domingo, 8 de mayo de 2016

CIUDAD VIOLETA. JUAN GAITÁN.



CIUDAD VIOLETA

Realidad y ficción son dos caras de una misma moneda cuando de lo que se trata es de relacionarlas con el hecho literario. Antagónica una de la otra y, sin embargo, también complementarias, esenciales en sí mismas para llevar a cabo uno de los actos más sobresalientes en la vida del escritor: crear. Ese mundo que se abre a la mirada atenta del escritor y que puede ser transformado en otro bien distinto, pero que de igual manera es también realidad, solo que construido con los aportes de elementos puramente ficcionales. Así el narrador vuelve su mirada a lo desconocido o parte de una realidad concreta para transformarla, este es el juego literario. A partir de un objeto, una lectura, una película o un simple acto cotidiano el escritor puede fabular, imaginar otra realidad, construir un mundo de sensaciones y emociones ajenas a la experiencia vivida como tal realidad. El libro que traemos hoy a este “Salón de lectura”, tiene mucho de todo esto, diría que es todo esto. “Ciudad violeta” bebe de la experiencia, de los mitos, leyendas, textos de otros autores, y nos muestra un universo donde una ciudad y un color juegan un papel definidor y esencial. “Ciudad violeta”, de Juan Gaitán (Málaga, 1966) contiene cuarenta y cuatro microrrelatos en total y tres partes o bloques que lo ensamblan, más un epílogo: Ciudad violeta, que da título al libro y en la cual las leyendas son el sustento narrativo con el que Gaitán fabula: «En el jardín del príncipe persa, justo en el recodo donde una vez habló con la muerte, crece una extraña flor que tiene el poder de embelesar con su canto. No en vano la llaman la flor sirena», y lo hace con ese regusto de los cuentos orientales. En la segunda parte, Teogonía, el narrador nos avisa de “su descubrimiento por un autor anónimo que recogía el culto a los dioses paganos que se adoraban en los montes de la ciudad violeta hace tres milenios”: el dios del aroma, del asombro, de las caricias, bien cabe reproducir de entre todos el dedicado a la “Diosa de la alegría”: «Esta diosa reparte sus dones caprichosamente. Se la percibe más entre quienes tienen poco, pues huye de la abundancia y sus preocupaciones. Quienes vienen al mundo benditos por ella no necesitan más que la generosidad de dar»; la tercera y última de las partes de este libro la titula su autor “Genealogía fantástica”, también precedida por un prólogo. Trata Gaitán, de forma breve, el acercamiento del lector a la heredad del linaje en sus protagonistas (Tía Margarita, Tío Gregorio, el abuelo Leopoldo, Papá, la bisabuela Olalla y la tía abuela Casilda, de este último microrrelato transcribimos su contenido: «La tía abuela Casilda juraba que solo soñó una vez en toda su vida. Fue a los catorce años. El dios Apolo se le presentó en sueños y le entregó una extraña nuez de un delicado color violeta. Cuando despertó la encontró en su mano y, al romper la cáscara, liberó a un diminuto grifo de eléctrico vuelo que tenía la facultad de hacer el silencio, atemperar la luz y traducir, solo para ella, el sonoro lenguaje del agua». Concluye “Ciudad violeta”, con un epílogo titulado “Destrucción”, con el cual el autor llama nuestra atención con un texto tan bello como desconcertante, si bien queda patente el oficio de Gaitán como buen narrador en la corta distancia, como así puede comprobarlo el lector: «En los primeros años del tercer milenio la ciudad de los montes violeta quedó destruida. Fue algo inesperado, pero no casual. Era media mañana cuando el hombre escribió el verso que desató el incendio». Ha sido muy placentero adentrarse en la lectura de este libro. El color violeta es la clave discursiva de estos brevísimos textos, que no por serlo, menoscaban la calidad de los mismos, todo lo contrario, los distingue hasta el punto de crear una armoniosa musicalidad, un plácido ritmo, con una prosa a veces más cercana a la poesía pero que tampoco desmerece la intencionalidad narrativa. Gaitán ha conseguido, con su personalísima prosa, un libro sólido y bello a la vez, reflexivo, donde el rumor de la palabra propicia un viaje extraordinario y luminoso, que no deja indiferente al lector. Una ciudad y un color difícil de olvidar: su ciudad violeta, y, desde ahora, de todos nosotros, de todos los afortunados lectores que se acerquen a ella.

Título: Ciudad violeta
Autor/a: Juan Gaitán
Ilustraciones: Juan Carlos Hidalgo
Edita: Adeshoras (Madrid, 2016)