domingo, 14 de junio de 2015

El oro fundido de Francisco Gálvez analizado por José Antonio Santano




EL ORO FUNDIDO

 Después de un paréntesis de nueve años, el poeta Francisco Gálvez (Córdoba, 1945) nos presenta su nueva obra “El oro fundido”, al cuidado de la prestigiosa editorial valenciana “Pre-Textos”. En esta ocasión el poeta se abisma en el expresionismo, en esa búsqueda de la oralidad que cimenta el texto de principio a fin, y dividido en nueve partes o secciones. La primera de ellas, “Argumento”, recoge el poema que da título al libro y que nos confirma el buen oficio de su autor, la calidez de la palabra y sus variadas formas expresivas, la madurez con la que el transcurso del tiempo ha dotado al poeta: “Has aprendido que el vitriolo / puede blanquear los metales / del óxido del fuego / y las cosas fundidas / heredan mayor importancia”. El argumento no podía ser otro, la observancia de lo cotidiano en la más alta cima, en su exacto valor de atesorada heredad, esa que la vida proclama cada día. Distintos y variados son los registros poéticos de Francisco Gálvez, como distinta y variada la temática contenida en este libro. Determinante y núcleo de ese expresionismo indicado con anterioridad es el poema en versículos del “Prólogo”, titulado “Tomando el sol después de comer” y en el cual memoria y palabra se amalgaman y sustentan el discurso poético: “Patio de una casa de vecinos de antes, con habitaciones / alrededor, cocina y servicios comunes (…) Con el tiempo todos se marchan a los barrios modernos / y demasiadas habitaciones para taller (…) Hoy muchas cosas han oscurecido, sobre todo gente y ruido, pero hay un / poeta invisible que lee sus primeros versos bajo los arcos”.


Editorial Pre-Textos
La descripción de lo vivido se hace luz y verbo en “Contenedores”, cuando la mirada vuelve a los orígenes y todo se sucede en el ciclo de la vida: “LA MIRADA, como la punta de un diamante rasga el pasado / y en la ventana del tiempo se mueven las imágenes”, porque ella –la mirada- busca en el paisaje (el río y sus orillas, la calle de los juegos  infantiles, el taller de los orfebres, la iglesia, la plaza del mercado, las noches de verano a las puertas de las casas…) la palabra en su esencia, como ocurre en poemas tales como “Economía” o “Dinero”, o incide en el paso del tiempo, en la cohabitación de filosofía y poesía, hasta concluir en esas otras “Palabras mudas”, en ese juego de preguntas sin respuesta, de un mundo que se abisma al vacío, a la nada. Gálvez es un poeta con oficio y su poesía vital y luminosa:“Cuando / la poesía que quieres escribir está escrita en tu poema / preferido, sólo tienes que seguirla, vivir su música, su gloria de / todos, en voz baja o alta se sienta a tu lado y permanece; tras / ese rastro sereno, desde tu camino sigue el camino”.