domingo, 24 de septiembre de 2017

BOABDIL. EL PRÍNCIPE DEL DÍA Y DE LA NOCHE



      SALÓN DE LECTURA ____________________Por José Antonio Santano


Boabdil
El Príncipe del Día y de la Noche

Cuántas veces, podríamos preguntarnos, en el decurso de la historia literaria en lengua castellana encontramos, desde las primeras líneas de una obra, el verdadero latir, la esencia misma de la literatura, la luz destellante del lenguaje literario, la fuerza de su desnudez y sucumbimos ante ella por sabernos asombrados y más vivos que nunca, como si una tremenda descarga, una explosión de los sentidos se apoderara de nosotros y en gozosa rendición nos dejáramos persuadir hasta la extenuación. Muy pocas, ¿tal vez cinco, una docena de veces? Pero es tan grande la punzada, su enorme placidez que, cuando así sucede, todo cambia de adentro hacia fuera, o viceversa. Es un momento mágico y único, presagio de lo que acontecerá en páginas sucesivas. Quién no recuerda algunos de esos comienzos gloriosos en los que casi aturdidos por la eclosión de la palabra escrita se presiente toda la eternidad en plenitud, como en la obra cumbre de la literatura española y universal, “Don Quijote de la Mancha”, cuando Cervantes escribe: «En un un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor»; de igual manera en otra obra imprescindible como La Regenta, Clarín escribe: «La heroica ciudad dormía la siesta. El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte.», o en esta otra del Nobel guatemalteco Miguel Ángel Asturias, “El Señor Presidente”: «...¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! Como zumbido de oídos persistía el rumor de las campanas a la oración, maldoblestar de la luz en la sombra, de la sombra en la luz. ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre!». Algo parecido ocurre con una novela, pura literatura del siglo XXI, merecidamente galardonada con el Premio Andalucía de la Crítica 2017, del escritor Antonio Enrique (Granada, 1953), que nos devuelve la esperanza y la luz deslumbradora de la obra maestra, como lo es, sin duda, “Boabdil. El Príncipe del Día y de la Noche”, que se incia de la siguiente guisa: «ZAS, ZAS, EL AZADÓN. Hiende la tierra húmeda. Un hombre es quien lo blande y otro quien le mira. Las acometidas van siendo más leves, porque acaban de dar en duro. Era medianoche cuando comenzaron. Éste es el último cadáver por desenterrar hoy». Así comienza esta novela que narra las vicisitudes de los últimos días de la vida de Boabdil como rey de Granada. Una narración sólida en su estructura, para la cual su autor ha tenido que realizar un gran trabajo de documentación, pero sobre todo de creatividad. Con la publicación de “Rey Tiniebla” Antonio Enrique demostró su ilimitada capacidad de creador, de narrador de raza, y así viene a confirmarlo ahora con esta su última novela “Boabdil. El príncipe del día y de la noche”. Si en la primera parte la voz narrativa corresponde al propio Boabdil, que recorre la historia de sus muertos, que no es otra que la historia de la dinastía nazarí, de los veinticuatro sultanes de la Alhambra, contada así por quien lo tuvo todo. 



La exhumación de los reyes se convierte en el hilo conductor de la narración y Boabdil será la voz que nos acerque a su conocimiento. Es el azadón en la tierra húmeda que se hiende para desenterrar el pasado, también su destino: «¿Y qué hacer con tantos muertos; me pregunta alguien; no sé, no los distingo con esta oscuridad. Habría que arrimar el farol a sus caras, y aun así no distinguiría a tantos muertos…Ponen las momias unas sobre otras haciendo pared, una hilera de varios hacia un lado, la siguiente atrevesada. Es un muro compacto; si los dejáramos ahí fermentarían sus huesos y fraguarían en cemento. Me llevo sólo los más ilustres. Los cristianos los profanarían, luego de saquearlos. Los demás mandaré los dispersen por cárcavas del monte, en las cercanías del palacia al-Hijar, Alijares. Estos muertos son míos. Y de Granada». La voz narrativa de la segunda será la del anciano Ibrahim Eleazar al-Sabbagh, quien nada tuvo: «Ni cristiano ni moro soy, como ni hombre ni mujer. Todo me lo quitaron, nada me han dejado. Por esto, sé. Y por saber, soy. Todo me lo quitaron menos el sello que cerraba mis labios. Este sello a mi boca me lo arrebato yo. Yo soy quien se lo quita ahora». Dos enfoques narrativos para una mismo hecho, una misma historia, que hacen de esta novela una obra singular, por cuanto amalgama erudición y emoción, la fuerza indiscutible del lenguaje y una asombrosa capacidad para crear belleza. Una obra magistral que conmoverá sin duda alguna al lector que se acerque a sus páginas. Antonio Enrique ha escrito tal vez la novela de sus sueños, la que habitó siempre en su corazón y en el de la Alhambra, donde un día ya lejano alcanzó la felicidad toda.



Título: Boabdil. El Príncipe del día y de la noche
Autor: Antonio Enrique
Edita: Dauro (Granada, 2016)

domingo, 3 de septiembre de 2017

INGRID VELENCIA. OSCÚRAME

SALÓN DE LECTURA _________________________________ José Antonio Santano


OSCÚRAME

Cada año el reencuentro con la poesía iberoamericana está asegurado en la ciudad dorada, en la bella, sabia y lumínica Salamanca. En esta incomparable ciudad, poesía en sí misma, los versos nacen de cada piedra, se elevan hasta alcanzar las nubes, huele a lluvia en sus calles y los silencios fluyen por doquier hasta ensordecer al visitante. Dos libros de poemas nacieron consecuencia del fallo del III Premio Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador”: “La metáfora del corazón”, del jiennense afincado en Ávila José Pulido (reseñado en esta misma sección hace unos meses) y “Oscúrame”, de Ingrid Valencia (Ciudad de México, 1983), de tal manera que, madurez y juventud, quedaban ensambladas, unidas en la auténtica y eterna voz de la poesía. Ingrid Velencia sabe bien que a la luz se llega desde la oscuridad, que los silencios no son sino latidos del corazón y que la palabra es la única verdad capaz de transformar el mundo. “Oscúrame” es, por su frescura y modernidad, un libro que sitúa a la poesía latinoamericana actual en un lugar de excelencia. Su variada temática y registros son garantía suficiente para adentrarse en sus páginas y dejarse llevar por la corriente de sus sonidos, con su lenguaje preciso. La poeta bebe de la más culta tradición poética mejicana, pero también de una realidad que se le muestra en toda su pureza, y no caben medias tintas, tan dura como frágil, a la que tiene que enfrentarse cada día desde la soledad que la palabra abriga. Escribe certeramente la profesora de la Universidad de Salamanca y prologuista de este libro Carmen Ruiz Barrionuevo: «La palabra, por tanto, es el instrumento indispensable en la poesía de Ingrid Valencia, útil y sólida herramienta arraiga en la responsabilidad frente a la escritura constituyéndola como poeta de la palabra». Y así es, la palabra en su desnudez y su caleidoscópica forma, armonizadora, clara y precisa, rompedora y magnánima, intensa y lumínica, toda alma nacida de la oscuridad y los silencios. Ingrid Valencia nos habla desde la verdad –su verdad poemática- que resplandece en cada verso, allá en los orígenes: «Comienzo, sí, a mirarme, / a recordar la danza, el aleteo, / el frágil desequilibrio / de abrirse paso / por dentro de la piel, / incluso en la multitud / de aves que mueren / cada noche mientras respiro». La vida es el aliento que alimenta y fluye como agua cristalina de un manantial inagotable, que se adentra a lo más hondo del pensamiento y reclama su luz, toda la luz del mundo, como así Ingrid Valencia lo muestra en estos versos pertenecientes al poema Iztaccíhuatl: «Esta es la vida, una tarde / que se pliega y recorre / el temor, / la súplica / de volver, un día más, / a los callejones del asombro». Esa capacidad de sorprendernos aún por las más bellas y pequeñas cosas es intrínseca al universo poético de Valencia, la fuerza que mana de su palabra toma el vuelo hacia el espacio celeste y permanece en él la certeza de haber construido e interiorizado un don especial que devuelve la esperanza en la poesía, en este caso, que nos llega de la hermana latinoamericana como un fulgor inagotable. La poesía mexicana que nos ocupa en esta ocasión bien merece, de la mano de Ingrid Valencia, una parada, una reflexión profunda sobre forma y fondo, de tal manera que en su reflejo podamos atisbar otros mundos desconocidos, otras vidas que esperan desde antaño que volvamos a los orígenes para conocer mejor nuestro futuro destino: «Los ecos se mezclan / con las voces, con la piedra / derrumbada. // Ya en el polvo, / las luces se abren / y me abandono al origen». Sin duda alguna “Oscúrame” es un libro distinto y singular, que se aparta de las modas y los estereotipos actuales de la poesía española, y por esa misma razón, y habiendo sido escrito desde una mirada joven pero serena es necesario su lectura, sin prisas, con lento deleite, abismándose en la palabra que ilumina cada verso, donde el yo poético crece y crece al unísono con los paisajes naturales, la soledad y todos los silencios que inundan la oscuridad lumínica del ser humano, en ese devenir de un presente cada vez más incierto y alarmante. La poeta no puede abstraerse de la realidad –su realidad- y parecer ajena al mundo que la rodea. De ahí que su voz suene a verbos que fluyen como el agua de los ríos, que los regresos sean el camino sondeado y que todo lo vivido, lo humanamente vivido, sea la razón y la esencia de los asombros que comienzan desde adentro, desde la oscuridad y los silencios que iluminan cada día la existencia. Ingrid Valencia lo sabe y por eso escribe desde el “yo” para el “otro”, compartiendo su experiencias a través de la única forma que conoce: la palabra. Poeta intimista y rebelde, de mirada escrutadora nos deja en “Oscúrame” la grandeza de su palabra poética: «Soy yo en la maleza, / en el rostro humano / que se ciega y rompe / las ciudades, las orillas, / el atardecer de los ojos / cuando estallan». “Oscúrame”: poesía en estado puro.


Título: Oscúrame
Autor: Ingrid Velencia
Edita: Diputación de Salamanca (2016)


jueves, 24 de agosto de 2017

AMÉRICA. ROCÍO CERÓN



Rocío Cerón. Poeta mexicana cuya obra dialoga con otros lenguajes artísticos en una apuesta de poesía, acción, video y música creando espacios de transcreación. Su más reciente libro es Diorama (Amargord Ediciones, España, 2013). Obra suya ha sido traducida al inglés, francés, finés, sueco y alemán. Sus acciones poéticas se han presentado en los Institutos Cervantes de Berlín, Londres y Estocolmo, Centro Pompidou, París, Francia; Cabaret Voltaire, Tübingen, Alemania, entre otros. Representó a México en el Poetry Parnassus, el mayor festival de poesía realizado en el Reino Unido, en 2012. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Para leer/ver/escuchar obra de la autora visite: rocioceron.com



América



Se llamaban Krusevac, ahora Cruz. Los edificios transpiraban. Era una isla o un monte cubierto por chozas. Cosa de hombres. Las mujeres guardaban papas, construían el mundo. Cosa de tiento insulso, se pensaba. Paisajes de tonada suave con acordeón de fondo. Astucia. Proa que acumula sal. Toma mi brazo, corta el ligamento: necesito dejar el gusto por el ajvar. Callaron las aves a su paso. Remo. En el fondo, los peces intuían. Algunos fosos guardan familias enteras. Pero ellas son salvas. Todas las lenguas de Europa desaparecieron. Tierra. El dulce de manzana no trae olor a clavo. Cada letra deletrea una estancia. Estas mujeres son mis madres. Desde ese día −América− la piel de mis mejillas es llanura.




Todo exacto, piedra sobre piedra, bajo el estupor. Tengo adherida a la piel −planta del pie−, un nombre preciso, una esquirla dentada (aguijón o filo o tenso nudo), cristal a la uretra. Guardo una voz que es sombra, carta y anunciación: América se hunde. Hay una montaña o casa frente al mar que esconde un secreto. Manto, el desierto es manto. Se escucha una bestia colmada de fraguas: negros y blancos inventando heredad. Tengo en las manos un país del que he sido arrojada. Cinco millones de emigrantes caben en la cuenca de una sangre común. América es una madre que mata.

Herrumbre. Contener el puño. La gravedad de las últimas hojas y la nieve. Escucha el resoplido insular. Tan lejos y cercano. El mar brilla para todos pero cerca del carbón sólo resta el miedo. Defendernos de. Acentos sonoros recuerdan a Siberia. Crudo, el frío. Pero en Siberia nunca llega el otoño. Aquí −casi temblando− hay que ir codo con codo. Aquel jardín o muro o tierra nueva. Hacer la América. Herrumbre: desde Portobelo y hasta la Patagonia. Acero sin distinciones. A ojo se hace el tiento. El polvo ensombrece las extensiones de tierra. Lentitud entre los pasajeros: pegar el oído al subte, algo se inflama. Algo ya marca el cuerpo.




América es un desierto sonoro. Cazuela de ave levanta muertos, ají de gallina abre sosiego o trucha arcoíris empina rubias. Oscuras nubes modulan temperamentos de valle y bufeo. Crujido de lastras de Machu Picchu. −Oscuro oficio éste de ser santa. Yo tenía una tierra, me despojaron de ella, ahora hay un parque de diversiones: juegos replican la muerte y son la muerte. Algo en la vereda (zanjita, zanja devuélveme el tino, la cara cierta de mi tierra) es sepultura y nacencia. Aguachile que bulle en la quijada. Cacao herido que trae consigo tintineos de piedra. Cárcamo de agua de Tláloc, chacras marítimas de Manantiales. Cabo Polonio en mi memoria. Y la fuente que no deja de abastecer el mate seco, verdoso, que enjuaga la voz de la abuela.



Dijeron que era hija del golpe, de los barrios donde los sones son lentos y carraspean las voces y los toneles de aguardiente se empujan sin trozo de pan; dijeron que era hija del desprecio, de esclavas, de amargas noches de cama entre soldados y cuerpos cobrizos; dijeron que era una mártir –estaban, están equivocados−, luego le dieron algo de espejos y algo de carne de cerdo, algo de nuevos nombres y nuevos apellidos; le enseñaron el uso de la rueda (ya conocía el cero); casi la mata la fiebre. Y de cada golpe ha salido más fuerte. Como el poema, América es una dura cicatriz en el cuerpo.




La Hispaniola. Como si fuera la primera tierra. Que es. Y en ese recuerdo cupieran ya todas las noches de América. Rastro. El ron mantiene a los hombres embrutecidos, me digo. Mi abuela reza con el vaso de vodka junto, orar es mentirse a uno mismo, me dice, pero conforta el alma. Como el destilado de oro falso. Nacimiento. Como cadalso al que se entrega uno con la boca abierta, deseosa de alimento naufrago. Montar la oveja, me digo. Ahora los tenis Ducati, el floro que trae de gracia una hembra ke buena, las cadenas de oro al cuello, la camisa fina, la marca atrapando al cuerpo, gritando proveniencia. América se hunde, y nadie se ha dado cuenta. La otra América le ha chupado el seso.





Dame un tostado. Una jerga que mantenga las cuerdas vocales de mi lengua. Quiero un trapecio. Flotar en él. Quiero la astucia que da la cafeína. Sumergirse en. La otra tierra. Galones enteros. Miles de litros de sangre. Quiénes eran y quiénes son. Todos situados sobre una cuerda. Precipicio. Desde las ruinas de la lengua una tesitura arrogante. Hay una franja de tierra sin nombre. En el fondo de la taza, me dice una gitana en el Parque Forestal, hay una imagen: hombre que aún recuerda a su hija. Detente, la otra tierra y ese perfil masculino que apenas resulta de las sombras. Serbia era cobijo −Atlántico− hoy es un lago. Idea del lago.




De la tumba una flor. Plástico decolorado, tierra. Grobnica-París. De Europa sembradío nucas cisternas donde guardar vestigios. Neblina y carbón. Heno y draga, flotantes. Antes del roce sargazos, reflujo luminoso de rostros. Toda la familia astillada. Óleo de museo. Cementerio y nicho para ahondar en el nervio. Cauce púrpura, plantación de cuerpos en otros cuerpos. Cauterio. Atravesar el bosque: mucha fe en los labios. Ni el uniforme salva. Allá, en el Golfo de México, secretan zumbantes las aves. Caverna o cardo. Mar gasa, llave al pliegue. La superficie del agua recuerda a los muertos. −Desvanecerse, entre las arrugas de cada pliegue de la madre. Contenga el aire. Pulmón. Respire profundo. ¿Siente dolor? ¿Siente aquí, sí justo aquí? Es el miedo atrapado. Es América atada en cada corva. Astilla, flor recogida en Kalemegdan. Y en cada esquina la imagen de un jardín hecho de voces.


Los platos vacíos. En el fondo, el campo de gravedad es el tono. El azul. No azul sino provincia y rastro, donde hemos dejado −Eleonora flotante a la mirada. Cielo. La mirada hace la patria. Su país se le ensancha se le gesta se le encima. América no es orquídea ni animal o pariente. Tersa era la voz de la abuela. América deambula entre franjas. Acarrea agua sucia. Retoña entre la mierda. América madre. América padre. Ofrenda algo. Ofrenda algo de cuerpo a la Pachamama. Entra a esta tierra y hazte un orificio en la lengua. Forma y pasaje en el sermón de las piedras. Nudo ciego entre ríos. Cordillera. Tu piel −Atacama & Sonora, es concentración, vueltas en círculo, cartografía y nudos. Siglo.

domingo, 16 de julio de 2017

Y soñábamos con pájaros volando Antología



Hay ocasiones en que todo lo que rodea al ser humano se vuelve desasosiego, lo que me recuerda al gran Pessoa; que la vida es un oscuro túnel sin salida, que nunca tiene fin y la desesperanza nos habita y el miedo nos envuelve dejando nuestro cuerpo y nuestra alma gravitando en el vacío del averno. Cuando esto sucede –nos sucede-, la experiencia dicta –mi experiencia-, detener el tiempo con un libro en las manos, zambullirse en el agua fresca y clara de sus páginas y dejarte llevar hasta concluir el viaje, escuchar el sonido de las palabras que revolotean de un lado a otro, incansables, sugiriéndonos universos desconocidos y mágicos, modos de vida, conocimiento, emoción, poesía con mayúsculas. 



Como la que nos ofrece el poemario antológico “Y soñábamos con pájaros volando”, de la poeta Marta López Luaces (A Coruña, 1964), un libro que nos acerca a una voz singular, innovadora, reflexiva y erudita, pero que no deja de bucear en la raíz misma de la lengua para conformar un mundo pleno de imágenes y sensaciones, de vida, con saudade de la más grande tradición de la poesía gallega, pero también con una mirada siempre atenta y fija a la fría realidad de la gran ciudad de New York, a los continuos cambios que traduce y trasciende en su particular manera de escribir el verso. Recuerdo cuando leí por vez primera la poesía de López Luaces; se trataba de su libro “Después de la oscuridad” y tengo que decir que fue todo un descubrimiento. Su poesía se alejaba de las modas imperantes, de la frialdad de una escritura amorfa, que no dice nada, repetitiva, sin forma ni fondo.

 En aquella ocasión dije: «Ciencia y arte, poesía y matemática, se complementan en esta proposición, que no es sino un recorrido por las edades del pensamiento humano, desde sus orígenes hasta nuestros días. Marta López se adentra en la oscuridad más absoluta del principio del todo en su afán por hallar la luz de la materia-palabra: «De la oscuridad procedimos / de la razón y el sentimiento/ hacia la palabra». Ahora no puedo sino compartir con los lectores esta antología que recoge lo más selecto de la poesía de Marta López Luaces, prologada por la también poeta cordobesa Juana Castro, para quien su poesía es:«…un palimpsesto, un festival, una tragedia, un viaje, una alianza, el hambre y la sed, un ángel terribe, el pan-nuestro-de-cada-día, la noche oscura…Porque, aunque a veces duela, toda –verdader- poesía es fiesta de la luz». Y no le falta razón, porque adentrarse en las páginas de este libro es como volver a nacer a la luz, sentirse luz que avanza por lo desconocido y abre nuevos caminos para el entendimiento mediante el instrumento del lenguaje, de las lenguas. 

Constituido el libro por cuatro partes: “Después de la oscuridad”, “Los arquitectos de lo imaginario”, “Las lenguas del viajero” y “Distancias y destierros”, nos centraremos fundamentalmente en las tres últimas, por ser las que de alguna manera aportan a su discurso poético aspectos más novedosos y originales. Del libro “Los arquitectos de lo imaginario” destacaría el primer poema en prosa de título idéntico al libro, en el cual López Luaces, en un ejercicio metaliterario sobre la tradición poética universal, destaca versos y autores que son sólo la excusa, el leit motiv, para crear desde la esencialidad de la palabra como instrumento del saber, el conocimiento y la emoción, su propia voz: «por la palabra que se regenera con la pasión / desear la palabra como / desear la voz como / desear la respiración como / desearte como se desea / la respiración de un verso», para concluir preguntándose: «¿Cómo la poesía ante el terror?». 

Añade a este libro López Luaces otra de sus preocupaciones en cuanto al lenguaje, a la traslación de una lengua a otro (“Poema como translenguaje”), es decir, la traducción como elemento capaz de crear nuevos y distintos versos a los de la lengua original. De ahí que la tercera parte o tercer libro “Las lenguas del viajero” incida una vez más en la importancia de la palabra poética en toda creación que se precie. Construir desde los exilios interiores, reconocerse en los orígenes para ser otredad a través del lenguaje: 

«Renunciar a un yo
  para que en su traducción 
 la multiplicidad se torne 
 un camino de regreso.
 Reconciliar tu lengua con la mía 
 para descubrir en mi entorno 
 el signo exacto que me diga  
en un idioma olvidado. 
Recobrar en ti el yo 
que rechazaron mis ancestros». 

López Luaces sabe bien cómo quiere que sea su escritura y cómo expresar la emoción de cada descubrimiento, también cada recuerdo o melancolía 

Escuchar 
 una palabra de la infancia 
 y detenerse 
 en su regocijo

La extranjería, el nomadismo, el idioma y la experiencia vital forman parte indisoluble del yo poético que asciende y asciende, libre y puro como si fuera “ un sueño de pájaros volando”. 

En la última parte “Distancias y destierros” López Luaces se abisma en su propio yo y respira lenta y segura la gran ciudad americana, hasta hallar el tú y el yo en una misma calle de una noche cualquiera, ser “leyenda de agua”, porque lo que importa al fin y al cabo es la palabra, la poesía: 

« Poesía emigrante de mí 
 nace en mi destierro 
 sin nombre /
 Los hijos que no engendraré me piden agua».

 Un libro, “Y soñábamos con pájaros volando” y una poeta, Marta López Luaces, difícil de olvidar.



Título: Y soñábamos con pájaros volando
Autor: Marta López Luaces
Editorial: Tigres de Papel (Madrid, 2017)


miércoles, 12 de julio de 2017

LA VOZ AUSENTE DE JOSÉ ANTONIO SANTANO POR ALFONSO BERLANGA



La voz ausente (Salobreña, 2017) de José Antonio Santano

Se trata de un segundo alto en el camino en la dilatada y rica producción poética de su autor, ya que es un libro homenaje a su padre en recuerdo de su muerte. El primero de similar temática es “La piedra escritaen recuerdo a la muerte de su cuñado. Esta elegía, en la que el poeta alterna una prosa poética y un poema, 13 textos de cada modalidad, -número, por otra parte, maldito-, y dos epitafios, es una perfecta sinfonía en la mejor tradición de la literatura mortuoria española, desde Jorge Manrique –“Coplas a la muerte de su padre”- pasando por la Miguel Hernández y su famosa “Elegía” por la muerte de Ramón Sijé o el conocido “Yanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías” de Federico García Lorca, por referirnos a los más conocidos. Pero también están presentes como referentes en esta obra otros como “El Cristo de Velázquez” de Miguel de Unamuno, las “Elegías” de Juan Ramón Jiménez, la “Elegía para mi muerte” de José María Valverde o las dedicadas a la muerte de Federico García Lorca de la mano de otros tantos poetas como Antonio Machado, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Emilio Prados, Concha Méndez, Salvador de Madariaga o Luis Cernuda o la más reciente “Elegía a la muerte de mi padre” de Rafael Adolfo Téllez. Sin embargo, sólo Jorge Manrique y Santano coinciden en dedicar un extenso libro exclusivamente a la memoria del padre, aunque desde sentimentalidades poéticas muy diferentes. En todo caso, la obra de Santano es mucho más que una elegía a la muerte del padre, ya que son más importantes la tensión dramática del contínuo diálogo hijo-padre y la tensión sentimental amor-desamor que el poeta refleja.

La estructura del libro es bien simple, pero no por ello menos acertada: una prosa que, en parte, sirve de anuncio y de introducción reflexiva al poema que le sigue en el que se precisa o se desarrolla lo enunciado. Y así hasta trece veces dobles, 13 prosas y XIII poemas, más II Epitafios a manera de conclusión, que bien podrían titularse “Escribiré tu nombre” y “Escrito está tu nombre” respectivamente.

En el propio título están condensadas las dos constantes de la obra: “la voz” del padre, siempre presente en todos los momentos del día y de la noche y en todas las estaciones del año y siempre deseada, pero a la vez siempre añorada y “ausente”. Esa tensión emocional entre el deseo de la voz, del cariño de la palabra, y su ausencia, que es también la ausencia permanente del padre, resume perfectamente el combate dialéctico entre el poeta y su padre, que es el tema del libro y que, a manera de una larga carta que, como bien matiza José María Muñoz Quirós, en el prólogo de la obra, “(y no podemos dejar de acordarnos de Kafka) se interioriza en un postulado poético de enorme eficacia”.
Se trata, además, de una obra otoñal y no sólo porque en esa época –octubre- se produce la pérdida del padre, sino porque toda la obra respira a otoño y atardecida, pero sobre todo a silencio, otra de las constantes de la obra del autor y todo ello enmarcado en la casa, la casa en todas sus formas y maneras. Otoño, silencio y casa como tres motivos temáticos presentes en casi todos los textos de este libro. Así, desde casi el comienzo de la obra aparece el otoño personificado como si se tratase de una trasmutación de la voz del padre que se va justo en esta estación del año. En otras ocasiones, es el otoño el que marca el paso del tiempo, como si no existiera otra estación que la de la muerte del padre o personificado en octubre fenece como el propio padre, hasta cerrar, incluso el libro en los dos epitafios en “octubre otoño” . Lo mismo sucede con el silencio que desde las primeras palabras de la obra ya marca el clima que la caracteriza, ese silencio polimórfico que para Santano es una constante en toda su producción. Al igual que la casa, siempre en silencio por la tristeza y por la incomunicación, símbolo de la muerte, está abierta para que llegue y se cierra tras haberse producido; de ahí sus heridas, el infierno, el vacío y el luto, pero también el anhelo del niño que quiere que su padre regrese a esa otra casa blanca y luminosa que sueña.

Dice José María Muñoz Quirós en el Prólogo de la obra que es un regalo de inmensa eclosión lírica. Pues bien, cómo lo consigue el autor? Veamos:

-El tono del libro: nostalgia, soledad y ausencia. Nostalgia angustiosa de lo que pudo ser y no fue. La permanente añoranza de la voz del padre. El deseo vehemente del amor paterno. Pero todo es ausencia infinita. Ausente la voz, los ojos, los labios, las caricias y hasta la imagen misma del padre. De ahí la tremenda soledad del poeta/niño, del poeta/adolescente y del poeta/hombre y el dolor por la pérdida.

-La tensión dramática diálogo padre/hijo. “Tú y yo nos adorábamos odiándonos”, “volvimos al encuentro sin hablarnos”, “por qué tan honda herida, padre”, “Confieso que jamás deje de amarte/tanto como te odie”.

-Metaforismo agónico. Riqueza de sinestesias e imágenes visionarias relativos al tema, la muerte, y sus consecuencias en la vida y los sentimientos del poeta. Ejemplos: Poema I, imagen lo equina del corcel/muerte. Prosa 1, la muerte que crece en la casa. Poema II, la melodía de la muerte. Poema V, vida más allá de la muerte. O la herida del desamor: Prosa 4 y Poema V. Por citar sólo las más significativas.

-El poema letanía con estructura paralelística. Es propio del autor y así se comprueba especialmente en III (recuerdo al principio…, cuando todavía había voz), V (hasta después de muerto…, vives en mí), VI (octubre fenecía…, fecha de la muerte), VII (Confieso…, el amor que le tenía a su padre) y Epitafio I (Escribiré tu nombre… sobre la lápida del padre muerto).

-Tradición y originalidad. Aunque, efectivamente, la obra pueda encuadrarse por su temática en la rica tradición literaria de la lírica mortuoria española, el tratamiento del tema a partir de la tensión amorosa padre/hijo, el tono poético de la obra construido a partir de la soledad, la nostalgia y la desesperanza, así como la relación intergeneracional subyacente suponen toda una nueva forma de encarar un tema tan, aparentemente, manido.

Se trata, en suma, de una obra de madurez que se enmarca en la segunda etapa de su producción, el “humanismo solidario” y en la que perfecciona y sublima gran parte de las constantes poéticas que la caracterizan: la sentimentalidad de los silencios, el tratamiento del tiempo, la soledad y la muerte, el universo nostálgico y melancólico y la misma estructuración del poema y la depuración de sus elementos formales. En definitiva, un libro poco común y absolutamente imprescindible en el panorama poético español.


Alfonso Berlanga, profesor y escritor

LA VOZ USENTE del escritor JOSÉ ANTONIO SANTANO por JOSÉ MARÍA MUÑOZ QUIRÓS.

Reseña del libro La voz ausente del escritor José Antonio Santano

Por: José María Muñoz Quirós*


José Antonio Santano
José Antonio Santano


 La voz ausente se esparce por la memoria como un flujo torrencial, en cada uno de los textos que constituyen su esqueleto estético y vital: cada prosa inicial sirve de pórtico para la reflexión salmódica de las emociones que se van sucediendo a lo largo de la trayectoria ritual del poemario

La poesía precisa siempre que la voz se instale por encima de la memoria de las cosas. Y es en la ausencia donde se produce la más íntima y desasosegante mirada hacia el pasado, hacia lo vivido, hacia la lejanía terrible de los días y de los seres ya idos.

Toda elegía forma parte de un tono que debe iniciarse en lo interior, en las profundidades de la voz del alma, y desde allí alcanzar el vuelo hacia el lenguaje, hacia la intuición, hasta la otra ladera de lo sentido y de lo vivido. Así surge lo poético, se derrama la grandeza de la recuperación de todo lo destruido por el tiempo, esa mano gélida y feroz que se disuelve por todos los orificios de la existencia llenando cada oquedad con su temblor de frío.

La voz ausente se esparce por la memoria como un flujo torrencial, en cada uno de los textos que constituyen su esqueleto estético y vital: cada prosa inicial sirve de pórtico para la reflexión salmódica de las emociones que se van sucediendo a lo largo de la trayectoria ritual del poemario. Y ese paso aquietado y a la vez veloz nos va desgranando una historia, un quejido, un ajustes de cuentas emocionales, una invocación al pasado que no pudo ser, en la imagen terrible y a la vez simbólica de la casa vacía, del espacio donde se oyen los silencios de la ausencia, voz y objeto de la meditación y del llanto interior.

Esta larga carta al padre (y no podemos dejar de acordarnos de Kafka) se interioriza en un postulado poético de enorme eficacia: he aquí la valentía de su autor, desnudo ante sus fantasmas, quejumbroso ante su existencia, dolido, cuando “al recordarte ahora, en estos días, / ecos tristes de otoños es tu nombre..” y cuando es irremediable lo vivido, como sombra gigante que aprisionara la desnudez de una vida que ahora se detiene, como solo es posible hacerlo desde la poesía honda y verdadera, y en ese preciso instante todo retorna ante sus ojos, todo pasa por la veladura de su sentir, y se almacena en lo desvanes del dolor y de la pérdida.


Portada de La voz ausente de José Antonio Santano
Portada de La voz ausente de José Antonio Santano

 El libro se abisma en una curvatura de luz y de extraña claridad, y se nos arranca la emoción en un desbocado vuelo hacia la intensidad de lo expresado

Versos blancos, sonoros y perfectamente construidos, elegiacos en su más clásica y auténtica factura (también llega a nuestra memoria el largo poema de Unamuno “El Cristo de Velázquez”…) y cuando el poeta clama” todo es muerte y más muerte” se nos encienden las farolas del silencio interior donde se posa para hablarnos al oído, para pronunciarnos cada una de las sílabas de su diccionario de dolor y de ensueño.

Los buenos libros de poesía mantienen un ritmo durante toda su ejecución, y van creciendo, abriéndose cuando avanzan en su deslizado decir, en el mismo momento que se asume la voz del poeta como un silencio abierto en la voz del lector. Y esto sucede aquí: vamos asistiendo a la presencia desgajada y rotunda de una materia poética perfectamente asentada en la textualidad. Y por todo ello, cuando el poeta exclama “¡Sabes, padre, podríamos haber/ sido endiabladamente tan felices!” el libro se abisma en una curvatura de luz y de extraña claridad, y se nos arranca la emoción en un desbocado vuelo hacia la intensidad de lo expresado.

La voz ausente es un regalo de inmensa eclosión lírica. Un libro que al terminar su último verso nos deja sobrevolando en el filo del silencio la voz que nos desvela un ser y un vivir intensamente en la palabra con mayúsculas, en la completa región de la belleza y el secreto sentir.



* Poeta y crítico español.
Foto: Archivo particular del autor.


12 jul. 2017 POEMAS DE GLAEM PARLS. EL CONEJO NEGRO





Glaem Parls (Santo Domingo, República Dominicana, Ciudad Colonial, 29 de Marzo de 1980).


Escritor, Músico, Artista Visual. Sus textos se encuentran en antologías, Web site, blogs entre otras publicaciones independiente bajo el sello editorial fotocopias. Es miembro activo de la comunidad de poetas Hispano Americana, creador del festival integalactico y del legendario Festival de la Cucaracha Aplastada. en la actualidad trabaja en la creación del colegio de escritores Dominicanos. Publicaciones independiente bajo el sello editorial fotocopias. Es miembro activo de la comunidad de poetas Hispano Americana, creador del festival intergaláctico y del legendario Festival de la Cucaracha Aplastada. En la actualidad trabaja en la creación del colegio de escritores Dominicanos.





El Conejo Negro
Glaem Parls




Trueno imperecedero…
ombligo adornado…
autopista que
lleva al infierno…




Sorpresa



Morena trópico triangular, grafitera de
paredes ajenas, avenida intransitable
sobriedad, calentadora,
ruleta ciega, asaltante del tiempo,
explosión encarcelada, loma quebrada,
criatura salvaje,
asesina en serie.

Te persigue la policía, se querello el dueño del bar
de lesbianas teñidas, Dios, el papa,
tu madre, tres niños de anónimos perfiles.

Te busca dependiente de colmado,
la casera, el guardián del edificio,
el vecino del frente.

Te espera el chulo, tu novio, tu esposo,
el ra-tataa.



Dentro




De izquierda a derecha…
simuladas
ron y cerveza…

Altos blancos 0 pupilas…
gritos negros 0 lengua…

escombros de viejos escombros…
sofocado en cartera…
condones de filo empeñado…


Alumbra bolero la vellonera
todos pasan al centro
como empujados por
la peor desgracia…






Sueños de Barra




A pesar de la oscuridad brillan las
lentejuelas del vestido de Elvira…

su taquear tembloroso
mueve glandes a distancia…
petrifica ciudades…
enloquece multitudes
con una sonrisa…

Es primera en llegar...
ultima en irse…

¡Chupadora!
¡Saca leche!
¡Reina de la oralidad!

Su fama trasciende esquinas
custodias del conejo negro…

Sueña con encontrar un príncipe azul…
algo así como el banquero de Dios…
pasar la luna de miel en filipina…
visitar al cirujano local
cambiar
su pene por una hermosa apretada
vagina…








Song-ambulo-obrero



Después del bonche
enviudo reservas la
cartera…

Mueca bolsa…
amargura sin dolientes…

Inmóvil… blando…
cilindro de rayados tactos…
manipulados instantes librando
gota a gota quincena…

¿Quién espera?
¡dientes felicidad!
¡Soltería galaxia!

¡lágrima fría Derrota!

¡Mujer celosa arañando
mentiras!

En la mesa ronca el
plato de sopa…









Ladilla





Así de pequeña
mereces un Oscar…

Criatura misteriosa… gracia de placeres
e historias protegidas…

Sonata de pianistas diestros…
adagios en yagas menores…

torturadora militar…
destructora de comunas hippies…

reproductora de verdades
sepultadas…


vana no será tu lucha contra uñas…
aceite de oliva… espíritu de canela…
viajes a la playa…
cama solares…
shampoo medicado…
agua caliente…

al final de la batalla
obtendrás como recompensa el
vaticano y todos viviremos
felices para siempre…



Despojo


Junto a la imagen
Anaisa… velón
desplegando toques de campana…
agua florida… ruda… yerba buena…
fuete… repique atabal…

¡Hace calor en el conejo negro!
los viejos ventiladores han perdido fuerza…

olor a tabaco penetra conciencia…
misterios
dictan números
a las acompañantes
deslabiadas…





Se consumieron




La habitación
Numero 32 huele a crack revuelto
en hojas secas…

malograda tos… tos… tos…
sociología miope… claustrofobia
disfrazada…

¡Papi dame la leche!
¡dame tu leche papi!

La vaca sagrada mira
hiedra…
manos atadas formando
continentes de sádica
fiebre…

¡Auxilio!
¡Ayuda!
¡Socorro!

En la habitación número 31... dos
Chinos… dos Haitianos… planean
conquistar el mundo analizando
fríamente el culo de la enana barrendera…


El reloj marca 08:45 p.m.
en realidad
son las 01:30 a.m.

la puerta a la habitación numero
32 abre rápidamente…
No hay nadie…





Solar





En propiedad de un afanado
juez de la suprema
corte de justicia…
los muchachos del vecindario
pasan tardes enteras
fumando mariguana…

mayores se quejan constantemente…
amenazan convocar a prensa…
policía… bomberos…

En varias ocasiones me he acercado para aconsejarlos
pero esta yerba es de tan buena calidad que he
terminado contando gotas de lluvia en día soleado…
olvidando el consuelo Dominicano
en el Cristo Redentor…





Juana Crédito




No pagues cama
con sol afuera…

Dando y dando…
pajarito volando…

blasfemias te han
vestido explotadores…

burlan copas rotas
intrépidos vendedores
anticonceptivos…

Agota deudas…
abre piernas…

finge poemas de amor
bombillas navideñas…


Almanaque o Chiguete


Castigas carne rancia
capricornio desdentado…

Pez espiando matadero…
cangrejo armado… crepúsculo
en hombros…

trueno imperecedero…
ombligo adornado…
autopista que
lleva al infierno…

en tus nalgas sublevadas
fracasan artistas…
se suicidan halados sinfónicos…
desvanece psiquis…
dona pezón sabor
a cebolla montuna…

viene mundo…
se viene contra ti…

¡Click!




Números



Le corto el rostro
hasta desconocerla…

Festín
hizo piltrafas para
ratas…

de par en par
colgó su pecho hasta
cambiar con índice
ritmo cardiaco…

¡le Advertí!
¡no vale la pena salir
con un contable!



Canción para pasajera indocumentada



Esmérate màs…
ven metáforas
claro suave del tacto…

ensayemos muerte
momentánea…

sobran
minutos sin tumbas…

al otro
lado de la nada
esperan maniquíes de
payasas caricias…

bus
Ingrávido planchado
aguas caribe…


Giro manzana
desquiciada…

Serpiente mano…
dunas de partos no dejan
de ser sueños en reflejos…
Citi Bank…



Jesu maría y belén




No sé porque eres tan puta… me gusta…
me encanta… sobre todo cuando vienes a mí
con esa cara de rabandola y preguntas si deseo
que me chupen la pinga…










Máxima




Si vas al conejo negro
no bailes con LA RUBIA Cecilia Alcántara…
puedes perder nuevamente la virginidad…
y el compromiso de
volver a casa…





Manuela Guillen
(Carabina)



A hombres machos les quitaba la piel
alegres…

A mujeres
bautizaba con orines
perforando clítoris
los pulgares…

Si mal no recuerdo… fue la única
mujer que el nefasto Trujillo
le salió corriendo en la ermita de San Cristóbal…



Black Barman
(George Scott)


Eco cantinero…
tufo… caña obviada…
cenizas bucaneras…
George Scott…

Dialogo lácteo…
baba buey lubricante…
salitre…
George Scott…

¡Vuelve a San Pedro!
¡viejo malecón!
¡George Scott!

¡Sol serie 23!
¡Canto ferrocarril!

¡David y Goliat!
¡Flauta tambor!

No eres sombra… menos línea
delgada…
a las seis de la tarde abrías
la puertas de conejo negro…

Te haz convertido en signo… interrogación
ambulante…

ferro líneas de arrugas pintadas de hueso
te ha nombrado consejeros
briza vagina… falos brújulas…

¡vuelve a San Pedro de Macorís
todavía no responde la muerte
al reclamo de todas tus fatigas!
¡George Scott!




Evidencia


Hueles a perfumado aire
acondicionado reburujado
coñac…

Cuentas acumuladas…
llamadas anónimas…
salidas inesperadas…
planchada ropa interior …
prolongados rechazos…

¡Tu maldita Madre!










Políticamente Correcto



publicado en primera plana…
el boom del día…

Miss universo
expulsada
del circuito
por adquirir gonorrea…


La comisión de espectáculos públicos…
el ministerio de salud intergaláctico
exigió cuarentena e indemnización
para afectados…

Según el primer ministro de Júpiter
negara entrada a visitantes del planeta tierra
Independientemente sean conservadores…

Miss Universo será transportada a
Plutón donde permanecerá hasta curar por completo…





Parte atra





En el patio del conejo negro
estaba el cementerio de Soraya…

en su cabecita todas las formulas
resolvían accidentes silenciosos…

Es increíble como cambiaba
a la hora de malograr fetos…

la lengua le crecía… los pies volteaban…
sus ojos se ausentaban por completo de la cara…

Es penoso aceptar tanta información acumulada
incapaz de curar el SIDA…




Código de barra


Róbale un beso a la
muerte y sabrás que
sienten las muchachas del
cabaret cuando te acuestas
con ellas… cuando te pronuncias
para regatear el precio de todas
sus históricas condenas…

róbale un beso a la muerte…
y jamás endurecerás
el rostro al chocar
en plenitud del día
con la belleza que encontraste
en la noche…




En la Parte Alta



Quería comprar fuerza…
bolsita de súper man…

necesitaba conectarse…
hablar toda la noche…

El Barrio lo traiciono…
le vendieron veneno para ratas
con diazepina y viagara
mezclado…

quedo inmóvil sosteniendo
la credencial de guachimán
del área de parqueo del
Country club…





Ofelia


Hastiada hecha piedra
se lanzo del puente
perdida para siempre
en las turbias aguas del Ozama…

El hambre en harapos hizo
del cuerpo dulce mercancía desalmada…
lejano remanente…
sentidas caricias…
impredecible borrasca el alma…





Boca Chica City después D



Playa
cuero chivo…
pescado crudo
Alemán…

Negra suiza nadando a la matica…
mabí de limón… semillas
de cajuil…

Bateyes… caña… vudú…
prietas tetonas… ancianos barrigones…
capeadoras…

Bachata… Merengue… lambí…
Sol… arena… pornógrafos…

Policía… sanquipankis… ayuntamiento…
bienestar comunitario…

Club para pajeros profesionales… salón de belleza…
pinchos… rolos… pedicura…
mini falda… espuma…
¡Mami!
¡préstame esa caja
paraya ete paloefoforo
y déjalo así!

traer dólares





Tírese tres veces de
espaldas en la playa de najayo
antes del nacimiento del sol…

Estrújese con cola
de bacalao pidiendo a yemaya que
abra las puertas del mar y la
guie a la tierra donde libres
crecen los dólares…

al salir del agua… brinque tres veces de espaldas
al mar y no mire atrás…

Después que haga todo lo indicado…
pase por aquí… que yo la recomendare
personalmente para que trabaje como domestica
en la casa de un amigo de infancia
que es Diputado…



Mujer atada




Entraras perfumada maquillada…
te acomodaras inquieta…
lloraras hasta que el DJ se digne
en colocar a la lupe…

Buscaras mesa por mesa y como cada noche
tendrás que conformarte
con la idea de dormir sola al final de la jornada…

toma la bufanda… agárrate
la cartera…

No hay tiempo para escribir
epitafios…







El Violador de la 17




Se calentó cerveza
lucubrando circulitos en espuma…

Tritura aventura
amarrada anular…

soledad provocada …
inocencia zurda…

Amor de tuercas…
luna preñada…

Mordida yugular…
maremoto embustero…

azucena huérfana…
confidente diván…

Jamás entendieron
huéspedes de auroras
canto oscuro de grillos…

la voz suicida del brechero
tapada con cemento…

Violentada rotura
de pareceres… gozo de cal…

fue para ti
caída tintada del banderín…
compromiso fúnebre en gregaria
Predicción sin verbo…

la envestida petrificada
del prófugo semen…
hizo llorar a la prensa
al culminar el juicio…




Al economista Divorciado



Si la dama del cabaret pide
matrimonio …
sin reparos acepta …
así… entenderás sin metodología científica…
el origen de la familia… la propiedad privada
y el estado…




La Burguesía no entra al cielo




La Burguesía no va a prostíbulos...
prefiere descargar de la web
variadas películas XXX…
masturbarse hasta ser encontrados
por sus conyugues o el personal de mantenimiento…

Si ves algún burgués en
en el conejo negro… puedes asegurar
que es narco… pelotero… cantante…
o tristemente se desplomo Wall Street…




Cerraron el Cabaret


Las primeras en reportarse
agrietaron hormigas de cascos
negros …

Operaron barcos… sacrificaron aeropuertos…
dejaron enganchados los últimos pesos
en la fiscalía…

Desorbitadas volaban inquietas
las palomas…

todo
fue enmudeciendo
al rodar rampante de
las patrullas…



Los textos a la sombra del conejo negro forman parte de mi laboratorio existencial. De mi forma de cantar a los espacios y situaciones generadas en mi entorno.

Nunca he pretendido ser catalogado poeta, menos escritor, me veo a mi mismo como un ser humano libre, al margen de los miedos producidos por la crítica sin vida propia.

Dedico estos textos a la memoria de Ricardo Billini por vivir como viven los dioses profanos de la noche.