jueves, 27 de diciembre de 2018

EN LA OTRA LADERA. JOSÉ ANTONIO SÁEZ por JOSÉ ANTONIO SANTANO

JOSÉ ANTONIO SÁEZ
SALÓN DE LECTURA (DIARIO DE ALMERÍA 31/12/2018),
 columna de JOSÉ ANTONIO SANTANO, con el libro
 "EN LA OTRA LADERA"  DE JOSÉ ANTONIO SÁEZ

EN LA OTRA LADERA. JOSÉ ANTONIO SÁEZ
EN LA OTRA LADERA

Es reconfortarte saber que existen creadores que desde la más absoluta soledad, alejados de los centros de poder –en todos sus ámbitos-, construyen día a día una sólida y gran obra. Conforta comprobar que desde ese silencio que los distancia de las grandes urbes contaminadas –de casi todo lo contaminante, material y espiritual-, en un pequeño pueblo cualquiera de una provincia cualquiera, una mujer o un hombre cualquiera edifica un monumento literario bello y perenne, majestuoso en su honestidad, ético y estético al mismo tiempo. Uno de esos casos, que siempre están más cercanos del olvido que del reconocimiento es la razón y la causa de este comentario. Su callada pero certera labor, sin la cansina y monocorde parafernalia que acompaña a muchos escritores y poetas de hoy, se corresponde, en estas ocasiones, con el resultado de un trabajo honesto y dignísimo, capaz de proporcionar la emoción suficiente como para sentirse unido al mensaje que de forma tan indiscutible proporcionan a través de su obra, como lo es ésta: “En la otra ladera”, de José Antonio Saéz (Albox, Almería, 1957). Y así, efectivamente, sucede. Ya desde el principio de este libro hallamos la voz honda y serena que vive en este gran poeta albojense: «Si naufraga el corazón, id por él tras el sembrado de los abedules y envolvedlo en las vendas de un sudario (…) Si veis que muere, acomodadlo en un lecho de luciérnagas y hacedlo reposar sobre la almohada donde vienen a extinguirse los amantes». Sáez ha creado un universo propio, que bebe de la mejor tradición literaria española y que desde la independencia, el conocimiento y un existencialismo vital construye un discurso netamente humanista: «Pon en mi lengua las palabras precisas para dar consuelo y extender la caricia, para aliviar la herida que sangra y la pena que lacera el corazón abandonado. Dame, tú, ahora, las palabras exactas que iluminen a quien yace en tinieblas y deambula sin rumbo por calles y lugares, ignorado de todos, vapuleado por la vida, ninguneado e ignorado por sus semejantes.».
 Alcanza Sáez un estado trascendente, diríase que casi místico (“Hazte en mí y sea yo en ti”) en el cual la palabra es la luz que devuelve la esperanza, el instrumento transformador de una realidad que no satisface al poeta. Poesía en prosa la que nos muestra José Antonio Sáez en cuarenta y ocho composiciones. Poemario para los sentidos y el intelecto, tan bella como sencilla en su concepción del mundo, y reflexiva, sosegada meditación desde la experiencia del vivir, de la cotidianidad de los días, ese tiempo que en el poeta siente que se escapa entre los dedos, porque ya no hay marcha atrás: «Se van, se nos van los días deslizándose entre las manos desnudas como arena. Se nos va la vida y somos solo gotas de agua resbalando en el cristal. Qué esperar de lo porvenir». En los versos de Sáez hallamos la confluencia de la búsqueda de la belleza y la fuerza expresiva de lo cotidiano que nace como consecuencia de una honda interiorización de lo vivido y por vivir. El poeta, desde la soledad de su apartado rincón almeriense, ajeno a las modas y modismos, a la llamada posmodernidad que tan poco le ofrece, consigue conservar intacta su voz, esa que ahonda en los orígenes y acompaña como un canto en las tardes de otoño al son monocorde de la lluvia en los cristales. Consciente del lugar que ocupa, Sáez oficia de poeta auténtico, sin interés alguno por el boato o la engañosa fama que adorna al hombre («Sobran los homenajes para quien no los busca. 
De vanidad se infla el globo y alardea el pavo real en su rueda. Pues llegué sin nada, me iré desnudo, como los hijos de la mar. Alada la mano que cierre la ventana de mis párpados»), porque el amor es el principio que rige todos sus actos: «Si nos han de juzgar por algo, que sea por el amor de que fuimos capaces. (…) Porque el amor, si no se da, se pudre en nosotros como fruta madura, que no es comida por nadie y viene a ser picoteada por los pájaros o arrojada a las alimañas». 
José Antonio Sáez es sin duda un poeta existencialista, humilde y solidario que nunca se detiene y que siempre abre su corazón al desposeído, porque su razón de ser no es otra que la de humanizar cuanto le rodea: «Abrió su corazón a la verdad, a la justicia, a la nobleza, a la compasión, a la solidaridad y lo cerró al escepticismo, a la angustia, a la desazón y al desasosiego». Por ello la tierra madre, la patria, también vive en él, “siguiendo a Salvador Espríu”, de forma muy particular, y en un momento tan delicado como el actual, y así escribe: «Con desgarro en el corazón oigo hablar de mi patria, con desprecio a algunos y con ignorancia a otros. Pero yo conozco su dignidad en la pobreza y su pasado glorioso, y por ellos me enorgullezco de mi humilde, hermosa y desvalida patria». Este es el poeta José Antonio Sáez, que nos hace temblar con la luz deslumbradora de su palabra, siempre viva y humana, y que hallamos en este libro tan conmovedor como acertado para estos tiempos: “En la otra ladera”.
EN LA OTRA LADERA. JOSÉ ANTONIO SÁEZ

EN LA OTRA LADERA. JOSÉ ANTONIO SÁEZ


Título: En la otra ladera
Autor: José Antonio Sáez
Editorial: Catorcebis (2018)

domingo, 23 de diciembre de 2018

LA LEYENDA DE GÉMINIS de Antonio Hernández, por José Antonio Santano



SALÓN DE LECTURA _____________________ José Antonio Santano



LA LEYENDA DE GÉMINIS
Cuando el ser humano crece ajeno al conocimiento y el placer que proporciona la lectura, más aún, cuando se vanagloria de no haber leído un solo libro en su vida o vuelve a consolidarse aquel antiguo axioma de que los libros son el mismísimo diablo y embrutecen o simplemente se les quema para que no quede de ellos rastro alguno, algo no va bien y con casi toda seguridad solo cabe esperar la más grande de las catástrofes, el caos más absoluto. El libro, los libros, nos proporcionan la posibilidad de vivir las vidas de los otros, de imaginar estados inimaginables, de reflexionar y profundizar en nuestras propias vidas, alcanzando así un estado de natural sosiego. Eso y mucho más sucede cuando los libros forman parte inherente de la vida. Y tan es así que cuando hallamos ese libro y a su autor algo inexplicable sucede en el interior de cada uno de nosotros. Ocurre y ocurrirá siempre que un libro nos atrape en su red y nos haga partícipes de su íntimo mundo. La novela “La leyenda de Géminis”, del gaditano Antonio Hernández, más conocido como poeta que como narrador equilibra la balanza hasta el punto de no saber muy bien si es más narrador que poeta o viceversa. Lo que es indudable es que en esta novela de aprendizaje Hernández viene a mostrarnos su madurez narrativa, su capacidad para la descripción de personajes y situaciones de forma magistral, su conocimiento de la tradición literaria universal, su desbordante experiencia capaz de ahondar en la cotidianidad con una sutileza y elegancia poco frecuentes, pero sobre todo con un lenguaje inusual, de una gran intensidad y hondura intelectual y literaria. Algo que hasta ahora no ha sabido reconocérsele como merece. 

LA LEYENDA DE GÉMINIS

Si Antonio Hernández es el poeta que todos reconocemos en “Nueva York después de muerto”, con el que fue galardonado con el Premio Nacional de Poesía 2014, también es el extraordinario narrador de esta novela y de otras como “Sangre fría”, “Vestida de novia”, “Raigosa ha muerto.Viva el rey” o “El tesoro de Juan Morales”. Dominador de ambos géneros: poesía y novela, Antonio Hernández es, en uno y otro ámbito, una de las voces más lúcidas del panorama literario español. En “La leyenda de Géminis”, Hernández nos propone la historia de un aprendizaje, no solo desde el punto de vista de la formación académica de Antonio, su protagonista, sino también vital a través de las enseñanzas del magisterio integrador de don Jonás, el otro protagonista. Esta es una novela que se caracteriza por la honda reflexión de la realidad, pero también de la poderosa revelación de la fantasía, de la ficción. Hernández es, sin duda, un escritor de raza capaz de sorprender al lector con el más profundo comentario, como de iluminar sus ojos hasta mostrar una cómplice sonrisa tras su sentido del humor (tan gaditano), o de la sutil ironía que caracteriza su discurso narrativo, siempre bajo la resplandeciente luz de un lenguaje preciso y exquisito, que nos recuerda la más pura tradición literaria española, simbolizada para esta ocasión en la picaresca, con la que Hernández tanto empatiza. Desde la posguerra, pasando por la transición democrática hasta finalizar en el triunfo socialista andaluz son los ejes centrales en los que afianza su narración Hernández para mostrarnos todos los aspectos de la condición humana, para descubrir que en ella se asientan valores perniciosos como la ambición por el poder, el culto al dios dinero o la traición, frente a otros como la solidaridad o la fraternidad humanas. Los personajes están definidos con tal precisión que la narración se desarrolla de forma ágil, en el tiempo y el espacio. “La leyenda de Géminis” viene a confirmar la excelencia narrativa de Antonio Hernández, que como en otras novelas anteriores, no duda en aplicar la observación y la profunda meditación sobre lo vivido y aprehendido para conformar así una historia que pudiendo parecer a primera vista tediosa y compleja, su oficio de escritor convierte esta sensación en puro goce de los sentidos y el intelecto. Esta es, podríamos decir, la historia de un ideal, pero también la historia de un desengaño, de una derrota: «Porque siento que ha vencido la vulgaridad: el dinero que se atesora sobre el que se reparte; la fama sobre el prestigio; el poder sobre la dignidad; la conveniencia sobre la obligación; la adicción sobre la delicadeza, estar sobre ser». Novela de aprendizaje, como ya se ha dicho con anterioridad, con el valor añadido de la erudición que caracteriza a su autor; novela donde la sátira, el humor y un discurso narrativo de una belleza y profundidad sin parangón, procuran al lector ese placentero instante en el cual la lectura se convierte, hacienda de ella una perentoria necesidad, una imprescindible actividad humana. “La leyenda de Géminis” es la crónica de un tiempo oscuro y de silencios, la historia de un lugar y unos seres derrotados, la confluencia de los opuestos, del bien y del mal, tratada con la sabiduría de un narrador imprescindible en el panorama de las letras españolas, que es de justicia distinguir ahora más que nunca: Antonio Hernández.
ANTONIO HERNANDEZ

Título: La leyenda de Géminis
Autor: Antonio Hernández
E ditorial: Carpenocten (2018)

lunes, 3 de diciembre de 2018

TRADUCCIÓN DEL SILENCIO

SALÓN DE LECTURA ___________________________ José Antonio Santano

JOSÉ ANTONIO SANTANO
TRADUCCIÓN DEL SILENCIO
Abrir las páginas de un libro es siempre un acto de amor indescriptible. Abrir las páginas de un libro de amor es abismarse en la frondosidad del silencio. El silencio del amor es como un mar inmenso e infinito. Por eso el amor es el motor del mundo, no hay nada que pueda con el amor, ni siquiera la muerte. Cuando la muerte se interpone y deja a los amantes en el dolor de la ausencia, la vida es un calvario, la oscuridad plena, el precipicio que invita a la caída, como si el mundo no existiera ya, solo sus cenizas, y sin embargo, el amor renace como un Ave Fénix. Abrir las páginas de un libro de amor es, entonces, como hallar un oasis en el desierto, el mejor bálsamo posible, pura razón de la existencia. Uno de esos libros es, sin duda, “Traducción del silencio”, de Trinidad Ruiz Marcellán (Zaragoza, 1950), poeta honda donde las halla y perseverante editora, responsable desde el año 1979 de “Olifante. Ediciones de Poesía”. 
TRINIDAD RUIZ MARCELLÁN
Nace “Traducción del silencio” como consecuencia de la muerte de Marcelo Reyes, compañero de vida de la poeta. Después de dos años de habitar el más absoluto silencio, de conversar con él día y noche, de odiarlo y amarlo al mismo tiempo, de bucear en la oscuridad hasta la extenuación, en un delirio incomprensible, de caminar sin orden ni concierto; después de haber volado hasta la más alta montaña y haber rozado los bordes dorados de la luna, de sentir la quemazón de la ausencia definitiva, de amamantar el desconsuelo y la desesperación o precipitarse en la más honda y triste soledad, Ruiz Marcellán, refugiada en la escritura, acierta al comprender de que es posible renacer a la vida después del último y aterrador silencio, de que la luz puede iluminar tanta oscuridad y que para ello no hay mejor remedio que regresar al origen del propio silencio, entenderlo, asistirlo, dialogar con él, recrearlo mediante la palabra, interpretarlo, traducirlo al fin. Ya en el prólogo el también poeta Luis Alberto de Cuenca dice: «La escritura mitiga los efectos devastadores de la muerte. Se transforma en un grito que consigue emerger de la soledad y vencer al silencio. 
Un grito que, en el caso de este libro de Trinidad Ruiz Marcellán, no sobrecoge ni aterroriza, sino que conduce a la calma y suscita el sosiego. La calma y el sosiego que reinan en el país del recuerdo, allí donde las llagas en el alma que produce el dolor comienzan a cicatrizarse». Y así es o así nos lo parece, porque este libro es un libro de vida, de la victoria siempre del amor en su entrega pura y generosa. Bien lo sabe la mujer y la poeta que vive en Trinidad Ruiz Marcellán, y lo sabe el paisaje del Moncayo, los pobladores de Litago y los árboles y pájaros, la tierra entera. Ya lo dijo el también poeta y gran amigo de Trinidad, Ángel Guinda: «Ya no hablo otra lengua que no sea el silencio». Y esto mismo ocurre con la lengua que habla y escribe Ruiz Marcellán.
 Ella ha querido, deseado amorosamente, adentrarse en la mismísima médula del silencio para crear un universo nuevo, distinto, de una belleza inconmensurable y de una extraordinaria hondura. Del silencio a aprehendido y de él ha nacido la esperanza. La poética del silencio que anida en este libro esencial es la huella indeleble del recuerdo, del amado ausente, y al mismo tiempo la vida en toda su grandeza y honestidad. Versos que beben de la tierra y el agua, del vuelo del pájaro en su descenso delirante a la planicie; versos que resplandecen los sentidos y desbordan la emoción: «Verás cómo crece / la mimosa de Tasmania / que da sombra a tu ventana. // Entre las dos te auparemos / sujetando tus vértebras rotas / y desplazadas a otro mundo. // Amor más poderoso que la vida». “Traducción del silencio” contiene la esencia de la palabra poética de Trinidad Ruiz Marcellán, la brevedad de sus versos, en esa especie de golpe seco, contundente y único, que nos alerta y nos asombra, nos seduce y abisma, distingue su personalísima voz. 
El silencio que nos muestra en toda su magnitud no es sino su propio silencio, aquel al que un día se vio sometida y del que aprendió a sentir y vivir como otros muchos silencios que habitaban la casa y la montaña: «Cumbre / del Moncayo. // Recomenzar». Versos como hilos de seda que van tejiendo cada instante de vida, a la que se aferra ya sin remisión, pues en ella habita toda la esperanza de saberse amada aún después del silencio y haber amado aún después de la muerte. Abrir las páginas de este libro es como iniciar un vuelo a lo desconocido, a los misterios de la vida o como respirar el aire puro de las altas cumbres. La verdad poética de Trinidad Ruiz Marcellán resplandece en cada una de las páginas de este pequeño gran libro, una joya literaria que no dejará impasible a lector alguno, porque en él se halla el silencio en todas sus formas y sentires. “Traducción del silencio” nos devuelve la esperanza en el ser humano para cambiar la vida y para creer en ella, y por eso la poeta se pregunta: «¿Para quién / vivir? // Silencio. / Vacío. // ¡Para la vida!». Poesía del silencio y para la vida, pura poesía la de Trinidad Ruiz Marcellán.
TRINIDAD RUIZ MARCELLÁN

Título: Traducción del silencio
Autor: Trinidad Ruiz Marcellán
Editorial: Olifante (Tarazona, 2017)

lunes, 26 de noviembre de 2018

POESÍA REUNIDA, autor IDA VITALE, por JOSÉ ANTONIO SANTANO




SALÓN DE LECTURA ___________________________ José Antonio Santano


POESÍA REUNIDA
Volver a la poesía es siempre un viaje incierto, pero tan apasionante que no se sabe nunca cuándo surgirá la luz, esa que nos ciega o nos ilumina el camino, la que nos abisma o salva, la que nos concede la exacta palabra o nos la limita. Poesía para vivir y soñar, despertar un día y seguir las órdenes de lo ilógico e incomprensible, mutar en otros cuerpos, olvidar el olvido y nacer de nuevo, percibir la respiración del universo todo. Así todos los días, sin desmayo, abriendo el corazón, el alma y los sentidos a la creación de lo increado. Amanecer al filo del límite, en el margen y seguir creyendo en la palabra y sus silencios. La poesía entonces renace de todas las cenizas y nos devuelve la esperanza siempre de vivir hasta la extenuación. Porque sabemos que no es corriente que recaigan en un corto periodo de tiempo, y en la misma persona, los premios más importantes de la literatura española e iberoamericana a los que tantos escritores aspiran, hoy celebramos que haya sido una mujer, hecho poco frecuente, pero justo, merecido y necesario, Ida Vitale (Montevideo, Uruguay, 1923) la poeta galardonada en estos últimos años con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2015), Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2016), Premio Max Jacob (2017) y recientemente el Premio Cervantes (2018), el más importante del panorama literario en lengua española. Con motivo de todos estos premios traemos a este “Salón de lectura”, la “Poesía reunida” (1949-2015), que la editorial Tusquets, en su colección “Nuevos textos sagrados” publicó el año pasado. No cabe duda que estos reconocimientos, a priori, avalan la trayectoria poética de Ida Vitale, pero es su sentido y concepción del mundo en el que vive lo que hace de Vitale una poeta esencial, de una pureza indiscutible por su profundidad en el tratamiento de los temas, su extraordinaria humanidad y su vital presencia en todos los órdenes de la vida, por su aportación lingüística y literaria, su capacidad de creación y su dedicación continuada al enriquecimiento del lenguaje, amén de su sensibilidad natural, que hace de ella una excelsa poeta y que sus textos sean como un gran faro iluminando continentes. “Poesía reunida” abarca, como ya hemos adelantado, el periodo que va de 1949 a 2015 (aunque no están todos los poemas escritos), más de medio siglo de producción poética, amplia muestra del quehacer de Ida Vitale y que ha merecido el más grande reconocimiento literario: el Premio Cervantes. Marca la poesía de Ida Vitale un continuo discurrir por la palabra en todas sus formas posibles, sus acepciones y sentidos, como si se tratara de un juego en el que las combinaciones, todas las combinaciones posibles fuesen vitales para el fin que se persigue, cual es, crear un universo propio, un mundo en el que todo lo creado parte del humano devenir. Queda patente en la poesía de Vitale el rigor intelectual con el que afrenta cada texto: «¿Qué hacer? ¿Abrir al mar la estancia de la muerte? ¿O enterrarse entre piedras que encierran amonitas fantasmas y prueban que fue agua este humano desierto?»; su diálogo permanente con la Naturaleza, ya sean ríos, árboles, pájaros: «Profundamente pájaro, / profundamente río, profundamente cielo / y árboles y árboles / profundos y distintos, / marejada de nubes sobre / golondrinas, cotorras, / palomas, benteveos / y constantes gorriones / y remilgados teros, / silencios con abrojos, / errores tan fatales, / imprecisas historias / de miserias ¿humanas?». Toda su poesía fluye acompasada, musical, como un canto único, nacida de la profunda reflexión sobre la vida y la muerte, el tiempo y el espacio. Ida Vitale parte de la nada en un discurso grandioso que nos hace vibrar con cada palabra, con cada sílaba, en vuelo de majestad indescriptible. Su mundo, la Nada, es la clave de este viaje al centro, al núcleo, a su esencial palabra, a su verbo, a su extraordinario pensamiento, a su sensibilidad mayúscula. Sumergirse en la nada, adentrarse en el vacío para vivir intensamente la vida toda, con sus conquistas y derrotas. No es otro el camino, este camino de continuo abismarse en la luz de la oscuridad para reconocer y reconocerse, alumbrando la palabra que nos redima: «Bajo la pálida / lluvia de luz de la ventana, / inconclusos poemas, / fantasmas de lo que no ha sido, / alzan sus banderas, / las derrotan y mueren. // Bajo la pálida / lluvia de luz de la ventana, / flota una especie blanca, / me digo, / un desierto de nada». Fulgor de la palabra, perfecta simbiosis de conocimiento y emoción que hacen de su poesía un lugar paradisíaco y único, de imprescindible visita, como así ha sido reconocido al otorgársele el Premio Cervantes. Quedémonos, pues, con Ida Vitale, con su lumínica y honda voz: «Sí, no vayamos más lejos, / quedemos junto al pájaro humilde / que tiene nido entre la buganvilia / y de cerca vigila. / Más allá sé que empieza lo sórdido, / la codicia, el estrago». Quedémonos con su deslumbrante magisterio y sabiduría, con el intenso fuego de sus versos, con su sólida e inmensa obra poética, humano monumento.    

Título: Poesía Reunida               
Autor: Ida Vitale
Editorial: Tusquets (Barcelona, 2017)  


martes, 13 de noviembre de 2018

LA URUGUAYA


SALÓN DE LECTURA____________ José Antonio Santano


LA URUGUAYA
Para quienes creemos que la lectura forma parte de la vida, que es como el aire que respiramos, cualquier momento es bueno para asirse a un libro, detener nuestra mirada sobre sus páginas y dejarnos llevar por el vuelo de la palabra. Cada una de ellas en su individualidad y sumadas en su conjunto procuran siempre un viaje a lugares insospechados sobrecogiéndonos por su magia que nos adentra en otras vidas y experiencias múltiples, enseñándonos así que la literatura puede ser un refugio para la soledad o un inmenso oasis de esperanza. La propuesta para esta ocasión no es otra que una novela corta, pero sustancial y sustanciosa en la medida que su escritura puede responder a las expectativas de un amplio número de lectores. 
 PEDRO MAIRAL (BUENOS AIRES, 1970)
PEDRO MAIRAL (BUENOS AIRES, 1970)

Su título, “La uruguaya”, su autor, Pedro Mairal (Buenos Aires, 1970) y el sello editorial , publicada por el sello editorial “Libros del asteroide”. En ella se combinan todos los ingredientes necesarios para conformar una interesante historia, urdida sobre la base de una crisis conyugal, la que padece su protagonista, Lucas Pereyra, un escritor argentino que vive una difícil situación económica y familiar. Su país, Argentina, vive también un mal momento financiero debido a las restricciones bancarias, de tal manera que el hecho de viajar a Montevideo (Uruguay) para cobrar unos anticipos editoriales y la visita a una joven amiga de tiempo atrás será el detonante de esta aventura que durará un día solo pero que deparará en el protagonista y el lector la sorprendente huella de una nueva y desafortunada realidad, la de un vencido más, un fracasado, un inadaptado más. Este es un viaje de ida y vuelta al interior de uno mismo, en este caso de Lucas Pereyra, ese escritor que vive la incomprensión familiar y la culpa como algo cotidiano y cuyo anhelo no es otro que respirar otro aire y en otra ciudad diferente, ajeno a la dominación de la esposa: «Me tranquilizaba sentir que había una parte de mi cerebro que no compartía con vos. Necesitaba mi cono de sombra, mi traba en la puerte, mi intimidad, aunque solo fuera para estar en silencio. Siempre me aterra esa cosa siamesa de las parejas: opinan lo mismo, comen lo mismo, se emborrachan a la par, como si compartieran el torrente sanguíneo.». Este es el relato de una soledad anunciada y vivida: «Solos y juntos…, estábamos al lado pero inalcanzables, como en dos planos distintos de la realidad». La narración discurre sustentada por la lúcida prosa de Pedro Mairal, en la que hallamos la fuerza de un lenguaje que no escapa del uso de modismos o expresiones propias de su país, Argentina, como de una variedad de recursos lingüísticos tal que hace que la tensión discursiva se mantenga a lo largo de toda la lectura, procurando en el lector un único deseo: leer una página tras otra, sin tregua alguna, hasta su conclusión. En esta historia, que pudiera parecer simple y que no da juego para mucho, Mairal nos descubre su verdadero ingenio narrativo, de tal manera que, desde la apariencia de una fuerte masculinidad se nos presenta un ser frágil, al que se puede engañar con poco, para regresar al fin al mismo lugar de la partida con las manos vacías y humillado, en sentido sexual y personal. El hombre que quiso ser Lucas, supuestamente enamorado, entregado al amor de la uruguaya Guerra, no es sino una falsa ilusión, un camino aciago que lo devolverá a una cruel realidad, a la pérdida de casi todo, incluso de su dignidad. Seduce en este relato la tensión discursiva de Mairal, la capacidad para describir todas y cada una de las situaciones que se producen en el corto espacio de un día y cómo resuelve la narración de forma sorpresiva. La uruguaya es una novela en la que no falta el dinero, el sexo, el humor, la soledad, la infidelidad, la ironía, el engaño, la literatura y hasta el fútbol. Novela dirigida, por tanto, a un público amplio y heterogéneo, atractiva desde el punto y hora que centra su trama en un hecho actual con el cual muchos lectores pueden verse identificados. Una sociedad en crisis es reflejo de las continuadas crisis en las relaciones humanas, y dentro de estas, las familiares ocupan un lugar predominante. El sexo ocupa también un lugar significativo, hasta el punto que el protagonista se ciega en su búsqueda. Todo estaba planeado para el encuentro con la joven Guerra, pero también todo estaba tasado para el fracaso y el engaño. Con todo, “La uruguaya” es una novela escrita con maestría, en la que su autor ha sabido, a pesar de su brevedad, conjugar todos los elementos necesarios para hilar un discurso narrativo que seduce al lector desde el primer momento, reflejo de lo que es la vida y sus contradicciones, en consecuencia, de la fragilidad del ser humano ante sí y el mundo que le rodea. Todo puede suceder en la ficción, incluso superar el grado de conocimiento de la realidad circundante. Así lo ha creído Pedro Mairal al escribir esta sugerente, atractiva y breve novela, tal es “La uruguaya”.
LA URUGUAYA


Título: La uruguaya
Autor: Pedro Mairal
Editorial: Libros del asteroide (2018)


domingo, 28 de octubre de 2018

CATEDRAL DE LA NOCHE

CATEDRAL DE LA NOCHE

SALÓN DE LECTURA ____________________ José Antonio Santano

CATEDRAL DE LA NOCHE

Reconforta siempre volver a la poesía, sumergirse en su esencia y dejarse llevar por su rumor, volar libre hasta el más escondido lugar de este planeta. Nada más placentero que la poesía para hacer de la vida el más grande monumento. Rimbaud llegó a decir que «practicar la alquimia de la palabra y considerar la escritura poética es en sí misma un medio para transformar al ser humano, pues ¿cómo puede el poeta vivir su poesía si no reinventa la vida?». 
La poesía como germen de toda transformación del pensamiento humano, de la vida. No se puede disgregar una cosa de la otra. La clave de todo está, si se me permite, en el silencio, su presencia y observación hacen de él el elemento más importante para la creación. El silencio es el origen de todo y quien se alía a él comprenderá mejor la existencia en sí misma. Mucho sabe de ese silencio, de los silencios que se catapultan a diario algunos poetas que, desde su particular visión del mundo, han hecho del silencio su mejor aliado para llevar la palabra poética allende los mares. Un caso concreto de esta seducción que genera el silencio en la poesía es sin duda alguna el poeta Ángel Guinda (Zaragoza, 1949) y prueba de ello, su poemario titulado “Catedral de la noche”. La noche es el todo y la nada, razón de ser, universo, símbolo de la vida y la muerte. “Catedral de la noche” es un texto que desde sus primeras páginas deja al lector en un estado de trance casi, como si la palabra ejerciera de poción mágica capaz de trascender y trascendernos de forma tan sutil como contundente. “Nací de la entrañas de la muerte” escribe el poeta al inicio de este viaje que ahonda en la condición humana con plena consciencia y sabiduría.
CATEDRAL DE LA NOCHE

 Es tiempo para la madurez del verbo y lo sabe bien Guinda, tiempo para modelar el barro de la palabra, unir experiencia y conocimiento para ser lo que se quiere ser: poeta y hombre, y viceversa. El poema “Del natural” podría resumir perfectamente la concepción del mundo que posee el poeta Ángel Guinda; desde el primer verso que hemos señalado, pasando por estos «Morir joven es duro, / pero más duro es envejecer: / consumirse inseguro, / solo, torpe, molesto, comprender / que en adelante aún será peor» y concluyendo con los que siguen: «Recuerdo que el olvido / me espera unos pasos más allá. / Antes de ser secuestrado me habré ido. / ¡Vendrá la Noche y no me encontrará», representan fielmente una manera de entender la poesía, de entender la vida, tan singular como esencialmente humana. La Noche es para el poeta oscuridad plena, silencio y luz, pérdida, olvido, pero sobre todo despedida, que en tono elegíaco nos muestra como salvación última. Preocupa al poeta el mundo que le rodea, porque él es parte intrínseca de ese mundo, es mundo por decirlo de otra manera, y la compenetración es tal que se abisma en su profunda oscuridad para alcanzar la luz, para afirmarse y afirmar que «Venimos a este mundo / para no quedarnos en nada ni nadie, / ni siquiera en nosotros. (…) Uno dentro del otro hemos estado / por un instante en la eternidad. ¡La eternidad, ahora, dónde está!» La palabra que nace para salvarnos, tal vez, del olvido y el miedo, del desencanto y la soledad, ¿tal vez de la muerte misma? Ángel Guinda nos muestra la intensa inmensidad de la Noche y quiere compartir con el lector ese estado de catarsis, en el cual el silencio resurge inexorablemente. “Catedral de la noche” es un solo poema -aunque contenga algo más de medio centenar de ellos-, una profunda elegía que ilumina el firmamento de la poesía y nos hace ser tan visionarios como lo es el propio poeta. Pero además, Guinda nos sorprende con la forma también, con el uso del “yo plural” como podríamos definirlo, cuya representación parece hablarnos de la excepcionalidad del yo individual-colectivo: «Yo miramos balcones… Yo nos llevo sin mí..., o, Yo nos vamos muy lejos», en un mestizaje que nos habla de un poeta que no se conforma, que resiste y que desea la transformación del mundo a través de la palabra.
 El poeta vive en continuo trance, en una espiritualidad plena que nos recuerda la más grande tradición mística, su voz es la voz del tiempo en el poema “Monasterio”: «Aquí se descalabra, inexorable, el tiempo», del dolor en “La trama de vivir”: «Vivir es esa trampa que demuele / el cuerpo, y hasta el alma, trecho a trecho. / La antorcha de cristal dentro de un pecho / que el huracán arrasa. Vivir duele. (…) ¡Quien no ha sufrido no ha estado en este mundo!», de la pobreza en el poema “La indigente”:«Su casa de cartones / trastrabilla en el rellano de una estrella. / Sólo el aire la abraza.[...] (Me recuerda al poeta: / todo lo tiene no teniendo nada / que no sea quimera.)», de la vejez: «Ceniza en las manos de un viejo / es lo que dejan los años al arder», o de la propia muerte, cuando se pregunta: «¿Moriré horizontal, verticalmente? / ¿Delirando, consciente, inconsciente? ¿He de morir despacio, de repente?». Así es la verdadera poesía, de manera que, si hay un verso que resume de forma categórica la grandeza de “Catedral de la noche” y del poeta Ángel Guinda , y concluyo, no puede ser otro que este: «Ya no hablo otra lengua que no sea el silencio.».
ÁNGEL GUINDA


Título: Catedral de la noche
Autor: Ángel Guinda
Editorial: Olifante (Tarazona, 2015)

lunes, 1 de octubre de 2018

PARA VOLVER AL SUR.

SALÓN DE LECTURA ____________________ José Antonio Santano



PARA VOLVER AL SUR
Volver a los orígenes es algo que en muchas ocasiones anhelamos como si en ello nos fuera la vida. Ese instante en el que la mirada se distancia del presente y nos revela un universo anterior incluso a nuestros propios sueños es de tal intensidad que solo la palabra puede salvarnos. En la memoria queda almacenado lo vivido y sentido, y así lo vemos en veloces fotogramas que nos pasan delante de los ojos sin poder evitarlo. Es la conciencia de lo que fuimos que aparece y desaparece como por arte de magia. Siempre la infancia que se muestra vivaz con el paso del tiempo, para devolver lo que fue su luz, su realidad más secreta. Desde esa realidad está pensado este poemario, “Para volver al Sur”, de José María Muñoz Quirós (Ávila, 1957). Es este un libro en el cual el poeta bucea en el pasado, ese tiempo iluminado de la infancia, muestrario de los primeros descubrimientos, del juego y los afectos, que luego desde la soledad de un tiempo futuro renacerá vibrante en la memoria. Todo lo que pudiera parecer olvido toma aquí realidad, prefigura un estado de remembranza que nos conduce a esa edad de oro donde lo absoluto y la nada se confunde hasta plasmar un presente donde la palabra es el vehículo principal de la comunicación poética. Dedica el poeta este libro a su madre, mujer sureña del pueblo gaditano de Medina Sidonia («En Medina Sidonia un pájaro me dicta / con su voz tu presencia. / He volado hasta la cumbre azul de cielo. / Me escribe la mañana un nacer en las rosas. / Miro a la lejanía por si volvieras. Nadie / me dice una palabra sobre ti. Todo calla»), y en ella se conjuga la fuerza de esa luz que todo lo invade. Es la mirada al sur la que seduce y provoca la vuelta al territorio de la memoria, así ya desde el primero de los poemas, “Retorno”: «Vuelvo al Sur. El mar me deja / la derrota fugaz de un pez de olvido. / Ahora retorno hasta la orilla / inmóvil donde crece / la memoria de un tiempo ya lejano. […] Volver al Sur: sembrar sobre ese espacio / lo que ha sido fecundo en tus ausencias, / el modo de mirar, la voz que dice / todos sus ecos. Volver hasta el origen». La nostalgia marca la andadura para volver a los orígenes que el poeta ha fijado para siempre en su mente. La palabra como salvoconducto de lo habitado: la casa, la playa, las barcas, las salinas y todos los silencios, como los de Alberti en el Puerto de Santa María, los de Arcos de la Frontera, Cádiz, Zahara de los Atunes y el mar de fondo, creciéndose en una nube grandiosa de luces crepusculares en el último estío; todo está en la voz materna que no deja de escuchar el poeta, todo abarca su precisa presencia, la luz de su mirada que no deja sino un creciente rumor de olas y de abrazos, de besos encendidos. Vuelve Muñoz Quirós a la esencia del discurso poético, al tiempo en el que el sueño era lo absoluto, la única razón de la existencia, y lo hace con el lenguaje de la vida, con ese que en cada madrugada despierta diamantino y sereno. Alto es el vuelo del poeta “Para volver al Sur”, desde Ávila su refugio, desde la luz que acompaña la voz imperecedera de lo misterioso y secreto, guardado en la alacena del tiempo. Todo ese mundo sureño del que nos habla Muñoz Quirós sabe a ausencias, a la dolorosa ausencia de la madre, principio y fin de la existencia. Frente al mar, en las gaviotas, en todos los territorios y las horas está el eco de su voz, insistentemente melodiosa: «La realidad me obliga en cada instante / a vivir sometido. Estoy errante / junto a los días que se van perdiendo / por la senda del vuelo que me acerca / donde tú estás en mí». Volver al Sur es lo que importa al poeta ahora, en este momento de su andadura, reconocer y reconocerse en el pasado, también en el presente que arremete con su luz de mediodía y esclarece los sueños, porque en toda aventura el sueño late. En ese ir y venir de la realidad al sueño, y viceversa, el poeta descubre y ve con otros ojos lo que antes se ocultaba en la piedra o el agua. Volver, entonces, es una urgencia que se abisma en las profundas y procelosas olas de la vida, porque al origen se ha de volver siempre, siempre a su inquebrantable luz: «Estoy quieto y el cosmos se mueve en mi rutina. Vaga, / se aleja, duerme. Estoy en la invisible parodia / del olvido. Y esto es volver: / acercarse a la distancia, tocar la indefinible pasión de lo lejano, / amarrarse a las hojas de los árboles mudos. Esto / es traspasar los cimientos donde enmudece el tiempo, / por donde se construyen las leyes del camino». Muñoz Quirós realiza un ejercicio de memoria imprescindible para velar por la verdad poética –su verdad- que sustenta este tiempo de recuerdos y nostalgias, de un tiempo que fue y que el poeta quiere que siga siendo esa luz inagotable que brota de la palabra para hacernos más humanos y más libres: «La memoria me acerca entre sus huellas / un enigma de luz que ilumina mis ojos. / He callado en las dulces páginas del retorno / nacido como un tiempo que me enciende los labios». “Para volver al Sur”, un libro necesario, por el cual Muñoz Quirós mereció el Premio de Poesía Rafael Morales en su XLII edición.
Título: Para volver al sur
Autor: José Mª Muñoz Quirós


Editorial: (Ayto.Talavera de la Reina, col.Melibea, 2017)

jueves, 20 de septiembre de 2018

METÁSTASIS.

JOSÉ ANTONIO SANTANO

SALÓN DE LECTURA ___________________ José Antonio Santano

Los libros se amontonan sobre la mesa por días. A veces desearía reseñar cada uno de esos libros con tan solo la mirada, pero eso, como es lógico, no es posible. El libro necesita un cuidado especial, hay que sentir su piel acartonada sobre las manos, leer atentamente cada una de sus páginas, de sus versos y abstraerse en su mundo de signos y palabras, en su lenguaje hasta casi desfallecer. Solo la pasión por la lectura es la clave para luego analizar todos y cada uno de los aspectos que contienen ese objeto extraordinario que es el libro. En él todo es importante: prólogo, epílogo, encuadernación, portada y contraportada, color, tipo de letra, etc, etc. Entre esos libros de culto, o al menos así me lo parece, habría que considerar “Metástasis I”, del poeta Luis Tamarit (Puçol, Valencia, 1961). 
METÁSTASIS
Ya desde las primeras páginas del libro, su prologuista, la también poeta argentina Mercedes Roffé nos advierte de la posible reserva que su título pueda producir en el lector. La palabra en sí misma es un llamamiento al acabamiento, lo terminal, el miedo que deriva de su pronunciamiento, a la agria realidad que vaticina: la muerte. Sin embargo, esta “Metástasis I”, propuesta poética de Tamarit, es mucho más que todo eso, porque se adentra en el proceso de culminación de la obra literaria, basada en un lenguaje preciso, de filigrana, tal que uno parece ascender a un territorio cielo tan apasionadamente desconocido y misterioso que no dejará de crecer aun después de su lectura pausada, incluso discontinua, capaz de producir un ensimismamiento del pensamiento, de la idea poética que dejará una huella imborrable. 
Es la poesía de Tamarit un oasis entre tanta vacua versificación y tanto pseudopoeta que campa por doquier. La palabra como remanso de profunda reflexión, como si el poeta ejerciera de imán del tiempo y el espacio necesarios para construir un discurso tan novedoso como inteligente, un corpus único que trasciende la propia existencia del poeta. Tamarit teje una verdad indiscutible, su verdad: el poema en sí mismo. Abre las puertas de la razón y el conocimiento, se abisma en el alma de las cosas hasta atrapar la esencial palabra, el verbo que defina su poética incorruptible. Motivo de su expresión poética es la observación del mundo que le rodea, de las palabras que nacen y crecen y se precipitan a no se sabe dónde; es todo su bagaje puesto a disposición de la comunicación y consumación del lenguaje para crear otras formas de expresión, otro universo capaz de alterar, de alterarnos, propiciando una nueva concepción de la vida a partir de la palabra, las palabras. “Metástasis I” es la primera entrega de un proyecto que contendrá diez volúmenes (“Metástasis II”, en breve verá la luz); cada libro contiene 100 poemas y el primero del libro siguiente y todos formando un único ser. La estructura poemática es muy parecida en estas 101 composiciones, de tal manera que dos de los cinco versos que constituyen el poema se repiten en su enunciado inicial pero concluyen con resultado reflexivo desigual. Sirva como ejemplo este poema que aúna soledad y silencio, la luz y las sombras de lo humano: «A pesar de todos los pesares cavar y seguir / cavando una tumba sin manos // Escuchar el sonido de la ebriedad retumbando dentro // Escuchar el sonido del silencio soledad adentro // Permanecer andando permanecer humano ». Luis Tamarit halla el verdadero camino de su yo poético y lo sitúa atemporal sobre la esencialidad del lenguaje, trabaja su interconexión con otros universos hasta conseguir que la luz de la palabra escrita refulja diamantina y libre. Es como si el poeta se dejara llevar por la corriente de un caudaloso río, aun a sabiendas que el peligro acecha en su trayecto hasta desembocar en las azules aguas marinas. “Metástasis I” es un libro complejo, donde el pensamiento puebla cada uno de los versos que lo componen, y en su propia independencia lo aforístico también.
 La razón no es otra que la transfiguración de lo cotidiano hasta convertirlo en parte indisoluble de la creación propia del poema, el poema en sí mismo como única raíz, el origen del ser todo: «El verdadero poema camina por la muerte sin volver la vista / atrás sin tregua ni descanso // Tarde o temprano convierte todo acontecer en un ahora // Entre el carbón y la ceniza permanece cantando // Entre el carbón y la ceniza pertenece andando». Observése cómo provoca la ruptura del verso, como si en su orfandad creciera otro ser distinto. «En esa composición estrófica… cobra una significación extrema el intervalo, es decir, lo que no vemos, lo que no se ha escrito…”, escribe en el epílogo Alejandro Céspedes. Es lo que yo llamo “los silencios” tan extraordinariamente necesarios en todo poeta que se precie, porque en ellos toma fuerza la esencialidad del discurso, en lo que no se dice, sino que se silencia, sea con rupturas, espacios u otros signos de puntuación. La palabra en su esencia más pura vive y muere en el poema, y el silencio se hace música: «Cada dolor disperso en el devenir es lo único que de verdad / nos pertenece // Lo visible llama a lo invisible la luz a la oscuridad / Lo audible a lo no audible el silencio a la música // Tal vez no puedas aceptar la visión sin la muerte». Así es la poesía de Luis Tamarit: silencio al límite.
.
LUIS TAMARIT.
Título: Metástasis I
Autor: Luis Tamarit
Editorial: Olifante (Tarazona, 2017)

domingo, 16 de septiembre de 2018

EL ÚLTIMO GIN-TONIC



EL ÚLTIMO GIN-TONIC
SALÓN DE LECTURA ______ José Antonio Santano


No creo que me equivoque si afirmo que es muy difícil encontrar en el panorama literario actual una voz que se distinga, elegante y personal, con variedad de registros que la hagan diferente, innovadora, perspicaz e irónica al mismo tiempo, esencial en su concepción misma, divertida incluso, cosmopolita, heredera de la mejor tradición narrativa española, y moderna en el sentido de original, de una frescura tan sublime como inaudita. Pocas veces halla uno una novela tan sólida en su estructura como sugerente por sus variados recursos lingüísticos, sintácticos y semánticos. 
Lo dicho y algo más que añadiremos más adelante constituye el ensamblaje, la arquitectura de un texto extraordinario, de una novela que derrocha imaginación e ingenio a lo largo de sus algo más de 200 páginas: “El último gin-tonic”, de Rafael Soler, que regresa así al género narrativo, a tomar las riendas de una prosa vivaz y diamantina. De la idea inicial de un correo electrónico, que sitúa la acción narrativa y el motivo central de lo que será luego un derroche de historias tan distintas como distintos son los personajes protagonistas de las mismas, hasta la conclusión de la narración, Soler viene a demostrar su talento para crear situaciones tan reales y sugestivas, desde una perspectiva lingüística y sintáctica que revela al escritor de raza que ha sido capaz de construir esta novela apasionante. 

Y lo es por muchos motivos: el manejo del lenguaje, una mirada que parte de la anécdota hasta transformarse en elemento trascendental de la narración, la descripción como pilar consustancial del discurso (poético-lírico en muchas ocasiones), el laberinto como modelo resolutivo de los conflictos y las relaciones, la presentación de los personajes enfrentados a sí mismos, el culto a lo novedoso tanto en su concepción como en su ejecución, influencia de modelos audiovisuales (cine, televisión, teatro, etc.) en la acción y narración de cada una de las historias, así como la frescura constructiva de los diálogos, son aspectos que hacen difícil definir o conceptuar exactamente la tipología narrativa de la novela. Todo sucede de lunes a jueves, en cuatro capítulos respectivamente: “Tres más uno”, “Los abrazos”, “Aquí nadie tiene a nadie” y “Póker de ases”. Tiempo suficiente, cuatro días, para contarnos lo mucho que sucede a la familia Casares (Moisés Casares Cendoya, el abuelo; Alberto y Lucas, sus hijos, y Juan, Marcos y Mateo –como los evangelistas- los hijos de Lucas, además de otros personajes que complementan la narración como María –la amante- o Diego –el esposo cornudo y autor de los correos electrónicos- hasta crear una narración de auténtica filigrana). La disección de cada uno de los personajes mencionados es de una precisión matemática y todos juntos o por separado constituyen el elemento vertebrador de la narración, a veces laberíntica por su propia estructura discursiva pero nunca incomprensible o aburrida. Soler construye una historia tan sólida como ingeniosa y actual, que afronta los problemas propios del tiempo que nos ha tocado vivir, pero que él trata con ese regusto por la palabra y un lenguaje siempre acorde con la realidad que describe, en muchas ocasiones irónico, en otras con un humor tan negro como elegante, que nos devuelve a la mejor tradición novelística española, a la cervantina concepción de la novela. Realidad y ficción se complementan para vivir en las páginas de “El último gin-tonic” situaciones que van del hecho mismo de la muerte hasta el amor, pasando por la soledad, miedos, violencia, traiciones, dolor, sexo, juego; es decir, el deseo de revelar la porción que en cada ser existe de felicidad o desdicha, desde la concepción personal que cada uno de los personajes posee de la vida, que a fin de cuentas es la literatura. Un viaje al territorio de lo desconocido, no solo al de los pingüinos de Puerto Madryn en la Península Valdés (Argentina), sino al mundo interior de cada uno de los protagonistas de esta historia escrita con el rigor y el ingenio que caracteriza a su autor, Rafael Soler. 
De fuera hacia adentro, y viceversa, Soler ha sabido plasmar lo que parece una simple anécdota, en una obra que contiene innumerables matices expresivos, desde los propios del lenguaje audiovisual, hasta los de encadenamiento narrativo de los diálogos en los tiempos y el espacio que el narrador ha considerado novedosos para imprimir a la historia ecos de auténtica literatura. Una ciudad, una familia y la soledad, el vacío que la vida nos impone en determinados momentos y la alegría de otros, los menos, porque el dolor y la muerte siempre están acechantes. Un recorrido por la vida misma en sus aspectos más cotidianos, que hacen de esta novela una lectura necesaria para comprender mejor el mundo en que vivimos, que a fin de cuentas de eso se trata, de desvelar y descubrir los misterios con la mejor herramienta que dispone el verdadero escritor: la palabra. Una novela original, que no dejará indiferentes a sus lectores, para los que deseo no sea este “El último gin-tonic”, sino el penúltimo, en compañía de su autor, Rafael Soler, y sus futuras narraciones.
.
EL ÚLTIMO GIN-TONIC


Título: El último gin-tonic
Autor: Rafael Soler
Editorial: Contrabando (Valencia, 2018)


lunes, 27 de agosto de 2018

Diván de poetisas árabes contemporáneas.

Diván de poetisas árabes contemporáneas
DIARIO DE ALMERÍA. 
SALÓN DE LECTURA POR JOSÉ ANTONIO SANTANO


Es cierto que todos los regalos son siempre bienvenidos. Pero hay ocasiones en que son, además de bienvenidos, especiales. Es el caso de este libro que ahora muestro en este singular escaparate: “Diván de poetisas árabes contemporáneas”. Y es un regalo especial por dos razones: por quien me lo obsequia y por su temática. No es fácil hallar en el mercado editorial un libro de estas características, menos aún cuando sus protagonistas son mujeres árabes, y, además, poetisas. No me negarán que no tiene la cosa enjundia. Hay estar hecho de una materia especial para atreverse a reconocer públicamente la integración de la mujer, a más árabe, en el cerrado mundo de la poesía. Un acto revolucionario si nos atenemos a los hechos que vienen sucediéndose en la sociedad árabe desde tiempo inmemorial. Mostrar el lado femenino de la literatura árabe, y en especial el de la poesía es merecedor de todo encomio. A nadie se le escapa la dificultad para afrontar un trabajo de estas características, y es de justicia reconocer esta labor, precisamente en la persona de Jaafar Al Aluni, un hombre, que no, curiosamente, una mujer, lo que añade más valor si cabe a esta publicación. En palabras de Ibn Arabí «Todo lugar que no acepta lo femenino es estéril, no cuenta» y el poeta Adonis, autor de la presentación de este libro añade: «la masculinidad que anula la feminidad se anula a sí misma, y esta es la situación actual de las sociedades árabes e islámicas: están anuladas, tanto en lo masculino como en lo femenino. La mujer en estas sociedades es un objeto religioso codificado, enjaulada en lo lícito y lo ilícito, es un ser sin rostro, y todo ser que carece de rostro, carece de identidad», y concluye, refiriéndose a esta antología: «En esta selección de poesía femenina árabe, el lector encontrará diversas maneras en las que la mujer poeta se expresa a sí misma, expresa su libre feminidad, su cuerpo, su relación con el mundo y con las cosas, y, sobre todo, su relación la lengua árabe femenina, la cual, en sí misma, necesita la libertad y liberarse de lo masculino que dirige la tierra en nombre del Cielo». 
DIVÁN DE POETISAS ÁRABES CONTEMPORÁNEAS

Por su parte, Jaafar Al Aluni, autor de esta edición y traducción nos acerca a la poesía árabe escrita por mujeres mediado el siglo XX, años después de lo que vendría en llamarse “el despertar árabe”. Será entonces cuando la poesía árabe femenina comience su andadura y su presencia sea más activa, aunque dadas las circunstancias sociales del mundo árabe no sean las mejores para una verdadera difusión del quehacer poético de las mujeres árabes, relegadas y silenciadas sistemáticamente. Diez son las poetas seleccionadas por Aluni para este “Diván”, diez voces diferentes que abren el camino a un mayor conocimiento de la poesía árabe. Fadwa Tuqán y Názik Al-Malaika inician el movimiento poético femenino y son las primeras en introducir cambios en la tradición poética a partir de los años cincuenta. Para Aluni los años sesenta representarán la entrada de la modernidad a través de la revista “Sh’ir”, con poetas como Saniya Saleh y Ámal Yarrah. El papel de la libertad de la mujer y su papel en la sociedad es asumido poéticamente por las poetas Lamía Abbás Amara, Suad Al-Sabah y Fawzía Abú Jáled, en los años setenta y ochenta. Concluye su selección Aluni con la representación de poetas pertenecientes a los países orientales, como la libanesa Souzanne Alaywan, de los occidentales la marroquí Widad Benmusa y de los países del Golfo a la yemení Huda Ali Iblán. Una muestra tan heterogénea como acertada si nos atenemos a los propios textos que avalan la trayectoria poética de cada una de las poetas seleccionadas por Aluni. Como prueba de lo dicho sean los versos de las poetas representativas de las etapas expresadas anteriormente. De Tuqán, del poema “Tu nombre”: «¿Tu nombre? / Oh suspiro de flor que exhala en el rocío de la palabra, / ¿tu nombre? / Oh luz de madrugada que apareciste / cuando caí en la oscuridad del camino. / Oh melodía que me levanta y me acuesta con su armonía», de Saniya Saleh, del poema “Patria”: «Mi patria es mi sueño, / cabeza y corazón / ardiente y palpitante. / Mi patria son los caminos aislados, / la tumba y las salas de espera»; de la tercera etapa seleccionamos a Fawzía Abú Jáled y los contundentes versos de “El poema del agua”: «Sumergió sus dedos en el desierto, / y con el agua del espejismo escribió un poema» y de la última etapa sean estos versos de la marroquí Benmusa, donde el silencio es el eje de la vida: «El viento del silencio / penetra mi cuerpo / heme aquí celebrando / una soledad distinta…». No cabe duda que este libro “Diván de poetisas árabes contemporáneas” marca un antes y un después, que es una referencia clara de la poesía femenina árabe, y que todo él trasluce verdad e inteligencia, ética y estética para un tiempo nuevo en el que la mujer no puede seguir representando “lo estéril”, sino todo lo contrario, el fruto de una manera diferente de entender el mundo, también de construirlo.
.
JAAFAR AL ALUNI



Título: Diván de poetisas árabes contemporáneas
Autor: Jaafar Al Aluni
Ediciones del oriente y del mediterráneo   (Madrid, 2016)