miércoles, 22 de julio de 2020

ACERCA DE LOS DÍAS

SALÓN DE LECTURA
José Antonio Santano


Acerca de los días
FERNANDO DE VILLENA

        De nada serviría la materia si no se acompañara de alma. Las cosas, los objetos, los seres vivos nada son sin alma. Y aunque dudemos de su existencia, en todo vive, si de vivir se trata y no de muerte, el alma, esa imprescindible espiritualidad que nos hace más humanos. En esa búsqueda de la espiritualidad, del alma si se prefiere, es fundamental mirarse hacia adentro, viajar a las entrañas del propio ser y allá en su silencio, calmos y dispuestos a conocerse dejar de respirar por un segundo, así casi al encuentro con la muerte, para vivir ese segundo solo de luz y paz. Pudiera parecer locura cuanto digo, pero en verdad que es la mejor de las dichas, el momento del resplandor más sincero y saberse de uno mismo, adentro en el propio laberinto de la vida, reconociéndose en la celebración del espíritu, de lo innombrable e indecible, al fin y al cabo de una mística deslumbradora, en la que el ‘ser’ y ‘estar’ se hallan levitando en el espacio y confraternizados. La poesía, entonces, es un volcán en erupción continua, una inmensa lámina de mar convertida en tsunami incontrolable. Este sentido de insuperable grandeza en lo material y espiritual podría definir la poesía de uno de los poetas españoles más prolíficos, un clásico, con una voz tan portentosa como singular, y lo hace en esta ocasión con seis libros en uno, dos publicados con anterioridad y 4 nuevos. El poeta en cuestión no es otro que Fernando de Villena (Granada, 1956) y el libro “Acerca de los días”. Contiene un trayecto poético que va del año 2014 al 2020. Seis libros en total: “Morir por mi demanda” y “Estampas de Vejecia” (ya editados) y los inéditos “Noticias que me duelen”, el más prosaico pero también esencialmente humano y solidario, del que destacamos versos como: 

«Y helos aquí a los refugiados 
/ con su costal de sueños, 
/ sin comprender que toda su tragedia 
/ nació en cualquier despacho 
/ donde los grandes de este mundo 
/ (no más de veinticuatro) /
 deciden repartir acá o allá 
/ dolor, miseria y muerte».

 Con “La luna en la enramada”, el segundo de los inéditos, el poeta trata de la memoria y muestra de nuevo su dominio del verso clásico, fundamentalmente del soneto, y así escribe: 

«Incierto es el paisaje que me cerca;
 / amarga, la lección de tantos años; / 
tristísima, la luz que ya me alcanza, // 
mas no siento el temor a parca terca /
 ni me dejo vencer por desengaños 
/ ni he perdido la fe ni la esperanza».

 El tercer inédito, “Libro de las peregrinaciones” viene a descubrirnos otros paisajes en los que el poeta en su ir y venir a lugares y vidas nos muestra, una vez más, su extraordinario magisterio, como en este canto a Costa Rica y sus Canales de Tortuguero: 

«No es este el Gran Canal de Venecia, 
/ sino el Gran Canal de Dios, 
/ y avanzas bajo las infinitas verdes bóvedas 
/ de la más hermosa de las catedrales /
 como por una miniatura de un libro de horas. //
 Y si tal te parece el río de la Suerte, /

 ¿cómo ha de ser el mar en el que desemboque? “Búcaro de cenizas” es el cuarto libro inédito que Fernando de Villena ha querido incluir en este “Acerca de los días”, que al cuidado editorial de Carena viene a confirmar la esencialidad poética de Fernando de Villena y la apuesta constante de este pequeño e independiente sello en pro de la poesía española contemporánea. En esta última propuesta el poeta hace balance de la vida, su vida, simbolizando todo ese trayecto vital en versos como estos del poema que da título al libro:

«En suma, que he vivido, mas ya no miro atrás 
/ y si al futuro pido la suerte de los míos, 
/ por lo que a mí respecta puedo afirmar con bríos /
 que una vida es bastante; de aquí no quiero más».

 Esta es parte de la grandiosa obra de un poeta esencial como lo es Fernando de Villena.




Título: Acerca de los días       
Autor: Fernando de Villena
Editorial: Carena (2020)

viernes, 3 de julio de 2020

LA DESTRUCCIÓN DEL CIELO


SALÓN DE LECTURA 

José Antonio Santano

La destrucción del cielo


Manuel jurado lópez




       
MANUEL JURADO LÓPEZ
MANUEL JURADO LÓPEZ
 
En este tiempo de oscuridades e incertidumbres, de un miedo que ha sido inoculado lenta pero seguro y que amenaza con quedarse, la humanidad entera se siente desorientada. Cuando la sociedad invierte más en el objeto que en el sujeto es normal que aflore un estado de ánimo desgarradoramente amargo y que el horizonte posible no se atisbe por mucho que miremos. El ser humano necesita señales, pero aún así, es tan incomprensiblemente reincidente en la obcecación que no se percata de la necesidad inminente de cambiar desechando lo inservible y adoptando en su forma de vida lo verdaderamente importante. A veces un libro nos puede trasladar a situaciones futuras, jamás imaginadas. La pandemia a causa de la COVID-19 y las situaciones vividas a causa de la misma eran impensables, inimaginables hace tan solo unos meses. Sin embargo, ha sucedido, y hemos adoptado hábitos desechados con anterioridad pero que nos han servido para sobrevivir en tan atroz situación. Las artes todas han sido el oasis en el que hemos podido calmar nuestra sed y soledad. Entre esas artes se halla la poesía, que ha sido un imprescindible salvavidas para muchos compatriotas. Si además ese libro de poesía elegido es premonitorio o es capaz de trascender la realidad y provocar ese temblor que nos hace más sentirnos más vivos que nunca, más humanos, el objetivo está cumplido. El poeta andaluz Manuel Jurado López (Sevilla, 1942) es un ejemplo de esa poesía diferente y singular, capaz de descubrirnos nuevos universos, tal vez más tristes y dolorosos de lo deseado, pero necesarios para entender el mundo en que vivimos, y al que posiblemente, de no remediarlo, estamos destinados. “La destrucción del cielo” es ese libro que no deja indiferente al lector, que ahonda en la condición humana a través de una voz personal e inconfundible. En este sentido “La destrucción del cielo” ha sido doblemente galardonado, primero con el Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez, 2019, y unos meses más tarde con el Premio Andalucía de la Crítica en su vigesimosexta edición. Sin duda que ambos premios catapultan esta obra de Jurado López, pero sobre todo la principal motivación reside en la propia obra, su estructura, recursos literarios y su concepción de una poesía diferente, capaz de emocionar y crear mundos propios. En ese territorio de la oscuridad, de lo negro, del luto continuo por causa de la estulticia del hombre cabe situar este poemario. En esa estética del negror abunda la luz de sus versos que anidan y se hacen materia viva en el paso del tiempo, en la fugacidad que siempre es la vida: 

«El negro es la base, no el blanco, no la camisa 
 tendida y que ha vuelto a mojar la lluvia en la madrugada.
 El negro es la esencia de la vida, el sótano, el claustro, 
 la placenta, o el luto, el lunar, la ceguera, la poderosa rabia
 de los ojos de los perros. 
 Los besos también se han vuelto negros bajo los árboles».

 El abecedario, sus 28 letras (incluida la ch) constituyen los 56 poemas que nos ofrece el poeta, con ellos recorre un tiempo y un “cielo” inalcanzable por la incapacidad del hombre para conservarlo, de ahí que ese amargor doloroso de la pérdida, de su destrucción total. Sabe bien el poeta cuál es su casa, y por ello, la cita inicial de Karl Kraus viene a confirmarlo: “Soy solo uno de los epígonos que vive en la vieja casa del lenguaje”. Y es la lengua, la de todos, diversa y diferenciadas a la vez la que nos abriga al calor de la vida. La memoria de lo acontecido, del pasado entre guerras y sangre, acaso sea como un resplandor de todos los silencios, y entre ellos, el poeta en su voz: “Siempre queda la amarga caligrafía de unos versos”.  
                                    
LA DESTRUCCIÓN DEL CIELO
MANUEL JURADO LÓPEZ
 
Título: La destrucción del cielo        
Autor: Manuel Jurado López
Editorial: Diputación del Huelva (2019) 

miércoles, 10 de junio de 2020

INTERMEZZO LÍRICO

INTERMEZZO LÍRICO
SALÓN DE LECTURA 
José Antonio Santano


Intermezzo Lírico
Heinrich Heine , tradución de  Jesús Munarriz

INTERMEZZO LÍRICO

Es conveniente y sano que de vez en cuando miremos hacia atrás y ahondemos en la cosas que nos han sucedido y conocer de las razones y de emoción que el recuerdo nos lega, que la memoria incisiva nos muestra de nuestra historia personal. Lo mismo podría decir si nos detuviéramos en la historia de la literatura, de la poesía en concreto. En cómo fue y ha evolucionado a través del tiempo. Las corrientes o tendencias poéticas que han sido baluarte y todavía hoy mantienen ese pálpito, ese latido necesario que nos hace aprender, porque la tradición no está reñida con la evolución, ya lo creo que no. Quien eso piense creo que yerra, y lo digo sin acritud alguna. Es el caso de ese ciclón literario que vino en llamarse Romanticismo, y que si nos acercamos a él, a cualesquiera de los autores que lo secundaron hallaremos tesoros de incalculable valor literario. Celebramos en este particular “Salón de Lectura” el regreso de uno de esos clásicos ya libros pertenecientes al movimiento romántico, y más concretamente, al alemán, con la figura de Heinrich Heine y su obra universal “Intermezzo lírico”, en versión de Jesús Munárriz (Hiperión) y edición bilingüe. Nos dice Munárriz en “nota del traductor” que “Intermezzo lírico” viene a ser “la culminación del romanticismo alemán y el final de esa corriente”, que se trata de una obra de juventud pero al mismo tiempo que es su mejor obra. Por otra parte, añade Munárriz que esta versión “pretende mantener el difícil equilibrio entre fondo y forma, decir lo mismo que se dice en alemán, ni más ni menos, pero con un ritmo y una música que recuerden en cuanto puedan los del original” y, ciertamente, se agradece esta consideración del traductor. 

HEINRICH HEINE

Por ser una obra de juventud Heine cumple en su construcción con todos los requisitos que el propio movimiento romántico aduce y todos conocen: subjetividad, libertad de pensamiento, significación de las emociones, fantasía e imaginario, etc. El amor se presencia de forma rotunda en este libro, de tal manera que los estados melancólicos se muestran en todo su esplendor. La voz poética de Heine es pura música, que acompañada por los dones de la naturaleza producen en el lector una sensación de serena plenitud: «Quiero sumergir mi alma / en el cáliz de algún lirio; / exhalará el lirio tímido / una canción a mi amada. // Canción que estremezca y tiemble / como el beso que su boca / me dio una vez en la hora / más dulce y maravillosa». Llama la atención que ya desde el prólogo observamos cómo la influencia del romanticismo alemán, y concretamente Heine, tuvo en la poesía española, fundamentalmente en Gustavo Adolfo Bécquer, como se comprueba en el verso 8 de dicho prólogo de “Intermezzo”: “De la casa en el más oscuro ángulo”, y este archiconocido de Bécquer: “Del salón en el ángulo oscuro”. 

Es evidente que “Intermezzo lírico” y en general el romanticismo alemán, tuvo una gran influencia en el resto de Europa, por ese despertar de las emociones y nueva forma de expresarlas que supuso dicho movimiento. Heine y su “Intermezzo lírico” se configura como un texto singular y necesario para comprender la poesía romántica de la época, que aún en la actualidad asumen, con alguna diferencia, muchos poetas. Bienvenido sea esta rigurosa traducción de Jesús Munárriz, que sirve de recordatorio de la esplendorosa lírica de un romántico como lo fuera Heine. Sin lugar a dudas, y como así se condira por su traductor “Itermezzo lírico” es “la quintaesencia de la poesía de Hein y la mejor introducción a su lírica.

Jesús Munarriz

Título: Intermezzo lírico
Autor: Heinrich Heine 
(Traducción Jesús Munarriz)
Editorial: Hiperión (2019)

lunes, 1 de junio de 2020

ENTRE TRENES de MAR SANCHO, por JOSÉ ANTONIO SANTANO

SALÓN DE LECTURA

SALÓN DE LECTURA

 José Antonio Santano

Entre Trenes
MAR SANCHO


La poesía siempre es un viaje al misterio, a lo desconocido, a lugares soñados o vividos, y no importa el medio de transporte que se elija. Al fin siempre se encuentra un objeto, un lugar, una casa o una razón que nos hace más vulnerables, también más sabios. Ahondar en verdadero objeto de un viaje, antes y después de realizarlo, produce una sensación de plenitud indescriptible. El viaje, la verdadera función del viaje es el conocimiento de la realidad que se otea al horizonte, pero también nos descubre la capacidad del hombre para sentir en su interior todo aquello que los ojos no ven. Cuando el poeta viaje material o imaginariamente, en cualquiera de los casos, un temblor desconocido lo apresa e inmoviliza. 

Destella en su interior una fuerza desconocida capaz de sobrevolar el firmamento y habitarlo plenamente. Esa fuerza se vislumbra en el poemario “Entre trenes”, de Mar Sancho (Valladolid, 1972). 

Publicaciones anteriores de Sancho son, entre otras, “Inventario de invierno”, “Variaciones sobre un viaje viejo”, “Oblivion” o “Lisbond Visited”. 

Prevalece en la poeta el viaje como elemento aglutinador de su poesía, la fuerza del recuerdo o la memoria para crear una nueva realidad a partir de lo vivido en esos continuos viajes, en esta ocasión, bajo la nostalgia que todo viaje en tren provoca. Viajar en tren siempre ha sido algo melancólico, como perteneciente a otro espacio y tiempo. 


Es esa o tal vez pudiera ser esa la razón de Mar Sancho con este poemario “Entre trenes”, que nos llevará con toda seguridad a lugares desconocidos, pero también a descubrirnos el alma misma de la poeta. Sancho nos convoca a seguir algunos de sus itinerarios vitales, a compartir con ella, todos los misterios, también las sombras, los silencios y sus luces. Estructura en cinco partes, Sancho nos propone visitar el corredor del Amtrak Cascades, en los estados de Whashington y Oregón, la ruta del Transiberiano, el Himalaya, la región andina del Salta-Socompa o el estado de Alaska. Es en la figura del abuelo (“el primer tren partió de la boca metálica de mi abuelo”) donde despierta ese paisaje de tren antiguo entre la niebla vaporosa de  la locomotora, y a partir de ese momento la vida inicia un nuevo ciclo, cuando la soledad acucia en los andenes a la espera de tomar otro tren hacia no se sabe dónde. América del Norte, Europa, Asia o América del Sur, qué importa el lugar mientras el sueño exista. Las vías de un tren como las venas que alimentan la vida, así Mar Sancho detiene su mirada en las ciudades y en los viajeros que la acompañan hacia un lugar del universo, ese que construye en cada uno de sus poemas, dotándolos de luz y de belleza. Nada ni nadie podrá resistirse a la fuerza de la imaginación. 


Y ahí están los arrebatos del sueño, la encendida lágrima de la pérdida: 

«El revisor se acerca de puntillas ofreciendo té humoso y porfía / 

que quiso ser bailarín de ballet con los ojos hervidos de / lágrimas». 


Versos que se alargan como las vías del tren que surge entre la nieve, las montañas o los ríos, orillado al mar de los silencios. En cada rostro Sancho se contempla, como si se tratara de un espejo que repele el trazo de unos ojos o el color de los cabellos. El poema está en cada ser, en cada objeto, en cada uno de los vagones de ese tren que parte una vez y otra y que no puede dejar que se le escape. Con este poemario Mar Sancho ha sabido ahondar en el alma humana y trascenderla desde la fulgente luz de la palabra, esa que alcanza el corazón: 


«Esta mañana de cobre es moribundamente mía, 

cabe cóncava en mis manos de vasija resquebrajada,

huele a silencio de gallos y a empanadas de humita, 

viaja en el mismo vagón que mi desterrado cuerpo». 


MAR SANCHO

Título: Entre trenes   

Autora: Mar Sancho

Editorial: Eolas (2019)  

miércoles, 27 de mayo de 2020

LUMBRE Y CENIZA de YOLANDA IZARD


SALÓN DE LECTURA
José Antonio Santano


Lumbre y Ceniza
Yolanda Izard
YOLANDA IZARD
SALÓN DE LECTURA por JOSÉ ANTONIO SANTANO EN EL PERIÓDICO  IDEAL 24/06/2020

Cuántas veces el hombre camina a la deriva, sin saber que en un instante todo puede cambiar, que una palabra cualquiera, un gesto, una mirada pueden eclosionar de tal manera que la vida, esa que nos mostraba su cara más ruinosa y dramática, nos refugia en su seno y nos procura un nuevo sentido, una nueva forma de contemplar lo que sucede delante de nuestras propias narices y antes se ocultaba con rigurosa severidad. La rutina nos desborda con tanta crueldad a veces que somos incapaces enfrentarnos a ella, de sacudirnos de un golpe su pesada carga, dejándonos llevar por la azarosa fortuna. Pasa que en contadas ocasiones se tiene la certeza de haber hallado el camino hacia alguna parte, por estar antes perdido y en ninguna. Pocas veces sucede, pero cuando se produce el hecho que nos alumbra y nos convierte en seres distintos, merece la pena recordarlo. En la vida, como en la poesía, la búsqueda por hallar esa luz redentora que nos sublima elevándonos a no se sabe qué planeta, es imperecedera. Cada poeta es uno y diferente, la experiencia siempre marca el camino, pero la voz siempre ha de ser propia, sin ambages de ningún tipo, una y singular, capaz de emocionar y contagiar al lector, de evocar y trascender la evocación misma, de hacernos temblar con el silencio de la palabra desnuda y libre. Así es como la poesía entra en connivencia con la vida, y viceversa, y una vez al compás de su música toda luz y verbo. Algo de todo esto acontece cuando uno se acerca al último poemario de Yolanda Izard (Béjar, Salamanca, 1959), titulado “Lumbre y ceniza”, galardonado con el Premio Internacional de Poesía “Miguel Hernández-Comunidad Valenciana” 2019, también finalista del Premio de la Crítica de Castilla-León 2020. Yolanda Izard nos propone adentrarnos en su íntimo universo, en la palaba que dibuja desde la experiencia vital y cotidiana otros mundos, donde la honda reflexión va construyendo un edificio singular por su lenguaje y trascendencia de lo elegíaco, de la memoria que rastrea lo vivido y sentido. Nos depara Izard una aventura a la raíz del ser en consonancia estrecha con lo aprendido y la emoción que rige el corazón. Consigue la poeta contagiarnos de su depurada sensibilidad en un tiempo tan ajeno a la belleza del alma, en ella tan segura y fortalecida. La simbología, el uso de la metáfora, dentro de la más honesta tradición poética española, hacen que “Lumbre y ceniza” contenga verdaderas perlas poéticas. Esa fuerza interna que empodera los versos, surge como un ciclón lingüístico, metapoético unas veces: «La poesía debe ser otra cosa. / Debe anidar en parajes destartalados / donde apenas habita la sombra del lirio 7 Y despeñarse entre las arrugas del hombre / cinceladas con la tristeza. / Debe decir palabras que no hayan sido dichas / pues proceden de la imaginación de los ángeles / y de la inspiración del loco, / y alertar sobre el estado del corazón, / de su tendencia a recomponerse y naufragar / en cualquier sitio entre el mundo y las almas», y otras, como una intensa luz que ilumina el camino. No es casual que nuestra poeta persiga a la palabra y la interiorice hasta ser otra y diferente, silenciosa y sonora a un tiempo, a ese inoculado en las venas y que surge para reconciliarnos con nosotros mismos. Así adopta ese tono elegíaco en su recuerdo del padre: «Puso su mano sobre hombro. / Abajo, más allá de la nieve, / sombras inquietantes envolvían mi casa, / pero alrededor de mi padre / solo había destellos/ del color del ámbar silencioso». Es la voz de Yolanda Izard en toda su esencialidad y autenticidad, destacada y singular: «De la oscuridad vengo yo, una mujer oscura y silenciosa / que siente la respiración del viento / y oye el llanto de los álamos».




Título: Lumbre y ceniza
Autor: Yolanda Izard Anaya
Editorial: Devenir (2019)

domingo, 24 de mayo de 2020

IDAHO Y EL JARDÍN

SALÓN DE LECTURA

José Antonio Santano


Idaho y el jardín de Ezra Pound

Boris Rozas



La poesía puede ser tan variada y diferente como pueden serlo los lectores que se acercan a ella, cada uno de ellos, según su formación o experiencia vivencial puede interpretarla o recrearla hasta conseguir un nuevo universo particular. La poesía española actual parece parapetada en cierta homogeneidad avalada por un determinado grupo o corriente de opinión que hace de ella un reino de taifas poco frecuentado por vates ajenos al grupo. Esa política cultural de lo mediático y centralizado, entiendo, ha de ser reconvertida, reconducida si se quiere por el bien de todos. Sé que el panorama poético español está muy viciado y que necesita, así lo pienso, aire fresco y voces nuevas capaz de aunar voluntades y que pueda así aflorar un espacio donde la esencialidad y singularidad poética tenga cabida por encima de otras valoraciones. Descubrir esas voces no es fácil por esa centralización a la que me he referido anteriormente, pero hay que intentarlo. Es preciso moverse, abrir los ojos y la mente a nuevas formas de expresión poética, desde el conocimiento y la emoción de lo aprehendido. Es cierto que la experiencia, por otro lado, común a todos los poetas -sin experiencia no hay vida-, pero lo más urgente es hallar esas voces diferentes que, desde el respeto a la tradición literaria española y a las variadas corrientes o formas estéticas, puedan sumar hasta alcanzar un estado sólido y coherente, que beba de la hondura del pensamiento y de la emoción capaz de trascender la realidad. 

En esta búsqueda hallamos al poeta argentino residente en Valladolid Boris Rozas, que hasta el momento ha publicado 14 poemarios, entre otros, “Ragtine (2012), “Invertebrados” (2014), “Las mujeres que paseaban perros imaginarios” (2017) y “Anny Hall ya no vive aquí” (2018). El último y objeto de atención “Idaho y el jardín de Ezra Pound”. En su poesía encontramos una clara influencia anglosajona tanto musical (Dixie Chicks, Bowie, Dylan…), como literaria (Robert Frost, Derek Walcott, Pound…), principalmente de la poeta Emily Dickinson. Realmente el poemario en sí mismo no es sino un viaje que recorre la experiencia vital del poeta y que no deja duda alguna sobre aquello que interesa desde el punto de vista de la cultura, pero también de la interiorización de todas y cada una de las circunstancias que alientan su continua capacidad de asombro y curiosidad. Su trayectoria poética nos indica, como ya hemos señalado anteriormente. Los textos de los autores que han marcado de alguna manera su propia diferencia o singularidad entrañan un valor añadido a su voz, de manera que esa intertextualidad produce un continuo diálogo interno que viene a atemperar y equilibrar lo aprehendido a lo largo de los años: «Naciendo el mismo día que murió Robert Frost / no puedo sino oscilar en la vida / del mismo modo que los abedules / responden a tu llamada, / viejos columpiadores / somos / regresando a nuestra / tempestad diaria».  El poeta indaga, bucea en su interior y luego contemplar o compara, desde la honda meditación qué sucede y experimenta con la palabra hasta conseguir una voz personal, un estilo propio y diferencial. Creo que todo lo dicho podría resumirse, como botón de muestra, en estos versos del poeta que vienen a ser como esa luz que vislumbra el poeta Boris Rozas: «De los poetas que he leído / me quedo con el que me parta el espíritu / en dos mitades de silencio, / el que alivie mi tragedia /cogida con alfileres de altura / sin pensar en la suma / de ayeres que se fueron».









Título: Idaho y el jardín de Ezra Pound          
Autor: Boris Rozas
Editorial: Eolas (2019)  

lunes, 18 de mayo de 2020

LOS LÍMITES DE LA SINGULARIDAD

SALA DE LECTURA 
 José Antonio Santano


Los límites de la singularidad
Antonio Rodríguez Jiménez


ANTONIO RODRÍGUEZ JIMÉNEZ
ANTONIO RODRÍGUEZ JIMÉNEZ

LOS LÍMITES DE LA SINGULARIDAD
En la actualidad se escribe mucho, pero no con la intensidad que las diferentes temáticas o géneros necesitan para encauzar al lector a ese estado de gracia tan preciso e importante desde el punto de vista del pensamiento y la cultura. Asistimos, por desgracia, al florecimiento de una incomprensible amnesia colectiva e intelectual que su principal protagonista, el hombre, no combate con la fuerza del saber y la palabra. Quedó, no sé dónde ni cuándo, ese deseo o voluntad de crear desde la nada, y una gran imaginación, otros mundos, otras formas de vida, otro tiempo y otro espacio. Lamentablemente, pocos son los llamados a esta tarea de creación o recreación, de estudio sistemático, de honda reflexión, porque es más fácil dejarse llevar por la corriente del acomodo y la oportunidad, de la ortodoxia simplona y del narcisismo más atroz. Pero no importa, entre tanta estulticia siempre hay alguien que destaca por su rigor y coherencia, por la honradez y la imparcialidad crítica, concluyente solo si a la verdad y la justicia, en esta ocasión literaria, defiende, desde el derecho que asiste al hombre de expresar libremente sus ideas y hallazgos. 

En los últimos días he tenido la ocasión de comprobar todo lo dicho en extraordinarios ensayos literarios, libros que me han sorprendido por su rigor y su sentido crítico: “El unicornio en el café Libertad, de Pedro Rodríguez Pacheco, “La huida de la imaginación”, de Vicente Luis Mora y “El infinito en un junco”, de Irene Vallejo. Pues bien, como no hay dos sin tres, tampoco tres sin cuatro, como lo viene a confirmar el libro “Los límites de la singularidad”, al cuidado editorial de Carena y cuyo autor es el periodista, escritor, profesor y poeta español afincado en México Antonio Rodríguez Jiménez (Córdoba, 1956). Una extensa obra poética, narrativa y ensayística avala la trayectoria literaria de Rodríguez Jiménez, amén de haber sido durante 23 años (1986-2009) el coordinador de uno de los suplementos literarios más importantes de España, “Cuadernos del Sur” (Premio Nacional al Fomento de la Lectura 2009), del diario Córdoba. En esta ocasión, el profesor Rodríguez Jiménez, gran conocedor de la poesía contemporánea española, analiza con rigor a pesar del extenso periodo objeto de estudio y con equilibrado sentido crítico esa intrahistoria en un ensayo esencial y necesario si se quiere comprender, desde el más absoluto respeto a las corrientes poéticas y a los poetas integrantes de ellas, el acontecer de la poesía española más significativa del siglo XX hasta nuestros días. Dado que, como hemos dicho, el período objeto de estudio es muy extenso, Rodríguez enfoca o determina dicho análisis en lo que él llama “diferencia” o “singularidad”, estableciendo así los límites, que bien podrían resumirse, en palabras de Verlaine, al escribir: “El poeta debe ser absolutamente uno mismo”, o en aquello otro que decía Heidegger: “La misión del poeta es hallar un nombrar nuevo, visionario”. El profesor Rodríguez se aparta así de quienes se afanan por conseguir representación y prestancia mediática dentro de un sistema intoxicado y moribundo, para construir un espacio nuevo o quizá recuperarlo, restituirlo en lo que vale, diferente y abierto a la pluralidad creativa, donde la calidad y la singularidad sean los pilares fundamentales para conseguir la trascendencia y la armonía creadora suficiente. 

Así Rodríguez Jiménez estructura su estudio o análisis de la poesía española del siglo XX y lo que va del XXI, en nueve apartados o capítulos, en los expone tanto desde la praxis como desde la teoría aspectos tan fundamentales como la esencialidad y autenticidad de la obra, la trascendencia y armonización del acto creativo, ahonda en la determinación de la singularidad, donde la infancia juega un papel extraordinario (influencias de las poéticas de Boudelaire, Rimbaud, Lautrémont, Mallarmé, Verlaine o Bretón, Bécquer, Hölderlin o Rilke), la generación del 27 (Gerardo Diego, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre o Rafael Alberti), para pasar a la poesía social a la esteticista, con parada en la poesía experimental (Juan Eduardo Cirlot, Carlos Edmundo de Ory, José Antonio Muñoz Rojas, José Hierro, Leopoldo de Luis, Pablo García Baena, Ricardo Molina, Concha Lagos, Mario López, Julio Aumente, José de Miguel, Vicente Núñez, Juan Bernier o Manuel Álvarez Ortega, entre otros), en el siguiente capítulo (número VII), el profesor Rodríguez se detendrá en los poetas “desheredados y marginados” de la segunda mitad del siglo XX (Antonio Gamoneda, Claudio Rodríguez, Enrique Badosa, Antonio Gala, Rafael Soto Vergés, Rafael Guillén, Ángel García López, Pedro Rodríguez Pacheco, Rafael Ballesteros o Antonio Hernández). “El esteticismo de los que fueron reyes por unos instantes” es el título del capítulo VIII, y en él dicta una relación muy variada de poetas, no obstante se ocupa sólo de algunos como Rosa Romojaro, Antonio Colinas, Jaime Siles, Ricardo Bellveser, Antonio Carvajal, Carlos Clementson, Pedro J. de la Peña, Domingo F. Faílde o Eduardo Scala. Concluye este ensayo con el capítulo IX, que titula “Los expulsados del paraíso o el Unicornio en el café Libertad”. Son muchos los poetas citados, entre ellos, Miguel Galanes, José Gutiérrez, Luis Martínez de Merlo, Francisco Morales Lomas, Basilio Sánchez, José Antonio Santano, Álvaro Valverde, Francisco Ruiz Noguera, Alejandro López Andrada, María Rosal, Miguel Casado o Miguel Rico. Por ser muchos los poetas, como se ha podido comprobar, y aún faltan los más jóvenes, el profesor Rodríguez, ante tal circunstancia menciona particularmente a Manuel Ruiz Amezcua, Luis Alberto de Cuenca, María Antonia Ortega, Concha García, Antonio Enrique, José Lupiáñez, Fernando de Villena, Manuel Gahete o Juan Malpartida. 

Los límites de la singularidad
ANTONIO RODRÍGUEZ JIMÉNEZ. LOS LÍMITES DE LA SINGULARIDAD

Una extensa nómina de poetas contiene el presente ensayo del profesor Rodríguez Jiménez, y en insuficientes páginas, pero es evidente que su labor de aproximación a esa poesía singular y diferencial es oportuna y bien recibida, por cuanto todavía siguen silenciados muchos de los poetas aquí nombrados y de una esencialidad indiscutible. Es este, pues, un trabajo necesario y preciso que aporta la otra cara de la moneda, de un estado de la cuestión, la poesía, que venía siendo solo uno y ortodoxo, en el cual no cabían otra poesía diferencia o singular, otros poetas de marcada significación y valía. Este libro, “Los límites de la singularidad” está llamado a ser un referente fundamental para conocer el desarrollo de la poesía española del siglo XX y lo que va del XXI, y por ello, merecedor de ser celebrado, por su honestidad, rigor e imparcialidad. Acabo con las siguientes palabras del autor de este ensayo, el profesor Rodríguez Jiménez, y que viene a resumir de alguna manera lo dicho: «Todo lo anterior que se ha leído en estas páginas es poesía auténtica, original, esencial. Cuando se escribe una composición poética, a ella le importa poso si se la comprende o no, pues la poesía en sí aspira a algo más que ser comprendida, porque ella se convierte en materia espiritual y es ajena a la historia, a la moral, a los convencionalismos. A ella no le importa el diálogo ni la claridad ni lo comprensible. Nace de las cavernas oníricas de los sentimientos, de lo profundo del ser humano y está por encima de los gemidos del amor».



Título: Los límites de la singularidad
Autor: Antonio Rodríguez Jiménez
E ditorial: Carena (2019)