sábado, 24 de diciembre de 2016

POESÍAS COMPLETAS. VICENTE ALEIXANDRE





POESÍAS COMPLETAS

No pretenden estas líneas sino aproximarse a la ingente obra de un poeta mayor, del más grande poeta del pasado siglo XX, también e incomprensiblemente, del más injustamente olvidado por las generaciones posteriores. Muchos de los poetas que vivieron la luz de la palabra en su casa de la calle Velintonia, 3, las instituciones y los poetas más jóvenes siguen ignorando a quien por derecho propio conquistó la más alta cima de la poesía, de la literatura, al habérsele concedido el máximo galardón, cual es el Premio Nobel allá por el año 1977. El año entrante habrán transcurrido ya 40 años de tan grande honor para la literatura en lengua española y universal, que siempre estará unida, a pesar de los pesares, al nombre de Vicente Aleixandre, lo que nos recuerda aquellos versos suyos del libro “Poemas de la consumación” que nos alertan del injusto olvido al que hemos sometido al poeta: «Está y no estuvo, pero estuvo y calla. / El frío quema y en tus ojos nace / su memoria. Recordar es obsceno; / peor: es triste. Olvidar es morir». 



La casa donde vivió el poeta, la que cobijó a su generación “del 27” y a las venideras y ahora son poetas de reconocido prestigio han podido preservarla de la ruina más absoluta, en la que ahora reza en su fachada el cartel de “se vende” y que ninguna administración pública (Ministerio, Comunidad Autónoma o Ayuntamiento) ha aportado los recursos necesarios para su recuperación como patrimonio que lo es de todos los españoles, de la humanidad entera, como reconocimiento a una obra inconmensurable, tanto en su vertiente poética como humana. ¡Qué mejor regalo de Navidad para todos los amigos de nuestro Premio Nobel Vicente Aleixandre y de la Poesía, el anuncio de la adquisición de la casa del poeta como centro de estudios y espacio cultural internacional! Pero me temo que la desidia e ignorancia de los gobernantes y del olvido de los que tanto deben a Aleixandre no ayudará a que esta antigua reivindicación sea una realidad próxima. Al menos, eso sí, nos queda su obra inmensa, intachable, fresca, luminosa, insuperable, única, solidaria e indiscutiblemente humana en todas y cada una de sus creaciones poética: Ámbito, Pasión de la tierra, Espadas como labios, La destrucción o el amor, Mundo a solas, Sombra del paraíso, Nacimiento último, Historia del corazón, En un vasto dominio, Picasso, Retratos con nombre, Poemas de la consumación, Diálogos del conocimiento, En gran noche, Poemas Varios 1, Poemas Varios 2, Primeros poemas del álbum de versos de juventud, Un poema atribuido, Primeras prosas poéticas, Una traducción y Poemas circunstanciales. ¡Qué mejor regalo navideño que estas “Poesías completas”, que recibo de mi buen amigo y librero Isidoro Salvador, y que recomiendo encarecidamente a los lectores de este “Salón de lectura”!. En ellas encontramos las claves de una poética apegada a la Naturaleza, que bebe de la mejor tradición poética universal, alejada de las modas, coherente en pensamiento, honda y humanística, capaz de conmover y alterarnos los sentidos, de iluminarnos y hospedarse en el alma de cada lector que se acerque a ella. En Vicente Aleixandre hallamos respuesta a muchas de las cuestiones que preocupan al hombre en su relación con los elementos naturales, la soledad, el tiempo, la amistad, la muerte, la solidaridad, y, por encima de todo, el amor, la única verdad que asiste al poeta y al hombre siempre. Así su conocida sentencia: «El hombre es el poeta, y su imagen es el hombre». No hay duda alguna que en la Historia de la Literatura Universal, y en particular de la Literatura Española destacará siempre la inconfundible voz de Vicente Aleixandre, merecidísimo Premio Nobel de Literatura concedido en el año 1977. Nada se escapa a su mirada serena y profunda desde la quimérica Velintonia, refugio de amigos y poetas de toda condición y pensamiento, pero donde siempre, inolvidable, vive la ciudad y el mar de Málaga, la infancia más soñadora. Así se recogen estas palabras del poeta en los “Cuadernos de Velintonia”, de José Luis Cano al decir: “Velintonia va hacia el mar”, o “Velintonia está siempre en el mar”. Nunca Aleixandre dejó de pensar en su ciudad de la infancia, en su mar de Málaga, y con esa imagen vivió siempre hasta su muerte en Velintonia, a los 84 años edad. Después de su muerte solo el silencio y el olvido que duran ya, incomprensiblemente si tenemos en cuenta la magna obra de Aleixandre y su enorme generosidad con todos, demasiados años, demasiado dolor contenido. Hoy no puedo sino rebelarme contra quienes han callado y siguen callando su nombre, luz entre todos los nombres. Leer su obra “Poesías completas” es el mejor homenaje que podemos dedicarle, y el mío particular, estos versos de mi libro inédito aún “Luces de Velintonia”: «Duelen las cuencas de los ojos / las manos la luz del verso duele / duelen los recuerdos / las muertes duelen / eternas en las sienes, / duele este inmenso silencio / de tu muerte /y el olvido». “Poesías completas” más de 1500 páginas de pura poesía, la de nuestro andaluz universal y Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre.






Título: Poesías completas
Autor: Vicente Aleixandre
Edita: Visor (Madrid, 2005)


domingo, 18 de diciembre de 2016

70 MENOS UNO. ANTOLOGÍA EMOCIONAL DE POETAS ANDALUCES




70 MENOS UNO

ANTOLOGÍA EMOCIONAL DE POETAS ANDALUCES



Es cierto que la poesía no goza del beneplácito mayoritario de los lectores, que prefieren la novela o el relato. Esa misma mayoría de lectores achaca su desinterés a la dificultad para comprender los textos poéticos, con el consiguiente esfuerzo caso de aproximarse a ella. Si tenemos en cuenta que en la sociedad actual el esfuerzo ha sido suprimido de la formación integral del individuo y sustituido por una constante servidumbre a lo frívolo y anodino. Sin embargo, y a pesar de todas estas circunstancias, la poesía está ahí, fervientemente viva, gracias a la resistencia impagable y la férrea voluntad de sus creadores, también de sus valedores, como en el caso que nos ocupa del antólogo, poeta, escritor y ensayista occitano Antonio Enrique que, junto a los poetas también Rafael Ballesteros y Juan Ceyles, han hecho posible la edición de este hermoso volumen, “70 menos uno. Antología emocional de poetas andaluces”, que viene a ocupar un lugar destacado en el conjunto de las antologías de poetas andaluces publicadas hasta la fecha. Y viene a ocupar ese lugar preferente porque se trata de un «original proyecto literario que tiene en cuenta un texto poético dentro de su contexto personal». Encomiable trabajo este que agrupa a 70 poetas (69 vivos y uno fallecido durante el tiempo de elaboración de esta antología: el poeta y profesor Rafael de Cózar). Esta es una antología de poesía emocional, en la que se dan cita las más variadas voces poéticas de Andalucía: cuatro nacidos en los años 20, diez en los 30, dieciséis en los 40, veinticinco en los 50, diez en los 60 y cinco en los 70. La respuesta de una buena parte de los poetas andaluces está contenida en este libro, cuya razón de ser es la “emoción” como particular reclamo, y así se entiende cuando se afirma: «la emoción transforma; es el motor de todo acceso placentero, de toda catarsis y plenitud sensorial». Conviene resaltar y así lo afirma el antólogo que: «Los poeta aquí encartados son de todos los caracteres y temperamentos, ideologías y corrientes estéticas…Diferencia y Experiencia ya no se enrocan en posiciones inamovibles, sino que se observa lo que ha de ser: el juego en el tablero, el intercambio de piezas, el trueque de posiciones; y es esto beneficioso para la salud de la literatura». 

Dada la imposibilidad técnica (falta de espacio) para reproducir todos los poemas contenidos en esta antología, transcribiremos sólo algunos fragmentos del mayor número de poetas participantes, a manera de muestra representativa. De los poetas nacidos en los años 20 reproducimos este del cordobés José de Miguel: El libro esculpe, fija, proclama y eterniza / la cálida palabra, / la fecunda palabra, / la creadora palabra, / la Palabra, / quizá el mayor presente / que a los hombres los dioses concedieron. / Al principio fue el verbo», o, este otro del poeta almeriense Julio Alfredo Egea: « No encontrarán los seres / camino de regreso, / ni ya nunca será posible el pájaro, / ni la mano desnuda sobre la mano herida, / ni agarrarse a una rama de paraíso / cuando el Ordenador tenga voz propia, / salga de la oficina y del laboratorio / a decretar la Muerte… / Y Dios… ¿se hará el distraído?; de los nacidos en los años 30 nos quedamos en este del poeta granadino Rafael Guillén: «He venido sin flores y sin luto. / He venido a fumarme este cigarro / delante de tu muerte; / solamente un cigarro, por aquello / que fue una gran borrasca de ternura»; pertenecientes a los años 40 señalamos al poeta gaditano Antonio Hernández: «He entendido por fin / que escribir es amar / sin amor que te bese. / Comprendo que la luz / solamente se enciende / cuando se va apagando»; para los años 50 la voz del poeta malagueño Francisco Ruiz Noguera: «Con tan breve equipaje / trabaja la memoria, / maestra en levantar / -a base de un desorden de retazos- / un retablo de humo / sobre el fondo de sombras / que dominan las piezas del olvido», o, este otro del poeta Rafael de Cózar (Tetuán 1951-2015): «Qué puedo decir de ti si ya no queda / ni un mínimo rescoldo en la penumbra / del fondo acristalado de mi copa…»; de los nacidos en los años 60 destacamos al poeta onubense Manuel Moya: «y saber que la vida, toda vida, cabe en esto, / en una mujer desnuda escribiendo un poema, / en unos dedos que nunca se cansan de ser dedos, / en la harina de estas letras torpes / manchadas de dedos y de vida», y, para cerrar esta muestra, perteneciente a los años 70, estos versos del poeta Vicente Luis Mora: «Arrójate al vacío, crea mundos, / convierte en ser la nada que te aguarda. / Así debiera ser la poesía, / así debiera ser / el último poema: / hacia delante, nada: todo en blanco». Una antología que nos permitirá conocer la poesía emocional de “70 menos uno” poetas andaluces de hoy. 
 

Título: 70 menos uno
Antólogo: Antonio Enrique
Autor: VV.AA
Edita: El toro celeste y Fundación Unicaja (Málaga, 2016)

domingo, 11 de diciembre de 2016

NO RESIGNACIÓN. SALÓN DE LECTURA





NO RESIGNACIÓN
(Poetas del mundo por la no violencia contra la mujer)

Muchas son las ocasiones que hemos oído preguntar para qué sirve la poesía, o, cuál es su utilidad, etc. etc. Sin embargo, son también muchas las veces que hemos asistido a su contestación. Quién puede olvidar aquella afirmación de : “La poesía es un arma cargada de futuro”, de Gabriel Celaya y que Paco Ibáñez cantó hasta la saciedad en un momento tan trascendental para la libertades en España. Pero no sólo Gabriel Celaya sino otros muchos poetas han hecho posible que sus versos sirvieran para concienciar en unos casos y denunciar los abusos de los poderosos con relación a los derechos humanos. Muchas serían, también, las antologías poéticas que han nacido para ayudar a poner fin a situaciones de injusticia, genocidios, catástrofes naturales o falta de libertad, siendo así que, al menos, parece obvio que la poesía ha sido y es esencial en la formación cultural de todos los pueblos del planeta. El caso que nos ocupa hoy es un libro en el cual participan 136 poetas (64 hombres y 72 mujeres) de 35 países de los cinco continentes, con la cual el Ayuntamiento de Salamanca ha querido aportar su granito de arena en la eliminación de esta lacra social de la violencia contra la mujer que tantas víctimas se ha cobrado ya, y ha querido hacerlo con un libro antológico que responde al título: “No resignación. (Poetas de mundo por la no violencia contra la mujer). Antología de Salamanca”. Una loable iniciativa que ha sido coordinada por el profesor de la Universidad de Salamanca y poeta Alfredo Pérez Alencart e ilustrada por el también profesor Miguel Elías. Este es un libro contra el silencio, las viles agresiones y los abusos continuos que se vienen sucediendo contra la mujer en todos los continentes, sin excepción. La mirada y la conciencia poética toman la palabra para denunciar esta situación y aunque no podremos reproducir la voz de todos los participantes por cuestión de espacio, me he atrevido a seleccionar algunos versos representativos de algunos países o continentes: «No más caricias / del color de la nada. / No más disculpas / con sabor a ceniza. / Ni más abrazos / bajo la lluvia negra del mañana. / Mi adiós es para siempre» (Leya Tierney, Inglaterra), «Tendría que volver a engendrar /A la tribu, /Proteger los lobos / De sus ovejas, /Y / Cazar proezas / Hasta el crepúsculo, / Antes de disfrutar / Del status de / «Esclava» (Bahira Abdulatif, Irak), «déjame que te diga, / aunque ya no me creas, / que de lo único que ahora me arrepiento / es de haber dejado marchitarse / el ramo aquel de rosas / que le robamos juntos al verano» (Carlos Aganzo, España), «no soy la locura del hombre / y sobre todo no soy todas sus concepciones» (Stefania Battistella, Italia), «En sus ojos reina el temor, / En su alma el grito exclama, / Una mano rasgo su corazón, / Golpes batieron su cuerpo» (Margalit Matitiahu, Israel), «Bajo su puño la mesa silenciosamente se hizo un ovillo / como ciervo fusilado en un claro del bosque/ Sus moretones hablaban miles de lenguas» (Dunja Detoni Dujmic, Croacia), «Si conoces a tu / mujer, verás como ella va / y viene, y todo lo que puedes hacer es esperar / y rezar para que ella vuelva a ti, / porque sabes que tus pecados / son suficiente para que ella te deje y no vuelva» (Kwame Dawes, Ghana), «Ser mujer / significa estar invadida, Oh silenciada! / ellos toman de toda cosa / una mujer tomó mi infancia» (Müesser Yeniay, Turquía), «Desde distintas direcciones, vienen historias / que nos pueden hacer llorar, aun sin lágrimas. / Sigue triunfando la injusticia entre nosotros / contra las hijas amadas de estirpe humana» (Johanes Manhitu, Indonesia), « Siento rabia al saber / que soy mi propio miedo / enfundado en este cuerpo» (Aleyda Quevedo, Ecuador), « Como algo práctico, nuestras violaciones no son tan simples. / Como algo práctico, nos violan de una manera mucho más violenta / para que muramos. O durmamos en el hueco del arrozal pantanoso / Nos acuestan estiradas, empapadas en el barro» (Yashodhara Raychaudhuri, India), «Siempre el dolor. He visto en esos rostros / cómo se hace la noche/ cuando sienten / la dureza del hombre. Las golpea / la sombra que es la forma más cobarde / de la desolación» (José Muñoz Quirós, España), « Excusar el amor con la posesión y el miedo / no se hace frente a una mujer / que perdió el temor amando a quemarropa / y sin paredes para sostenerse» (Nidia Marina González, Costa Rica), « Estéril guerra de los sexos en que solo uno pone / el amor, el dolor y hasta la culpa. El otro / se condena a la crueldad de una fiera asustada» (José Pulido, España), «La sangre brota de tu rostro puro, / oh madre tan flagelada en todo tu cuerpo/ vivencia del crepúsculo / sin conocer del día comodidad alguna» (Antonio Salvado, Portugal), « Que no se desangre el amor / en la sombra, / en la niebla» (Hiroshi Tomita, Japón), « No hay bestias inocentes; no hay cicatriz / sin cuchillos filosos; no hay colmada paz / sin forcejeos: nunca calles las agresiones. / ¡Solo tu clamor expulsará lo más abyecto!» (Alfredo Pérez Alencart, Perú-España). Un libro,No resignacióny una iniciativa loable, que no dejará indiferente al lector de poesía.


Título No Resignación
Autor: AA.VV
Edita: Ayuntamiento de Salamanca (Salamanca, 2016)


domingo, 4 de diciembre de 2016

LA TUMBA DEL NADADOR. JUAN PARDO VIDAL, por José Antonio Santano



Adentrarse en las páginas de un libro, lo he dicho en otras ocasiones, es una fiesta. Una fiesta donde la palabra es anfitriona única. Con ella está garantizada la diversión y el conocimiento. Ninguno de sus invitados quedará indiferente. Un buen libro siempre será una fiesta inolvidable. 



El libro elegido para esta ocasión es una verdadera fiesta de la palabra, una fiesta para los sentidos. En una edición bella y cuidada, “La tumba del nadador”, de Juan Pardo Vidal (Almería, 1967) reúne un conjunto de relatos, en total 11, de los cuales el que da título al libro destaca por su originalidad y extensión, sin desmerecer claro está al resto (El tatuaje, Los gatos de Schorödinger, Los días azules, La tormenta, Te llamaré T, Desmancados, El día en que los dos hombres más importantes del país me removieron el pelo, Y decirte algo terrorífico, como por ejemplo «te quiero», Lencería rosa y El naufragio). El lugar elegido para “La tumba del nadador” es un ático y sucede todo en una fiesta muy especial: «Habrá un tipo, un editor al que Jesús conocerá en una fiesta. Y habrá también una chica y habrá música y copas y su amiga Andrea y mucha gente guapa, políticos, futbolistas y gente del mundo de la cultura […] La fiesta será la hostia, cincuenta personas bailando al ritmo de la coca en un ático enfrente del mara en los edificios de La Térmica, en Almería». Así comienza Pardo la construcción de este relato con el cual vibraremos en el temblor de la palabra de los personajes que pululan por sus páginas, con un discurso narrativo distinto donde la singularidad narrativa y los recursos literarios empleados constituyen elementos consistentes como basas de columnas que soportan todo el peso de la trama narrativa para concluir en un sólido edificio. El simple hecho, infrecuente en la narrativa española, del uso de una voz narrativa omnisciente de futuro es ya un reto que, por cierto, resuelve satisfactoriamente. 

Pero no sólo destaca en este relato el tiempo verbal utilizado, sino la propia estructura, la mirada del narrador que formará parte también del discurso narrativo –metaliterario- («Jesús no sabe qué va a pasar, ni cómo se va a llamar el maldito gato que ha encontrado dentro de su buzón, yo sí que lo sé, porque yo soy el autor y soy la leche, en esta historia soy el gran camello, el que distribuye el destino a los personajes. El futuro es una droga que todo el mundo quiere meterse. Aquí mando yo, ellos creen que soy dios, sé qué les va a pasar a mis personajes, me veneran, conocer mi poder, me temen, saben que existo, rezan para que yo cambie el futuro a mejor, quieren que todo salga bien, que intervenga para hacerlo realidad, pero yo no puedo hacer nada por ellos»), con el añadido de la presencia consistente de una voz interior, de la conciencia de Jesús (el protagonista) que denominará “Cuatro”: «Una vocecita interior, que es él mismo con la voz de él mismo, y que se llama Cuatro, le dirá: «Jesús, eres menos gilipollas que todos ésos que tienes ahí delante. Seguro que en esta fiesta hay alguien con quien revolotear, venga, espabila chaval, vete a libar alguna florecilla». Pardo Vidal ha sabido utilizar variados recursos literarios que hacen de esta narración un monumento al buen hacer: humor, ironía, flashback, música, cine, pero por encima de todo nos muestra la vida misma en sus muchos aspectos: soledad, miedo, muerte, vulgaridad, sentimientos, emociones, silencios, todo bajo el prisma de la ficción más pura, de la imaginación en un vuelo imparable. 

Juan Pardo consigue alterarnos, perturbar nuestra acomodada vida, con hechos tan reales que trascienden la propia realidad para crear otra, confirmándonos así que nos encontramos ante un narrador maduro, que sólo se deja arrastrar por el ciclón de la palabra, la que construye historias, múltiples vidas. “La tumba del nadador” es una fiesta, ciertamente, una fiesta de la vida, pero también de la muerte, la que está ocurriendo al mismo tiempo que la del ático pero en un hospital cercano de la ciudad de Almería, la del final de una etapa y el nacimiento de otra, la que sucede en el acabamiento del cuerpo paterno: «La verdad es que la vida es rara. Por la mañana no será necesario que lo acompañe porque nadie se muere por la mañana, es la noche la que se los lleva, la noche viene a por los enfermos y ellos se fan con ella de la mano, la muerte no tiene la mano huesuda, la tiene tibia y confortable, los agarra con la fuerza exacta para que se sientan seguros, se enamoran de ella, por eso nadie regresa». Un libro, “La tumba del nadador” y una voz, la de Juan Pardo que nos devuelve la esperanza en la literatura, en la vida: «Algunas gotas de lluvia caerán cerca de los ojos mientras mira al horizonte desde aquel ático para recordarle que no está en la cima del mundo y que nunca llegará a estar tan alto como aquel día, subido a los hombros de su padre».

Título La tumba del nadador
Autor: Juan Pardo Vidal
Edita: Librería Metáfora (Roquetas de Mar, 2016)

domingo, 27 de noviembre de 2016

POESÍA Y COMPROMISO EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA.




HUMANISMO SOLIDARIO
POESÍA Y COMPROMISO EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA

Con los vinos ocurre que hay que dejarlos reposar en la barrica primero y luego en la botella, que con el tiempo adquieran aromas y sabores, tonalidades, de manera que, al beberlos, podamos comprobar su excelencia. Esto mismo sucede a veces con los libros: hay que dejarlos reposar en los anaqueles de la biblioteca, esperar un tiempo prudencial y releer luego con la serenidad y tranquilidad que toda recreación lectora merece. No es frecuente que ocurra esto pero sucede en contadas ocasiones. Y ahora ha ocurrido. Desvelo el misterio. El libro que tratamos en este espacio fue publicado por la editorial madrileña Visor, en su colección Visor literario el año 2015, y, durante todo este tiempo ha vivido en mí su contenido de una manera extraña, agridulce sería quizá su más acertada descripción; de una parte, por no haber acometido esta tarea de difundir esta corriente de pensamiento en su día, y, de otra, por entender, desde un punto de vista ético que, siendo parte de dicha corriente, pudiera pensarse que mis pretensiones eran otras muy distintas a las que verdaderamente me unen a dicho movimiento artístico e intelectual. 
En la creencia de haber disipado estas cuestiones después del tiempo transcurrido me detengo ahora en las páginas de este libro, titulado “Humanismo solidario. Poesía y compromiso en la sociedad contemporánea”, con estudio preliminar de la profesora Remedios Sánchez García, de la Universidad de Granada y una selección poética de Marina Bianchi, profesora también en la Universidad de Bérgamo (Italia). Constituido este libro en dos partes bien diferenciadas, la profesora Sánchez García nos introduce en esta corriente de pensamiento y poética a través de un estudio cronológico de lo que ha sido la poesía española contemporánea hasta llegar a lo que ha venido en llamarse “Humanismo solidario”. Se inicia este recorrido con un primer bloque titulado “Reflexiones para una panorámica de la poesía contemporánea española. De los sesenta a la posmodernidad”, el más extenso e interesante pues clarifica el devenir de la poesía española del siglo XX hasta nuestros días. El siguiente capítulo está dedicado a “La literatura hispanoamericana desde los sesenta a la actualidad. Una aproximación a vuela pluma”. También ocupa un lugar importante la vinculación literaria entre España y el Magreb: “Donde la lengua aún alcanza. Literatura en español en los países árabes”. Se analiza también “El concepto de compromiso en la poesía en español del siglo XX”, y se llega por fin a “El humanismo solidario”, capítulo en el que se explica sobre qué pilares fundamentales se asienta esta corriente: «Se estructura el Humanismo Solidario en torno a un grupo de críticos, poetas y narradores (Alberto Torés, Francisco Morales, José Sarria, Remedios Sánchez, Francisco Huelva, Manuel Gahete y José Antonio Santano) que se definen como una corriente crítica e intelectual de personas libres que, desde la heterodoxia estética, asumen el uso de la palabra como obligación social bajo los irrenunciables principios del compromiso y el comportamiento ético, sin estar sometidos a ideología, filosofía, política o religión alguna. Desde el libre discurrir del pensamiento de sus componentes nace la necesidad de rebelarse contra los sistemas y organizaciones que oprimen y asfixian a la mayoría de la humanidad. 
Ajenos a toda ideología dominante, Humanismo Solidario propugna el destierro del pensamiento único en cualquiera de sus manifestaciones, fundamentando sus principios rectores, y su obra individual y colectiva, sobre los términos morales que emanan de la idea irrenunciable de la fraternidad universal». El otro gran bloque, es decir, el resto de páginas del volumen contiene la antología poética propiamente dicha, integrada por 49 poetas de diferentes países. Dada la imposibilidad de transcribir los versos de cada uno de los poetas antologados, transcribo un fragmento del poema en prosa “Memoria de la noche”, del leonés Juan Carlos Mestre, con el que de alguna manera se resume la esencia de esta corriente poética e intelectual denominada “Humanismo solidario”: «Esta noche y no en otra noche más desolada y perdida voy a escribir al tirano, es que pasa mi abuela con flores, con vida y no soy yo cuando llora vacía ante el cielo ya letanía o milagro. / Esta noche y todas las noches del día voy a decirte mi amiga culpable, es que está pasando la vida y yo no soy cuando un hombre se sienta y nos habla ya de destrucción o poesía». Cuarenta y nueve voces distintas pero hermanadas en esta antología poética que nos devuelve la esperanza en un esencial y necesario “Humanismo solidario”.
Título: Humanismo solidario
Autor: Remedios Sánchez García
Selección de poemas: Marina Bianchi
Edita: Visor (Madrid, 2015)









domingo, 20 de noviembre de 2016

RAQUEL LANSEROS. ESTA MOMENTÁNEA ETERNIDAD


Es cierto que la poesía casi siempre está en entredicho, si no es por una cosa es por otra…guerrillas de corrientes poéticas que intentan imponerse unas a otras, poetas que ametrallan verbalmente a la competencia u otras muchas veleidades carentes de sentido y que a fin de cuentas no merece la pena tenerlas en cuenta, porque lo único que debe de importar –así lo pienso y así lo digo-, tanto al lector como al creador es “el alma”, esa zona desconocida y misteriosa donde el poeta siente la plenitud del vacío y el silencio en absoluta soledad. Cuando esto pasa es que nos encontramos ante la poesía en su esencia. Todos los caminos son válidos para llegar a la meta, la poesía es una, y los poetas son muchos, cada uno tendrá, desde la honestidad, que elegir el suyo. Las experiencias son tan disímiles como lo es la voz de cada poeta, que habrá de buscar su propio destino. La vida es un instante y cada instante la eternidad misma, esa que trasciende la realidad para convertirse en algo nuevo, creado para universalizar la palabra cuando en verdad habita el poema. De cada instante vivido depende la dirección que el poeta tome, y en cada poeta ese mismo instante será distinto y la expresión de lo sentido o vivido también. Tal vez pudiera ser –mera elucubración- que el título del libro que recomendamos en esta ocasión sea un poco de todo lo dicho, o, esencialmente, la certeza de saber que existe la eternidad del momento. “Esta momentánea eternidad” es eso y algo más, porque su autora, Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973), nos convoca a vivir los instantes que dieron lugar, desde el año 2005 hasta hoy, a este libro que contiene su poesía reunida. La propia autora declara en las páginas introductorias que «siempre he sentido que todo lo que tiene que ver con la poesía es, de algún modo, un acto de amor. En mi opinión, operan en la poesía muchas fuerzas de índole afectiva, todas ellas necesarias para que pueda ser exactamente lo que es: el amor a las palabras, el amor a las raíces, el amor a los libros, el amor a la Belleza, el amor por la indagación, el amor a los grandes poetas de la historia, el amor a esa identificación única y sobrenatural –sin importar tiempo y espacio- que la poesía brinda». Reúne este volumen toda la poesía escrita por Raquel Lanseros en los últimos once años, que dan como balance final cinco libros: “Leyendas del promontorio” (2005), “Diario de un destello” (2006), “Los ojos de la niebla” (2008), “Croniria” (2009) y “Las pequeñas espinas son pequeñas” (2013), más una última parte con el título de “Poemas exentos. Poemas inéditos” (2008-2016). En este viaje la poeta nos invita a vivir intensamente cada momento o instante, desea perpetuarse en cada sílaba o palabra partiendo de la necesidad de expresar esencialmente su mundo interior respecto a todo lo que fluye a su alrededor, convencida de que su experiencia poética será, sin duda, como la vida misma. 



Sus versos hablan por sí mismos, como en este fragmento del poema “La gravidez del odio”: «Por supuesto que el odio requiere un gran esfuerzo. / No es para cualquier pecho. / El odio es denso y sólido. / Está hecho de cemento, / de plomo, de nostalgia», versos que muestran en este viaje iniciático una extraordinaria sensibilidad. Del poema titulado “Locus amoenus” extraemos estos otros: «La Tierra está llorando. / Por suerte / ayer salieron a la calle unos pocos / armados de coraje para intentar curarla. / Los disolvieron los antidisturbios». Lanseros refleja en los poemas siempre un lado interno, y reflexivo donde la emoción y el sentimiento se aúnan para conformar un sólido cuerpo poético, como en estos versos que afloran después de un adiós: «Yo nunca resistí las despedidas / porque en cada una de ellas se marchita la voz / de todas las personas que yo he sido / y ya no puedo ser». También fluyen los versos cuando mira hacia atrás, como cuando homenajea a “Doña Juana” y todas las mujeres libres, o se trata de recuperar la memoria de “los otros”, “de los vencidos”: «Todos nosotros somos ahora y para siempre / las pisadas de Yago contra la piedra helada, / yo soy el pan callado de aquella Nochebuena, / tú eres la luna oscura que le ayuda a esconderse. / Y hoy es mil novecientos treinta y nueve». Hacia el encuentro del hombre y la mujer, del ser humano camina por estos otros versos de “El hombre olvidado”:«Puede que sea el olvido / -mientras sus ojos turbios regresan del pasado- / el lugar donde vive la memoria», o en “Beatriz Orieta. Maestra nacional (1919-1945) cuando escribe: «El silencio es de mármol. / El silencio / es la respuesta de todas las preguntas». Late en la poesía de Lanseros la vida misma, que podríamos resumir, sin duda, en estos versos rotundos: «Ahora ya entiendo por qué vivo cuando amo. / Ahora comprendo / que el principio del mundo ocurre cada día».

Título: Esta momentánea eternidad
Poesía reunida (2005-2016)
Autora: Raquel Lanseros



Edita: Visor (Madrid, 2016)

domingo, 13 de noviembre de 2016

UN BOSQUE ARDIENDO BAJO UN MAR DESNUDO. SALÓN DE LECTURA.



UN BOSQUE ARDIENDO BAJO UN MAR DESNUDO

Si se hiciera un estudio riguroso de la poesía en lengua española de las últimas décadas hasta hoy, casi seguro que nos daríamos de frente con una realidad difícil de admitir: no es oro todo lo que reluce. Ocurre que suenan más los nombres que las obras. La poesía ha quedado fragmentada, dividida entre los que están y los que son pero no están. Este es el quid de la cuestión. Lo mismo que en la sociedad ha calado el discurso de la mediocridad y el pensamiento único, en la poesía ha ocurrido tres cuartos de lo mismo. Si leemos con detenimiento las obras poéticas más recientes comprenderemos mejor esta circunstancia. La bonanza de la poesía y de la joven en particular no es tanta como se nos quiere hacer creer. No toda innovación o todo lo nuevo es bueno. El hecho experimental es importante, pero no lo es menos el de la diferencia, esa búsqueda del poeta por encontrar su propia voz, que es de lo que adolece la poesía a la que me he referido con anterioridad. El poeta no puede ser un amanuense, un copista que repite sin cesar la misma escritura que sus coetáneos. Hay que arriesgar, huir de lo fácil y adentrarse en el silencio y la oscuridad, bucear en la palabra para hallar la palabra misma, esa que es capaz de sacudirnos, de electrizarnos por el resplandor de su propia luz. Habría que revisar con detenimiento el devenir de los últimos años, siempre desde el respeto a la diferencia y la justa valoración de las obras escritas en ese período, y he dicho obras y no nombres. Consecuencia de una reflexión profunda y ese continuo deseo de búsqueda del “yo” poético, determinado por la experiencia vivencial del poeta, sorprende el poemario “Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo”, de joséagustín hayadelatorre (Perú, Lima, 1981), actualmente doctorando en literatura por la Universidad de Salamanca. Un experimento poético que parte del propio desarraigo del poeta, de la necesidad de comunicar con los demás para encontrarse a sí mismo, recorriendo para ello un camino de obstáculos salvables, pero a veces muy complejos. 

El poeta ahonda e interpreta todo lo que se muestra ante sus ojos, y en un ejercicio de latente curiosidad indaga y bucea en la condición humana a través de la realidad más cercana. Hayadelatorre contempla el diálogo permanente entre los opuestos como si fuese una necesidad imperiosa. Así, “Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo” se convierte en un libro complejo en su estructura, en la forma y el fondo, donde cohabita la poesía y el poema en prosa. Para el poeta el desprendimiento de lo aprehendido alcanza un valor relevante, le apremia recorrer múltiples caminos para después desandarlos, hasta construir su verdad poética, su voz: «las virtudes de un poeta son / las de un asesino: a galope so- / bre un caballo ciego intenta / lacerar una selva pétrea hasta / encontrar su arteria. escucha / su sí mismo, el que no es él / donde es todos, y embellece / la destrucción y sueña lo que / destruye dándole a los muros / la forma de su rostro». Pero en esa búsqueda constante del “yo” poético no existe la exclusión del “otro”, todo lo contrario, porque su concepción del mundo no puede sino reivindicar lo humano: «…Yo recito / las lágrimas en las lápidas irradiadas del alba, las estampas / de la clarividencia en los entierros: soy centro y éxodo, / persisto ante el parpadeo. / He aquí el signo de la creación. Sólo existo / en el otro. Me determinan mi calidez nómada / y mi circunstancia sedentaria (La unida de la luz / es fragmentaria). Así, el tamaño de mi ausencia». La poesía de Hayadelatorre es reflexiva y profunda, no atiende lo superfluo, no le interesa lo banal, de ahí que siempre esté en continuo movimiento que suba y descienda, que frecuente el límite: «…Y sigo, / hacia el final de toda posesión…Resuelvo / hacia la dislocación: la mudez del grito. Y continúo / el descenso hacia la luz…». En este continuo divagar del poeta y su particular manera de interpretar el mundo destacan poemas clave como “Itinerario” («Preguntar por las últimas palabras de los libros y morir con el susurro en los labios»), “Desinencias”, “Virtud de la ceniza”, “Querella del doble”, “Lenguaje de los bosques” (la Naturaleza es una constante en su escritura) o “Nefelibata”, del que extraemos estos versos que cierran el poema: «Así, contempla desde las honduras los senderos / de la vida y la muerte. / Imagina tu hábitat en el desierto. Y habla / enumerando la nada, / tu existencia». Toda la tensión poética contenida en este libro podría resumirse con esta afirmación del poeta: «Priman las palabras para dar forma a las ideas, no al revés”.
Título: Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo
Autor: joséagustín hayadelatorre
Edita: Amargord (Madrid, 2016)



domingo, 6 de noviembre de 2016

JUAN DE LA CRUZ. SILENCIO Y CREATIVIDAD. ROSA ROSSI




JUAN DE LA CRUZ
Silencio y creatividad

Conviene a veces despejarse un poco de las lecturas de poesía actual –tan plana e insustancial en muchos casos- y adentrarse en el estudio pormenorizado de autores clásicos, que nos deparan verdadero gozo al comprobar su vigencia aún y su excelencia literaria. Ahondar en la figura del más grande poeta místico español Juan de la Cruz es lo que nos propone la escritora e hispanista Rosa Rossi (Casona, Italia, 1928 – Roma, 2013) en este extraordinario ensayo que titula “Juan de la Cruz. Silencio y creatividad”, que escribiera allá por la década de los años 90. Rossi es una gran conocedora de la poesía mística española y a ella ha dedicado otros estudios como el realizado sobre Teresa de Jesús, recogido en el libro titulado “Teresa de Ávila. Biografía de una escritora”. En esta ocasión Rossi nos introduce en la vida y obra de Juan de Yepes, destacando en todo momento al hombre que acompaña siempre al poeta, que vive y siente como ser humano, pero que es capaz de transformar su experiencia vital en algo que va más allá del conocimiento y la lógica, que trasciende de sí mismo. Rossi nos procura el acercamiento al hombre de Juan de Yepes desde sus primeros días de existencia cuando nos habla en el primer capítulo del libro de “El hijo de la Catalina”, donde relata las vivencias en el seno de una familia muy pobre, de una vida truncada por la pronta muerte del padre, tenía entonces Juan de Yepes 3 años. Con relación a la infancia del poeta escribe Rossi: «Catalina y sus hijos vivieron, en conclusión, en los márgenes del gran ejército de mendigos que atravesaba Europa entera y cuyas filas se adensaban particularmente en España. Para llegar a comprender un poco al menos el itinerario de este creador solitario habrán que recordar siempre que tuvo muchas ocasiones de ver en la gente que estaba a su alrededor, o incluso en su propio rostro –y en el de sus hermanos- la imagen del hambre, de la “enfermedad de la miseria” tal y como la encontramos descrita a través de testimonios de la época en los libros de Pietro Camporesi: Se ve a casi todos reducidos a una flaqueza deforme a modo de momias». Esta trascendente circunstancia, junto al conocimiento del trabajo manual en aquellos primeros años fue determinante en su posterior formación intelectual: «En realidad Juan de la Cruz es uno de los escasos escritores que han conocido el trabajo manual antes que el intelectual. Su madre le envió al taller primero de carpintero, después de sastre, luego de grabador y finalmente de pintor. Y entretanto Juan ayudaba en su casa, de buen grado y con ahínco, en la labor de tejer». Estos son los dos grandes pilares sobre los que sustentará su vida. Nunca, pues, olvidará su condición humilde, ni como hombre ni como poeta. El conocer cuando era enfermero en el Hospital de la Concepción de Medina del Campo a su administrador, Alfonso Álvarez de Toledo fue determinante para su formación intelectual: «Durante los años en que frecuentó los estudios clásicos –además de las fascinantes posibilidades del lenguaje poético y en prosa en las páginas de los escritores antiguos- Juan debió descubrir la extrema dimensión radical del conocimiento como esfuerzo para ir “más allá”, de pasar como a través de un muro hacia lo desconcido, hacia lo incognoscible».
 Convertido en Juan de Santo Matía de la orden de los carmelitas calzados no tardaría mucho, tras conocer a Teresa de Cepeda, fundadora de la orden de los carmelitas descalzos en tomar por nombre Juan de la Cruz. Rossi analiza en este magnífico ensayo otras cuestiones como sus relaciones con Teresa de Jesús, la vida conventual, las diferencias, su paso por la cárcel, su estancia en Beas de Segura, Granada, Madrid, pero sobre todo nos adentra en la esencia del Juan de la Cruz poeta a través de su obra. Esta es la cuestión más importante y que podría resumirse, para comprender –si acaso puede comprenderse hoy aquella vida- al poeta en dos aspectos esenciales de la condición humana: «la capacidad para estar en soledad, para estar uno consigo mismo, y la disponibilidad auténtica para con los demás. Una “soledad sonora”». Todo en Juan de la Cruz fue pasión, pero sobre todo una dejó entrever, como dice Rossi: «la pasión por la soledad. La necesidad de estar físicamente solo y físicamente en silencio. En él esa pasión por la soledad “no era como una laceración, sino como una herida que cicatriza, la clausura fecunda donde poder reencontrarse, un lugar de recogimiento…era el estar consigo mismo». Y como conclusión, una más entre las muchas que pueden encontrarse en la lectura de este libro, tomemos estas palabras del prólogo a “Subida del Monte Carmelo”: «ni basta ciencia humana para lo saber entender ni experiencia para lo saber decir; porque sólo el que por ello pasa lo sabrá sentir, mas no decir».
Título: Juan de la Cruz.Silencio y creatividad
Autora: Rosa Rossi
Traducción: Juan-Ramón Capella
Edita: Trotta (Madrid, 2010)