domingo, 12 de mayo de 2013

Canciones para vivir. Miguel Ángel Muñoz



Canciones para vivir


Citaré para este comienzo de reseña a Cervantes, tal y como lo recoge el autor de esta novela en sus páginas iniciales: <<Donde hay música, no puede haber cosa mala>>, y de alguna manera así es, aunque con alguna que otra matización que iremos señalando a lo largo de esta reseña.

Esta nueva entrega de Miguel Ángel Muñoz –cuarta-, perteneciente al género literario de la novela y titulada La canción de Brenda Lee no es sino el reflejo de un tiempo determinado, donde la música es el hilo conductor del discurso narrativo. Su estructura, compuesta por veintisiete capítulos con su título correspondiente, permite la narración corta, en la que su autor se halla más cómodo. Cada uno de estos capítulos está dedicado a una canción o fragmento y al autor o grupo que la interpretó.

Comienza la novela dándonos la primera pista de lo que será el argumento, la trama y su desarrollo. Es decir, el protagonista: <<Se llamaba EL GRAN LEONARDO VENERONI porque su padre fue LEONARDO VENERONI, EL GRANDE, uno de los cantantes más exitosos del país a comienzos de los setenta. También en las primeras páginas descubrimos la razón primera y última de su protagonista cuando el narrador omnisciente pone en sus labios estas palabras: <<Nada sonaba más allá de la música, que cercaba su cerebro hasta derrotarlo de cansancio>>. Será la música y todo lo que a su redor existe la gubia con la que irá modelando la historia del gran Leonardo Veneroni; sin olvidar, por otra parte, el sexo: <<A veces se veía obligado durante esos viajes a comprar el sabor del sexo para satisfacer sus repentinas ansias, y recibía en el hotel a prostitutas de cierto nivel que apagaban durante unos días la quemazón del deseo>>; y, de otra, tan importante como las anteriores ese bucear en lo prohibido y misterioso nuevas experiencias, hasta el punto de sentir el desprecio y la humillación del juego sadomasoquista, la sumisión, no sólo del cuerpo, sino tal vez lo más grave de la mente. Asimismo, la televisión juega un papel destacado en esta historia, contada con una prosa cuidada y elegante de su autor, que a veces se excede en las descripciones sean de tipo musical, cinematográfico, sexual, etc.

Pierden interés, en el conjunto de la novela, algunos pasajes de la misma –esa es mi apreciación-, como el capítulo 18, titulado Scat (en el jazz, una forma de improvisación vocal mediante el juego de sílabas y palabras sin sentido), el más extenso quizá de todos, y en el que hallamos tópicos del tan llevado y traído tema del sadomasoquismo, aun habiendo pretendido dar un aspecto más actual a la relación entre el ama –Mariam- y el gran Leonardo Veneroni, que busca, quizá,  la desintegración de la figura del padre en estos peligrosos juegos sexuales.

Ciertamente, Miguel Ángel Muñoz nos muestra en esta novela sus capacidades, tales como una prosa pulcra y adecuada, virtudes estas que deberá compensar en próximas entregas para así contrarrestar las insuficiencias en cuanto a coherencia y unidad narrativa. Talento no le falta, por lo que seguro nos deleitará en un futuro próximo con una más equilibrada narración.  




Título: La canción de Brenda Lee

Autor: Miguel Ángel Muñoz

Editorial: Menoscuarto, 2012 

19,90 €



Miguel Ángel Muñoz (Almería, 1970) ha publicado dos libros de relatos: El síndrome Chéjov (2006) y Quédate donde estás (2009). La canción de Brenda Lee (Menoscuarto, 2012) es su segunda novela tras El corazón de los caballos (2009), II Premio Internacional Rafael Ceballos. Su narrativa breve también se ha visto reconocida con diversos galardones (Ciudad de Benasque, Fernando Quiñones...) y ha sido incluida en varias antologías del género, como Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual (Menoscuarto, 2010). Desde 2006 mantiene un activo blog que rápidamente se convirtió en espacio de referencia para la narrativa breve. Reunió en libro (La familia del aire, 2011) una treintena de entrevistas a los principales escritores de relatos del panorama español.