sábado, 26 de abril de 2014

García Márquez y el 23 de abril. Estación Sur


García Márquez ha muerto. Todo el mundo lo sabe. Muchos han escrito sobre él en estos días. Algunos con conocimiento de causa, otros, desgraciadamente, se atrevieron sin saber casi nada de él ni de su obra. La importancia del momento era saberse protagonista, aunque fuese en una fotografía irrelevante. Los verdaderos lectores de García Márquez tal vez lloren en silencio su muerte. García Márquez se nos ha ido con las fragancias primaverales, con la luz dorada de los atardeceres y nadie podrá ya rescatarlo del abismo y la nada en la que nos convertiremos todos más tarde o más temprano. Habrían bastado unos días más para que hubiera coincidido su muerte con la de los dos grandes talentos de la Literatura Universal: Miguel de Cervantes y William Shakespeare, causantes de que se conmemore cada 23 de abril el Día Internacional del Libro. Sin embargo, no ha sido así, y poco importa, porque lo fundamental es el incalculable valor de la obra literaria que nos lega a todos y cada uno de los seres humanos que habitan el planeta Tierra. 

García Márquez seguirá vivo mientras seamos capaces de acercarnos a su obra como si fuese la primera vez, con la mirada fija en la magia de su palabra, descubriendo y descubriéndonos en el laberinto imaginario de su Macondo; mientras bebamos sorbos lentos de su centenaria soledad, saboreemos los amaneceres junto al fuego del tiempo y cada día crezca en nuestro interior el lenguaje y la voz de una realidad que puede transformarse, metamorfosearse en algo bien distinto a lo que soñamos mientras nuestros pasos se hacían huella en la piedra milenaria, en los oscuros bosques de la subsconciencia.
Nadie habla ya a las puertas de las casas, como antiguamente las abuelas. El tiempo acabó con todo la frescura del instante, ese que García Márquez consagró en sus libros tras el eco de los cuentos contados por su abuela en las noches de la infancia. Aquellas palabras, como un pálpito inacabable fueron adornándose de una tinta negra aromática, para luego, con los años, volar hacia todos los hogares del mundo. Podría haber sido un 23 de abril, pero no fue así. Y ahora, que su cuerpo no es nada, la palabra impresa brilla en cada página como si fuera una estrella. A fin de cuentas, lo único importante es la obra, imperecedera y eterna, viva más allá de la muerte del escritor. El libro en su fulgor y en su sombra; García Márquez, en la inmensa vastedad de los silencios, junto a Cervantes y Shakespeare, en otro afortunado 23 de abril.

José Antonio Santano.

domingo, 20 de abril de 2014

Siete poetas árabes en España. Salón de lectura

SALÓN DE LECTURA.-  Por José Antonio Santano




SIETE POETAS ÁRABES EN ESPAÑA
Hijos de la Travesía


Llegaba días atrás a mis manos la antología «Siete poetas árabes actuales en España. Hijos de la Travesía», edición del también poeta malagueño José Sarria. La poesía árabe siempre ha tenido una excelente acogida en Andalucía. La influencia de la cultura árabe en estas tierras sureñas viene de antiguo, y tal vez sea esta una consecuencia directa, a priori, de un entendimiento y sentimiento compartido. La poesía como patria única y verdadera. La poesía árabe, desde las Mu’allaqat o Mufaddaliyat hasta la más reciente, como la que presentamos en esta reseña, viene a confirmar la existencia de lo que podría denominarse «hermanamiento» con la cultura andaluza, y más particularmente, con su poética. Grandes han sido los poetas árabes contemporáneos ya desaparecidos (Jalil Gibran, Al-Sayyab, al-Malaika, Nizar Qabbani, Maj,id Darwish, entre otros) o actuales como Ali Ahmad Said Ester «Adonis», Tahar Ben Jelloun, Barghouti o Saadi Yusuf. Pero no podemos perder de vista que, por fortuna, existen hoy, herederos de esa tradición poética árabe, otros nombres, y con ellos otros universos. Como bien dice José Sarria en las primeras páginas del libro: «La poesía árabe no se concibe como ornato o complemento, sino como parte indisoluble de la vida, de la existencia». Y ciertamente, cuando nos acercamos a la poesía de cada uno de estos siete poetas árabes: Talat Shani (Egipto), Mohamad Osman (Siria), Malak Mustafa (Siria), Muhsin Al-Ramli (Irak) Abdul Hadi Sadoun (Irak), Ahmad Yamani (Egipto) y Khalid Kaki (Irak), hallamos esa concreción de la palabra, el pensamiento trascendido de la meditación, los aromas y los colores de las cosas sencillas, la frescura del verso inmerso en los silencios de la vida. Si a ello, añadimos que los siete poetas mencionados tienen en común su residencia en España, se acrecienta el interés por ser todos representantes de la escritura del exilio.
Interesa significar algunas de las características poéticas de este heterogéneo grupo de poetas árabes. La primera –afirma Sarria- es «la utilización de la poesía libre, rayando con el verso en prosa»; otras, «la simbiosis entre tradición y cuidado del lenguaje, diligencia por la palabra exacta» achacable a que la mayoría de ellos ejercen como traductores; existencia de «una gran preocupación social», así como la generación de una «poesía de la búsqueda”, en cuanto a la identidad personal como de pueblo, consecuencia de la condición de exilados de estos poetas.
Para reproducir aquí algunos de los versos de estos siete poetas árabes sería necesario un espacio del que no disponemos. Sin embargo, alentamos a la lectura de esta antología que nos aproxima mucho y bien a cada uno de estos poetas. Los versos comprometidos de Talat Shani (¿Acaso el mártir se desangra / para que el traidor entregue las espadas al enemigo?), el amor en la poesía de Mohamad Osman (El amor es para mí un árbol / en las entrañas. / El beso es / sangría de la aorta sobre los labios), o la identidad, el desarraigo en los poemas de Malak Mustafa (El desarraigo era mayor que la nostalgia / hacia ti, hacia mi madre), la búsqueda continua de la libertad en los versos de Muhsin Al-Ramli (He venido a Granada / buscando a Lorca. / Tal vez… / para que escribiera sobre los asesinados de mi familia. / Pero… le encontré asesinado), la mirada profunda del poeta iraquí Abdul Hadi Sadoun ( Y es la ciudad ahora / una línea torcida en mis manos / un callejero de desilusiones), el nacimiento de una nueva forma de expresión poética en la voz de Ahmad Yamani ( Cerraron bien el lugar / y arrojaron las llaves al estómago del sepulturero. / ¿Por qué nos abandonáis en las afueras de la ciudad?) y por último, la palabra nostálgica, evocadora de las pérdidas, del poeta Khalid Kaki ( En una noche de tormenta, / el delgado ciprés, / herido de recuerdos, / cayó fulminado por un relámpago). Siete poetas árabes que nos devuelven la esperanza en la poesía, en la esencialidad de la palabra.


Título: Siete poetas árabes actuales en España. Hijos de la travesía.
Autor: Ed. José Sarria
Edita: Verbum (Madrid, 2013

sábado, 12 de abril de 2014

Máximo Cuervo. Estación Sur


No hay día que pase que se agrande más la pesada carga del olvido, del injusto olvido al que someten a quienes, tan españoles como otros, duermen eternamente no se sabe dónde. Es muy raro todo lo que está sucediendo. El olvido que sigue imponiendo la derecha más cerril de este país es hasta insultante. Cuando se habla de la crisis, la culpa es de la herencia recibida, de los socialistas, claro; también cuando se hace de la Memoria Histórica se condena a la izquierda que quiere remover el pasado para enfrentar de nuevo a los españoles, incluso la Iglesia, siempre fiel a esa derecha, amedrenta a los ciudadanos con el fantasma de otra guerra civil. Todos son culpables de algo, excepto ellos, que cuidan y consienten, transigen con la herencia recibida del franquismo, de sus símbolos y signos, de sus políticas, de su adoctrinamiento y propaganda, y lo que es más grave, de su espíritu en pleno siglo XXI. 

 
Esa derecha rancia vive y se pavonea por doquier. Existe aún, por desgracia, en muchos pueblos y ciudades de España. Es la derecha despótica y corrupta, destructora de derechos, aniquiladora de sueños. El olvido –decía- se impone como norma. Es curioso comprobar hasta qué grado contagia a los representantes de la izquierda que, acomodados en su rutina, se mantienen ajenos e indiferentes a este debate. Existe en el municipio de Roquetas de Mar un pabellón polideportivo con el nombre de Máximo Cuervo, ¿lo sabían? ¿Conocen la trayectoria de quién responde a ese nombre? Si le preguntáramos al Sr. Amat, Alcalde de Roquetas y Presidente de la Diputación de Almería, nos diría que fue un español de pro, que solo hizo el bien, como constituir la Sociedad Urbanizadora de Aguadulce, construir el Hotel del mismo nombre, haber sido declarado Hijo Adoptivo de Roquetas de Mar y Medalla de Oro de la Provincia. ¿Les parece poco? Sin embargo, Máximo Cuervo fue, por encima de todo, un estratega de la represión franquista, que se entregó a prácticas inhumanas en los recintos carcelarios de la dictadura siendo Director General de Prisiones y Presidente del Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo; fue el inventor del turismo carcelario y el responsable del exterminio por hambre en las prisiones franquistas. Miembro destacado de Acción Católica permitió que la crueldad, las fiebres tifoideas y la tuberculosis provocaran la muerte de muchos españoles, entre ellos la del poeta universal Miguel Hernández. Máximo Cuervo fue la viva representación de la maldad, y por eso, al día de hoy, luce su nombre en un pabellón polideportivo de Roquetas.


ESTACIÓN SUR______________________________José Antonio Santano

DON MÁXIMO CUERVO

domingo, 6 de abril de 2014

Adriático. Salón de lectura



Mucho y bien se ha escrito sobre la ciudad de Venecia: Petrarca, Goethe, Dickens, Mann, Hemingway, Proust, Gauthier, James, etc. Ni escritores ni pintores se han resistido a su belleza, a su misterio, a su magia. La ciudad de los canales y los palacios, de las placetas recoletas, de las iglesias, la música, el cine o los carnavales. Venecia, la ciudad donde el tiempo parece haberse detenido, donde los sueños flotan igual que los vaporettos o las negras góndolas sobre el Adriático. Brodsky dejó escrito: «Al rozar el agua, esta ciudad mejora la imagen del tiempo, embellece el futuro. Ése es el papel de esta ciudad en el universo». ¡Cuánta verdad le asiste al poeta ruso! Venecia es un universo a descubrir en cada esquina, en cada puente, en la amplitud de San Marcos o en las recónditas plazuelas, en la estrechez de sus calles o el silencio de la noche. Rilke tampoco pudo resistirse a su belleza y dijo de ella: «Pues lo bello no es más que ese grado de lo terrible que aún podemos soportar. Todo ángel es terrible». Y algo de todo esto le ocurre a la autora de la novela Adriático, Eva Díaz Pérez, recientemente galardonada con el Premio Andalucía de la Crítica 2014. En esta narración confluyen el espacio, el tiempo, los tópicos atópicos, los silencios, pero sobre todo la mirada de su autora. Una mirada profunda, que llega hasta el mismo fondo de la laguna, que bucea en la condición del ser humano a través de los objetos que se abisman lentamente y quedan atrapados en el tiempo. Eva Díaz nos cuenta la historia de la saga Brunelleschi, encarnada en el último del linaje, el profesor Vittorio Brunelleschi, que tendrá como misión fundamental inventariar o catalogar los objetos o enseres extraídos de la laguna de Venecia. Con un lenguaje pulcro y de una gran belleza, llegando a veces al puro lirismo tras una prosa poética extraordinaria, Eva Díaz nos sugiere y nos descubre un universo escondido y secreto, hilado con gran maestría y oficio. 

  1. Título: Adriático
  2. Autor: Eva Díaz Pérez
  3. Edita: Fundación José Manuel Lara 
  4. (Sevilla, 2013)

Estructurada la novela en capítulos, su autora, va desgranando la historia de Vittorio Brunelleschi, de su fantasmal familia, que aún habita el Palazzo del Aire: Desde luego es una Venecia que no aparece en los mapas ni en los grabados que cuelgan de las paredes de viejos y silenciosos museos. En esta Venecia submarina las corrientes lagunares provocan en las casas un ruido de oleaje que llega distorsionado y que al subir hasta las estancias más altas sugiere una conversación de fantasmas. Acompañará a Vittorio, en este devenir narrativo, Pietro, un viejo enjuto, que dice haber sido «buzo, pulidor de espejos, pescador, recadero, cazador de ratas venecianas y hasta figurante en una película de Visconti». Cada objeto naufragado comportará una historia distinta y así, lo considerado baladí adquiere importancia y significado. Esta sucesión de narraciones independientes, pero integradas en el conjunto textual, están enlazadas por el mismo hilo conductor: los vientos. El siroco como evocación de un tiempo pretérito, incluso con cierto halo de Clarin: «Vittorio admira el paisaje calmo de Venecia que parece dormir la siesta»; el bora, frío y seco, que le recuerda la hermosa ciudad de Trieste, del pasado familiar:«El pasado de todos los que le habían precedido se incorporó a su existencia sin que él tuviera algo que ver. Era como si cargara con los pecados familiares acumulados durante siglos; y por último, el maestral, como símbolo del presente, de la realidad vivida, del reencuentro con la verdadera Venecia: «Una Venecia frágil, húmeda, de un verde viscoso y piedras en cuyas grietas se congelaba el agua. Venecia herida, pero eterna..Una Venecia para los venecianos». 


Ahora se imponen la realidad: las basuras de la laguna, los objetos naufragados, el anonimato, la magia, la recreación de lo acontecido, la caza de ratas venecianas, y todo con un lenguaje medido, pulcro y poético. Adriático es la imagen de una Venecia atrapada en el pasado, pero viva aún: «Trieste esta ahora dentro de Venecia y ambas a la vez dentro del rumor de un recuerdo adriático. Es él mismo, una corriente de aire que vuelve al mismo lugar después de un largo recorrido: la vida». Así es esta novela.

martes, 1 de abril de 2014

XX PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2014

XX PREMIO ANDALUCÍA
DE LA CRÍTICA 2014


EVA DÍAZ PÉREZ, MARILUZ ESCRIBANO Y ÁNGEL OLGOSO OBTIENEN EL XX PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA EN LAS MODALIDADES DE NOVELA, POESÍA Y RELATO/CUENTO, RESPECTIVAMENTE.


Siendo 13:00 horas del 29 de marzo de 2014, en Málaga (España), se anuncia el fallo del XX PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2014.

El jurado, constituido por Francisco Morales Lomas, Manuel Gahete, Antonio Hernández, Antonio Garrido Moraga, Rafa...el de Cózar, Carlos Clementson, José Sarria, Rosa Díaz, José Cabrera Martos, Paloma Fernández Gomá, Ricardo Bellveser, Remedios Sánchez, Juan Gaitán, Pilar Quirosa-Cheyrouze, José Antonio Santano, Francisco Huelva y Antonio Moreno Ayora concede el XX PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA DE NOVELA a la obra Adriático de Eva Díaz Pérez por la enorme reconstrucción histórica de ese gran fresco que conforma la necrópolis de Venecia y Trieste, un ejercicio artístico del pasado que conforma el presente y crea una alegoría desde sus despojos en una novela de gran potencial expresivo y una extraordinaria atmósfera decadente, con el culto de la sensualidad, los olores y la mirada a través del simbolismo de los vientos.

Eva Díaz Pérez Eva Díaz Pérez nació en Sevilla en 1971. Licenciada en Ciencias de la Información y columnista de opinión en el diario El Mundo. Como escritora comenzó su carrera literaria con la publicación del libro satírico "El polvo del camino. El libro maldito del Rocío" (2001). En el año 2005 la Fundación José Manuel Lara le publicó la novela histórica "Memoria de cenizas", por la que se le concedió en el año 2008 el Premio Unamuno. Ese mismo año fue finalista del Premio Nadal con su obra "El Club de la Memoria" (Destino). En 2006, nuevamente la Fundación José Manuel Lara, publicó "Hijos del Mediodía" que obtuvo el premio de narrativa El Público de Canal Sur. En 2011 publicó su cuarta novela “El sonámbulo de Verdún” (Destino) y en 2013 con "Adriático" obtuvo el VII Premio Málaga de Novela. Entre sus ensayos destacan "La Andalucía del exilio" (2008), la guía literaria “Sevilla, un retrato literario” (2011) y es coautora de la biografía "Salvador Távora. El sentimiento trágico de Andalucía" (2005). Además de los premios citados anteriormente en 2012 ganó el XXIX Premio de Artículos Periodísticos Unicaja. También ha obtenido importantes premios de periodismo como el Ciudad de Málaga 2012, el Universidad de Sevilla 2008; el Ciudad de Huelva (1997); además de Accésit de otros cuantos premios.


Igualmente, el jurado ha decidido conceder el XX PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA DE POESÍA a la obra Umbrales de otoño de Mariluz Escribano por su clasicismo expresivo y la fuerza y vehemencia de las emociones en una lírica que nace de la memoria y el sentimiento amoroso, el compromiso, la exaltación y la energía vital poblada por el recuerdo de amor y los afectos.

Mariluz Escribano Nació en Granada (1935). Licenciada en Filosofía y Letras y doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, en la que ha ejercido como Catedrática de Didáctica de Lengua y Literatura en la Facultad de Ciencias de la Educación. Colaboradora habitual de revistas de Filología y Didáctica, simultanea sus estudios científicos con la creación literaria. Entre sus obras destacan Sonetos del alba, (1991), Desde un mar de silencio (1993), Canciones de la tarde (1995), Cartas de Praga (prólogo de Luis García Montero, 1999), Sopas de ajo (2001, 2ª ed.), Memoria de azúcar (2002), Ventanas al jardín (2002), El ojo de cristal (2004), Sonetos del alba (prólogo de Gregorio Salvador [RAE] y Estudio Preliminar de Remedios Sánchez García, 2005, 2ª ed.),Jardines pájaros (2007), Los caballos ciegos (Devenir, 2008) y Escuela en libertad (2009). Es columnista habitual de Ideal. Diario Regional de Andalucía desde 1971 como antes lo fue de Patria. Dirige y preside desde su fundación, en 2005, la prestigiosa publicación semestral EntreRíos. Revista de Arte y Letras.



Igualmente se ha concedido el XX PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA DE RELATO/CUENTO a la obra narrativa Las frutas de la luna de Ángel Olgoso por su caudal de experiencias narrativas y procesos escriturales, construyendo con maestría múltiples situaciones que nacen de la irrealidad, la fantasía o lo que habita detrás de las cosas y sus símbolos. Profundidad, plenitud y versatilidad para un escritor que se mueve con agilidad y soltura en todo tipo de situaciones narrativas y crea mundos sorprendentes con una proyección universalista.

Ángel Olgoso (Cúllar Vega, Granada, 1961). Estudió Filología Hispánica. Ha publicado, entre otros, La hélice entre los sargazos, Nubes de piedra, Granada, año 2039 y otros relatos, Cuentos de otro mundo, El vuelo del pájaro elefante, Los demonios del lugar (Libro del Año 2007 según La Clave y Literaturas.com y finalista del XIV Premio Andalucía de la Crítica), Astrolabio, La máquina de languidecer (Premio Sintagma 2009), Los líquenes del sueño. Relatos 1980-1995 (finalista del XVII Premio Andalucía de la Crítica), Cuando fui jaguar, Racconti abissali, Almanaque de asombros (Libro de 2013 según Fernando Iwasaki) y Las uñas de la luz (premio 2013 del Gremio de Libreros de Almería). Su trayectoria ha sido avalada por la inclusión de relatos suyos en cuarenta antologías sobre el cuento. Ha obtenido otros premios importantes como el Clarín y Caja España. La crítica lo considera un maestro del cuento en España: «Es uno de los autores de referencia del relato breve y fantástico en español».

La entrega del premio, que se llevará a cabo en Sevilla el próximo 19 de mayo. Consiste en la entrega de estatuillas creadas por el escultor, de fama internacional, Andrés Alcántara, y reproducidas por la Escuela del Mármol de Andalucía. Los premios cuentan con el patrocinio y la colaboración la Fundación Unicaja, la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Sevilla.