viernes, 27 de septiembre de 2013

El alcalde invisible. Estación Sur

Sorprendentemente no aparecía en la fotografía de la portada del periódico. Tal vez se tratara de brujería o de espejismos, pero no estaba allí, donde le correspondía, en la primera página del diario, con su declaración rimbombante y demagógica a pie de foto. Nadie sabe de él, nadie lo ha visto, se ha vuelto invisible. En su lugar, la segundona, impertérrita y sonriente. Ella, la sustituta, sabe bien de qué va esta historia.
Ha tenido tiempo suficiente para imitar al jefe supremo. Tomó buena nota en su ascendente periplo hacia el poder, y sabe bien echar balones fuera, pero sobre todo, culpar a los demás. No hay estrategia política más productiva y beneficiosa que aquella que imputa o carga las tintas sobre la inoperancia o culpabilidad de los otros. La verdad –su verdad-, entonces, surge como un rayo y llega a los lectores en palabras grandilocuentes, llamativas, soporíferas y teatralizadas, como quien ha ensayado delante del espejo horas y horas (el alcalde, aún sigue invisible). La segundona y sustituta ha cambiado ese rostro frío e hierático que le caracteriza por otro más alegre y sonriente, como corresponde a quien se autocomplace de su poder y su gloria (el alcalde la observa desde su invisibilidad, y calla). La pose está estudiada, y así se muestra, ajena al resto del mundo, como si solo existiera ella (el alcalde sigue invisible) y su halo de autosuficiencia, pero aunque no sea visible (ella no, el alcalde) siente que está a su lado, murmurador y camuflado en su disfraz de invisible, y por ello, ella sonríe, con forzado gesto, pero sonríe.



En pocos minutos, casi en un abrir y cerrar de ojos, la segundona y sustituta abre la caja de los dislates y vocea las excelencias de unos y las perversidades de los otros; no deja títere con cabeza mientras sigue sonriendo (impostora sonrisa) y apurando los últimos segundos en el estertor de la maledicencia, al fin y al cabo, ella es ahora la voz y el rostro del alcalde (invisible aún), quien sostiene en su mano temblorosa el bastón de mando (el alcalde, invisible, gesticula contrariado). La segundona se crece en su discurso y habla de promesas incumplidas -el alcalde, invisible, casi se desmaya-, de los otros –añade- (el alcalde recompone su invisibilidad) y culmina su narcisista y extenso soliloquio o soflama con una nueva digresión. Mientras tanto, y a pesar de todo, el alcalde, invisible.  

ESTACIÓN SUR, DIARIO DE ALMERÍA._José Antonio Santano


domingo, 22 de septiembre de 2013

Extraño huésped. Agustín Roble Santos

 
¡Gabriel!, ¡Gabriel! –grita emocionada mi anciana madre. Su voz resalta entre la multitud congregada en el pequeño embarcadero de Caleiro, muy cerca del poblado de Vilanova de Arousa.
Así comienza “Extraño huésped”, primera obra narrativa de Agustín Roble Santos.
 
Con esta novela Roble Santos nos presenta la historia de Cuba desde finales del siglo XIX y todo el XX, un siglo de avatares vividos por los múltiples personajes que afloran en las páginas de esta narración, en la que el autor expone “su visión de un mundo social “aparentemente iluminado” y servirlo en esa mesa heterogénea y controvertida que es “la mirada del lector”, como dice Ofelia Bravo en el prólogo. Gabriel Verdecia partirá en 1898 hasta la isla de Cuba para morir, como tantos otros soldados españoles, allí quedará para siempre su cuerpo (..Recibo un impacto de bala que atraviesa mi pierna derecha y sangro a borbotones. Me arrastro, se hace imposible mantenerme en pie […] Otra bala atraviesa mi cuello. Me desplomo y siento que ruedo lentamente por un abismo infinito) y su espíritu (..ya no siento el tronar de los cañones. Oigo una música maravillosa. Mi cuerpo ya no pesa). Este es el principio de una transformación, la que sufre el propio Verdecia y la narración; del primero porque se convierte en ese “espíritu” que vagará de un lado a otro para contarnos la historia de Cuba a través de sus gentes (Contaré cosas que parecerán absurdas para muchos y aquellas que si alguien desde la otra vida las contara podría ponerse en situaciones muy comprometidas, incluso con riesgos para su libertad y su propia existencia); de la segunda, porque cambiará el registro del discurso narrativo de primera persona a tercera. El “espíritu” de Verdecia estará presente en todos y cada uno de los personajes que fluyen por esta narración, pero también para contar así su propia vida: Trataré por todos los medios de no ser un extraño huésped. Comienza de esta manera mi verdadera vida; por lo que estaré muy atento a contarla sin perder ni un solo detalle.




“Extraño huésped” es una novela extensa (casi 500 páginas), pero no por ello excesiva o gravosa, difícil de leer, todo lo contrario, y donde la fantasía, a veces con tonos surrealistas planea por sus páginas. Agustín Roble ha sabido, como buen alquimista, combinar lenguajes, de tal manera que la lectura de la novela es ágil, con alguna interrupción propia de la utilización de vocablos autóctonos (acertadamente recogidos en un glosario al final del libro), pero que apenas si resta tiempo al lector ni lo distrae o desorienta del hilo argumental de la novela. En cuanto a su estructura narrativa diremos que es de tipo lineal, en el sentido de que existe un desarrollo sucesivo de los hechos, en este caso cronológicos; también son importantes elementos tales como el diálogo y, en oposición a éste, la narración y la descripción, que su autor alterna con habilidad. No obstante, y con independencia de la crudeza de algunas situaciones, de la realidad dramática que viven los personajes en algunos casos, Agustín Roble, maneja con ingenio el humor y la ironía, dos recursos que complementan el discurso narrativo. En otros casos, la preponderante fantasía en algunos pasajes pudiera llevarnos a pensar que nos encontramos ante el legado de un cierto realismo mágico (…cuentan los antiguos que por estos lares, en un monte conocido como Cayo de Yaya, suele salir de improviso, desde la espesura del bosque, una pequeña y misteriosa criatura de color negro, semejante a un chichiricú, cubierto de pelos, con ojos relampagueantes, alargados dientes, orejas puntiagudas, desprovisto de cola, con los dedos de sus pies en dirección contraria a lo que es normal; atrae a los mortales hasta internarlos en lo profundo del bosque, haciéndoles vagar durante días, desorientados y desfallecientes).

Por otra parte los temas que aborda Agustín Roble en esta novela son de tipo político -la narración obedece a un antes y un después de la revolución cubana-, es decir, desde el desembarco de los revolucionarios –entre ellos el Che Guevara- y su acogimiento por parte de Armando, “El Pastor”, hasta la victoria revolucionaria y el liderazgo de Fidel Castro, pasando por el enigmático episodio de Camagüey, en el que interviene Cienfuegos (Jamás se supo nada sobre el paradero de este hombre ni de sus acompañantes, tampoco del aparato). De igual manera nos descubre esta novela la sociedad cubana, cuestiones de tipo social referidas al “modus vivendi” de la población (diferencias, racismo, racionamiento de alimentos, carencia de industrias, condiciones laborales de los cortadores de caña, vivienda, homosexualidad, balseros, etc, etc., frente a los abusos del poder. Acompañan a las anteriores la religión (Una vez más el Gobierno gana la partida. Su objetivo es descabezas las religiones que le resultan incómodas…); el sexo ocupa un lugar significativo a lo largo de la narración y que nos recuerda la presencia continuada del sexo en la novela cubana contemporánea (El encuentro es apasionado rico en toqueteos, succiones y poses alucinantes. […] Las horas pasan y los amantes disfrutan olvidados de todo cuanto ocurre a su alrededor); y, por último, lo esotérico, la santería, la magia negra y la correspondiente aplicación de extraños exorcismos como el que El Brujo aplica a una muchacha de nombre Grisel (El encorvado anciano no cesa en prodigar abundantes succiones y copiosos lamidos por las enrojecidas partes íntimas de la hechizada, quien se retuerce acompasadamente; sin que se sepa a ciencia cierta si estas contorsiones se deben al influjo de los demonios o al eficaz desempeño oral del vetusto patriarca).

“Extraño huésped” es, pues, una novela con ricos y variados registros y matices que su autor, Agustín Roble, ha sabido crear para deleite del lector, pero es también, y como dice su prologuista, “paradigma de una verdad social que jamás podrá marginarse”.


Título: Extraño huésped
Autor: Agustín Roble Santos
Editorial: Alhulia, 2013 20 €


AGUSTÍN ROBLE SANTOS
(Cuba, 1959)

Es ingeniero agrónomo y doctor por la Universidad de Almería. “Extraño huésped” es su primera novela.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Sin levantar cabeza. Estación Sur

SIN LEVANTAR CABEZA

DIARIO ALMERIA (Viernes, 13/09/2013)

 
 No sé a que viene tanto revuelo por el préstamo del rey don Juan Carlos I a su hija Cristina y su esposo Urdangarín. Es normal que los padres ayuden a los hijos, y él, el rey de España, es también padre, padre preocupado como lo están el resto de los padres de España porque sus hijos tengan una vivienda digna donde habitar y criar así a sus hijos, que serán a su vez los nietos. Que don Juan Carlos haya prestado 1,2 millones de euros a su hija y a su yerno está dentro de la lógica más apabullante. ¿No hacen lo mismo el resto de los padres de esta España nuestra?

Don Juan Carlos solo quería que su hija no viviera en un pisillo de mala muerte, de 300 metros cuadrados, cuando ella había estado acostumbrada a vivir en palacio. Eso es todo. Es simple y llanamente la preocupación de un buen padre por ayudar a su hija a vivir dignamente, es decir, en una vivienda acorde con su realengo, el palacete de Pedralbes, como así se le conoce, valorado en unos 9 millones de euros. ¿Qué es eso, comparado con la inmensidad del océano? Peccata minuta. Don Juan Carlos, ante todo, es padre y, como padre, no puede abandonar a sus hijos, no puede permitir que vivan en un pisillo de 300 metros cuadrados, ¿dónde se alojaría él cuando fuese a visitar a los nietos?

La verdad es que no es para tanto. Bien pensado el rey ha hecho lo que cualquier padre hace con sus hijos: prestarle su apoyo y comprensión, y si ese apoyo y comprensión se llama 1,2 millones de euros, no tiene la mayor importancia.

¿Qué ocurrirá ahora, cuando su hija Cristina se vaya a vivir a Suiza (¿casualidad?) y el pisito le quede pequeño? Lo lógico será que su padre, el rey, vuelva a prestarle dinero, lo normal en cualquier familia de bien. Lo único que ya no cuadra tanto es que después de tanta tinta vertida sobre los tejemanejes de su marido, Urdangarín, lo verdaderamente escandaloso es que tengamos que pagar los españoles 400.000 euros por la seguridad de la infanta Cristina en tierras de bancos y fortunas ocultas. ¿Por qué no corren a cargo de la Caixa, entidad que contrata sus servicios, todos los gastos que genere la infanta?

Lo peor de todo esto es que, al final, siempre pagan los mismos, los de siempre, los ciudadanos de a pie, y entre tanto pillaje, venga de donde venga, sea de los banqueros, la realeza, los políticos, etc, etc, no vamos a levantar la cabeza nunca.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Libre de la tormenta. JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ

Toma el título este libro de Javier Sánchez Menéndez del Soneto VII de Garcilaso de la Vega, segundo cuarteto:


 


Javier Sánchez Menéndez . Libre de la tormenta
Tu templo y tus paredes he vestido

de mis mojadas ropas, y adornado,

como acontece a quien ha ya escapado

libre de la tormenta en que se vido.



¿Escribe, pues, Sánchez Menéndez desde el convencimiento de sentirse liberado, y ajeno, por distante, de la mediocridad que gobierna los actos del hombre en la actualidad, en un mundo cada vez más cerrado en sí mismo, para mostrarnos así, su universo, su único objetivo, cual es la asunción de la palabra poética como motor de cambio, de transformación? Que cada cual, después de la lectura, obtenga sus propias conclusiones. No cabe duda que, ya desde el título, su autor nos invita a adentrarnos en el mundo que él percibe, a conocer su particular concepción de la poesía, aunque en el proemio del libro nos lo confiesa:La poesía por encima de dios, del amor y de la propia vida, una forma de búsqueda de la pureza y de la esencia que llevan al único camino”.



Esta y no otra va a ser la tónica general de Libre de la tormenta, y en ella incidiremos en este comentario. Los textos que contiene Libre de la tormenta, y por lo tanto, los poemas (en prosa), vienen precedidos por un número, pero no ordenado o correlativo, produciendo así un caos, una anarquía numeral que viene a reproducir su creencia de que el el orden de la vida es impropio del orden de la creación. El caos nos organiza”.



El autor, así, tiene la necesidad de ser libre, de no atender a tópicos o imposiciones de ningún tipo, incluido la ordenación de sus textos en el libro. En su búsqueda por la esencia poética halla el matiz como elemento conformador de la verdadera autenticidad de la poesía (“Por más que existe la poesía acreditada y tenga acercamiento, si no es auténtica, es injusta e inútil). En Libre de la tormenta hallamos al Javier Sánchez Menéndez lector inagotable, pero también al poeta, al escritor, de ahí esa afirmación suya “Prefiero la lectura a la escritura” (pág. 96).



Para Sánchez Menéndez la palabra es la vida, y con ella, en extraordinaria comunión asciende hasta fundirse en una única voz: la literatura. Y por ello, nos dice en este libro: “De vez en cuando pienso que hay que pasar de tanta miseria que rodea la literatura. Pero no es que la literatura sea mezquina, son los autores los que la hacen así” (pág. 29). Como se puede apreciar su interés por el hecho literario es una constante en este libro, como lo es su preocupación por la crítica literaria, ese oscuro bosque donde habitan semidioses que escriben sobre lo ajeno, despreciando o alabando, según sea más o menos conocido el autor o la editorial: “En España no existe la crítica literaria. En primer lugar no es literaria y en segundo no es crítica”. Y ésta búsqueda o viaje Javier Sánchez nos habla también de sus gustos literarios, de sus lecturas, y lo hace desde la experiencia y la libertad en suma: “Sí, debo reconocerlo, prefiero a Platón antes que a Francisco Brines por ejemplo”, y muestra su admiración en unos casos, como el de Nicanor Parra: “El poema que leí anoche era de Nicanor Parra. Se titula “Cartas del poeta que duerme en una silla:



Me da sueño leer mis poesías

y sin embargo fueron escritas con sangre



(pág. 47), o en otros, su discrepancia, su crítica más atroz, como es el caso los Nocilla: “No existe la poesía en ellos. Nunca existió. Ni cuando eran cosmo o nocillas” (pág. 102). Pero por encima de todo, Sánchez Menéndez es poeta y la poesía el centro de la vida, su vida. Solo en ella (la poesía) se reconoce, y en ella vive, por y para siempre, hasta le extenuación: “El poeta nunca pela los versos, se los come a bocados si no los ve claros” (pág. 144). La vida sin poesía no existe, todo sin ella sería abismo, desvalimiento. La poesía como ente supremo, como dios al que adorar, aún a pesar de decir que “Escribir poesía es un juego de alto riesgo, un juego peligroso […] La poesía es el arte al que no debo jugar pero que no puedo dejar. Nada es lo que parece ser” (pág. 135), y tal vez no le falte la razón, por cuanto la poesía remueve las conciencias. Sánchez Menéndez no deja de indagar, de bucear en los fondos marinos de la memoria y el alma: “Busco en la poesía lo que roba la vida mientras sueño” (pág. 128). Para Javier Sánchez Menéndez la poesía es la vida y sus silencios.



Por ello nos dice: El poeta, el verdadero poeta está solo. Siempre. Busca la soledad, el silencio, la grandeza del espíritu” (pág. 96), para a continuación aseverar que: “Sin silencio no hay poesía”. No ya duda que Sánchez Menéndez, con Libre de la tormenta (tercera entrega de su proyecto Fábula, que contendrá 10 libros), nos lega un buen texto, tanto en el fondo como en la forma, estética y ética al unísono. En este libro hallamos al lector impenitente, al poeta, desnudo, sincero y crítico a la vez, contagiado hasta la médula de la poesía como rectora de vida, o lo que es lo mismo, de la palabra: ”Por encima de dios están los versos, pero muy por encima la palabra” (pág. 95).

Título: Libre de la tormenta    
Autor: Javier Sánchez Menéndez
Editorial: Isla de Siltolá, 2013               10 €


JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ
(Puerto Real, Cádiz, 1964)

 Es autor de los poemarios Motivos (1983), El violín mojado (1991), Introducción y detalles (1991), Última cordura (1993), La muerte oculta (1996), Una aproximación al desconcierto (2011), que aparecía tras quince años de silencio poético, Una aproximación al desconcierto (v.2.0) (2011) y de la plaquette Cartoons (2011). Una selección de su obra se reúne en Faltan palabras en el diccionario (Poemas escogidos 1983-2011) (2011). Es autor de varios ensayos y antologías. Sus poemas han sido traducidos al inglés y al italiano.

         Fábula es su proyecto más ambicioso, un conjunto de diez libros sobre la grandeza de la poesía en la vida, de los que ha visto la luz La vida alrededor (2010) y Teoría de las inclinaciones (2012). Libre de tormenta es el tercer libro de Fábula.