domingo, 29 de mayo de 2016

Infierno y nadie. Antonio Marín Albalate por José Antonio Santano









E s curioso comprobar que existen en los seres humanos mundos opuestos, contradictorios que juegan un papel fundamental del pensamiento, de la percepción de las cosas que les rodean, de forma incomprensible o no tan incomprensible, según cada cual. En nuestra sociedad actual prima lo superficial a lo profundo, lo mediático a lo esencial. Y así ocurre igualmente en el ámbito literario. A veces parece que la literatura pertenece a unos cuantos narradores o poetas que los medios de comunicación nombran continuamente, silenciándose así al resto, un resto nada despreciable, tanto por la cantidad como por la calidad. De manera que son siempre los mismos los que poseen el don de la ubicuidad al estar en todas partes, pero no por ello el don de la esencia narrativa o poética. Esta es la cuestión que hoy toca tratar aquí, en esta sección dedicada a la lectura. Traemos a nuestro escaparate, el libro “Infierno y nadie.







Antología poética esencial (1978-2014), de Antonio Marín Albalate (Cartagena, 1955), cuya edición, selección, estudio preliminar y notas han sido elaboradas por el profesor José Luis Abrahan López. Habría que decir de principio que es este una interesantísima aproximación a la obra del poeta Marín Albalate. Se inicia esta antología con poemas escritos allá por el año 1978 (“Apocalipsis en Mi menor para bajo, a una sola voz” y “Con el dedo en la llaga”), momento de cambio y transición política de la dictadura a la democracia y que en la poesía de Marín Albalate tiene su correspondencia en estos versos: «Vivo en mí / la vida que de dicta mi conciencia», «Denunciar entretanto la injusticia / y todo lo que sea inmoral e indecente / como el hambre y la muerte… / luchar con la voz, con el grito, con la palabra / siempre a punto que es lo que más a mano se tiene», donde el “yo” es objeto y sujeto poético.



Acercarse a la poesía de Marín Albalate es como hallar un oasis en pleno desierto, la deslumbrante luz de la palabra, esa que nos eleva y nos conduce a la plenitud, que nos devuelve la esperanza, la vida. El poeta se vale de todos los recursos necesarios para expresar con voz sólida e inconfundible las razones de su existencia, inseparable de su profunda raíz ética, como así nos lo recuerda en las primeras páginas del estudio preliminar José Luis Abrahan: «…Marín Albalate es un poeta ético pues todo en él se reviste de sinceridad, pasión, transparencia y deslumbramiento». 

Su voz es una voz trascendida, que busca continuamente lugares y espacios para el encuentro, para vivir el amor, la música, la naturaleza o el paisanaje la única razón que dignifica al hombre. Se resiste a ser miembro de una sociedad adocenada, sumisa, incapaz de alzar la voz contra la desigualdad y la injusticia, y en este sentido su poesía es a veces transgresora, dolorosa, reivindicativa y rebelde.



Llama la atención que siendo Marín Albalate de Cartagena, en su mundo poético esté tan presente la nieve, el invierno, de tan opuesta naturaleza a la calidez de la mar, como si la soledad del poeta, sus silencios fuesen expresión de los naufragios vividos: «Entender la nieve es siempre / Recordar la mujer que no vuelve», «Y el cuchillo del invierno como un bisturí / Extirpando –tesoro de luz- el ojo de mi alma», «En su noctámbula mirada, / Vuelva, / Helándolo todo, la oscura flor del invierno / Y su carámbano mortal de tristeza…». 







La mirada del poeta lo escruta todo, como si en ello le fuera la vida. El amor pasional, la poesía en la voz de sus poetas de influencia (José María Álvarez, Leopoldo María Panero, José Agustín Goytisolo, Lorca, Luis Alberto de Cuenca, Machado, Neruda, Miguel Hernández, etc.) o la música (jazz, blues), que ocupa un lugar preferente en la poética de Antonio Marín (Mahler, Serrat, Patxi Andión, Amador Blaya, Aute, entre otros), en expresión de una manera de ser y de sentir. 



La poesía de Marín Albalate profundiza en la existencia del ser humano y su capacidad creadora. Ética y estética en comunión perfecta. “Infierno y nadie” es una antología necesaria, de obligada lectura si lo que se busca es poesía de calidad, poesía para el conocimiento y la vida en un tiempo turbulento y caótico. Poesía para siempre, y, como dice el poeta Marín Albalate, poesía para «ahora que todo es invierno y nadie». Ahora la luz de la palabra, la esencial poesía de este gran poeta cartagenero. 

Título: Infierno y nadie
Autor: Antonio Marín Albalate
Edita: Unaria, 2015

domingo, 22 de mayo de 2016

EL PIE EN EL ESTRIBO. ALFREDO PÉREZ ALENCART por JOSÉ ANTONIO SANTANO


El pie en el estribo. 

Alfredo Pérez Alencart (22/05/2016)


E l cuarto centenario de la muerte del más grande escritor de todos los tiempos, el más universal Miguel de Cervantes, junto a William Shakespeare, pasa casi desapercibido en España, todo lo contrario de lo que sucede en Inglaterra. La dejadez de las instituciones españolas por este hecho es tal que no se llega a entender si no es porque esta circunstancia reiterada es ya un mal endémico en la sociedad española, tan alejada de todo lo que sea cultura, no se diga de todo lo que sea libros. Sin embargo, nace con voluntad de celebración y como homenaje a Cervantes, desde tierras salmantinas, donde aún se cree y se trabaja por la cultura como puente de unión entre los pueblos, “El pie en el estribo”, un poemario del poeta peruano-español Alfredo Pérez Alencart (Puerto Maldonado, Perú, 1962). Acompañan y dan luz a este bello y alimenticio libro las ilustraciones de Miguel Elías, y toma el título de la carta que Cervantes envió en vida a su benefactor y mecenas don Pedro Fernández de Castro, VII Conde de Lemos, preliminar del Persiles y Segismunda, cuando dice: «Puesto ya el pie en el estribo,/con las ansias de la muerte, / gran señor, ésta te escribo». Aunque en circunstancias distintas y más saludables, cuatrocientos años después, el autor de este poemario, el poeta Alfredo Pérez Alencart, se adentra en un viaje por la extensa obra cervantina para, en un ejercicio de meditación inusual, presentarnos un universo poético en el cual resplandece el amor, fruto de un profundo sentimiento cristiano, solidario y fraternal hacia el género humano. Es tal la generosidad del poeta, que no queda lugar o situación que se escape a su siempre atenta y bondadosa mirada. El poeta habla del mundo y sus miserias, ahonda en la condición humana y denuncia los abusos de los poderosos, lucha contra ellos como si se tratara de un David contra Goliat. Para esto , en esa búsqueda de su propia identidad, de la verdad que sostiene el pensamiento –su pensamiento-, el poeta bucea en el interior del yo poético hasta convertirlo en otredad y preocupado, a veces angustiado por la presencia de un mundo incomprensible y violento, cada vez más alejado de la humanidad, se rebela como un quijote más, un valeroso quijote que no teme ni al dolor ni a la soledad si así puede conformar otra realidad distinta, más solidaria, equitativa y justa, y así lo manifiesta en la “Inscripción”: «Nunca hay hartazgo cuando persiste el saboreo. Así los nutrientes que he ido succionando de los múltiples reservorios que se acopian en El Quijote, bien por el don o ingenio de Cervantes, bien porque el hidalgo tiene algo de todos los que nos aferramos más a los ideales que a lo inmediato material; a la utópica justicia con libertad, sí, pero sin desdeñar la experiencia que cercena dignidades; a la prodigiosa imaginación, sí, pero también a la realísima crónica social que nos toca vivir…». Curiosamente, integran el libro cuarenta poemas, a su vez divididos en números y letras, lo que me hace pensar que el poeta viene a resumir así a manera de inscripción votiva lo que el mundo debe saber de nosotros, concretado en un nombre y unos números, testamento sobre el mármol de una lápida cualquiera, y como epílogo el poema “Mordisco para una resurrección”, dedicado a Jacqueline, y en ella al Amor, humano y divino: «Somos una sola carne tomando altura en lo sagrado». Cervantes y El Quijote como hilo argumental en pasión de poeta abarcador de todas las patrias, en la locura del decir, de no acallar la voz nunca: «Loco sólo es quien ocupa altas magistraturas / zumbando como abejorro sobre heces malherido / de codicia por enchapar de oro el adobe de su casa de su / cuerpo de su mente lisiada desangrándose / de lunes a lunes balbuceando guarismos o manoseando / monedas huecas…». En ese discurrir del viaje el poeta es unas veces Sancho y otras Quijote: Heme aquí sancho a veces quijote siempre / con todos sus sinónimos a cuestas crucificado/ … / Quijote a veces sancho siempre velando los sueños del mañana especificando las creencias». Pero, sobre todo, Pérez Alencart se siente muchos, se sabe muchos en uno: el poeta que sangra por la palabra, el idioma común de la humanidad, y así lo manifiesta: «Arrastro quijotes unamunos cristos que son mis vecinos / sin luces de neón ni avermarías […] A contracorriente pienso anotar la permanencia / del trío pintarlos con el óleo de mis labios crédulo / de sus heredades en aluvión por tierras y cielos». Lo dicho: he aquí al poeta Alfredo Pérez Alencart en toda su esencia.


Título: El pie en el estribo
Autor/a: Alfredo Pérez Alencart
Edita: Edifsa (Salamanca, 2016)

domingo, 15 de mayo de 2016

GRAN GRANADA. JUSTO NAVARRO en SALÓN DE LECTURA



 




En palabras del jurado que tuvo a bien conceder el premio Andalucía de la Crítica a la obra “Gran Granada”, de Justo Navarro, se trata de «una novela de género policiaco ambientada en la Granada de los años sesenta construyendo, desde una lucidez rotunda, una atmósfera oprimente en la que se retrata la podredumbre y la corrupción con una estructura de metarrelato circular de corte fragmentario. Todo ello con un lenguaje imaginativo, limpio y lleno de matices expresivos». No obstante, “Gran Granada” es todo lo dicho y algo más. Es una novela que deja huella en el lector, que analizados todos los recursos narrativos que la contienen va más allá aún, al descubrirnos esa voz personalísima de su autor, Justo Navarro, que nos lleva como la corriente de un río al conocimiento de la Granada gris, turbia y turbadora de la década de los sesenta. Una novela difícil de olvidar porque la proyección de los personajes (analizados al detalle y construidos con exactitud matemática), el espacio y el tiempo narrativo, los argumentos convertidos en la trama misma, amén de la excelente ambientación, depositadas en la mente del lector no cesarán en su continuo fluir. “Gran Granada es una novela que atrapa desde la primera página, introduciendo el elemento enigmático y posteriormente, conforme se desarrolla, laberíntico de la sospecha, tras el hallazgo de un cadáver en la habitación del Hotel Nevada: «Una remota ciudad de tres ríos, en el sur del hemisferio norte, sufrió una inundación el 16 de febrero de 1963. Era sábado. La ciudad se llamaba Granada. El domingo, a mediodía, las limpiadoras de un hotel encontraron muerto en la cama al huésped de la habitación 201». En la mirada de su creador hallamos todos los silencios que hicieron de la ciudad luminosa un túnel oscuro y sin salida, y de existir alguna siempre fue la misma: la podredumbre en todos sus sentidos. 




El comisario Polo y el oculista Fernando Saura son los actores principales de la narración, y alrededor de ellos y de forma circular se desarrollan los acontecimientos más importantes, el núcleo de la acción narrativa, incluso podría decirse que Justo Navarro nos hace olvidar por momentos que se trata de una novela policiaca, en la que los crímenes y los culpables de ellos, no son la clave, sino la (re)presentación de una sociedad caduca y decadente, opresora en todos sus órdenes, hipócrita y corrupta hasta la saciedad (en un juego futurista que nos lleva al hoy), incapaz de reaccionar ante la continua tiranía de los poderosos, pero al mismo tiempo, conciliadora con el género humano en los aspectos más cotidianos. Justo Navarro ha sabido retratar de forma magistral todos esos elementos que hacen de “Gran Granada” una gran novela. Una novela necesaria, recuperadora de la memoria y la historia de nuestro pasado más reciente, y la acción policial y todas las derivaciones de ésta, tal vez sea sólo la excusa, el pretexto para construir una estructura cerrada en la cual circulen en torbellino los personajes que habitan esa ciudad de provincias, en la que todos están controlados, espiados, cautivos. Cautivos del miedo también, como desestabilizador, capaz de inocular su veneno en toda la sociedad, sin distinción alguna. Ya nadie se fía de nadie: «En aquel tiempo resultaba difícil la convivencia, la amistad. Quien no era policía se preguntaba si su vecino no sería policía, o algo de la policía, familiar, conocido, confidente, colaborador o funcionario», miedo hasta de que las incólumes paredes pudieran oír. Con todo, quizá la clave sea la rebelión contra lo establecido, como un grito anunciador del cambio ineludible de las estructuras del férreo sistema de la dictadura, valiéndose de unos crímenes para adentrarnos sutilmente en esa sociedad podrida y que hace aguas por todos lados, que todo lo anega e inunda, provocando desolación y muerte. No cabe duda que Justo Navarro ha sabido construir con el rigor que le caracteriza este sólido universo narrativo, que hoy viene a confirmar su excelencia creadora. “Gran Granada” es una novela grandiosa, literatura viva, temblor de la palabra, merecedora de serlo y así ha sido, premio Andalucía de la Crítica 2016.


Título: Gran Granada
Autor/a: Justo Navarro
E dita: Anagrama (Barcelona, 2015)