domingo, 30 de octubre de 2016

AL HIDALGO POETA Antología en homenaje a Miguel de Cervantes


Salamanca se convierte cada año en puente de la palabra poética. Diecinueve años viene celebrándose un Encuentro de Poetas Iberoamericanos en esta ciudad mágica y misteriosa, donde el saber es su esencia misma y el libro el más grande de los tesoros, como lo prueba la Biblioteca Histórica de su Universidad. Un año más, la ciudad de Salamanca, aromada de poesía, gracias al Ayuntamiento y a Pilar Fernández Labrador, alma mater y fundadora de estos Encuentros, rinde homenaje “Al hidalgo poeta” Miguel de Cervantes con un libro antológico en el que participan destacados poetas iberoamericanos, de los cuales veinticuatro asisten por vez primera a este evento poético e integran la antología: 
Juan Mares (Colombia), José Luis Najenson (Argentina-Israel), Marina Izquierdo (España) Etnairis Ribera (Puerto Rico), Jorge de Arco (España), Gisele Wolkoff (Brasil), Martín Rodríguez-Gaona (Perú), Adriano de San Martín (Costa Rica), Carmelo Chillida (Venezuela), Salvador Galán Moreu (España), Humberto Vinueza (Ecuador), Xesús Rábade Paredes (España), José Antonio Santano (España), Theodoro Elssaca (Chile), José Luis García Herrera (España), Germán Guerra (Cuba), Jacob Iglesias (España), Nidia Marina González (Costa Rica), Leocádia Regalo (Potugal), Ingrid Valencia (México), Carmen Palomo (España), Everardo Norōes (Brasil) y Yuri Talvet (Estonia) y Abdul Hadi Sadoun (Iraq), nombrados Huéspedes Distinguidos de la ciudad de Salamanca. 



En palabras del profesor y poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart (coordinador del Encuentro) las razones de este homenaje podrían resumirse así: «Si bien Cervantes no fue a América, a pesar del mucho afán que puso en ello, desesperado…, lo cierto es que poeta de América sí vienen a Cervantes, bien fusionados ya los dos continentes de la Mancha, y con las manos perfectamente entrelazadas a poetas brasileños y lusitanos, más algunos invitados necesarios, de otros países». s poetas y otros más, entre los que se encuentran: Antonio Salvado, Antonio Colinas, José Mª Muñoz Quirós, José Pulido, Carlos Aganzo, Héctor Ňaupari, Álvaro Mata Guillé, Marisa Martínez Pérsico, Tomás Acosta, entre otros. Es esta una antología en la cual hallamos voces y registros poéticos muy diferentes según la procedencia del autor, determinados lógicamente por la experiencia vital influida por aspectos tales como el paisaje, la Naturaleza, amén de otros referentes universales como son el tratamiento del tiempo, el dolor, la soledad, el amor o la muerte. “Al hidalgo poeta” es una antología que nos invita a conocer, aunque sea solo de forma aproximada, las poesía de los poetas seleccionados para la ocasión, así como del resto de poetas que han querido estar presentes en este merecido homenaje al Cervantes más desconocido: el poeta. Dada la imposibilidad de mostrar el trabajo de todos, seleccionaré algunos  fragmentos de los poemas contenidos en la antología: «Loco Cervantes / Justicia, libertad, verdad / Como el Quijote», (Juan Mares), «Es mejor volver al mar para todo, / para olvidar y celebrar, / y frente a semejante dios desnudarte / con placer y sin temores, festiva y sin complejos» (Etnairis Ribera), «no me saben muerto en la vida sin nombre / vivo en la muerte que me nombra» (Adriano de San Martín), «Escribo. A través de mi cuerpo fluye / una fuerza que se esfuma, me abandona, / y como todos tengo que seguir viviendo / con el esfuerzo diario, / el que no es permitido rechazar» (Carmelo Chillida), «Por todos los vivos que me ha robado, / me quedaré aquí para desollar a a la muerte, / le sacaré los ojos y dejaré sus vísceras colgando. / Romperé cada uno de sus malditos huesos / hasta molerlos como tiza lanzada con rabia al viento. / La Muerte, la Muerte anda por estos lados / ya la he visto» (Theodoro Elssaca), «Escribo para quien, un día, quizá lejano, / encuentre entre mis versos un ápice de esa vida / que he ido dajando –gotas de sangre o tinta- / sobre el páramo agreste de todos mis silencios» (José L. García Herrera), «Amar implica a veces / dejar todo cerrado / quedarse dormida en los parques / olvidar todo / cerras cosas. // Y creer por un momento / que no se abrirá nada / nunca más» (Nidia Marina González), «En el sueño hay un río que se lleva el cadáver / y un árbol que sujeta el temblor. / Aquí, en el negro inmóvil, bajo un viento artificial / la vida se devora» (Ingrid Valencia), «Cuento fragmentos / reoordeno parábolas: / una porción de los que soy / recuerda las fronteras / del Universo» (Everardo Norōes), «Aun así, seguirás siendo libre y podrás confundirte, / porque junto a nosotros revolotearán las almas, / perpetuamente, en los aires del abandono» y pór último: «En tu amor / soy como aquel trovador que decía / yo sé que mi corazón te desea / y tu ausencia es mi castigo divino» (Abdul Hadi Sadoum).

Título: Al hidalgo poeta. Antología en homenaje a Miguel de Cervantes
Autor: AA.VV
Edita: Ayuntamiento de Salamanca. (Salamanca, 2016)

domingo, 23 de octubre de 2016

LA CIUDAD CELESTE. ANTOLOGÍA HOMENAJE A VALENTE.




CIUDAD CELESTE
Antología homenaje a Valente

Visitar la casa de Valente es uno de los mayores placeres que puede encontrar un poeta que viva en Almería. Dejarse aromar por los recuerdos que la imaginación redime en las estancias no se puede describir. La luz de Almería, lo dijo el poeta hasta la saciedad, lo atrapó, y no de forma transitoria, sino hasta su muerte. También el desierto, y yo añadiría el silencio que, curiosamente, casi no aparece en su obra pero está en él, en la casa y el Cabo. A esa luz se ha referido el poeta en multitud de ocasiones, como en esta: «No sabríamos decir cuánto debemos ya a esa luz, que puede ser alta y terrible como un dios o declinar como animal de fuego hacia el crepúsculo, arrastrando con ella todo el cielo hacia la línea donde no acaba ciertamente el mar». En el prólogo del libro, escrito por Ismael Diadé, hallamos el calor de la palabra también, la iluminada voz, el verbo preciso, el reconocimiento a la obra de Valente, a su vida y a su muerte: «Con el tiempo, la muerte acaba poniendo a cada uno en su sitio. 
Ni esa muerte, último inconveniente de haber nacido, ni el nacer común a todos bajo el sol hacen una notoria diferencia entre los hombres. La diferencia les viene del camino entre el nacimiento y la muerte. En ese caminar entre la cuna y la tumba, Almería fue un hito decisivo, casi el último que Valente vivió. Almería es su ciudad celeste de tenue y nítida luz. Aquí, José Ángel Valente encontró en sus últimos años el jardín de sus delicias y la claridad que precisaba. Aquí, dio con su lugar 4respondiento a la vocación íntima del desierto que llama y llena a sus allegados entre el silencio y la nada anidada entre sus versos y su diálogo con Ibn al-Arif, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Miguel de Molinos, y todos aquellos místicos que vivieron entre la materia y la memoria iluminada, el abismal sentir de lo divino». “Ciudad celeste” no es sino el resultado de una antigua deuda de Almería y sus poetas con Valente; una antología con el canto de 45 poetas: 

Faun Ataya, Julio Béjar, Alfonso Berlanga, Antonio Bocero, Aureliano Cañadas, Antonio Carbonell, Concha Castro, Juan José Ceba, Pepe Criado, José María de Benito, Guillermo de Jorge, Alonso de Molina, Julio Alfredo Egea, Virginia Fernández Collado, Aníbal García, Antonio García Vargas, Juan José Guerrero, Germán Guirado, Perfecto Herrera, Toño Jérez, Rafael Jiménez, María Ángeles Lonardi, José Luis López Bretones, Carmen López, Estefanía Martín, José Luis Martínez Clares, Estefanía Montero, Domingo Nicolás, Juan Pardo Vidal, Álvaro Perals, Emilio Picón, Raúl Quinto, Pilar Quirosa-Cheyrouze, Diego Reche, Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, Ana María Romero Yebra, Andrés Rubia, José Antonio Sáez, Francisca Sánchez, José Antonio Santano, Mario Sanz, Pedro Soler, José Tuvilla, Francisco Vargas y Graciela Zárate. 

La palabra poética para quien tanto hizo por ella, para quien se desnudó ante sí y el mundo, en una suerte de mística ineludible para el lector que desee conocer una de las páginas de la poesía universal más destacadas del siglo XX y comienzos del XXI: la poesía de José Ángel Valente. En esta tierra almeriense, en este sur tan olvidadizo, y del que dijo el poeta: «El sur como una larga / lenta demolición.», la luz de la palabra vuelve para ascender a la negrura de la noche y adentrarse en su silencio y soledad –que tanto frecuentó Valente- y luego de escuchar sus sonidos, sentir el escalofrío de la poesía, de la palabra. Por ser una empresa imposible citar fragmentos de todos los poetas contenidos en este libro, haré referencia sólo a los más representativos respecto a la obra de Valente y aun a pesar del riesgo que pudiera derivar de esta circunstancia. Ya en las primeras páginas hallamos “Poema en azul”, de Alfonso Berlanga, que alude a ese color tan cercano al Valente mediterráneo: «Si alborada de azul tiñera tu ventana, / encendido carbón en azul tus sentidos, / tu almohada de azul, / azul tu sueño, / cuánto de azul sintieras / si el azul te dejara… te dejara». Frente a la veteranía de un poeta, la juventud de otro, Juan Pardo Vidal, en la palabra trascendida, que se adentra en la nada, a la que tantas veces acudiera también Valente: «Amo el cántaro, tiene la suprema / realidad de la forma, hueco inánime, / bello y servil el cántaro y el canto, / se desmorona el aire desde el aire, / que disuelve la piedra en polvo al fin… ». “Ciudad celeste” respira por cada poro de sus páginas a través de los poetas participantes, pues muchas son las voces y muchos los registros, y en todos, la luz de la poesía en el recuerdo al gran poeta José Ángel Valente.


Título: Ciudad celeste
Autor: AA.VV
Edita: Instituto de Estudios Almerienses (Almería, 2016)



domingo, 16 de octubre de 2016

SEPTIEMBRE EN LOS ARMARIOS. RAMÓN MARTÍNEZ LEAL



SEPTIEMBRE EN LOS ARMARIOS


Volver a la tierra, a los lugares con los que se soñó alguna vez, ese pueblo bañado por el mar o quizá por un riachuelo cristalino, un bosque, una alameda, o, simplemente aislado en su soledad contenida es siempre una manera de sentir la vida en todos sus órdenes. Sucedió que un día ya lejano anduve por Fuente Vaqueros y los versos de Federico García Lorca me asaltaron fieros, luminosos, abrasadores. Allí todo fue distinto, todo calma y silencio, clamor de ausencias. Corría el mes de septiembre de un año cualquiera, en Fuente Vaqueros, en alma pura del poeta las horas se hicieron infinitas, deslumbradoras. Ahora, muchos años después, la poesía de otro poeta, vuelve a cruzarse en mi camino, y es septiembre el elegido, el mes de la nostalgia, de la melancolía y el recuerdo que brama en los adentros del poeta. “Septiembre en los armarios” es el poemario objeto de atención en esta ocasión, obra de Ramón Martínez López (Fuente Vaqueros, Granada, 1975), con la que fue finalista del XXIX Certamen de Poesía Villa de Peligros. Ya desde el primer poema, que da título al poemario, el poeta desvela sus intenciones cuando escribe: «Tengo nuestro septiembre en los armarios. / No me atrevo a sacarlo por si llueve / y se me oxidan recuerdos y nostalgias / o se me cuartea el rostro en la cartera». Es el amor que surge como un huracán y que crece y crece en el interior del poeta y que no puede silenciar ya: «Cómo negarte que te quiero, / que la vida sin ti carece de sentido / y cómo no pensar, mirándote a los ojos, / que este diciembre será el mes de tu sonrisa». El tiempo que todo lo afianza y que el poeta sabe bien que ha de transcurrir, sucederse hasta alcanzar el destino deseado, su destino, el camino que le llevará al amor definitivo, la verdad absoluta, su verdad. La observación del cosmos es una necesidad del poeta, el conocimiento y la reflexión de cuanto sucede a su alrededor, las claves sobre las que se asienta su universo poético: «De tanto girar el mundo ha perdido la cordura / y yo, loco insomne, no encuentro el sentido de otra risa / en esta noche de silencios varios / en que un desierto de sombras juegan a quererse». El poeta en su soledad toda, al cuidado de los días y las noches que se suceden monótonas, y que engrandecen su vital experiencia. De ahí que se rebele y se pronuncie contra lo que no quiere: «Yo no quiero rosas mutiladas / ni cualquier otra flor sin sus espinas. / Yo no quiero perfumes que sepan a mañana / ni aromas de un quizás con sabor a despedida». El amor sin condiciones, del “yo” al “tú” trascendido en el “nosotros”, que todo lo transforma y lo altera, irremediablemente: «Amarse, Amarse, Amarse / hasta descubrir en tu boca / que la noche en que no estás / tiembla mi noche». Es la entrega al otro hasta sentirse uno sólo y único cuerpo, una sola alma: «Esta tarde, será por siempre nuestra tarde / y nosotros, amantes de un instante eterno». La eternidad al fin, en el amor, en la infinitud del tiempo, incluso en la tristeza de los días, en el dolor de la espera. Así el poeta, en este viaje iniciático, aprendiz de hombre y de poeta, se mira hacia adentro para descubrirse y descubrir el mundo, la hostil realidad que le rodea. Ya su canto contra las despedidas, contra la ausencia del amor y los recuerdos, esa creciente nostalgia incrustada en lo más hondo del ser: «Navegar no es más que asumir la despedida / por ese mar-espejo que mece los recuerdos. […] Y entonces yo descubro el enigma del naufragio: / no hay horizontes más allá de tu cintura / ni paraísos celestes al margen de tu risa. / Naufragar es alcanzar la victoria». El amor en sus más variadas representaciones, en los recuerdos que trascienden tras el tiempo transcurrido, el amor soledad y el silencio, siempre el poeta alumbrando el territorio de la vida, imaginando otros universos: «Quizá nunca deambule por Walt Street, / absorto en el frenético bullicio / de ese universo enumerado de oficinas. / Quizá nunca pase una noche en Manhattan, / ni surque las aguas del Hudson, ni acarice tus pechos en el piso 40 de mi vida. / Quizá, sólo quizá, tal vez nunca, todavía». Pero después de todo, de la vida misma, de sus sombras y sus luces, el poeta siente el paso del tiempo y en él se mira para saberse vivo, en los orígenes de la existencia y la memoria: «Entonces, recuerdo al niño que deshojaba margaritas / y soñaba versos imposibles / en la soledad de centinela  de la bañera. / Y por más que quiero, las orillas / se me antojan lejanas y distantes. / Y es que de todo comienza a hacer ya bastante tiempo».


 Título: Septiembre en los armarios
 Autor: Ramón Martínez López  
 Edita: Alhulia (Salobreña, Granada, 2015)    

domingo, 9 de octubre de 2016

TÚ ME MUEVES. AGUSTÍN PÉREZ LEAL





TÚ ME MUEVES


Golpean la memoria aquellas palabras pronunciadas por Vicente Aleixandre en su discurso de ingreso en la Real Academia, y que vienen a dar luz y sentido a la importancia de la relación hombre-poeta, y viceversa: «El poeta es el hombre. Y todo intento de separar al poeta del hombre ha resultado siempre fallido, caído con verticalidad. Por eso sentimos tantas veces, y tenemos que sentir, como que tentamos, y estamos tentando, a través de la poesía del poeta algo de la carne mortal del hombre». Acertadas palabras de nuestro poeta y Nobel Vicente Aleixandre, hoy más si cabe, por cuanto una desproporcionada ambición sacude a la poesía actual, y con ello a sus poetas más mediáticos. Andar por la superficie, rozar lo tangencial parece ser la consigna, el modelo, la moda en suma,  sin apenas detenerse a pensar, meditar, mantener una actitud crítica, capaz de desenmascarar tanta impostura. Aunque a veces, sólo a veces, sucede que una voz distinta, serena y lo suficientemente coherente rompe esta monotonía, este discurso plano y huero en el que se ha convertido la poesía española de los últimos años.
A veces, decía, ocurre que nos reencontramos con un texto que estimula la conciencia, el pensamiento, y entonces parece que el camino, la aventura, parece tomar consistencia, sentido, vida. Porque la poesía no es sino un estado vital, una experiencia única, no solo para el creador sino también para los lectores, capaces de recrear otros universos tras la lectura, los que ellos mismos consideren oportunos, sin límites. Prosigo, ocurre entonces que, llega a tus manos un texto, un nuevo poemario entre los muchos que se publican, de tal manera que su título, con sólo tres palabras, “Tú me mueves”, es capaz de ejercer en nosotros una fuerte atracción que nos transporta a la mejor poesía mística española, en el caso que nos ocupa, hasta el siglo XVI con el soneto anónimo “A Cristo crucificado”, de donde su autor, Agustín Pérez Leal, toma el título de este poemario. “Tú me mueves”, merecidamente galardonado con el XXIX Premio Internacional de Poesía “Antonio Oliver Belmás”, es uno de esos libros que asombran por su lenguaje depurado y hondo, preciso y convulso,  con el que Pérez Leal, desnuda su alma entera, flechado con certero tino por “el amor”, como así ocurriera también en Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Un amor que vive en todo lo que rodea al poeta y que siente en cada ser vivo como resplandor del día: «Alta brisa del sol, sagrado ahora / posado sobre el alma del aceite: / yo sólo quiero ser, por un momento / esta carne que no sabrá morir / sin comprenderte antes, / luz que atiende y desoye / porque sabe, y se da, / y nada más le queda por hacer», o como silencio nocturno: «gira el sol en su cima; / gime dulce la tarde; / nos gobierna la noche / con la exacta sentencia / de una cruz de ceniza / sobre el cuerpo dormido». «Que me incendié en amor. / Que hallé mi corazón fijo en su centro», escribe el poeta, convulso, herido por el amor en su más grande significado y presente en la Naturaleza: el sol, el agua, el día, la noche, la piedra, los pájaros, la mar, el cielo, las estrellas, como un canto único: «Quien no sepa mirar a las estrellas: / su danza de fervor arcaico, el vuelo / que las vuelve doncellas y corteja sus muslos, / verá sólo una noche inacabable». El amor siempre, en su esencia, como esa voz que habla desde el mismo silencio y soledad del poeta, que crece y se desborda entera y toda, y es alma y luz de otras voces: «Venga después la noche con su noche: / sé que seré callado por oír», de otra mirada: «AMOR, flor de fuego / que todo lo arrasas: / sálvanos de ver. / Al sueño de un río / me busqué en mi centro. / Mirar y morir / son un y lo mismo».
Y en ese mirar continuo, la palabra trascendida asciende a la altura del silencio y allí, el poeta, de vuelta al mundo,  se hace hombre, otredad: «Como amantes oscuros, / dueños de un mismo idioma inexplicable, / seamos uno en otro / cauce y caudal, en donde el mundo es uno». Un universo para y del amor en los lugares, las flores, la luz o la oscuridad, en el dolor o la alegría, en lo vivido y que deja la huella imborrable de la buena poesía en la particularísima voz Agustín Pérez Leal. “Tú me mueves” –ahora sabemos algo más de lo que mueve al poeta- es un libro que nos devuelve la esperanza, los silencios necesarios y la luz que siempre ha de alumbrar a la poesía, que nos invita a vivir: «Ven y baja. Regresa / al amor, a la infancia, / al sin ti, tu certeza”.





Título: Tú me mueves
Autor: Agustín Pérez Leal  
Edita: Pre-Textos (Valencia, 2016)    





domingo, 2 de octubre de 2016

EL GUARDIÁN DEL FIN DE LOS DESIERTOS. VARIOS AUTORES.



SALÓN DE LECTURA _________________________________ José Antonio Santano


EL GUARDIÁN DEL FIN DE LOS DESIERTOS
(Perspectivas sobre Valente)

H ay libros que dejan una huella imborrable por mucho tiempo que pase, de tal manera que la palabra escrita brilla en ellos con natural vigor, como es el caso de la edición que ahora comento en este espacio. Consecuencia del ciclo de conferencias llevadas a cabo en Almería en el año 2010, con motivo del décimo aniversario de la muerte del poeta José Ángel Valente se publica este libro “El guardián del fin de los desiertos”, título que responde, según se indica en su solapa, a un fragmento del libro, por aquellos días aún inédito, “Palais de justice”. Tres grandes apartados estructuran esta obra colectiva: el primero “Memoria”, con textos de Fernando García Lara, Ramón de Torres, José Guirao, Antonio Gamoneda y Andrés Sánchez Robayna; el segundo “Los signos”, con textos del crítico José Andújar Almansa, Lorenzo Oliván, Miguel Gallego y Jordi Doce, y, por último, “Centro y variaciones”, con textos de María Payeras, Ramón Crespo, José Luis López Bretones, Marcela Romano y Aurora Luque. Una experiencia lectora que nos sumerge en las claves de la ingente obra de José Ángel Valente, que nos ayuda a comprender mejor su poética. 
Si bien todos los textos, en su conjunto, enriquecen el conocimiento sobre la obra de Valente, nos detendremos, dada la limitación de espacio, sólo en algunos de ellos. El texto del profesor Fernando García Lara, sitúa a Valente en Almería: «La implicación de Valente en los problemas ciudadanos empezó pronto y en los dos lugares de su predilección: el barrio marginal de La Chanca y los paisajes desérticos, con especial predilección por Cabo de Gata», y añade: «En “Perspectivas de la ciudad celeste” se concentra quizá la más bella, lograda y poética meditación sobre el fondo histórico y el paisaje urbano de Almería». Otro de los textos destacados en esta obra colectiva pertenece a quien de forma continua y rigurosa es experto en la obra de Valente, el profesor Andrés Sánchez Robayna, que nos acercará al “Diario anónimo” de Valente, y que podríamos concretar o resumir así: «El “Diario anónimo” aspira a escapar a esa fosilización, a hundir en el anonimato la experiencia personal y a insertar –recordémoslo- la visión particular en el “potencial expresivo universal”. 
De ahí que lo estrictamente autobiográfico, en este “Diario”, pase a ocupar un plano segundo, a ocultarse o diluirse en lo impersonal, y que incluso, durante largos períodos, las referencias autobiográficas desaparezcan por completo. […] El rechazo de Valente a cualquier forma de relato de sí mismo, la aversión y hasta la impugnación del “moi aïssable”, es una de las características más visibles de estas páginas», pero además, nos dice el profesor Robayna: «El “Diario anónimo” viene a ser un fiel registro de las lecturas del poeta y un ajustado índice de sus preocupaciones y preferencias literarias, filosóficas y artísticas».
 El texto “El limo y la ciudad celeste”, del crítico José Andújar Almansa, nos sumerge en distintos aspectos de la obra poética de Valente, en la significación de los signos («Valente sugiere la ansiada tentativa de un lenguaje llevado a su infinita disponibilidad, ese punto en que el signo se comporta como pura expectativa de significación»), la voz («Un poema no existe si no se oye, antes que su palabra, su silencio»), la mística («Pero Valente, profundo conocedor de los procedimientos de la mística, escalonó ese descenso a la noche oscura de su material memoria a través de un conflictivo proceso de purgación de lo subjetivo»), el “yo” poético («En sus últimos años, Valente vuelve al yo, a su reflejo fracturado en las páginas de un diario que decidió titular “Fragmentos de un libro futuro”») o la idea del sur («Valente reivindicó su propia teoría del sur en torno a cuestiones como la desnudez, la esencialidad, el desierto, lo exílico o toda una teología de la luz» - El sur como una larga / lenta demolición-). El profesor de la Universidad de Almería nos acerca, principalmente, a las traducciones de Valente, y añade: «La obra de Valente, erudita y humilde, consciente y sonámbula, su poesía, su prosa, sus ensayos y sus traducciones son resinas que fortalecen el sistema inmunitario de nuestra contemporaneidad frente a lo prescindible y lo obsoleto, frente al continuo presente del arte o la literatura». 
Destacar los textos de Jordi Doce: “La búsqueda de lo propio. Valente ensayista y “La palabra y el canto” que, por falta de espacio sólo citamos, todo, claro está sin menosprecio alguno por el resto de los textos que integran el libro. Como corolario, esta definición de lo que para Valente es la poesía: «cosa para andar en lo oculto, para echar púas de erizo y quedarse en un agujero sin que nadie nos vea».
Título: El guardián del fin de los Desiertos. (Perspectivas sobre Valente)
Autor: AAVV
Edita: Pre-Textos (Valencia, 2011). IEA (Almería) y Consejería de Cultura.