domingo, 4 de diciembre de 2016

LA TUMBA DEL NADADOR. JUAN PARDO VIDAL, por José Antonio Santano



Adentrarse en las páginas de un libro, lo he dicho en otras ocasiones, es una fiesta. Una fiesta donde la palabra es anfitriona única. Con ella está garantizada la diversión y el conocimiento. Ninguno de sus invitados quedará indiferente. Un buen libro siempre será una fiesta inolvidable. 



El libro elegido para esta ocasión es una verdadera fiesta de la palabra, una fiesta para los sentidos. En una edición bella y cuidada, “La tumba del nadador”, de Juan Pardo Vidal (Almería, 1967) reúne un conjunto de relatos, en total 11, de los cuales el que da título al libro destaca por su originalidad y extensión, sin desmerecer claro está al resto (El tatuaje, Los gatos de Schorödinger, Los días azules, La tormenta, Te llamaré T, Desmancados, El día en que los dos hombres más importantes del país me removieron el pelo, Y decirte algo terrorífico, como por ejemplo «te quiero», Lencería rosa y El naufragio). El lugar elegido para “La tumba del nadador” es un ático y sucede todo en una fiesta muy especial: «Habrá un tipo, un editor al que Jesús conocerá en una fiesta. Y habrá también una chica y habrá música y copas y su amiga Andrea y mucha gente guapa, políticos, futbolistas y gente del mundo de la cultura […] La fiesta será la hostia, cincuenta personas bailando al ritmo de la coca en un ático enfrente del mara en los edificios de La Térmica, en Almería». Así comienza Pardo la construcción de este relato con el cual vibraremos en el temblor de la palabra de los personajes que pululan por sus páginas, con un discurso narrativo distinto donde la singularidad narrativa y los recursos literarios empleados constituyen elementos consistentes como basas de columnas que soportan todo el peso de la trama narrativa para concluir en un sólido edificio. El simple hecho, infrecuente en la narrativa española, del uso de una voz narrativa omnisciente de futuro es ya un reto que, por cierto, resuelve satisfactoriamente. 

Pero no sólo destaca en este relato el tiempo verbal utilizado, sino la propia estructura, la mirada del narrador que formará parte también del discurso narrativo –metaliterario- («Jesús no sabe qué va a pasar, ni cómo se va a llamar el maldito gato que ha encontrado dentro de su buzón, yo sí que lo sé, porque yo soy el autor y soy la leche, en esta historia soy el gran camello, el que distribuye el destino a los personajes. El futuro es una droga que todo el mundo quiere meterse. Aquí mando yo, ellos creen que soy dios, sé qué les va a pasar a mis personajes, me veneran, conocer mi poder, me temen, saben que existo, rezan para que yo cambie el futuro a mejor, quieren que todo salga bien, que intervenga para hacerlo realidad, pero yo no puedo hacer nada por ellos»), con el añadido de la presencia consistente de una voz interior, de la conciencia de Jesús (el protagonista) que denominará “Cuatro”: «Una vocecita interior, que es él mismo con la voz de él mismo, y que se llama Cuatro, le dirá: «Jesús, eres menos gilipollas que todos ésos que tienes ahí delante. Seguro que en esta fiesta hay alguien con quien revolotear, venga, espabila chaval, vete a libar alguna florecilla». Pardo Vidal ha sabido utilizar variados recursos literarios que hacen de esta narración un monumento al buen hacer: humor, ironía, flashback, música, cine, pero por encima de todo nos muestra la vida misma en sus muchos aspectos: soledad, miedo, muerte, vulgaridad, sentimientos, emociones, silencios, todo bajo el prisma de la ficción más pura, de la imaginación en un vuelo imparable. 

Juan Pardo consigue alterarnos, perturbar nuestra acomodada vida, con hechos tan reales que trascienden la propia realidad para crear otra, confirmándonos así que nos encontramos ante un narrador maduro, que sólo se deja arrastrar por el ciclón de la palabra, la que construye historias, múltiples vidas. “La tumba del nadador” es una fiesta, ciertamente, una fiesta de la vida, pero también de la muerte, la que está ocurriendo al mismo tiempo que la del ático pero en un hospital cercano de la ciudad de Almería, la del final de una etapa y el nacimiento de otra, la que sucede en el acabamiento del cuerpo paterno: «La verdad es que la vida es rara. Por la mañana no será necesario que lo acompañe porque nadie se muere por la mañana, es la noche la que se los lleva, la noche viene a por los enfermos y ellos se fan con ella de la mano, la muerte no tiene la mano huesuda, la tiene tibia y confortable, los agarra con la fuerza exacta para que se sientan seguros, se enamoran de ella, por eso nadie regresa». Un libro, “La tumba del nadador” y una voz, la de Juan Pardo que nos devuelve la esperanza en la literatura, en la vida: «Algunas gotas de lluvia caerán cerca de los ojos mientras mira al horizonte desde aquel ático para recordarle que no está en la cima del mundo y que nunca llegará a estar tan alto como aquel día, subido a los hombros de su padre».

Título La tumba del nadador
Autor: Juan Pardo Vidal
Edita: Librería Metáfora (Roquetas de Mar, 2016)

domingo, 27 de noviembre de 2016

POESÍA Y COMPROMISO EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA.




HUMANISMO SOLIDARIO
POESÍA Y COMPROMISO EN LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA

Con los vinos ocurre que hay que dejarlos reposar en la barrica primero y luego en la botella, que con el tiempo adquieran aromas y sabores, tonalidades, de manera que, al beberlos, podamos comprobar su excelencia. Esto mismo sucede a veces con los libros: hay que dejarlos reposar en los anaqueles de la biblioteca, esperar un tiempo prudencial y releer luego con la serenidad y tranquilidad que toda recreación lectora merece. No es frecuente que ocurra esto pero sucede en contadas ocasiones. Y ahora ha ocurrido. Desvelo el misterio. El libro que tratamos en este espacio fue publicado por la editorial madrileña Visor, en su colección Visor literario el año 2015, y, durante todo este tiempo ha vivido en mí su contenido de una manera extraña, agridulce sería quizá su más acertada descripción; de una parte, por no haber acometido esta tarea de difundir esta corriente de pensamiento en su día, y, de otra, por entender, desde un punto de vista ético que, siendo parte de dicha corriente, pudiera pensarse que mis pretensiones eran otras muy distintas a las que verdaderamente me unen a dicho movimiento artístico e intelectual. 
En la creencia de haber disipado estas cuestiones después del tiempo transcurrido me detengo ahora en las páginas de este libro, titulado “Humanismo solidario. Poesía y compromiso en la sociedad contemporánea”, con estudio preliminar de la profesora Remedios Sánchez García, de la Universidad de Granada y una selección poética de Marina Bianchi, profesora también en la Universidad de Bérgamo (Italia). Constituido este libro en dos partes bien diferenciadas, la profesora Sánchez García nos introduce en esta corriente de pensamiento y poética a través de un estudio cronológico de lo que ha sido la poesía española contemporánea hasta llegar a lo que ha venido en llamarse “Humanismo solidario”. Se inicia este recorrido con un primer bloque titulado “Reflexiones para una panorámica de la poesía contemporánea española. De los sesenta a la posmodernidad”, el más extenso e interesante pues clarifica el devenir de la poesía española del siglo XX hasta nuestros días. El siguiente capítulo está dedicado a “La literatura hispanoamericana desde los sesenta a la actualidad. Una aproximación a vuela pluma”. También ocupa un lugar importante la vinculación literaria entre España y el Magreb: “Donde la lengua aún alcanza. Literatura en español en los países árabes”. Se analiza también “El concepto de compromiso en la poesía en español del siglo XX”, y se llega por fin a “El humanismo solidario”, capítulo en el que se explica sobre qué pilares fundamentales se asienta esta corriente: «Se estructura el Humanismo Solidario en torno a un grupo de críticos, poetas y narradores (Alberto Torés, Francisco Morales, José Sarria, Remedios Sánchez, Francisco Huelva, Manuel Gahete y José Antonio Santano) que se definen como una corriente crítica e intelectual de personas libres que, desde la heterodoxia estética, asumen el uso de la palabra como obligación social bajo los irrenunciables principios del compromiso y el comportamiento ético, sin estar sometidos a ideología, filosofía, política o religión alguna. Desde el libre discurrir del pensamiento de sus componentes nace la necesidad de rebelarse contra los sistemas y organizaciones que oprimen y asfixian a la mayoría de la humanidad. 
Ajenos a toda ideología dominante, Humanismo Solidario propugna el destierro del pensamiento único en cualquiera de sus manifestaciones, fundamentando sus principios rectores, y su obra individual y colectiva, sobre los términos morales que emanan de la idea irrenunciable de la fraternidad universal». El otro gran bloque, es decir, el resto de páginas del volumen contiene la antología poética propiamente dicha, integrada por 49 poetas de diferentes países. Dada la imposibilidad de transcribir los versos de cada uno de los poetas antologados, transcribo un fragmento del poema en prosa “Memoria de la noche”, del leonés Juan Carlos Mestre, con el que de alguna manera se resume la esencia de esta corriente poética e intelectual denominada “Humanismo solidario”: «Esta noche y no en otra noche más desolada y perdida voy a escribir al tirano, es que pasa mi abuela con flores, con vida y no soy yo cuando llora vacía ante el cielo ya letanía o milagro. / Esta noche y todas las noches del día voy a decirte mi amiga culpable, es que está pasando la vida y yo no soy cuando un hombre se sienta y nos habla ya de destrucción o poesía». Cuarenta y nueve voces distintas pero hermanadas en esta antología poética que nos devuelve la esperanza en un esencial y necesario “Humanismo solidario”.
Título: Humanismo solidario
Autor: Remedios Sánchez García
Selección de poemas: Marina Bianchi
Edita: Visor (Madrid, 2015)









domingo, 20 de noviembre de 2016

RAQUEL LANSEROS. ESTA MOMENTÁNEA ETERNIDAD


Es cierto que la poesía casi siempre está en entredicho, si no es por una cosa es por otra…guerrillas de corrientes poéticas que intentan imponerse unas a otras, poetas que ametrallan verbalmente a la competencia u otras muchas veleidades carentes de sentido y que a fin de cuentas no merece la pena tenerlas en cuenta, porque lo único que debe de importar –así lo pienso y así lo digo-, tanto al lector como al creador es “el alma”, esa zona desconocida y misteriosa donde el poeta siente la plenitud del vacío y el silencio en absoluta soledad. Cuando esto pasa es que nos encontramos ante la poesía en su esencia. Todos los caminos son válidos para llegar a la meta, la poesía es una, y los poetas son muchos, cada uno tendrá, desde la honestidad, que elegir el suyo. Las experiencias son tan disímiles como lo es la voz de cada poeta, que habrá de buscar su propio destino. La vida es un instante y cada instante la eternidad misma, esa que trasciende la realidad para convertirse en algo nuevo, creado para universalizar la palabra cuando en verdad habita el poema. De cada instante vivido depende la dirección que el poeta tome, y en cada poeta ese mismo instante será distinto y la expresión de lo sentido o vivido también. Tal vez pudiera ser –mera elucubración- que el título del libro que recomendamos en esta ocasión sea un poco de todo lo dicho, o, esencialmente, la certeza de saber que existe la eternidad del momento. “Esta momentánea eternidad” es eso y algo más, porque su autora, Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973), nos convoca a vivir los instantes que dieron lugar, desde el año 2005 hasta hoy, a este libro que contiene su poesía reunida. La propia autora declara en las páginas introductorias que «siempre he sentido que todo lo que tiene que ver con la poesía es, de algún modo, un acto de amor. En mi opinión, operan en la poesía muchas fuerzas de índole afectiva, todas ellas necesarias para que pueda ser exactamente lo que es: el amor a las palabras, el amor a las raíces, el amor a los libros, el amor a la Belleza, el amor por la indagación, el amor a los grandes poetas de la historia, el amor a esa identificación única y sobrenatural –sin importar tiempo y espacio- que la poesía brinda». Reúne este volumen toda la poesía escrita por Raquel Lanseros en los últimos once años, que dan como balance final cinco libros: “Leyendas del promontorio” (2005), “Diario de un destello” (2006), “Los ojos de la niebla” (2008), “Croniria” (2009) y “Las pequeñas espinas son pequeñas” (2013), más una última parte con el título de “Poemas exentos. Poemas inéditos” (2008-2016). En este viaje la poeta nos invita a vivir intensamente cada momento o instante, desea perpetuarse en cada sílaba o palabra partiendo de la necesidad de expresar esencialmente su mundo interior respecto a todo lo que fluye a su alrededor, convencida de que su experiencia poética será, sin duda, como la vida misma. 



Sus versos hablan por sí mismos, como en este fragmento del poema “La gravidez del odio”: «Por supuesto que el odio requiere un gran esfuerzo. / No es para cualquier pecho. / El odio es denso y sólido. / Está hecho de cemento, / de plomo, de nostalgia», versos que muestran en este viaje iniciático una extraordinaria sensibilidad. Del poema titulado “Locus amoenus” extraemos estos otros: «La Tierra está llorando. / Por suerte / ayer salieron a la calle unos pocos / armados de coraje para intentar curarla. / Los disolvieron los antidisturbios». Lanseros refleja en los poemas siempre un lado interno, y reflexivo donde la emoción y el sentimiento se aúnan para conformar un sólido cuerpo poético, como en estos versos que afloran después de un adiós: «Yo nunca resistí las despedidas / porque en cada una de ellas se marchita la voz / de todas las personas que yo he sido / y ya no puedo ser». También fluyen los versos cuando mira hacia atrás, como cuando homenajea a “Doña Juana” y todas las mujeres libres, o se trata de recuperar la memoria de “los otros”, “de los vencidos”: «Todos nosotros somos ahora y para siempre / las pisadas de Yago contra la piedra helada, / yo soy el pan callado de aquella Nochebuena, / tú eres la luna oscura que le ayuda a esconderse. / Y hoy es mil novecientos treinta y nueve». Hacia el encuentro del hombre y la mujer, del ser humano camina por estos otros versos de “El hombre olvidado”:«Puede que sea el olvido / -mientras sus ojos turbios regresan del pasado- / el lugar donde vive la memoria», o en “Beatriz Orieta. Maestra nacional (1919-1945) cuando escribe: «El silencio es de mármol. / El silencio / es la respuesta de todas las preguntas». Late en la poesía de Lanseros la vida misma, que podríamos resumir, sin duda, en estos versos rotundos: «Ahora ya entiendo por qué vivo cuando amo. / Ahora comprendo / que el principio del mundo ocurre cada día».

Título: Esta momentánea eternidad
Poesía reunida (2005-2016)
Autora: Raquel Lanseros



Edita: Visor (Madrid, 2016)

domingo, 13 de noviembre de 2016

UN BOSQUE ARDIENDO BAJO UN MAR DESNUDO. SALÓN DE LECTURA.



UN BOSQUE ARDIENDO BAJO UN MAR DESNUDO

Si se hiciera un estudio riguroso de la poesía en lengua española de las últimas décadas hasta hoy, casi seguro que nos daríamos de frente con una realidad difícil de admitir: no es oro todo lo que reluce. Ocurre que suenan más los nombres que las obras. La poesía ha quedado fragmentada, dividida entre los que están y los que son pero no están. Este es el quid de la cuestión. Lo mismo que en la sociedad ha calado el discurso de la mediocridad y el pensamiento único, en la poesía ha ocurrido tres cuartos de lo mismo. Si leemos con detenimiento las obras poéticas más recientes comprenderemos mejor esta circunstancia. La bonanza de la poesía y de la joven en particular no es tanta como se nos quiere hacer creer. No toda innovación o todo lo nuevo es bueno. El hecho experimental es importante, pero no lo es menos el de la diferencia, esa búsqueda del poeta por encontrar su propia voz, que es de lo que adolece la poesía a la que me he referido con anterioridad. El poeta no puede ser un amanuense, un copista que repite sin cesar la misma escritura que sus coetáneos. Hay que arriesgar, huir de lo fácil y adentrarse en el silencio y la oscuridad, bucear en la palabra para hallar la palabra misma, esa que es capaz de sacudirnos, de electrizarnos por el resplandor de su propia luz. Habría que revisar con detenimiento el devenir de los últimos años, siempre desde el respeto a la diferencia y la justa valoración de las obras escritas en ese período, y he dicho obras y no nombres. Consecuencia de una reflexión profunda y ese continuo deseo de búsqueda del “yo” poético, determinado por la experiencia vivencial del poeta, sorprende el poemario “Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo”, de joséagustín hayadelatorre (Perú, Lima, 1981), actualmente doctorando en literatura por la Universidad de Salamanca. Un experimento poético que parte del propio desarraigo del poeta, de la necesidad de comunicar con los demás para encontrarse a sí mismo, recorriendo para ello un camino de obstáculos salvables, pero a veces muy complejos. 

El poeta ahonda e interpreta todo lo que se muestra ante sus ojos, y en un ejercicio de latente curiosidad indaga y bucea en la condición humana a través de la realidad más cercana. Hayadelatorre contempla el diálogo permanente entre los opuestos como si fuese una necesidad imperiosa. Así, “Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo” se convierte en un libro complejo en su estructura, en la forma y el fondo, donde cohabita la poesía y el poema en prosa. Para el poeta el desprendimiento de lo aprehendido alcanza un valor relevante, le apremia recorrer múltiples caminos para después desandarlos, hasta construir su verdad poética, su voz: «las virtudes de un poeta son / las de un asesino: a galope so- / bre un caballo ciego intenta / lacerar una selva pétrea hasta / encontrar su arteria. escucha / su sí mismo, el que no es él / donde es todos, y embellece / la destrucción y sueña lo que / destruye dándole a los muros / la forma de su rostro». Pero en esa búsqueda constante del “yo” poético no existe la exclusión del “otro”, todo lo contrario, porque su concepción del mundo no puede sino reivindicar lo humano: «…Yo recito / las lágrimas en las lápidas irradiadas del alba, las estampas / de la clarividencia en los entierros: soy centro y éxodo, / persisto ante el parpadeo. / He aquí el signo de la creación. Sólo existo / en el otro. Me determinan mi calidez nómada / y mi circunstancia sedentaria (La unida de la luz / es fragmentaria). Así, el tamaño de mi ausencia». La poesía de Hayadelatorre es reflexiva y profunda, no atiende lo superfluo, no le interesa lo banal, de ahí que siempre esté en continuo movimiento que suba y descienda, que frecuente el límite: «…Y sigo, / hacia el final de toda posesión…Resuelvo / hacia la dislocación: la mudez del grito. Y continúo / el descenso hacia la luz…». En este continuo divagar del poeta y su particular manera de interpretar el mundo destacan poemas clave como “Itinerario” («Preguntar por las últimas palabras de los libros y morir con el susurro en los labios»), “Desinencias”, “Virtud de la ceniza”, “Querella del doble”, “Lenguaje de los bosques” (la Naturaleza es una constante en su escritura) o “Nefelibata”, del que extraemos estos versos que cierran el poema: «Así, contempla desde las honduras los senderos / de la vida y la muerte. / Imagina tu hábitat en el desierto. Y habla / enumerando la nada, / tu existencia». Toda la tensión poética contenida en este libro podría resumirse con esta afirmación del poeta: «Priman las palabras para dar forma a las ideas, no al revés”.
Título: Un bosque ardiendo bajo un mar desnudo
Autor: joséagustín hayadelatorre
Edita: Amargord (Madrid, 2016)



domingo, 6 de noviembre de 2016

JUAN DE LA CRUZ. SILENCIO Y CREATIVIDAD. ROSA ROSSI




JUAN DE LA CRUZ
Silencio y creatividad

Conviene a veces despejarse un poco de las lecturas de poesía actual –tan plana e insustancial en muchos casos- y adentrarse en el estudio pormenorizado de autores clásicos, que nos deparan verdadero gozo al comprobar su vigencia aún y su excelencia literaria. Ahondar en la figura del más grande poeta místico español Juan de la Cruz es lo que nos propone la escritora e hispanista Rosa Rossi (Casona, Italia, 1928 – Roma, 2013) en este extraordinario ensayo que titula “Juan de la Cruz. Silencio y creatividad”, que escribiera allá por la década de los años 90. Rossi es una gran conocedora de la poesía mística española y a ella ha dedicado otros estudios como el realizado sobre Teresa de Jesús, recogido en el libro titulado “Teresa de Ávila. Biografía de una escritora”. En esta ocasión Rossi nos introduce en la vida y obra de Juan de Yepes, destacando en todo momento al hombre que acompaña siempre al poeta, que vive y siente como ser humano, pero que es capaz de transformar su experiencia vital en algo que va más allá del conocimiento y la lógica, que trasciende de sí mismo. Rossi nos procura el acercamiento al hombre de Juan de Yepes desde sus primeros días de existencia cuando nos habla en el primer capítulo del libro de “El hijo de la Catalina”, donde relata las vivencias en el seno de una familia muy pobre, de una vida truncada por la pronta muerte del padre, tenía entonces Juan de Yepes 3 años. Con relación a la infancia del poeta escribe Rossi: «Catalina y sus hijos vivieron, en conclusión, en los márgenes del gran ejército de mendigos que atravesaba Europa entera y cuyas filas se adensaban particularmente en España. Para llegar a comprender un poco al menos el itinerario de este creador solitario habrán que recordar siempre que tuvo muchas ocasiones de ver en la gente que estaba a su alrededor, o incluso en su propio rostro –y en el de sus hermanos- la imagen del hambre, de la “enfermedad de la miseria” tal y como la encontramos descrita a través de testimonios de la época en los libros de Pietro Camporesi: Se ve a casi todos reducidos a una flaqueza deforme a modo de momias». Esta trascendente circunstancia, junto al conocimiento del trabajo manual en aquellos primeros años fue determinante en su posterior formación intelectual: «En realidad Juan de la Cruz es uno de los escasos escritores que han conocido el trabajo manual antes que el intelectual. Su madre le envió al taller primero de carpintero, después de sastre, luego de grabador y finalmente de pintor. Y entretanto Juan ayudaba en su casa, de buen grado y con ahínco, en la labor de tejer». Estos son los dos grandes pilares sobre los que sustentará su vida. Nunca, pues, olvidará su condición humilde, ni como hombre ni como poeta. El conocer cuando era enfermero en el Hospital de la Concepción de Medina del Campo a su administrador, Alfonso Álvarez de Toledo fue determinante para su formación intelectual: «Durante los años en que frecuentó los estudios clásicos –además de las fascinantes posibilidades del lenguaje poético y en prosa en las páginas de los escritores antiguos- Juan debió descubrir la extrema dimensión radical del conocimiento como esfuerzo para ir “más allá”, de pasar como a través de un muro hacia lo desconcido, hacia lo incognoscible».
 Convertido en Juan de Santo Matía de la orden de los carmelitas calzados no tardaría mucho, tras conocer a Teresa de Cepeda, fundadora de la orden de los carmelitas descalzos en tomar por nombre Juan de la Cruz. Rossi analiza en este magnífico ensayo otras cuestiones como sus relaciones con Teresa de Jesús, la vida conventual, las diferencias, su paso por la cárcel, su estancia en Beas de Segura, Granada, Madrid, pero sobre todo nos adentra en la esencia del Juan de la Cruz poeta a través de su obra. Esta es la cuestión más importante y que podría resumirse, para comprender –si acaso puede comprenderse hoy aquella vida- al poeta en dos aspectos esenciales de la condición humana: «la capacidad para estar en soledad, para estar uno consigo mismo, y la disponibilidad auténtica para con los demás. Una “soledad sonora”». Todo en Juan de la Cruz fue pasión, pero sobre todo una dejó entrever, como dice Rossi: «la pasión por la soledad. La necesidad de estar físicamente solo y físicamente en silencio. En él esa pasión por la soledad “no era como una laceración, sino como una herida que cicatriza, la clausura fecunda donde poder reencontrarse, un lugar de recogimiento…era el estar consigo mismo». Y como conclusión, una más entre las muchas que pueden encontrarse en la lectura de este libro, tomemos estas palabras del prólogo a “Subida del Monte Carmelo”: «ni basta ciencia humana para lo saber entender ni experiencia para lo saber decir; porque sólo el que por ello pasa lo sabrá sentir, mas no decir».
Título: Juan de la Cruz.Silencio y creatividad
Autora: Rosa Rossi
Traducción: Juan-Ramón Capella
Edita: Trotta (Madrid, 2010)


domingo, 30 de octubre de 2016

AL HIDALGO POETA Antología en homenaje a Miguel de Cervantes


Salamanca se convierte cada año en puente de la palabra poética. Diecinueve años viene celebrándose un Encuentro de Poetas Iberoamericanos en esta ciudad mágica y misteriosa, donde el saber es su esencia misma y el libro el más grande de los tesoros, como lo prueba la Biblioteca Histórica de su Universidad. Un año más, la ciudad de Salamanca, aromada de poesía, gracias al Ayuntamiento y a Pilar Fernández Labrador, alma mater y fundadora de estos Encuentros, rinde homenaje “Al hidalgo poeta” Miguel de Cervantes con un libro antológico en el que participan destacados poetas iberoamericanos, de los cuales veinticuatro asisten por vez primera a este evento poético e integran la antología: 
Juan Mares (Colombia), José Luis Najenson (Argentina-Israel), Marina Izquierdo (España) Etnairis Ribera (Puerto Rico), Jorge de Arco (España), Gisele Wolkoff (Brasil), Martín Rodríguez-Gaona (Perú), Adriano de San Martín (Costa Rica), Carmelo Chillida (Venezuela), Salvador Galán Moreu (España), Humberto Vinueza (Ecuador), Xesús Rábade Paredes (España), José Antonio Santano (España), Theodoro Elssaca (Chile), José Luis García Herrera (España), Germán Guerra (Cuba), Jacob Iglesias (España), Nidia Marina González (Costa Rica), Leocádia Regalo (Potugal), Ingrid Valencia (México), Carmen Palomo (España), Everardo Norōes (Brasil) y Yuri Talvet (Estonia) y Abdul Hadi Sadoun (Iraq), nombrados Huéspedes Distinguidos de la ciudad de Salamanca. 



En palabras del profesor y poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart (coordinador del Encuentro) las razones de este homenaje podrían resumirse así: «Si bien Cervantes no fue a América, a pesar del mucho afán que puso en ello, desesperado…, lo cierto es que poeta de América sí vienen a Cervantes, bien fusionados ya los dos continentes de la Mancha, y con las manos perfectamente entrelazadas a poetas brasileños y lusitanos, más algunos invitados necesarios, de otros países». s poetas y otros más, entre los que se encuentran: Antonio Salvado, Antonio Colinas, José Mª Muñoz Quirós, José Pulido, Carlos Aganzo, Héctor Ňaupari, Álvaro Mata Guillé, Marisa Martínez Pérsico, Tomás Acosta, entre otros. Es esta una antología en la cual hallamos voces y registros poéticos muy diferentes según la procedencia del autor, determinados lógicamente por la experiencia vital influida por aspectos tales como el paisaje, la Naturaleza, amén de otros referentes universales como son el tratamiento del tiempo, el dolor, la soledad, el amor o la muerte. “Al hidalgo poeta” es una antología que nos invita a conocer, aunque sea solo de forma aproximada, las poesía de los poetas seleccionados para la ocasión, así como del resto de poetas que han querido estar presentes en este merecido homenaje al Cervantes más desconocido: el poeta. Dada la imposibilidad de mostrar el trabajo de todos, seleccionaré algunos  fragmentos de los poemas contenidos en la antología: «Loco Cervantes / Justicia, libertad, verdad / Como el Quijote», (Juan Mares), «Es mejor volver al mar para todo, / para olvidar y celebrar, / y frente a semejante dios desnudarte / con placer y sin temores, festiva y sin complejos» (Etnairis Ribera), «no me saben muerto en la vida sin nombre / vivo en la muerte que me nombra» (Adriano de San Martín), «Escribo. A través de mi cuerpo fluye / una fuerza que se esfuma, me abandona, / y como todos tengo que seguir viviendo / con el esfuerzo diario, / el que no es permitido rechazar» (Carmelo Chillida), «Por todos los vivos que me ha robado, / me quedaré aquí para desollar a a la muerte, / le sacaré los ojos y dejaré sus vísceras colgando. / Romperé cada uno de sus malditos huesos / hasta molerlos como tiza lanzada con rabia al viento. / La Muerte, la Muerte anda por estos lados / ya la he visto» (Theodoro Elssaca), «Escribo para quien, un día, quizá lejano, / encuentre entre mis versos un ápice de esa vida / que he ido dajando –gotas de sangre o tinta- / sobre el páramo agreste de todos mis silencios» (José L. García Herrera), «Amar implica a veces / dejar todo cerrado / quedarse dormida en los parques / olvidar todo / cerras cosas. // Y creer por un momento / que no se abrirá nada / nunca más» (Nidia Marina González), «En el sueño hay un río que se lleva el cadáver / y un árbol que sujeta el temblor. / Aquí, en el negro inmóvil, bajo un viento artificial / la vida se devora» (Ingrid Valencia), «Cuento fragmentos / reoordeno parábolas: / una porción de los que soy / recuerda las fronteras / del Universo» (Everardo Norōes), «Aun así, seguirás siendo libre y podrás confundirte, / porque junto a nosotros revolotearán las almas, / perpetuamente, en los aires del abandono» y pór último: «En tu amor / soy como aquel trovador que decía / yo sé que mi corazón te desea / y tu ausencia es mi castigo divino» (Abdul Hadi Sadoum).

Título: Al hidalgo poeta. Antología en homenaje a Miguel de Cervantes
Autor: AA.VV
Edita: Ayuntamiento de Salamanca. (Salamanca, 2016)

domingo, 23 de octubre de 2016

LA CIUDAD CELESTE. ANTOLOGÍA HOMENAJE A VALENTE.




CIUDAD CELESTE
Antología homenaje a Valente

Visitar la casa de Valente es uno de los mayores placeres que puede encontrar un poeta que viva en Almería. Dejarse aromar por los recuerdos que la imaginación redime en las estancias no se puede describir. La luz de Almería, lo dijo el poeta hasta la saciedad, lo atrapó, y no de forma transitoria, sino hasta su muerte. También el desierto, y yo añadiría el silencio que, curiosamente, casi no aparece en su obra pero está en él, en la casa y el Cabo. A esa luz se ha referido el poeta en multitud de ocasiones, como en esta: «No sabríamos decir cuánto debemos ya a esa luz, que puede ser alta y terrible como un dios o declinar como animal de fuego hacia el crepúsculo, arrastrando con ella todo el cielo hacia la línea donde no acaba ciertamente el mar». En el prólogo del libro, escrito por Ismael Diadé, hallamos el calor de la palabra también, la iluminada voz, el verbo preciso, el reconocimiento a la obra de Valente, a su vida y a su muerte: «Con el tiempo, la muerte acaba poniendo a cada uno en su sitio. 
Ni esa muerte, último inconveniente de haber nacido, ni el nacer común a todos bajo el sol hacen una notoria diferencia entre los hombres. La diferencia les viene del camino entre el nacimiento y la muerte. En ese caminar entre la cuna y la tumba, Almería fue un hito decisivo, casi el último que Valente vivió. Almería es su ciudad celeste de tenue y nítida luz. Aquí, José Ángel Valente encontró en sus últimos años el jardín de sus delicias y la claridad que precisaba. Aquí, dio con su lugar 4respondiento a la vocación íntima del desierto que llama y llena a sus allegados entre el silencio y la nada anidada entre sus versos y su diálogo con Ibn al-Arif, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Miguel de Molinos, y todos aquellos místicos que vivieron entre la materia y la memoria iluminada, el abismal sentir de lo divino». “Ciudad celeste” no es sino el resultado de una antigua deuda de Almería y sus poetas con Valente; una antología con el canto de 45 poetas: 

Faun Ataya, Julio Béjar, Alfonso Berlanga, Antonio Bocero, Aureliano Cañadas, Antonio Carbonell, Concha Castro, Juan José Ceba, Pepe Criado, José María de Benito, Guillermo de Jorge, Alonso de Molina, Julio Alfredo Egea, Virginia Fernández Collado, Aníbal García, Antonio García Vargas, Juan José Guerrero, Germán Guirado, Perfecto Herrera, Toño Jérez, Rafael Jiménez, María Ángeles Lonardi, José Luis López Bretones, Carmen López, Estefanía Martín, José Luis Martínez Clares, Estefanía Montero, Domingo Nicolás, Juan Pardo Vidal, Álvaro Perals, Emilio Picón, Raúl Quinto, Pilar Quirosa-Cheyrouze, Diego Reche, Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, Ana María Romero Yebra, Andrés Rubia, José Antonio Sáez, Francisca Sánchez, José Antonio Santano, Mario Sanz, Pedro Soler, José Tuvilla, Francisco Vargas y Graciela Zárate. 

La palabra poética para quien tanto hizo por ella, para quien se desnudó ante sí y el mundo, en una suerte de mística ineludible para el lector que desee conocer una de las páginas de la poesía universal más destacadas del siglo XX y comienzos del XXI: la poesía de José Ángel Valente. En esta tierra almeriense, en este sur tan olvidadizo, y del que dijo el poeta: «El sur como una larga / lenta demolición.», la luz de la palabra vuelve para ascender a la negrura de la noche y adentrarse en su silencio y soledad –que tanto frecuentó Valente- y luego de escuchar sus sonidos, sentir el escalofrío de la poesía, de la palabra. Por ser una empresa imposible citar fragmentos de todos los poetas contenidos en este libro, haré referencia sólo a los más representativos respecto a la obra de Valente y aun a pesar del riesgo que pudiera derivar de esta circunstancia. Ya en las primeras páginas hallamos “Poema en azul”, de Alfonso Berlanga, que alude a ese color tan cercano al Valente mediterráneo: «Si alborada de azul tiñera tu ventana, / encendido carbón en azul tus sentidos, / tu almohada de azul, / azul tu sueño, / cuánto de azul sintieras / si el azul te dejara… te dejara». Frente a la veteranía de un poeta, la juventud de otro, Juan Pardo Vidal, en la palabra trascendida, que se adentra en la nada, a la que tantas veces acudiera también Valente: «Amo el cántaro, tiene la suprema / realidad de la forma, hueco inánime, / bello y servil el cántaro y el canto, / se desmorona el aire desde el aire, / que disuelve la piedra en polvo al fin… ». “Ciudad celeste” respira por cada poro de sus páginas a través de los poetas participantes, pues muchas son las voces y muchos los registros, y en todos, la luz de la poesía en el recuerdo al gran poeta José Ángel Valente.


Título: Ciudad celeste
Autor: AA.VV
Edita: Instituto de Estudios Almerienses (Almería, 2016)



domingo, 16 de octubre de 2016

SEPTIEMBRE EN LOS ARMARIOS. RAMÓN MARTÍNEZ LEAL



SEPTIEMBRE EN LOS ARMARIOS


Volver a la tierra, a los lugares con los que se soñó alguna vez, ese pueblo bañado por el mar o quizá por un riachuelo cristalino, un bosque, una alameda, o, simplemente aislado en su soledad contenida es siempre una manera de sentir la vida en todos sus órdenes. Sucedió que un día ya lejano anduve por Fuente Vaqueros y los versos de Federico García Lorca me asaltaron fieros, luminosos, abrasadores. Allí todo fue distinto, todo calma y silencio, clamor de ausencias. Corría el mes de septiembre de un año cualquiera, en Fuente Vaqueros, en alma pura del poeta las horas se hicieron infinitas, deslumbradoras. Ahora, muchos años después, la poesía de otro poeta, vuelve a cruzarse en mi camino, y es septiembre el elegido, el mes de la nostalgia, de la melancolía y el recuerdo que brama en los adentros del poeta. “Septiembre en los armarios” es el poemario objeto de atención en esta ocasión, obra de Ramón Martínez López (Fuente Vaqueros, Granada, 1975), con la que fue finalista del XXIX Certamen de Poesía Villa de Peligros. Ya desde el primer poema, que da título al poemario, el poeta desvela sus intenciones cuando escribe: «Tengo nuestro septiembre en los armarios. / No me atrevo a sacarlo por si llueve / y se me oxidan recuerdos y nostalgias / o se me cuartea el rostro en la cartera». Es el amor que surge como un huracán y que crece y crece en el interior del poeta y que no puede silenciar ya: «Cómo negarte que te quiero, / que la vida sin ti carece de sentido / y cómo no pensar, mirándote a los ojos, / que este diciembre será el mes de tu sonrisa». El tiempo que todo lo afianza y que el poeta sabe bien que ha de transcurrir, sucederse hasta alcanzar el destino deseado, su destino, el camino que le llevará al amor definitivo, la verdad absoluta, su verdad. La observación del cosmos es una necesidad del poeta, el conocimiento y la reflexión de cuanto sucede a su alrededor, las claves sobre las que se asienta su universo poético: «De tanto girar el mundo ha perdido la cordura / y yo, loco insomne, no encuentro el sentido de otra risa / en esta noche de silencios varios / en que un desierto de sombras juegan a quererse». El poeta en su soledad toda, al cuidado de los días y las noches que se suceden monótonas, y que engrandecen su vital experiencia. De ahí que se rebele y se pronuncie contra lo que no quiere: «Yo no quiero rosas mutiladas / ni cualquier otra flor sin sus espinas. / Yo no quiero perfumes que sepan a mañana / ni aromas de un quizás con sabor a despedida». El amor sin condiciones, del “yo” al “tú” trascendido en el “nosotros”, que todo lo transforma y lo altera, irremediablemente: «Amarse, Amarse, Amarse / hasta descubrir en tu boca / que la noche en que no estás / tiembla mi noche». Es la entrega al otro hasta sentirse uno sólo y único cuerpo, una sola alma: «Esta tarde, será por siempre nuestra tarde / y nosotros, amantes de un instante eterno». La eternidad al fin, en el amor, en la infinitud del tiempo, incluso en la tristeza de los días, en el dolor de la espera. Así el poeta, en este viaje iniciático, aprendiz de hombre y de poeta, se mira hacia adentro para descubrirse y descubrir el mundo, la hostil realidad que le rodea. Ya su canto contra las despedidas, contra la ausencia del amor y los recuerdos, esa creciente nostalgia incrustada en lo más hondo del ser: «Navegar no es más que asumir la despedida / por ese mar-espejo que mece los recuerdos. […] Y entonces yo descubro el enigma del naufragio: / no hay horizontes más allá de tu cintura / ni paraísos celestes al margen de tu risa. / Naufragar es alcanzar la victoria». El amor en sus más variadas representaciones, en los recuerdos que trascienden tras el tiempo transcurrido, el amor soledad y el silencio, siempre el poeta alumbrando el territorio de la vida, imaginando otros universos: «Quizá nunca deambule por Walt Street, / absorto en el frenético bullicio / de ese universo enumerado de oficinas. / Quizá nunca pase una noche en Manhattan, / ni surque las aguas del Hudson, ni acarice tus pechos en el piso 40 de mi vida. / Quizá, sólo quizá, tal vez nunca, todavía». Pero después de todo, de la vida misma, de sus sombras y sus luces, el poeta siente el paso del tiempo y en él se mira para saberse vivo, en los orígenes de la existencia y la memoria: «Entonces, recuerdo al niño que deshojaba margaritas / y soñaba versos imposibles / en la soledad de centinela  de la bañera. / Y por más que quiero, las orillas / se me antojan lejanas y distantes. / Y es que de todo comienza a hacer ya bastante tiempo».


 Título: Septiembre en los armarios
 Autor: Ramón Martínez López  
 Edita: Alhulia (Salobreña, Granada, 2015)    

domingo, 9 de octubre de 2016

TÚ ME MUEVES. AGUSTÍN PÉREZ LEAL





TÚ ME MUEVES


Golpean la memoria aquellas palabras pronunciadas por Vicente Aleixandre en su discurso de ingreso en la Real Academia, y que vienen a dar luz y sentido a la importancia de la relación hombre-poeta, y viceversa: «El poeta es el hombre. Y todo intento de separar al poeta del hombre ha resultado siempre fallido, caído con verticalidad. Por eso sentimos tantas veces, y tenemos que sentir, como que tentamos, y estamos tentando, a través de la poesía del poeta algo de la carne mortal del hombre». Acertadas palabras de nuestro poeta y Nobel Vicente Aleixandre, hoy más si cabe, por cuanto una desproporcionada ambición sacude a la poesía actual, y con ello a sus poetas más mediáticos. Andar por la superficie, rozar lo tangencial parece ser la consigna, el modelo, la moda en suma,  sin apenas detenerse a pensar, meditar, mantener una actitud crítica, capaz de desenmascarar tanta impostura. Aunque a veces, sólo a veces, sucede que una voz distinta, serena y lo suficientemente coherente rompe esta monotonía, este discurso plano y huero en el que se ha convertido la poesía española de los últimos años.
A veces, decía, ocurre que nos reencontramos con un texto que estimula la conciencia, el pensamiento, y entonces parece que el camino, la aventura, parece tomar consistencia, sentido, vida. Porque la poesía no es sino un estado vital, una experiencia única, no solo para el creador sino también para los lectores, capaces de recrear otros universos tras la lectura, los que ellos mismos consideren oportunos, sin límites. Prosigo, ocurre entonces que, llega a tus manos un texto, un nuevo poemario entre los muchos que se publican, de tal manera que su título, con sólo tres palabras, “Tú me mueves”, es capaz de ejercer en nosotros una fuerte atracción que nos transporta a la mejor poesía mística española, en el caso que nos ocupa, hasta el siglo XVI con el soneto anónimo “A Cristo crucificado”, de donde su autor, Agustín Pérez Leal, toma el título de este poemario. “Tú me mueves”, merecidamente galardonado con el XXIX Premio Internacional de Poesía “Antonio Oliver Belmás”, es uno de esos libros que asombran por su lenguaje depurado y hondo, preciso y convulso,  con el que Pérez Leal, desnuda su alma entera, flechado con certero tino por “el amor”, como así ocurriera también en Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Un amor que vive en todo lo que rodea al poeta y que siente en cada ser vivo como resplandor del día: «Alta brisa del sol, sagrado ahora / posado sobre el alma del aceite: / yo sólo quiero ser, por un momento / esta carne que no sabrá morir / sin comprenderte antes, / luz que atiende y desoye / porque sabe, y se da, / y nada más le queda por hacer», o como silencio nocturno: «gira el sol en su cima; / gime dulce la tarde; / nos gobierna la noche / con la exacta sentencia / de una cruz de ceniza / sobre el cuerpo dormido». «Que me incendié en amor. / Que hallé mi corazón fijo en su centro», escribe el poeta, convulso, herido por el amor en su más grande significado y presente en la Naturaleza: el sol, el agua, el día, la noche, la piedra, los pájaros, la mar, el cielo, las estrellas, como un canto único: «Quien no sepa mirar a las estrellas: / su danza de fervor arcaico, el vuelo / que las vuelve doncellas y corteja sus muslos, / verá sólo una noche inacabable». El amor siempre, en su esencia, como esa voz que habla desde el mismo silencio y soledad del poeta, que crece y se desborda entera y toda, y es alma y luz de otras voces: «Venga después la noche con su noche: / sé que seré callado por oír», de otra mirada: «AMOR, flor de fuego / que todo lo arrasas: / sálvanos de ver. / Al sueño de un río / me busqué en mi centro. / Mirar y morir / son un y lo mismo».
Y en ese mirar continuo, la palabra trascendida asciende a la altura del silencio y allí, el poeta, de vuelta al mundo,  se hace hombre, otredad: «Como amantes oscuros, / dueños de un mismo idioma inexplicable, / seamos uno en otro / cauce y caudal, en donde el mundo es uno». Un universo para y del amor en los lugares, las flores, la luz o la oscuridad, en el dolor o la alegría, en lo vivido y que deja la huella imborrable de la buena poesía en la particularísima voz Agustín Pérez Leal. “Tú me mueves” –ahora sabemos algo más de lo que mueve al poeta- es un libro que nos devuelve la esperanza, los silencios necesarios y la luz que siempre ha de alumbrar a la poesía, que nos invita a vivir: «Ven y baja. Regresa / al amor, a la infancia, / al sin ti, tu certeza”.





Título: Tú me mueves
Autor: Agustín Pérez Leal  
Edita: Pre-Textos (Valencia, 2016)    





domingo, 2 de octubre de 2016

EL GUARDIÁN DEL FIN DE LOS DESIERTOS. VARIOS AUTORES.



SALÓN DE LECTURA _________________________________ José Antonio Santano


EL GUARDIÁN DEL FIN DE LOS DESIERTOS
(Perspectivas sobre Valente)

H ay libros que dejan una huella imborrable por mucho tiempo que pase, de tal manera que la palabra escrita brilla en ellos con natural vigor, como es el caso de la edición que ahora comento en este espacio. Consecuencia del ciclo de conferencias llevadas a cabo en Almería en el año 2010, con motivo del décimo aniversario de la muerte del poeta José Ángel Valente se publica este libro “El guardián del fin de los desiertos”, título que responde, según se indica en su solapa, a un fragmento del libro, por aquellos días aún inédito, “Palais de justice”. Tres grandes apartados estructuran esta obra colectiva: el primero “Memoria”, con textos de Fernando García Lara, Ramón de Torres, José Guirao, Antonio Gamoneda y Andrés Sánchez Robayna; el segundo “Los signos”, con textos del crítico José Andújar Almansa, Lorenzo Oliván, Miguel Gallego y Jordi Doce, y, por último, “Centro y variaciones”, con textos de María Payeras, Ramón Crespo, José Luis López Bretones, Marcela Romano y Aurora Luque. Una experiencia lectora que nos sumerge en las claves de la ingente obra de José Ángel Valente, que nos ayuda a comprender mejor su poética. 
Si bien todos los textos, en su conjunto, enriquecen el conocimiento sobre la obra de Valente, nos detendremos, dada la limitación de espacio, sólo en algunos de ellos. El texto del profesor Fernando García Lara, sitúa a Valente en Almería: «La implicación de Valente en los problemas ciudadanos empezó pronto y en los dos lugares de su predilección: el barrio marginal de La Chanca y los paisajes desérticos, con especial predilección por Cabo de Gata», y añade: «En “Perspectivas de la ciudad celeste” se concentra quizá la más bella, lograda y poética meditación sobre el fondo histórico y el paisaje urbano de Almería». Otro de los textos destacados en esta obra colectiva pertenece a quien de forma continua y rigurosa es experto en la obra de Valente, el profesor Andrés Sánchez Robayna, que nos acercará al “Diario anónimo” de Valente, y que podríamos concretar o resumir así: «El “Diario anónimo” aspira a escapar a esa fosilización, a hundir en el anonimato la experiencia personal y a insertar –recordémoslo- la visión particular en el “potencial expresivo universal”. 
De ahí que lo estrictamente autobiográfico, en este “Diario”, pase a ocupar un plano segundo, a ocultarse o diluirse en lo impersonal, y que incluso, durante largos períodos, las referencias autobiográficas desaparezcan por completo. […] El rechazo de Valente a cualquier forma de relato de sí mismo, la aversión y hasta la impugnación del “moi aïssable”, es una de las características más visibles de estas páginas», pero además, nos dice el profesor Robayna: «El “Diario anónimo” viene a ser un fiel registro de las lecturas del poeta y un ajustado índice de sus preocupaciones y preferencias literarias, filosóficas y artísticas».
 El texto “El limo y la ciudad celeste”, del crítico José Andújar Almansa, nos sumerge en distintos aspectos de la obra poética de Valente, en la significación de los signos («Valente sugiere la ansiada tentativa de un lenguaje llevado a su infinita disponibilidad, ese punto en que el signo se comporta como pura expectativa de significación»), la voz («Un poema no existe si no se oye, antes que su palabra, su silencio»), la mística («Pero Valente, profundo conocedor de los procedimientos de la mística, escalonó ese descenso a la noche oscura de su material memoria a través de un conflictivo proceso de purgación de lo subjetivo»), el “yo” poético («En sus últimos años, Valente vuelve al yo, a su reflejo fracturado en las páginas de un diario que decidió titular “Fragmentos de un libro futuro”») o la idea del sur («Valente reivindicó su propia teoría del sur en torno a cuestiones como la desnudez, la esencialidad, el desierto, lo exílico o toda una teología de la luz» - El sur como una larga / lenta demolición-). El profesor de la Universidad de Almería nos acerca, principalmente, a las traducciones de Valente, y añade: «La obra de Valente, erudita y humilde, consciente y sonámbula, su poesía, su prosa, sus ensayos y sus traducciones son resinas que fortalecen el sistema inmunitario de nuestra contemporaneidad frente a lo prescindible y lo obsoleto, frente al continuo presente del arte o la literatura». 
Destacar los textos de Jordi Doce: “La búsqueda de lo propio. Valente ensayista y “La palabra y el canto” que, por falta de espacio sólo citamos, todo, claro está sin menosprecio alguno por el resto de los textos que integran el libro. Como corolario, esta definición de lo que para Valente es la poesía: «cosa para andar en lo oculto, para echar púas de erizo y quedarse en un agujero sin que nadie nos vea».
Título: El guardián del fin de los Desiertos. (Perspectivas sobre Valente)
Autor: AAVV
Edita: Pre-Textos (Valencia, 2011). IEA (Almería) y Consejería de Cultura.