jueves, 22 de octubre de 2020

LA SÍLABA DE ÓNICE

 

SALÓN DE LECTURA

José Antonio Santano

La sílaba de ónice

josé antonio ramírez lozano

        

La sílaba de Ónice
José Antonio Ramírez Lozano


Título: La sílaba de ónice

Autor: José Antonio Ramírez Lozano

Editorial: Junta Castilla-León (2020)



Para un tiempo de desolación e incertidumbre como el que estamos viviendo, cuando el hombre no es capaz de ejercer de hombre y cumplir con su verdadero destino en la tierra, que no es otro que avivar el fuego de la solidaridad y convivir en paz y plenitud con sus semejantes, el remedio más eficaz es la lectura, si me apuran, un buen libro de poesía. En el panorama actual no es fácil hallar textos poéticos que, desde la primera a la última, nos entusiasmen; textos capaces de hacernos olvidar este disparatado e infernal mundo en que vivimos, y ofrecernos otros distintos, creados exprofeso para vivirlos con absoluta emoción. Entre esos pocos libros que a veces uno tiene la suerte de poseer está “La sílaba de ónice”, de José Antonio Ramírez Lozano (Nogales, Badajoz, 1950), merecido “Premio Fray Luis de León, 2020”.  Como una premonición resulta la primera cita del libro, de Octavio Paz: “En la verdad del tiempo no fechado”. Es este tiempo sin tiempo el que hace al poeta meditar sobre sí y el mundo que le rodea, buscar nuevas fórmulas que aplicar al poema, rebelarse y revelar lo oculto para crear otros espacios donde el poder de fabulación sea tan elocuente como intenso y lo narrado configure una verdad poética tan subjetiva como real. La capacidad creadora de Ramírez Lozano es extraordinaria y su voz un oasis de palabras de innegable belleza. En él siempre admiré al narrador y al poeta, pero he de confesar que a día de hoy, y tras la lectura de “La sílaba de ónice”, creo no exagerar si digo que estamos ante uno de los grandes poetas de España y el mejor de sus poemarios. Ejerce en este libro de poeta orfebre, y lo hace desde el primer poema “Fabián Duclés” («Este  hombre no sabe que se llama / Fabián Duclés y Samarí, / ni que ha vuelto a salir de un barrio de Munara, / una ciudad que tiene un río que se lleva  / las palabras usadas y a la que debe un día / volver para besar la piedra negra en que está escrita / la cruz de su orfandad, / el filo de una sílaba de ónice / con la que abrirse paso en las tinieblas.») hasta el último, “Vaca sola”, excepcional en su forma y fondo («Hay una vaca enorme aquí en mi sueño / que pasta entre las tumbas. / Una vaca que ignora el himno de los mártires, / el ciclo de las témporas / y que apedrean los deudos cuando acuden / con su hebra de luto y sus flores de plástico.»).  La capacidad de fabulación y síntesis de Ramírez Lozano es abrumadora, no deja descanso para el lector y así construye un universo que destella, que crece hasta alcanzar la luz incendiada de la luna. Dividida en tres partes: “Fabulaciones”, “Invertebrados” y “Vaca sola”, el poeta muestra una originalidad infrecuente, con un lenguaje y pulso narrativo, a veces surrealista y otras de una certera observación del mundo que le rodea o intuye esencial en su existencia: «Hay vidas que no fueron vividas y de noche / toman cuerpo en las sombras y frecuentan / las vidas que los hombres descuidan cuando duermen». Podría señalar algún poema en concreto, pero todos y cada uno de ellos bebe de lo absoluto y la nada al mismo tiempo, se complementan y brillan con luz propia, crecen en su voz de sílaba y vuelan por el firmamento azul del lenguaje, de tal manera que un fulgor inesperado nos vive desde entonces para siempre. Ramírez Lozano busca en el abismo de la hondura, de las profundidades, debajo de la nada, la luz del pensamiento, y en la mar se precipita hasta encontrar su tesoro, el tesoro del mundo: 

«En el mar de Estambul hay una llave 
perdida para siempre 
que abre un cofre en Esmirna que contiene 
la edad del mundo en cuentas 
pequeñas de granates, el préstamo de los desheredados, el diapasón del iris».
“La sílaba de ónice”, es un libro memorable y apasionante, escrito por una de las plumas más destacadas del panorama literario español, José Antonio Ramírez.  


jueves, 1 de octubre de 2020

NECESITO UNA ISLA GRANDE

 

SALÓN DE LECTURA

José Antonio Santano

 

Necesito una isla Grande

RAFAEL SOLER

 


El mejor de los refugios para estos días aciagos que vivimos es la lectura. Dejarse llevar por la letra impresa a los lugares más insospechados es de una extraordinaria necesidad. Romper momentáneamente al menos con la realidad más cruel y abismarse en los variados mundos que nos proporcionan las páginas de un libro parece perfilarse como uno de los remedios para este tiempo de penurias. Los libros nos ayudan a pensar, a comprendernos y comprender el mundo y ser más libres. Sin libros, por mucho que quieran sus detractares son un elemento esencial en la vida de los seres humanos, y como tal debiera de procurársele atención, una especial atención. Sin embargo, otras son las miras de quienes administran el común. Craso error que pagamos, ya lo estamos pagando, con el desmesurado crecimiento de la intransigencia y la insolidaridad, algo que no debe ni puede consentir el género humano. Para evadirnos, circunstancialmente, o penetrar en esos otros mundos del imaginario o la fantasía están los libros, su utilidad más inmediata, pero también para conformar nuestra personalidad, nuestra identidad y nuestra libertad. En este sentido, cabe destacar un libro, una novela no muy extensa pero de una extraordinaria ejecución que nos acerca al mundo de nuestros mayores, concretamente a un grupo de ancianos de una residencia y que responde al título de “Necesito una isla grande”, publicada por la editorial Contrabando, y de uno de los escritores más solventes del actual panorama literario español, Rafael Soler (Valencia, 1947). A estas alturas no hay duda alguna de la excelencia narrativa de Soler, algo que viene demostrando con cada entrega, sorprendiéndonos siempre por esa continua superación de su apasionante discurso narrativo.  No me duelen prendas en reconocer que Rafael Soler es una de las voces más interesantes y necesarias de la actual narrativa. Su concepción del hecho narrativo es de una brillantez poco usual. Soler se adueña de las palabras para construir un universo único, el suyo, el de su verdad y no ceja nunca en el intento de aprovechar cuantos recursos le están a su alcance para dar vida a sus personajes de una manera diferente al resto de narradores españoles. Es su toque personal y contenido en la natural frescura de sus diálogos, por ejemplo, hasta el punto de hacer hablar a los muertos cuando tan complejo ya por sí es hacer hablar a los vivos; el mimo con el que estructura la narración, los silencios, el humor y la ironía que hacen de él un atípico novelista. “Necesito una isla grande”, en resumidas cuentas, es historia de un grupo de ancianos que viven en una residencia y al que les toca un segundo premio de la lotería que marcará un antes y un después en sus vidas. Soler es un maestro del diálogo, por su gracia natural en construirlo, y en esta historia mucho tiene que ver este recurso.
 La historia que se nos cuenta en esta novela contiene todos los ingredientes: amor, soledad, ternura, generosidad, compañerismo, miedos, humor, ironía, humanidad, muerte, y todos en esa coctelera mental del novelista toman las formas más variadas de emocionarnos, de producir en el lector ese temblor propio de la escritura rigurosa, rica en conocimiento y valores humanos, esa literatura capaz de hacernos creer que, pese a todo, hay que seguir caminando en la búsqueda de la felicidad, aunque solo sea de una pequeña porción de ella, porque la vida no es si no se vive intensamente a cada segundo. No es la primera vez que me acerco a la escritura de Soler y nunca hasta ahora me ha decepcionado, ni creo que me decepcione en futuras ocasiones, si las hubiera, que espero que sí. La razón es bien sencilla, Rafael Soler es un excelente narrador, su grado de percepción de lo oculto e imaginario es tan profundo que en su observación detenida del mundo que le rodea está su don más preciado, la luz que ilumina su literatura, tan especial y cercana a la vez, tan precisa en el lenguaje, tan viva y abarcadora, tan suculenta y necesaria.  

 


Título: Necesito un isla grande

Autor: Rafael Soler

Editorial: Contrabando (2019)