domingo, 28 de octubre de 2018

CATEDRAL DE LA NOCHE

CATEDRAL DE LA NOCHE

SALÓN DE LECTURA ____________________ José Antonio Santano

CATEDRAL DE LA NOCHE

Reconforta siempre volver a la poesía, sumergirse en su esencia y dejarse llevar por su rumor, volar libre hasta el más escondido lugar de este planeta. Nada más placentero que la poesía para hacer de la vida el más grande monumento. Rimbaud llegó a decir que «practicar la alquimia de la palabra y considerar la escritura poética es en sí misma un medio para transformar al ser humano, pues ¿cómo puede el poeta vivir su poesía si no reinventa la vida?». 
La poesía como germen de toda transformación del pensamiento humano, de la vida. No se puede disgregar una cosa de la otra. La clave de todo está, si se me permite, en el silencio, su presencia y observación hacen de él el elemento más importante para la creación. El silencio es el origen de todo y quien se alía a él comprenderá mejor la existencia en sí misma. Mucho sabe de ese silencio, de los silencios que se catapultan a diario algunos poetas que, desde su particular visión del mundo, han hecho del silencio su mejor aliado para llevar la palabra poética allende los mares. Un caso concreto de esta seducción que genera el silencio en la poesía es sin duda alguna el poeta Ángel Guinda (Zaragoza, 1949) y prueba de ello, su poemario titulado “Catedral de la noche”. La noche es el todo y la nada, razón de ser, universo, símbolo de la vida y la muerte. “Catedral de la noche” es un texto que desde sus primeras páginas deja al lector en un estado de trance casi, como si la palabra ejerciera de poción mágica capaz de trascender y trascendernos de forma tan sutil como contundente. “Nací de la entrañas de la muerte” escribe el poeta al inicio de este viaje que ahonda en la condición humana con plena consciencia y sabiduría.
CATEDRAL DE LA NOCHE

 Es tiempo para la madurez del verbo y lo sabe bien Guinda, tiempo para modelar el barro de la palabra, unir experiencia y conocimiento para ser lo que se quiere ser: poeta y hombre, y viceversa. El poema “Del natural” podría resumir perfectamente la concepción del mundo que posee el poeta Ángel Guinda; desde el primer verso que hemos señalado, pasando por estos «Morir joven es duro, / pero más duro es envejecer: / consumirse inseguro, / solo, torpe, molesto, comprender / que en adelante aún será peor» y concluyendo con los que siguen: «Recuerdo que el olvido / me espera unos pasos más allá. / Antes de ser secuestrado me habré ido. / ¡Vendrá la Noche y no me encontrará», representan fielmente una manera de entender la poesía, de entender la vida, tan singular como esencialmente humana. La Noche es para el poeta oscuridad plena, silencio y luz, pérdida, olvido, pero sobre todo despedida, que en tono elegíaco nos muestra como salvación última. Preocupa al poeta el mundo que le rodea, porque él es parte intrínseca de ese mundo, es mundo por decirlo de otra manera, y la compenetración es tal que se abisma en su profunda oscuridad para alcanzar la luz, para afirmarse y afirmar que «Venimos a este mundo / para no quedarnos en nada ni nadie, / ni siquiera en nosotros. (…) Uno dentro del otro hemos estado / por un instante en la eternidad. ¡La eternidad, ahora, dónde está!» La palabra que nace para salvarnos, tal vez, del olvido y el miedo, del desencanto y la soledad, ¿tal vez de la muerte misma? Ángel Guinda nos muestra la intensa inmensidad de la Noche y quiere compartir con el lector ese estado de catarsis, en el cual el silencio resurge inexorablemente. “Catedral de la noche” es un solo poema -aunque contenga algo más de medio centenar de ellos-, una profunda elegía que ilumina el firmamento de la poesía y nos hace ser tan visionarios como lo es el propio poeta. Pero además, Guinda nos sorprende con la forma también, con el uso del “yo plural” como podríamos definirlo, cuya representación parece hablarnos de la excepcionalidad del yo individual-colectivo: «Yo miramos balcones… Yo nos llevo sin mí..., o, Yo nos vamos muy lejos», en un mestizaje que nos habla de un poeta que no se conforma, que resiste y que desea la transformación del mundo a través de la palabra.
 El poeta vive en continuo trance, en una espiritualidad plena que nos recuerda la más grande tradición mística, su voz es la voz del tiempo en el poema “Monasterio”: «Aquí se descalabra, inexorable, el tiempo», del dolor en “La trama de vivir”: «Vivir es esa trampa que demuele / el cuerpo, y hasta el alma, trecho a trecho. / La antorcha de cristal dentro de un pecho / que el huracán arrasa. Vivir duele. (…) ¡Quien no ha sufrido no ha estado en este mundo!», de la pobreza en el poema “La indigente”:«Su casa de cartones / trastrabilla en el rellano de una estrella. / Sólo el aire la abraza.[...] (Me recuerda al poeta: / todo lo tiene no teniendo nada / que no sea quimera.)», de la vejez: «Ceniza en las manos de un viejo / es lo que dejan los años al arder», o de la propia muerte, cuando se pregunta: «¿Moriré horizontal, verticalmente? / ¿Delirando, consciente, inconsciente? ¿He de morir despacio, de repente?». Así es la verdadera poesía, de manera que, si hay un verso que resume de forma categórica la grandeza de “Catedral de la noche” y del poeta Ángel Guinda , y concluyo, no puede ser otro que este: «Ya no hablo otra lengua que no sea el silencio.».
ÁNGEL GUINDA


Título: Catedral de la noche
Autor: Ángel Guinda
Editorial: Olifante (Tarazona, 2015)

lunes, 1 de octubre de 2018

PARA VOLVER AL SUR.

SALÓN DE LECTURA ____________________ José Antonio Santano



PARA VOLVER AL SUR
Volver a los orígenes es algo que en muchas ocasiones anhelamos como si en ello nos fuera la vida. Ese instante en el que la mirada se distancia del presente y nos revela un universo anterior incluso a nuestros propios sueños es de tal intensidad que solo la palabra puede salvarnos. En la memoria queda almacenado lo vivido y sentido, y así lo vemos en veloces fotogramas que nos pasan delante de los ojos sin poder evitarlo. Es la conciencia de lo que fuimos que aparece y desaparece como por arte de magia. Siempre la infancia que se muestra vivaz con el paso del tiempo, para devolver lo que fue su luz, su realidad más secreta. Desde esa realidad está pensado este poemario, “Para volver al Sur”, de José María Muñoz Quirós (Ávila, 1957). Es este un libro en el cual el poeta bucea en el pasado, ese tiempo iluminado de la infancia, muestrario de los primeros descubrimientos, del juego y los afectos, que luego desde la soledad de un tiempo futuro renacerá vibrante en la memoria. Todo lo que pudiera parecer olvido toma aquí realidad, prefigura un estado de remembranza que nos conduce a esa edad de oro donde lo absoluto y la nada se confunde hasta plasmar un presente donde la palabra es el vehículo principal de la comunicación poética. Dedica el poeta este libro a su madre, mujer sureña del pueblo gaditano de Medina Sidonia («En Medina Sidonia un pájaro me dicta / con su voz tu presencia. / He volado hasta la cumbre azul de cielo. / Me escribe la mañana un nacer en las rosas. / Miro a la lejanía por si volvieras. Nadie / me dice una palabra sobre ti. Todo calla»), y en ella se conjuga la fuerza de esa luz que todo lo invade. Es la mirada al sur la que seduce y provoca la vuelta al territorio de la memoria, así ya desde el primero de los poemas, “Retorno”: «Vuelvo al Sur. El mar me deja / la derrota fugaz de un pez de olvido. / Ahora retorno hasta la orilla / inmóvil donde crece / la memoria de un tiempo ya lejano. […] Volver al Sur: sembrar sobre ese espacio / lo que ha sido fecundo en tus ausencias, / el modo de mirar, la voz que dice / todos sus ecos. Volver hasta el origen». La nostalgia marca la andadura para volver a los orígenes que el poeta ha fijado para siempre en su mente. La palabra como salvoconducto de lo habitado: la casa, la playa, las barcas, las salinas y todos los silencios, como los de Alberti en el Puerto de Santa María, los de Arcos de la Frontera, Cádiz, Zahara de los Atunes y el mar de fondo, creciéndose en una nube grandiosa de luces crepusculares en el último estío; todo está en la voz materna que no deja de escuchar el poeta, todo abarca su precisa presencia, la luz de su mirada que no deja sino un creciente rumor de olas y de abrazos, de besos encendidos. Vuelve Muñoz Quirós a la esencia del discurso poético, al tiempo en el que el sueño era lo absoluto, la única razón de la existencia, y lo hace con el lenguaje de la vida, con ese que en cada madrugada despierta diamantino y sereno. Alto es el vuelo del poeta “Para volver al Sur”, desde Ávila su refugio, desde la luz que acompaña la voz imperecedera de lo misterioso y secreto, guardado en la alacena del tiempo. Todo ese mundo sureño del que nos habla Muñoz Quirós sabe a ausencias, a la dolorosa ausencia de la madre, principio y fin de la existencia. Frente al mar, en las gaviotas, en todos los territorios y las horas está el eco de su voz, insistentemente melodiosa: «La realidad me obliga en cada instante / a vivir sometido. Estoy errante / junto a los días que se van perdiendo / por la senda del vuelo que me acerca / donde tú estás en mí». Volver al Sur es lo que importa al poeta ahora, en este momento de su andadura, reconocer y reconocerse en el pasado, también en el presente que arremete con su luz de mediodía y esclarece los sueños, porque en toda aventura el sueño late. En ese ir y venir de la realidad al sueño, y viceversa, el poeta descubre y ve con otros ojos lo que antes se ocultaba en la piedra o el agua. Volver, entonces, es una urgencia que se abisma en las profundas y procelosas olas de la vida, porque al origen se ha de volver siempre, siempre a su inquebrantable luz: «Estoy quieto y el cosmos se mueve en mi rutina. Vaga, / se aleja, duerme. Estoy en la invisible parodia / del olvido. Y esto es volver: / acercarse a la distancia, tocar la indefinible pasión de lo lejano, / amarrarse a las hojas de los árboles mudos. Esto / es traspasar los cimientos donde enmudece el tiempo, / por donde se construyen las leyes del camino». Muñoz Quirós realiza un ejercicio de memoria imprescindible para velar por la verdad poética –su verdad- que sustenta este tiempo de recuerdos y nostalgias, de un tiempo que fue y que el poeta quiere que siga siendo esa luz inagotable que brota de la palabra para hacernos más humanos y más libres: «La memoria me acerca entre sus huellas / un enigma de luz que ilumina mis ojos. / He callado en las dulces páginas del retorno / nacido como un tiempo que me enciende los labios». “Para volver al Sur”, un libro necesario, por el cual Muñoz Quirós mereció el Premio de Poesía Rafael Morales en su XLII edición.
Título: Para volver al sur
Autor: José Mª Muñoz Quirós


Editorial: (Ayto.Talavera de la Reina, col.Melibea, 2017)

jueves, 20 de septiembre de 2018

METÁSTASIS.

JOSÉ ANTONIO SANTANO

SALÓN DE LECTURA ___________________ José Antonio Santano

Los libros se amontonan sobre la mesa por días. A veces desearía reseñar cada uno de esos libros con tan solo la mirada, pero eso, como es lógico, no es posible. El libro necesita un cuidado especial, hay que sentir su piel acartonada sobre las manos, leer atentamente cada una de sus páginas, de sus versos y abstraerse en su mundo de signos y palabras, en su lenguaje hasta casi desfallecer. Solo la pasión por la lectura es la clave para luego analizar todos y cada uno de los aspectos que contienen ese objeto extraordinario que es el libro. En él todo es importante: prólogo, epílogo, encuadernación, portada y contraportada, color, tipo de letra, etc, etc. Entre esos libros de culto, o al menos así me lo parece, habría que considerar “Metástasis I”, del poeta Luis Tamarit (Puçol, Valencia, 1961). 
METÁSTASIS
Ya desde las primeras páginas del libro, su prologuista, la también poeta argentina Mercedes Roffé nos advierte de la posible reserva que su título pueda producir en el lector. La palabra en sí misma es un llamamiento al acabamiento, lo terminal, el miedo que deriva de su pronunciamiento, a la agria realidad que vaticina: la muerte. Sin embargo, esta “Metástasis I”, propuesta poética de Tamarit, es mucho más que todo eso, porque se adentra en el proceso de culminación de la obra literaria, basada en un lenguaje preciso, de filigrana, tal que uno parece ascender a un territorio cielo tan apasionadamente desconocido y misterioso que no dejará de crecer aun después de su lectura pausada, incluso discontinua, capaz de producir un ensimismamiento del pensamiento, de la idea poética que dejará una huella imborrable. 
Es la poesía de Tamarit un oasis entre tanta vacua versificación y tanto pseudopoeta que campa por doquier. La palabra como remanso de profunda reflexión, como si el poeta ejerciera de imán del tiempo y el espacio necesarios para construir un discurso tan novedoso como inteligente, un corpus único que trasciende la propia existencia del poeta. Tamarit teje una verdad indiscutible, su verdad: el poema en sí mismo. Abre las puertas de la razón y el conocimiento, se abisma en el alma de las cosas hasta atrapar la esencial palabra, el verbo que defina su poética incorruptible. Motivo de su expresión poética es la observación del mundo que le rodea, de las palabras que nacen y crecen y se precipitan a no se sabe dónde; es todo su bagaje puesto a disposición de la comunicación y consumación del lenguaje para crear otras formas de expresión, otro universo capaz de alterar, de alterarnos, propiciando una nueva concepción de la vida a partir de la palabra, las palabras. “Metástasis I” es la primera entrega de un proyecto que contendrá diez volúmenes (“Metástasis II”, en breve verá la luz); cada libro contiene 100 poemas y el primero del libro siguiente y todos formando un único ser. La estructura poemática es muy parecida en estas 101 composiciones, de tal manera que dos de los cinco versos que constituyen el poema se repiten en su enunciado inicial pero concluyen con resultado reflexivo desigual. Sirva como ejemplo este poema que aúna soledad y silencio, la luz y las sombras de lo humano: «A pesar de todos los pesares cavar y seguir / cavando una tumba sin manos // Escuchar el sonido de la ebriedad retumbando dentro // Escuchar el sonido del silencio soledad adentro // Permanecer andando permanecer humano ». Luis Tamarit halla el verdadero camino de su yo poético y lo sitúa atemporal sobre la esencialidad del lenguaje, trabaja su interconexión con otros universos hasta conseguir que la luz de la palabra escrita refulja diamantina y libre. Es como si el poeta se dejara llevar por la corriente de un caudaloso río, aun a sabiendas que el peligro acecha en su trayecto hasta desembocar en las azules aguas marinas. “Metástasis I” es un libro complejo, donde el pensamiento puebla cada uno de los versos que lo componen, y en su propia independencia lo aforístico también.
 La razón no es otra que la transfiguración de lo cotidiano hasta convertirlo en parte indisoluble de la creación propia del poema, el poema en sí mismo como única raíz, el origen del ser todo: «El verdadero poema camina por la muerte sin volver la vista / atrás sin tregua ni descanso // Tarde o temprano convierte todo acontecer en un ahora // Entre el carbón y la ceniza permanece cantando // Entre el carbón y la ceniza pertenece andando». Observése cómo provoca la ruptura del verso, como si en su orfandad creciera otro ser distinto. «En esa composición estrófica… cobra una significación extrema el intervalo, es decir, lo que no vemos, lo que no se ha escrito…”, escribe en el epílogo Alejandro Céspedes. Es lo que yo llamo “los silencios” tan extraordinariamente necesarios en todo poeta que se precie, porque en ellos toma fuerza la esencialidad del discurso, en lo que no se dice, sino que se silencia, sea con rupturas, espacios u otros signos de puntuación. La palabra en su esencia más pura vive y muere en el poema, y el silencio se hace música: «Cada dolor disperso en el devenir es lo único que de verdad / nos pertenece // Lo visible llama a lo invisible la luz a la oscuridad / Lo audible a lo no audible el silencio a la música // Tal vez no puedas aceptar la visión sin la muerte». Así es la poesía de Luis Tamarit: silencio al límite.
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LUIS TAMARIT.
Título: Metástasis I
Autor: Luis Tamarit
Editorial: Olifante (Tarazona, 2017)

domingo, 16 de septiembre de 2018

EL ÚLTIMO GIN-TONIC



EL ÚLTIMO GIN-TONIC
SALÓN DE LECTURA ______ José Antonio Santano


No creo que me equivoque si afirmo que es muy difícil encontrar en el panorama literario actual una voz que se distinga, elegante y personal, con variedad de registros que la hagan diferente, innovadora, perspicaz e irónica al mismo tiempo, esencial en su concepción misma, divertida incluso, cosmopolita, heredera de la mejor tradición narrativa española, y moderna en el sentido de original, de una frescura tan sublime como inaudita. Pocas veces halla uno una novela tan sólida en su estructura como sugerente por sus variados recursos lingüísticos, sintácticos y semánticos. 
Lo dicho y algo más que añadiremos más adelante constituye el ensamblaje, la arquitectura de un texto extraordinario, de una novela que derrocha imaginación e ingenio a lo largo de sus algo más de 200 páginas: “El último gin-tonic”, de Rafael Soler, que regresa así al género narrativo, a tomar las riendas de una prosa vivaz y diamantina. De la idea inicial de un correo electrónico, que sitúa la acción narrativa y el motivo central de lo que será luego un derroche de historias tan distintas como distintos son los personajes protagonistas de las mismas, hasta la conclusión de la narración, Soler viene a demostrar su talento para crear situaciones tan reales y sugestivas, desde una perspectiva lingüística y sintáctica que revela al escritor de raza que ha sido capaz de construir esta novela apasionante. 

Y lo es por muchos motivos: el manejo del lenguaje, una mirada que parte de la anécdota hasta transformarse en elemento trascendental de la narración, la descripción como pilar consustancial del discurso (poético-lírico en muchas ocasiones), el laberinto como modelo resolutivo de los conflictos y las relaciones, la presentación de los personajes enfrentados a sí mismos, el culto a lo novedoso tanto en su concepción como en su ejecución, influencia de modelos audiovisuales (cine, televisión, teatro, etc.) en la acción y narración de cada una de las historias, así como la frescura constructiva de los diálogos, son aspectos que hacen difícil definir o conceptuar exactamente la tipología narrativa de la novela. Todo sucede de lunes a jueves, en cuatro capítulos respectivamente: “Tres más uno”, “Los abrazos”, “Aquí nadie tiene a nadie” y “Póker de ases”. Tiempo suficiente, cuatro días, para contarnos lo mucho que sucede a la familia Casares (Moisés Casares Cendoya, el abuelo; Alberto y Lucas, sus hijos, y Juan, Marcos y Mateo –como los evangelistas- los hijos de Lucas, además de otros personajes que complementan la narración como María –la amante- o Diego –el esposo cornudo y autor de los correos electrónicos- hasta crear una narración de auténtica filigrana). La disección de cada uno de los personajes mencionados es de una precisión matemática y todos juntos o por separado constituyen el elemento vertebrador de la narración, a veces laberíntica por su propia estructura discursiva pero nunca incomprensible o aburrida. Soler construye una historia tan sólida como ingeniosa y actual, que afronta los problemas propios del tiempo que nos ha tocado vivir, pero que él trata con ese regusto por la palabra y un lenguaje siempre acorde con la realidad que describe, en muchas ocasiones irónico, en otras con un humor tan negro como elegante, que nos devuelve a la mejor tradición novelística española, a la cervantina concepción de la novela. Realidad y ficción se complementan para vivir en las páginas de “El último gin-tonic” situaciones que van del hecho mismo de la muerte hasta el amor, pasando por la soledad, miedos, violencia, traiciones, dolor, sexo, juego; es decir, el deseo de revelar la porción que en cada ser existe de felicidad o desdicha, desde la concepción personal que cada uno de los personajes posee de la vida, que a fin de cuentas es la literatura. Un viaje al territorio de lo desconocido, no solo al de los pingüinos de Puerto Madryn en la Península Valdés (Argentina), sino al mundo interior de cada uno de los protagonistas de esta historia escrita con el rigor y el ingenio que caracteriza a su autor, Rafael Soler. 
De fuera hacia adentro, y viceversa, Soler ha sabido plasmar lo que parece una simple anécdota, en una obra que contiene innumerables matices expresivos, desde los propios del lenguaje audiovisual, hasta los de encadenamiento narrativo de los diálogos en los tiempos y el espacio que el narrador ha considerado novedosos para imprimir a la historia ecos de auténtica literatura. Una ciudad, una familia y la soledad, el vacío que la vida nos impone en determinados momentos y la alegría de otros, los menos, porque el dolor y la muerte siempre están acechantes. Un recorrido por la vida misma en sus aspectos más cotidianos, que hacen de esta novela una lectura necesaria para comprender mejor el mundo en que vivimos, que a fin de cuentas de eso se trata, de desvelar y descubrir los misterios con la mejor herramienta que dispone el verdadero escritor: la palabra. Una novela original, que no dejará indiferentes a sus lectores, para los que deseo no sea este “El último gin-tonic”, sino el penúltimo, en compañía de su autor, Rafael Soler, y sus futuras narraciones.
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EL ÚLTIMO GIN-TONIC


Título: El último gin-tonic
Autor: Rafael Soler
Editorial: Contrabando (Valencia, 2018)


lunes, 27 de agosto de 2018

Diván de poetisas árabes contemporáneas.

Diván de poetisas árabes contemporáneas
DIARIO DE ALMERÍA. 
SALÓN DE LECTURA POR JOSÉ ANTONIO SANTANO


Es cierto que todos los regalos son siempre bienvenidos. Pero hay ocasiones en que son, además de bienvenidos, especiales. Es el caso de este libro que ahora muestro en este singular escaparate: “Diván de poetisas árabes contemporáneas”. Y es un regalo especial por dos razones: por quien me lo obsequia y por su temática. No es fácil hallar en el mercado editorial un libro de estas características, menos aún cuando sus protagonistas son mujeres árabes, y, además, poetisas. No me negarán que no tiene la cosa enjundia. Hay estar hecho de una materia especial para atreverse a reconocer públicamente la integración de la mujer, a más árabe, en el cerrado mundo de la poesía. Un acto revolucionario si nos atenemos a los hechos que vienen sucediéndose en la sociedad árabe desde tiempo inmemorial. Mostrar el lado femenino de la literatura árabe, y en especial el de la poesía es merecedor de todo encomio. A nadie se le escapa la dificultad para afrontar un trabajo de estas características, y es de justicia reconocer esta labor, precisamente en la persona de Jaafar Al Aluni, un hombre, que no, curiosamente, una mujer, lo que añade más valor si cabe a esta publicación. En palabras de Ibn Arabí «Todo lugar que no acepta lo femenino es estéril, no cuenta» y el poeta Adonis, autor de la presentación de este libro añade: «la masculinidad que anula la feminidad se anula a sí misma, y esta es la situación actual de las sociedades árabes e islámicas: están anuladas, tanto en lo masculino como en lo femenino. La mujer en estas sociedades es un objeto religioso codificado, enjaulada en lo lícito y lo ilícito, es un ser sin rostro, y todo ser que carece de rostro, carece de identidad», y concluye, refiriéndose a esta antología: «En esta selección de poesía femenina árabe, el lector encontrará diversas maneras en las que la mujer poeta se expresa a sí misma, expresa su libre feminidad, su cuerpo, su relación con el mundo y con las cosas, y, sobre todo, su relación la lengua árabe femenina, la cual, en sí misma, necesita la libertad y liberarse de lo masculino que dirige la tierra en nombre del Cielo». 
DIVÁN DE POETISAS ÁRABES CONTEMPORÁNEAS

Por su parte, Jaafar Al Aluni, autor de esta edición y traducción nos acerca a la poesía árabe escrita por mujeres mediado el siglo XX, años después de lo que vendría en llamarse “el despertar árabe”. Será entonces cuando la poesía árabe femenina comience su andadura y su presencia sea más activa, aunque dadas las circunstancias sociales del mundo árabe no sean las mejores para una verdadera difusión del quehacer poético de las mujeres árabes, relegadas y silenciadas sistemáticamente. Diez son las poetas seleccionadas por Aluni para este “Diván”, diez voces diferentes que abren el camino a un mayor conocimiento de la poesía árabe. Fadwa Tuqán y Názik Al-Malaika inician el movimiento poético femenino y son las primeras en introducir cambios en la tradición poética a partir de los años cincuenta. Para Aluni los años sesenta representarán la entrada de la modernidad a través de la revista “Sh’ir”, con poetas como Saniya Saleh y Ámal Yarrah. El papel de la libertad de la mujer y su papel en la sociedad es asumido poéticamente por las poetas Lamía Abbás Amara, Suad Al-Sabah y Fawzía Abú Jáled, en los años setenta y ochenta. Concluye su selección Aluni con la representación de poetas pertenecientes a los países orientales, como la libanesa Souzanne Alaywan, de los occidentales la marroquí Widad Benmusa y de los países del Golfo a la yemení Huda Ali Iblán. Una muestra tan heterogénea como acertada si nos atenemos a los propios textos que avalan la trayectoria poética de cada una de las poetas seleccionadas por Aluni. Como prueba de lo dicho sean los versos de las poetas representativas de las etapas expresadas anteriormente. De Tuqán, del poema “Tu nombre”: «¿Tu nombre? / Oh suspiro de flor que exhala en el rocío de la palabra, / ¿tu nombre? / Oh luz de madrugada que apareciste / cuando caí en la oscuridad del camino. / Oh melodía que me levanta y me acuesta con su armonía», de Saniya Saleh, del poema “Patria”: «Mi patria es mi sueño, / cabeza y corazón / ardiente y palpitante. / Mi patria son los caminos aislados, / la tumba y las salas de espera»; de la tercera etapa seleccionamos a Fawzía Abú Jáled y los contundentes versos de “El poema del agua”: «Sumergió sus dedos en el desierto, / y con el agua del espejismo escribió un poema» y de la última etapa sean estos versos de la marroquí Benmusa, donde el silencio es el eje de la vida: «El viento del silencio / penetra mi cuerpo / heme aquí celebrando / una soledad distinta…». No cabe duda que este libro “Diván de poetisas árabes contemporáneas” marca un antes y un después, que es una referencia clara de la poesía femenina árabe, y que todo él trasluce verdad e inteligencia, ética y estética para un tiempo nuevo en el que la mujer no puede seguir representando “lo estéril”, sino todo lo contrario, el fruto de una manera diferente de entender el mundo, también de construirlo.
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JAAFAR AL ALUNI



Título: Diván de poetisas árabes contemporáneas
Autor: Jaafar Al Aluni
Ediciones del oriente y del mediterráneo   (Madrid, 2016)

martes, 14 de agosto de 2018

UNA VERDAD EXTRAÑA.


SALÓN DE LECTURA _____________________ José Antonio Santano


José Antonio Santano


UNA VERDAD EXTRAÑA. (POESÍA 1974-2018)


Si de aconsejar se tratara y teniendo en cuenta la falta de rigor con el que nos sorprenden algunos escaparates de la literatura española actual, no sería complicado dar con una relación suficiente de títulos para esta etapa veraniega, en la que, poco a poco, se va asentando la costumbre de leer, aunque sean, en su mayoría, libros insustanciales con los que las grandes editoriales, llevadas por el más puro sentido mercantilista (promociones salvajes en radio, prensa y televisión), seducen a los eventuales lectores. Para esta ocasión, la recomendación, atendiendo al exclusivo sello de calidad, tendrá su plasmación en un libro que, con toda seguridad no defraudará al lector de poesía, sea principiante o ya avezado en la materia. Se trata de la segunda edición de la obra corregida y aumentada “Una verdad extraña (Poesía 1974-2018)”, del poeta de Jódar (Jaén), Manuel Ruiz Amezcua, cuyo estudio, de casi 200 páginas, ha corrido a cargo del profesor de Literatura Española, en la Universidad de Sevilla, Carlos Peinado Elliot. Queda publicada así, en un esfuerzo ingente por parte del sello editorial Comares, la obra completa –hasta ahora-, corregida y aumentada del poeta Manuel Ruiz Amezcua. Si nos atuviéramos a algunas de las opiniones versadas sobre la trayectoria y la voz poética de Ruiz Amezcua, tendríamos que detenernos, obligatoriamente, en la de su paisano Antonio Muñoz Molina, cuando dice: «Manuel Ruiz Amezcua ha realizado una carrera literaria tan tenaz y rigurosa como desasistida de cualquier clase de reconocimiento público. Va siendo hora de que sea escuchado. 


Es dueño de una voz y de una obra poética que deben ocupar cuanto antes el sitio que les corresponde en el repertorio público de nuestra literatura», y también, por resumir dado el gran número de críticos y poetas que han reseñado la obra de Ruiz Amezcua, la del premio Nobel, José Saramago, que llegó a escribir: «Una novela nunca da la sensación de poder levantar el mundo. La poesía sí. Como esta de Ruiz Amezcua». Dos opiniones suficientemente relevantes, sin quitar importancia a otras que no han sino reconocer el trabajo y la calidad poética de la obra de Ruiz Amezcua. En este volumen, “Una verdad extraña”, Carlos Peinado Elliot recorre de principio a fin la obra de Ruiz Amezcua contenida en sus más de 800 páginas, y lo hace desde el análisis y la reflexión profunda, ahondando en aquellos elementos propios y caracterizadores de su poética, olvidada y silenciada durante un tiempo en el que la poesía era concebida como un club de amigos al que solo podían pertenecer algunos elegidos, y no precisamente por su calidad y su aportación a la poesía del siglo XX, sino por la relación más o menos interesada de amistad o, en su defecto, política. Fueron aquellos, años de sequía para la poesía española, en la que solo cabía una única tendencia, una corriente que lo absorbía todo, incluido el sector editorial. En estas circunstancias, “la otra poesía” no tenía cabida, fue denostada o en el mejor de los casos silenciada. A esa “otra poesía” pertenecía por derecho propio Ruiz Amezcua, porque tampoco quiso nunca que le relacionaran con la moda poética de aquellos años, tan laxa y plana para él. Hubo de pasar el tiempo, de sucederse los años para que viniera el reconocimiento a su trabajo poético, como ahora se puede constatar en este libro. «La revelación del mal y de la injusticia», está en el origen de su poesía, y añade el propio autor: «Las palabras también consuelan. Y redimen. La poesía duele, pero siempre cura. Hay marcas que no se borran y las palabras nos sirven para convertirlas en un mundo distinto, en un viaje distinto. Un viaje de por vida. Un viaje al fin de la noche buscando la claridad del día». En esto consiste el hecho mágico de descubrir la luz en la oscuridad misma, un viaje al interior del silencio y capaz de revelar la luz es el acto poético por excelencia, la esencia de la poesía en su camino hacia la transformación del mundo (interior y exterior), en el cual el ser humano es el centro. Claro que la poesía redime y sana, ese ha sido siempre el principio motor de Ruiz Amezcua que, aún frente a las vicisitudes y obstáculos que se interpusieron en su camino, siempre supo cuál era el camino. En esa lucha del hombre con el mundo siempre estuvo Ruiz Amezcua, con la palabra exacta, el lenguaje preciso que sangra por las venas del poeta hasta convertir lo vivido en el único edén posible. Todo esto y más hallamos en la poesía de Ruiz Amezcua que parte de “Humana raíz”(1974) y llega hasta “Palabras clandestinas” (2015), con el añadido de algunos poemas inéditos. Un trabajo de análisis recogido en casi 150 páginas escritas por el profesor Carlos Peinado, desde la objetividad del conocimiento de su poesía y con la brillantez de su palabra y pensamiento, para quien la obra del poeta es un continuo descender a uno mismo para rebelarse luego ferozmente contra sí mismo. “Una verdad extraña (Poesía 1974-2018)” contiene lo mejor del gran poeta que es Ruiz Amezcua, que es como decir de lo mejor del panorama actual de la poesía española.

Manuel Ruiz Amezcua


Título: Una verdad extraña
(Poesía 1974-2018)
Autor: Manuel Ruiz Amezcua
Edita: Comares (Granada, 2018)


lunes, 30 de julio de 2018

PAISAJE CON LATIDO por JOSÉ ANTONIO SANTANO


SALÓN DE LECTURA _______
______________ José Antonio Santano


PAISAJE CON LATIDO
Hay regresos que se celebran de forma especial y placentera. Después que el tiempo haya sido como una losa, un estentóreo silencio que anubla la palabra y la encarcela en la prisión del olvido, reconforta comprobar que ese tiempo solo fue eso, una corta parada, un lapsus solo, un paréntesis. Ocurre a veces que cuando creías perdida esa voz que en otro tiempo propició momentos de extraordinaria delectación, un día sin más, vuelve de nuevo, te llega clara y diamantina en forma de libro, y entonces, en ese instante, esa voz ahora convertida en armónicas grafías, recorre todos los silencios del pasado hasta aflorar una indescriptible emoción. 
Gabriel Montes Galdeano
Ilustraciones de Gabriel Montes Galdeano

El libro del que hablamos lleva por título “Paisaje con latido”, siendo el autor de los poemas, 22 en total, José Tuvilla (Guadix, Granada, 1958), y de las ilustraciones, también 22, el fotógrafo almeriense Gabriel Montes Galdeano. Poesía e imagen que se complementan en un juego de espejos donde la belleza del paisaje (Viejas Salinas de Roquetas de Mar) y el latido de los versos nos aventuran en la cotidianidad de los días, en la vida misma de quien mira (fotógrafo y poeta) desde la altura del conocimiento y la emoción que surge de la experiencia, de lo vivido. Ya desde las primeras líneas del generoso prólogo, autoría del también notable poeta Francisico Domene leemos: «Paisaje con latido servirá para que sus viejos lectores por fin nos reencontremos con él y para que los nuevos descubran su extraordinario talento». Y no le falta razón a Domene, esa vuelta a la poesía de Tuvilla nos congratula a quienes sabemos de su inteligencia y su magisterio, a quienes siempre estuvimos a la espera de su luz poética, del fuego de su palabra, esa que alimenta el alma y nos abisma en el silencio de lo invisible hasta estallarnos toda en un segundo. Tuvilla añade a su condición innegable de poeta, otra tan importante como olvidada: el humanismo que impregna su vida, y su obra. Tuvilla es un luchador incansable, un hombre que vive en los hombres y a la luz de otros hombres que supieron alumbrarnos en el difícil camino de la vida. Su poesía está avalada por esa mirada que trasciende en “el otro”, que quiere ser “el otro” en cuerpo y alma para sentirse vivo, de ahí sus continuos logros en el campo de los Derechos Humanos y la Educación para la Paz. 
José Tuvilla
Poemas de José Tuvilla,
 Paisaje con latido

El poeta que es José Tuvilla está más que demostrado con anteriores entregas: “Ritual de la palabra” (1981), “Vibración de la ceniza” (1982) y “Memoria inmóvil (1992), ahora lo revalida en “Paisaje con latido”. Un latido profundo que nos recorre de pies a cabeza cuando leemos los 22 poemas que contienen esta publicación, complementada por la sensibilidad y oficio de Gabriel Montes, que ha sabido captar el alma de los amaneceres. Comienza Tuvilla su periplo poético en este libro por los cuatro elementos de la Naturaleza: Aire, Agua, Fuego y Tierra, en un despertar único que vislumbra el Amor («Si el tiempo permitiera que la luz única fuera aire, aire sería tu voz, / tu latido, la última palmera que el viento acaricia, la hierba exquisita (…) Aire es tu mirada, aire es mi voz que te llama y te dice: “Amor mío”», el Deseo («Allí, en otra hora, en las lindes de la oscuridad, / se abrazó el deseo con afiladísimos y dulces labios, /al amor furtivo», la soledad («Salgo cada día al sendero, entre las sombras que el alba disipa, / y encuentro allí la soledad y la paz que, luego, la urbe me arrebata. / Hoy, todo se alumbra de un rojo intenso, del fuego desnudo», o la tierra en sí misma, la ciudad frente al silencio («En la ciudad, traspasada la línea que marca el sendero, / hoy, las cosas discurren sin quebranto, / como ayer, como mañana, / como las infructuosas estaciones… // Aquí el agua y la tierra…». Pero el poeta camina por el sendero de la vida, ahonda en su realidad diaria y se abstrae para seguir el rumbo de la cálida luz del cielo en su inmensidad, del tiempo que nunca se detiene, que es pasado y presente, futuro innombrable: «Se ha propuesto decidido vencer su récord, / el tiempo todo, la fatiga indomable, / el aire encendido en los pulmones. / Vencer, no ser vencido». El color y la luz de las imágenes provocan en el poeta el amor por la Naturaleza, por el hombre y sus soledades y silencios, en un claro ejercicio de humano sentir, y donde el tiempo es el adversario de la contienda, y la meta el paraíso, el Olimpo: «He aquí al atleta contra el tiempo, en su desafío matutino, / cuando nadie ocupa la línea que la naturaleza prolonga… // Y entonces, sabiéndose extenuado / y frágil, comprenda que ya la juventud le fue arrebatada. / Venimos y nos vamos de este mundo…Sabiéndonos, al final, que no somos nada. (…) Detrás, la urbe se levanta, / se extiende el asfalto y el ruido, en todo su sombra, se eleva». Sin duda, Tuvilla nos devuelve la esperanza en la poesía que crece muy adentro, en las entrañas del lenguaje, en la palabra luz y aureola que nos alerta de los peligros y la vaciedad del hombre, para redimirse en el Amor como única verdad: «Amor mío, deja que la sangre del amor te aceche y te atrape. // Abandónate a mis pasos como yo me abandono a tu latido».
Paisaje con latido

                                       Título: Paisaje con latido
Autores: José Tuvilla / Gabriel Montes
Editorial: Los autores (Almería, 2017)

miércoles, 25 de julio de 2018

LETRA Y NUBE DE JUAN ANTONIO BERNIER por José Antonio Santano




LETRA Y NUBE de JUAN ANTONIO BERNIER
El tiempo vuela. Y cuando queremos darnos cuenta de esta contundente verdad estamos atrapados en ella, sin remisión. El tiempo es un hilo invisible que va tejiendo los días y las noches con una seda especial que crece y crece alrededor nuestro y nos envuelve en su soledad de siglos, un silencio que grita a cada instante, seguro de alcanzar el lugar más recóndito del espacio, el vacío que nos muestre el camino hacia lo desconocido. La construcción de un universo personal deviene en profundizar en el misterio del cosmos, atreverse y dejarse sorprender por lo oculto. Nadar a contracorriente hasta quedar exhausto, en el convencimiento de saberse presa del asombro, perplejo ante la extraña mirada del tiempo. Un poco de todo viene a ser el texto que presentamos en esta ocasión “Letra y nube”, del poeta Juan Antonio Bernier (Córdoba, 1976), sobrino del también poeta cordobés Juan Bernier, cercano al Grupo Cántico. Con anterioridad a este poemario ha publicado otros dos, también en la editorial Pre-Textos: “Así procede el pájaro” y “Árboles con tronco pintado de blanco”. En la actualidad compatibiliza poesía y arte al ser gerente de la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí. La poesía concebida en “Letra y nube” es minimalista, de versos de arte, caracterizados por la profunda reflexión metalingüística y poética, provocando así una sensación de acabamiento que sitúa al lector en un plano de espejos y laberintos cuya resolución quizá dependa de la palabra, en esa búsqueda por la verdad, su verdad poética, como así se expresa ya desde el comienzo, en este breve poema de la primera parte del libro titulado “El eclipse” : «Para volver en sí, / la luz de la mañana / compuso en la ventana / un paisaje sin mí». El poeta necesita de la breve exposición del pensamiento, de la idea llevada al detalle, para concluir a modo de enseñanza, como si todo pudiera resumirse en un instante solo, en un segundo que perpetuase la existencia. Los poemas, a veces casi aforísticos, entroncan con esa tradición literaria que roza lo filosófico, que trasciende enriquecida por la actitud del poeta en el mundo. Metapoética que aporta valores en su propia simbología, resurgiendo así una nueva fórmula de expresión en esa constante búsqueda de lo desconocido desde la propia realidad material, como así sucede en la tercera parte del libro titulada “La fiebre del oro”, y más concretamente, en el poema “Molino de Rodalquilar”, que nos transporta hasta tierras almerienses: «Perdiz entre el tomillo. / Girando en torno a ella, / las estrellas. // Oculta en el violeta, / eleva a las esferas / su estribillo». Un venir continuo del pensamiento, una ontología latente que predispone al poeta con lo más abstracto en un ejercicio constante de aproximación a aquellas zonas proscritas, pero que Bernier recupera para un discurso poético que sabe de los desiertos y la soledad, como se muestra en este poema, Douane: «Con su paso ondulante, / el sol pule la arena. // Y la duna, desnuda, / recita con la brisa // el áureo trabalenguas / del sol en los trigales», o en este otro, Nocturno: «Quién me cerrará los ojos / cuando esté solo»; concisión y brevedad en la fórmula expresiva como ya habíamos adelantado en líneas anteriores, casi aforística. Una vez más Juan Antonio Bernier visita el espacio ancestral de la palabra, sus campos semánticos en la búsqueda por esa “verdad absoluta” que todo poeta necesita y a la que aspira en todo momento. 
Letra y nube
LETRA Y NUBE DE JUAN ANTONIO BERNIER

Por muy penoso que sea el camino la voz siempre renace. Es como un grito que pervive en todo tiempo, que se mantiene sólido, inalterable. Es la poesía principio y fin, un son que habita en el poeta, en su respiración y en sus pupilas. El pensamiento en su desnudez absoluta, alimento de vida, el viaje último a no se sabe qué clase de eternidad, pero eternidad al fin y al cabo; una luz que rebasa la plenitud de lo infinito, del tiempo en sí mismo y que el poeta advierte en cada sílaba, en cada letra, dejando que a la altura de la nube ascienda y se transforme en voz del aire, hasta el punto de ofrecer una nueva dimensión del “ser” y “estar” en el mundo: «La esfera es imperfecta. / En la flor del granado / fructifica otra esfera»; un viaje a las nubes en su más amplio sentido, hacia el celeste mar del espacio, nube plena en su blanco diamante o en su gris cristalino. “Letra y nube” es un libro tan complejo como interesante, donde la razón del ser se abisma en la vivacidad de la palabra trascendida en un juego de intertextualidades afortunadas al fin que se persigue: la creación de un universo propio. El presente en su dimensión más futurista y la vida en su esencialidad futura: «El fruto se desprende. / La muerte se satura. / La vida vence». Nos muestra Juan Antonio Bernier en este poemario una parte de él tal vez secreta, que germinaba en el tiempo y sus silencios y que hoy y ahora confiesa, como en palabras de R.M. Rilke, con las que cierra este círculo vital de su poesía: «Habla y confiesa. Más que nunca / Se hunden las cosas y desaparecen, las cosas que vivimos, / Porque eso que las empuja y desplaza es un hacer sin imagen».
JUAN ANTONIO BERNIER
JUAN ANTONIO BERNIER

Título: Letra y nube
Autor: Juan Antonio Bernier
Editorial: Pre-Textos (Valencia, 2017)

lunes, 16 de julio de 2018

Los otros que me habitan.


SALÓN DE LECTURA _________________________ José Antonio Santano

LOS OTROS QUE ME HABITAN
Es habitual que con la llegada del verano las librerías reciban un mayor número de personas que se acercan a ellas con la sana intención de adquirir un libro y leerlo en las tan esperadas vacaciones. Al menos ese parece ser el objetivo a priori y con esa determinación las librerías ganan en este tiempo más visitantes. Lo que siempre es una alegría dada la precariedad lectora de nuestro país. Géneros para todos los gustos esperan en los anaqueles de las librerías, solo falta ese lector dispuesto a adquirir uno de ellos: poesía, ensayo, teatro, novela, cuento o relato…Para esta ocasión mi atención crítica recae sobre un libro de este último género: “Los otros que me habitan”, del escritor Paco Huelva (Almonte, Huelva, 1956).

 El libro que nos ocupa consta de doce extraordinarios relatos que harán de su lectura un verdadero placer. Con anterioridad Paco Huelva ha publicado otros libros de narrativa, entre los que destacan: Griego, Y cien, Andando sobre el tiempo, La búsqueda de la identidad y El perfil de los sueños. Huelva es un interesantísimo fabulador, un narrador de raza, como lo demuestra en estas doce historias fraguadas al calor, podría decirse, de una chimenea o el brasero de picón en las largas noches de invierno. Ese contador de historias que nos recuerda a nuestras abuelas en la intimidad de la casa cuando éramos niños. Todo ese espacio, ese paisaje donde habitan otros seres se nos presenta en esta cuidada edición de Niebla. Doce son los cuentos, como ya hemos dicho, y doce las historias que nos harán vibrar como solo sabe hacerlo la buena literatura, esa que ahonda y se abisma en la nada para crear vida en cualesquiera de sus formas. Doce narraciones que, además, se desarrollan o tienen mucho que ver con lo rural, ese espacio tan sobrepasado por todo lo relacionado con lo urbano, motivo que hace más atractivo aún este libro de relatos. Huelva ha sabido transmitirnos ese ambiente rural, tan desconocido y misterioso, con tan buen oficio que uno tiene la sensación de remontarse en el tiempo, de ser en esencia “los otros que te habitan”, los que su creador ha elegido como protagonistas para sentir así la respiración de cada uno de ellos.

 La temática, la acción y los personajes nos muestran de forma brillante el mundo rural, y de esa concepción que Huelva posee de ese territorio fabula, crea a su vez otro universo que nos hace temblar de emoción a través de un lenguaje preciso, contundente, exquisito en su fondo y en su forma, de tal manera que se siente el hálito amargo unas veces y dulce otras de esa realidad rural. Huelva aporta a su discurso narrativo no solo experiencia y conocimiento, sino algo ausente en la literatura actual, emoción, capacidad de turbar, de sorprender con un estilo depurado al lector, hacerlo cómplice de su delirio creador. Huelva nos presenta así doce historias construidas sobre la base de lo aprehendido a lo largo de los años de los propios libros, de donde bebe continuamente, hasta la saciedad. Sus relatos son de extensión variada, en su mayoría breves, pero todos ellos de una construcción sólida, sugerente, profundamente humanos en toda su extensión de la palabra. Una obra, “Los otros que me habitan”, difícil de olvidar, capaz de mantener al lector atento desde la primera página, que así comienza: «Malaleche camina procurando no resbalar entre los guijarros. A Cabezón no le gustan los vaivenes que da Malaleche porque se parecen a los de las cunitas de feria», hasta la última:«Una noche de insomnio forcé el desvencijado cajón de un mueble de la vieja casa, de aquella casa que ahora es solo sombra en la memoria, y que por animarla o revivirla, acudía ella, sumiso, extraviado y perdido no sé por qué necesidades del alma o del niño que fui, y que anda escondido en lo que soy sin manifestarse a los otros… ». Entre la primera, correspondiente al relato que titula “La vendimia”, generalista, donde se cuenta la historia de una venganza, y la última, “Aquella casa vieja”, intimista y biográfica, existen otras diez historias que nos devuelven a recordar otras páginas memorables de la mejor tradición literaria española. Historias de parricidio, prostitución, venganza, adulterio, de todo tipo contienen este libro, pero sobre todo llama la atención esa maestría con la cual Paco Huelva nos presenta cada uno de los relatos, cómo se crece en el desarrollo de los mismos y cómo sorprende en su resolución, en ese continuo descarnar hasta llegar al mismo tuétano del hueso, a la esencia de todo discurso narrativo. Valor añadido a este conjunto de relatos son las ilustraciones que los acompañan, tan inquietantes como los propios textos, autoría de Víctor Pulido. “Los otros que me habitan” es un viaje al interior de los orígenes, un recorrido por la vida en su esencialidad, de unas vidas que discurren entre el puro instinto, lo primario o atávico, y que nos muestran básicamente la tragedia de ese mundo tan alejado de nuestra mirada cotidiana como es el rural. Un libro, pues, muy recomendable, que nos acerca a la buena literatura que ofrece su autor: Paco Huelva.
PACO HUELVA
LOS OTROS QUE ME HABITAN
PACO HUELVA

Título: Los otros que me habitan
Autor: Paco Huelva
Editorial: Niebla (Huelva, 2017)

martes, 3 de julio de 2018

Un asceta en la corte nazarí.


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DIARIO DE ALMERÍA
Un asceta en la corte nazarí de José Miguel Puerta Vílchez


La llegada de un libro es siempre motivo de alegría, sin duda. Una vez que se sostiene entre las manos y se acaricia todo él, una nueva dimensión se nos muestra clara y transparente, un universo distinto se hace nuestro y en él vagamos días y noches enteras. En ese camino renacido, la aventura es una luz que crece en nosotros hasta límites insospechados. Una explosión de silencios se adensan en nuestro interior y el alma siente como una transfiguración que nos aproxima a un estado de inquietud creciente. En ese estado casi místico confluye la emoción y la sabiduría, porque un libro siempre es eso, la necesidad de saber y sentir. El libro que presentamos es mucho de todo lo enunciado. Un asceta en la corte nazarí, del profesor de la Universidad de Granada y arabista José Miguel Puerta Vílchez (Dúrcal, Granada, 1959) nos invita a, como bien nos indica en su prefacio, conocer la biografía del asceta Ibn Ja'far al-Conchi (al-Qunchi), del Valle de Lecrin, descrita así: «la peripecia de este asceta nos conduce ante el debatido tema en el islam clásico de la moralidad o no de la arquitectura monumental, defendida por unos en tanto modo de simbolización de la realeza con el fin de cohesionar a la sociedad, censurada por otros atribuyéndola al afán de lujo y dominio de los potentados, o nos acerca a las disputas sobre la verdad y la mentira en el arte, o sobre la función del artista cortesano y las relaciones entre literatura, arte y pensamiento en la Granada nazarí».

Un asceta en la corte nazarí
JOSÉ MIGUEL PUERTA VÍLCHEZ

A partir de algunos datos históricos sobre al-Conchi, Puerta Vílchez recrea la vida de al-Qunchi, para desvelarnos, con un exquisito lenguaje, la razón de ser de un viaje juvenil al Oriente en busca de la luz y el saber, y el regreso al ocaso de Occidente. Con el subtítulo de "Los misterios de los sentidos, la imaginación y la creatividad", el profesor Puerta nos propone un viaje a la esencia cultural de Oriente, junto al geómetra Ridwán, creador de «una variada serie de estrellas geométricas pensadas para representar los siete cielos mencionados en el Libro Sagrado y de la gran cúpula de madera del Salón del Trono de nuestro señor, Príncipe de los Creyentes».
En ese diálogo entre el asceta al-Conchi y el geómetra Ridwánm hallaremos algunas de las razones de uno y otro sobre la moralidad o no de la arquitectura monumental: «-…los auténticos seguidores de la senda espiritual hacen de la escritura una experiencia vital… Para ellos, la música (sama') es una vía unitiva y cuando practican la poesía lo hacen para recrear el lenguaje y hallar nuevos caminos de expresión del ser y su extinción en lo absoluto, -dijo el asceta». Y añade en páginas posteriores: «-Por muy maravillosas y bellas que sean sus edificaciones el sultán se empeña en estampar su nombre y el de su familia por todas partes: arriba, abajo, a derecha, a izquierda, al norte, al sur. Es tedioso, molesto, atenta contra la pureza de espíritu, entorpece la contemplación. Quien libera el sentimiento, su poesía, en su largo camino hacia la luz, purifica su ser, lo pule, y es posible que se eleve hasta el saber. Mas quien graba poemas en las paredes de los reyes no busca más que la fama en este mundo, sea para él, para su señor, o para ambos a la vez».

Un asceta en la corte nazarí es un libro extraordinariamente revelador de la más honda concepción del mundo islámico, de su sabiduría, y así nos lo muestra Puerta Vílchez, en su esencialidad, a través de un manuscrito: "Luces de alocuciones y misterios". Siete misterios y siete alocuciones, como siete cielos, en ese continuo desvelar de la energía creadora del número 7: El Misterio de los Sentidos, de la Creatividad, del Sentimiento Poético, de la Armonía, de la Imaginación, del Amor y de la Belleza. Como muestra de esa hondura de pensamiento, de búsqueda y sabiduría, destacamos el referido al sentimiento poético, cuando se dice: «La poesía es el espacio de la globalidad, del enigma, del símbolo y del ocultamiento // La poesía es experiencia del lenguaje y del ser. // La poesía consiste en degustar permanentemente el mundo. Es la creación de la Imaginación en el espejo de las formas y la belleza. Es el corazón respirando con el pulmón de la palabra». Con todo, "Un asceta en la corte nazarí" es un libro tan sabio como bello, pues las ilustraciones que lo contienen, de Nairus Bakour, añaden valor al mismo en la contemplación de ese juego de sombras con el que se nos presenta vivamente Oriente, toda su belleza; también la propia de su grafía árabe al traducirlo. «Soy granadino y en Oriente me hice más hondamente granadino. Considero que la belleza de lo sencillo es la más difícil y maravillosa creación. Por ello, prefiero las acequias a los palacios. El misterio de la Belleza radica, en suma, en que moviliza los sentidos, despierta la creación, da vida al sentimiento, se manifiesta armónica y luminosa, enciende la Imaginación y ésta la crea», palabras de al-Conchi que bien definen la prolífica obra, el pensamiento y la sabiduría del autor de "Un asceta en la corte nazarí", el profesor y arabista José Miguel Puerta Vílchez.

UN ASCETA EN LA CORTE NAZARÍ


domingo, 24 de junio de 2018

Y HABRÁ FUEGO CAYENDO A NUESTRO ALREDEDOR

DIARIO DE ALMERÍA

SALÓN DE LECTURA    ______________      José Antonio Santano


Y HABRÁ FUEGO CAYENDO A NUESTRO ALREDEDOR
Podríamos afirmar que del silencio nace la palabra. El silencio es el abismo absoluto, el blanco de la página y la palabra la luz que deslumbra al blanco y sus silencios. Por ello llama la atención que el silencio trascienda en la palabra escrita, en la voz que antecede al signo y lo precipita sobre la página hasta ocupar el lugar exacto y no otro. Ese silencio que todo lo domina en su esencialidad que arriba a pocos puertos hoy en día, o lo que es lo mismo, a la poesía actual. No es habitual que el poeta busque el límite mismo del lenguaje en el silencio, al menos, nos los jóvenes poetas, por esa creciente vanidad de creerse principio y fin, sin que en ningún momento hayan vuelto la vista atrás para comprender que el hoy no existe sin el pasado, y que la poesía ha de beber siempre, irremisiblemente, de cuantos poetas nos precedieron. 
Y HABRÁ FUEGO CAYENDO A NUESTRO ALREDEDOR
MARIO PERA.
Y HABRÁ FUEGO CAYENDO A NUESTRO ALREDEDOR

Hay un haz de luz para la esperanza cuando el poeta joven alcanza la madurez del verso en ese límite del que hablábamos antes: lenguaje y silencio frente a frente, pura esencia de la voz poética. Habría que volver al origen de la nada para entender el mundo, abismarse en la profundidad del “yo” para ser el “tú”, la “otredad” sin más, transfigurándose, transmutándose en otra “alma”, en un viaje al corazón del hombre. Es aquí donde toma altura de miras la poesía peruana actual, y más concretamente, la del joven poeta Mario Pera (Lima, 1991), con el poemario titulado “Y habrá fuego cayendo a nuestro alrededor”. Un libro extraordinariamente denso, donde un solo poema-río lo conforma. Es una rareza encontrar un sello editorial que publique un único poema como es el caso, a manera de la más pura tradición clásica. En la actualidad se nos ha acostumbrado a la fragmentación del poema, a la ruptura temática y formal, de manera que una lectura como la que hay que afrontar en este libro solo satisface a quienes consideran que el poema único es un gozo indescriptible, que necesita de esfuerzo, claro, pero que proporciona con creces felicidad tanto en el lector avezado como en todo crítico que se precie. 

Poesía en estado puro, lenguaje y conocimiento, experiencia y emoción de lo vivido y lo por venir, desnuda, sin signo alguno de puntuación, solo la palabra en el blanco silencio de la página, remolino de símbolos y metáforas, soledad y naturaleza viva en una fusión total y absoluta del poeta consigo y con el mundo. Ya desde el principio se identifica la hoja con la palabra, de tal manera que el poeta en su deseo de que no se abisme en la nada escribe: «Impedir que la hoja caiga // no como una hoja / sino como un puñal / no como una hoja / sino como un grito». En este denso y largo poema, único, Mario Pera desde la incertidumbre, desde la duda que le apremia se deja llevar por la corriente y el fluir de la palabra: «porque este poema termina aquí / o mejor / no termina nunca»; así va del poema al árbol, al agua de los ríos o al polvo del camino, es la palabra como una hoja al viento, de vuelta a la nada, al silencio que vive dentro, al fuego de los días: «y nuevamente / la nada // el cero rugiendo con hambre a la izquierda // pues nada es tan cierto / como saber que no soy sino el retorno / sobre las huellas de la rueda / la edad del hambre / arrojándose a los ojos de lo falso / al jardín que atraviesa los milenios / la infancia la respiración / todo lo que imita la ausencia / además / no existe». El silencio se muestra en todo lo cotidiano, también en los fracasos: «aquí no cabe nada / más que el resplandor cicatrizado / de la derrota», y sin embargo, el poeta limeño no puede dejar de buscarse en la palabra, en el poema, porque distanciado de su esencia no es nadie: «lejos del poema / las horas no son más que / una noche infinita / como si nos hubiéramos suicidado / sin padecer la gravedad / de abrazar una camisa de fuerza / que obliga a tragar lo hablado / del sueño / el germen del poema». Los versos se crecen a medida que avanzamos en la lectura de este poema-río, en una letanía de sustantivos (afonía, ocaso, ribera, sendero, piel, cielo, etc.), a golpes secos, desde la doliente presencia del silencio siempre: «allí donde duele más el silencio / el pánico se derrama / sobre la almohada».

 Una cascada de nombres que se abisman en la página como agua salvadora, anunciadora de la luz y la belleza contenida en la Naturaleza, en palabras que deslumbran y sangran igualmente, se va constituyendo el discurso poético de Pera. Nada es ajeno a la observación de la realidad que rodea al poeta en la construcción de un lenguaje sólido y preciso, “letra a letra” aprehendido, presente en la memoria y el recuerdo de lo vivido: «desde el sonido de aquella única cuerda / del artero fantasma del niño que fui / que perdió la capacidad / de imitar el silencio / y flotar por miles de caminos / hasta abrir / la primera palabra / en mi voz / a través del cristal». La poesía como ese “ejercicio que no entiende / la lengua de los hombres”. Por todo ello arde en el fuego de la palabra Mario Pera, preso a su tierra y el silencio. Mas hemos de saber que «Este poema termina aquí / o mejor / no termina nunca». Una libro singular y una joven y lúcida voz poética, la del limeño Mario Pera, sin duda.
MARIO PERA
y habrá fuego cayendo a nuestro alrededor. MARIO PERA


Título: Y habrá fuego cayendo a nuestro alrededor
Autor: Mario Pera
Editorial: Amargord (Madrid, 2018)