domingo, 21 de febrero de 2016

FUE EN MOGUER. ENCARNA LEÓN

Encarna León (Granada, 1944)
Dedicada a la Literatura desde 1980, reside entre Granada, Málaga y Melilla.
Colabora en revistas literarias, prensa y radio.
Tiene editadas 13 obras de poesía y una colección (10 títulos) de poesía infantil, y trabajos en prosa (relato corto y cuento). Ha sido premiada en varias ocasiones y da nombre al Certamen Internacional de Relato Corto, creado por la Consejería de Educación - Viceconsejería de la Mujer de Melilla. Es miembro de la Asociación Colegial de Escritores de España (1988) y de la Andaluza de Críticos Literarios (2003).

FUE EN MOGUER


ENCARNA LEÓN. FUE EN MOGUER   Volver a las profundidades marinas de la memoria, de los recuerdos que revolotean por doquier, insistente, en una espiral de sensaciones nuevas después del tiempo transcurrido, lejano y tan cercano a la vez. Evocar la infancia en su arrollador alumbramiento y mantener su espíritu e inocencia es siempre fructuoso. En esta ocasión regresamos a ese mágico momento, a esas vivencias de los primeros años de vida de la mano de un libro, recomendable no sólo para niños, sino también para adultos. Su autora, Encarna León (Granada, 1944), nos propone un viaje, una aventura lectora extraordinariamente reparadora, necesaria en los tiempos que corren, tan frívolos y desabridos. Nada mejor que salir al encuentro de la vida, de su esencia en una historia tan hermosa como la que sucedió en un pueblecito onubense llamado Moguer, cuna del más grande de los poetas españoles del siglo XX y premio Nobel de Literatura, Juan Ramón Jiménez. “Fue en Moguer” es un poemario cargado de sentimiento y ternura, una admirable recreación de uno de los textos más universales, verdadera joya de la literatura universal: “Platero y yo”, un texto que el también poeta Juan Cobos Wilkins destaca de manera que: «en su prosa sensual, impresionista, simbolista, en esa escritura de melancólica sensibilidad y agudeza, y en la que rompe, en pleamar, un oleaje de adjetivos, sí encontramos el buscado horizonte de rehabilitación moral a través del arte». “Platero y yo” es una verdadera sinfonía del lenguaje, de la extraordinaria sensibilidad y comunión con la naturaleza, del diálogo permanente consigo mismo del poeta y el hombre, en una prosa siempre abrasadora. Arrastrada por la necesidad imperiosa de recrear poéticamente la singularidad de tan bello y emocionante texto de Juan Ramón Jiménez, Encarna León regresa a Moguer, y escribe, influenciada por la experiencia vivificadora del reencuentro con sus calles y plazas, su paisaje y sus gentes, la propia casa del poeta convertida en museo y biblioteca, un poemario que nos devuelve la esperanza en la poesía, en la grandeza de las cosas sencillas, con sabor a pueblo. Confiesa la autora: «Nunca pensé que un día me decidiera a escribir esta versión poética de Platero. Debe ser que Platero se ha colado en mí con fuerza y así yo, sin darme cuenta, me he colado en su vida». “Fue en Moguer” nos envuelve con la calidez de la palabra, esa que luce como una estrella en el firmamento y sabe de las conquistas, también de las miserias humanas. La soledad de la poeta en permanente diálogo consigo misma y con la vida, con todo lo que la rodea y es capaz de emocionarla. 
Encarna León se adentra en los silencios de Platero, y su deseo es despertarse junto al Platero de sus sueños:«Voy soñando la luna, el mar / de mi memoria, los riscos, / los cerros encendidos. / Él me lleva generoso hacia / el pino que siempre me cautiva». Encarna León toma breves fragmentos de “Platero y yo”, y los incorpora al poema, que es como sentir su cercanía en la serena palabra del poeta de Moguer. Apoyada por ilustraciones de Amalia Jiménez, Encarna León recorre el mundo juanramoniano de “Platero y yo” con especial sensibilidad tanto en su forma (belleza) como en su fondo (humanismo). Nos convoca la poeta a conquistar los sueños a través de la palabra escrita, y en ella se abisma hasta descubrir otros horizontes, otras auroras bañadas por la luz de su lírica, en estrecha comunión con la naturaleza, con la vida, y en ella con los días lejanos de la infancia: «Me han traído un juegue de cartón / para que aplaque esta melancolía / de ti, de tu trotar sonoro. / Es un burrito gris cargado de flores / amarillas, como las que comías gustoso / y saludábamos en los días de estío. / Tantas veces lo miroo que creo que eres tú / y lo mimo con mis ojos de niño, / hasta le hablo quedo pensando / que me escucha. / A veces creo oír entre el murmullo / blanco de mi silencio, un rebuznar / tranquilo, amoroso, de amigo inseparable». Así es la poesía de Encarna León: delicada, tierna, amorosa, serena, humana. De manera que, en estos tiempos de impostura poética, volver a los clásicos, como ha hecho nuestra poeta, es como tomar el aire fresco en el rigor de los veranos. Encarna León nos abre las puertas de su corazón, y amorosa se entrega a la literatura: «Pero he estado contigo en todos / estos versos repletos del clamor / que respiró tu alma cristalina. […] FUE EN MOGUER, y así lo escribo».
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