domingo, 30 de abril de 2017

FERIA DEL LIBRO




FERIA DEL LIBRO

Concluyendo ya la Feria del Libro 2017 me viene a la memoria, casi formando parte de la nostalgia, aquel primer contacto con la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Almería, Ana Martínez Labella y representantes de las Asociaciones Colegial de Escritores de España, sección autónoma de Andalucía (ACE-A) y Andaluza de Escritores y Críticos Literarios (AAEC). Ocurría allá por el mes de octubre del pasado año, y representábamos a ambas asociaciones Pilar Quirosa y quien suscribe estas líneas. El motivo que nos llevó a solicitar audiencia a la Sra. Martínez Labella no era otro que el de colaborar con su departamento, habida cuenta que representamos a todos los escritores andaluces, incluidos los almerienses. Se le plantearon dos cuestiones fundamentales en las que podíamos colaborar como tal asociaciones; por una parte, la reanudación del Aula de Poesía, o bien, de una nueva de Literatura, que abarcaría más géneros literarios; de otra, nuestra colaboración con la organización de la próxima Feria del Libro, es decir, de la que ahora concluye. Respecto a ambos planteamientos la Sra. Martínez Labella estuvo básicamente de acuerdo, aunque realizó algunas matizaciones razonables sobre el primero de los proyectos y, sobre el segundo, prometió que para la próxima reunión a celebrar en los días siguientes (noviembre de 2016) por la comisión organizadora de la Feria del Libro 2017 estaríamos presentes como representantes de los escritores. El resultado final es que nada de lo dicho se ha llevado a cabo, es más, en ningún momento desde entonces se nos ha requerido para colaborar con el área de Cultura del Ayuntamiento de Almería. Las Asociaciones de Escritores de Andalucía y sus representantes en Almería no cuentan para el Ayuntamiento. Algo incomprensible si nos atenemos a que la verdadera representación de una Feria del Libro la constituyen los escritores, editores y libreros. Creemos, sinceramente, que el Ayuntamiento no ha estado a la altura de las circunstancias al ningunear a dichas asociaciones, porque todo nuestro afán era colaborar desinteresadamente con el área de Cultura gestionada por la Sra. Martínez Labella y la organización de la Feria; aportar nuestros conocimientos y ayuda en la programación de los actos y proponer escritores de solvencia y calidad para dar mayor relevancia a aquella. No podemos entender que una vez más, el año pasado se oscurecieron los actos llevados a cabo por la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, entre ellos y fundamentalmente, la entrega de sus Premios de la Crítica, y este año, conscientemente, se silencia la abnegada colaboración de ambas asociaciones. No vamos a comentar errores y aciertos, que en un mayor o menor grado siempre los habrá, pero es anecdótico y ejemplarizante ya de por sí el acto del pregón. Si en la Feria del Libro 2014 fue su pregonero el escritor y académico José María Merino, con un excelente discurso sobre el libro y las nuevas tecnologías y una trayectoria literaria extraordinaria como narrador: El heredero (2003), Premio Ramón Gómez de la Serna de Narrativa; El lugar sin culpa (2007) premio de narrativa Gonzalo Torrente Ballester, un volumen que recoge sus libros de relatos; Historias del otro lugar (2010), El libro de las horas contadas (2011) y El rio del Edén (2013), novela con la que obtuvo el Premio Nacional de Narrativa, XI Premio de la Crítica de Castilla y León y fue considerada por el suplemento El Cultural la mejor novela de 2012; patrono de honor de la Fundación de la Lengua Española y desde el año 2008, miembro de la Real Academia Española. Para la Feria de este año, y en las antípodas del anterior, la periodista Pilar Eyre, que cuenta en su haber con libros tan livianos y tendenciosos de la historia reciente de España como las biografías: La soledad de la reina: Sofía una vida” y la más destacada sobre el dictador “Franco confidencial; además de haber sido coautora de otros libros junto a periodistas del cotilleo y prensa rosa como Jorge Javier Vázquez y María Teresa Campos, sin olvidar libro de tan insigne título: “Mi color favorito es el verte”, incomprensiblemente (¿?) finalista del Premio Planeta 2014. No obstante, estamos convencidos que solo con el concurso de todas las partes interesadas en el desarrollo y organización de un evento tal como la Feria del Libro es posible alcanzar los mejores resultados, de manera que Almería pueda ser en un futuro un extraordinario y excelente escaparate del Libro, de la Literatura, que a fin de cuentas no es otra cosa que la vida misma.



domingo, 9 de abril de 2017

EL ZAGUÁN. CÉSAR MALDONADO




EL ZAGUÁN


Resulta que a veces te sorprende la música de un verso en la cálida voz de un ser humano, de un joven que nos descubre los silencios y la soledad, la vida misma con una sinfonía única, que nos deleita y nos hace reflexionar también hasta límites insospechados. Es la música de los días, de la cotidianidad que surge con el temblor de los acordes y la agridulce melodía de las palabras escritas sobre el papel y que el vuelo de las manos, como un regalo, depositan en nuestras pupilas y en nuestra alma. Es la voz armónica de un poeta músico que nos desvela la magia de la vida cuando todo es oscuridad y sombras, el desvalimiento, pero que resiste heroico ante la cruda realidad que rodea al ser humano. Sorprende, como digo, que un músico sea también o poeta, o viceversa, o tal vez sea lo uno y lo otro al mismo tiempo. Aunque “El zaguán” no es un libro propiamente dicho, sino un disco y su autor el almeriense César Maldonado (Almería, 1979), la lectura de los poemas-canciones se hace necesaria por su calidad y hondura poética. Son sus canciones (poemas) algo más que un lugar donde cobijarse del frío de la indiferencia o la soledad, el dolor o las guerras, son gritos que se alzan hasta la bóveda celeste, un temblor que nos invade y conmociona.



 Como la vida misma, pero versificada y cantada, la voz toda hecha alma y corazón. Poemas que nos hablan de momentos y cosas sencillas, del amor, de la soledad, de los silencios refugio del poeta, sus dudas y meditaciones en un mundo cada vez más alejado de la razón y el humanismo. Humanismo que el poeta-cantautor nos muestra en sus poemas, devolviéndonos así la dignidad perdida o sustraída, arrebatada en muchos casos. De esta manera el poeta está cercano, vive cada instante como si fuese el último, y ama, ama hasta quedar exhausto: «Regálame cualquier velada, / una tímida mañana, / el baila de tus labios / y el abrigo de tu cuerpo / para no tiritar / cuando intente rescatar / de tu blusa un poema (…) Miles de flores deshojadas a tu espalda, / miles de historias dormidas en tus brazos / y un cofre lleno de fantasías / donde guardo las notas que me escribías». Pero el poeta también se rebela contra la sinrazón y la estulticia del ser humano que arremete contra su igual hasta la destrucción, y es cuando determinante dice “No”, título de este poema de tanta actualidad aún y contra los “señores de la guerra y el poder”, : «No creeré en mi gobierno / si salvaguarda al fusil. / No creeré en mi bandera / si dispara a matar. / La libertad no es duradera / si la guía un batallón / de soldados y de aviones / que financiamos y nos matan / como a piezas de ajedrez». Aflora libertad, humanismo y solidaridad en los versos, en las canciones de este poeta y cantautor almeriense, cuya mirada esplendente va más allá de lo superficial y efímero, de lo mediático. Se agradece, sinceramente, en este tiempo de tanta mediocridad, que la palabra escrita, el verso sencillo y directo sea el más convincente de los argumentos para transformar la más deprimente realidad. La palabra como instrumento ineludible para cambiar, para soñar con un mundo más justo y equitativo. Aún a pesar de todo, el amor abrasa a la palabra hasta convertirla en el mejor aliado posible, en la mirada que va más allá del horizonte y se interna en la espesura del bosque para mirar de frente a la luz imperecedera, a la vida en su esencia: «Suéñame en tu vida, dame mil mañanas, / mírame de frente que sólo hay libertad / donde miras tú». Cuando la poesía y la música se funden en una misma voz, la del poeta César Maldonado, una luz deslumbradora incendia la tarde, todo se vuelve más claro y transparente, de forma que el tiempo espejea en lluvia de amorosa entrega. Poesía y música en el centro del universo, en la quietud de los anocheceres, cuando el salón es música toda y poesía en la voz de César Maldonado, que nos regala «aquellos versos / que esperaron en un libro / igual que espera el aire / a que un cuerpo lo respire: / sin hacerse de rogar, / sin buscarle utilidad / al mundo que habita».
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domingo, 2 de abril de 2017

DERROCHE DE AZABACHE. MOHAMED DOGGUI por JOSÉ ANTONIO SANTANO




El acto de crear es algo enigmático, difícil de explicar por cuanto en él inciden aspectos de muy variada índole y que podríamos resumir en dos ámbitos fundamentales: uno subjetivo y otro objetivo. Sin embargo y, ateniéndonos a esta clasificación básica no podemos obviar ese otro carácter que trasciende lo subjetivo para adentrarse en un universo tan desconocido para el autor como mágico, hasta el punto de transgredir, incluso, la norma en sí misma. Es un momento único y grande, incluso a veces ininteligible, y aún así, fulgurante, en el cual la palabra se convierte en el hecho ontológico por naturaleza. Frente a frente creador y abismo (página en blanco) inician el ritual de la escritura, ese proceso de entrega y sumisión a la palabra que marca el espacio y el tiempo, la inmensa infinitud del vacío, traspasando todas las fronteras para alumbrar la más grande creación jamás concebida: la poesía. También con relación al hecho de la creación el profesor José Cenizo ha incidido y ahondado, y escrito lo siguiente: «Todo acto creador, y el poético aún más, es una excitante y nebulosa espera. La espera de la palabra exacta, como quería Juan Ramón Jiménez, para ahondar en la realidad. La palabra del poeta, siempre, ha de ser creadora, o recreadora; ha de nombrar por vez primera lo que, sólo aparentemente, ya ha sido nombrado mil veces en el discurso cotidiano e incluso literario. Diversos críticos han llamado a este proceso sustitución, desvío, desautomatización, etc. Quizá habría que llamarlo, sencillamente, milagro. Especie de revelación mágica de la verdadera palabra poética». En esa innegable condición de creador, amigos lectores, tenemos que situar al profesor y poeta Mohamed Doggui (Túnez, 1956) que, además, tiene como máxima de su expresión literaria la lengua española. Ya en su anterior entrega poética, La sonrisa silábica, pudimos comprobar este extremo, como así lo dejó patente quién ejerció de prologuista en aquella ocasión, el también poeta Manuel Gahete, al afirmar: «Mohamed Doggui conoce bien la naturaleza humana y establece con el lenguaje un pacto solidario, tintando su palabra de sutil ironía, iluminando el sendero en sombra con un cristal de luz que nos allega, que nos unge de afectos, que nos inclina a ver el mundo con rozagante perplejidad, como si cada día fuera nuevo y redescubierto por el asombro del amor». Si la publicación de La sonrisa silábica contenía una «clara influencia de la tradición poética árabe y española, de forma que la brevedad del verso, de metro octosílabo, la observación reflexiva de la realidad que se presenta ante sus ojos, donde la ironía ocupa un lugar predominante, y el mestizaje idiomática, hacen de Dogui un poeta singular», (Diario de Almería, 7.8.2016), habría que añadir de expresión en lengua española (extraordinaria influencia del Romancero) es la marca más significativa; en esta nueva entrega, bajo el título Derroche de azabache, nuestro poeta repite la experiencia con una variedad temática notoria y algún añadido como es el caso del verso endecasílabo, aunque en menor proporción que el octosílabo. Derroche de azabache representa esa otra realidad que trasciende a la luz y que se halla en la oscuridad y el silencio, porque Doggui también ahonda e interioriza el mundo que le rodea; regresa a los orígenes, a la raíz ontológica para mostrarnos a partir de los elementos naturales, en este caso del azabache, en su doble significado: de una parte, por ser un mineral frágil pero de un bello y luminoso negror; de otra, por su carácter protector, de piedra mágica usada como talismán. Realidad y magia en perfecta comunión, unidas por el lazo de la fraternidad humana, representada en la brevedad estrófica y en los versos octosílabos que el poeta compone y engarza como si se tratara de una piedra preciosa. La frescura, el gracejo de la lírica popular y la sutil ironía contenidos en los algo más de setenta poemas de Derroche de azabache constituyen el universo poético de Doggui. Del puro negror del azabache nace la luz que fulge en la mirada del poeta, la voz plena de ferviente humanidad, que regresa del abismo, del desierto y sus silencios para convertirse en agua marina, en luna que ilumina la infinitud mediterránea del amor proclamado en la soledad de las noches. Derroche de azabache es un libro para leer despacio, de manera que intimes con su creador, que sustancies la palabra poética sin hostigarla, sin apremiarla en su conclusión, todo lo contrario, has de paladear sus sílabas como se paladea un buen vino, seguro de alcanzar así la más placentera de las sensaciones. Ahondar en la condición mestiza del lenguaje y comprobar la riqueza que aporta esa armoniosa alquimia, alejándose así de la imposición de molde alguno: «Siempre que conforme bien / mi íntimo y hondo sentir; / poco me importa que el molde / proceda de mi Arabia / o provenga de tu Iberia». Con estos versos de Mohamed Doggui les animo a la lectura de este libro que seguro les proporcionará momentos tan reflexivos como gratificantes.









Título: Derroche de azabache
Autor: Mohamed Doggui
Editorial: Carena (Barcelona, 2016)

viernes, 31 de marzo de 2017

CIUDAD DEL SOL. MIGUEL NAVEROS por JOSÉ ANTONIO SANTANO


Nos queda la palabra. A los poetas nos queda sólo la palabra. Quizá nuestra única patria. Hoy, con la tristeza royéndome la carne y el alma, las palabras son el único refugio ante el dolor que siento por la pérdida y la definitiva ausencia de nuestro amado amigo y escritor Miguel Naveros. Sólo las palabras que afloran en estos versos que ahora reproduzco en homenaje al hombre y al poeta que fue siempre. En la hondura del verso. Por ti, maestro, allá donde te halles.

CIUDAD DEL SOL


A Miguel Naveros, 
 In Memoriam

I

Hubo un tiempo de rosas en la arena

azul de los amaneceres

espuma de pétalos en los labios

y en la sangre

palabras que volaron a las nubes

y allí quedaron al abrigo

de la música y los dones

del agua en las acequias y la mar

como lluvia de voces misteriosas

que blanden las pupilas de la noche

y luego crece hasta la altura misma

del sol y sus silencios

y regresa a la ciudad

que las manos acogen en su seno

y modelan en el aire de una playa

desierta y celestial

solo suya

su nombre en las esquinas

de una calle cualquiera

al fragor de los bares

que sueñan los sueños

que el güisqui espejea en el vaso

sostenido entre los dedos

huesudos y alargados

y penetra hasta las venas tenebrosas

de la noche abierta

en la garganta y el pecho

vagabundo y noctámbulo

al calor de la luna

el eco de su grito

gritando en las auroras

de la mar en los ojos

respirando la vida

la luz inagotable

alma toda en el Cabo

arcángel terreno

de vuelta a los orígenes

de la nada en la arcilla

y los nombres escritos

en la fronda de los árboles

o en el corazón del agua

nutriente

todo verbo numinoso

honda sílaba

en la añil estela de los días

amanecidos al pie del faro

de San Telmo

en el sagrado monte.

II
Hubo un tiempo de rosas en la arena

en la vetusta piedra

alzada sobre el cielo de los sueños

y un estanque de flores amarillas

en el crepúsculo todo

de los ángeles

en la azul memoria

revelada en las páginas de un libro

los libros de la vida

que la muerte devuelve

sanadora

al florido jardín de los deseos

a los convulsos arcoíris

que sestean en la quietud

de la tinta derramada

como sangre en las cunetas

precoz en su alarido

de nombres olvidados

sin memoria ya

puro silencio

en la ciudad del sol.

III
Hubo un tiempo de rosas en la arena

en el blanco desierto de las uñas

hundiéndose en la corteza de los días

tristes y amargos

que el papel desvela

después de haber amado

precoz toda armonía

en arpegios de luna

y soledades

después de que los hombres

surcaran la inmensa mar

los naufragios

al caer la noche en las ventanas

ya sin luz siquiera

sólo sombras

geométricas figuras

en la hora última

un último silencio que se escapa

por la rendija de puerta

cerrada para siempre

a la luz de la palabra

que vuela como un pájaro

feliz y libre

por las húmedas aceras

al despertar del alba

por las calles dormidas

en los brazos del aire

más allá de la muerte.

IV
Hubo un tiempo de rosas

y azules espejos

en la arena y el viento

una voz amorosa

un apátrida silbo

adentrándose hondo

en la luz de la tarde

una estrella marina.

V
Hubo un tiempo de rosas

una lluvia de labios

en la noche secretos

un fértil silencio

recorriendo la tierra

en la ciudad del sol.

© José Antonio Santano



viernes, 24 de marzo de 2017

LA VOZ AUSENTE. JOSÉ ANTONIO SANTANO

PRESENTACIÓN  el día 4 de abril, a las 19:30 horas. Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía (Paseo de Almería, 68). 


Quiero compartir públicamente que, en la presentación de mi libro "La voz ausente", me acompañará, además del poeta y profesor Alfonso Berlanga, el cantautor almeriense CÉSAR MALDONADO. 

En la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía (Paseo de Almería, 68)


domingo, 19 de marzo de 2017

SON AYMARA. ALFONSO BERLANGA por JOSÉ ANTONIO SANTANO

SALÓN DE LECTURA _________________________________ José Antonio Santano


Son Aymara

De la nada nace, del fulgor del blanco de la hoja, abisal la palabra se despeña en los orígenes hasta dibujar sobre la hoja los signos del aire o los sonidos de la piedra, quieta en su quietud de siglos. En el albo papel, en su candor la letra va inundando la hoja hasta subvertirla: «Subversiva es la hoja donde la palabra cree asentarse; subversiva es la palabra donde la hoja se abre a su blancura» (E.Jabès). Estas son algunas de la señas de identidad, los mimbres de esta poética tan alejada de modas y mercados, original y mistérica al mismo tiempo, poesía luminosa, que bebe de la más grande tradición lírica española para transformarse, trascendida ya, en voz única y polifónica, honda, astral, hasta crear un verdadero, mágico y particular universo poético. En este libro hallamos al poeta en esencia, alma luz que alumbra la palabra en un vuelo hacia la infinitud de lo finito y que conquista el espacio y el tiempo con su voz abarcadora y precisa, abrasadoramente humana. El poemario conforma un corpus en sí mismo, una manera de pensar el mundo, de vivirlo y sentirlo en toda su plenitud. No hay fingimiento alguno, sólo verdad, esa que el poeta modela con la arcilla del tiempo entre sus manos, en la soledad de los días y un continuo abismarse en un mar pleno de silencios, de vida. Dijo el novelista, poeta y crítico literario ya desaparecido Juan Manuel González: «El verdadero poeta escribe al dictado de su ser interior, siguiendo la voz de una dimensión que intuye siempre, y que en muy pocos instantes conoce a través del misterio acunado fuera de la lógica y la razón poética». Y así es. Alfonso Berlanga interioriza, ahonda en la oscuridad de la luz, escarba la tierra hasta encontrar la raíz del ser de las cosas, de lo humanamente misterioso o desconocido; viaja al espacio sideral y esculpe el lenguaje con tanto esmero y natural afán que el lector verá fluir un discurso poético tan extraordinariamente rico como deslumbrador. Es la “oquedad paceña” la que ilumina los actos del poeta, la ciudad de La Paz convertida así en sujeto poético, de tal manera que, consciente o no, Berlanga inicia su andadura, camina hacia un lugar recóndito y lejano, inexplorado aún pero sentido, imaginado, motivo por el que toma suyas las palabras del poeta Cavafis cuando dice: «Iré a otra tierra, hacia otro mar, y una ciudad mejor con certeza hallaré…». En su maleta lleva a buen recaudo el legado de la más grande tradición poética española y la certeza de que la riqueza lingüística de una lengua o habla común hará posible todo lo demás. De un sur bañado por el Mediterráneo al lejano sur del Altiplano americano, de las cordilleras y las llanuras amazónicas. Hasta la altura de lo inaccesible la palabra asciende lumínica para descender luego a la realidad imaginada de lo material y cercano, capaz de hacer aflorar en el poeta la voz de todos los silencios vividos. Alfonso Berlanga nos muestra una ciudad de La Paz única y diversa a la vez, detenida en el tiempo de su propia existencia, de su vital cotidianidad, en la cual sus gentes y paisaje se entremezclan en una suerte de alquimia tan original como extravagante. 

La fuerza de este libro se halla no sólo en los variados recursos literarios empleados, sino en la esencialidad misma del estilo, en el uso de un lenguaje tan rico como variado, pues los referentes de carácter cultural, como también del léxico propio del habla boliviana aportan singularidad y una extraordinaria riqueza a la lengua de Cervantes y al texto poético en sí mismo. Viviremos La Paz como la ha vivido el poeta, pues en ella está su alma entera, la luz de la palabra, solidaria y humanamente plena. Seremos también parte de la familia boliviana en su conjunto, de los lugares y de las tradiciones y costumbres ancestrales que el pueblo no ha querido dejar en el olvido. Todo ello con la brillantez propia de un poeta cuya experiencia vital siempre estuvo impregnada por la literatura, por la palabra poética. Creo no equivocarme si afirmo que, de todos los poemas incluidos en este libro, incluso de todos los versos que conforman cada poema, uno solo resume el conjunto, o si se prefiere, uno solo es la clave de este libro, y que como una letanía inacabable se repite una y otra vez hasta ser como la sangre que corre por las venas o como las aguas cristalinas de un río que cae en torrencial cascada y sólo el aire escucha su nombre: «son aymara…, son aymará». El resto está en descubrir los secretos, aprehender de lo escrito, interiorizarlo y repetir incansablemente el eco de esa voz como un temblor capaz de estallarnos en los ojos y oídos como única verdad, la verdad poética de Alfonso Berlanga. Son aymara, pues, nos invita a recorrer el camino de esa esencialidad poética, sin máscara ni disfraz alguno, encarando la realidad para transformarla trascendida ya en la palabra justa y necesaria, hasta alcanzar la más alta cima del sueño en el silencio ensordecedor de Tiahuanaku, un lugar tan sagrado como fieramente humano. Con este poemario sentirán sin duda la abarcadora “oquedad paceña” y en cada verso una sacudida electrizante, el fulgor de la palabra poética, nacida a borbotones, nutricia y polifónica de su autor, Alfonso Berlanga.

Título: Son aymara
Autor: Alfonso Berlanga
Edita: Alhulia (Salobreña, Granada, 2017)


domingo, 12 de marzo de 2017

TRAVESÍA DEL RELÁMPAGO. THEODORO ELSSACA


SALÓN DE LECTURA ______________ José Antonio Santano


Travesía del Relámpago

Tal vez el verdadero sentido de la poesía se halle en el deslumbramiento o el asombro que nos produce mirar al infinito del horizonte, al anciano que habita un banco solitario de un parque cualquiera o a un laberíntico espacio que el tiempo desnuda cada día en un ritual inagotable. Pero si la poesía es, en palabras del poeta Francisco Brines, «aquella que se ejerce con afán de conocimiento», o, “la que revive en mí la pasión por la vida”, para el poeta Theodoro Elssaca (Santiago de Chile, 1958), es fulgor de la palabra, eclosión de armónicos sonidos, alumbramiento continuo de la Naturaleza en comunión con el hombre, fuego abrasador, turbadora razón, abarcadora visión del universo. En su “Arts poética”, que precede a los versos contenidos en este libro antológico “Travesía del relámpago”, el poeta se confiesa, y escribe: “Antes de ser parido, ya era poesía…Yo, antes de nacer, ya era poesía”, y efectivamente, así es. Cuando uno se adentra en esta inmensa selva habitada por la magia y el misterio de la palabra, se siente que, verdaderamente, Elssaca ya era poesía antes de ser parido, que todas las fuerzas de la Naturaleza ya estaban en él, en el poeta, dictándole al oído las palabras precisas, esas a las que el poeta canta en el poema que cierra esta antología, “Árbol de las Palabras”, cuando así escribe: «Hay palabras rápidas como el rayo / grandes igual a mamuts / transparentes más que el viento, / palabras acorazadas o desnudas, / lentas como terrestres quelonios / antiguas, risueñas o vanguardistas (…) Palabras que los lingüistas coleccionan en insectarios, / y las clasifican como a escarabajos, saltamontes o escorpiones. / Primeras palabras del que aprende a pronunciar, / últimas palabras de quien se despide y no regresa». Los versos de Theodoro Elssaca son frescos y transparentes, devastadores en ocasiones y luminosos otras, porque para él la poesía es, en esencia, la vida misma, y en su experiencia acumula toda suerte de vivencias, algunas tan dolorosas como la sentida tras la muerte de su hijo Américo, plasmada en el poema “Viaje al fin de la Noche”, del que reproducimos el siguiente fragmento: «La noche no condujo al día. / Viajo en sombras al fin de la tristeza. / En la oscuridad he creído escuchar tus palabras, / las voces no se borran de la mente. / En Madrid me dijiste hace un tiempo: / cada vez que respiremos estaremos juntos. ¿Hace un siglo que te has ido, o fue recién anoche?» Es el luto de la noche como un cuchillo que sesga vértebras y vísceras, que se adentra muy adentro y duele hasta después de la eternidad, y el poeta lo sabe por ser suyo en la absoluta soledad de los días. Pero Elssaca no se detiene, reanuda el camino porque en el camino se hallan las respuestas y la luz de la palabra, la que tanto ama y reivindica como la esencia misma de esta vida. En él la tierra americana, los nombres primigenios, los ríos y las cordilleras en un único canto, porque “si se calla el cantor calla la vida”, y el poeta Elssaca es ese canto de “El espejo humeante-Amazonas”, tan americano como perturbador, nacido de la tierra y en ella vivo, penetrante hasta dejarnos mudos y ciegos de tanta sonoridad selvática y tanta luz y colorido evanescente, pues nace del corazón del poeta y se adentra en el silencio majestuoso del Amazonas hasta encontrar en ese espacio su propia voz, la voz tribal de sus habitantes, que nos devuelve la esperanza en el ser humano y en la Naturaleza, como así podemos confirmarlo en este extenso y bellísimo poema que dedica a las tribus Sharanahua, Amaracairy, Machiguenga, Campas, Wayapi, Adaré, Asurini, Yanomami y Aguaruna y del que extraemos los siguientes fragmentos: «El primer día es la Tierra / regresando a mi materia original / útero planetario de todas las semillas / penetro en ella / enlodándome / desde la caverna de iniciación / hasta el barro más grueso (…) Bosques Amazónicos / ¡Catedrales de nuestra América! (…) Yo / Theodoro / en el corazón del Amazonas / concebido de la tempestad / encuentro al que habita dentro de mí / alma que a horcajadas tantea el bosque de los huesos». 

Pero además, Theodoro Elssaca es un poeta visual y en esta antología podemos comprobarlo en los siete caligramas contenidos en figuraciones espirales, de labios, pirámides o árboles. Poesía esencial la de Elssaca, también humanista, pues el hombre camina siempre junto al poeta, como muestran estos versos: «Un día cualquiera, / la tierra dejará de girar. / Cansada de tanto tumulto, / tantos momentos que no fueron, / dejará de girar (…) De tanta sangre, de tanto llanto derramado / ¡Tantos cuchillos que asesinan inocentes! un día cualquiera / la tierra / dejará / de girar». Poesía a borbotones en la voz inconfundible del poeta Theodoro Elssaca, esencia de la tradición poética chilena, hermanada en lo sustancial a la más grande poesía en lengua castellana.
Título: Travesía del relámpago
Autor: Theodoro Elssaca
Edita: Vitruvio (Madrid, 2013)



domingo, 26 de febrero de 2017

LA METÁFORA DEL CORAZÓN. JOSÉ PULIDO por JOSÉ ANTONIO SANTANO





LA METÁFORA DEL CORAZÓN

Cada vez que tomo un libro entre mis manos, lo observo detenidamente, lo acaricio con lentitud novicia y me adentro luego en sus páginas, siento como una honda descarga eléctrica, un íntimo temblor que se escapa a la razón y merodea el ámbito de lo abstracto e incomprensible. Es una llamarada de fuego, abrasadora, capaz de acelerar el corazón hasta límites insospechados. Es la palabra en esencia la única que me transporta a mundos desconocidos, imaginarios o me transforma en un ser diferente, casi astral. Luego, la palabra comienza su periplo y va de un lado a otro, reconociéndose en los asombros, asciende y desciende, aroma los momentos y la vida ya es otra, tan distinta como apasionante. Sólo hay que adentrarse en ellas, las palabras, en cada una, en su rumor de ola, en sus silencios, en su alma toda hasta sentir su fulgor, casi ciegos ya. Pudiera parecer exagerado, pero no. La palabra poética es todo eso y mucho más. Y algo de esto ocurre cuando el libro que tengo en mis manos esLa metáfora del corazón, del poeta natural de Jaén (1958) y  abulense de adopción  José Pulido, que muy merecidamente obtuvo, junto a la poeta mexicana Ingrid Valencia con su libroOscúrame(del que nos ocuparemos en otra ocasión), el III Premio Internacional de PoesíaPilar Fernández Labradorque cada año se convoca en la ciudad de Salamanca.  “La metáfora del corazónes un libro vitalista, hondo, pleno de imágenes y metáforas (la del corazón centra el discurso), donde el Tiempo es el tema principal, el objeto poético que nos invita a conocer el universo lírico de Pulido. El libro consta de tres partes:El rostro del tiempo,Calendario lunareÍntimo calendario, a las que precede un notable comentario a modo de prólogo del también poeta y director del diarioEl Norte de Castilla, Carlos Aganzo, con el títuloHombre, latido del tiempo. Queda en la retina del poeta, en la memoria, el tiempo que fue, aquel que nunca más volverá y que sólo el recuerdo trasciende en versos diamantinos, en pura lírica, como así lo atestiguan los poemas incluidos enEl rostro del tiempo, y en estos versos pertenecientes al poemaUna vieja ciencia: «Me arrullan las brasas del hogar, / el tiempo se guarda en tarros de alacena, / en la blanca memoria del pan / y la dulce promesa del membrillo, / en la voz de una madre que nos llama a la mesa»; el paso del tiempo que no acaba en el olvido y se muestra en cada celebración, tal el poema “Efemérides”, del que reproducimos este fragmento: «Tenemos la exigencia de ser hombres. / Cumplimos un imperioso mandato / por el que recordar es vivir. / Palabra del tiempo es la memoria / y sólo a su luz podemos entender la vida. / Desbocada montura o río sereno, / sólo en ella se deja acariciar, / largamente contemplarla…»; el tiempo y su continuo latido, el que nos hiere: «Es tan extenso un latido que nadie / volvió más allá de sus límites / para contarlo. / Imposible contener la herida de su fuga».

 En la segunda parte, “Calendario lunar”,  el poeta es pura expresión del mundo que le rodea, también de los sentidos que toman en la luna su reflejo, y así serán muchas las lunas y la emoción que envuelve a lo vivido: «Sueñas como un lago bajo la lluvia, / me entregas a los paisajes del tacto, / a la caricia que se encela en tu carne / y madura con los frutos del ascua»; es en el poeta la presencia más humana, la mirada y la compasión por los desheredados: «La música de los desheredados / y su cabra amaestrada que baila / una danza feroz en medio de la calle, / dan fe de nuestra rendición sin condiciones, / vendida por unas pocas monedas en el plato…». Ya en la tercera parte, “Íntimo calendario”, el poeta es sujeto de amor y en él se muestra desnudo y libre, convencido de concluir así el ciclo lírico de ese tiempo más personal e íntimo: «El amor es un camino en el parque / al que gusta volver por sus pasos, / que regrese la lluvia y despierte / en la dulce intimidad del paraguas / esa oscura presencia de fuego / que levanta su trono en la sangre / y en las manos que se tocan libera / el sublime temblor de una caricia»; pero todo, alguna vez concluye, es el final y en él también el poeta deja huella, como cuando escribe: «Acudo a ocupar mi asiento a la mesa, / a compartir también tu muerte (…) Volvemos a casa con la furiosa tarea del silencio / y la desolada condición de la memoria». Como cierre de esta eclosión lírica de José Pulido, estos conmovedores versos que refuerzan su voz más honda y poética, extraídos del poema que da título a este libro “La metáfora del corazón”: «Instantes que son vida, que hieren cuando pasan / y dejan en el corazón su huella, su música, / su olvido». 

Título: La metáfora del corazón              
Autor:  José Pulido
Edita: Diputación de Salamanca (2016)