sábado, 27 de marzo de 2021

TIERRA MADRE

 

TIERRA MADRE
Tierra madre.
 José Antonio Santano








Tierra Madre


(Premio “José Antonio Ochaíta” 2017. Diputación de Guadalajara)















Ay sur, de más allá del sur,

extensión de mi herida

cuando llega la tarde

y tengo que sentir

tu voz atormentada

y todas las crueldades

vividas en tu nombre.


Alfonso Berlanga

















Volver a Sandua


En Sandua aúlla el viento por los viejos tejados

por los muros ruinosos y la negra veleta.

(Elegía VII. R.M.)



A Ricardo Molina. In memoriam



Vuelve la luz a Sandua

arcoíris de pájaros en vuelo

hacia la tarde y sus dominios

verde fragor de campos

en plata de olivar

y silencios,

en sombras que se escapan

y huyen

evanescentes

más allá de la nada y el agua

en hilos de soledad

vuelta la hora exacta

de un otoño lluvioso

que ya es memoria

resplandor solo

la voz dulcísima del viento

acariciando los tejados

y el hollín de la pobreza

el tiempo en su grisura

sin dios ya

sin palabras ni risas

solo cuerpo

dorada carne del pecado

en brasas y labios

toda la estancia en penumbra

los libros

los estantes

el viejo sillón y la mesa del despacho

y en tus manos de ángel

el universo todo

junto a Pablo, Juan y Mario

en un leve suspiro

Cántico luz de madrugada

en las pupilas del sueño

en las tabernas

y el vino como el néctar

y el verso como daga

que se adentra en el costado y gime

sin esperanza

oscurecido el tacto y los sentidos

a orillas del Genil

los amantes

vuelven a Sandua:

Pablo mira al río y los crepúsculos

Juan las nubes de cristal

vivas

resplandecientes

Mario en universo de pueblo

y una soleá en Ricardo

que parte el alma en dos

y desde entonces un dolor punzante

vuelve a Sandua

para nunca más alejarse

vuelve a Sandua en la voz de los poetas

que miran al infinito olivar

y presienten que el destino es allí

un rubí incandescente

tal vez un nombre

que se repite incansable cada tarde de otoño

y nos seduce en su canto único

imperecedero

luciente de cal viva

y el corazón abierto de la casa

ruge como la lluvia en los espejos

y se deja soñar de palabras y sones

para siempre volver a Sandua

estremecida y triste

lumínica campiña

dominio todo

de regreso a la nada y el alma

a esa paz que se advierte

en la anónima piedra

de una tierra que brama

de silencios y olvido

Agua siempre

Tierra

Fuego

Aire

en Sandua Pablo y Juan y Mario

Ricardo en vuelo de luciérnagas

que vuelve a Sandua

para siempre.


Volver a Sandua…









Eterno Don


Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría,

y que obtiene inteligencia;

porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata,

y sus frutos más que el oro fino.


Proverbios 3:13-14



La sabiduría es el alma perfecta, llevada al grado más alto

y más excelente, ya que es el arte de la vida.


Séneca


¿Y de qué me sirvió sabiduría

si ahora, extraviado, no sé a dónde voy?


Antonio Colinas


A José María Barrera, por todos los encuentros




Sin saber dónde ir…


Contemplo el horizonte

la fuerza del silencio

atrapado al crepúsculo

por ser la hora última

fijada ya en la piedra

y al madero pupitre

acaso en el olvido

del rumor de las sílabas

en la luz primigenia

que ilumina los nombres

escritos en el tiempo

que atesora este claustro

supremo entre los arcos

y bóvedas celestes

por más clara razón

de toda transparencia

señal de la verdad

prensil y nutricia

que busca en los caminos

la fuente del saber

que sacie y calme el alma

en honda soledad

ya viva y trascendente

inserta en el misterio

que los ojos ocultan

del abismo y el caos.

Sin saber dónde ir…


Atravieso la luz

de lo invisible

y adentro

en su fulgor me aferro

más allá de la noche

y su esencia

despiadadamente

poseso del silencio

que me habita

en plenitud de aire y fuego

eterno don callado

y triste

de los labios en la rosa

y los mármoles

de este instante que vuela

por el cielo más puro

que los dioses crearon

de la nada en el barro.


Y sin saber a dónde ir

camino

advierto el aire en las mejillas

oigo canciones de pájaros

siento el tacto de la lluvia

su voz de espuma y ola

el fuego del crepúsculo

en las sienes

y el abismo

habito en los estambres

del tiempo y sus derrotas

vuelvo sobre mis pasos

una vez más exhausto

en asombro de días

que la vida me ofrece

generosa y ubérrima.

Incorpórea alcanza ya

el relámpago

invoca la existencia

de sus ojos hirvientes

en la luz

hacedora de ensueños

y liviana regresa

traslúcida y astral

al corazón del alma

plenitud magisterio

de la vida.


Cercano al fin

en lo absoluto ya

descubro el camino

rememoro el temblor

de la palabra

de toda verdad

anunciadora

de sabiduría.




















FUEGO Y ROSA



Ni la palabra ni el silencio. Nada pudo servirme para que tú vivieras. José Ángel Valente





a Rosa León Salas. In memoriam





Nada pude contra el cuchillo

contra el aire disoluto…

Tendría que haber aceptado

aquella invitación

de los días soleados

la luz de los atardeceres

tu casa en la ladera

los sencillos manjares

dispuestos en la mesa

el perfume a canela

las palabras en vuelo

hacia la altura exacta del sueño

tenía que haberte oído

el canto de los ríos

en la hora más dulce y pura

quizás haber mirado

a la hondura del alma

angelical y fulgente

en la ermita desierta

en los álamos solos

allá en el camino que los pájaros

alegran con sus trinos

tendría que haberte dicho

que abierto el corazón

la fuerza era el fuego de las sílabas

que el tiempo me sustrajo

y nunca fueron dichas…

Tendría que haberme adelantado

al tiempo y los silencios

que ahora me torturan

la voz y las palabras

que inoculado el dolor todo es espanto

intensa pesadilla

incomprensible el mundo

la vida desaliento

oscura noche todo…

Tendría que haberme avisado

de la muerte que siempre merodea

pero nunca pensé

jamás creí

que te llegara el día

que todo lo oscurece

y en sombras vive

eterno ya…

Tendría que haberme preparado

para la liturgia del silencio

pero estaba en otras cosas

y hoy no puedo ya salvarte

reunir en un ramo las flores más bellas

y llevártelas a tu casa en la ladera

hoy ya es tarde

para quedar a la hora precisa

y contar amapolas

avistar los montes de olivos

y hablarte del sonido del agua

en las mañanas de estío

junto al cañaveral amigo

escribirte una carta

pidiéndote perdón por las ausencias.

Tendría que haber ido al encuentro

de ese día que hoy se escapa

abismado en la espesura del tiempo

que nunca volverá

a ser aire y agua, fuego y rosa.

















La Voz Iluminada



A Juan Carlos Rodríguez, In Memoriam


Hablan de ti y es otoño

penan tu ausencia

la luz en los albores del verso

que en ti hallaron

la palabra encendida

el verbo en movimiento

cuando la tierra gira

alrededor de una rosa

y el tiempo se detiene

y testigo del caos

tu voz iluminada

siembra estrellas en el cielo

en la quietud toda

de la casa y los libros

de la lluvia en las aceras

golpeando la noche

la piedra y sus silencios

allá en la cima, alto

los ojos son espejos

que el agua resplandece

en los estanques

del jardín laberinto

claridad arcoíris

de las flores lucerna

cuando el sol ya destella

en los cármenes

o en murallas de hiedra.


Yo que no te conocí

que nunca hablé contigo

parece que te tuve

en el abrazo siempre

fraterno en la escritura

visible entre las páginas

de blanco pergamino

de vuelta a la materia

constructo del alma

o el espíritu

te siento ahora

cuando escribo estos versos

cercano al desconsuelo

de saberte huido

después del tránsito

en el tiempo

que fulge allá en lo oscuro

igual que así te viera

al abrigo de tu siempre eterno

sombrero negro

igual que así cantara

tu doble Leonard Cohen

otra noche de otoño

Dance me to the end of love

junto a un vaso de güisqui

en un vuelo infinito

hacia la luz del abismo.


Yo que no te conocí

ni hablé nunca contigo

te escribo ahora

en esta amarga noche

escribo los latidos

escucho los silencios

nombro tu nombre

para sentirme libre

y vivo.


En esta hora gris

te escribo

amado profesor

secreto amigo.












Tierra Madre



a Mari Carmen Tienda. In Memoriam.



En el espacio calmo

de tus ojos vivientes

en esta madre tierra

entierro ya el cuchillo

en los verdes silencios

en el mármol opaco

centelleo de siglos

en el agua y la rosa

más allá de las nubes

en esa extraña luz

que circunda la noche

donde los dioses barro

el aire solo adensan

del otoño en las hojas

al vuelo de los sueños

en la piel de la luna

que obra en el silencio

sepulto en los caminos

después de haber sembrado

semillas de canciones

atardeceres inmensos

en alabanza al sol

que dora los estanques

liturgia de otro tiempo

remoto en los trigales

adentro ya toda alma

que busca la verdad

en los altos cipreses

del único sendero

habitante del cosmos

envuelto en las mañanas

que el frío del invierno

los labios eterniza

en el grito primero

que la voz dolorida

acuchilla al instante

después de haber amado

al alba con locura

el hogar de los hijos

rumor vivo de nanas

callada la tormenta

abierto el corazón

al rumor de los labios

cuando ya todo vuelve

al abismo del fin

en sonidos de réquiem

trascendido y celeste

maternal y nutriente

de los pétalos rosa

en los mármoles huella

para nunca el olvido

en palabras del aire

por los campos de olivos

cuando cae la tarde

la lluvia en los cuerpos

ramillete de rezos

por el cielo abrasados

hasta luego en la tierra

azucena en las aguas

que lentas discurren

por la historia del tiempo

en los juncos descansa

para siempre serena

sin edad en la tierra

madre tierra tu nombre

de regreso a las ramas

de los árboles luz

de la siesta inmortal

en los brazos del viento

la palabra doliente

testimonio del vuelo

que los ojos no alcanzan

al cegarlos las sombras

de la piedra desnuda

después de haber vivido

los sueños bien adentro

el fulgor de los días

como un reloj exacto

en los bosques celestes

habitados de lunas

y en las manos ardientes

por eternas promesas

más allá de los montes

que amamantan fronteras

abierto el corazón

a la tierra y sus dones

en las nieves primeras

nacimiento de labios

que encandilan la noche

aventura en el tiempo

de sedosos silencios

como hiedra en los muros

a la tierra devueltos

en racimos de rosas

que una eterna palabra

en la fuente espejea

por vivir la certeza

que a la tierra volvemos

en alma clara y viva

para ser alma sola

eterna luz de tierra.