sábado, 29 de marzo de 2014

El rico de Wyoming. Estación Sur


EL RICO DE WYOMING


Parece que a la derecha y a los medios de comunicación que la sustentan -altavoz de sus desvaríos e improperios- les preocupa la libertad de expresión. Los canales de televisión afines a esta derecha no se cortan un pelo a la hora de abanderar la mentira o la manipulación más salvaje para arrinconar, deteriorar o insultar a otros compañeros de la profesión, en el mejor de los casos, y a la mayoría de los españoles, en el peor. No es ésta una cuestión baladí. La actual crisis evidencia más que nunca las escandalosas decisiones políticas de un gobierno ávido de poder pero cada vez más ajeno y de espaldas a las necesidades de los ciudadanos. Lamentablemente, y desde que esta derecha radical e intolerante consigue una amplia mayoría absoluta, los españoles soportamos el castigo de sus atolondradas leyes, y, sobre todo, de sus miedos, porque en la raíz de todo, existe un miedo atroz: a las manifestaciones, la protesta, las acampadas, en resumidas cuentas, a la libertad de expresión. Esta derecha chulesca, mentirosa y corrupta, que nos representa en las Instituciones (Ayuntamientos, Diputaciones, Cortes Generales, etc.) es un vivo ejemplo de nuestro tiempo, un tiempo incivil e insolidario, marcado por la manipulación de los medios audiovisuales (13 TV, La Razón, El Mundo, ABC, COPE, esRadio, etc.), que responden solo a la voz de su amo. Ahí están, cada día, como fieras salvajes que esperan a sus presas, y lo más preocupante con su falsa moral, arropados por las millonarias aportaciones del Estado. Los podemos ver (quien tenga estómago, claro) desafiantes, provocadores, tergiversando las noticias, sumisos del aparato de propaganda gubernamental, tienen nombres y apellidos, ellos representan la indecencia periodística. Ahí están, enlodándolo todo con sus improperios y falsas acusaciones, dementes, herederos de una España gris e iletrada. Para la derecha española, la ignominia como razón única y primera de su existencia, la desproporcionada beligerancia, la burla y el acoso continuos. Así parece que sucede con las últimas informaciones acerca del patrimonio de del presentador del “Intermedio” José Miguel Monzón Navarro, más conocido por el Gran Wyoming, objeto de incomprensible persecución. La cuestión es contaminar, distraer la atención sobre los verdaderos problemas de los españoles. El patrimonio de Wyoming es consecuencia directa de su trabajo, y, en todo caso, ¿es incompatible ser rico y solidario? 



domingo, 23 de marzo de 2014

Código de la niebla. Alfredo Jurado

Vuelve la poesía a este particular salón de lectura, y lo hace de manos de un poeta cordobés, Alfredo Jurado, cofundador, junto a las poetas Encarna García Higuera y Soledad Zurera, primero, y luego con Antonio Varo y Pilar Sanabria, del grupo Astro. Desde la fundación de este grupo poético allá por la década de los ochenta se han sucedido los poemarios de Alfredo Jurado ( Mar de Liturgias, Mester de Amante y Paraíso Perdido, entre más de una decena de títulos), hasta hoy, que de nuevo nos llega su singular voz poética con el poemario «Código de la niebla». La poesía cordobesa ocupa un lugar destacado en el panorama actual de la poesía andaluza en particular y española en general, desde los más experimentados, como es el caso de los ya citados y también de otros poetas más jóvenes como Juan Antonio Bernier, Francisco Onieva, Antonio Luis Ginés o Joaquín Pérez Azaústre, del que nos ocuparemos próximamente.
«Código de la niebla», consta de dos partes: El cuaderno del aire, con veintiún poemas, contando el que da título a esa parte, y, Quemar las naves, con diez. El poeta, desde el primer momento declara y manifiesta, a modo de proemio, cuáles son las claves de ese primer bloque de poemas titulados «El cuaderno del aire», y así escribe: «Cuando era tan sólo adolescente, / entregaba mis tardes en lecturas; / en ellas descubriera personajes fantásticos; / algunos fascinantes, pero otros / me hicieron sentir miedo». 

En esta especie de declaración programática nos adelanta el poeta el discurrir de los veinte primeros poemas del “Cuaderno del aire”. Y ciertamente, comprobamos que los seres fantásticos, tomados de las lecturas adolescentes y que toman vida en estos versos, de manera que los personajes de la mitología griega (Glauco, Dríope…), fenómenos naturales (Simún, Perseidas…), monstruos marinos (Manatíes, Caribdis, Leviatán…) o paisajes concretos como “Los baños de Popea, conforman un corpus en el que la evocación y los recuerdos de la adolescencia producen en el poeta ese sabor agridulce de lo sentido en el pasado y de lo recreado ahora, después del tiempo transcurrido. Y todo hasta el punto de afirmar: «Por morir de algún modo, / moriré de tristeza cualquier tarde de invierno». Es ese sentido trágico de la vida una vez hecho verso, ese que siempre aflora en la poesía andaluza, y que en Alfredo Jurado pervive todavía. También la segunda parte, titulada «Quemar las naves» nos muestra las intenciones del poeta, su vuelta a los orígenes, al alumbramiento primero, a la vida: «Un día me alumbraste, cuando el tiempo de Marzo / alzaba su estandarte de luz en las paredes; / cuando el musgo en las tapias perdía su fragancia; / Cuando quiso la luna, con su fanal de plata / trepar al campanario, cuando el reloj marcaba / las once de la noche. / Algún gallo anunciaba su canto a solanares». Asumir que no hay vuelta atrás y hay que seguir avanzando, perseguir los sueños hasta darle alcance, escribir sin descanso, al límite, como si fuera el día último. El poeta consigo mismo, al calor de los sentidos, en los silencios de la noche y sus fantasmas.


El poeta en su propio abismo, solo y vivo en la luz de la poesía, entregado a la naturaleza, desnudo y libre, cuerpo y alma: «Es el alma una isla que flota en el silencio», humano ser, la vida: «Es la vida aquel río con múltiples meandros, / liturgia sacratísima que embriaga la consciencia, / es árbol a la orilla de un estanque / la nieve que declina lentamente la cumbre. / Es beso de la madre en el recuerdo, / la honda cicatriz que te deja su ausencia…». Siempre de vuelta el poeta al «paraíso perdido» de la infancia. Solo una objeción, a corregir para futuras ediciones, los continuados errores, tanto tipográficos (los más) como ortográficos (los menos). Salvando esta cuestión, hallamos en «Código de la niebla» al poeta de siempre.


Título: Código de la niebla
Autor: Alfredo Jurado
Edita: Aula de Cultura Astro
 (Col. Astrolabio, Córdoba, 2013)

sábado, 15 de marzo de 2014

Revocados. Estación Sur


Leo el periódico y no salgo de mi asombro. La noticia no tiene desperdicio y en sí misma es un galimatías para quienes no siguen los últimos acontecimientos políticos de la ciudad de Roquetas de Mar. Y no me refiero precisamente a los escandalosos por reiterados casos de corrupción que se han denunciado recientemente y que la ciudadanía debería estar repudiando a todas horas, hasta conseguir que los culpables paguen, de una vez por todas, el daño causado, no sin antes devolver al erario público lo sustraído. Sin embargo, los ánimos andan revueltos en la casa de los socialistas roqueteros, que han provocado una nueva situación de crisis política de efectos imprevisibles. Para más inri o mayor escarnio, se llega a esta situación en nombre de la “cordura” y de la “unión”, palabras usadas hasta la saciedad pero sin significado alguno para quienes las abanderan. 

Nada que ver con el verdadero sentir socialista. Los unos se enfrentan a los otros, pero al mismo tiempo los unos y los otros son los mismos que han decidido revocar a “los unos” aunque realmente “los otros” se revocan a sí mismos. Al parecer, y según leo en el periódico:«Tanto oficialistas, como críticos, y personas que no se definieron, apelaron a la unión del partido y al sentido común», pero sigo leyendo y descubro que los “críticos” son los mismos que días antes eran los “oficialistas”, y además, y esto si que es verdaderamente kafkiano, los “críticos” de ahora, que eran hasta hace unos días oficialistas y miembros de la Ejecutiva local, amén de concejales en el Ayuntamiento, recogen firmas para revocar al Secretario General, y, en consecuencia, a sí mismos que son parte de dicha Ejecutiva. Quiere decir esto que los socialistas roqueteros vuelven a las andadas de otros tiempos, a desmembrarse una vez más con dimes y diretes vacuos e intrascendentes. 

Vuelven a ser la diana perfecta del enemigo político. Curiosamente, sólo 9 de las 29 personas que componen la Ejecutiva Municipal apoyaron a los nuevos “críticos” (antes oficialistas) y 4 de los cinco concejales electos, también. Incido en que todo esto es muy raro, o, al menos, exageradamente incomprensible, cuando no deplorable dadas las circunstancias de la lucha política dentro de una misma familia. Esto es lo verdaderamente preocupante, y no es la primera vez que sucede. Quizá sea necesario cambiarlo todo de una vez y para siempre. Cortar por lo sano, si es que hay algo sano. No obstante, los “críticos” andan contentos por haberse revocado a sí mismos. 

domingo, 9 de marzo de 2014

La historia rescatada. Salón de lectura


Título: Bandoleros, piratas y hugonotes
Autor: Joan Reglá
Urgoiti Editores
Hace unos meses, y en esta misma sección, me ocupaba del libro «Los judíos de España. Estudios históricos, políticos y literarios», del polígrafo baenense José Amador de los Ríos, con excelente estudio preliminar de Nitai Shinan y al cuidado de Urgoiti Editores. En esta ocasión, dos nuevos títulos de Urgoiti Editores son protagonistas de este Salón de Lectura. Dos nuevas reediciones que vienen a confirmar la extraordinaria trayectoria de este sello editorial y que recuperan o rescatan textos historiográficos imprescindibles para entender el devenir o desarrollo posterior de la sociedad española. El primero de ellos es una obra publicada originariamente en Barcelona por la Editorial Selecta, en 1969, con el título «Bandolers, pirates i hogonots a la Catalunya del segle XVI», de Joan Reglá (1917-1973), historiador catalán, que este libro llega a plantear los problemas fundamentales del reinado de Felipe II y, por ende, de la España del siglo XVI, aportando así nuevos elementos de análisis y una visión distinta, al menos, de la propia historia de Cataluña, lo que incidirá, lógicamente, en el posterior desarrollo de la España de los Austrias.


El prólogo a esta reedición de «Bandoleros, piratas y hogonotes», corre a cargo del profesor emérito de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona, Pere Molas, quien nos acerca a la vida de Joan Reglá, y, expresamente a las claves de esta obra, que no es sino una edición reformada y actualizada del libro «Felip II i Catalunya», publicado por Reglá en 1958. Es justo destacar de esta obra, además de sus aportaciones a la historia de Cataluña del siglo XVI, su fácil lectura, hecho que hará que los aficionados a la historiografía encuentren en esta obra un motivo más para no cesar en su conocimiento.



Título: Las constituyentes de la República española
Autor: Miguel Morayta
Urgoiti Editores
El segundo de los libros objeto de este comentario se publicó originariamente en París, por Sociedad de Ediciones Literarias y Artísticas en 1907 y con el mismo título de ahora: «Las constituyentes de la República española»; su autor, Miguel Morayta (1834-1917), histórico líder del republicanismo español del XIX, periodista, historiador y Gran Maestre del Gran Oriente Español.

Un extenso prólogo del profesor de Historia del pensamiento y movimientos sociales y políticos de la Universidad Complutense, Jorge Vilches, nos inicia en el conocimiento biográfico de Morayta y, cómo no, de esta obra. Para ello, el profesor Vilches analiza la vida política de la época, en esa concepción o idea de «la tradición de los hombres frente a la tradición de la Corona» y que tanto calaría en el propio Morayta. Testigo de los hechos más destacados de la historia del republicanismo español, en consecuencia del conocimiento de Las constituyentes de la República española, de la I República de 1873. Morayta dejó escrito en 1907: «Por el poder pasaron, y ellos, que ocuparon los más altos puestos de la nación; que hicieron nombramientos, contratas y empréstitos y que solucionaron expedientes, volvieron a la oposición tan pobres como en el gobierno entraron; ni uno solo se lucró valiéndose de sus cargos: Figueras, Cautelar, Pi y Margall, como todos los demás menos notados, no dejaron al morir ni lo bastante para pagar un entierro modesto». Todo lo contrario a estos tiempos de continuada y deplorable corrupción política. Dos libros, pues, que Urgoiti Ediciones recupera para deleite de los lectores, y con los cuales, afortunadamente, la historia se rescata del olvido.