viernes, 7 de noviembre de 2014

José Francisco Aguilera López. No te rindas.



NO TE RINDAS

Si me pierdo en el camino, espero que me busques. La soledad no es buena compañía cuando tienes un corazón que late en la distancia. Espero que partas enseguida, que dejes el puchero ardiendo en la cocina, y que cojas tus botas de acampada. El camino puede ser largo, incluso triste, pero sabes que mi corazón merece que lo encuentres. Abrígate bien, seguro que hace frío cuando la noche llegue de improviso. No quiero que te resfríes mientras persigues la estela que dejaron mis ojos cuando miro el camino recorrido. No me importa el tiempo que inviertas, solo quiero estar contigo, y ahora camino solo, dibujando pasos que no hacen un camino, porque para caminar necesito estar contigo. No olvides ponerte ese gorrito que te hacía una cara divertida, cuando te vea quiero que lo lleves puesto, sin él, tal vez, tu sonrisa no sea la misma. Estoy cansado, no me pesa tu recuerdo, pero si tu ausencia prolongada. Llevo pedacitos de tu amor en mi mochila, esquirlas de besos que se funden en mis labios y calman la sed de tus abrazos, pero quiero, necesito que me encuentres, por favor, nunca dejes de buscarme. Corre, que tu aliento se funda con la premura del momento y en la distancia mi figura se haga ascuas y deseo. No olvides la bufanda, caminar sola da mucho frío. Te lo dice alguien que siente el hielo romperse a pedazos en su alma, que siente como la nostalgia se hiela entre las manos. Si me encuentras, no me digas nada, solo abrázame con fuerza ; disfruta el momento, no son necesarias palabras cuando el silencio no se calla. Date prisa, por favor, necesito que me encuentres. Deja las dudas acostadas en la cama; vuela, como si tus anhelos se hiciesen aire y recorriesen la distancia en un instante. Yo te espero. El tiempo se detiene cuando dos corazones se encuentran y comparten fantasías. No tengo prisa, pero por favor, no dejes de buscarme. Sería muy triste saber que te detuviste, agotada, y tus labios olvidaron el significado de mi nombre. Nunca te des por vencida, mi amor vale una vida caminando, y cuando lo encuentres sabrás que mereció la pena cada uno de los pasos que diste para traerme tu sonrisa.

José Francisco Aguilera López

Dos clásicos. José Antonio Santano



Nada mejor, en este tiempo de crisis generalizada, que un buen libro, o mejor dos libros, dos clásicos de la literatura universal de todos los tiempos. Un oasis representan, entre tanta vorágine, los libros “Un hombre acabado”, de Giovanni Papini y “W o el recuerdo de la infancia”, de Georges Perec, dos obras maestras que nos devuelven la fe en la literatura y en el hombre como creador de arte, ideas y pensamiento. Una vuelta a un humanismo depauperado por la desmedida ambición de los poderosos. Publicar en estos difíciles tiempos estos textos viene a confirmar que algunas editoriales: “Cálamo” en el primer caso y “Menoscuarto” en el segundo, apuestan por algo más que el simple beneficio empresarial –único objetivo de los grandes sellos editoriales-, es decir, afrontan el reto de competir en el mercado con productos de verdadera calidad literaria, un riesgo que difícilmente concurre en las más afamadas. “Un hombre acabado” es sin duda la obra maestra de Papini. 
Ha transcurrido mucho tiempo desde su primera edición (100 años), pero aún así es un libro imprescindible para entender la Europa del siglo XX. Papini es ese intelectual inconformista, renovador del pensamiento y las ideas transformadoras, representante de la vanguardia de su tiempo y, yo diría también, de nuestros días; escritor incansable y agitador de conciencias que supo, desde la libertad, crear un universo filosófico propio: «Queríamos trastornar la misma idea de la filosofía y dar al pensamiento las imágenes y el vuelo de la poesía; e inculcar en la poesía de los literatos una levadura, un fermento, una esencia de pensamiento […] y nosotros queríamos que fuera creadora (la filosofía) y que tomase parte en la obra de rehacer el mundo». George Perec es otro genio de las letras universales y “W o el recuerdo de la infancia” es una narración autobiográfica a través de dos relatos convergentes: la de una niño que crea una isla imaginaria llamada “W” y, por otro lado, los recuerdos vividos tras la Segunda Guerra Mundial y su posguerra, por ese mismo niño de ascendencia judía. 


Perec es un referente ineludible, uno de los grandes novelistas del siglo XX, y en este libro está presente como tal en cada una de sus páginas. En ellas sabe combinar las dos voces existentes para trasladarnos a una tierra imaginaria “W” unas veces, y otras, a la cruda realidad de los recuerdos infantiles. Y así, Perec escribe: «Pero la infancia no es nostalgia, terror, paraíso perdido ni Toisón de Oro, sino quizás horizonte, coordenadas a partir de las cuales podrían hallar sentido los ejes de mi vida». Con toda seguridad, dos clásicos de la literatura universal.

Dos clásicos. Estación Sur



Nada mejor, en este tiempo de crisis generalizada, que un buen libro, o mejor dos libros, dos clásicos de la literatura universal de todos los tiempos. Un oasis representan, entre tanta vorágine, los libros “Un hombre acabado”, de Giovanni Papini y “W o el recuerdo de la infancia”, de Georges Perec, dos obras maestras que nos devuelven la fe en la literatura y en el hombre como creador de arte, ideas y pensamiento. Una vuelta a un humanismo depauperado por la desmedida ambición de los poderosos. Publicar en estos difíciles tiempos estos textos viene a confirmar que algunas editoriales: “Cálamo” en el primer caso y “Menoscuarto” en el segundo, apuestan por algo más que el simple beneficio empresarial –único objetivo de los grandes sellos editoriales-, es decir, afrontan el reto de competir en el mercado con productos de verdadera calidad literaria, un riesgo que difícilmente concurre en las más afamadas. “Un hombre acabado” es sin duda la obra maestra de Papini. 
Ha transcurrido mucho tiempo desde su primera edición (100 años), pero aún así es un libro imprescindible para entender la Europa del siglo XX. Papini es ese intelectual inconformista, renovador del pensamiento y las ideas transformadoras, representante de la vanguardia de su tiempo y, yo diría también, de nuestros días; escritor incansable y agitador de conciencias que supo, desde la libertad, crear un universo filosófico propio: «Queríamos trastornar la misma idea de la filosofía y dar al pensamiento las imágenes y el vuelo de la poesía; e inculcar en la poesía de los literatos una levadura, un fermento, una esencia de pensamiento […] y nosotros queríamos que fuera creadora (la filosofía) y que tomase parte en la obra de rehacer el mundo». George Perec es otro genio de las letras universales y “W o el recuerdo de la infancia” es una narración autobiográfica a través de dos relatos convergentes: la de una niño que crea una isla imaginaria llamada “W” y, por otro lado, los recuerdos vividos tras la Segunda Guerra Mundial y su posguerra, por ese mismo niño de ascendencia judía. 


Perec es un referente ineludible, uno de los grandes novelistas del siglo XX, y en este libro está presente como tal en cada una de sus páginas. En ellas sabe combinar las dos voces existentes para trasladarnos a una tierra imaginaria “W” unas veces, y otras, a la cruda realidad de los recuerdos infantiles. Y así, Perec escribe: «Pero la infancia no es nostalgia, terror, paraíso perdido ni Toisón de Oro, sino quizás horizonte, coordenadas a partir de las cuales podrían hallar sentido los ejes de mi vida». Con toda seguridad, dos clásicos de la literatura universal.