domingo, 25 de octubre de 2015

La mesa italiana. Víctor Jiménez


LA MESA ITALIANA


  El poeta necesita del desdoblamiento, de la mutación para enriquecerse con los otros yos, vivir cada uno de ellos con la misma intensidad, esa que nos abrasa en la pérdida de lo cercano. Dice el gran poeta Rafael Guillén que el buen escritor es aquel que anda por el borde del abismo, y añado, el que se abisma en el vacío de la nada, de la oscuridad o el fulgor de lo inexistente o desconocido para crear una realidad distinta y quizá única, pero no menos verdadera que la realidad misma. La prestigiosa editorial Renacimiento nos propone una nueva aventura poética de Víctor Jiménez (Sevilla, 1957): «La mesa italiana», que es, «en teatro y por extensión en cine y televisión, una lectura conjunta con todo el reparto de un guión», como así aclara al inicio del libro su autor. Y, ciertamente, el poeta es uno y todos los actores del reparto a la vez, y así lo manifiesta desde el primer poema, un certero y magnífico soneto, del que reproducimos el último terceto: «Sólo el reparto, apenas unos pocos, / para leer, sin cámaras ni focos, / el guión inacabado de tu vida». No hay duda de que Víctor Jiménez es un gran sonetista y que su dominio del endecasílabo es extraordinario, hecho podrá comprobarse a lo largo de la lectura este poemario. Su celo y cuidado en mantener a buen recaudo la mejor tradición poética española es un garante de su particular modo de entender la vida, esa vida inacabada a la que hace referencia en el poema que da título al libro. El poeta es actor de actores, y esta circunstancia nos llevará a comprender mejor el universo poético –vital- que nos muestra. Lo hará en cuatro actos o secuencias carentes de título o marbete, pero bien definidas y diferenciadas, en las que la infancia, los trenes, las películas y el amor conformarán la temática de este gran guión llamado vida. Se adentrará el poeta en el territorio de la infancia en el poema «Niebla en el pasado» y buceará en el recuerdo de los inviernos, en esa niebla de la magia e ilusión de la epifanía: «Y mira y pasa entre la niebla y va, / en esa tarde mágica de enero, / en busca de Tres Magos que le traen, / desde Oriente, regalos, caramelos… / Más vuelve el frío y sigo solo y sigue / el niño aquel perdiéndose a lo lejos». El tiempo que nos aleja, que rememora la soledad en la que vive , que siente el poeta en una estación de tren cualquiera, a la espera de un tren que nunca llega: «Siempre nos clava el tiempo sus agujas. / Y aquí te ves, te ves al fin tan solo / como el que espera en el andén vacío / de otra vieja estación abandonada / el tren aquel que nunca ha de llegar». El soneto como metro distintivo de la personalidad poética de Víctor Jiménez, la contundencia del endecasílabo en la pantalla del cine de la vida, un rosario de imágenes que marcarán cada instante vivido, y el amor como fulgor siempre: «La que conmigo va, viene a mi encuentro. / Contigo va quien quiero, / quien por mi corazón quema sus naves. / La que comprende lo que no le digo / y me lee en los labios que la espero. / La que tú llevas dentro y en el fondo ya sabes / que una noche de luz vendrá conmigo». En «Un grito en la oscuridad» el poeta vacía todo el dolor por la ausencia del recuerdo que el Alzheimer provoca en la madre: «Se ha perdido una niña, / desvalida y desnuda, / en su mundo de niebla, / en las calles del tiempo, / como si llevara, / arrasándolo todo, / un vendaval terrible / de regreso a la nada. / Se ha perdido una niña / de más de ochenta años…» No ajeno a la realidad de las redes sociales, se adentra en sus soledades, en su incomunicación; recordará al amigo poeta en la figura del tristemente desaparecido Rafael de Cózar, como reclamo de una poética que ronda también la muerte: «Por distintas razones del alma y los latidos, / andando llevo un tiempo a vueltas con la muerte. […] Porque hay vidas que duran lo que quiere la muerte / y muertes hay que duran lo que quiere la vida». Vida y pura poesía la que hallamos en este poemario de Víctor Jiménez, que puede resumirse en el último de los poemas, “Pregúntale al viento” y estos versos: «Me preguntas, amigo, de quién hablo. / Si soy el personaje que va y viene, / con más nubes que claros, y más dudas, / de poema en poema, por el libro…Y no sé qué decirte…porque, a veces, / tampoco sé quién soy ni quién he sido». Lo dicho, pura poesía.

Título: La mesa italiana
Autor: Víctor Jiménez
Editorial: Renacimiento (Sevilla, 2015)

jueves, 22 de octubre de 2015

Diana Varela Puñal traduce al gallego SIRTAKI POLA LIBERDADE

Esto no para, suma y sigue: "Sirtaki por la libertad" ahora traducido al gallego por la poeta Diana Varela Puñal. Agradecido.
SIRTAKI POLA LIBERDADE
Ao pobo grego, agora e sempre
Soa a música…
Cara a antiga Hélade a luz torna
para avivar o lume da verba
orixe dos tempos e a vida,
raíz da razón, arco da vella de soños
en voo de pombas, alta torre ou faro
en faíscas de esperanza
sempre.
Que nunca ninguén humille ao home
nunca
e das súas mans só semente ofensas
e vexacións, que nunca
poida o lobo ser lobo para o home
nin apoucar
sequera cos xestos o seu dominio,
que nunca sexa usura a bandeira izada
ao vento deste século que fustriga
ao desamparo e a pobreza,
nunca
do humilde renegue.
Sexa a música a voz de toda orfandade
no mundo
deixade que os sons
cabalguen
cara a luz da aperta,
nunca no abismo da indiferenza,
no silencio da escravitude
habitada polo medo
nunca no sangue e a tortura,
na dor inesgotable do exilio
e os desterros,
nunca máis
nunca
na xenófoba ollada
ou nos mortos asasinados
sepultos
polos séculos dos séculos.
Agora Zorba baila só na rúa
no seu centro de universo único
ergue
lentas e rituais as pernas
pouco a pouco
ergue os brazos,
xira levemente o corpo en onda
ata a orela,
move as mans
en cruz balancean lixeiras
como plumas, un paso cara adiante
cara atrás outro, agora á esquerda
agora á dereita, in crescendo
os sons dos buzukis e a guitarra,
os corpos que se buscan, as mans
que palmean, axítanse e rózanse,
a rúa rosas circulares, pétalas
entrelazados os corpos
que xiran
e xiran tal carrusel,
a un círculo
únese outro, e outro, ata a infinidade
da aperta, dun só corpo trenzado
que danza e danza
inesgotable
que berra na súa extinción: Zorba!
e volta a ser estremecedor canto
nos fillos da Hélade
contra o monstro
das tres cabezas –indolente Europa-
camiño cara a vitoria
definitiva en Salamina,
pola liberdade.
Tradución ao galego de Diana Varela Puñal

domingo, 18 de octubre de 2015

Sucesión de lunas. Jesús Cárdenas



SUCESIÓN DE LUNAS

 Cada vez que se inicia la lectura de un nuevo libro de poesía uno tiene la sensación de bordear un precipicio, de caer al vacío (de sus páginas) sin saber cuál será el resultado final, si de emoción, temblor, indiferencia, extrañamiento o asombro. Nunca se sabe, a priori, el final de la apasionante aventura que es leer, en su más amplio sentido. La verdad puede ser más de una, tantas como lectores y esta es, justamente, la esencia, la importancia de la literatura (de la poesía) como acto vital. En esta ocasión nos acercamos, por vez primera, a la obra del poeta Jesús Cárdenas (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1973) y a su último poemario Sucesión de lunas, quinto libro en su trayectoria, siendo anteriores a este los siguientes títulos Algunos arraigos me vienen (2005), La luz de entre los cipreses (2012), Mudanzas de lo azul (2013) y Después de la música (2014).
Con prólogo de Manuel Rico, el poemario se divide en dos bloques: Un prodigio en la palabra y Promesas de espejo. Viene a decir el prologuista de Sucesión de lunas: «Se trata de un libro de poesía amorosa en el que Cárdenas demuestra la variedad de registros en que su voz se mueve…En el fondo estamos ante una suerte de libro-poema dividido en dos grandes apartados de distinta factura». Y así es. En el primero de los apartados citados el poeta indaga en el universo mágico de la palabra («Deja que ahora te brote la palabra, / acata su dictado, / su cadena de sílabas secretas / antes de blandirla en el libro impreso. / Déjala que te tiente, que te, / que te ronde obsesivamente, / mucho antes de que el aire la trasiegue.»), unas veces en verso y otras en prosa, se adentra en sus misterios para mostrarnos una voz entregada al amor, su evocación: «Presiento que la luz va a detenerse / justo ahora en el talle desnudo / pare viva / de este prodigio que es tu cuerpo entero. […] En tu cintura casi incorpórea / el aire / esculpiendo presencias en suave balanceo, / reflejo de las mismas formas que te moldean». En el segundo de los apartados Cárdenas el hilo conductor, la construcción poética se cimenta en la “lluvia”, que aparece continuamente tanto en los poemas en verso como en prosa (en mayor proporción que los del primer bloque). La lluvia, como experiencia vital, sirve de guía en la construcción del discurso poético en el cual se abisma el poeta. La lluvia como savia, esencia misma de la vivencia amorosa, de la emoción surgida del amor. El poeta se hace lluvia, explosión de lluvia junto a la amada, en los recuerdos que retornan en vuelo de nubes y silencios: «Sobre tu pelo vi gotas de lluvia, cansadas, pero tú no te movías; la lluvia en ti encontraba su refugio (también llegaba a descifrar tus miedos). Abatida caía en forma de caricias hasta cercarte sin calor alguno. […] Entonces, el eco de la lluvia, solo el eco de la lluvia; hoy, la escarcha en mis pupilas.» El verso en prosa, como ya hemos indicado anteriormente, predomina en esta segunda parte, tal vez con la intención de reflejar la presencia continua de la lluvia, de su latir incesante en el paisaje («Nadie permanece indiferente a los latidos de la lluvia», como el amor que vive en el poeta: «Tú bajo el aguacero de estos versos, / como víctima de lo que atesoro, / entre tanto silencio por deshacer lo intacto. / No me dejes aquí / sin el tacto de tu paraguas / fecundando los pastos». Esta es una breve muestra del contenido de este interesante poemario Sucesión de lunas, y de una voz singular, la del poeta sevillano Jesús Cárdenas.


Título: Sucesión de lunas
Autora: Jesús Cárdenas
Editorial: Anantes