domingo, 8 de febrero de 2015

La paciencia de Sísifo. Jesús Aparicio

LA PACIENCIA DE SÍSIFO. 

Salón de lectura por José Antonio Santano.

Las primeras palabras del poeta destilan ese rumor de amorosa entrega. Pretende así el poeta iniciar un viaje hacia el espacio infinito, vivir su soledad sintiéndose acompañado, esa, tal vez sea la razón por la cual Puri vive en la palabra escrita:

«A ti / estas manos se ofrecen
 / a abrir ese camino
 / que señalan tus ojos
 / para continuar andando juntos».

Son los primeros acordes de una melodía que irá componiéndose con el transcurso del tiempo, las vivencias del poeta, la cotidianidad trascendida. Jesús Aparicio (Brihuega, Guadalajara, 1961) construye un discurso poético coherente y en el cual se vislumbra la importancia del tiempo y sus silencios, la melancólica mirada hacia el pasado, pero no para exaltarlo, sino para grabarlo en la memoria como necesaria luz que ilumine el horizonte. Una cita de Albert Camus (“Uno debe imaginar feliz a Sísifo”) nos adelanta o muestra la clave de este poemario, esa felicidad imaginada en la figura de Sísifo –empujando la roca que nunca llega a la cima-, el paciente y esperanzado. Anterior a este poemario, “La paciencia de Sísifo”, Jesús Aparicio ha publicado diez libros de poesía, entre ellos: Con distinta agua, El sueño del león, Las cuartillas de un náufrago, La papelera de Pessoa y La luz sobre el almendro. Dos bloques de poemas constituyen el corpus de este libro: “Hojas de un calendario” y “La paciencia de Sísifo”, que da título al texto. El tiempo ocupa la primera parte, la fugacidad de la vida que resume en esas “Hojas de un calendario”, representativas de la observación de la realidad y que el poeta interioriza hasta conseguir la expresión exacta de lo cotidiano, sin renunciar a la natural hondura del verso. El calendario es la excusa para describir un paisaje que no oculta la esencia de la palabra, la que el poeta muestra a lo largo de los doce meses del año 2012, como si en cada uno de sus días hallara la magia y el misterio que alumbra al hombre y sus sueños. Las hojas del calendario son tal vez metáfora del otoño que vive en el poeta, de un tiempo que regresa a los días de la infancia unas veces:

«Cuando sientes que estás muy al borde de
/ que los sueños se cumplan
/ el vacío te engulle y te despiertas
 / empapado en sudor pero feliz
/ de encontrar ese lápiz
 / que ayer llenó de soles tu cuaderno
 / de parvulito»,

otras cuando se trata del acabamiento, la ida hacia la nada: «Sin pájaros cantando / sin arrullo del agua / sin hilo en la cometa / sin brisa que la mueva / sin escudo el dolor / sin sombra que te avise / sin olas en la playa / sin vino en la copa / sin arena en los pies / sin vocal en tu nombre / sin memoria / nos vamos».

Pero el hombre y el poeta, al unísono, sienten que el tiempo se escapa entre los dedos, que la vida es un segundo y hay que apurarla hasta desfallecer, porque las hojas van cayendo, una a una en su vuelo de soledad infinita, en el tiempo que marca un simple calendario:




 «He acumulado tanto papel para quemar
 / que hasta el viento asombrado
 / sopla y los salva de la llama
/ sopla y les premia con la dispersión
/ por si alguien rescata algún fragmento
 / del olvido».

En la segunda parte, “La paciencia de Sísifo”, la mirada se adentra en los entresijos de los espejos para calar en hondura y sentimiento cuanto acontece y fluye en derredor, al encuentro de la luz que vive en el interior -la poesía- («El duende es caprichoso y nos exige / trabajar la mirada / para dar con la luz. / En poesía no / todo vale y nada / es lo mismo», en lo más profundo de la condición humana, y así, casi sin darnos cuenta, volvemos a la raíz, a los orígenes del ser. Aparicio González nos invita a pasear por los jardines de la memoria y en ella se sumerge, con lentitud novicia hasta hallar el camino o la senda de los sueños: «Voy cambiando de sueños, de razones, / pues quien me mira desde el espejo / aún no soy yo». Así nos devuelve a la vida, a sus eternos silencios y alborozos. El poeta se identifica con el mito de Sísifo, metáfora del hombre que siente la inutilidad del esfuerzo, en su infructuoso lucha por la inmortalidad y representado fielmente en el poema que da título al libro “La paciencia de Sísifo”:

«La inmortalidad en el horizonte, 
/ en la cima la esencia de esa flor 
/ con que te engaña el ser mutado en roca. 
/ Subir con ella fue vivir / aunque te pese 
/ y caer 
/ y levantarse
 / y ascender 
/ y arrastrarse 
/ y caer
 / y en cada intento 

/ la piedra se desprende de palabras 

/ y al final, / sin vano equipaje,
 / te abrazas al silencio 
/ en un sueño vacío
 / inmortal».

 Mas Jesús Aparicio sabe que la palabra es fuego y semilla, mágico vuelo de cometa: «Sueltas hilo / y te abrazas al viento, / subes a donde nadie espera, / vas dejando atrás polvo y raíces. / Todo humano hacer es intuición y juego». Sin duda que el buen hacer poético de Jesús Aparicio queda paciente y sobradamente demostrado en este poemario.

 
Título: La paciencia de Sísifo
Autor: Jesús Aparicio González
Edita: Libros del aire (Madrid, 2014)