lunes, 30 de julio de 2018

PAISAJE CON LATIDO por JOSÉ ANTONIO SANTANO


SALÓN DE LECTURA _______
______________ José Antonio Santano


PAISAJE CON LATIDO
Hay regresos que se celebran de forma especial y placentera. Después que el tiempo haya sido como una losa, un estentóreo silencio que anubla la palabra y la encarcela en la prisión del olvido, reconforta comprobar que ese tiempo solo fue eso, una corta parada, un lapsus solo, un paréntesis. Ocurre a veces que cuando creías perdida esa voz que en otro tiempo propició momentos de extraordinaria delectación, un día sin más, vuelve de nuevo, te llega clara y diamantina en forma de libro, y entonces, en ese instante, esa voz ahora convertida en armónicas grafías, recorre todos los silencios del pasado hasta aflorar una indescriptible emoción. 
Gabriel Montes Galdeano
Ilustraciones de Gabriel Montes Galdeano

El libro del que hablamos lleva por título “Paisaje con latido”, siendo el autor de los poemas, 22 en total, José Tuvilla (Guadix, Granada, 1958), y de las ilustraciones, también 22, el fotógrafo almeriense Gabriel Montes Galdeano. Poesía e imagen que se complementan en un juego de espejos donde la belleza del paisaje (Viejas Salinas de Roquetas de Mar) y el latido de los versos nos aventuran en la cotidianidad de los días, en la vida misma de quien mira (fotógrafo y poeta) desde la altura del conocimiento y la emoción que surge de la experiencia, de lo vivido. Ya desde las primeras líneas del generoso prólogo, autoría del también notable poeta Francisico Domene leemos: «Paisaje con latido servirá para que sus viejos lectores por fin nos reencontremos con él y para que los nuevos descubran su extraordinario talento». Y no le falta razón a Domene, esa vuelta a la poesía de Tuvilla nos congratula a quienes sabemos de su inteligencia y su magisterio, a quienes siempre estuvimos a la espera de su luz poética, del fuego de su palabra, esa que alimenta el alma y nos abisma en el silencio de lo invisible hasta estallarnos toda en un segundo. Tuvilla añade a su condición innegable de poeta, otra tan importante como olvidada: el humanismo que impregna su vida, y su obra. Tuvilla es un luchador incansable, un hombre que vive en los hombres y a la luz de otros hombres que supieron alumbrarnos en el difícil camino de la vida. Su poesía está avalada por esa mirada que trasciende en “el otro”, que quiere ser “el otro” en cuerpo y alma para sentirse vivo, de ahí sus continuos logros en el campo de los Derechos Humanos y la Educación para la Paz. 
José Tuvilla
Poemas de José Tuvilla,
 Paisaje con latido

El poeta que es José Tuvilla está más que demostrado con anteriores entregas: “Ritual de la palabra” (1981), “Vibración de la ceniza” (1982) y “Memoria inmóvil (1992), ahora lo revalida en “Paisaje con latido”. Un latido profundo que nos recorre de pies a cabeza cuando leemos los 22 poemas que contienen esta publicación, complementada por la sensibilidad y oficio de Gabriel Montes, que ha sabido captar el alma de los amaneceres. Comienza Tuvilla su periplo poético en este libro por los cuatro elementos de la Naturaleza: Aire, Agua, Fuego y Tierra, en un despertar único que vislumbra el Amor («Si el tiempo permitiera que la luz única fuera aire, aire sería tu voz, / tu latido, la última palmera que el viento acaricia, la hierba exquisita (…) Aire es tu mirada, aire es mi voz que te llama y te dice: “Amor mío”», el Deseo («Allí, en otra hora, en las lindes de la oscuridad, / se abrazó el deseo con afiladísimos y dulces labios, /al amor furtivo», la soledad («Salgo cada día al sendero, entre las sombras que el alba disipa, / y encuentro allí la soledad y la paz que, luego, la urbe me arrebata. / Hoy, todo se alumbra de un rojo intenso, del fuego desnudo», o la tierra en sí misma, la ciudad frente al silencio («En la ciudad, traspasada la línea que marca el sendero, / hoy, las cosas discurren sin quebranto, / como ayer, como mañana, / como las infructuosas estaciones… // Aquí el agua y la tierra…». Pero el poeta camina por el sendero de la vida, ahonda en su realidad diaria y se abstrae para seguir el rumbo de la cálida luz del cielo en su inmensidad, del tiempo que nunca se detiene, que es pasado y presente, futuro innombrable: «Se ha propuesto decidido vencer su récord, / el tiempo todo, la fatiga indomable, / el aire encendido en los pulmones. / Vencer, no ser vencido». El color y la luz de las imágenes provocan en el poeta el amor por la Naturaleza, por el hombre y sus soledades y silencios, en un claro ejercicio de humano sentir, y donde el tiempo es el adversario de la contienda, y la meta el paraíso, el Olimpo: «He aquí al atleta contra el tiempo, en su desafío matutino, / cuando nadie ocupa la línea que la naturaleza prolonga… // Y entonces, sabiéndose extenuado / y frágil, comprenda que ya la juventud le fue arrebatada. / Venimos y nos vamos de este mundo…Sabiéndonos, al final, que no somos nada. (…) Detrás, la urbe se levanta, / se extiende el asfalto y el ruido, en todo su sombra, se eleva». Sin duda, Tuvilla nos devuelve la esperanza en la poesía que crece muy adentro, en las entrañas del lenguaje, en la palabra luz y aureola que nos alerta de los peligros y la vaciedad del hombre, para redimirse en el Amor como única verdad: «Amor mío, deja que la sangre del amor te aceche y te atrape. // Abandónate a mis pasos como yo me abandono a tu latido».
Paisaje con latido

                                       Título: Paisaje con latido
Autores: José Tuvilla / Gabriel Montes
Editorial: Los autores (Almería, 2017)

miércoles, 25 de julio de 2018

LETRA Y NUBE DE JUAN ANTONIO BERNIER por José Antonio Santano




LETRA Y NUBE de JUAN ANTONIO BERNIER
El tiempo vuela. Y cuando queremos darnos cuenta de esta contundente verdad estamos atrapados en ella, sin remisión. El tiempo es un hilo invisible que va tejiendo los días y las noches con una seda especial que crece y crece alrededor nuestro y nos envuelve en su soledad de siglos, un silencio que grita a cada instante, seguro de alcanzar el lugar más recóndito del espacio, el vacío que nos muestre el camino hacia lo desconocido. La construcción de un universo personal deviene en profundizar en el misterio del cosmos, atreverse y dejarse sorprender por lo oculto. Nadar a contracorriente hasta quedar exhausto, en el convencimiento de saberse presa del asombro, perplejo ante la extraña mirada del tiempo. Un poco de todo viene a ser el texto que presentamos en esta ocasión “Letra y nube”, del poeta Juan Antonio Bernier (Córdoba, 1976), sobrino del también poeta cordobés Juan Bernier, cercano al Grupo Cántico. Con anterioridad a este poemario ha publicado otros dos, también en la editorial Pre-Textos: “Así procede el pájaro” y “Árboles con tronco pintado de blanco”. En la actualidad compatibiliza poesía y arte al ser gerente de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí. La poesía concebida en “Letra y nube” es minimalista, de versos de arte, caracterizados por la profunda reflexión metalingüística y poética, provocando así una sensación de acabamiento que sitúa al lector en un plano de espejos y laberintos cuya resolución quizá dependa de la palabra, en esa búsqueda por la verdad, su verdad poética, como así se expresa ya desde el comienzo, en este breve poema de la primera parte del libro titulado “El eclipse” : «Para volver en sí, / la luz de la mañana / compuso en la ventana / un paisaje sin mí». El poeta necesita de la breve exposición del pensamiento, de la idea llevada al detalle, para concluir a modo de enseñanza, como si todo pudiera resumirse en un instante solo, en un segundo que perpetuase la existencia. Los poemas, a veces casi aforísticos, entroncan con esa tradición literaria que roza lo filosófico, que trasciende enriquecida por la actitud del poeta en el mundo. Metapoética que aporta valores en su propia simbología, resurgiendo así una nueva fórmula de expresión en esa constante búsqueda de lo desconocido desde la propia realidad material, como así sucede en la tercera parte del libro titulada “La fiebre del oro”, y más concretamente, en el poema “Molino de Rodalquilar”, que nos transporta hasta tierras almerienses: «Perdiz entre el tomillo. / Girando en torno a ella, / las estrellas. // Oculta en el violeta, / eleva a las esferas / su estribillo». Un venir continuo del pensamiento, una ontología latente que predispone al poeta con lo más abstracto en un ejercicio constante de aproximación a aquellas zonas proscritas, pero que Bernier recupera para un discurso poético que sabe de los desiertos y la soledad, como se muestra en este poema, Douane: «Con su paso ondulante, / el sol pule la arena. // Y la duna, desnuda, / recita con la brisa // el áureo trabalenguas / del sol en los trigales», o en este otro, Nocturno: «Quién me cerrará los ojos / cuando esté solo»; concisión y brevedad en la fórmula expresiva como ya habíamos adelantado en líneas anteriores, casi aforística. Una vez más Juan Antonio Bernier visita el espacio ancestral de la palabra, sus campos semánticos en la búsqueda por esa “verdad absoluta” que todo poeta necesita y a la que aspira en todo momento. 
Letra y nube
LETRA Y NUBE DE JUAN ANTONIO BERNIER

Por muy penoso que sea el camino la voz siempre renace. Es como un grito que pervive en todo tiempo, que se mantiene sólido, inalterable. Es la poesía principio y fin, un son que habita en el poeta, en su respiración y en sus pupilas. El pensamiento en su desnudez absoluta, alimento de vida, el viaje último a no se sabe qué clase de eternidad, pero eternidad al fin y al cabo; una luz que rebasa la plenitud de lo infinito, del tiempo en sí mismo y que el poeta advierte en cada sílaba, en cada letra, dejando que a la altura de la nube ascienda y se transforme en voz del aire, hasta el punto de ofrecer una nueva dimensión del “ser” y “estar” en el mundo: «La esfera es imperfecta. / En la flor del granado / fructifica otra esfera»; un viaje a las nubes en su más amplio sentido, hacia el celeste mar del espacio, nube plena en su blanco diamante o en su gris cristalino. “Letra y nube” es un libro tan complejo como interesante, donde la razón del ser se abisma en la vivacidad de la palabra trascendida en un juego de intertextualidades afortunadas al fin que se persigue: la creación de un universo propio. El presente en su dimensión más futurista y la vida en su esencialidad futura: «El fruto se desprende. / La muerte se satura. / La vida vence». Nos muestra Juan Antonio Bernier en este poemario una parte de él tal vez secreta, que germinaba en el tiempo y sus silencios y que hoy y ahora confiesa, como en palabras de R.M. Rilke, con las que cierra este círculo vital de su poesía: «Habla y confiesa. Más que nunca / Se hunden las cosas y desaparecen, las cosas que vivimos, / Porque eso que las empuja y desplaza es un hacer sin imagen».
JUAN ANTONIO BERNIER
JUAN ANTONIO BERNIER

Título: Letra y nube
Autor: Juan Antonio Bernier
Editorial: Pre-Textos (Valencia, 2017)

lunes, 16 de julio de 2018

Los otros que me habitan.


SALÓN DE LECTURA _________________________ José Antonio Santano

LOS OTROS QUE ME HABITAN
Es habitual que con la llegada del verano las librerías reciban un mayor número de personas que se acercan a ellas con la sana intención de adquirir un libro y leerlo en las tan esperadas vacaciones. Al menos ese parece ser el objetivo a priori y con esa determinación las librerías ganan en este tiempo más visitantes. Lo que siempre es una alegría dada la precariedad lectora de nuestro país. Géneros para todos los gustos esperan en los anaqueles de las librerías, solo falta ese lector dispuesto a adquirir uno de ellos: poesía, ensayo, teatro, novela, cuento o relato…Para esta ocasión mi atención crítica recae sobre un libro de este último género: “Los otros que me habitan”, del escritor Paco Huelva (Almonte, Huelva, 1956).

 El libro que nos ocupa consta de doce extraordinarios relatos que harán de su lectura un verdadero placer. Con anterioridad Paco Huelva ha publicado otros libros de narrativa, entre los que destacan: Griego, Y cien, Andando sobre el tiempo, La búsqueda de la identidad y El perfil de los sueños. Huelva es un interesantísimo fabulador, un narrador de raza, como lo demuestra en estas doce historias fraguadas al calor, podría decirse, de una chimenea o el brasero de picón en las largas noches de invierno. Ese contador de historias que nos recuerda a nuestras abuelas en la intimidad de la casa cuando éramos niños. Todo ese espacio, ese paisaje donde habitan otros seres se nos presenta en esta cuidada edición de Niebla. Doce son los cuentos, como ya hemos dicho, y doce las historias que nos harán vibrar como solo sabe hacerlo la buena literatura, esa que ahonda y se abisma en la nada para crear vida en cualesquiera de sus formas. Doce narraciones que, además, se desarrollan o tienen mucho que ver con lo rural, ese espacio tan sobrepasado por todo lo relacionado con lo urbano, motivo que hace más atractivo aún este libro de relatos. Huelva ha sabido transmitirnos ese ambiente rural, tan desconocido y misterioso, con tan buen oficio que uno tiene la sensación de remontarse en el tiempo, de ser en esencia “los otros que te habitan”, los que su creador ha elegido como protagonistas para sentir así la respiración de cada uno de ellos.

 La temática, la acción y los personajes nos muestran de forma brillante el mundo rural, y de esa concepción que Huelva posee de ese territorio fabula, crea a su vez otro universo que nos hace temblar de emoción a través de un lenguaje preciso, contundente, exquisito en su fondo y en su forma, de tal manera que se siente el hálito amargo unas veces y dulce otras de esa realidad rural. Huelva aporta a su discurso narrativo no solo experiencia y conocimiento, sino algo ausente en la literatura actual, emoción, capacidad de turbar, de sorprender con un estilo depurado al lector, hacerlo cómplice de su delirio creador. Huelva nos presenta así doce historias construidas sobre la base de lo aprehendido a lo largo de los años de los propios libros, de donde bebe continuamente, hasta la saciedad. Sus relatos son de extensión variada, en su mayoría breves, pero todos ellos de una construcción sólida, sugerente, profundamente humanos en toda su extensión de la palabra. Una obra, “Los otros que me habitan”, difícil de olvidar, capaz de mantener al lector atento desde la primera página, que así comienza: «Malaleche camina procurando no resbalar entre los guijarros. A Cabezón no le gustan los vaivenes que da Malaleche porque se parecen a los de las cunitas de feria», hasta la última:«Una noche de insomnio forcé el desvencijado cajón de un mueble de la vieja casa, de aquella casa que ahora es solo sombra en la memoria, y que por animarla o revivirla, acudía ella, sumiso, extraviado y perdido no sé por qué necesidades del alma o del niño que fui, y que anda escondido en lo que soy sin manifestarse a los otros… ». Entre la primera, correspondiente al relato que titula “La vendimia”, generalista, donde se cuenta la historia de una venganza, y la última, “Aquella casa vieja”, intimista y biográfica, existen otras diez historias que nos devuelven a recordar otras páginas memorables de la mejor tradición literaria española. Historias de parricidio, prostitución, venganza, adulterio, de todo tipo contienen este libro, pero sobre todo llama la atención esa maestría con la cual Paco Huelva nos presenta cada uno de los relatos, cómo se crece en el desarrollo de los mismos y cómo sorprende en su resolución, en ese continuo descarnar hasta llegar al mismo tuétano del hueso, a la esencia de todo discurso narrativo. Valor añadido a este conjunto de relatos son las ilustraciones que los acompañan, tan inquietantes como los propios textos, autoría de Víctor Pulido. “Los otros que me habitan” es un viaje al interior de los orígenes, un recorrido por la vida en su esencialidad, de unas vidas que discurren entre el puro instinto, lo primario o atávico, y que nos muestran básicamente la tragedia de ese mundo tan alejado de nuestra mirada cotidiana como es el rural. Un libro, pues, muy recomendable, que nos acerca a la buena literatura que ofrece su autor: Paco Huelva.
PACO HUELVA
LOS OTROS QUE ME HABITAN
PACO HUELVA

Título: Los otros que me habitan
Autor: Paco Huelva
Editorial: Niebla (Huelva, 2017)

martes, 3 de julio de 2018

Un asceta en la corte nazarí.


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DIARIO DE ALMERÍA
Un asceta en la corte nazarí de José Miguel Puerta Vílchez


La llegada de un libro es siempre motivo de alegría, sin duda. Una vez que se sostiene entre las manos y se acaricia todo él, una nueva dimensión se nos muestra clara y transparente, un universo distinto se hace nuestro y en él vagamos días y noches enteras. En ese camino renacido, la aventura es una luz que crece en nosotros hasta límites insospechados. Una explosión de silencios se adensan en nuestro interior y el alma siente como una transfiguración que nos aproxima a un estado de inquietud creciente. En ese estado casi místico confluye la emoción y la sabiduría, porque un libro siempre es eso, la necesidad de saber y sentir. El libro que presentamos es mucho de todo lo enunciado. Un asceta en la corte nazarí, del profesor de la Universidad de Granada y arabista José Miguel Puerta Vílchez (Dúrcal, Granada, 1959) nos invita a, como bien nos indica en su prefacio, conocer la biografía del asceta Ibn Ja'far al-Conchi (al-Qunchi), del Valle de Lecrin, descrita así: «la peripecia de este asceta nos conduce ante el debatido tema en el islam clásico de la moralidad o no de la arquitectura monumental, defendida por unos en tanto modo de simbolización de la realeza con el fin de cohesionar a la sociedad, censurada por otros atribuyéndola al afán de lujo y dominio de los potentados, o nos acerca a las disputas sobre la verdad y la mentira en el arte, o sobre la función del artista cortesano y las relaciones entre literatura, arte y pensamiento en la Granada nazarí».

Un asceta en la corte nazarí
JOSÉ MIGUEL PUERTA VÍLCHEZ

A partir de algunos datos históricos sobre al-Conchi, Puerta Vílchez recrea la vida de al-Qunchi, para desvelarnos, con un exquisito lenguaje, la razón de ser de un viaje juvenil al Oriente en busca de la luz y el saber, y el regreso al ocaso de Occidente. Con el subtítulo de "Los misterios de los sentidos, la imaginación y la creatividad", el profesor Puerta nos propone un viaje a la esencia cultural de Oriente, junto al geómetra Ridwán, creador de «una variada serie de estrellas geométricas pensadas para representar los siete cielos mencionados en el Libro Sagrado y de la gran cúpula de madera del Salón del Trono de nuestro señor, Príncipe de los Creyentes».
En ese diálogo entre el asceta al-Conchi y el geómetra Ridwánm hallaremos algunas de las razones de uno y otro sobre la moralidad o no de la arquitectura monumental: «-…los auténticos seguidores de la senda espiritual hacen de la escritura una experiencia vital… Para ellos, la música (sama') es una vía unitiva y cuando practican la poesía lo hacen para recrear el lenguaje y hallar nuevos caminos de expresión del ser y su extinción en lo absoluto, -dijo el asceta». Y añade en páginas posteriores: «-Por muy maravillosas y bellas que sean sus edificaciones el sultán se empeña en estampar su nombre y el de su familia por todas partes: arriba, abajo, a derecha, a izquierda, al norte, al sur. Es tedioso, molesto, atenta contra la pureza de espíritu, entorpece la contemplación. Quien libera el sentimiento, su poesía, en su largo camino hacia la luz, purifica su ser, lo pule, y es posible que se eleve hasta el saber. Mas quien graba poemas en las paredes de los reyes no busca más que la fama en este mundo, sea para él, para su señor, o para ambos a la vez».

Un asceta en la corte nazarí es un libro extraordinariamente revelador de la más honda concepción del mundo islámico, de su sabiduría, y así nos lo muestra Puerta Vílchez, en su esencialidad, a través de un manuscrito: "Luces de alocuciones y misterios". Siete misterios y siete alocuciones, como siete cielos, en ese continuo desvelar de la energía creadora del número 7: El Misterio de los Sentidos, de la Creatividad, del Sentimiento Poético, de la Armonía, de la Imaginación, del Amor y de la Belleza. Como muestra de esa hondura de pensamiento, de búsqueda y sabiduría, destacamos el referido al sentimiento poético, cuando se dice: «La poesía es el espacio de la globalidad, del enigma, del símbolo y del ocultamiento // La poesía es experiencia del lenguaje y del ser. // La poesía consiste en degustar permanentemente el mundo. Es la creación de la Imaginación en el espejo de las formas y la belleza. Es el corazón respirando con el pulmón de la palabra». Con todo, "Un asceta en la corte nazarí" es un libro tan sabio como bello, pues las ilustraciones que lo contienen, de Nairus Bakour, añaden valor al mismo en la contemplación de ese juego de sombras con el que se nos presenta vivamente Oriente, toda su belleza; también la propia de su grafía árabe al traducirlo. «Soy granadino y en Oriente me hice más hondamente granadino. Considero que la belleza de lo sencillo es la más difícil y maravillosa creación. Por ello, prefiero las acequias a los palacios. El misterio de la Belleza radica, en suma, en que moviliza los sentidos, despierta la creación, da vida al sentimiento, se manifiesta armónica y luminosa, enciende la Imaginación y ésta la crea», palabras de al-Conchi que bien definen la prolífica obra, el pensamiento y la sabiduría del autor de "Un asceta en la corte nazarí", el profesor y arabista José Miguel Puerta Vílchez.

UN ASCETA EN LA CORTE NAZARÍ