domingo, 28 de diciembre de 2014

Tiempo gris de cosmos. Fernando de Villena.

Literatura y Ensayo. Wadi-as Información

por Fernando de Villena


Sacudido por una gran emoción, he finalizado ahora mismo la lectura del libro “Tiempo gris de cosmos”, de José Antonio Santano. Yo conocía toda su obra anterior y había escrito sobre algunos de sus títulos.

“La piedra escrita” me pareció un libro estremecedor presidido por el tema de la muerte; “Suerte de alquimia” fue un buen poemario de amor y pasión... Por aquellos días ya señalé que en la poesía de José Antonio Santano venían a confluir la mediterraneidad del litoral almeriense donde vive desde hace bastantes años con el telurismo y la estirpe senequista de los autores cordobeses, desde Cántico hasta Vicente Núñez. Y también afirmé que José Antonio era un poeta vitalista y que su mismo tono elegíaco empleado a veces nacía de ese fuertísimo amor a la vida y a sus dones.
“Tiempo gris de cosmos”, su poemario recién publicado en la granadina editorial “Nazarí”, es un libro marcado por el dolor, un gran lamento, pero, de igual modo que sus anteriores títulos, nacido del gran amor a la vida que siente el poeta y de su rabia y angustia ante este tiempo gris en el que la existencia de los seres humanos no merece ningún respeto y es mancillada cada día de muchas maneras.

Tras el ombliguismo y la frivolidad de gran parte de la poesía española de las últimas décadas (sobre todo de la poesía de la Experiencia), al presente se percibe una rehumanización, una vuelta del yo al nosotros. Y así, en “Tiempo gris de cosmos” leemos versos referidos a los mendigos y los desfavorecidos tan significativos como éstos: “Con ellos comparto hoy mi vida sino suya y entera para siempre” O como estos otros: “... nada me queda sino acopiar todo el llanto humano y hacerlo mío, sólo mío.” Encontramos, pues, aquí a José Antonio Santano tan dueño de ese ritmo, de esa musicalidad del verso, de esas grandes y continuas metáforas, como en sus entregas anteriores, pero su poesía ha ganado en hondura, en tensión emocional, en lo que él y otros autores nombran “humanismo solidario”. En la primera parte del libro existe ya como una premonición dolorosa y cierto tono existencial hasta el punto de llevarnos a preguntarnos qué lugar queda para la esperanza. Y entonces nos llega la segunda parte del poemario formada por un solo poema dividido en diez secuencias, un poema que constituye un monólogo del escritor que contesta a la pregunta que se nos hace al entrar en facebook: “¿Qué estás pensando?” Ese extenso poema donde el autor toma partido por los desfavorecidos, los enfermos, los miserables, los mendigos, los niños hambrientos..., representa un feroz alegato contra este tiempo de impostura e injusticia, un alegato escrito con una fuerza withmaniana. Aunque al final, José Antonio Santano nos viene a decir que sólo el Hombre que oficia de Hombre alcanza su sentido en este naufragio. Debo añadir que el libro incluye también un brillante estudio sobre la poética de Santano firmado por el también poeta José Cabrera Martos.

El Gremio de Libreros de Almería

El Gremio de Libreros de Almería eligen las mejores obras de...


El Gremio de Libreros de Almería, como cada año, quiere premiar la labor de escritores y editores almerienses y reconocer su esfuerzo, en un panorama desolador para un sector del libro que, de manera agudizada por la crisis económica, sufre el asedio de los grandes grupos editoriales y libreros, que se mueven con facilidad en el mundo de los mercados globales y las grandes cifras. 

A pesar de ello un nutrido y, se diría que aguerrido grupo de escritores almerienses, apoyado por las editoriales han hecho de 2014 un buen año para la cultura en la provincia. 

El Jurado del Gremio de Libreros de Almería, compuesto por Antonio Duarte (Nobel-Almería), Manuel García (Sintagma-El Ejido), Isidoro Salvador (Metáfora-Roquetas), Ana Amezcua (Picasso-Almería) y Rodolfo Criado (Espacio Lector Nobel-Vera) ha considerado las mejores publicaciones almerienses de 2014 en cuatro grupos genéricos. El premio Mejor Libro Almeriense 2014 en Narrativa ha sido para Mar de Irlanda de Carlos Maleno y el segundo premio también por su éxito de ventas es para Fresas amargas para siempre, de Fernando Martínez. En ensayo, historia y tradiciones almerienses el primer premio es para Almería, secretos y misterios de Alberto Cerezuela y el segundo Premio compartido por Enrique F. Bolea con Minas y Mineros, y Antonio Gil Albarracín con Almería, Plaza de Armas. 

En poesía, el primer premio es para Tiempo gris de Cosmos de José Antonio Santano y el segundo Premio para PequeñosDesnudos de Aníbal García Rodríguez. En infantil, el primer premio es para Hugo y el dragón de la noche de Gema Sirvent, con ilustraciones de Vicente Cruz Antón. El segundo premio para La mujer más alta del mundo, de Pablo Albo e lustrado por Iratxe López de Munían. 

El Gremio de Libreros destaca la publicación de la monumental Esencial, con la vida y obra de Carlos P. Siquier, editado por el IEA y el Museo Casa Ibáñez, con textos de Juan Manuel Martín Robles. También merecen mención en este 2014, el trabajo de las editoriales Arráez, Circulo Rojo, el Centro de Estudios Velezanos así como de la Editorial Libre Albedrío y de la Editorial Confluencias. Todas ellas han dado a luz espléndidos trabajos sobre la Historia y Tradiciones Almerienses, y publicaciones muy interesantes.

Ahora que amaneces. José Antonio Santano




SALÓN DE LECTURA_
Por José Antonio Santano


AHORA QUE AMANECES

Busca el hombre, el poeta, ese espacio colmado de ensoñaciones, donde la realidad y la ficción se mezclan y alteran en un baile de percepciones enfrentadas unas veces y armoniosas otras. En esa búsqueda por lo desconocido y el misterio, la palabra es lucerna que ilumina el universo, voz primigenia que habita la tierra y los mares, los ríos y las montañas en perfecta simbiosis. Desde sus inicios hasta este último poemario “Ahora que amaneces”, el poeta jienense, con residencia en Castelldefels, Felipe Sérvulo, propone una viaje hacia el verdadero cosmos de la poesía, esa que se incrusta en la piel primero para luego adentrarse en la sangre –embeleso de forma y fondo- hasta hallar el preciado amanecer del amor. De amor, sin más, trata este poemario, y desde su título nos lo anuncia ( Ahora que amaneces). Sí, el amor, pero entendido en su más excelso significado, ese que renuncia al “yo” para convertirse en “tú”. De amanecida el poeta renueva su deseo de conocer, de descubrir el amor en lo oculto, cuando despierta el día y está a solas con el aún somnoliento rostro de la amada: «Lo sé, no te gusta que escudriñe tu rostro / mientras duermes. Puedo explicarlo: / no es sensato perder la ocasión / de amarte un poco más, mirar calladamente, sí, / y ver la pequeña cicatriz que ocultas con maquillaje». Felipe Sérvulo conoce bien el sabor de la nostalgia, ese hálito de melancolía que fluye en sus versos como necesaria luz: «Hoy el vuelto a mi barrio. / No lo recuerdo con tanto silencio. / ¿Dónde están las rayuelas, / los balcones tallados de perfume? / Los terrados que eran horizonte, / las palabras de amor de Lucía, / o las risas de Juanito, / (se nos fue con casi nueve)». Y a pesar de todo, de lo vivido, del tiempo transcurrido el poeta sigue escribiendo cartas de amor, : «Porque, después de todo, me gusta escribirte / sólo cartas de amor». El amor como principio y fin, motor de vida, pues Sérvulo sabe bien de su existencia; su romanticismo bebe de la más profunda tradición literaria, esa que nace de un hondo sentimiento de idealización de la realidad misma, de cuanto rodea al poeta, pero sin renunciar a lo vivido, a la melancólica mirada de amante. Y por ello proclamará una vez y otra al otro, al “yo” trascendido en el “tú”, para escribir: «Amar, si duda. / Y mi lengua sin discurso. / Pero sé tus labios, / melodías que llegan lejanas […] Cuántos enigmas tiene tu cuerpo. / Cuántos solsticios, savia, pasión / y caribes alojas…/ Ocurre que esparces el día / y deslumbras. […] Cuando te nombro, / parece que está todo escrito.[…] Cuando no estás, / falta el sutil lenguaje de las flores, / los días sin horas, / la avidez indómita de la carne / que sólo sacias tú». Mas el poeta nos muestra la más cruda realidad, mira a su derredor y como un notario da fe de cuanto ve, y así nos dice: «Te hablo de trabajos basura, / de cuestiones perentorias, / asfixiantes y odiosas / que nos impone / el Banco Central Europeo». Es el día a día, la esencia de lo cotidiano, el pálpito de la ciudad y sus barrios, de las estaciones de metro, las calles, pero siempre consecuencia del reclamo amoroso: «Luego, me sumerjo / en Las Ramblas, los turistas / inventan letras para nombrarte / y casi siempre hace buen tiempo. […] Iré donde estés: / Horta, La Pau, San Adrià, Palau Reial o Gavarra; qué sería un metro sin tus hellas. […] Se adormece Barcelona / y la plaza ya es invierno, / hay un paisaje para un poema, / brisa que pasa y ya no vuelve. […] Pero buscaremos habitación / para pasar el destierro, / sincronizar latidos / y al amanecer, / cuando escampe la lluvia, / abriremos las calles / para volver a oír t’estimo / en las esquinas del Raval». La importancia del lenguaje poético en los nombres, simbolizados en Antonio y Ana, Federico, Salinas…: «Esta mañana, antes de la vuelta, / dejé flores y poemas con tu nombre, / en la tumba de Antonio y Ana. […] Qué consuelo sería, al menos, / escuchar la voz de Federico, que dicen está perdida. […] Y en la provincia más remota, volvería a llamarte Ángeles o Silvia o Llüisa. / Tal vez, Carmen, Elena, Montse…, / que es como llamarte y nombrar / a todas las mujeres del mundo»; también de los verbos: retorno, escudriño, descubro, laten en ese amoroso juego de la poesía de Sérvulo, que en el transcurrir de un día nos acerca al hecho amatorio con fruición. El amor al fin, como única verdad: «Cuando apagues la luz de la mesilla, / sabrás que no soy yo quien te vela, / sino la ciudad que guarda / tantos secretos. […] Cerré la puerta y olí tu madrugada».
Título: Ahora que amaneces
Autor: Felipe Sérvulo
Edita: La Playa de Ákaba (Madrid, 2013)

Ahora que amaneces. Felipe Sérvulo




SALÓN DE LECTURA_
Por José Antonio Santano


AHORA QUE AMANECES

Busca el hombre, el poeta, ese espacio colmado de ensoñaciones, donde la realidad y la ficción se mezclan y alteran en un baile de percepciones enfrentadas unas veces y armoniosas otras. En esa búsqueda por lo desconocido y el misterio, la palabra es lucerna que ilumina el universo, voz primigenia que habita la tierra y los mares, los ríos y las montañas en perfecta simbiosis. Desde sus inicios hasta este último poemario “Ahora que amaneces”, el poeta jienense, con residencia en Castelldefels, Felipe Sérvulo, propone una viaje hacia el verdadero cosmos de la poesía, esa que se incrusta en la piel primero para luego adentrarse en la sangre –embeleso de forma y fondo- hasta hallar el preciado amanecer del amor. De amor, sin más, trata este poemario, y desde su título nos lo anuncia ( Ahora que amaneces). Sí, el amor, pero entendido en su más excelso significado, ese que renuncia al “yo” para convertirse en “tú”. De amanecida el poeta renueva su deseo de conocer, de descubrir el amor en lo oculto, cuando despierta el día y está a solas con el aún somnoliento rostro de la amada: «Lo sé, no te gusta que escudriñe tu rostro / mientras duermes. Puedo explicarlo: / no es sensato perder la ocasión / de amarte un poco más, mirar calladamente, sí, / y ver la pequeña cicatriz que ocultas con maquillaje». Felipe Sérvulo conoce bien el sabor de la nostalgia, ese hálito de melancolía que fluye en sus versos como necesaria luz: «Hoy el vuelto a mi barrio. / No lo recuerdo con tanto silencio. / ¿Dónde están las rayuelas, / los balcones tallados de perfume? / Los terrados que eran horizonte, / las palabras de amor de Lucía, / o las risas de Juanito, / (se nos fue con casi nueve)». Y a pesar de todo, de lo vivido, del tiempo transcurrido el poeta sigue escribiendo cartas de amor, : «Porque, después de todo, me gusta escribirte / sólo cartas de amor». El amor como principio y fin, motor de vida, pues Sérvulo sabe bien de su existencia; su romanticismo bebe de la más profunda tradición literaria, esa que nace de un hondo sentimiento de idealización de la realidad misma, de cuanto rodea al poeta, pero sin renunciar a lo vivido, a la melancólica mirada de amante. Y por ello proclamará una vez y otra al otro, al “yo” trascendido en el “tú”, para escribir: «Amar, si duda. / Y mi lengua sin discurso. / Pero sé tus labios, / melodías que llegan lejanas […] Cuántos enigmas tiene tu cuerpo. / Cuántos solsticios, savia, pasión / y caribes alojas…/ Ocurre que esparces el día / y deslumbras. […] Cuando te nombro, / parece que está todo escrito.[…] Cuando no estás, / falta el sutil lenguaje de las flores, / los días sin horas, / la avidez indómita de la carne / que sólo sacias tú». Mas el poeta nos muestra la más cruda realidad, mira a su derredor y como un notario da fe de cuanto ve, y así nos dice: «Te hablo de trabajos basura, / de cuestiones perentorias, / asfixiantes y odiosas / que nos impone / el Banco Central Europeo». Es el día a día, la esencia de lo cotidiano, el pálpito de la ciudad y sus barrios, de las estaciones de metro, las calles, pero siempre consecuencia del reclamo amoroso: «Luego, me sumerjo / en Las Ramblas, los turistas / inventan letras para nombrarte / y casi siempre hace buen tiempo. […] Iré donde estés: / Horta, La Pau, San Adrià, Palau Reial o Gavarra; qué sería un metro sin tus hellas. […] Se adormece Barcelona / y la plaza ya es invierno, / hay un paisaje para un poema, / brisa que pasa y ya no vuelve. […] Pero buscaremos habitación / para pasar el destierro, / sincronizar latidos / y al amanecer, / cuando escampe la lluvia, / abriremos las calles / para volver a oír t’estimo / en las esquinas del Raval». La importancia del lenguaje poético en los nombres, simbolizados en Antonio y Ana, Federico, Salinas…: «Esta mañana, antes de la vuelta, / dejé flores y poemas con tu nombre, / en la tumba de Antonio y Ana. […] Qué consuelo sería, al menos, / escuchar la voz de Federico, que dicen está perdida. […] Y en la provincia más remota, volvería a llamarte Ángeles o Silvia o Llüisa. / Tal vez, Carmen, Elena, Montse…, / que es como llamarte y nombrar / a todas las mujeres del mundo»; también de los verbos: retorno, escudriño, descubro, laten en ese amoroso juego de la poesía de Sérvulo, que en el transcurrir de un día nos acerca al hecho amatorio con fruición. El amor al fin, como única verdad: «Cuando apagues la luz de la mesilla, / sabrás que no soy yo quien te vela, / sino la ciudad que guarda / tantos secretos. […] Cerré la puerta y olí tu madrugada».
Título: Ahora que amaneces
Autor: Felipe Sérvulo
Edita: La Playa de Ákaba (Madrid, 2013)