domingo, 26 de enero de 2014

Del crear y lo creado. Salón de lectura.


Una vez más, y por gentileza de la librería Nobel, la poesía es protagonista en este particular salón de lectura. En esta ocasión el libro seleccionado lleva por título Del crear y lo creado. Poesía completa 1983-2011, de Hugo Mujica, que viene a ser el primer volumen de los tres que Ediciones Vaso Roto dará a conocer de la obra de este poeta argentino. Contiene este libro otros diez: Brasa blanca (1983), Sonata de violoncelo y lilas (1984), Responsariales (1986), Escrito en un reflejo (1987), Paraíso vacío (1993), Para albergar una ausencia (1995), Noche abierta (1995), Sed adentro (2001), Casi en silencio (2004), Y siempre después el viento (2011).
Cuando uno se acerca por vez primera a la poesía de Hugo Mujica tiene la sensación de abismarse en el silencio de la palabra misma, como si dentro de ella y a través de sus ojos pudiéramos ver y palpar el propio espacio del silencio, sucumbir ante su desnuda belleza, sentir su leve soplo de caricia o sumergirnos en los fondos marinos de su ardiente voz. La palabra es el centro, el perverso juego de su alquimia nos seduce y nos advierte de la grandeza de su magia («amanece / la palabra sobre el silencio»). La palabra convertida en grito de silencio que se busca en el otro, la alteridad como único deseo de ser, de ahondar en la oscuridad de la luz o permitir su luz oscura como el verdadero camino hacia la vida que muere día a día «he de morir de tanto inútil,/ he de morir de palabras»
El hombre y el poeta frente a frente, redescubriéndose y rebelándose ante su propio silencio: «soy el deseo de dios muriendo carne,/soy carne deseándose dios»; ambos ante el dolor o el sufrimiento ajenos, atentos a los asombros y los desgarros: «de tantos desgarros/ voy a coserme otro cuerpo/para dar de comer / a mi sombra. /también fuera de las venas hace sangre», insistiendo en esa búsqueda del otro, en el silencio del otro: «Me parezco a mí en el querer ser otro del que soy. / En la soledad me sobro: en eso nos dolemos (yo y no ser yo)». El poeta proyecta sobre sí mismo el pasado, sus formas y sus sombras, y vuelve a ser el niño que fuera: «Llueve / y el jardín huele a infancia, / a cercanía de todos los milagros, / a ausencia de todas las memorias», para volver al canto, al aria: «La voz, no el silencio, / es la desnudez de las palabras», y se confiesa: «El poema, el que anhelo, / al que aspiro, / es el que pueda leerse en voz alta sin que nada se oiga. / Es ese imposible el que comienzo cada vez, / es desde esa quimera / que escribo y borro». Es el hombre y el poeta, al unísono, recorriendo el espacio del silencio y la palabra, es el temblor de la travesía:

«El viaje más lejano
es el sosiego, a él vuelven todas las cosas,
como el hambre vuelve al pan
y el azul al azul más profundo».
El poeta se pregunta y se responde a sí mismo, y manifiesta ante su obra: «es casi como ir dejando escalón a escalón, libro a libro, el pasado, y, a la vez, haciéndolo presente: poder entregarlo: como tentativa Poesía Completa. No me cabe a mí juzgar mi obra, o sí, en verdad publicar ya es un juicio, es creer que algo vale, vale transformarlo en otros, darlo a leer… No sé más, eso sí, sé que siento: ¡infinita gratitud!, gratitud ante quien acoja mi vida, poema a poema, y gratitud que la hagan vivir más allá de mí, que eso es lo que el lector devuelve al autor». Poesía mística, metafísica, del silencio: «en el silencio el silencio habla», la que nos ofrece este gran poeta argentino, Hugo Mujica, en este primer volumen de su obra completa.


Título: Del crear y lo creado. (Poesía completa 1983-2011)
Autor: Hugo Mujica
Edita: Vaso Roto (Madrid, 2013)   25 €
 
SALÓN DE LECTURA ____________________Por José Antonio Santano

viernes, 17 de enero de 2014

Candela. Estación Sur



CANDELA


Mediaba octubre. Otoño en los ojos y en los labios del viento. La luz primera lame el ventanal y todo parece abrirse como una rosa en primavera. Es otoño y el silencio trepa por las paredes de la casa, y en su soledad pronuncia nombres de aire y fuego. Sucedió y era otoño. ¡Han transcurrido los días tan veloces! El tiempo nos golpea sin tregua. Pero no hay que apurarse. Es el ciclo de la vida, que se repite constante e inalterable a lo largo de los siglos, y nadie puede detenerlo. Aquí no vale truco alguno, somos nosotros que al mirarnos en el espejo vemos las cicatrices que el tiempo nos dejó en el rostro, en la mirada. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, caemos al vacío, un día tras otro. Y así fue como nació para el amor.

Mediaba octubre y una explosión de sueños calentaron la estancia. Todo sucedió con la fuerza del rayo. En los largos pasillos del hospital reinaba la calma, un profundo silencio, entorpecido a veces por el chirrido de un carro, sin embargo podía oírse la voz del poeta cuando dice: «De mis soledades vengo y a mi soledades voy…» Pero, ¡que alegre y vivaz soledad aquella que los abuelos compartirían en breve! Ambas, madre e hija, sobre la cama, mirándose a los ojos, traspasando la frontera del silencio, hablándose desde el más profundo de los silencios. Fue al alba. Su luz fue la luz del universo, fuego y sangre, vida entera. Serena melodía de aventadas amapolas sobre un rojo campo de sueños. Nada puede describir tanto gozo, y todo, en ese instante primero, se hace inexplicable, incomprensible. Nada se piensa. Vas de un lado a otro, acuciado por los nervios de la espera, ansioso de saber cómo fue el parto. Si el dolor se hizo insoportable o si el nuevo ser vino pleno de salud.

Ahora, transcurridos los días desde aquel mediado octubre, la mar se ha hecho invierno y en los acantilados se siente, todavía, el otoño en los ojos y en los labios del viento. Pero es éste un otoño de diamantinas luces y magnánimas llamas, de verdes campos de olivares y mares de sueños infinitos. Todo ha cambiado desde entonces. Ahora, cuando fijas los ojos en los suyos, ella responde con su brillo de estrella única, y el tiempo se detiene. Sin embargo, ella, Candela, será por y para siempre como ese inmenso campo de rojas amapolas que el tiempo jamás podrá borrar de la memoria.

Media enero. Candela me mira fijamente a los ojos, y me sonríe.  

ESTACIÓN SUR______________________________José Antonio Santano

domingo, 12 de enero de 2014

Umbrales de otoño. MARILUZ ESCRIBANO PUEO.





UMBRALES DE OTOÑO


Como el otoño, que sugiere lluvias y soledades, la voz de la poeta granadina Mariluz Escribano nos envuelve del verso sentido, acogido en la calidez del vientre y el pecho de una madre, que mima y cuida, en este caso la palabra escrita. Esto me recuerda que tiempo atrás tuve la suerte de leer un bellísimo poema suyo publicado en la colección «Cuadernos del Tamarit», dirigida por el también poeta Juan de Loxa, con el título «Desde un mar de silencio», obsequio de quien es la encargada del estudio preliminar del libro que reseñamos, «Umbrales de otoño», la profesora Remedios Sánchez García. Si en aquella ocasión aquel único poema mostraba el buen oficio de Escribano, con esa cálida voz que alentaba cada verso, producto de la emoción y la evocación de un tiempo pretérito, siendo la madre, el centro de su universo poético («el amor fue mi casa, / quiero decir mi madre, / nuevamente con esa voz cálida y serena, propia de quien sabe añadir a los acon sus andares lentos…»), y no menos la soledad («Detrás de los visillos silenciosos y albos, […],/ habitaba la luz insomne de mi madre, / su silencio de flor, / su soledad de pájaro»), en «Umbrales de otoño» nos reencontramos ños sabiduría y experiencia, ese tono o armonía de la alquimia depurada en la soledad y el silencio de las noches y los días. Dice la profesora Remedios Sánchez que «Escribano traza sus versos, tanto en esta obra como en las demás, desde el yo más profundo, desde un aislamiento no siempre deseado pero que es una realidad ineluctable… –para añadir a continuación- Escribe desde una soledad que no es sonora, desmenuzando recuerdos, porque ella ama el silencio» Y, ciertamente, la poeta granadina desempolva el pasado y lo muestra en su desnudez de tiempo aprehendido. El tono elegíaco cuando escribe y piensa en la figura de la madre, a la que vuelve en este poemario, como en la del padre («Camino con mi padre. […] Y todo pasa y llega de su mano, / y a mi infancia regresa / el calor confortable de su sangre»). 



El reencuentro con la infancia, aquellos días vividos en orfandad tras el fusilamiento de su padre, ordenado por el comandante Valdés (el mismo que llevó a cabo el fusilamiento de García Lorca). La poesía de Mariluz Escribano bebe de las cosas sencillas, de la naturaleza y la vida que le rodea, silenciosa y solitaria a la vez («Soledades te doy para evitar tristezas»), pero muy enriquecedora. Desde el intimismo más profundo ha sabido crear un mundo propio, un universo donde la palabra brilla como una gran estrella en el firmamento. Escribano Pueo es la amiga incondicional y se entrega tal es. Surge una y otra vez el otoño como símbolo de lluvias silenciosas de soledad, el otoño vive en la poeta, como la poesía vive en su ser entero: «Como ayer, hace un año, el otoño era el mismo, / repetida tristeza que unía nuestras manos, / con iguales preguntas y un fuerte desaliento, / suave desesperanza que ya sólo es recuerdo». La invaden los recuerdos y se adensa la nostalgia en torno al verso que construye serenamente, desde su propio silencio. Sin lugar a duda alguna, Mariluz Escribano, es una voz poética diferente, y auténtica.



Título: Umbrales de otoño
Autora: Mariluz Escribano Pueo
Edita: Hiperión (Madrid, 2013)
10 €


SALÓN DE LECTURA ____________________________Por José Antonio Santano

viernes, 3 de enero de 2014

Año Nuevo. Estación Sur

Cuando nos referimos a nuestro propio devenir solemos oír aquello de «¡Cómo pasa el tiempo!», cuando en realidad quienes verdaderamente pasamos somos nosotros al ir cumpliendo años. Cada comienzo de año, la mayoría de las personas, tras el correspondiente balance del anterior, se estimulan con nuevos proyectos, con una nueva vida. Sabemos de la imposibilidad de algunos de esos proyectos, pero con todo insistimos o perseveramos en alcanzarlos tal y como los concebimos en su origen. Unas veces acertamos de pleno y otras erramos, pero al menos, diremos al final del recorrido, lo hemos intentado. Así somos los seres humanos. Y hablando de seres humanos, ¿les parece que nuestros gobernantes lo sean?, ¿acaso les importamos?, ¿podrían vivir ellos un año más con el salario mínimo (algo más de 600 euros), el sueldo medio de un funcionario (1.500 euros ) o el de una pensión, que en algunos casos no llega a los 400? Nuestros actuales gobernantes se muestran ciegos y sordos ante una población cada día más desesperada por una crisis de la cual no es culpable, al tiempo que comprueban que quienes la produjeron (entidades financieras y gestores políticos) por su desastrosa y continuada actuación especuladora y corrupta siguen disfrutando de los mismos privilegios de antes de provocarla. Un año nuevo comienza, ciertamente, pero ¿para quién? Las clases sociales más desfavorecidas permanecerán en la misma situación de impotencia e indignación, y nuestros gobernantes dilapidarán su tiempo en cuestiones baladíes, irrelevantes. «Más de lo mismo», como se dice vulgarmente. Para el pobre más pobreza y para el rico más riqueza. 

 
Nuestro sistema político, de convivencia social, aquel que nos dotamos los españoles allá por el año 1978, hace aguas por todas partes, como si se tratara de un barco a la deriva. La monarquía se ha encerrado en su burbuja de cristal y no quiere saber nada que no tenga que ver con el lujo, y nuestra Ley de Leyes necesita urgentemente ser reformada. Mientras tanto, el Presidente del Gobierno, y el partido político que lo sustenta, atenazado por el más grande de los escándalos de corrupción de toda la mal llamada democracia española. 

 
En estas fechas los deseos de paz y felicidad, de amor y prosperidad de los unos a los otros son continuos, pero si analizamos la actual situación de nuestra arruinada España, para quién, me pregunto, será este año, un verdadero año nuevo.

ESTACIÓN SUR______________________________José Antonio Santano