domingo, 29 de diciembre de 2013

Manuel Gahete (El esteticismo en la literatura española)


 

MANUEL GAHETE: LA LUZ DE LA PALABRA



En los últimos años la obra de Manuel Gahete viene siendo objeto de estudio de los más prestigiosos críticos literarios, como lo es Antonio Moreno Ayora, que en esta ocasión nos adentra en la trayectoria literaria de Gahete a través de esteticismo presente en este prolífico autor nacido en Fuente Obejuna, y que, en opinión de José Luis Esparcia, «es el gran poeta por excelencia de los últimos diez años en Córdoba». Al cuidado editorial de La Isla de Siltolá, Moreno Ayora nos invita a seguir la lectura atenta de este libro: «Manuel Gahete (El esteticismo en la literatura española), un ensayo sólido y coherente acerca de la figura de este poeta cordobés, sin olvidar su atención a otros géneros literarios, tales como la narrativa, el teatro, el ensayo, etc.
 La obra ensayística de Gahete se detiene, fundamentalmente, en el conocimiento y difusión del más grande poeta cordobés: Luis de Góngora (Gahete preside el Instituto de Estudios Gongorinos), si bien ha realizado estudios literarios sobre Lorca, Aleixandre, poesía femenina (Rostros de mujer ante el espejo: Poética de la transgresión), entre otros. Pero donde brilla con luz propia Gahete, y así lo recoge en este ensayo Antonio Moreno Ayora, y por ello es objeto de una mayor atención es en la poesía. Así su propuesta ensayística no es otra que recorrer desde los orígenes de la creación poética la obra del poeta cordobés. Moreno Ayora analiza cada uno de los libros que integran hasta ahora la obra poética de Gahete, y lo hace desde variados puntos de vista: forma, temática, fondo, sentimiento, y en donde la palabra se entrega sin limitación alguna juega el papel predominante, es decir, que es convergente la opinión de otros críticos con la de José Cenizo cuando se afirma de Gahete: «poeta de de exquisitez formal y hondo sentimiento ajeno a modas, círculos o tendencias, entregado a la belleza de la palabra», cuestión esta que se asevera con la lectura de todos sus textos poéticos, desde Nacimiento al amor (1986) hasta el último que se trata en este ensayo Mitos urbanos (2007), además del acercamiento a su poesía infantil y sus tres antología fundamentales. En otro apartado de este ensayo Moreno Ayora nos acerca al Gahete dramaturgo, y a tres de obras teatrales: Cristal de mariposas, Ángeles de colores (infantil) y Triste canción de cuna (2009).

El profesor y crítico Moreno Ayora dedica la quinta parte del libro a la estética de Gahete: el gongorismo de base («Soy clásico simplemente porque creo que la clásico es bueno. Pero elijo siempre aquella opción que me hacer crecer como poeta y como hombre»), la selección léxica (signo de distinción de su personalísima voz) y unas notas sobre estilo y recursos literarios (la intertextualidad, la gradación, la enumeración, la metáfora, la aliteración, sustantivación y adjetivación, paradoja y antítesis, y, la anáfora). Profundo y acertado este ensayo del profesor Moreno Ayora sobra la obra de Gahete, poeta del amor: «…capaz de transformar la vida del ser humano…», a lo que añadiría, sin temor a errar, que, Manuel Gahete es en sí mismo «la luz de la palabra».







Título: Manuel Gahete (El esteticismo en la literatura española)

Autor: Antonio Moreno Ayora

Edita: La Isla de Siltolá (Sevilla,2013)     14 €


SALÓN DE LECTURA ____________________________Por José Antonio Santano

viernes, 20 de diciembre de 2013

Válidos y PLDs. Estación Sur

VÁLIDOS Y PLDs



Felipe III, llamado también «el Piadoso», rey de España, Portugal, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, y duque de Milán (1598-1621), quien consagró su vida a casi todo menos al buen gobierno de su reino, fue el creador de la figura del valido, que actuaba en su nombre, detentando así un gran poder. El primer valido de Felipe III, como bien se sabe, fue el duque de Lerma, ser tan ambicioso como especulador y corrupto, causante de inexplicables reformas de las instituciones y de llevar a la España del XVII a la ruina y bancarrota. Traigo a colación la figura del valido por similitud, salvando las distancias, con otra de más reciente creación en la administración pública española, cual es el PLD (puesto de libre designación), como así se le conoce popularmente. 

El PLD, desempeñado por funcionarios de carrera, es elegido o seleccionado, entre los correspondientes candidatos al puesto, por la persona que ejerce las funciones propias del área o sector (educación, sanidad, cultura, fomento, industria, justicia, turismo, entre otros) y de gestión política del órgano o institución en cuestión: Ministerio, Consejería, Ayuntamiento, Diputación, etc., etc. El PLD viene a ser, pues, con algunas salvedades, la persona de confianza que ha de desarrollar fiel, justa y eficazmente las funciones propias de su puesto. Hasta aquí la teoría, porque dice Aquilino, veterano funcionario y a poco de jubilarse, que su experiencia en la administración es, cuando menos, desalentadora respecto a la figura del PLD. Mantenidos por los sucesivos gobiernos de uno y otro signo político, la actitud de algunos PLDs viene siendo antidemocrática, y mucho más en determinadas ocasiones: inquisitorial y despótica. La democracia en boca del PLD (pocos se salvan) es una palabra con significado inexistente –añade Aquilino. 

 
La delegación de funciones en los PLDs por parte de los responsables políticos de turno, sin una supervisión efectiva -manifiesta Aquilino-, es un mal endémico cuyos perjudicados, en primer término, son los propios compañeros que han de soportar sus manías y caprichos, y, en segundo lugar, los ciudadanos que se sienten desatendidos y ninguneados. Los validos del siglo XVII y los PLDs del XXI son en esencia la misma cosa: seres autoritarios y mediocres, maledicientes e ignorantes que ondean la bandera del poder para humillar a sus semejantes –sentencia Aquilino. 



 

domingo, 15 de diciembre de 2013

IDILIOS. Juan Ramón Jiménez

 

IDILIOS

 Edición de Javier Sánchez Menéndez

            Si nos preguntáramos cómo definir la poesía de Juan Ramón Jiménez serían muchas las maneras de hacer, tal vez, tantas como estudios se han realizado sobre ella. Juan Ramón Jiménez escribió con la angustia creciente del tiempo, y por ello, vida  entera fue la poesía. Quiere decir esto que es imposible entender a Juan Ramón Jiménez si no miramos a sus ojos con verdaderos ojos de poeta, del rumor trascendido de la palabra poética. Consecuencia de la obra ingente del onubense universal es este nuevo descubrimiento de poemas inéditos que contienen esta edición al cuidado de Javier Sánchez Menéndez (Ed. La Isla de Siltolá), Idilios.

 Con prólogo del también poeta Antonio Colinas y estudio de la profesora Rocío Fernández Berrocal, Idilios, poemario que Juan Ramón Jiménez dejó preparado en Puerto Rico, con las consiguientes indicaciones, para su publicación,  ve ahora la luz a partir de manuscritos hallados en los fondos familiares, Archivo Histórico Nacional, Fundación Juan Ramón Jiménez y la Sala Zenobia-Juan Ramón Jiménez de la Universidad de Puerto Rico.

De los 97 poemas que componen Idilios, 38 son inéditos. Sin duda, un nuevo hallazgo que nos acerca a comprender mejor la poética de Juan Ramón Jiménez, toda vez que Idilios revela un cambio en su poesía, en la que el propio Nobel indica que los rasgos definidores de Idilios son «brevedad, gracia y espiritualidad». Nos dice Antonio Colinas en su prólogo que «el poeta deja fluir en esa etapa (y en este libro en concreto) su voz con naturalidad», y así es, porque Juan Ramón Jiménez es EL POETA por y para siempre, su vida es la poesía, y viceversa.

            «Metamorfoseador sucesivo y destinado», así se autodefinió JRJ. El Nobel estaba llamado a la conquista de la perfección, y a esa labor estuvo dedicado en vida. JRJ escribía y reescribía su obra constantemente y su única preocupación: no verla publicada en vida. Así era el poeta de Moguer. Dice la profesora Rocío Fernández que «Los poemas de Idilios encaminan la obra de JRJ hacia la poesía desnuda…» es decir, que en ellos confluyen dos inquietudes amorosas que fueron motivo de desasosiego para el poeta: el amor carnal y el amor puro. En este sentido –añade la profesora Fernández Berrocal-, «La desnudez no es ya la de la carne femenina, sino la de la creación bella, la poesía pura, la rosa que se encuentra en Idilios». Viene a marcar  Idilios el camino al centro de la poesía, y en ese camino no puede faltar la inseparable presencia de Zenobia. En esta obra el campo está muy presente, es la vuelta a Moguer, al paisaje paradisíaco de sus raíces terrenas y profundamente amorosas. En esta obra –nos dice Fernández Berrocal- existen «rasgos platónicos en esa idea de llegar a la belleza absoluta a través de lo sensible, lo corporal. Lo bello es lo luminoso».

            El poemario en sí se estructura en dos partes: «Idilios clásicos» e «Idilios románticos». Su extensión es variable, algunos muy breves. Existen poemas dedicados, pero solo a dos personas: Zenobia y Berta. Idilios clásicos viene a ser la celebración del amor, de ese amor desnudo y puro citado con anterioridad (…Deja / que tu sangre, amor, vuele / no tus alas), la búsqueda de la belleza en la armoniosa naturaleza (En el sol del otoño… / arderá nuestro idilio). En «Idilios románticos» -comenta Fernández Berrocal- se pasa de la vaguedad a la realidad, del ensueño lunar a la plenitud del sol, del día que deslumbra y llena al poeta que anhela «vivir su presente». También en estos poemas existe una fusión con los elementos naturales, y en su trasfondo siempre el amor trascendido, que se eleva hasta las más altas cimas y se abisma luego en un único abrazo y corazón (¡Quiero cruzar el mundo / con tu cuerpo luciente, / derramarlo, un instante, más allá / de la vida y la muerte). Zenobia es para el poeta el presente y el futuro, la luz que alumbra los silencios de la noche, los cálidos haces del sol que atraviesan las ventanas y balcones, el universo todo y absoluto, en cuerpo y alma. Y por eso no puede sino mostrar su amor a Zenobia a cada instante, en cada sílaba en vuelo a las alturas del amor. La poesía entendida como la llama o la brasa que incendia las palabras y las transforma hasta convertirlas en sangre de amapolas o luciérnagas de mares. Y ahí está el poeta JRJ, eternizándose en la palabra, que no es sino un deslumbramiento del ser, esencia y maravilla.

Acertada edición de La Isla de Siltolá y estudio preliminar de la profesora Fernández Berrocal de estos Idilios de Juan Ramón Jiménez, por cuanto supone de descubrimiento de los treinta y ocho inéditos y por la conjunción de los publicados, formando así un corpus único que los lectores, con toda seguridad, tendrán oportunidad de disfrutar. Un libro muy recomendable, no solo para los estudiosos de la obra de Juan Ramón Jiménez, sino para los buenos lectores de poesía. A ninguno de ellos defraudará, pues nos hallamos ante el «poeta incendiado», como así lo calificó Zenobia, y, porque como dice Antonio Colinas «…el lector se queda callado y tembloroso tras haber sentido ese escalofrío de la palabra revelada en los límites. La palabra en los límites del ser y de ser. No otra cosa es la mejor poesía».

Título: Idilios Autor: Juan Ramón Jiménez Prólogo: Antonio Colinas Edición: Rocío Fernández Berrocal Editorial: La Isla de Siltolá 14 €

viernes, 6 de diciembre de 2013

Munira. Estación Sur

 Fuente de la luz . Algo así vendría a ser el significado de la palabra «munira», de origen árabe. ¡Musicalidad y belleza plena! Acaeció en el restaurante y tetería Aljaima, convocados en torno a la luz de la palabra, el verso y la música, el colectivo Munira llevó a cabo otro de esos encuentros poéticos inolvidables. Hay que reconocer que no es fácil -en esta y en casi todas las ciudades de España sucede lo mismo-reunir a un grupo considerable de personas y dejar que la magia de la poesía penetre en cada uno hasta los huesos, y si a esto añadimos, la palabra musicada y envolvente en la voz de Sensi Falán, el resultado no puede ser sino sencillamente exquisito. En estos tiempos de creciente crisis intelectual viene que ni anillo al dedo hallar un lugar y unas gentes para quienes la palabra escrita, en verso o prosa, sea como la vida misma. Ya todo está dispuesto. Alrededor de la mesa los asientos se han ido ocupando hasta completar el aforo de la casa de Mustafa (el elegido), que nos recibe con el abrazo fraternal y la sonrisa en los labios.



El poeta queda en el centro de la mesa. Lo flanquean Mar, que hace de presentadora y Sensi, la voz más hermosa de La Chanca. El poeta, agradecido por la acogida, se abisma en la poesía, entona su canto desesperado, y nos conduce hacia el poniente, allá donde un mar de plástico se extiende al infinito:





un mar de plástico y de espejos

sobre esta tierra de poniente

donde viven y resisten, heroicos,

los apátridas del mundo y sus confines

a la espera de un verbo o una sílaba

que los haga más hombres y más libres





la humana voz que anhela los silencios, se pregunta una y otra vez:





Para qué me preguntas qué pienso

como si no fuese contigo esta historia

que ocultas y niegas cada día

ante los cientos y miles de vencidos

que obedecen las órdenes precisas

de los amos del mundo en esta hora





y el poeta, incansable, responderá al fin:





Y yo, aferrándome a los colores del día

proclamo en sus colores la vida,

y oigo los rumores del beso en la brisa

que se clava hasta sus huesos,

pues ya solo me importan sus pesares

y en ellos reconozco la dignidad

de ser hombres cabales aun siendo

la piel de mil colores o el habla

tan compleja y tan distinta,

que a su lado la huella de la vida

se asemeja a una luz intensa y única

que alumbra los caminos de poniente

entre mares de plástico y de soledades.


ESTACIÓN SUR____06/12/2013____José Antonio Santano

DIARIO DE ALMERÍA




domingo, 1 de diciembre de 2013

Bajo el signo de los dioses. Francisco Morales Lomas



BAJO EL SIGNO DE LOS DIOSES


La novela objeto de comentario en esta ocasión toma el título «Bajo el signo de los dioses» y su autor es Francisco Morales Lomas, quien nos propone un viaje en el tiempo, justo a la esencialidad de una época que sigue suscitando nuestra atención e interés a pesar de los años transcurridos: los siglos XVI y XVII, cuyo conocimiento es fundamental para comprender mejor nuestro devenir en el conjunto de la historia posterior de España. Morales Lomas nos muestra en esta novela aspectos imprescindibles tanto de la historia social y política de la España áurea (reinado de Felipe III, intrigas y corrupción en el caso del duque de Lerma o Rodrigo Calderón), como de la literaria, que protagonizarán Cervantes, Lope, Quevedo o Góngora. Siempre se ha dicho que profundizar en el conocimiento de nuestro pasado no es sino un aval seguro para construir el futuro. Ambientada, pues, esta novela en ese momento histórico, Morales Lomas construye una narración que bien pudiera, obviando la ambientación propia de la época, ser de una actualidad rabiosa. Y así lo es, al menos, en lo que toca al tema principal de la obra: las intrigas, venganzas y la corrupción política. Los personajes que afloran en «Bajo el signo de los dioses» son, como ya se ha dicho, en unos casos reales, y en otros, pertenecientes a la ficción (Leopoldo del Prado). El discurso narrativo no pertenece a un solo narrador sino que se amplifica o multiplica en voces distintas, en narradores varios, quizá pensada así para contrastar los diferentes pensamientos o ideas.

El protagonista de esta narración «in extrema res» es Rodrigo Calderón, quien llegó a ser un hombre muy poderoso en la Corte de Felipe III, pero que concluiría su vida siendo degollado en la Plaza Mayor de Madrid. Junto a él, el más poderoso de los hombres, el duque de Lerma. Realidad y ficción se entremezclan con algún guiño a escritores coetáneos, como es el caso de Ricardo Bellveser, a quien el autor de esta novela cita como miembro de la Academia literaria de los Nocturnos en la Valencia del XVI. La narración se estructura en diecinueve capítulos, cada uno de ellos, y a manera de puzzle, cuenta los hechos que se suceden en el tiempo y que conforman la novela en sí misma. Muchas de las situaciones que se narran en esta novela son coincidentes con los acaecidos en la España actual, como es el caso que motiva el traslado de la Corte a Valladolid: «Señora, después que ha faltado el rey viejo y han cambiado los ministros y consejeros, y han aparecido estos otros que no entienden ni saben de negocios sino de su propio oficio, aquí no hay orden ni concierto y se ha trabucado todo de pies a cabeza. Debe saber V.E. que la hacienda real amenaza ser llevada al naufragio total y a la ruina. Pero el rey el incapaz de dejar de hacer mercedes a Lerma y a sus paniaguados. […] Y debe saber aún más, que debido a ello, a la influencia que S.E. ejerce en su nieto advirtiéndole de los excesivos juegos, jornadas, gastos y despilfarro de los ministros… ha ordenado el duque que la Corte se mude a Valladolid, aunque haya disgusto universal. El teatrillo lo ha cambiado de sitio el autor-Lerma y con ello se ha llevado a todos los actores del retablo». La especulación inmobiliaria y el resultado desorbitado de las ganancias derivadas de tan magno negocio estaba servido. El control de Lerma sobre el rey era total, «hasta el punto de que controla también el dinero de bolsillo que tiene el monarca y del que no necesita dar cuenta a nadie».

Otro aspecto a resaltar de esta novela es la presencia en sus páginas de los grandes hombres de las letras: Cervantes, Lope de Vega, el joven Quevedo, Luis Vélez de Guevara o Góngora, al hilar un discurso en el que la literatura se presenta como el más grande patrimonio espiritual de la humanidad, aun incluyendo las desavenencias con otros escritores, como en el caso de Cervantes, que no gusta del teatro de Lope ni de su vanidad, y añade como «tampoco me gustaban su enajenación con el poder y con el valido de Lerma, al que halagaba siempre que podía, como había sucedido hace unos meses con la obra que estrenó en Lerma, El premio de la hermosura, un absoluto dislate pagado por el duque, atlante del peso de esta monarquía». Morales Lomas nos presenta la sociedad de la época: «Las cosas que suceden en esta nación de pícaros solo tienen sentido en ella», algo que también pensamos en estos principios del siglo XXI; el retrato pretende ser lo más ajustado a aquella realidad –coincidente con la actual-: «El ser humano se mueve por el beneficio y solo por él es capaz de actuar. Es un principio básico que si no se conoce, mejor es no andar metido en política». Tales extremos se evidencian más aún cuando en uno de los diálogos que componen la novela se llega a decir: «A mí no me preocupan estos (refiriéndose a los ladrones) de poca monta sino los que están arriba. Todos se enriquecen mientras el pueblo paga». Pero también Morales Lomas ha querido retratar el espectáculo de la muerte en aquellos días, mediante la ejecución pública del conde de la Oliva y marqués de Siete Iglesias, Rodrigo Calderón, protagonista de esta novela. La muerte de un noble como castigo ejemplarizante: «No todos los días de su vida contemplarían morir (acaso ninguno) a un grande como al más humilde de los mortales. Y ese espejismo, ese pasatiempo pedestre, encendía lo mórbido y pasional». Este es el acabamiento definitivo, el último silencio y la rotunda oscuridad, la única verdad que nos iguala a todos: la muerte.

Es, pues, «Bajo el signo de los dioses» una novela amena, donde el lenguaje, la palabra, fulge en cada página, como es propio en Morales Lomas, dado su oficio de poeta, narrador, ensayista, crítico y profesor universitario, con conocimiento exhaustivo del Siglo de Oro español.



Título: Bajo el signo de los dioses
Autor: Francisco Morales Lomas
Edita: Alcalá
14 €


DIARIO DE ALMERÍA. 01 Diciembre 2013