de Alejandro López Andrada.
Alejandro López Andrada. Berenice (Córdoba, 2016)

(TRAS)LÚCIDAS POESÍA ESCRITA POR MUJERES (1980-2016)

O curre en todos los órdenes de la vida. Hay cuestiones que cuestan mucho cambiarlas, que necesitan de tiempo, aunque algunas veces ciertamente sea demasiado, excesivo. La literatura no podía ser menos. También la vida literaria española ha estado copada por nombres siempre masculinos, poquísimas mujeres han formado parte de esa otra historia de la literatura. Casi siempre ninguneadas, silenciadas de forma habitual han transcurrido los siglos sin que la mujer haya ocupado el lugar que se merece y en igualdad de condiciones con los hombres. Y así nos va, porque seguramente nos hemos perdido una parte importante de la verdadera condición humana. Quizá haya quien reste fundamento a este parecer, pero creo no equivocarme si afirmo que, desde que la mujer se va incorporando a la vida social, política y cultural, en nuestro país a partir de la década de los 80, antes impensable, a pesar de la categoría humana e intelectual de buena parte del colectivo de mujeres españolas, muchas cosas han cambiado en España, le pese a quien le pese. Su incorporación a la vida laboral, social, política y cultural es un hecho determinante, si bien son muchas aún las carencias en este terreno. Viene a contribuir en esa trayectoria creciente de la presencia de la mujer en la vida literaria española la antología que acaba de aparecer en “Bartleby Ediciones”, bajo el título de “(Tras)Lúcidas. Poesía escrita por mujeres (1980-2016)”, edición, selección y prólogo de la profesora y poeta también Marta López Vilar. Aun admitiendo este tipo de publicaciones en las que la mujer es protagonista exclusiva, entiendo que sería mucho más enriquecedor sumar que restar, en el sentido de aunar a hombres y mujeres poetas en estudios antológicos, lo que nos daría un visión de conjunto mucho más aproximada a la realidad poética que se quiere mostrar, que un texto con referencia exclusiva a la poesía escrita por mujeres, por muy amplia que sea la muestra y la singularidad de cada una de las poetas seleccionadas, hecho este también complejo a la hora del análisis y que dejo aquí como reflexión para el debate. No obstante, y porque sabemos del esfuerzo y la dificultad que conlleva preparar una antología, apreciamos el trabajo realizado por su antóloga, Marta López. El primer escollo con el que se encuentra toda antología y por consiguiente su antóloga es el criterio de selección, que puede ser muy variado. En el caso que nos ocupa Marta López selecciona a poetas más veteranas, las nacidas en 1962, hasta las más jóvenes, las que nacieron en 1986, en total de 29 poetas: Esperanza López Parada, Aurora Luque, Susanna Rafart, Miren Agur Meabe, Rosana Acquaroni, Isabel Bono, Guadalupe Grande, Josefa Parra, Ada Salas, Cristina Morano, Nuria Ruiz de Viñaspre, Yaiza Martínez, Esther Muntañola, Begonya Pozo, Miriam Reyes, Olga Novo, Carmen Camacho, Ariadna G. García, Carmen Garrido, Leire Bilbao, Sandra Santana, Vanesa Pérez-Sauquillo, Erika Martínez, Esther Giménez, Lucía de Fraga, Laia López Manrique, Sofía Castañón, Lola Nieto y Martha Asunción Alonso. Veintinueve voces dispares que conforman un corpus poético también dispar y en el que cohabita la poesía en prosa con el verso, cuestión esta merecedora de un debate abierto y sereno en cuanto a su consideración conceptual. Se agradece la inclusión de inéditos de las autoras seleccionadas -razón por la cual algunas de ellas declinaron la invitación de la antóloga-, al entender que «Era una manera de dar instante, ese extraño adverbio llamado “ahora”.», también la presencia de otras lenguas como el catalán, gallego y vasco. Con el título “Un (tras)lúcido silencio: causas y orígenes de una desaparición”, inicia Marta López un recorrido por la historia de la literatura para explicar precisamente las razones por las cuales las mujeres poetas estuvieron ausentes o silenciadas durante mucho tiempo en los manuales o las antologías. Hoy, este libro viene a hacer justicia a esa otra literatura secuestrada en muchos casos y escrita por mujeres, viene a compensar la balanza, a equilibrar las diferencias entre los géneros y que no debe existir en ningún caso, sino en la expresión lírica de cada una de las personalidades poéticas existentes. Tal vez este acercamiento a la poesía escrita por mujeres nacidas a partir de 1960 sea la oportunidad que la POESÍA necesita para conciliarse consigo misma.
Título: (Tras)Lúcidas.
Poesía escrita por mujeres (1980-2016)
Autor: Marta López Vilar
Edita: Bartleby (Madrid, 2016)

EMILIO CALDERÓN
LA MEMORIA DE UN HOMBRE ESTÁ EN SUS BESOS. VICENTE ALEIXANDRE. BIOGRAFÍA

E n esta España nuestra estamos acostumbrados a relegar con pasmosa facilidad, a que sea la desmemoria, el olvido, una nota inherente de nuestra identidad como pueblo. Arrinconar en el trastero lo inservible (lo que dejamos de querer) sigue siendo, lamentablemente, una necesidad imperante, de tal forma que no estamos dispuestos a restituir, cuando así es necesario, al objeto, a la persona de que se trate, a su esencia de ser. Los casos de esta actitud cicatera e injusta con quienes, por su trayectoria vital son dignos de recordar siempre, son muchos, pero uno centrará nuestra atención, el del poeta y premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre. Merecido recordatorio el del escritor Emilio Calderón, galardonado con el II Premio Stella Maris de Biografías y Memorias, por su trabajo “La memoria de un hombre está en sus besos. Vicente Aleixandre. Biografía”. Incomprensiblemente relegado a la nada, al olvido más cruel e injusto, nuestro Nobel de Literatura es recuperado afortunadamente ahora para el lector en este sincero y coherente estudio de Emilio Calderón. Es esta una biografía necesaria, y en estos momentos del devenir poético español, más que oportuna, por cuanto restablece, ordena y sienta las bases de lo que debe considerarse verdadera poesía, tan alejada de modas y marketing. Ciertamente la mejor manera de acercarse a la trayectoria vital de Vicente Aleixandre sea la de leer su obra, que contiene los latidos de su propia vida, su manera de entender el mundo, de ser y estar en él.
Con independencia de esta realidad, Emilio Calderón nos muestra aquí algunas de las claves para entender mejor su trayectoria vital, que equivale a decir poética, porque para Vicente Aleixandre vida y poesía se convertirán, por su temprana relación con la enfermedad, en la misma cosa. Se define Aleixandre “como un malagueño nacido en Sevilla y, como un sevillano criado en Málaga”, para a continuación afirmar: «Todos mis recuerdos primeros de la vida son malagueños. Nací a la luz, e incluso a los libros, en Málaga –otro modo de nacer-, porque allí aprendí a leer, que es el segundo nacimiento».
La mar siempre, alma y vida. Difícil es extractar en unas líneas el pensamiento y la vida de Aleixandre contenidas en este libro. No obstante, incidiremos en aquellos aspectos que redundan en la poética –su poética- como un tratado de la vida, una singular manera de entender el mundo. La enfermedad y el dolor marcan un antes y un después en la vida y la poesía de Aleixandre, que afirma: «Mi experiencia del dolor ha sido enriquecedora. La enfermedad me ha hecho distinto. Un hombre y un poeta diferentes». Desde este punto de vista su manera de escribir viene determinada por su propia concepción del mundo, donde estética y ética se funden en un solo cuerpo. No cabe poesía sin moral. Ocupará un lugar destacado en la vida de Aleixandre, el hogar, allá donde existiera, si en Madrid, Velintonia o Miraflores de la Sierra; también la familia, sobre todo, su hermana Conchita. Velintonia 3 será el hogar al que acudirán muchos poetas españoles de la época, y en él encontrarán siempre una palabra de estímulo y comprensión Rafael Alberti, Pablo Neruda, Luis Cernuda, Dámaso Alonso, García Lorca, Carlos Bousoño, Altolaguirre, Lepoldo de Luis, Muñoz Rojas, Antonio Colinas, Luis Antonio de Villena, entre otros. Pero si la amistad es importante en la vida del poeta, no lo es menos el amor. Con independencia de su sexualidad (iniciada en su adolescencia con Marta, la cocinera que trabaja en la casa familiar) , que es cuestión tan íntima, nace de todas sus relaciones, sean con mujeres (Margarita Alpers, Carmen de Granada, Eva Seifert o la enigmática y joven Clara) u hombres (Alfonso P. o Andrés Acero, sobre todo), un amor sincero y limpio, pasional.
El advenimiento de la República, la guerra civil y luego la dictadura de Franco, con su exilio interior, influiría también en el hombre y el poeta, que mostrará a través de su relación con poetas como Miguel Hernández, fundamentalmente. Recuerdos, soledad, la fugacidad del tiempo, el amor, también la vejez y por último la muerte («No espero encontrar ningún cielo, ningún paraíso, a mi muerte. No hay más paraíso, ni más infierno, que lo que vivimos en la Tierra») serán temas que tratará a lo largo de su vida poética, hasta el punto de alcanzar el Premio Nobel de Literatura (el año que viene hará 40 años) en 1977, precisamente por su valor creativo, sin repetición ni acabamiento. Para concluir esta oportuna biografía que rescata del olvido la figura de Vicente Aleixandre, reproducimos estas palabras del poeta tras ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura: «La gloria no es el premio, no es el homenaje, no es el ruido. La verdadera gloria del poeta es que después de muerto todavía su voz resuene en algunos pocos corazones afines. Que después de muerto no sea un libro cerrado, sino que palpite, se oiga y se repita».
Título: La memoria de un hombre está en sus besos.
Vicente Aleixandre. Biografía.
Autor: Emilio Calderón
Edita: Stella Maris (Barcelona, 2016)

DESPUÉS DE LA OSCURIDAD

Cada vez que nos sumergimos en un libro de poesía se inicia un viaje que no sabemos qué nos deparará, si sensaciones indescriptibles, nuevas formas de expresión o tal vez distintas maneras de entender el universo. Es un misterio a priori, nada se sabe de lo que hallaremos en sus páginas, es una sensación de incertidumbre y anhelo al mismo tiempo. Nada importa más que el viaje iniciático, el zambullirse en sus aguas y navegar por ellas hasta la conclusión del periplo.
Acostumbrados al tono plano de la poesía actual, se agradece la alternancia, la originalidad y la construcción de un discurso poético distinto, tanto en su sentido estético como ético que, sin ocultar los valores de la tradición clásica y asumiendo su verdad, es capaz de constituir una visión más abarcadora de la poesía. El mestizaje también en la poesía nos enriquece, como es el caso de “Después de la oscuridad”, de Marta López Luaces (A Coruña, 1964). Una nueva manera de contemplar el cosmos, de relacionar ciencia y poesía es la propuesta de Marta López que, en un acto reflejo, nos lleva hasta la década de los años 90, cuando nace la corriente “Estética cuántica”, inaugurada por el escritor, poeta y ensayista Gregorio Morales (Granada, 1952-2015). Ciencia y arte, poesía y matemática, se complementan en esta proposición, que no es sino un recorrido por las edades del pensamiento humano, desde sus orígenes hasta nuestros días. Marta López se adentra en la oscuridad más absoluta del principio del todo en su afán por hallar la luz de la materia-palabra: «De la oscuridad procedimos / de la razón y el sentimiento/ hacia la palabra». Cinco partes componen este libro: Agua, Tierra, Fuego, Aire (los 4 elementos de la Naturaleza o estados de la materia) y Quark (partícula constituyente de la materia). Así, lo que llama más la atención de este poemario es su original estructura, la tensión que logra establecer a través de las palabras y los silencios, de la reiteración de algunos versos como una letanía inagotable que marca la pauta o clave poética (“El Imperio del Sur reinaba sobre nuestras cabezas”, o, “Y porque hubo visiones /hubosueños /hubo formas/hubo/sustancia/hubo materia /hubo elementos del poema como racimos de esplendor”, o, “El Usurpador de los Sueños acecha”, que nos advierte del peligro continuo y constante en el que se halla la humanidad). La primera parte del libro, “Agua”, contiene referencias continuas a la mitología, al pensamiento presocrático. Respecto al hecho poético sentencia: «El poema se crea para ser habitado / La poesía, para ser vuelo del alma», versos que se repetirán también hasta el final. La parte segunda, “Tierra”, introduce otras variantes respecto al discurso poético, apareciendo palabras que jugarán un papel fundamental no solo en sentido estético, sino también en el conceptual (SED, RENUNCIA, HAMBRE), en esa continua indagación de la existencia humana a través del pensamiento, que es una constante del anhelo por saber y que se concreta en preguntarse a sí misma aun a riesgo de no hallar respuesta: «Y entonces / ¿Quién dominará la tormenta? / ¿Quién amanecerá palabra?». El fuego constituye el objeto de reflexión de la tercera parte, siempre bajo la observancia de “El Usurpador de los sueños” en su acecho continuo y el sueño es “un susurro de pájaros volando hacia el ocaso”, y las preguntas volverán, sin embargo: «¿Dónde el equilibrio? / ¿Dónde la armonía? / ¿Dónde el tempo? / ¿Quién al timón de lo eterno? El camino no es determinado y la búsqueda del conocimiento persiste: Newton y Alexander Pope, física y poesía en fusión continua. El aire marca la cuarta parte del libro: «Nace una nueva sensibilidad / en el placer del objeto/la ambigüedad de lo bello/ciencia y arte=espejo como armonía-dinámica-impulso en la excentricidad/». Nace otro orden, otro sistema, “Y ya el Imperio del Norte reina sobre nuestras cabezas”, para concluir nuevamente con las interrogantes: «Y soñábamos con pájaros volando ¿hacia dónde / ¿hacia dónde?». ¿El hombre frente o junto al cosmos? La poesía de Hölderlin y la existencia real del átomo de Boltzman en la creación misma del universo. ¿El Imperio del Sur o del Norte? El Usurpador de los sueños nunca duerme y así «ya no somos gigantes jugando con los dioses: / sino protonoes + neutrones=tierra=quark». Con “Quark” concluye Marta López este interesante y complejo poemario, tanto por su aportación de una nueva estética poética como por sus contenidos conceptuales y lingüísticos. Caminar hacia la luz “Después de la oscuridad” en los versos de Marta López es un viaje inexcusable, vital, es «Como un nuevo íntimo rubor / del deseo-universo / contemplamos a los pájaros volando / hacia lo eterno».
Título: Después de la oscuridad
Autor: Marta López Luaces
Edita: Pre-Textos (Valencia, 2016)

LA VOZ CALLADA

R egresar en el tiempo, saberse atrapado en sus esquinas y ser eco, voz anunciadora de un universo donde la palabra reina y es luz, temblor que se repite en cada sílaba. Reconstruir la realidad de lo vivido para ser sueño. Algo de esto tiene la poesía cuando es sincera, cuando estética y ética se entregan apasionadamente en un acto de amor sin precedentes. Es esa voz interior abismándose en el misterio o alzándose en vuelo la verdadera razón de su existencia. «Y es la voz interior que se identifica con algunas voces, con algunas palabras que se escuchan no se sabe bien si dentro o fuera, pues que se escuchan desde dentro. Y se sale también a escucharlas, se sale sí. Y entre dentro y fuera el ánimo queda suspendido…Y el total olvido de sí cuando se escucha lo que ni tan siquiera se sabía estar aguardando», palabras introductorias de María Zambrano al libro que comentamos en esta ocasión “La voz callada”, de la poeta Soledad Zurera (Córdoba, 1947). Honda voz que nos sumerge en un universo poético propio, de la más clara tradición clásica, humanista. Soledad Zurera es poeta por encima de todo, desde los orígenes, cuando en compañía de Alfredo Jurado y Encarna García Higuera crearan el Aula de Cultura Astro, al que se sumaría más tarde los también poetas Antonio García Varo y Pilar Sanabria. Leer a Soledad Zurera deriva en la asunción de una verdad poética –su poética-, que concreta en el primero de los poemas contenidos en este libro, titulado “Teoría poética”: «Son ellas, las palabras: / si las palabra no existen un poeta muere […] El verso mana de una fuente: / es agua, agua». Y clara, cristalina en este caso, habría que decir. Su extraordinaria formación clásica está presente en sus textos: la mitología recreada, su verbo grácil, sonetos, verso alejandrino, la cadencia y el ritmo poético conforman una voz singular, voz que quiere ser grito, denuncia y rebelión por cuanto sucede a su alrededor y que no puede callar, como es el caso de poema “Lampedusa” y del que reproducimos algunos versos: «Hombres sin escrúpulos te prometieron el paraíso, / si te adentrabas en las caravanas hacia tierras fabulosas. / No hubiste de alcanzar la libertad de un mundo mejor, / pues los mundos mejores no existen. Huyes del hambre y las desdichas de la guerra […] Nadie vendrá ahora a reparar en tu belleza; / ya tuso ojos apagados como lunas en la media noche; / en sombra tus pezones socavados a los quince años […] Tu cuerpo aguarda el retorno a los ínferos de los muertos. / Oye el rezo a Alá en esta playa desangelada de Lampedusa». El dolor ajeno, la injusticia perpetrada en carne humana argumentan el discurso poético de los poemas contenidos en la primera parte del libro,“Casa del ciprés”. Toma título este libro del poema “La voz callada”, que la autora dedica a la memoria de otra poeta, editora y mujer singular, Luzmaría Jiménez Faro: «Se fueron las palabras entre lluvias y nieblas, / por la mansedumbre de los lugares solitarios / desde el alba desnuda, limpio espejo de las horas; / las velas blancas, el luto impuesto en el vestido; / la memoria de aquellos que el tiempo ha arrebatado. / Ya la voz callada». Merecido homenaje y lúcidos versos que ahondan en la condición humana. Voz en libertad la de Soledad Zurera, como así la muestra en poemas “Casa del ciprés” y Elena y Paris, críticos con la realidad poética y social actuales. Ya en la segunda parte del libro, “Libro de las pérdidas”, Zurera, más humana si cabe, hace balance y recuento de todo aquello que quedó en el camino, que ya nunca más volverá. Conoce de la fugacidad del tiempo, de su huella imborrable que advierte en el espejo cada día. Escribe Zurera desde el sentimiento profundo y el dolor que supone toda pérdida, sea de los padres o el esposo: «No encuentro a veces la razón de tu partida; / no encuentro a veces. Déjame ser ceniza. / Ser ceniza», sea la del amigo, como así lo canta en este poema dedicado al poeta Domingo Faílde: «Buscabas la belleza que te habitaba siempre; / ávido del saber de los libros antiguos. / Amigo, te nostalgio y evoco como entonces; / ya el ocaso de tu voz, el texto y la palabra; / ciegamente en las zubias de tu verso y su canto; / a contraluz el alma, las umbrías, cenizas». La muerte y vida para sentir y ser, estar para vivir, y evocar el paraíso en la ciudad de Córdoba: «Sempiterna ciudad, memoria de los siglos, / paraíso de vírgenes y efebos trashumantes, en un hermoso verso del poeta Juan Bernier». Poesía pura y a borbotones la que mana de este libro de Soledad Zurera.
Título: La voz callada
Autor: Soledad Zurera
Edita: Asoc. Cultural Andrómina (Córdoba, 2016)

ÁCIDO ALMÍBAR.- RAFAEL SOLER

N o son muchas las ocasiones, lamentablemente, en las que uno encuentra una voz poética diferente, singular, alejada de las modas y los círculos del poder mediático y la oficialidad imperante, y que tan repetidamente se nos presenta como la imagen de la poesía española por excelencia, pero al mismo tiempo tan plana, fría y mimética. Basta un poco de maquillaje aquí y allá, y, preparada la máscara solo hay que dejarse llevar por las exigencias del mercado y presentar el producto con la aquiescencia ineludible del padrino o patriarca de turno. Pero a veces, en la aridez del camino, se nos muestra una lengua de agua que nos calma la sed y nos reconforta hasta sentir de nuevo la vida, la esperanza de volver a la luz entre tanta oscuridad. Cada vez es menos habitual hallar textos de creación, esos que conmueven, que turban y hacen que algo dentro de nosotros nos sacuda como si de una descarga eléctrica se tratara, los que indagan y bucean en lo desconocido para revelarnos una realidad distinta. Son pocos, pero afortunadamente, hay quien todavía se adentra en la oscuridad para desvelar la luz, para mostrar lo creado, lo creado de la nada. Algo de esto ocurre cuando nos adentramos en la lectura del poemario publicado por el sello editorial madrileño “Vitruvio” en el año 2014, “Ácido almíbar”, con el cual el poeta Rafael Soler (Valencia, 1947), obtuvo el Premio de la Crítica Literaria Valenciana 2015. Si bien es verdad que la obra poética de Soler no es muy extensa (“Los sitios interiores”, “Maneras de volver”, “Las cartas que debía”), por haberse ocupado de otros géneros (novela, ensayo), sí hay que decir que en todas hallamos una voz particularísima y de gran calado literario. Con el oxímoron “Ácido almíbar” Soler vuelve a centrarse en esa dicotomía de los contrarios u opuestos, en un juego de espejos que nos acerca a una misma realidad vista desde todos los ángulos posibles. Soler interioriza todo lo que le rodea, ya sean objetos o pensamientos, de tal manera que una vez dentro nos revela lo hallado, es decir, lo trascendido. En esa interiorización de la verdad –su verdad- el poeta se abstrae hasta el límite, creando un universo propio donde la palabra se hace luz y vida. Es Rafael Soler un poeta hondo y profuso en el uso del lenguaje, unas veces irónico, otras sus versos son sonrisas, incluso surrealista y aforístico en ocasiones, pero siempre elegante, que cuida las formas pero también el fondo, en su sentido de revelación de lo invisible, de lo misterioso. Seis partes y una posdata final componen este poemario. En ellas el poeta nos habla desde dentro, sea el mismo nacimiento, el origen, en “Parto a término”: «Y qué salvar entonces / qué origen qué fulgor qué trabalenguas / epifanía de lo amargo por venir y lo nacido», sean los desvelamientos, el despertar de la sexualidad: «allí nos recibía / y de a uno pasábamos visita / urgentes primerizos asustados / en su lengua paciente una cuchara», sea la vuelta siempre al amor: «una pausa / que el poeta llamaría circunstancial dubitativa / para tenerte toda / descalza tú / vestido yo / volver es lo que importa». En esa búsqueda de lo invisible, de lo que está dentro, en su soledad de cuerpo o alma, está presente siempre el poeta, viviendo la oscuridad para trascenderla luego, todo es vida: «y nada espanta más / que el ambiguo desdén de una pistola / cuando pides que más lento que tu muerte / avance el desencanto», también cercanía a la muerte en “Un tanatorio que se precie vive siempre en las afueras”, con esa irónica mirada del poeta y de final sorpresivo: «dentro / recogido en su tristeza / transitorio elemental y ventilado / el que a todos convoca inoportuno / y a la distancia de una esquina / una barra con voces y aceitunas / para aquellos que brindan en voz baja / por la vida», pero también la muerte desde dentro, en su invisible corporeidad: «Fingir dormir / finge que finges dormir / finge si quieres que fingiendo dormir / pospones el tiempo que no queda […] después vendrán los carroñeros / diligentes y sabios / a su pico de estaño encaramados / y la muerte dejará de molestarte». Poesía de y para la reflexión, donde las imágenes y metáforas forman parte de un lenguaje depurado, de difícil estructura a veces, pero lleno de vida, de temblor interno. Voz singular y particularísima la de Rafael Soler, que nos devuelve la esperanza en la creación poética, esa que nade de la nada para serlo todo.
Título: Ácido almíbar
Autor: Rafael Soler
Edita: Vitruvio (Madrid, 2014)


SIN PALABRAS.- CELSO ORTIZ

A legra saber que el relato, como género literario propiamente dicho, y presa del olvido en los últimos años, poco a poco vuelve a ocupar el lugar que nunca debió abandonar, es decir, vuelve a recuperar prestancia. La habilidad para contar historias se puede adquirir con la práctica y el estudio, pero hay algo que se oculta, un cierto misterio, tal vez un don que nos acerca al verdadero narrador, ese que, además de saber contar historias, es capaz de conmovernos, de contagiarnos su capacidad creadora desde el más mínimo detalle cotidiano. No es solo construcción, estructura, argumentación, también ha de dotar al relato algo de si mismo, de una voz personal que pueda distinguirse del resto de autores. En el libro de relatos “Sin palabras”, de Celso Ortiz (Alhama de Almería, 1946), podrán comprobar que algo de lo dicho late en sus páginas. Componen este libro un total de trece relatos, de extensión y temática variadas y sin nexo de unión entre ellos. Abre el relato que da título al libro, “Sin palabras”, que narra la historia de las muditas y mellizas Leonor y Aurora y el Zancudo, de quien ambas se enamoran y son amantes durante la Guerra Civil, periodo muy presente aún en la narrativa española. Literatura y vida, y viceversa se entremezclan en esta serie de relatos, manteniendo un pulso narrativo ascendente y sorpresivo en la mayoría de ellos. De fácil lectura, con un lenguaje sencillo, Celso Ortiz nos propone un viaje a lo cotidiano, capaz de inferir diferentes estados emotivos según lo que suceda en cualquier momento y que puede ser determinante, como es el caso del relato “Fernández”. Otras veces nos veremos inmersos en la narración y desde el punto de vista formal a través de diálogos, poco frecuentes en este género (en los relatos “Acusado por despecho”, “El premio”, “El sabio”, “Lazos de sangre” y “Traspaso de negocio”). Gusta también Celso Ortiz del uso de la narración breve, concisa (más propia del relato) frente a otros más extensas, relajando así la tensión discursiva. En cualquier caso, fragua bien las historias y resuelve con destreza la mayoría de los relatos contenidos en “Sin palabras”. En algunos de ellos, la crítica o la denuncia se muestra abiertamente, como es el caso del relato titulado “Fitur”: «don Indalecio ha ordenado al concejal de turismo que no repare en gastos para montar el stand de Luminosa. El día de la inauguración oficial allí aparecen todos los componentes de la corporación municipal, los concejales que gobiernan y los concejales de la oposición, “que no quiero líos ni críticas” –palabras textuales del alcalde-. El reportero del periódico local, que ha sido invitado por el ayuntamiento con todos los gastos pagados, también está ese día en FITUR y hace su trabajo», o el del relato “El premio”, que narra la corrupción existente en los premios literarios: «Amarrando cabos me queréis decir que Abdón Cabanillas, el Nobel, va a ganar el premio SAWA de este año con “Caminos de barro”. ¿No es eso? Bien, está bien, de acuerdo –balbucea Baltasar sin salir de la perplejidad». Celso Ortiz escribe historias, es un narrador que disfruta de su oficio, que goza con la escritura. Como el mismo ha declarado: «Yo escribo por placer, porque me lo paso bien. No entiendo a los escritores que aseguran que sufren cuando escriben, si yo sufriera escribiendo no lo haría». No podemos olvidar ese tono de humor que acompaña a algunos de los relatos, como es el caso del relato titulado “El fiambre”, que narra lo sucedido en un hospital ante la erección que sufre un mendigo moribundo después del manoseo de la enfermera al lavarlo y en presencia de una monja: «Y ocurrió lo que yo me temía, que la monja ganó aquella guerra de gatas en celo. La excuso que puso fue que había que llamar al médico pero yo comprendí que el objetivo era deshacerse de la enfermera y quedarse a solas conmigo». Como conclusión última y coincidiendo básicamente con el profesor y catedrático de Lengua y Literatura, Alfonso Berlanga, de “Sin palabras” destacaría lo cotidiano, cuestión en la que su autor, Celso Ortiz, viene insistiendo en sus últimas entregas.
Título: Sin palabras
Autor: Celso Ortíz
Edita: Alhulia (Granada, 2015)


LA OTRA MIRADA.
LITERATURA ESPAÑOLA, ¿CRIMEN O SUICIDIO?

E scribo esta reseña con verdadera delectación. He de confesar abiertamente que desde la lectura de “Canon heterodoxo. Manual de literatura española para el lector irreverente”, del escritor granadino Antonio Enrique, no me había entusiasmado de forma tan extraordinaria con una obra de ensayo literario, sobre todo por el rigor del estudio y el arrojo para plantear un debate abierto referido al estado actual de la literatura española.
Llama la atención que sea este un estudio crítico, es decir que, con independencia de las lógicas discrepancias de opinión, consecuencia del posicionamiento de cada uno de los actores en el análisis del tema en cuestión, se presenten aquí las bases por las cuales la literatura española ha sufrido un gran parón, incluso retroceso, además de exponer cuáles son las causas que lo han motivado. La capacidad analítica del autor de “La otra mirada”, Pedro Rodríguez Pacheco (Sevilla, 1941), junto a la experiencia como profesor, crítico y poeta, son aval suficiente para valorar en su exacta medida el trabajo contenido en este libro. Un texto de introducción, catorce capítulos (con títulos de marcado carácter cervantino) y un epílogo conforman este ensayo que sobrepasa las cuatrocientas páginas.
Parte Rodríguez Pacheco de una hipótesis clara: «Facultad imaginativa, capacidad fabuladora…¿Qué otra cosa es si no la literatura?», es decir, no se puede entender la literatura si no hay un proceso real de creación («la creación es un don, una facultad. Saber escribir bien es otra cosa, es una habilidad que potencia al acto de la creación»), pero sin caer en el error de creer que toda transgresión es creación. Este es y no otro el tema central del debate: la literatura de creación frente a la mimesis que por inercia deriva en lo superficial, lo mediático o la moda, tan efímera e intrascendente. La tradición literaria, su conocimiento frente a su descrédito inducido por las nuevas generaciones («no encuentro en nuestros llamados “jóvenes valores” originalidad, sino correctas y habilidosas transformaciones que conforman un literatura para andar por casa»), el fenómeno de la intertextualidad («se empieza por escribir imitando formas, temas, ideas y posturas, se termina por copiar descaradamente los textos de los grandes creadores bajo enunciados de la culturización y el trasiego de ideas») y la complicidad de los medios de comunicación y las editoriales, los premios literarios y sus corruptelas, la relación de la intelectualidad con el poder y la atonía de la crítica circunscrita a los años posteriores de la posguerra hasta finales del pasado siglo son elementos de análisis en este ensayo. Rodríguez Pacheco es consciente de que será tachado de utópico, y a sabiendas nos dice: «estoy apostando por un hombre que siga siendo dueño y señor de su mañana…Que los hombres sueñen en la abstracción de la belleza, en la perfección de la belleza, es la única subversión que aterra al Poder».
Todos los géneros literarios son objeto de estudio, pero fundamentalmente, Rodríguez Pacheco se detiene algo más en la poesía para argumentar la crisis de la literatura actual. Centrándose en la poesía analiza con especial atención a “la otra sentimentalidad” o la “poesía de la experiencia” -poesía clónica y oficial- («entre sus preceptos, inscribe y establece unas formas sencillas, léxicas, morfosintácticas y denotativas, una escritura “normal” (?), fácil, informal y sin complicaciones retóricas, más próxima al prosaísmo denotativo que a la función connotativa del lenguaje, es decir, lejos de lo inefable que intuía San Juan de la Cruz») y lo que vino en determinarse “Movimiento de la Diferencia” que «defendió como tema inexcusable una poesía independiente, ajena a toda preceptiva apriorística que no fuera la intrínseca del acto personalísimo de la creación y el carácter distintivo de las obras». En este orden de cosas el autor de este ensayo se pregunta: ¿adónde va la literatura? ¿Hacia dónde camina la poesía?, y en esa consideración no puede menos que pensar que al crimen o al suicidio.
La preocupación de Rodríguez Pacheco radica, por su trascendencia, en enfrentar dialécticamente creación mimesis. La creación por cuanto «significa el momento cenital en el que el lenguaje pasa a ser de mero vehículo de comunicación a delicado mecanismo de la inteligencia y sensibilidad humanas», la mimesis por lo que significa de «homogeneidad, la escuela, las fórmulas, y la poesía se convierte en un repertorio de lugares comunes con el sello uniformador de la corrección de su escritura». Esta es la cuestión y este el debate abierto desde la libertad y la independencia crítica. Un ensayo de imprescindible lectura para todos aquellos interesados en el presente y el futuro de la literatura española.
Título: La otra mirada. Literatura española, ¿crimen o suicidio?
Autor: Pedro Rodríguez Pacheco
Edita: Carena (Barcelona, 2015)