viernes, 31 de octubre de 2014

Mísera y corrupta España. Estación Sur

¡MÍSERA Y CORRUPTA ESPAÑA!

Cada día que pasa la casta política nos sorprende con un nuevo capítulo de esta serie interminable que parece ser “Corruptos”. Una nueva actuación policial da con treinta y cinco detenidos, la mayoría con cargos institucionales, primeros ediles y empresarios que, lejos de ejercer como verdaderos políticos y emprendedores se dedicaban a vaciar las arcas municipales, es decir, los bolsillos de los ciudadanos. ¡Menudos pájaros! En todos los casos se sabía que existían razones suficientes para acusarlos de corruptos, al menos la ciudadanía sospechaba de estos regidores tan amigos de empresarios, tan amigos del lujo y el boato, tan amigos del dinero (“poderoso caballero es don dinero”). Ahora más que nunca se hace necesario cambiar el rumbo de este barco si no queremos que naufrague, cuestión ésta de imprevisibles consecuencias. Este edificio (Estado) se construyó con falsos cimientos, con estructuras y privilegios propios del antiguo régimen -antidemocráticas- y el resultado es solo una enorme fachada que cae a plomo, tras el pillaje al que ha sido sometido. Uno tiene la sensación de que los políticos nos toman el pelo día tras día, sin descanso, que su desfachatez es tal que no tienen reparo en demandarnos paciencia, comprensión y muchos sacrificios, mientras ellos gozan plenamente de la vida. Nos han engañado vilmente, con premeditación y alevosía, y ahora no hay más camino que acabar con este despropósito; hay que echarlos de los ayuntamientos, las diputaciones, de los gobiernos autonómicos, de todas y cada una de las instituciones del Estado que no han sabido administrar con honradez y transparencia.
En las circunstancias actuales, ¿existe, acaso, algún rincón en España que no mantenga la sospecha de albergar corruptos? Con este panorama no es extraño que el hartazgo de la ciudadanía sea el que es y que la reiteración de los casos de corrupción nos lleve a situaciones límite y difíciles de controlar. La gran mayoría de los españoles -no la que votó al Gobierno del PP que sustenta la corrupción actual- demanda un castigo contundente y ejemplar para los políticos corruptos, y así ha de ser. Ahora le toca el turno a los Tribunales de Justicia, a cada uno de los jueces que la imparten, y han de hacerlo con responsabilidad, independencia y equidad, de lo contrario, esta bomba de relojería puede estallar en cualquier momento. La clase política española no puede seguir siendo tan inmune como obscena, menos el gobierno de España, de esta ¡mísera y corrupta España”.


domingo, 26 de octubre de 2014

Los colores del mundo. Fernando de Villena












El granadino Fernando de Villena es sin duda alguna uno de los poetas españoles más relevantes del siglo XX y XXI. Su producción literaria es tan extensa como deslumbradora. Doctor en Filología Hispánica ha sido galardonado recientemente con el Premio Andrés Bello, por su labor Lingüística y Filológica, como también con el premio Andalucía de la Crítica de narrativa 2009, por su libro El testigo de los tiempos. El motivo que nos convoca en esta ocasión es la publicación del libro Los colores del mundo, integrado por cuatro poemarios ya publicados con anterioridad (Conticinio, Por el punzón oscuro, La década sombría y La hiedra y el mármol) y otros cuatro inéditos (Cinematógrafo y otras elegías, El palacio íntimo, Repúblicas del ensueño y Una oscura gaviota). Será de estos últimos poemarios los que ocuparán mi atención en esta reseña crítica. El poemario Cinematógrafo y otras elegías atrae por ese aire nostálgico que nos envuelve en ese recorrido por los cines granadinos de la infancia (Cine Olimpia), adolescencia (Cine Gran Vía) y juventud (Cine Cartuja). Fernando de Villena nos descubre y revive el miedo a la soledad: 

«¡Qué congoja sentí en aquel instante,
sentado entre mis padres,
con miedo de perderlos algún día
y hallarme ante la vida,
tan brumosa,
nadando como un náufrago
sin tabla donde asirse,
sin islas a la vista»,

 también el tiempo y sus heridas: «Y tan lejos estaban / el lunes y la angustia de las clases, / las bofetadas crueles / de aquellos reprimidos sacerdotes / con caspa en las sotanas y en las almas». Cada cine es una remembranza de esa película inolvidable, de ese mundo de los sueños donde el poeta se acomoda y refugia ante la acechanza continua de los muchos abismos existentes, pero igualmente esperanzador si el amor se muestra: «Desde entonces luché por que en mi vida / el amor siempre fuese / una apuesta total de eternidad». Con versos endecasílabos, mayoritariamente, construye Las otras elegías, a excepción de la decimosexta (Plaza de Mariana Pineda) que lo hace en alejandrinos. En el siguiente poemario, El palacio íntimo, el poeta esculpe el más grande y hermoso monumento a la amistad, dedicando algunos poemas a personas como Antonio César Morón, Encarna León o Juan J. León, o a figuras como Jacinto López Gorgé o José Heredia Maya, sonetos casi siempre, los contenidos en este libro. Pero Fernando de Villena es un poeta de mirada limpia y abierta, sobre todo a la Naturaleza, de ahí que declare no ser un poeta urbano: «Existe desde luego una belleza / concreta de lo urbano; / pero dejadme a mí / las rubias alamedas en otoño, / la gran Sierra Nevada / en días soleados del invierno, / las muchas rosaledas / que ornan la primavera / cuando no los jazmines en verano / y, en cualquier mes, dejadme, sobre todo / nuestro Mediterráneo». En Repúblicas del ensueño el poeta nos invita a viajar por el tiempo de los sueños y las tierras de conquista: Marraquech, Bogotá, Buenos Aires, Uruguay o hacia la India, y así se escribe: «…pienso en todas las tierras / que a través de los años visité, / en todos los horizontes, / en los rostros que vi sólo un instante / y eran de gentes / con vidas e inquietudes / iguales a las mías… / Y pienso en los caminos recorridos / y en cuanto de valor saqué de ellos». Mas el poeta no puede sino regresar a su Mediterráneo (Grecia, Túnez, Balcanes), tantas veces cantado, y amado hasta el dilirio: «Soñé que te veía / como un gran río de ceniza o lava seca. / Pero no escribiré tu epitafio, / mar de mis ensueños, mar sagrado». El último libro de este libro de libros lo titula el poeta Una oscura gaviota y los temas tratados van desde el amor (Amor), el paso del tiempo (Arrugas), la preocupación social (Mísera España o La nochebuena del mendigo) a lo más cercano, la familia, con el poema A mi esposa e hijos, en el cual el poeta resume su propia vida: 

«Empezar otra vida diferente
a pesar de mi edad;
no ser este Fernando de Villena
que tanto daño ha recibido,
que tan cansado está,
que apenas ya comprende
el mundo que lo cerca. 
Empezar otra vida… Sí; de acuerdo,
pero siempre a tu lado, a vuestro lado».

 Así es el poeta universal Fernando de Villena.

Título: Los colores del mundo
Autor: Fernando de Villena
Edita: Carena (Barcelona, 2014)








viernes, 24 de octubre de 2014

Lección inaugural. Estación Sur

LECCIÓN INAUGURAL


Se tiene la impresión, de forma generalizada, de que la Universidad está divorciada de la sociedad, también en el caso concreto de Almería podríamos decir lo mismo. Y lo que es peor aún, que no se percibe signo alguno que nos haga cambiar de opinión. La Universidad no es un ente superior, sino un eslabón más de la cadena; una institución imprescindible si se quiere, porque representa el saber y la investigación, la libertad de pensamiento. Ese divorcio existe, un caso reciente lo avala, por su actualidad, en el más reciente, que ha pasado desapercibido, una vez más limitado a la comunidad universitaria. Me refiero al discurso pronunciado por el catedrático de Lengua Española, Luis Cortés Rodríguez, como Lección inaugural del curso académico 2014-2015, bajo el título Que trata de los consejos que dio don Quijote a Sancho sobre cómo ha de hablar un gobernador, tan de extraordinaria oportunidad en los tiempos que corren por el abandono y maltrato de nuestra lengua, pilar básico de comunicación entre las personas. Dicho discurso tendría que haber trascendido al resto de la sociedad almeriense por cuanto su contenido nos descubre los yerros que se cometen al hablar y cómo corregirlos. El mayor tesoro de una sociedad que se precie es el idioma, la lengua, patrimonio a conservar por todas las generaciones como el más grande legado. El profesor Cortés construye un acertado diálogo entre Don Quijote y Sancho, a través del cual aquél instruirá y aconsejará a éste en las maneras del bien hablar. Señalará cómo «el eufemismo en el discurso político es un arte de hechicería por el que se distorsiona la realidad», lo que demuestra con fragmentos discursivos de políticos de la talla de Doña Zoraida de Nuestra Señora, el licenciado Rodrigo Remendón, Doña Fátima de San Juan del Puerto, El Caballero de los Bonsáis, el bachiller Sansón Nazar o el hidalgo Don Sigiloso de Pontevedra. «Nuestra lengua –dirá don Quijote- lejos de ser pobre es tan hermosa y pulcra como la que más; lo que ocurre es que estos gobernantes tienen aviesos intereses y se convierten en prestidigitadores que venden sus mercancías y quieren encontrar en la lengua el bálsamo de Fierabrás que cure todo». La verdadera lección del profesor Cortés consiste en considerar que: «Una lengua descuidada es una lengua empobrecida y una lengua empobrecida palidece, a su vez, el mundo de ideas que sustenta. Defender lo contrario es entroncar con esa sociedad que no queremos, la que no prima el saber, sino la ignorancia y la vacuidad».

domingo, 19 de octubre de 2014

Francisco Cañabate Reche. Sueños encadenados




        Tomo prestadas unas palabras del profesor José-Carlos Mainer, de su libro La escritura desatada, publicado por la editorial palenciana Menoscuarto, relativas a la utilidad de la literatura: «Es mentira que los libros enseñen a vivir, si por vivir entendemos la claudicación resignada ante las exigencias de la realidad, porque la obligación de las novelas es enseñarnos a soñar con otras cosas, ser ámbitos de libertad de donde se sale y se entra con la más absoluta impunidad». He aquí la palabra mágica: soñar. Por esta y no otra razón, tal vez, el título de la última novela del escritor y galeno, Francisco Cañabate, sea, precisamente, Sueños encadenados. Soñar no es otra cosa que despegar las alas de la imaginación y transportarse a lugares desconocidos, ahondar en la presencia de lo mágico y refugiarse al calor de su luz emisora. Sueños encadenados no es sino el sueño de otros sueños, como si se tratara de una suerte de alquimia en la cual cada uno de los personajes que la componen viven en los sueños de los otros, o, al menos, parecen entrecruzarse una y otra vez. Ciertamente la literatura posibilita la invención de mundos y universos diferentes, tantos como desee el escritor, desde la más absoluta libertad. Sueños encadenados comienza con un viaje al pasado; corre el año 1906, nos hallamos en los Jardines Imperiales, en Tokio, con Liu San, su jardinero. A partir de este momento las historias se entrecruzan, al igual que los personajes. El hilo conductor de unas y otros será el hallazgo de El libro de la luna, «un libro perseguido y secreto en cuyas páginas podían hallarse los más profundos misterios de la cábala, los cálculos exactos. […] Un libro maldito sobre todos los libros porque todos aquellos hombres infortunados que intentaron descifrar sus entrañas y llegar al secreto acabaron muertos o desaparecieron». Cañabate Reche se nos muestra tal es, sin aditamentos ni disfraz que disimule o desfigure su creatividad y capacidad narradora, su singular voz, que puede distinguirse por las formas oracionales y su sentido filosófico de la vida.       Como trasunto de la narración, las ciudades: Tokio, Viena, Praga, Sarajevo, Granada, Berlín, Nápoles, Boston o París, lo que da un matiz universalista al texto, encadenando a su vez las diferentes historias de los personajes. Multiplicidad y heterogeneidad del discurso narrativo que fluye acompasado. No falta el elemento descriptivo, en el cual la naturaleza y el hombre –antagónicos- están presentes: «El bosque en su profundidad, con su espesura densa que sofoca la luz y que la apaga, el mundo vegetal en su expresión más pura, sin senderos ni marcas que indique a los otros la continua presencia opresiva de los hombres» -y una orquídea en el centro del cosmos-, como tampoco el filosófico al que hemos aludido con anterioridad y que se concreta en las continuas preguntas que se hace el narrador omnisciente, en esa desesperada búsqueda de la verdad –su verdad-: «¿Ser los sueños de otro, la sustancia diáfana de la que están compuestos, eso tiene remedio?», también de las respuestas: «Sin nada que nos una, sin que exista un motivo que permita explicar esta extraña cadena, nos encadena un sueño que está dentro de otro». Tal vez sea esta la clave de esta novela que nos envuelve en un mundo misterioso y secreto –¿cabalístico?: «Las diez emanaciones de Dios a través de las cuales se creó el mundo»- y en el cual la vida («Siempre la vida, Siempre. Repetida, distinta, confusa, indiferente, brutal, suave, profunda, superficial, exacta, dispersa, interrumpida a menudo asesina. También incomprensible. A veces nada que pueda parecerse a la vida. Pero siempre, la vida.» y la muerte («Cada noche me enfrento con un sueño extraño, en el que sé que hay muerte y odio y rabia») se muestran como caras de una misma moneda. Cañabate ha construido un texto polifónico con el cual seduce al lector y estimula su curiosidad. Cañabate sabe bien que «El mundo está repleto de historias diminutas» y este es el reto que acepta con cada obra que inicia, de lo pequeño a lo grande, creciendo y decreciéndose, como el ciclo natural de la vida. Así es, sin más, Sueños encadenados,  de Francisco Cañabate Reche.


Título:  Sueños encadenados
Autor: Francisco Cañabate Reche
Edita: Alhulia (Granada, Salobreña, 2014)

SALÓN DE LECTURA _______Por José Antonio Santano
SUEÑOS ENCADENADOS

viernes, 17 de octubre de 2014

Paco Ariza. Abstracción y vanguardia.


        El nombre de Paco Ariza va ligado, inexorablemente, al Arte, con mayúsculas. Su sentido del espacio y el tiempo es tan extraordinario como natural. Nada se resiste a sus manos, que saben del barro o el óleo, del bronce o la piedra, del hierro o la malla, ningún material por muy complejo que sea su manejo es un obstáculo en el camino de la creación artística de Ariza. Su genialidad es el único patrimonio que posee, su capacidad de abstracción y la búsqueda de nuevas formas, colores o volúmenes no tiene precedentes. Ariza nació para el arte y en ese su universo compite cada día, y lo hace no con este u aquel artista, sino consigo mismo. Transforma la materia hasta darle una nueva vida; bucea e indaga hasta descubrir ese resplandor que lo cambia todo, el espacio perfecto que acoja la idealización o el sueño de sus sueños. De su apego a la tierra, a sus colores ocres y grisáceos, nacen otros distintos, descompuestos o lumínicos. Retirado del mundanal ruido (en la Almedina baenense o a orillas del río Guadajoz) compone y estudia las formas, los paisajes o los volúmenes hasta crear otros diferentes, transformados por su salvaje creatividad en piezas de arte, en objetos dignos de ser contemplados, admirados, amados, de una plasticidad deslumbrante. En Ariza prevalece la curiosidad por lo desconocido, ese universo secreto en el cual cohabitan las ideas y la realidad, también el deseo de invención, de la continua búsqueda y hallazgo de nuevas sensaciones y percepciones del mundo que le rodea. De lo cotidiano a lo excepcional solo hay un paso, un hilo casi invisible, y él lo sabe o lo intuye. Desde sus primeras obras, hasta las más recientes, la evolución de Ariza ha sido sorprendente, de lo figurativo a lo abstracto, y de la abstracción al  delirio. 

        Todo lo dicho puede comprobarse en la exposición que de su obra acoge el Castillo de Santa Ana, de Roquetas de Mar, hasta el mes de diciembre. Dos salas han sido dedicadas a Ariza. En dicho espacio expositivo podrán contemplar pinturas (extraordinaria serie de paisajes aéreos) y esculturas (serie mayoritaria de estructuras circulares de hierro y tela de mosquitera) que en un continuo diálogo con el espacio, las formas y el tiempo sitúan al artista baenense Paco Ariza en un lugar destacado dentro del panorama del arte contemporáneo español. Una obra, en resumidas cuentas, propia de la mejor vanguardia y, sin duda alguna, digna de ser admirada en el mismísimo Museo de Arte Moderno (MOMA) de Nueva York. 

ESTACIÓN SUR______________José Antonio Santano

  PACO ARIZA: ABSTRACCIÓN Y VANGUARDIA

domingo, 12 de octubre de 2014

Los álamos de Cristo. Alejandro López Andrada

columna para Diario de Almería por José Antonio Santano

De una u otra manera el escritor siempre busca un lugar mítico, ese espacio mágico, el territorio en el que la palabra es como el vuelo de los pájaros, la luz que nunca se apaga, su universo. El escritor vive para crear ese universo. Es el caso de muchos, pero en algunos digamos que prevalece esa idea de imaginar el territorio deseado. Pienso ahora en Miguel Delibes, por ejemplo, que recupera para la literatura el mundo rural de la Castilla profunda, mostrándonos así el modo de vida de quienes viven en los pueblos, alejados de las grandes ciudades; también en Luis Mateo Diez y su singular territorio de Celama, hallamos algunas de las claves de su novelística. 

El hombre a solas con su destino, el escritor frente a frente con lo imaginario o irreal. Esto mismo sucede, desde hace décadas, con el escritor y poeta Alejandro López Andrada que, abrasado a la tierra madre, a su Valle de los Pedroches, el más sagrado de los lugares, conforma un mundo propio en el cual los seres humanos cohabitan en sencilla armonía con la Naturaleza. Es la tierra de amarillos otoño y sus silencios los que llenan el corazón de López Andrada. Son los aromas del invierno en las dehesas, la niebla espesa del bosque, la primavera en los ríos y las flores, o el lento caminar entre los álamos y eucaliptos al albur de la palabra amiga que siempre le acompañó por el Valle. Los álamos de Cristo retrata la vida rural de la posguerra, a través de la palabra del cura del pueblo (Francisco Vigara), figura clave de esta particular narración. 

Los álamos de Cristo


Es el pueblo y sus gentes en la voz del sacerdote quienes ocupan el espacio del tiempo: «La vida era entonces un camino siempre abierto que, al salir de mi pueblo, daba al horizonte, a un espacio de luz que latía allá, en lo hondo, donde el azul se fundía con la tierra. Nunca podré olvidarme de esa estampa. Para mí sigue siendo, después de tantos años, la imagen más pura y fiel de la inocencia…». Al igual que Delibes y Mateo Díez, López Andrada es un gran conocedor de la historia de los pueblos, de su abandono y olvido, de sus soledades, pero también de su sabiduría, un saber profundo y enraizado en los hombres humildes que habitan los silencios del Valle. Los álamos de Cristo representa el camino iniciado –descrito en líneas anteriores- por el autor y lo vivido junto al sacerdote que tanto influirá en su propia concepción del mundo. 

El diálogo que entablan ambos irá descubriendo al lector los acontecimientos fundamentales de los años posteriores a la guerra civil. La infancia es el territorio de la inocencia y la libertad por excelencia, y por este motivo tal vez, o quizá por otros menos evidentes, el narrador-autor se desnuda como lo hacen los árboles llegado el otoño, y se deja llevar por un viento de luz y plenitud absolutas. El narrador no puede olvidar su condición de poeta, y así hallamos pasajes de una belleza y lirismo extraordinario: «El reloj de pared da un tenue campanada y el silencio se quiebra como un cántaro de luz, dejando un eco musgoso y afelpado en el corazón cansado de los muebles y en la pared pequeña, familiar, que parece observarnos desde su alma silenciosa (porque las paredes, algunas, tienen alma) a través de los ojos de las fotografías y los rostros ya muertos que habitan los retratos donde sigue atrapado un aire melancólico, el rumor sosegado de mi niñez dormida». López Andrada es ese gran poeta que mira hacia fuera, aunque en la forma de expresarlo pese más esa espiritualidad lírica de la palabra, sin olvidarnos de su más íntima religiosidad, de su idea cristiana del hombre, de la práctica de amar al prójimo por encima de todas las cosas. 

Porque López Andrada, en el fondo de su corazón sigue siendo el niño que conversaba con el cura del pueblo, y que podríamos resumir, sin temor a equivocarnos en este pasaje del libro: «He envejecido por fuera, tengo arrugas y lánguidas cicatrices por el rostro, incluso mi cuerpo se ha deteriorado y ha perdido su antigua frescura juvenil; sin embargo aún me habita, imborrable, la inocencia y siento correr por las calles de mi espíritu a un chaval muy pequeño con los ojos taladrados por el rumor de una tarde de oro y lluvia donde vigilan los álamos de Cristo». Alejandro López Andrada, sin duda, la voz mágica y sonora del Valle de los Pedroches.

Título: Los álamos de Cristo
Autor: Alejandro López Andrada
Edita: Trifaldi (Madrid, 2014)

viernes, 3 de octubre de 2014

EL IBI. CASTIGO DE AMAT. Estación Sur




  Es que no paran, la frenética actividad de la casta política de cualquier rincón de esta nuestra arruinada España es tremenda. En la televisión, los periódicos, radios y redes sociales; están en todos lados, repitiendo los mismos mensajes, con las mismas palabras, la misma intención, el mismo tono, la misma mirada, los mismos ademanes o gestos, las mismas consignas, los mismos eufemismos, las mismas promesas, pero sobre todo, las mismas mentiras de siempre, los mismos incumplimientos, la misma prepotencia, la misma cara dura, la misma tiranía, la misma hipocresía, los mismos privilegios, o la misma inmunidad. Nuestros actuales políticos, la mayoría, lo que verdaderamente debían de hacer es dejarnos en paz, dimitir en bloque después de tantos años viviendo del cuento y la mentira, de llenarse los bolsillos descaradamente con un dinero que no es suyo, sino de todos los honrados españoles que contribuimos con nuestros impuestos. Deberían, muchos de ellos, ingresar en la cárcel por corruptos y devolver el dinero sustraído impunemente. Porque estamos cansados de oírles decir tantas sandeces, de verlos sonrientes y felices, como si nada de lo que está pasando tenga que ver con ellos, que son precisamente, los culpables de que el drama visite cada día los hogares de millones de españoles. Claros ejemplos encontramos un día sí y otro no en todos los medios de comunicación. En todos los pueblos de España, y Roquetas de Mar, es uno de ellos.  
         Gabriel Amat, alcalde de Roquetas, presidente de la Diputación y presidente del Partido Popular de Almería –omnipresente trinidad política-, al igual que otros políticos de esta nuestra España, no permite que nadie le replique respecto de su fastuosa gestión municipal. Pero, ¿cómo no se le va a recriminar lo que una vez y otra incumple con sonora acritud y menosprecio hacia sus conciudadanos?. Prometió que no subiría el IBI, y, ¿qué ha sucedido?, pues lo contrario a lo que prometió, que es como responde el buen político. El hecho ha sido que los roqueteros han pagado más de IBI este año que el año pasado. De nuevo la ambición recaudatoria de los ayuntamientos castiga al ciudadano, el último responsable de la incompetencia de sus gobernantes. 
         Esto recuerda una copla interpretada por las más selectas folclóricas de España, la archiconocida María de la O, que emulándola bien podría decir algo así:«Castigo de Amat, castigo de Amat / que a los roqueteros tienes arruinados / con tantos impuestos que han de pagar / ay, qué desgraciaitos, ay, castigo de Amat».