domingo, 27 de noviembre de 2016

POESÍA Y COMPROMISO EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA.




HUMANISMO SOLIDARIO
POESÍA Y COMPROMISO EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA

Con los vinos ocurre que hay que dejarlos reposar en la barrica primero y luego en la botella, que con el tiempo adquieran aromas y sabores, tonalidades, de manera que, al beberlos, podamos comprobar su excelencia. Esto mismo sucede a veces con los libros: hay que dejarlos reposar en los anaqueles de la biblioteca, esperar un tiempo prudencial y releer luego con la serenidad y tranquilidad que toda recreación lectora merece. No es frecuente que ocurra esto pero sucede en contadas ocasiones. Y ahora ha ocurrido. Desvelo el misterio. El libro que tratamos en este espacio fue publicado por la editorial madrileña Visor, en su colección Visor literario el año 2015, y, durante todo este tiempo ha vivido en mí su contenido de una manera extraña, agridulce sería quizá su más acertada descripción; de una parte, por no haber acometido esta tarea de difundir esta corriente de pensamiento en su día, y, de otra, por entender, desde un punto de vista ético que, siendo parte de dicha corriente, pudiera pensarse que mis pretensiones eran otras muy distintas a las que verdaderamente me unen a dicho movimiento artístico e intelectual. 
En la creencia de haber disipado estas cuestiones después del tiempo transcurrido me detengo ahora en las páginas de este libro, titulado “Humanismo solidario. Poesía y compromiso en la sociedad contemporánea”, con estudio preliminar de la profesora Remedios Sánchez García, de la Universidad de Granada y una selección poética de Marina Bianchi, profesora también en la Universidad de Bérgamo (Italia). Constituido este libro en dos partes bien diferenciadas, la profesora Sánchez García nos introduce en esta corriente de pensamiento y poética a través de un estudio cronológico de lo que ha sido la poesía española contemporánea hasta llegar a lo que ha venido en llamarse “Humanismo solidario”. Se inicia este recorrido con un primer bloque titulado “Reflexiones para una panorámica de la poesía contemporánea española. De los sesenta a la posmodernidad”, el más extenso e interesante pues clarifica el devenir de la poesía española del siglo XX hasta nuestros días. El siguiente capítulo está dedicado a “La literatura hispanoamericana desde los sesenta a la actualidad. Una aproximación a vuela pluma”. También ocupa un lugar importante la vinculación literaria entre España y el Magreb: “Donde la lengua aún alcanza. Literatura en español en los países árabes”. Se analiza también “El concepto de compromiso en la poesía en español del siglo XX”, y se llega por fin a “El humanismo solidario”, capítulo en el que se explica sobre qué pilares fundamentales se asienta esta corriente: «Se estructura el Humanismo Solidario en torno a un grupo de críticos, poetas y narradores (Alberto Torés, Francisco Morales, José Sarria, Remedios Sánchez, Francisco Huelva, Manuel Gahete y José Antonio Santano) que se definen como una corriente crítica e intelectual de personas libres que, desde la heterodoxia estética, asumen el uso de la palabra como obligación social bajo los irrenunciables principios del compromiso y el comportamiento ético, sin estar sometidos a ideología, filosofía, política o religión alguna. Desde el libre discurrir del pensamiento de sus componentes nace la necesidad de rebelarse contra los sistemas y organizaciones que oprimen y asfixian a la mayoría de la humanidad. 
Ajenos a toda ideología dominante, Humanismo Solidario propugna el destierro del pensamiento único en cualquiera de sus manifestaciones, fundamentando sus principios rectores, y su obra individual y colectiva, sobre los términos morales que emanan de la idea irrenunciable de la fraternidad universal». El otro gran bloque, es decir, el resto de páginas del volumen contiene la antología poética propiamente dicha, integrada por 49 poetas de diferentes países. Dada la imposibilidad de transcribir los versos de cada uno de los poetas antologados, transcribo un fragmento del poema en prosa “Memoria de la noche”, del leonés Juan Carlos Mestre, con el que de alguna manera se resume la esencia de esta corriente poética e intelectual denominada “Humanismo solidario”: «Esta noche y no en otra noche más desolada y perdida voy a escribir al tirano, es que pasa mi abuela con flores, con vida y no soy yo cuando llora vacía ante el cielo ya letanía o milagro. / Esta noche y todas las noches del día voy a decirte mi amiga culpable, es que está pasando la vida y yo no soy cuando un hombre se sienta y nos habla ya de destrucción o poesía». Cuarenta y nueve voces distintas pero hermanadas en esta antología poética que nos devuelve la esperanza en un esencial y necesario “Humanismo solidario”.
Título: Humanismo solidario
Autor: Remedios Sánchez García
Selección de poemas: Marina Bianchi
Edita: Visor (Madrid, 2015)









domingo, 20 de noviembre de 2016

RAQUEL LANSEROS. ESTA MOMENTÁNEA ETERNIDAD


Es cierto que la poesía casi siempre está en entredicho, si no es por una cosa es por otra…guerrillas de corrientes poéticas que intentan imponerse unas a otras, poetas que ametrallan verbalmente a la competencia u otras muchas veleidades carentes de sentido y que a fin de cuentas no merece la pena tenerlas en cuenta, porque lo único que debe de importar –así lo pienso y así lo digo-, tanto al lector como al creador es “el alma”, esa zona desconocida y misteriosa donde el poeta siente la plenitud del vacío y el silencio en absoluta soledad. Cuando esto pasa es que nos encontramos ante la poesía en su esencia. Todos los caminos son válidos para llegar a la meta, la poesía es una, y los poetas son muchos, cada uno tendrá, desde la honestidad, que elegir el suyo. Las experiencias son tan disímiles como lo es la voz de cada poeta, que habrá de buscar su propio destino. La vida es un instante y cada instante la eternidad misma, esa que trasciende la realidad para convertirse en algo nuevo, creado para universalizar la palabra cuando en verdad habita el poema. De cada instante vivido depende la dirección que el poeta tome, y en cada poeta ese mismo instante será distinto y la expresión de lo sentido o vivido también. Tal vez pudiera ser –mera elucubración- que el título del libro que recomendamos en esta ocasión sea un poco de todo lo dicho, o, esencialmente, la certeza de saber que existe la eternidad del momento. “Esta momentánea eternidad” es eso y algo más, porque su autora, Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973), nos convoca a vivir los instantes que dieron lugar, desde el año 2005 hasta hoy, a este libro que contiene su poesía reunida. La propia autora declara en las páginas introductorias que «siempre he sentido que todo lo que tiene que ver con la poesía es, de algún modo, un acto de amor. En mi opinión, operan en la poesía muchas fuerzas de índole afectiva, todas ellas necesarias para que pueda ser exactamente lo que es: el amor a las palabras, el amor a las raíces, el amor a los libros, el amor a la Belleza, el amor por la indagación, el amor a los grandes poetas de la historia, el amor a esa identificación única y sobrenatural –sin importar tiempo y espacio- que la poesía brinda». Reúne este volumen toda la poesía escrita por Raquel Lanseros en los últimos once años, que dan como balance final cinco libros: “Leyendas del promontorio” (2005), “Diario de un destello” (2006), “Los ojos de la niebla” (2008), “Croniria” (2009) y “Las pequeñas espinas son pequeñas” (2013), más una última parte con el título de “Poemas exentos. Poemas inéditos” (2008-2016). En este viaje la poeta nos invita a vivir intensamente cada momento o instante, desea perpetuarse en cada sílaba o palabra partiendo de la necesidad de expresar esencialmente su mundo interior respecto a todo lo que fluye a su alrededor, convencida de que su experiencia poética será, sin duda, como la vida misma. 



Sus versos hablan por sí mismos, como en este fragmento del poema “La gravidez del odio”: «Por supuesto que el odio requiere un gran esfuerzo. / No es para cualquier pecho. / El odio es denso y sólido. / Está hecho de cemento, / de plomo, de nostalgia», versos que muestran en este viaje iniciático una extraordinaria sensibilidad. Del poema titulado “Locus amoenus” extraemos estos otros: «La Tierra está llorando. / Por suerte / ayer salieron a la calle unos pocos / armados de coraje para intentar curarla. / Los disolvieron los antidisturbios». Lanseros refleja en los poemas siempre un lado interno, y reflexivo donde la emoción y el sentimiento se aúnan para conformar un sólido cuerpo poético, como en estos versos que afloran después de un adiós: «Yo nunca resistí las despedidas / porque en cada una de ellas se marchita la voz / de todas las personas que yo he sido / y ya no puedo ser». También fluyen los versos cuando mira hacia atrás, como cuando homenajea a “Doña Juana” y todas las mujeres libres, o se trata de recuperar la memoria de “los otros”, “de los vencidos”: «Todos nosotros somos ahora y para siempre / las pisadas de Yago contra la piedra helada, / yo soy el pan callado de aquella Nochebuena, / tú eres la luna oscura que le ayuda a esconderse. / Y hoy es mil novecientos treinta y nueve». Hacia el encuentro del hombre y la mujer, del ser humano camina por estos otros versos de “El hombre olvidado”:«Puede que sea el olvido / -mientras sus ojos turbios regresan del pasado- / el lugar donde vive la memoria», o en “Beatriz Orieta. Maestra nacional (1919-1945) cuando escribe: «El silencio es de mármol. / El silencio / es la respuesta de todas las preguntas». Late en la poesía de Lanseros la vida misma, que podríamos resumir, sin duda, en estos versos rotundos: «Ahora ya entiendo por qué vivo cuando amo. / Ahora comprendo / que el principio del mundo ocurre cada día».

Título: Esta momentánea eternidad
Poesía reunida (2005-2016)
Autora: Raquel Lanseros



Edita: Visor (Madrid, 2016)

domingo, 13 de noviembre de 2016

UN BOSQUE ARDIENDO BAJO UN MAR DESNUDO. SALÓN DE LECTURA.



UN BOSQUE ARDIENDO BAJO UN MAR DESNUDO

Si se hiciera un estudio riguroso de la poesía en lengua española de las últimas décadas hasta hoy, casi seguro que nos daríamos de frente con una realidad difícil de admitir: no es oro todo lo que reluce. Ocurre que suenan más los nombres que las obras. La poesía ha quedado fragmentada, dividida entre los que están y los que son pero no están. Este es el quid de la cuestión. Lo mismo que en la sociedad ha calado el discurso de la mediocridad y el pensamiento único, en la poesía ha ocurrido tres cuartos de lo mismo. Si leemos con detenimiento las obras poéticas más recientes comprenderemos mejor esta circunstancia. La bonanza de la poesía y de la joven en particular no es tanta como se nos quiere hacer creer. No toda innovación o todo lo nuevo es bueno. El hecho experimental es importante, pero no lo es menos el de la diferencia, esa búsqueda del poeta por encontrar su propia voz, que es de lo que adolece la poesía a la que me he referido con anterioridad. El poeta no puede ser un amanuense, un copista que repite sin cesar la misma escritura que sus coetáneos. Hay que arriesgar, huir de lo fácil y adentrarse en el silencio y la oscuridad, bucear en la palabra para hallar la palabra misma, esa que es capaz de sacudirnos, de electrizarnos por el resplandor de su propia luz. Habría que revisar con detenimiento el devenir de los últimos años, siempre desde el respeto a la diferencia y la justa valoración de las obras escritas en ese período, y he dicho obras y no nombres. Consecuencia de una reflexión profunda y ese continuo deseo de búsqueda del “yo” poético, determinado por la experiencia vivencial del poeta, sorprende el poemario “Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo”, de joséagustín hayadelatorre (Perú, Lima, 1981), actualmente doctorando en literatura por la Universidad de Salamanca. Un experimento poético que parte del propio desarraigo del poeta, de la necesidad de comunicar con los demás para encontrarse a sí mismo, recorriendo para ello un camino de obstáculos salvables, pero a veces muy complejos. 

El poeta ahonda e interpreta todo lo que se muestra ante sus ojos, y en un ejercicio de latente curiosidad indaga y bucea en la condición humana a través de la realidad más cercana. Hayadelatorre contempla el diálogo permanente entre los opuestos como si fuese una necesidad imperiosa. Así, “Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo” se convierte en un libro complejo en su estructura, en la forma y el fondo, donde cohabita la poesía y el poema en prosa. Para el poeta el desprendimiento de lo aprehendido alcanza un valor relevante, le apremia recorrer múltiples caminos para después desandarlos, hasta construir su verdad poética, su voz: «las virtudes de un poeta son / las de un asesino: a galope so- / bre un caballo ciego intenta / lacerar una selva pétrea hasta / encontrar su arteria. escucha / su sí mismo, el que no es él / donde es todos, y embellece / la destrucción y sueña lo que / destruye dándole a los muros / la forma de su rostro». Pero en esa búsqueda constante del “yo” poético no existe la exclusión del “otro”, todo lo contrario, porque su concepción del mundo no puede sino reivindicar lo humano: «…Yo recito / las lágrimas en las lápidas irradiadas del alba, las estampas / de la clarividencia en los entierros: soy centro y éxodo, / persisto ante el parpadeo. / He aquí el signo de la creación. Sólo existo / en el otro. Me determinan mi calidez nómada / y mi circunstancia sedentaria (La unida de la luz / es fragmentaria). Así, el tamaño de mi ausencia». La poesía de Hayadelatorre es reflexiva y profunda, no atiende lo superfluo, no le interesa lo banal, de ahí que siempre esté en continuo movimiento que suba y descienda, que frecuente el límite: «…Y sigo, / hacia el final de toda posesión…Resuelvo / hacia la dislocación: la mudez del grito. Y continúo / el descenso hacia la luz…». En este continuo divagar del poeta y su particular manera de interpretar el mundo destacan poemas clave como “Itinerario” («Preguntar por las últimas palabras de los libros y morir con el susurro en los labios»), “Desinencias”, “Virtud de la ceniza”, “Querella del doble”, “Lenguaje de los bosques” (la Naturaleza es una constante en su escritura) o “Nefelibata”, del que extraemos estos versos que cierran el poema: «Así, contempla desde las honduras los senderos / de la vida y la muerte. / Imagina tu hábitat en el desierto. Y habla / enumerando la nada, / tu existencia». Toda la tensión poética contenida en este libro podría resumirse con esta afirmación del poeta: «Priman las palabras para dar forma a las ideas, no al revés”.
Título: Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo
Autor: joséagustín hayadelatorre
Edita: Amargord (Madrid, 2016)



domingo, 6 de noviembre de 2016

JUAN DE LA CRUZ. SILENCIO Y CREATIVIDAD. ROSA ROSSI




JUAN DE LA CRUZ
Silencio y creatividad

Conviene a veces despejarse un poco de las lecturas de poesía actual –tan plana e insustancial en muchos casos- y adentrarse en el estudio pormenorizado de autores clásicos, que nos deparan verdadero gozo al comprobar su vigencia aún y su excelencia literaria. Ahondar en la figura del más grande poeta místico español Juan de la Cruz es lo que nos propone la escritora e hispanista Rosa Rossi (Casona, Italia, 1928 – Roma, 2013) en este extraordinario ensayo que titula “Juan de la Cruz. Silencio y creatividad”, que escribiera allá por la década de los años 90. Rossi es una gran conocedora de la poesía mística española y a ella ha dedicado otros estudios como el realizado sobre Teresa de Jesús, recogido en el libro titulado “Teresa de Ávila. Biografía de una escritora”. En esta ocasión Rossi nos introduce en la vida y obra de Juan de Yepes, destacando en todo momento al hombre que acompaña siempre al poeta, que vive y siente como ser humano, pero que es capaz de transformar su experiencia vital en algo que va más allá del conocimiento y la lógica, que trasciende de sí mismo. Rossi nos procura el acercamiento al hombre de Juan de Yepes desde sus primeros días de existencia cuando nos habla en el primer capítulo del libro de “El hijo de la Catalina”, donde relata las vivencias en el seno de una familia muy pobre, de una vida truncada por la pronta muerte del padre, tenía entonces Juan de Yepes 3 años. Con relación a la infancia del poeta escribe Rossi: «Catalina y sus hijos vivieron, en conclusión, en los márgenes del gran ejército de mendigos que atravesaba Europa entera y cuyas filas se adensaban particularmente en España. Para llegar a comprender un poco al menos el itinerario de este creador solitario habrán que recordar siempre que tuvo muchas ocasiones de ver en la gente que estaba a su alrededor, o incluso en su propio rostro –y en el de sus hermanos- la imagen del hambre, de la “enfermedad de la miseria” tal y como la encontramos descrita a través de testimonios de la época en los libros de Pietro Camporesi: Se ve a casi todos reducidos a una flaqueza deforme a modo de momias». Esta trascendente circunstancia, junto al conocimiento del trabajo manual en aquellos primeros años fue determinante en su posterior formación intelectual: «En realidad Juan de la Cruz es uno de los escasos escritores que han conocido el trabajo manual antes que el intelectual. Su madre le envió al taller primero de carpintero, después de sastre, luego de grabador y finalmente de pintor. Y entretanto Juan ayudaba en su casa, de buen grado y con ahínco, en la labor de tejer». Estos son los dos grandes pilares sobre los que sustentará su vida. Nunca, pues, olvidará su condición humilde, ni como hombre ni como poeta. El conocer cuando era enfermero en el Hospital de la Concepción de Medina del Campo a su administrador, Alfonso Álvarez de Toledo fue determinante para su formación intelectual: «Durante los años en que frecuentó los estudios clásicos –además de las fascinantes posibilidades del lenguaje poético y en prosa en las páginas de los escritores antiguos- Juan debió descubrir la extrema dimensión radical del conocimiento como esfuerzo para ir “más allá”, de pasar como a través de un muro hacia lo desconcido, hacia lo incognoscible».
 Convertido en Juan de Santo Matía de la orden de los carmelitas calzados no tardaría mucho, tras conocer a Teresa de Cepeda, fundadora de la orden de los carmelitas descalzos en tomar por nombre Juan de la Cruz. Rossi analiza en este magnífico ensayo otras cuestiones como sus relaciones con Teresa de Jesús, la vida conventual, las diferencias, su paso por la cárcel, su estancia en Beas de Segura, Granada, Madrid, pero sobre todo nos adentra en la esencia del Juan de la Cruz poeta a través de su obra. Esta es la cuestión más importante y que podría resumirse, para comprender –si acaso puede comprenderse hoy aquella vida- al poeta en dos aspectos esenciales de la condición humana: «la capacidad para estar en soledad, para estar uno consigo mismo, y la disponibilidad auténtica para con los demás. Una “soledad sonora”». Todo en Juan de la Cruz fue pasión, pero sobre todo una dejó entrever, como dice Rossi: «la pasión por la soledad. La necesidad de estar físicamente solo y físicamente en silencio. En él esa pasión por la soledad “no era como una laceración, sino como una herida que cicatriza, la clausura fecunda donde poder reencontrarse, un lugar de recogimiento…era el estar consigo mismo». Y como conclusión, una más entre las muchas que pueden encontrarse en la lectura de este libro, tomemos estas palabras del prólogo a “Subida del Monte Carmelo”: «ni basta ciencia humana para lo saber entender ni experiencia para lo saber decir; porque sólo el que por ello pasa lo sabrá sentir, mas no decir».
Título: Juan de la Cruz.Silencio y creatividad
Autora: Rosa Rossi
Traducción: Juan-Ramón Capella
Edita: Trotta (Madrid, 2010)