domingo, 3 de febrero de 2008

Medina Azahara o la Ciudad Mítica


Música y pena teje el ruiseñor oscuro. Y alguien,
para quien es luz y dolor la vida, queda en la noche
oyéndolo inmóvil, solo, mudo.
Ricardo Molina


A Paco Losada y Loli Puebla, por su amistad.

Celeste es la agonía del camino,
un vasto imperio de lenguas y razas
venidas de los confines del mundo,
la paz, la luz que aguarda en cada esquina.

Verde es el silencio de la retama,
de los olivos y estanques, del agua
que corre por las acequias del huerto
y a tarde sabe a los pies del madroño,
a sangre y lodo, a besos fugitivos.

Del color de la arcilla, la tristeza
que siento cuando ya ciego no alcanzo
los fulgores del día en tus desnudas
columnas, en tus arcos y atauriques;
la soledad que me abruma en esta hora
breve de la vida que junto a ti hallo
después de trasminar este recinto
y descubrirme vencido y náufrago
de no ser tú mi amor y compañera
en este viejo paisaje del Monte
de la Desposada y del infinito
Valle del Guadalquivir. A la hora
del solsticio de los sueños y el fuego
en ti resido, por y para siempre,
siempre en tus ruinas, solo, mudo.