viernes, 8 de febrero de 2008

CALLEJEROS

Anduve largo rato por el Paseo, pues era costumbre visitar la ciudad llegada la hora. Me aguardaba el azul del cielo en las esquinas y el aroma de las palmeras recién podadas, y el silencio de los pájaros, y la bella figura de las sombras en la tierra. Me esperaba el destino con la luz de sus galas. Me esperaba la herida de los días sangrando en mis entrañas. De nada sirve esconderse del grito, y desde entonces vivo en la cima del faro, oteando la vida. Mas en las calles encuentro la razón de otras vidas que siguen los pasos del olvido y su sino. En ellas habitan decenas de seres anónimos, exiliados del mundo.
Los callejeros, por darles un nombre, son como el viento o las nubes, nómadas del tiempo. Callejeros por ser su vida las aceras colmadas de gente, de escaparates y sonoras campanas.