viernes, 31 de marzo de 2017

CIUDAD DEL SOL. MIGUEL NAVEROS por JOSÉ ANTONIO SANTANO


Nos queda la palabra. A los poetas nos queda sólo la palabra. Quizá nuestra única patria. Hoy, con la tristeza royéndome la carne y el alma, las palabras son el único refugio ante el dolor que siento por la pérdida y la definitiva ausencia de nuestro amado amigo y escritor Miguel Naveros. Sólo las palabras que afloran en estos versos que ahora reproduzco en homenaje al hombre y al poeta que fue siempre. En la hondura del verso. Por ti, maestro, allá donde te halles.

CIUDAD DEL SOL


A Miguel Naveros, 
 In Memoriam

I

Hubo un tiempo de rosas en la arena

azul de los amaneceres

espuma de pétalos en los labios

y en la sangre

palabras que volaron a las nubes

y allí quedaron al abrigo

de la música y los dones

del agua en las acequias y la mar

como lluvia de voces misteriosas

que blanden las pupilas de la noche

y luego crece hasta la altura misma

del sol y sus silencios

y regresa a la ciudad

que las manos acogen en su seno

y modelan en el aire de una playa

desierta y celestial

solo suya

su nombre en las esquinas

de una calle cualquiera

al fragor de los bares

que sueñan los sueños

que el güisqui espejea en el vaso

sostenido entre los dedos

huesudos y alargados

y penetra hasta las venas tenebrosas

de la noche abierta

en la garganta y el pecho

vagabundo y noctámbulo

al calor de la luna

el eco de su grito

gritando en las auroras

de la mar en los ojos

respirando la vida

la luz inagotable

alma toda en el Cabo

arcángel terreno

de vuelta a los orígenes

de la nada en la arcilla

y los nombres escritos

en la fronda de los árboles

o en el corazón del agua

nutriente

todo verbo numinoso

honda sílaba

en la añil estela de los días

amanecidos al pie del faro

de San Telmo

en el sagrado monte.

II
Hubo un tiempo de rosas en la arena

en la vetusta piedra

alzada sobre el cielo de los sueños

y un estanque de flores amarillas

en el crepúsculo todo

de los ángeles

en la azul memoria

revelada en las páginas de un libro

los libros de la vida

que la muerte devuelve

sanadora

al florido jardín de los deseos

a los convulsos arcoíris

que sestean en la quietud

de la tinta derramada

como sangre en las cunetas

precoz en su alarido

de nombres olvidados

sin memoria ya

puro silencio

en la ciudad del sol.

III
Hubo un tiempo de rosas en la arena

en el blanco desierto de las uñas

hundiéndose en la corteza de los días

tristes y amargos

que el papel desvela

después de haber amado

precoz toda armonía

en arpegios de luna

y soledades

después de que los hombres

surcaran la inmensa mar

los naufragios

al caer la noche en las ventanas

ya sin luz siquiera

sólo sombras

geométricas figuras

en la hora última

un último silencio que se escapa

por la rendija de puerta

cerrada para siempre

a la luz de la palabra

que vuela como un pájaro

feliz y libre

por las húmedas aceras

al despertar del alba

por las calles dormidas

en los brazos del aire

más allá de la muerte.

IV
Hubo un tiempo de rosas

y azules espejos

en la arena y el viento

una voz amorosa

un apátrida silbo

adentrándose hondo

en la luz de la tarde

una estrella marina.

V
Hubo un tiempo de rosas

una lluvia de labios

en la noche secretos

un fértil silencio

recorriendo la tierra

en la ciudad del sol.

© José Antonio Santano



viernes, 24 de marzo de 2017

LA VOZ AUSENTE. JOSÉ ANTONIO SANTANO

PRESENTACIÓN  el día 4 de abril, a las 19:30 horas. Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía (Paseo de Almería, 68). 


Quiero compartir públicamente que, en la presentación de mi libro "La voz ausente", me acompañará, además del poeta y profesor Alfonso Berlanga, el cantautor almeriense CÉSAR MALDONADO. 

En la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía (Paseo de Almería, 68)


domingo, 19 de marzo de 2017

SON AYMARA. ALFONSO BERLANGA por JOSÉ ANTONIO SANTANO

SALÓN DE LECTURA _________________________________ José Antonio Santano


Son Aymara

De la nada nace, del fulgor del blanco de la hoja, abisal la palabra se despeña en los orígenes hasta dibujar sobre la hoja los signos del aire o los sonidos de la piedra, quieta en su quietud de siglos. En el albo papel, en su candor la letra va inundando la hoja hasta subvertirla: «Subversiva es la hoja donde la palabra cree asentarse; subversiva es la palabra donde la hoja se abre a su blancura» (E.Jabès). Estas son algunas de la señas de identidad, los mimbres de esta poética tan alejada de modas y mercados, original y mistérica al mismo tiempo, poesía luminosa, que bebe de la más grande tradición lírica española para transformarse, trascendida ya, en voz única y polifónica, honda, astral, hasta crear un verdadero, mágico y particular universo poético. En este libro hallamos al poeta en esencia, alma luz que alumbra la palabra en un vuelo hacia la infinitud de lo finito y que conquista el espacio y el tiempo con su voz abarcadora y precisa, abrasadoramente humana. El poemario conforma un corpus en sí mismo, una manera de pensar el mundo, de vivirlo y sentirlo en toda su plenitud. No hay fingimiento alguno, sólo verdad, esa que el poeta modela con la arcilla del tiempo entre sus manos, en la soledad de los días y un continuo abismarse en un mar pleno de silencios, de vida. Dijo el novelista, poeta y crítico literario ya desaparecido Juan Manuel González: «El verdadero poeta escribe al dictado de su ser interior, siguiendo la voz de una dimensión que intuye siempre, y que en muy pocos instantes conoce a través del misterio acunado fuera de la lógica y la razón poética». Y así es. Alfonso Berlanga interioriza, ahonda en la oscuridad de la luz, escarba la tierra hasta encontrar la raíz del ser de las cosas, de lo humanamente misterioso o desconocido; viaja al espacio sideral y esculpe el lenguaje con tanto esmero y natural afán que el lector verá fluir un discurso poético tan extraordinariamente rico como deslumbrador. Es la “oquedad paceña” la que ilumina los actos del poeta, la ciudad de La Paz convertida así en sujeto poético, de tal manera que, consciente o no, Berlanga inicia su andadura, camina hacia un lugar recóndito y lejano, inexplorado aún pero sentido, imaginado, motivo por el que toma suyas las palabras del poeta Cavafis cuando dice: «Iré a otra tierra, hacia otro mar, y una ciudad mejor con certeza hallaré…». En su maleta lleva a buen recaudo el legado de la más grande tradición poética española y la certeza de que la riqueza lingüística de una lengua o habla común hará posible todo lo demás. De un sur bañado por el Mediterráneo al lejano sur del Altiplano americano, de las cordilleras y las llanuras amazónicas. Hasta la altura de lo inaccesible la palabra asciende lumínica para descender luego a la realidad imaginada de lo material y cercano, capaz de hacer aflorar en el poeta la voz de todos los silencios vividos. Alfonso Berlanga nos muestra una ciudad de La Paz única y diversa a la vez, detenida en el tiempo de su propia existencia, de su vital cotidianidad, en la cual sus gentes y paisaje se entremezclan en una suerte de alquimia tan original como extravagante. 

La fuerza de este libro se halla no sólo en los variados recursos literarios empleados, sino en la esencialidad misma del estilo, en el uso de un lenguaje tan rico como variado, pues los referentes de carácter cultural, como también del léxico propio del habla boliviana aportan singularidad y una extraordinaria riqueza a la lengua de Cervantes y al texto poético en sí mismo. Viviremos La Paz como la ha vivido el poeta, pues en ella está su alma entera, la luz de la palabra, solidaria y humanamente plena. Seremos también parte de la familia boliviana en su conjunto, de los lugares y de las tradiciones y costumbres ancestrales que el pueblo no ha querido dejar en el olvido. Todo ello con la brillantez propia de un poeta cuya experiencia vital siempre estuvo impregnada por la literatura, por la palabra poética. Creo no equivocarme si afirmo que, de todos los poemas incluidos en este libro, incluso de todos los versos que conforman cada poema, uno solo resume el conjunto, o si se prefiere, uno solo es la clave de este libro, y que como una letanía inacabable se repite una y otra vez hasta ser como la sangre que corre por las venas o como las aguas cristalinas de un río que cae en torrencial cascada y sólo el aire escucha su nombre: «son aymara…, son aymará». El resto está en descubrir los secretos, aprehender de lo escrito, interiorizarlo y repetir incansablemente el eco de esa voz como un temblor capaz de estallarnos en los ojos y oídos como única verdad, la verdad poética de Alfonso Berlanga. Son aymara, pues, nos invita a recorrer el camino de esa esencialidad poética, sin máscara ni disfraz alguno, encarando la realidad para transformarla trascendida ya en la palabra justa y necesaria, hasta alcanzar la más alta cima del sueño en el silencio ensordecedor de Tiahuanaku, un lugar tan sagrado como fieramente humano. Con este poemario sentirán sin duda la abarcadora “oquedad paceña” y en cada verso una sacudida electrizante, el fulgor de la palabra poética, nacida a borbotones, nutricia y polifónica de su autor, Alfonso Berlanga.

Título: Son aymara
Autor: Alfonso Berlanga
Edita: Alhulia (Salobreña, Granada, 2017)


domingo, 12 de marzo de 2017

TRAVESÍA DEL RELÁMPAGO. THEODORO ELSSACA


SALÓN DE LECTURA ______________ José Antonio Santano


Travesía del Relámpago

Tal vez el verdadero sentido de la poesía se halle en el deslumbramiento o el asombro que nos produce mirar al infinito del horizonte, al anciano que habita un banco solitario de un parque cualquiera o a un laberíntico espacio que el tiempo desnuda cada día en un ritual inagotable. Pero si la poesía es, en palabras del poeta Francisco Brines, «aquella que se ejerce con afán de conocimiento», o, “la que revive en mí la pasión por la vida”, para el poeta Theodoro Elssaca (Santiago de Chile, 1958), es fulgor de la palabra, eclosión de armónicos sonidos, alumbramiento continuo de la Naturaleza en comunión con el hombre, fuego abrasador, turbadora razón, abarcadora visión del universo. En su “Arts poética”, que precede a los versos contenidos en este libro antológico “Travesía del relámpago”, el poeta se confiesa, y escribe: “Antes de ser parido, ya era poesía…Yo, antes de nacer, ya era poesía”, y efectivamente, así es. Cuando uno se adentra en esta inmensa selva habitada por la magia y el misterio de la palabra, se siente que, verdaderamente, Elssaca ya era poesía antes de ser parido, que todas las fuerzas de la Naturaleza ya estaban en él, en el poeta, dictándole al oído las palabras precisas, esas a las que el poeta canta en el poema que cierra esta antología, “Árbol de las Palabras”, cuando así escribe: «Hay palabras rápidas como el rayo / grandes igual a mamuts / transparentes más que el viento, / palabras acorazadas o desnudas, / lentas como terrestres quelonios / antiguas, risueñas o vanguardistas (…) Palabras que los lingüistas coleccionan en insectarios, / y las clasifican como a escarabajos, saltamontes o escorpiones. / Primeras palabras del que aprende a pronunciar, / últimas palabras de quien se despide y no regresa». Los versos de Theodoro Elssaca son frescos y transparentes, devastadores en ocasiones y luminosos otras, porque para él la poesía es, en esencia, la vida misma, y en su experiencia acumula toda suerte de vivencias, algunas tan dolorosas como la sentida tras la muerte de su hijo Américo, plasmada en el poema “Viaje al fin de la Noche”, del que reproducimos el siguiente fragmento: «La noche no condujo al día. / Viajo en sombras al fin de la tristeza. / En la oscuridad he creído escuchar tus palabras, / las voces no se borran de la mente. / En Madrid me dijiste hace un tiempo: / cada vez que respiremos estaremos juntos. ¿Hace un siglo que te has ido, o fue recién anoche?» Es el luto de la noche como un cuchillo que sesga vértebras y vísceras, que se adentra muy adentro y duele hasta después de la eternidad, y el poeta lo sabe por ser suyo en la absoluta soledad de los días. Pero Elssaca no se detiene, reanuda el camino porque en el camino se hallan las respuestas y la luz de la palabra, la que tanto ama y reivindica como la esencia misma de esta vida. En él la tierra americana, los nombres primigenios, los ríos y las cordilleras en un único canto, porque “si se calla el cantor calla la vida”, y el poeta Elssaca es ese canto de “El espejo humeante-Amazonas”, tan americano como perturbador, nacido de la tierra y en ella vivo, penetrante hasta dejarnos mudos y ciegos de tanta sonoridad selvática y tanta luz y colorido evanescente, pues nace del corazón del poeta y se adentra en el silencio majestuoso del Amazonas hasta encontrar en ese espacio su propia voz, la voz tribal de sus habitantes, que nos devuelve la esperanza en el ser humano y en la Naturaleza, como así podemos confirmarlo en este extenso y bellísimo poema que dedica a las tribus Sharanahua, Amaracairy, Machiguenga, Campas, Wayapi, Adaré, Asurini, Yanomami y Aguaruna y del que extraemos los siguientes fragmentos: «El primer día es la Tierra / regresando a mi materia original / útero planetario de todas las semillas / penetro en ella / enlodándome / desde la caverna de iniciación / hasta el barro más grueso (…) Bosques Amazónicos / ¡Catedrales de nuestra América! (…) Yo / Theodoro / en el corazón del Amazonas / concebido de la tempestad / encuentro al que habita dentro de mí / alma que a horcajadas tantea el bosque de los huesos». 

Pero además, Theodoro Elssaca es un poeta visual y en esta antología podemos comprobarlo en los siete caligramas contenidos en figuraciones espirales, de labios, pirámides o árboles. Poesía esencial la de Elssaca, también humanista, pues el hombre camina siempre junto al poeta, como muestran estos versos: «Un día cualquiera, / la tierra dejará de girar. / Cansada de tanto tumulto, / tantos momentos que no fueron, / dejará de girar (…) De tanta sangre, de tanto llanto derramado / ¡Tantos cuchillos que asesinan inocentes! un día cualquiera / la tierra / dejará / de girar». Poesía a borbotones en la voz inconfundible del poeta Theodoro Elssaca, esencia de la tradición poética chilena, hermanada en lo sustancial a la más grande poesía en lengua castellana.
Título: Travesía del relámpago
Autor: Theodoro Elssaca
Edita: Vitruvio (Madrid, 2013)