sábado, 9 de febrero de 2008

EN NOMBRE DE LA PAZ. JOSÉ ANTONIO SANTANO

EN NOMBRE DE LA PAZ

¿No habría que escribir precisamente
después de Auschwitz o después
de Hiroshima, si ya fuésemos, dioses
de un tiempo roto, en el después
para que al fin se torne
en nunca y nadie pueda
hacer morir aún más los muertos?

José Ángel Valente


Escribo hoy desde la serena paz de mi estancia, con urgencia, para desarmar al poderoso con un simple canto, un himno de amor que recorra el universo entero e inunde los corazones de los hombres de buena voluntad. Escribo después de Auschwitz, de Hiroshima, Vietnam, Sarajevo, las Torres Gemelas, Afganistán, Iraq, después de tanto dolor, de tanta barbarie, de tanta muerte innecesaria e injusta. Escribo desde el Sur, allá donde el intenso azul del Mediterráneo baña de sueños el sueño de sus moradores y la luz de sus auroras resplandece en los hogares.


Escribo para alcanzar el cielo esta noche y en esta mala hora de este siglo. El cielo más fulgente y limpio, su infinito espacio colmado de trémulas estrellas y planetas misteriosos.


Escribo y es urgente que lo haga. Preciso y justo. Escribo para desterrar de una vez y para siempre el inmenso dolor de una lágrima humana, el espanto de un cuerpo calcinado, el negror del odio en las pupilas, el bárbaro silencio del verdugo, la desolada soledad de las ciudades después de la batalla, el hórrido ulular de las sirenas, el miedo y la tortura, la pobreza y el hambre, la muerte de todos los muertos del mundo.


Escribo con el ímpetu del amante que busca en el amor la consumación del amor, la entrega sin límites, la vida, al fin.


Escribo en nombre de la paz, y en ella me refugio, y por ella grito y me desangro en esta mala hora de este siglo.


Escribo en nombre de la paz, y por su nombre, por el eco de su voz ardiente me desvivo, y muero.


Aguadulce (Almería), 26 de Enero de 2003