domingo, 31 de mayo de 2015

Sulayr, dame cobijo. Ángel Fábregas.




SULAYR, DAME COBIJO


 “Sulayr es el nombre que dieron los árabes a Sierra Nevada. A su vez es la arabización de Mons Solarius, la montaña del sol de los romanos”, nos aclara Ángel Fábregas en las páginas preliminares de su novela “Sulayr, dame cobijo”, una historia de resistencia y libertad, de supervivencia y heroicidad ante uno de los hechos de la posguerra española más dramáticos también, si se tienen en cuenta las circunstancias que rodearon la insumisión que dio lugar al maquis español. La consecuencia de un golpe de estado, la ascensión al poder de su autor, el dictador Francisco Franco, y la defensa a ultranza de las libertades con la propia vida dio lugar a la sublevación, a la resistencia y lucha armada ante la opresión y la ofensa continua, la humillación a que fueron sometidos los pueblos los habitantes de los pueblos de España, con más inquina los serranos, por la existencia de la guerrilla antifascista. Uno de esos pueblos fue Ugijar, en la alpujarra granadina y limítrofe de la provincia de Almería: “El tiempo en esta aparente Arcadia transcurría despacio al ritmo de las faenas del camo, con el soniquete rítmico y monónoto de los cascos de las bestias de carga repicando sobre las calles empedradas o los gritos de la chiquillería al salir de la escuela jugando al escondite y a la rayuela” (pág. 11). Pero ese ambiente tranquilo y rutinario de este pueblo alpujarreño contrasta con otro bien distinto, el que anida en sus habitantes, nos referimos a ese que se siente y entristece las miradas: “El miedo al vecino, al hambre que acecha en las tormentas de octubre, que a menudo destrozan los cultivos, o a la enfermedad que seguía al hambre, con sus rostro de tisis, d tracoma o de pulmonía, se reflejaba en gestos huidizos, en miradas desconfiadas. Un temor cerval que llevaba a la mayoría del trabajo de sol a sol a sus moradas, sin pasar siquiera un rato por la taberna para echar un vaso de vino y que mantenía a todos cuando conversaban en un tono de permanente voz baja ” (pág. 12). En esta situación vivía Fernando Almazán, el médico del pueblo y protagonista de esta novela primera de Ángel Fábregas.
 El médico luchó en el bando de los vencedores, pero no odia, incluso puede que sienta una cierta empatía con los vencidos e insumisos. Su secuestro por un grupo de maquis cambiará su vida. El discurso narrativo se inicia “ab ovo”, con presencia puntual de diálogos, y de un narrador omnisciente. Una ópera prima donde el lector pasará del intento de fuga del médico secuestrado al reencuentro con el amor, que cambiará su concepción del mundo y hará de él un hombre nuevo. Una novela que rescata dignamente “la memoria histórica”. Una lectura recomendable.