domingo, 6 de abril de 2014

Adriático. Salón de lectura



Mucho y bien se ha escrito sobre la ciudad de Venecia: Petrarca, Goethe, Dickens, Mann, Hemingway, Proust, Gauthier, James, etc. Ni escritores ni pintores se han resistido a su belleza, a su misterio, a su magia. La ciudad de los canales y los palacios, de las placetas recoletas, de las iglesias, la música, el cine o los carnavales. Venecia, la ciudad donde el tiempo parece haberse detenido, donde los sueños flotan igual que los vaporettos o las negras góndolas sobre el Adriático. Brodsky dejó escrito: «Al rozar el agua, esta ciudad mejora la imagen del tiempo, embellece el futuro. Ése es el papel de esta ciudad en el universo». ¡Cuánta verdad le asiste al poeta ruso! Venecia es un universo a descubrir en cada esquina, en cada puente, en la amplitud de San Marcos o en las recónditas plazuelas, en la estrechez de sus calles o el silencio de la noche. Rilke tampoco pudo resistirse a su belleza y dijo de ella: «Pues lo bello no es más que ese grado de lo terrible que aún podemos soportar. Todo ángel es terrible». Y algo de todo esto le ocurre a la autora de la novela Adriático, Eva Díaz Pérez, recientemente galardonada con el Premio Andalucía de la Crítica 2014. En esta narración confluyen el espacio, el tiempo, los tópicos atópicos, los silencios, pero sobre todo la mirada de su autora. Una mirada profunda, que llega hasta el mismo fondo de la laguna, que bucea en la condición del ser humano a través de los objetos que se abisman lentamente y quedan atrapados en el tiempo. Eva Díaz nos cuenta la historia de la saga Brunelleschi, encarnada en el último del linaje, el profesor Vittorio Brunelleschi, que tendrá como misión fundamental inventariar o catalogar los objetos o enseres extraídos de la laguna de Venecia. Con un lenguaje pulcro y de una gran belleza, llegando a veces al puro lirismo tras una prosa poética extraordinaria, Eva Díaz nos sugiere y nos descubre un universo escondido y secreto, hilado con gran maestría y oficio. 

  1. Título: Adriático
  2. Autor: Eva Díaz Pérez
  3. Edita: Fundación José Manuel Lara 
  4. (Sevilla, 2013)

Estructurada la novela en capítulos, su autora, va desgranando la historia de Vittorio Brunelleschi, de su fantasmal familia, que aún habita el Palazzo del Aire: Desde luego es una Venecia que no aparece en los mapas ni en los grabados que cuelgan de las paredes de viejos y silenciosos museos. En esta Venecia submarina las corrientes lagunares provocan en las casas un ruido de oleaje que llega distorsionado y que al subir hasta las estancias más altas sugiere una conversación de fantasmas. Acompañará a Vittorio, en este devenir narrativo, Pietro, un viejo enjuto, que dice haber sido «buzo, pulidor de espejos, pescador, recadero, cazador de ratas venecianas y hasta figurante en una película de Visconti». Cada objeto naufragado comportará una historia distinta y así, lo considerado baladí adquiere importancia y significado. Esta sucesión de narraciones independientes, pero integradas en el conjunto textual, están enlazadas por el mismo hilo conductor: los vientos. El siroco como evocación de un tiempo pretérito, incluso con cierto halo de Clarin: «Vittorio admira el paisaje calmo de Venecia que parece dormir la siesta»; el bora, frío y seco, que le recuerda la hermosa ciudad de Trieste, del pasado familiar:«El pasado de todos los que le habían precedido se incorporó a su existencia sin que él tuviera algo que ver. Era como si cargara con los pecados familiares acumulados durante siglos; y por último, el maestral, como símbolo del presente, de la realidad vivida, del reencuentro con la verdadera Venecia: «Una Venecia frágil, húmeda, de un verde viscoso y piedras en cuyas grietas se congelaba el agua. Venecia herida, pero eterna..Una Venecia para los venecianos». 


Ahora se imponen la realidad: las basuras de la laguna, los objetos naufragados, el anonimato, la magia, la recreación de lo acontecido, la caza de ratas venecianas, y todo con un lenguaje medido, pulcro y poético. Adriático es la imagen de una Venecia atrapada en el pasado, pero viva aún: «Trieste esta ahora dentro de Venecia y ambas a la vez dentro del rumor de un recuerdo adriático. Es él mismo, una corriente de aire que vuelve al mismo lugar después de un largo recorrido: la vida». Así es esta novela.