domingo, 31 de julio de 2016

ALEJANDRO LÓPEZ ANDRADA. "Entre ZARZAS y ASFALTO"


 

Entre zarzas y asfalto



No es fácil hallar en el panorama de las letras españolas voces que se distingan y distingan la literatura actual, voces capaces de alzar el vuelo por los vericuetos de la creación y con especial énfasis en el lenguaje hacer que el lector sienta un cierto temblor, un escalofrío que vaya de los pies a la cabeza. Cada autor posee una voz, sin duda, pero esa voz para ser distinguida del resto ha de tener unas características especiales, sea mediante el uso de un lenguaje brillante, una determinada temática, defensa de los valores humanos, exposición de su mundo interior o cualesquiera otra razón que pueda marcar el estilo, que es a fin de cuentas lo que distingue a uno de otros autores. En el caso que nos ocupa esta semana hallamos dos elementos fundamentales que distinguen al autor de "Entre zarzas y asfalto", Alejandro López Andrada (Villanueva del Duque, 1957): el lenguaje, expresión del conocimiento y la experiencia vital, y, por otra parte, la Naturaleza, su defensa a ultranza del mundo rural, de ese universo que el progreso ha anulado en muchos casos y que López Andrada no está dispuesto a aceptar. La vida, en su conjunto, tanto la personal como la literaria en Alejandro López no puede entenderse sin la Naturaleza y su relación con ella. De tal forma que desde sus inicios y hasta la actualidad no hay página escrita por él que no muestre esa relación casi pasional del hombre con la tierra, del poeta con la Naturaleza: mirlos, acacias, chopos, olivos, viento, ruiseñores, etc, o en el recuerdo trascendido de la infancia: «Se mezclan los olores del silencio, porque el silencio siempre tiene aroma: a veces huele a fruta corrompida en las cenizas del oscurecer. 

ENTRE ZARZAS Y ASFALTO



Otras, en cambio, huele al resplandor feliz de la vainilla en las despensas secretas de la infancia». Ahora en "Entre zarzas y asfalto" ese mundo interior toma la palabra para describir las sensaciones que el poeta y escritor siente cuando opone, consecuencia de otro tiempo vivencial, lo vivido en el pueblo (zarzas, el dolor de las pérdidas) y en la ciudad (asfalto, negritud desesperanzadora). Dos mundos opuestos por naturaleza que López Andrada, con la sensibilidad que lo distingue, nos muestra con asombrosa maestría, incluso con belleza aquello que no la posee, virtud que lo asiste siempre en su ya larga trayectoria literaria. Desde la ciudad, con un tono de nostalgia sobrecogedor el campo, la tierra, los recuerdos familiares en las figuras del padre, de la madre o del abuelo, también de los amigos, se mezclan y complementan en esa visión humanista de la vida que López Andrada no abandona nunca. La ciudad de Córdoba está muy presente en este libro, tanto sus luces: «El cielo en la Mezquita es un violín. Qué paz la de los chopos sobre mi alma. Me acerco al resplandor de la Ribera, llena de cormoranes y grajillas abriendo pasadizos junto al agua, pespunteando el río con su amor», como también sus sombras, la miseria: «Voy por la ciudad como una sombra artrítica y romántica. Circundan mi silencio las farolas. En la sotana lánguida del viento un vagabundo anciano busca abrigo. En un contenedor echo mi olvido, me hundo en mí mismo y vuelvo a caminar». No sé si el autor ha sido consciente o no del hecho de que forman la estructura del libro tres parte diferenciadas: el invierno, el otoño y el verano, y sin embargo olvida la cuarta estación, la primavera, ¿quizá por ese creciente pesimismo que advertimos en su condición de hombre y de poeta ante la realidad que vive? López Andrada evita la primavera, esa estación del nacimiento, de la celebración de la luz y el color, de la vida que palpita en cada ser del universo, pero no por ello asistimos a su total desvalimiento. Aún así, aunque no haya referencia expresa a esa primavera, existe en él su esencia, sobre todo en las cosas sencillas: «Cómo no ser humilde en estos campos. Debajo, entre mis pies, desordenada, huye mi alma, en paz con las hormigas, remonta el vuelo y sube hasta el nogal donde la noche es la viuda de un pastor, el velo angélico de la sencillez». "Entre zarzas y asfalto" no es un libro más, es un libro de madurez, de la experiencia sometida a continua análisis, del dolor de lo ausente y lo presente, del amor, de la vida al fin y al cabo que relumbra en la palabra de López Andrada. El hombre y el poeta, inseparables, regresan al origen, al fuego y a la luz del aire entre los chopos, vuela hacia la altura o desciende hasta el vacío: «…qué enorme es el vacío en que me hallo mientras se alejan solas mis pisadas dentro de mí, hollando la ciudad en el silencio, abriendo en las aceras, viudas de luna, círculos de amor». El amor, siempre esperanza en la singular voz de Alejandro López Andrada.



Alejandro López Andrada. Berenice (Córdoba, 2016)

domingo, 24 de julio de 2016

(TRAS)LÚCIDAS. POESÍA ESCRITA POR MUJERES (1980-2016)

SALÓN DE LECTURA _______________ José Antonio Santano
(TRAS)LÚCIDAS
POESÍA ESCRITA POR MUJERES (1980-2016)

O curre en todos los órdenes de la vida. Hay cuestiones que cuestan mucho cambiarlas, que necesitan de tiempo, aunque algunas veces ciertamente sea demasiado, excesivo. La literatura no podía ser menos. También la vida literaria española ha estado copada por nombres siempre masculinos, poquísimas mujeres han formado parte de esa otra historia de la literatura. Casi siempre ninguneadas, silenciadas de forma habitual han transcurrido los siglos sin que la mujer haya ocupado el lugar que se merece y en igualdad de condiciones con los hombres. Y así nos va, porque seguramente nos hemos perdido una parte importante de la verdadera condición humana. Quizá haya quien reste fundamento a este parecer, pero creo no equivocarme si afirmo que, desde que la mujer se va incorporando a la vida social, política y cultural, en nuestro país a partir de la década de los 80, antes impensable, a pesar de la categoría humana e intelectual de buena parte del colectivo de mujeres españolas, muchas cosas han cambiado en España, le pese a quien le pese. Su incorporación a la vida laboral, social, política y cultural es un hecho determinante, si bien son muchas aún las carencias en este terreno. Viene a contribuir en esa trayectoria creciente de la presencia de la mujer en la vida literaria española la antología que acaba de aparecer en
“Bartleby Ediciones”, bajo el título de “(Tras)Lúcidas. Poesía escrita por mujeres (1980-2016)”, edición, selección y prólogo de la profesora y poeta también Marta López Vilar. Aun admitiendo este tipo de publicaciones en las que la mujer es protagonista exclusiva, entiendo que sería mucho más enriquecedor sumar que restar, en el sentido de aunar a hombres y mujeres poetas en estudios antológicos, lo que nos daría un visión de conjunto mucho más aproximada a la realidad poética que se quiere mostrar, que un texto con referencia exclusiva a la poesía escrita por mujeres, por muy amplia que sea la muestra y la singularidad de cada una de las poetas seleccionadas, hecho este también complejo a la hora del análisis y que dejo aquí como reflexión para el debate. No obstante, y porque sabemos del esfuerzo y la dificultad que conlleva preparar una antología, apreciamos el trabajo realizado por su antóloga, Marta López. El primer escollo con el que se encuentra toda antología y por consiguiente su antóloga es el criterio de selección, que puede ser muy variado. En el caso que nos ocupa Marta López selecciona a poetas más veteranas, las nacidas en 1962, hasta las más jóvenes, las que nacieron en 1986, en total de 29 poetas: Esperanza López Parada, Aurora Luque, Susanna Rafart, Miren Agur Meabe, Rosana Acquaroni, Isabel Bono, Guadalupe Grande, Josefa Parra, Ada Salas, Cristina Morano, Nuria Ruiz de Viñaspre, Yaiza Martínez, Esther Muntañola, Begonya Pozo, Miriam Reyes, Olga Novo, Carmen Camacho, Ariadna G. García, Carmen Garrido, Leire Bilbao, Sandra Santana, Vanesa Pérez-Sauquillo, Erika Martínez, Esther Giménez, Lucía de Fraga, Laia López Manrique, Sofía Castañón, Lola Nieto y Martha Asunción Alonso. Veintinueve voces dispares que conforman un corpus poético también dispar y en el que cohabita la poesía en prosa con el verso, cuestión esta merecedora de un debate abierto y sereno en cuanto a su consideración conceptual. Se agradece la inclusión de inéditos de las autoras seleccionadas -razón por la cual algunas de ellas declinaron la invitación de la antóloga-, al entender que «Era una manera de dar instante, ese extraño adverbio llamado “ahora”.», también la presencia de otras lenguas como el catalán, gallego y vasco. Con el título “Un (tras)lúcido silencio: causas y orígenes de una desaparición”, inicia Marta López un recorrido por la historia de la literatura para explicar precisamente las razones por las cuales las mujeres poetas estuvieron ausentes o silenciadas durante mucho tiempo en los manuales o las antologías. Hoy, este libro viene a hacer justicia a esa otra literatura secuestrada en muchos casos y escrita por mujeres, viene a compensar la balanza, a equilibrar las diferencias entre los géneros y que no debe existir en ningún caso, sino en la expresión lírica de cada una de las personalidades poéticas existentes. Tal vez este acercamiento a la poesía escrita por mujeres nacidas a partir de 1960 sea la oportunidad que la POESÍA necesita para conciliarse consigo misma.


Título: (Tras)Lúcidas.
Poesía escrita por mujeres (1980-2016)
Autor: Marta López Vilar
Edita: Bartleby (Madrid, 2016)