domingo, 8 de marzo de 2015

Los ángulos del cielo. Alejandro López Andrada


LOS ÁNGULOS DEL CIELO

Al buen poeta –la buena poesía- se distingue por un continuo desangrarse en la palabra, su aroma impregna los sentidos hasta hacernos desfallecer de alegría o de tristeza, da lo mismo. Lo importante es ese instante mágico en el que nos adentramos en un bosque desconocido donde poco a poco el asombro surge de la palabra, de las palabras que flotan en el aire y surcan el espacio una y mil veces mil, hasta construir con ellas nuestro propio abismo o paraíso, la vida en su más pura esencia. La poesía es en sí misma deslumbramiento, misterio, vértigo, dolor, explosión de colores y risas. Es la poesía como un eco ensordecedor que se repite incansablemente. Por eso el poeta vuelve casi siempre a los orígenes, al principio de todo, porque ese es su territorio natural, y en sus brazos se refugia hasta adormecerse muy lentamente. Poesía y conocimiento para indagar en la condición humana, en la naturaleza brío de lo soñado. Solo el poeta ante la nada, hundiendo la mirada en el abismo del silencio para descubrir la ardentía de la palabra, su fuego eterno. La poesía como un eco atronador que se repite hasta la saciedad, compulsivo y tembloroso, arañando el tiempo en el espacio añil del cielo, en sus numinosos ángulos. Hasta ellos, "Los ángulos del cielo", remonta el vuelo el gran poeta corodobés Alejandro López Andrada (Villanueva de Córdoba, 1957).

 Esta nueva entrega poética de López Andrada viene a confirmar su apego a la tierra, al hogar primigenio en contacto siempre con la Naturaleza -, alejado de las grandes urbes, aunque sean ambos territorios escrutados por la mirada del poeta. El también poeta cordobés Juan Antonio Bernier -sobrino del que fuera fundador del grupo Cántico, Juan Bernier- tituló uno de sus poemas "La naturaleza es el país de la lengua", aserto de la trascendencia referencial de la Naturaleza en la poética de López Andrada, como así lo confirma también en el prólogo José Manuel Caballero Bonald, cuando dice: "La identificación de Alejandro López Andrada con la naturaleza determina una vertiente significativa de su obra general, por no decir la que más propiamente la enmarca y define". 

Y así es, la Naturaleza en estado puro, el hecho diferencial y al mismo tiempo convergente de su razón poética, de su mirada serena, el aval, la garantía cuando surgen como truenos las palabras, las que poco a poco se quedan, y anidan en el albo papel, alumbrando oscuridades o precipitándose al vacío, la cara y la cruz, el latir de la vida al desnudo. "Los ángulos del cielo" es un libro de madurez, equilibrado en su construcción, acertado en la forma y el fondo, que huele a hierba fresca y sabe a vino de bodega, explosión de los sentidos, también un viaje al corazón de la naturaleza humana, un canto grito que despierta del letargo en que vivimos, tan ajenos y lejanos. Con "Lejanías", precisamente, se inicia este periplo de idas y venidas, aglutinador de percepciones y visiones en un tiempo gris que gravita en el aire y el asfalto de las ciudades, en las cuales el hombre una sombra, un vencido más: «Ahora ya formo parte del dolor, / de la desolación / de una ciudad / que grita insomne en medio de los parques, / donde no anidan ya las golondrinas». En “Claridades”, el poeta mira hacia adentro, al fondo de sí mismo, en esa búsqueda inagotable del amor: «Dentro de mí, / el silencio escribe, a solas, / la lenta claridad de una mujer: / la única luz / que me hace amar el mundo», y en ese errar por el mundo halla una luz que le devuelve a la nostalgia, a la emoción de lo vivido, como es el caso del poema “Parque del retiro”: «…en ese azul dorado, / coloquial, de un parque de Madrid, / siento la vida, / la lejanía exacta de aquel cielo / que sólo vi en los días de mi infancia / y ahora regresa limpio…», correspondiente a la tercera parte del libro “Huecos del cielo”. Mas el poeta escribe desde su soledad de hombre y pájaro que asciende hasta las nubes, y desciende luego de descubrir de nuevo esos “Horizontes” ocultos tras la niebla de los días, en el óxido de las vías de una estación cualquiera: «Llevo en mis pies / sin rumbo el lento óxido / de los ferrocarriles, / la tristeza / del que no tiene un sitio para huir / y avanza solo y ciego en el crepúsculo». El poeta ante sí, desde “Interiores, proclama su singular concepción de lo divino, para concluir con la mirada fija en “Los ángulos del cielo”, que cierra el libro, en un prodigioso “Contraluz” que devuelve al poeta a los orígenes, a la tierra madre:«Al contraluz del cielo, veo los chopos […] mi tierra, mi memoria, esa orfandad / de espacio / donde escribo lo que soy, / lo que seré mañana y lo que he sido». Este libro, de bella y cuidada edición, viene a confirmar, una vez más, la excelencia lírica de Alejandro López Andrada, su sólida trayectoria, situándolo en un lugar destacado del panorama poético español.


Título: Los ángulos del cielo
Autores: Alejandro López Andrada
Editorial: Valparaíso (Granada, 2014)